Raymond Carver: Alguien debería hacer algo.
Venta desastrosa Domingo por la mañana, todo fuera desde muy temprano: la cuna de los niños, el tocador, el sofá, mesas, lámparas, cajas llenas de libros y discos clasificados. Después sacamos los utensilios de cocina. un radio despertador, ropa en perchas, un sillón que tenían desde el principio y al que llamaban Tío. Por último, sacamos la mesa de la cocina y se sentaron alrededor para llamar la atención. La palidez del cielo prometía justicia. Aquí estoy con ellos. intentando dejar de beber. Anoche dormí en esa cuna. Esta venta es dura para todos. Es domingo y pretenden hacer negocio a la salida de la iglesia episcopal de al lado. Vaya situación. Vaya desgracia. Todo el que echa un ojo a la colección de trastos desde la acera acaba siendo mortificado. Una señora, un familiar, un amante. La esposa, que hace tiempo quiso ser actriz, habla con otras parroquianos que sonríen incómodos y curiosean entre la ropa antes de seguir su camino. El marido, mi amigo, está sentado a la mesa e inte...