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Mostrando las entradas con la etiqueta Raymond Carver

Raymond Carver: Alguien debería hacer algo.

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Venta desastrosa Domingo por la mañana, todo fuera desde muy temprano: la cuna de los niños, el tocador, el sofá, mesas, lámparas, cajas llenas de libros y discos clasificados. Después sacamos los utensilios de cocina. un radio despertador, ropa en perchas, un sillón que tenían desde el principio y al que llamaban Tío. Por último, sacamos la mesa de la cocina y se sentaron alrededor para llamar la atención. La palidez del cielo prometía justicia. Aquí estoy con ellos. intentando dejar de beber. Anoche dormí en esa cuna. Esta venta es dura para todos. Es domingo y pretenden hacer negocio a la salida de la iglesia episcopal de al lado. Vaya situación. Vaya desgracia. Todo el que echa un ojo a la colección de trastos desde la acera acaba siendo mortificado. Una señora, un familiar, un amante. La esposa, que hace tiempo quiso ser actriz, habla con otras parroquianos que sonríen incómodos y curiosean entre la ropa antes de seguir su camino. El marido, mi amigo, está sentado a la mesa e inte...

Un poema extraordinario de Raymond Carver traducido por Adam Gai

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En Suiza  Lo primero que hay que hacer en Zurich es tomar el trolebús No. 5 al zoológico hasta el fin  del recorrido y bajarse. Ir sabiendo lo de los leones. Cómo  sus rugidos pasan desde el complejo del zoológico al cementerio de Flutern. Allí camino por el hermosísimo sendero que lleva a la tumba de James Joyce. Siempre fue un hombre de familia, está aquí con Nora, su mujer, por supuesto. Y su hijo, Giorgio, que murió hace unos años. Lucía, su hija, el gran dolor de su vida, aún vive, aún confinada en un sanatorio psiquiátrico. Cuando le trajeron la noticia de la muerte de su padre, dijo: ¿Qué está haciendo ese idiota  bajo tierra? ¿Cuándo le va a dar por salir? Nunca nos quita el ojo de encima. Me quedé un rato. Creo que le dije al señor Joyce alguna cosa en voz alta. Debo haberlo hecho. Sé que debí hacerlo. Pero ahora no recuerdo qué y tengo que dejar las cosas así. Una semana después de aquel día, partimos de Zurich en tren a Lucerna. Esa mañana temprano, tomé e...

Poesía completa de Raymond Carver

En poco más de diez años de intenso trabajo literario, los que van desde que dejó atrás el alcoholismo hasta su temprana muerte,  Raymond Carver  (1939-1988) forjó una obra de primera. Sus cuentos fueron celebrados internacionalmente y le valieron el calificativo de  “Chéjov americano”,  pero, en paralelo a esa carrera como narrador, a lo largo de los años ochenta del pasado siglo también fue escribiendo varios poemarios.... En  Aristegui Noticias

Raymond Carver: Asia

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Asia Qué bueno es vivir cerca del agua. Los barcos pasan tan próximos a la tierra firme que un hombre puede tender la mano y quebrar una rama de uno de los sauces que crecen aquí. Los caballos corren salvajes junto al agua, a lo largo de la playa. Si los hombres de a bordo quisieran, podrían hacer un lazo, arrojarlo  y  traer a cubierta a uno de  los caballos. Algo que les sirva de compañía en el largo viaje al Este. Desde mi balcón puedo leer los rostros de los hombres mientras miran fijamente a los caballos,  a los árboles y a las casas de dos pisos. Yo sé en qué están pensando cuando ven a un hombre saludándolos con la mano desde el balcón, su auto rojo abajo en la calle. Lo miran y se consideran afortunados. Qué misterioso golpe de suerte, piensan, los ha traído por todo este camino hasta la cubierta de un barco con destino a Asia. Esos años de empleos temporarios o de trabajo en los depósitos o como estibadores o simplemente vagando por los muelles, han sido olv...

Los poetas y el trabajo: Raymond Carver

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Raymond Carver Sala de autopsias      En esos tiempos yo era joven y la fuerza  de diez hombres habitaba mi cuerpo. Para  lo que mandaran, eso pensaba.  Trabajaba en el hospital en el turno noche  y una de mis responsabilidades  cuando el forense terminaba su trabajo  era la de limpiar la sala de autopsias.  Ellos no tenían horario, algunas veces  terminaban temprano, otras demasiado tarde.  Y, dejaban objetos olvidados en la mesa de trabajo construida para esas tareas en particular. Un pequeño bebé quieto como una piedra y más frío que la nieve. Otra vez un  negro corpulento de pelo blanco con el pecho partido al medio todos sus órganos vitales en una bandeja a un costado de su cabeza. La manguera derramaba agua. Las luces colgadas del techo encandilaban. Una vez dejaron sobre la mesa una pierna, una pierna de mujer, pálida y bien formada. Yo sabía para qué era la pierna, en ocasiones los había observado. A pesar de eso ...

