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VIENDO EN PARTICULAR

Frederick Seidel

Sobre ser galante Las camisas se agotan a sí mismas de ser vestidas. Los trajes se ajustan a la perfección, pero un hombre se esfuerza décad...

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agosto 15, 2026

Theo Dorgan: La velocidad puede afianzar la voluntad.

La imagen muestra a un hombre mayor, de cabello blanco y corto, sentado frente a unas estanterías llenas de libros. Lleva una chaqueta negra de pana sobre una camisa azul clara y tiene los brazos cruzados apoyados delante de él.  Su expresión es seria y tranquila, mientras mira directamente hacia la cámara. El entorno parece ser una biblioteca o librería, con numerosos libros y algunos cuadros u objetos decorativos en las estanterías del fondo. La fotografía está tomada en un plano medio y con iluminación cálida, dando a la escena un ambiente intelectual y acogedor.
Viaje de noche    


En la cornisa que va por las Gargantas del Tarn 
cuando el coche derrapó en una curva 
y rodó hasta el abismo 
en una cuña de goma chirriante, 
incluso entonces, rotas las barreras del pánico 
no rompimos nuestro silencio de horas, 
nuestra profunda confianza en el camino elegido. 
  
Y si ahora digo que la profundidad del tiempo nos estremeció,
la visión de la gran concavidad a la que nos acercamos en un viraje,
es sólo para decir lo que aprendí de chico
-no hay lugar donde caerse
y la velocidad puede afianzar la voluntad-
cuando hay que ir a alguna parte simplemente se va.



Journey by night




On the high road through the Gorges du Tarn
When the car bucked at a flat turn
 And bowled at the edge
On a wedge of rubber screaming,
Even then, with the gates of panic breached
We did not break our silence of hours,
Our deep trust in the willed path.

And if I now say the depth of time touched us,
the sense of the great bowl we run down in a curve,
It is only to say what as a child I knew
-there is nowhere to fall
and speed can buttress will-
when you have somewhere to go you simply go.


THEO DORGAN (1953, Cork, Irlanda)
Traducción: Jorge Fondebrider
Imagen en Irishexaminer

mayo 14, 2024

Jorge Fondebrider y la tradición irlandesa

Hace ya muchos años que me dedico a leer y traducir literatura irlandesa porque considero que es una de las mejores que se escriben en Occidente. Me importa su profunda referencialidad, algo que forma parte de la tradición de Irlanda, país que visité muchas veces y donde tuve la suerte de tratar personalmente con muchos de sus escritores y escritoras. Con ellos aprendí sobre mi propia tradición y mi propia escritura. Por eso, me pone muy contento saber que algunos de los autores que traduje o cuya publicación impulsé encontraron lectores en el ámbito de la lengua castellana. Algunos, como Claire Keegan, despertaron mucho entusiasmo. De vez en cuando, los lectores locales me preguntan por qué los irlandeses escriben tan bien. No creo tener una única respuesta. Con todo, aventuro una posible: gracias a la conciencia de la lengua que impone su tradición, no confunden literatura con expresión; vale decir, al contar una historia o escribir un poema, saben que hay reglas, principios estructurales y no confunden esos elementos con la mera emoción. No escriben por escribir, sino que saben que tienen una responsabilidad. Es lo que aprenden leyendo fundamentalmente gran literatura tanto en la escuela como en la universidad o en forma privada.
De hecho, en Irlanda no hay talleres literarios y mucho menos gente que aconseje públicamente qué leer. Así, para mi sorpresa, cuando le pregunté a Claire Keegan -- que hizo una maestría en escritura creativa en la Universidad de Cardiff, en Gales-- cómo había aprendido a escribir, me dijo que, en realidad no fue haciendo ese máster, sino leyendo por su cuenta, con atención y criterio, a Anton Chejov y a John McGahern. Me dijo que no se concentraba en la historia en sí, sino en cómo estaba contada. Nada más lejos de la costumbre que se instaló en Argentina de buscar que alguien haga ese trabajo por nosotros en un taller de los muchos que proliferan desde hace cuatro décadas, o, desde hace menos, atendiendo el consejo de un booktuber.

