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agosto 22, 2026

Clara Muschietti | Se bifurcan las franjas de la identidad

La fotografía en blanco y negro muestra un semiperfil de la escritora Clata Muschietti. Se destaca el abundante pelo distribuido a ambos lado del rostro. Viste una prenda de verano, supuestamente de color negro con puntos blancos. El fondo que se observa detrás de una ventana, aparenta ser un jardín frondoso

El paso se interrumpe     



un camión descarga lácteos en un mercadito 
los hombres hacen fuerza 
el chino del mercado da instrucciones 
yo pienso en la cadena, 
en la cadena alimentaria de las cosas, 
lo mejor que puede pasar 
es que se vendan todas las leches. 
  
En qué franja del mundo estoy 
en la que hace qué 
en la que cree en qué
en la que jamás piensa en qué

qué soy exactamente

qué virtudes tengo
en qué franja de la bondad entro.

En el medio de la calle hay un auto dado vuelta
lo custodia una mujer policía
ya no hay personas
no hay accidentados
queda un auto dado vuelta
un auto que ya no sirve tanto
me preocupo por la vida de las personas que iban adentro
cuántos eran
si había niños, una mujer embarazada
un anciano
o alguien feliz.

No tengo idea de mi coeficiente mental
cuánto es, que número tiene
en qué franja estoy

tengo una enfermedad crónica
me pregunto cuánta gente habrá
en la franja de los enfermos crónicos.

Mi vecina está recién operada de la garganta
tiene un hilito de voz
ella está en esa franja
su hija está en la franja de los niños con problemas de peso
yo estuve en la franja de los niños fóbicos
de las nenas a las que le comieron la lengua los ratones.

En qué franja cabe mi felicidad de hoy
en qué segmento va.
No sé nadar
estoy en una franja que no me queda bien
a mí dejame en el agua que no me voy a morir
estoy en esa franja.

Nadie sabe en qué franja horaria está mi hermana
ese continente no está en esta franja
mi hermana está en la franja de las mujeres altas
yo estoy en la franja de las bajas
hay una franja que nos unirá siempre
la franja de los hijos de Mónica y Ulises.

Se bifurcan las franjas de la identidad
tanto
que dan ganas de correr
hacia la preexistencia.

En el bebé diminuto que vi en el subte
iba la gracia
la vida
frágil
nueva
en la madre del bebé diminuto que vi en el subte

iba el miedo a lo inmanejable.

La franja de los recién nacidos
es la franja efímera.
Estoy en la franja de las que a veces
duermen mal de noche.


CLARA MUSCHIETTI (1978, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Fuente: Substract Ezequiel Zaidenwerg
Enlaces: Festival Internacional de poesía de Rosario | Emma Gunst | Otra iglesía es imposible
Imagen en Hablemos escritoras


agosto 20, 2026

Gina Tebay | No importa que tan rápido escriba

Nómade en mi propia ciudad     




Armo una mochila todas las mañanas 
siento el peso en los hombros durante todo el día 
y a veces vivo  
en los departamentos y casas de mis amigas 
cuido sus gatos 
paseo sus perros  
riego sus plantas 
me hago amiga de sus vecinos 
sólo porque no voy a volver a verlos.  



Delicadeza




Nunca pude tener manos estéticamente lindas
pero en mi trabajo me destacan
la rapidez para escribir. 
Los dedos sobre el teclado hacen presión y escribo
mi mano derecha está llena de cicatrices
quemaduras de distintos tamaños
y pienso en esos hombres que se fijan
en las manos de una mujer.
Las manos de esas chicas 
con uñas arregladas y anillos brillosos
parecen salidas de un cuadro sin ninguna falla
miro las mías 
y pienso de nuevo 
en los hombres que no me van a querer
suelto el teclado
no importa que tan rápido escriba
ellos se van a ir.