Raymond Carver: Siempre he deseado truchas frescas para el desayuno.

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Buscando trabajo Siempre he deseado truchas frescas para el desayuno. Repentinamente descubro un nuevo sendero que me conduce a la pequeña cascada, apuro el paso. Mi mujer  me despierta. "Estás soñando." Murmura. Intento levantarme, la casa se inclina. ¿Quién está soñando? "Es mediodía." Dice ella. Mis zapatos nuevos me esperan cerca de la puerta, brillan intensamente. Otros poemas de Raymond Carver De: "Un sendero nuevo a la cascada" Versión: Patricia Ogan Rivadavia y Esteban Moore  Imagen: www.elmalpensante.com

Raymond Carver: Propina

Propina No hay otra palabra posible. Pues eso es lo que fue. Una propina. Una propina, estos diez años pasados. Vivo, sobrio, trabajando, amando y siendo amado por una buena mujer. Hace once años le dijeron que tenía seis meses de vida si seguía como hasta entonces. Y que no iría a parte alguna sino al fondo. De modo que cambió su modo de vivir. ¡Dejó de beber! ¿Y lo demás? Después de eso todo fue una propina, cada uno de los minutos, hasta ahora, incluyendo cuando le dijeron eso; bueno, algunas cosas se vinieron abajo y algo creció en su cabeza: "No lloréis por mí" -les dijo a sus amigos-. "Soy un hombre de suerte. He vivido diez años más de los que yo o cualquiera esperaba. Pura propina. Y no lo olvido". RAYMOND CARVER  (1938, Oregon / 1988, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica) De: "Un sendero nuevo a la cascada", Colección Visor de poesía, 1993 Traducción: Mariano Antolín Rato

Raymond Carver: "Quedé tumbado hasta que se rompió el día..."

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Circulación Y al fin todos están reunidos                 Louise Bogan Para cuando empecé a notar dolor y desperté, la luz de la luna inundaba el cuarto. Tenía el brazo paralizado, sujeto como un viejo ancla bajo tu espalda. estabas soñando, dijiste luego, que llegabas pronto a un baile. Pero después de un momento de ansiedad, estabas perfectamente porque en realidad era un mercado callejero, y los zapatos que llevabas, o no llevabas, era los adecuados para eso. "Ayúdame" - dije. Y traté de alzar el brazo. Pero allí se quedó, doliéndome incapaz de alzarse por sí solo. "¿Qué te pasa?" - y me quedé mudo, inmóvil. Le gritamos, y aumentó el miedo cuando no respondió. "Se me ha dormido" - dije, y al oír estas palabras comprendí lo absurdo que era. Pero no conseguía reir. Nos las arreglamos, entre los dos, para levantarlo. Este no es mi brazo - es lo que seguía pensando cuando le dimos golpes, lo pellizcamos, y lo devolvimos a la vida, Nos dijimos poca...

Raymond Carver por Natalia Carbajosa

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La felicidad Tan temprano que aún está oscuro afuera. Me acerco a la ventana con café y el típico runrún que quien madruga hace pasar por pensamiento.  Cuando veo al muchacho y a su amigo enfilar la carretera  para entregar el diario. Llevan gorras y jerseys, y uno porta una bolsa sobre el hombro. Son tan felices que no dicen nada, estos muchachos. Si pudieran, creo que se tomarían del brazo. Es temprano, de mañana, y hacen esto juntos. Lentamente se aproximan. En el cielo comienza a abrirse luz, aunque pende aún pálida la luna sobre el agua. Tanta belleza que por un instante la muerte y la ambición, el amor incluso, no tienen cabida aquí. La felicidad. Sin previo aviso aparece. Y, de hecho, sobrepasa cualquier alusión de quien madruga. Enlaces:  https://epoelpoetaocasional.blogspot.com/search/label/Raymond%20Carver De: elcoloquiodelosperros.net  Imagen: www.atlascultural.com Traducción de Natalia Carbajosa ( http://clubdepoesia.com/nataliacarbajosa/ ) Natalia Carbaj...