NOTA: Ezra Pound recomendaba no seguir consejos literarios de nadie a quien no admiremos mucho.

enero 20, 2023

Paula Meehan

Paula Meehan
poesía irlandesa con pelo blanco sobre fondo oscuro


MI PADRE VISLUMBRADO COMO UNA VISIÓN DE SAN FRANCISCO     


                                                                                                                            para Brendan Kennelly 


Fue el caballo overo en el jardín vecino 
el que me despertó asustada 
con su relincho madrugador. Estaba de nuevo 
en el trastero de la casa, 
que ahora es la habitación de mi hermano, 
lleno de vigas, suéters y secretos.
Las botellas tintinearon en el peldaño de la puerta,
el primer autobús se detuvo en la parada.
El resto de la casa dormía

a excepción de mi padre. Lo oí
rastrillar la ceniza del hogar,
enchufar la tetera, tararear un fragmento de canción.
Después abrió la puerta trasera
y salió al jardín.
El otoño casi había concluido, la primera escarcha
blanqueaba las tejas de la finca.
Él era mayor de lo que yo había supuesto,
tenía el cabello completamente plateado,
y por primera vez vi que encorvaba
los hombros, vi que tenía
las piernas rígidas. ¿Qué hace ahí,
tan temprano que hacia el oeste aún hay estrellas?

Entonces llegaron ellos: pájaros
de todos los tamaños, formas, colores; llegaron de
los setos y los arbustos,
de los aleros y los cobertizos de los jardines,
de los polígonos industriales, los campos lejanos,
llegaron de Dubber Cross
y de las cunetas de North Road.
El jardín se convirtió en un pandemonio
cuando mi padre levantó rápidamente las manos
y arrojó las migajas al aire. El sol
iluminó la chimenea de O’Reilly
y él resplandeció de pronto,
una perfecta visión de san Francisco,
sano, joven de nuevo,
en un jardín de Finglas.

marzo 25, 2022

Patrick Kavanagh: Un embrollo tan profundo como los Arcanos de alto nivel

Poesía irlandesa


X     




Su vida intelectual consistía en leer 
Reynolds News o el Sunday Dispatch, 
con algunas veces un viejo almanaque bajado del techo 
o un lector de escuela con los excrementos de paja. 
Los resultados deportivos o los titulares de la guerra 
fue un embrollo tan profundo como los Arcanos de alto nivel. 
Pat trató de ser sabio a la abstracción de todo eso, 
pero su secreto se deslizaba por su chaleco como una bebida de un colador. 
Apostó una sacudida en cada sentido en el Derby. 
Obtuvo una propina directa de un hombre en una tienda. Era un 
doble de las Guineas y se creía 
un matemático maestro cuando surgió uno de ellos. 
Y podía explicar cuánto ha dibujado 
En el doble si el segundo tramo hubiera seguido al primero.
Estaba apostando a la forma y la reproducción, afirmó,
y el hombre que hizo eso nunca podría estallar.
Después de eso siguieron a la guerra, y
se mostró que los generales de ambos lados eran estúpidos como el infierno.
Si hubiera tomado ese camino, comentaron acerca de un mariscal,
Él tendría ... O ellos conocen bien su geografía
Esta era su universidad. Maguire era un estudiante universitario
que soñaba desde su humilde posición de ascender
a un profesorado como Larry McKenna o Duffy,
o el cerdito Nallon, cuyo conocimiento era asombroso.
'Un triple, lleno de probabilidades múltiples ... Eso es portero plano ...
Otro ... No, te equivocas con lo que te estaba diciendo. .
¿Te separaste de tu potra, Jack? Escuché que la vendiste ... '
Los estudiantes eran todos sabios al momento del cierre del pub.



X




Their intellectual life consisted in reading
Reynolds News or the Sunday Dispatch,
With sometimes an old almanac brought down from the ceiling
Or a school reader brown with the droppings of thatch.
The sporting results or the headlines of war
Was a humbug profound as the highbrow's Arcana.
Pat tried to be wise to the abstraction of all that
But its secret dribbled down his waistcoat like a drink from a strainer.
He wagered a bob each way on the Derby,
He got a straight tip from a man in a shop -
A double from the Guineas it was and thought himself
A master mathematician when one of them came up
And he could explain how much he'd have drawn
On the double if the second leg had followed the first.
He was betting on form and breeding, he claimed,
And the man that did that could never be burst.
After that they went on to the war, and the generals
On both sides were shown to be stupid as hell.
If he'd taken that road, they remarked of a Marshal,
He'd have … O they know their geography well
This was their university. Maguire was an undergraduate
Who dreamed from his lowly position of rising
To a professorship like Larry McKenna or Duffy
Or the pig-gelder Nallon whose knowledge was amazing.
'A treble, full multiple odds … That's flat porter …
Another one … No, you're wrong about that thing I was telling you. .
Did you part with your filly, Jack? I heard that you sold her.…'
The students were all savants by the time of pub-close.