Compro oro




Un corazón hecho en papel de chicle
las veredas sucias, saliva  impregnada
basura al costado de los containers
colchones y frazadas de colores en las puertas de los edificios
camino sola, contemplo todo lo que puedo
compro con la de crédito un cuarto de helado
no miro el precio
si para dos, el cuarto es para dos
no estoy tan borracha como me gustaría
y la ilusión de encontrar algo en la calle me hace caminar
cuadras, cuadras, cuadras, cuadras
siento la tensión en mis cuádriceps
a cada  paso que doy  mi saliva se acrecienta
solo puedo pensar en ese pote cerrado que llevo en mi cartera
en el momento de sentarme en canastitas 
con las medias puestas en el sillón, y clavar la cuchara en el medio
Parroquia Nuestra Señora del Parque 
las mesas vacías de un restaurante
copas, platos, servilletas de tela blanca enrolladas
todo brilla desde afuera y la escena de una familia 
comiendo en una mesa
trago saliva otra vez y agradezco 
a quién invento los auriculares
                                                                                                                       falta poco 
voy por pellegrini, llego a entre rios, despues mitre, sarmiento, san martín 
los locales cierran y las calles siguen iluminadas 
me acuerdo del poema que escribimos esa vez con chat gpt
los dos sentados en una mesa con sillas de lona
una coca cola cada uno 
alcohol no, esta vez no
pienso en vos y no me arruina como antes
justo cuando me doy cuenta 
ya no queda nada, casi llego
y trago saliva  para dar unos pasos más.


La imagen muestra a la poeta Gina Tebay con el cabello castaño, largo y lacio, peinado parcialmente hacia atrás. Tiene una expresión serena y mira directamente hacia la cámara.Iluminación: La escena está iluminada por una luz solar directa e intensa que entra desde el costado. Esta luz genera un fuerte contraste, creando sombras marcadas en la mitad de su rostro y líneas de luz que resaltan sus facciones y su cabello.Vestimenta: Lleva un buzo o sudadera de rayas horizontales blancas y negras con un cuello alto oscuro por debajo.Fondo: El fondo es de un tono rosa viejo o pastel sutil, con un cuadro colgado en la pared ligeramente visible a la izquierda y el borde de otro elemento oscuro en la esquina superior derecha.
GINA TEBAY
(Rosario, Prov. de Sante Fe, Argentina)

agosto 16, 2026

Eduardo Álvarez Tuñón | Es vana la quietud y es inútil la fuga

Poeta de perfil, fotografía en blanco y negro

El elegido    

«...conosco i segni dell´antica fiamma..»
(Purgatorio, XXX, 46- 48 )    


Es vana la quietud y es inútil la fuga:  
Cuando alguien ama, una ciudad se acerca. 
La anuncian los aromas de la noche y la espera. 
Quien recorre sus calles lo hace en busca de un rostro. 
Son eternas las vísperas si atraviesas su puerta. 
No querías volver. Te sientes viejo 
y ya la lluvia bendice tu retorno. 
Es vana la quietud y es inútil la fuga.
Los árboles lo dicen a tu paso: 
Amas a esa mujer porque la has visto
en un lugar de la tierra en donde nadie ha muerto
y envidias nuestras ramas que pueden darle sombra. 
Una ciudad se acerca. No apartes este cáliz.
Interrumpe tu viaje, que son bellos los miedos
y si no la recorres ella desaparece. 
No amarás un color porque alguien lo ha visto.
Nada ha de conmoverte cuando caiga la tarde.
Recuerda el signo de la antigua llama: 
De nuevo una mujer y una ciudad.
Los árboles lo dicen a tu paso:
No es el amor que vuelve. 
Es obra de los días y los vientos.
Te han elegido.
Han querido enseñarte lo que sintió la piedra de viejas catedrales
cuando alguien la apartó de aquél secreto río
y vio su soledad transformada en un templo.

EDUARDO ÁLVAREZ TUÑÓN (1957, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: JotDown | Festival de poesía de Buenos Aires
Fotografía: Carolina Clerici


agosto 15, 2026

Theo Dorgan: La velocidad puede afianzar la voluntad.

La imagen muestra a un hombre mayor, de cabello blanco y corto, sentado frente a unas estanterías llenas de libros. Lleva una chaqueta negra de pana sobre una camisa azul clara y tiene los brazos cruzados apoyados delante de él.  Su expresión es seria y tranquila, mientras mira directamente hacia la cámara. El entorno parece ser una biblioteca o librería, con numerosos libros y algunos cuadros u objetos decorativos en las estanterías del fondo. La fotografía está tomada en un plano medio y con iluminación cálida, dando a la escena un ambiente intelectual y acogedor.
Viaje de noche    


En la cornisa que va por las Gargantas del Tarn 
cuando el coche derrapó en una curva 
y rodó hasta el abismo 
en una cuña de goma chirriante, 
incluso entonces, rotas las barreras del pánico 
no rompimos nuestro silencio de horas, 
nuestra profunda confianza en el camino elegido. 
  