Raymond Carver

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Cubiertos Haciendo trolling con el señuelo 20 pies detrás del bote bajo la luz de la luna, ¡cuando el enorme salmón picó! Y salió entero afuera del agua. Pareció pararse sobre su cola. Después volvió a caer y se fue. Temblando, seguí hasta el puerto como si nada hubiera pasado. Pero había pasado. Y pasó tal cual lo acabo de contar. Me llevé el recuerdo a Nueva York y más allá. Me lo llevé donde quiera que fui. Todo el camino hasta aquí, hasta la terraza del Jockey Club de Rosario, Argentina. Desde donde miro el ancho río que devuelve la luz de las abiertas ventanas del comedor. Me quedo fumando un cigarro, escuchando el murmullo de los socios y sus mujeres adentro, el leve sonido metálico de los cubiertos contra los platos. Estoy vivo y bien, ni feliz ni infeliz, aquí en el Hemisferio Sur. Por eso me deja más perplejo que nunca el recuerdo de ese pez perdido, alzándose, dejando el agua y volviendo a ella. El sentimiento de pérdida que me asaltó entonces me asalta todavía. ¿Cómo transmi...

Raymond Carver: Hijo

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Hijo      Esta mañana me despertó una voz  que regresaba desde mi infancia.  La voz dice: "despertate", y yo salto de la cama. Es extraño, toda la noche, en mis sueños yo busqué "ese" bendito lugar donde mi madre pueda vivir y ser feliz. "Si querés que enlozqueca", "está bien", si ése no es tu deseo, por favor, sácame de acá", repetía la voz. Me reconozco único culpable. Yo la mudé a esta ciudad que odia. Yo alquilé la casa que odia, rodeada de vecinos que odia, llena de muebles que odia. "¿Por qué no me diste la plata para que yo la gastara?" "Quiero volver a California, ¡ahora!", grita la voz. "Voy a morir si me quedo", "¿Vos querés que muera?" gime la voz. Esta mañana en el mundo, no existen respuestas a esta pregunta ni a ninguna otra. Suena el teléfono y suena, no deja de sonar. No me acerco al aparato, tengo miedo de oir una vez más la pronunciación de mi nombre. El mismo nombre que mi padre escu...

Raymond Carver: Una tarde

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Una tarde Mientras escribe, sin observar el océano, siente entre sus dedos el temblor de la pluma de su lapicera. La marea se retira arrastrando pequeñas piedras, restos de la vida marina. todo esto no tiene nada que ver, no, con el origen de su emoción. No. Su corazón se acelera porque ella en ese instante ha decidido entrar completamente desnuda en la habitación. Somnolienta, por un momento no puede imaginar dónde está. Se dirige al baño. Sacude su cabellera. Se sienta en el inodoro con los ojos cerrados, la cabeza inclinada; las piernas extendidas, abiertas. No ha cerrado la puerta del baño, él puede verla. Quizás, ella esté recordando lo que sucedió esa madrugada. Porque después de un rato, abre un ojo y lo mira. Y sonríe con mucha dulzura. RAYMOND CARVER  (Oregon, 1938 / New York, 1988, EUA) Desocupado y más poemas, Ediciones Calle Abajo, 1989 Versión de Esteban Moore Enlaces:  Hijo    Una mujer se baña   Madera de balsa Imagen:  http://www.itsnicethat...

Raymond Carver: la porosa fragilidad de la madera balsa...

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Madera de balsa Mi viejo parado frente a la cocina sostiene sobre la hornalla encendida una sartén en la que prepara un revuelto de huevos y seso. Yo me pregunto: ¿Quién tiene hambre esta mañana? En un día como el de hoy siento en mi cuerpo la porosa fragilidad de la madera de balsa. Las palabras flotan en el aire. Algo ha sido dicho. Mamita lo dijo. ¿Qué es lo que dijo? Algo, estoy seguro, relacionado con el dinero. Quiero ayudarlos. Lo haré si no desayuno. Mi viejo le da la espalda a la cocina oxidada. Grita: "estoy en un pozo", vuelve a gritar: "no me hundas más". La luz se filtra a través de la ventana. Alguien llora. Lo único que puedo recordar es el olor intenso del seso y los huevos quemados en la sartén. La mañana entera mezclada con otros desechos es arrojada al tacho de la basura. Minutos más tarde salimos en el auto hacia la quema, un viaje de unos 15 kms., no nos hablamos en el trayecto. En los montículos, oscuros, malolientes, tiramos nuestras bolsas y ...