PATRICK KAVANAGH (1904, Inniskeen / 1967,  Dublin, Irlanda)
Fuente: Fausto Marcelo. blogspot
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Estudios irlandeses | Wiki
Traducción: Fausto Marcelo Ávila
Imagen: Evelyn Hofer

marzo 01, 2022

Richard Murphy

Stone mania


Piedra manía     




Cuánto me duele poner orden cuando todos mis papeles están 
apilados en desorden sobre el escritorio desde hace tres meses, 
recuperar el control de esta deriva de dias perdidos en 
mi pasión por construir en granito,  
y hacer frente a las cuentas que tengo que pagar por dejar la 
casa que tanto me costó agrandar, 
en la que pasé el tiempo preparando demasiado rápido un lugar 
para trabajar en el futuro dentro de paredes a prueba de ruidos, 
por lo que nunca tuve un momento en el presente para escribir 
sobre los momentos que estaban pasando: 
cuánto duele ver la destrucción que todo buen 
edificio, incluso el mejor, tiene que causar, 
no sólo las cercas, que primero tienen que ser derribadas 
antes de que los cimientos se caven,
sino cortes más profundos en las venas de la mente que llevaron
la sangre de la memoria al cerebro:
cuánto me duele haber descuidado durante todo este verano
a los amigos a los que debería haber visto,
por mi loca obsesión de construir más cuartos
para hospedarlos en tiempos venideros:
porque esos tiempos tienen la aptitud de eludirnos, nos morimos,
o nuestros amigos caen muertos antes de que podamos decir
me encantarla verlos y disfruten de la casa cuya construcción
nos mantuvo completamente separados.



Stone mania




How much it hurts me to tidy up when all my papers are.
heaped on the desk in a three.month mess
To regain control of this drift of days, I’ve lost in' my passion for building in granite;
And face the bills I must pay by leaving the house
that has cost me too much to enlarge,
Where I passed the time too quickly preparing a place for
the future to work within soundproof walls
So I never had a moment in the present for writing about
the moments that were passing away
How much it hurts to see the destruction that all good
building, even the best, must cause
Not only the hedges that had to be first cut down
before the foundations were dug
But deeper cuts through veins in the mind that carried
the blood of memory through the brain: How much it hurts me to have neglected all this summer
the friends whom I might have seen
But for my mad obsessions of building more rooms
to entertain them in time to come:
Because these times are apt to elude us. we die, or our
friends drop dead before wc can say
I'd love you to and enjoy the house whose construction
has kept us entirely apart.





RICHARD MURPHY (1927, Milford House, Irlanda / 2018, Sri Lanka) Poeta anglo-irlandés
Traducción: Jorge Fondebrider
Enlaces: Buenos Aires poetry
Imagen en The Irish Times

noviembre 02, 2020

Derek Mahon: La Musa está en otra parte

Derek Mahon


El gran poeta Derek Mahon ha muerto, este es mi modesto homenaje: mi traducción de "Ovid in Tomis" (Fb Adam Gai, 13/10/2020)  

Ovidio en Tomis    




¿Qué burda divinidad 
era la caja de velocidades, bajo la lluvia, 
junto a la ruta? 

¿Qué Nereida la insumergible
Coca Cola 
que golpea las rocas heladas?

Me miran
con la casta gravedad
y el orgullo feral

de los nobles salvajes
establecidos
sobre una costa ajena.

Hace tanto
desde mi propia transformación
en piedra,

que a menudo me olvido
de que hubo un tiempo
antes de que mi nombre

fuera barro en las bocas
del Danubio, 
una mala palabra en Roma.

Imaginad a Byron desterrado
en Botany Bay
o a Wilde en Dawson City

y tendréis cierta idea
de lo que es para mí
estar en las costas del mar Negro.

Yo, que otrora iba a paso largo,
la frente alta, por el foro,
una leyenda viva,

llevo ceñida mi pelliza
junto a aguas grasientas
bajo un viento escita.

Mi mujer y mis amigos
hacen lo que pueden
en mi favor;

aunque de Tiberio,
al que Dios preserve,
nada espero.