Y si ahora digo que la profundidad del tiempo nos estremeció,
la visión de la gran concavidad a la que nos acercamos en un viraje,
es sólo para decir lo que aprendí de chico
-no hay lugar donde caerse
y la velocidad puede afianzar la voluntad-
cuando hay que ir a alguna parte simplemente se va.



Journey by night




On the high road through the Gorges du Tarn
When the car bucked at a flat turn
 And bowled at the edge
On a wedge of rubber screaming,
Even then, with the gates of panic breached
We did not break our silence of hours,
Our deep trust in the willed path.

And if I now say the depth of time touched us,
the sense of the great bowl we run down in a curve,
It is only to say what as a child I knew
-there is nowhere to fall
and speed can buttress will-
when you have somewhere to go you simply go.


THEO DORGAN (1953, Cork, Irlanda)
Traducción: Jorge Fondebrider
Imagen en Irishexaminer

agosto 12, 2026

Homenaje a Juan Gelman en la UNTREF


Este miércoles a las 19 en el Rectorado Centro         

En el marco de los 50 años de la dictadura, María Negroni, Alejandro García Schnetzer, Larisa Cumin y Juan Moretti recordarán al autor de “dibaxu”, una obra en la que explora la memoria, la lengua y el desarraigo. 
Por Silvina Friera 

  
Schnetzer afirma que Gelman "logró escribir lo que nunca se había escrito". 
La minúscula como un modo de estar en el mundo, sin acatar las reglas ortográficas: eris/ mi única avla/ no sé tu nombri/ (eres/ mi única palabra/ no sé tu nombre). Juan Gelman (1930-2014), que escribió dibaxu de 1983 a 1985, una obra en la que explora la memoria, la lengua y el desarraigo, era de origen judío, pero no sefardí. Los poemas de ese libro fueron “la culminación o el desemboque” de Citas y comentarios, dos libros que compuso en el exilio y cuyos textos dialogan con el castellano del siglo XVI. El acceso a poemas como los de Clarisse Nikoïdski, novelista en francés y poeta en sefardí, desvelaron en el poeta “esa necesidad que en mí dormía, sorda, dispuesta a despertar”, de medirse con el sefardí o judeoespañol, confiesa el propio autor en una nota incluida en la primera edición de 1994. “Sé que la sintaxis sefardí me devolvió un candor perdido y sus diminutivos, una ternura de otros tiempos que está viva y, por eso, llena de consuelo”, reconocía el poeta.

En el marco de los 50 años de la dictadura, la UNTREF homenajea a Gelman en una nueva edición de la Serie de Lecturas Frost, organizada por la Maestría en Escritura Creativa, este miércoles a las 19 en la sede Rectorado Centro, Juncal 1319, con inscripción previa (maestriaenescrituracreativa@untref.edu.ar).

Participarán del homenaje Alejandro García Schnetzer, Larisa Cumin, Juan Moretti y María Negroni. En el centro de esta celebración estarán los poemas de dibaxu, un libro que el propio poeta definía como “una reflexión sobre el lenguaje desde su lugar más calcinado, la poesía”. García Schnetzer, editor y autor de Requena, plantea que es “una obra compuesta en una lengua minoritaria y adoptada, aprendida y recreada, es también una obra sui generis en la literatura de su siglo, y representa un aporte significativo al reducido corpus de poesía en djudezmo posterior a la Shoa” y la define, también, como “una obra exiliar, compuesta en una lengua de exilio”.