Pero no quiero
morir aquí
en el más remoto confín

entre estos morosos
Getas, echadores de dados,
y en el polvo de Tracia.

Sin duda, en el tiempo
por venir, este apiñamiento de
chozas de barro será

una hermosa ciudad,
un puerto importante,
un balneario popular.

Con un oleoducto,
terrazas de Martini
e incluso una digna

estatua de Ovidio
mirando el mar
desde la rambla;

pero, por el momento
es meramente un sitio
donde tengo que estar.

Seis años ya
desde mi confinamiento
a esta ciudad

por el difunto Augusto.
La Halieutica.
aunque esporádicamente

me da cierto
empuje,
aunque artificial;

pero pienso que son los pájaros
los que más me complacen,
las grullas y los pelícanos.

A menudo me siento en las dunas
para oír atento
el no inhibido

virtuosismo de una alondra
que da serenatas al sol
y medito sobre

la transitoriedad
del dominio terrenal,
la perfidia de los príncipes.

La mediocridad, se dice,
se consuela
con la reflexión

de que la genialidad tan a menudo
arriba a un mal final.
La adversidad de las cosas

nos enseña
sobre la naturaleza humana
en tanto que los aforismos nos afectan hondo.

Sé que  la vida simple
sería buena para mí
si yo fuera un hombre simple.

Tengo cabal sentido
del espíritu mudo
en la piedra y en el árbol,

Haciendo rebotar piedras en el mar, me doblego
con vicario dolor
mientras un tejo pequeño va dentro.

Y las altas cañas
del delta,
¡allí cunde el patetismo!

Siempre que se inclinan
y suspiran en el viento
no es meramente Siringa

recordando a Siringa
sino Siringa plañendo
su horror desnudo

del futuro certero,
ella y su especie
destinadas en masa

a las máquinas de hacer papel
y volverse cordón
de neumáticos de coches.

Pan está muerto y ya
yo siento que una antigua
unidad abandona la tierra,

la vasija con su rostro evita mi mirada
como si avergonzada
por mi incapacidad de mantener la fe.

 (Sabe que yo
he reemplazado la creencia
por la documentación.)

La Musa está en otra parte
no aquí,
junto a este lago congelado 

O, si aquí, entonces yo no soy
 asaz poeta 
para establecer el contacto.

¿Estamos verdaderamente solos
con nuestra física y nuestros mitos
las estrellas no más

que polvo brillante,
con nadie ahí
para escuchar nuestras odas corales?

Si es así, podemos comenzar
a ignorar el silencio
de los espacios infinitos
ante nuestras mismas narices

El grito en el corazón
del alcaucil,
la alegría de los átomos.

Mejor es contemplar
la página vacía
y dejarla así

antes que modificar
su sustancia por
 no más que un trazo de pluma.

Tejida de ninfas de los bosques,
habla de volúmenes
que nadie escribirá jamás.

Inclino la cabeza
ante su candor
y lloro por nuestro exilio.


Ovid in Tomis



What coarse god
Was the gearbox in the rain
Beside the road?

What Nereid the unsinkable
Coca-Cola
Knocking the icy rocks?

They stare me out
With the chaste gravity
And feral pride

Of noble savages
Set down
On an alien shore.

It is so long
Since my own transformation
Into a stone,

I often forget
That there was a time
Before my name

Ws mud in the mouths
Of the Danube,
A dirty word in Rome.

Imagine Byron banished
To Botany Bay
Or Wilde to Dawson City

And you have some idea
How it is for me
On the shores of the Black Sea.

I who once strode
Head-high in the forum,
A living legend,

Fasten my sheepskin
By greasy waters
In a Scythian wind.

My wife and friends
Do what they can
On my behalf;

Though from Tiberius,
Whom God preserve,
I expect nothing.

But I don’t want
to die here
In the back of beyond

Among these morose
Dice-throwing Getes
And the dusts of Thrace.

No doubt, in time
To come, this huddle of 
Mud huts will be

A handsome city,
An important port, 
A popular resort

With an oil pipeline,
Martini terraces
And even a dignified

Statue of Ovid
Gazing out to sea
From the promenade;

But for the moment
It is merely a place
Where I have to be.

Six years now
Since my relegation
To this town

by the late Augustus,
The Halieutica,
However desultory,

gives me a sense
Of purpose,
However factitious;

but I think it’ s the birds
That please me most,
The cranes and pelicans.

I often sit in the dunes
Listening hard
To the uninhibited

Virtuosity of a lark
Serenading the sun
And meditate upon

The transience
Of earthly dominion,
The perfidy of princes.

Mediocrity, they say,
Consoles itself
With the reflection

That genius so often
Comes to a bad end.
The things adversity

Teaches us
About human nature
As the aphorisms strike home!

I know the simple life
would be right for me
If I were a simple man.

I have a real sense
Of the dumb spirit
In boulder and tree;

Skimming stones, I wince
With vicarious pain
As a slim quoit  goes in.

And the six-foot reeds
Of the delta, 
The pathos there!

Whenever they bend
And sigh in the wind
It is not merely Syrinx

Remembering Syrinx
But Syrinx keening
Her naked terror

Of the certain future,
She and her kind 
Being bulk-destined

For pulping machines
And the cording
Of motor-car tyres.

Pan is dead, and already
I feel an ancient
Unity leave the earth,

The bowl avoid my eye
As if ashamed
Of my failure to keep faith.

(It knows that I
Have exchanged belief
For documentation.)

The Muse is somewhere
Else, not here
By this frozen lake ---

Or, if here, then I am
Not poet enough
To make the connection.

Are we truly alone
With our physics  and myths,
The stars no more

Than glittering dust,
With no one there
To hear our choral odes?

If so, we can start
To ignore the silence
Of the infinite spaces

And concentrate instead
On the infinity
Under our very noses ---

The cry at the heart
Or the artichoke,
The gaiety of atoms.

Better to contemplate
The blank page
And leave it blank

Than modify
Its substance by
So much as a pen-stroke.

Woven of wood-nymphs,
It speaks volumes
No one will ever write.

I incline my head
To its candour
And weep for our exile.


Otros poemas de DEREK MAHON, aquí
Traducción: Adam Gai
Imagen: The Guardian

junio 21, 2020

David McLoghlin

Café Derby, poesía irlandesa



Café Derby 




Al cruzar el oscuro paragüero de madera, chorreando
junto a la puerta, chica para chico, cuatro jovenzuelos
galantean serios con la madurez. Los chicos y su cabello,
fijado a lo torero, intensamente engominado;
a la francesa, las chicas revisten sus hombros
con jerséis pastel, y a la cintura otro.
Los atiende un camarero, calvo y retaco,
de menester quizá madurado desde mozo
en las tertulias de Valle Inclán. Hierático,
algo renco, viste una blanca chaquetilla sin cuello
abotonada hasta la garganta, parsimonioso.
Les lleva una bandeja a la mesa—denso,
de las américas, caliente chocolate negro,
infusiones en ánforas de alquimia, bullendo.



Antonio



Muchas noches merodeaba un músico
bajo el palacio del Obispo Xelmirez, bajo el arco
—la acústica tan buena que lo escuchabas
mucho antes de pasar el Obradoiro y subir las escaleras.
Sentado por la larga jornada, cuando se ponía de pie
andaba como con la pierna mal torcida.
No sabía su nombre.

10 años más tarde, descendíamos por Cervantes Lucía y yo,
Santiago tocándome la fibra de nuevo.
Él tocaba “Te Recuerdo, Amanda”
de Víctor Jara. “¡Claro!” le dijo a ella,
“¡Tú tocaste en el Modus Vivendi, en las noches de cantautores!
A las doce lo recogía su novia
con su Golden Retriever. Era universitaria,
10 años más joven. Y pensé entonces en las segundas oportunidades
mientras se marchaban, y en los días
de estudiante de Lucía, cuando decía “todas las ventanas
abiertas al ritmo de Pablo Milanés, Mercedes Sosa y Silvio,”
temas latinoamericanos de esperanza. Y tras la canción,
compañeros, Víctor Jara—y ella y yo
sin encontarnos en ningún bar del casco antiguo,
echando yo de menos estar en otro libro.

En Tarasca ponían a veces los temas de esperanza,
o más bien himnos rebeldes, e izaban la Ikurriña vasca
a la par de la estrella Cubana. Cuando pedí en castellano,
el velludo camarero me miró receloso
bajo fotos de prisioneros en blanco y negro,
amigos del hacha y la áspid—ecos de una iconografía
mural. Se volvió impasible, decidí no sacarme de la manga
a Irlanda. Pegado a mi codo, un parroquiano
llevaba el pasamontañas y el armalite sobre fondo
de la Tricolor: la camiseta inevitable.