“Nunca la subversión estuvo más viva”, dice Negroni sobre dibaxu. “Ya desde el comienzo, y al margen de los temas sociales o políticos de su obra, que no reniegan de lo cotidiano, del amor y la ternura, Gelman pone en marcha sucesivas ofensivas contra los límites de su instrumento verbal. De ahí que toda su trayectoria culmine en un libro que se concentra en la argamasa misma del lenguaje invocando las evoluciones e involuciones de la lengua, a lo largo de múltiples y larguísimos procesos migratorios, temporales y geográficos. Podría decirse que dibaxu con todo lo que arrastra de desgarradura, dolor y espanto es también su más extrema apuesta a favor del asombro y la gracia, incluso si ante la pregunta: ‘¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre, hasta aquí no?’ la voz responde: ‘Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas. Sangran’”.

Negroni, autora de El corazón del daño y directora de la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF, afirma que Gelman, autor de Violín y otras cuestiones, Gotán, Cólera buey, Los poemas de Sidney West, Valer la pena y Mundar, entre otros, es “una figura excepcional” dentro de la poesía argentina del siglo XX. “Su trabajo está ligado a la militancia política de los años 60 y 70 y más tarde a los días de la gran desaparición y el exilio, cuando quedaron, lejos, perdidos en la patria, los ‘huesitos’ de los compañeros, el hijo secuestrado, la palabra abatidos, y aún más tarde, como si no fuera suficiente, al duro aprendizaje de la derrota cuando hubo que ‘juntar los pedacitos’, aprender a vivir entre animales muy enfermos. Su poesía lo dice incansablemente: es trabajosa la muerte de un sueño, solo quedan harapos, gestos, palabras secas”, enumera la escritora. “El poeta debe trabajar con esas ruinas -agrega-. Hurgar entre escombros, medir las secuelas de la pérdida, pasada y venidera, individual y colectiva, inventar una sintaxis que haga trizas el discurso para que puedan aflorar de nuevo los primeros pasos de la lengua, sus infracciones, su alborozo”.

La directora de la Maestría en Escritura Creativa cita a Gelman: “Las palabras me gravemente tocan”, y enfatiza que esta reconfiguración de la sintaxis es cierta. “Las palabras lo tocan, cada vez con más saña, los significantes se sueltan: los sustantivos devienen verbos, los superlativos adverbios, los artículos cambian de género, los adjetivos se califican entre sí, se altera la función de los verbos, se reemplaza a las disyunciones por sinonimias lógicamente imposibles. Y todo para que el cuerpo, el cosmos, el animal, el signo se paren ‘ante la ciega de la muerte’, y no cesen de argumentar con preguntas, con piezas de un rompecabezas que, aún cambiadas de lugar, vuelven a decir ‘el escándalo de la belleza incesante’, con su percusión de marcha fúnebre, su desconcierto ante la insensatez del libro humano”.

Schnetzer analiza el legado del poeta y subraya un aspecto central: su arqueología del castellano de los siglos XV y XVI, presente en Citas, Comentarios, dibaxu y Com/posiciones. “Hay otros, pero basta leer esos cuatro libros para admitir que Gelman logró escribir lo que nunca se había escrito, ni se volverá a escribir”.


Poemas de JUAN GELMAN, aquí

agosto 08, 2026

Julio Trujillo | La inmediatez de un orbe acalorado

La imagen muestra a un hombre adulto en un ambiente que parece ser una biblioteca o librería.  Está en primer plano, ocupando buena parte de la fotografía. Tiene el cabello oscuro, corto y peinado hacia atrás, con algunas canas visibles. Lleva anteojos de marco grueso y oscuro. Tiene barba corta y viste una camisa de color celeste/gris claro. Está mirando ligeramente hacia un lado y tiene una expresión sonriente y relajada. Al fondo se observan estanterías con libros, desenfocadas, lo que genera profundidad y hace que el rostro sea el centro de atención. La iluminación es cálida, especialmente en el fondo, y la fotografía tiene un aspecto natural y profesional. El encuadre es horizontal (aproximadamente 1110 × 589 píxeles).  En conjunto, transmite una sensación de cercanía, intelectualidad y simpatía, muy apropiada para una fotografía de presentación de un escritor, poeta, profesor o entrevistado.

Tango del miope    




Soy miope incluso cuando gasto gafas, 
porque olvidé el perímetro, 
porque me quedo con el centro de un volumen. 
 
Los empellones de la gente 
me transportan,  
y tan incierto es mi destino como un rostro lejano.  

De cerca veo mejor, 
pero mis ojos quieren la escritura 
de los pájaros. 