Sonaba Víctor Jara en la gramola.
“Intenta tocar eso con la guitarra,”
le dirían los soldados entre risas en el estadio
de Santiago de Chile, al partirle la mano.
Víctor Jara les cantó desde el suelo.



Café Derby




Past the leaking umbrella bin of dark wood
by the door, girl facing boy, four teenagers
play seriously at adulthood. The boys’ hair
is bullfighter-gelled, deeply engominado;
French-style, each girl wears a pastel sweater
around her shoulders, another at the waist.
They are attended by a small bald waiter
who might have served as apprentice
at the tertulias of Valle Inclán. Hieratic,
a slight limp, the collarless white coat
buttoned to the neck, unhurrying
he carries a tray to their table—the dark
thick hot chocolate from the Americas,
the infusiones in alchemical jars, unfurling.



Antonio




Most nights there was a busker
in the arch under Bishop Xelmirez’s palace
—the acoustics so good you heard him
long before you came up the stairs from the Obradoiro.
He sat because of the long hours, and when he stood
he walked as if his leg had been turned the wrong way.
I didn’t know his name.

10 years later, Lucía and I were walking down from Cervantes
Santiago starting again for me.
He was playing “Te Recuerdo, Amanda”
by Víctor Jara. “¡Claro!” he said to her,
“you played at singer-songwriter nights at Modus Vivendi!”
At midnight his girlfriend collected him
with their Golden Retriever. She was a student,
10 years younger. As they walked away
I thought of second chances, and Lucía’s student
days when she said “every window was open
playing Pablo Milanés, Mercedes Sosa, and Silvio,”
Latin American hope songs. Behind the songs,
compañeros, Víctor Jara—and me and her
missing each other in every Old Town bar,
me missing being in a different book.

Tarasca sometimes played the hope songs,
more often rebel songs, flew the Basque Ikurrina
beside the Cuban star. When I ordered in Spanish
the bearded bartender looked at me askance
under black-and-white photos of prisoners,
friends of the axe and the asp—echoes of a mural
iconography. He turned stony, I wouldn’t play
the Irish card. Off my elbow, a local wore
the balaclava and the armalite, foregrounded
on the Tricolour: the easy t-shirt.

Víctor Jara was on the juxebox.
“Try playing that on the guitar,”
the soldiers mocked in the stadium
in Santiago de Chile, after they broke his hands.
Víctor Jara sang back at them from the ground


DAVID MCLOUGHLIN (1972, Dublin, Irlanda)
Traducción: Germán Asensio Peral
Fuente: Estudios irlandeses
Imagen: Coldfront

junio 14, 2020

Pearse Hutchinson


Distorsiones     












Qué sorpresa te llevaste — 


mientras envejecías y usabas 


tan tranquilamente a sexagenarios 


como si fuesen espejos 


que en realidad no distorsionan 


sino que son simplemente proféticos


y tanto más confiables


que el vidrio del baño


que recibe el sol de la mañana


o el del vestíbulo


que no lo recibe jamás —


Qué sorpresa te llevaste


cuando un confiable espejo, que se sabía 60 y no 40


de modo que no te necesitaba a ti


como espejo, pensó que eras carne


y no vidrio, humano y no mineral


y por tanto irrompible, 



y sin verse a sí mismo


como espejo,


a tu extravagante manera de ver las cosas


comenzó a tratarte


como un juguete, como a un hermano,


y aunque tú eras carne y no vidrio,


te rompiste, y sangraste,


no arena, tampoco calcio


tampoco pálido plomo rojo—


de modo que, cuán grande fue


tu sorpresa, al rearmarte sobre


el pavimento, carne y no vidrio


al observar cómo su erguida nuca


se desviaba, con calma,


como si jamás se hubiese visto


reflejado en una flor, en un niño,


o en otro anciano. 









Distortions 











What a surprise you got —


ageing yourself and using


sexagenarians calmly as mirror


s not really distorting


but merely prophetic


and so much more reliable


than the glass in the bathroom


that gets the sun in the morning


or the one in the hall


that never gets any at all —


What a surprise you got


when one reliable mirror,


who knew himself 60 not 40


so could not need you as a mirror,


thought you were flesh not glass


human not mineral and therefore unbreakable, 




and not recognizing


himself as a mirror


in your extravagant sense


proceeded to treat you


like a toy, like a brother


and though you were flesh not glass


you broke, and bled,


not sand or calcium either


nor dull red lead —


so how surprised you felt


assembling yourself on the pavement


flesh not glass


watching his creased nape


moving away, calmly,


as if it had never seen


itself in a flower, a child,


or another old man. 


















PEARSE HUTCHINSON


(1927, Glascow, Escocia / 2012, Ratghar, Irlanda)



Traducción: Jorge Sagastume



Imagen: Portraidi/ Foto de Bill Doyle







junio 08, 2020

Mary O'Malley: Los objetos de la casa ya no son inertes o agradables

Gran poeta irlandesa con polluver negro y medallón

En Friar's Hill


Cuando partas a Itaca / ruega que tu viaje sea largo"
Cavafy

A esta hora de la noche los objetos de la casa
ya no son inertes o agradables.
Despiden emanaciones cargadas de ceniza.
El frío televisor, el panel de la ventana
y el teléfono tiemblan ligeramente
en sus sueños de baratija.
Hace casi dieciocho años
regresamos del sol
con dos hijos pequeños
a esta, nuestra ciudad universitaria.
Aquí, no lo sabíamos,
planeaban abrir una calle.
En la colina de enfrente
solían pastar dos caballos, Verano e Invierno,
que nuestra hijita adoraba.
Arriba, en las constelaciones,
convergían trayectorias
de estrellas candentes. Pese a las
señales de desastre,
cada colisión fue evitada.
Cuando volví al hogar esta noche
los gatos vinieron hacia mí,
una sombra gris, una nube naranja.
¿Hogar? No hay peligro de elegía.
Ya nunca tendremos treinta años de casados.
Este anillo de bodas
que fue nuestra O de regocijo
y “para siempre” y que está en un
oscuro cajón, todavía me va bien.
Cuando partimos a Itaca
con rostros radiantes, te di juventud
y fuego, tanto como dolor.
Aunque esa isla desnuda no era
el destino esperado,
compramos ámbar y ébano
y nuestro viaje fue largo.
Los caballos ya no están,
reemplazados por casas.
En cada calle, en cada barrio nuevo,
comienza una vez más.
Esta noche de noviembre
hay una luna
atrapada en una tenue malla
de bruma. Me consuela saber
que podría ir hasta la colina de enfrente
donde pastaban la yegua blanca y el caballo marrón
y la bahía se ensanchaba al oeste,
hacia el agua y la fuga.


Calipso




La luna asoma su alta grupa sobre el pueblo.
La marea sube con intención de aclarar y anegar.
En un sueño, un bote se mueve detrás de la hierba.
Lo conozco, veintiocho pies y un mástil.
El motor Lister parece una becasina. Viene
hacia mí. Dos rápidas pinceladas
azul Matisse parten el agua en una V.
Ya craquelado el fuego, todo lo que quiero
es este estado, la raíz cuadrada del amor reducido
a nostalgia, una vocal suave sostenida por dos
consonantes fuertes - el reino de los sueños insiste
en que es peligroso consumirse más que eso.
El desecho de mis años se entrelaza con la marea agitada.
Voy hacia el promontorio, con su escudo de nubes de tormenta.
Trataré de hallar, en este viaje,
a alguien que tenga la receta de los panales.
Dejo mi hogar - no llevo acompañantes -
y subo al bote de mi padre con esta instrucción:
Olvida las estrellas. El ángulo plisado donde el cielo se junta
y forma un techo es lo único en lo que puedes fiarte ahora.
Dos golpes de los remos y responde, liviano como un hueso del deseo,
el caprichoso regalo de los dioses por este arte de estar sola.

Versiones de Gerardo Gambolini


La petición




A las nueve en el hotel.
Si no vienes o llegas tarde
nos veremos en la tumba.
Creo que deberías ponerte 
un vestido.
¿Te parece bien?
Por supuesto,
ninguna mujer de Connemara que se precie
aparecería en un cementerio
con menos.