Mis ojos quieren de los árboles más altos
la nervadura de una hoja
transparente.

No sé por qué –y eso me angustia–
acudo siempre al mango del cuchillo,
nunca al filo.

Si al sol quería de niño dibujar
lo hacía representando
la inmediatez de un orbe acalorado.

Incluso con anteojos no distingo
la urdimbre de los días
que se acercan.

No puedo o no sé leer los argumentos
de una historia.
Soy un lector de actos.

Todos los días me desengaño un poco
al acercar frente a los ojos
algo que era mejor cuando era vago.



El acelerador de partículas



La última vez que nos besamos
recuerdo que pensé:
no sé contar las dimensiones
del espacio,
no sé medirme contra el cosmos pero intuyo
con esta risa íntima,
como guinándome a mí mismo el ojo,
mi fértil nadería,
mi espléndido guarismo ante una cifra kilométrica.
Y encima de esa idea que se fugaba
pensé también que nuestro beso ahí,
en ese instante,
era como un impacto de partículas
que hubieran circulado muchos años,
y tal vez muchos siglos,
en el imperio de la vastedad.
Como un átomo loco porque nada,
como un hombre perdido porque nadie
fijó jamás un límite a su estancia.
La vida era girar
en un inmenso túnel que llamamos mundo,
en un bello circuito desdeñoso
que no registra nuestros parpadeos,
nuestro suspiro vespertino un miércoles cualquiera.
Suelo poner las manos sobre el pasto,
en la banqueta,
pegado al tráfico de la ciudad,
para decir con todo el cuerpo: aquí,
como si deletreara
las coordenadas de ser yo,
como si diera pistas para que me hallaran
Y entonces ese beso,
y entonces esos labios en los míos,
en esa vuelta velocísima del mundo
en esa ciega circunvalación,
llegaron
o llegó, 
toparon con un átomo que igual
giraba locamente acelerado.
Duró un instante apenas,
una idea
que se construye conforme se fuga.
Eso pensé
la última vez que nos besamos.

JULIO TRUJILLO (1969, Ciudad de México / 2025, Cornwald, Inglaterra)
Fuente: Otra iglesia es imposible / Coordinación Nacional de Literatura 
Imagen en Sinembargo

agosto 06, 2026

FED / Feria de Editores

FED - Feria de Editores


Imagen en Perfil

agosto 04, 2026

Mária Ferenčuhová

La imagen muestra a la poeta eslovaca Maria Ferencuhova de frente a la cámara insinuando una leve sonrisa. Calza un gorro tejida de color gris en combinación con un una bufanda que le cubre el abrigo negro. El fondo parece ser dos paredes en paralelo con grafitis

Sequía     

 


con una sola exhalación 
esparciré cuencos 
platos jarras vinagre manteles 
flores polvorientas libros 
toallas y colchones 
romperé las ventanas sucias 
escarbaré la tierra 
te arrancaré con tus raíces  
te regaré con la saliva  
y te dejaré secar 
te montaré 
sobre la piedra 
plantaré romero sobre ti 
y en las noches calurosas 
mi más querido 
te rociaré con mis lágrimas 



Motherline

 


desde la infancia veía sombras en los rincones de las habitaciones 
diminutos animales en las superficies de las cosas 
ratones grises veloces en la encimera de la cocina 
insectos con muchas patitas 
el mundo se perdía bajo los sedimentos de otros mundos 
no me sorprendía 
cuando un extraño con capucha marrón 
paraba en la puerta y cuando los floreros se convertían
en calaveras con cuencas de ojos vacías 
cuando de repente desaparecía la piel del rostro de mi madre
y en lugar de caricias un chaparrón de huesecillos 
de la muñeca cayó sobre mi hombro 

me entregué con confianza 
cuando llegó mi turno 
agradecida 
por estar hechos de manera 
que no distinguimos nada y percibimos
el final sólo como una transición
de un entorno a otro de una habitación al pasillo
de la oscuridad a la luz 
                                     [o al revés]
y lo único que tememos 
es no cerrar la puerta detrás de nosotros


MARIÁ FERENCUHOVÁ (1975, Bratislava, Eslovaquia)
Fuente: Vallejo&Co | Luvina
Imagen en Rozhovory archiv