Versión de Enrique Alda



MARY O'MALLEY 
(1954, Connemara, Irlanda)

mayo 01, 2020

Eavan Bonland, otro poema

Eavan Bonland


Y alma




Mi madre murió un verano—
el más húmedo según los registros del estado.
Las cosechas se podrían en el oeste.
Los manteles a cuadros se disolvían en los jardines traseros.
Las reposeras vacías acumulaban agua de lluvia.
Mientras iba hacia ella
a través del tránsito, a través de las lilas que goteaban turbias
detrás de las casas
y en las veredas,  para brindarle
el último homenaje de una hija, pensé en algo
que recordé
haber oído una vez, que el cuerpo es, o
dicen que es, casi todo
agua y mientras giraba hacia el sur, que la nuestra es
una ciudad de eso,
una en la que
cada día los elementos comienzan
un viaje hacia otro que jamás,
debido al clima,
falla—
            el océano visible en los bordes que lo delimitan,
color de nube alcanzando el aire,
con el Liffey almacenando uno y emplazando al otro,
la sal recibiendo en el North Wall la falta de aquello y,
como si esto no fuera suficiente, todo ello
terminando casi todas las tardes
en nuestro discurso—
costa   canal océano río corriente y ahora
madre y seguí manejando y aunque
la mente no es confiable cuando sufre, en
el próximo aguacero casi parecías
que podían ser las sombras uno del otro,
el modo en que el cuerpo es
de cada uno de ellos y ahora
ellos estaban otra vez en marcha— niebla en neblina,
neblina en bruma de mar y ambas en el esmalte aceitoso
que reposa en las barandas de
la casa donde ella se moría
a medida que yo entraba.
                                                            

EAVAN BOLAND (1944/2020, Dublin, Irlanda)
de Domestic Violence, W.W. Norton & Company, Inc., 2007
versión © Silvia Camerotto

And Soul




My mother died one summer—
the wettest in the records of the state.
Crops rotted in the west.
Checked tablecloths dissolved in back gardens.
Empty deck chairs collected rain.
As I took my way to her
through traffic, through lilacs dripping blackly
behind houses
and on curbsides, to pay her
the last tribute of a daughter, I thought of something
I remembered
I heard once, that the body is, or is
said to be, almost all
water and as I turned southward, that ours is
a city of it,
one in which
every single day the elements begin
a journey towards each other that will never,
given our weather,
fail—
       the ocean visible in the edges cut by it,
cloud color reaching into air,
the Liffey storing one and summoning the other,
salt greeting the lack of it at the North Wall and,
as if that wasn't enough, all of it
ending up almost every evening
inside our speech—
coast canal ocean river stream and now
mother and I drove on and although
the mind is unreliable in grief, at
the next cloudburst it almost seemed
they could be shades of each other,
the way the body is
of every one of them and now
they were on the move again—fog into mist,
mist into sea spray and both into the oily glaze
that lay on the railings of
the house she was dying in
as I went inside.


Otro poema de EAVAN BONLANDaquí 
Imagen: Irish Examiner    

Eavan Boland

Eavan Bonland

La granada    




La única leyenda que me ha gustado es 
la historia de una hija perdida en el infierno. 
Y allí encontrada y rescatada. 
Amor y chantaje son la clave de esta historia. 
Ceres y Perséfone los nombres. 
Y lo mejor de la leyenda es 
que puedo aplicarla a cualquier cosa. Y la aplico. 
La leí por vez primera
cuando era niña en el exilio de
una ciudad con nieblas y extrañas consonantes,
y al principio yo era
una niña expatriada en el crujiente crepúsculo
del mundo subterráneo donde las estrellas se anublaban. Después
una noche de verano salí
a buscar a mi hija para meterla en la cama.
Cuando por fin llegó corriendo, yo estaba dispuesta
a hacer cualquier cosa para conservarla.
La llevé conmigo a través de las campanillas
y las avispas y las almibaradas buddleias.
Pero entonces yo era Ceres y sabía
que, en aquel camino, a cada hoja de cada árbol
le llegaría el invierno.
Que era ineludible para cuantos por él pasáramos.
Y también para mí.
Es invierno
y están ocultas las estrellas.
Subo las escaleras y me paro donde puedo ver
a mi hija dormida junto a sus tebeos,
su bote de Coca, su plato de fruta intacta.
¡La granada! ¿Cómo pude olvidarla?
Habría podido regresar a casa y ponerse a salvo y así
terminar la historia y toda nuestra
descorazonadora búsqueda, pero extendió su mano
y tomó una granada.
Alargó su mano y arrancó
el sonido francés de manzana y
el ruido de una piedra y la prueba
de que incluso en el reino de la muerte,
en el corazón de la leyenda, en medio
de las rocas llenas de lágrimas no derramadas
dispuestas a transformarse en diamantes
cuando alguien contara su historia, una niña puede
sentir hambre. Podría prevenirla. Todavía queda una
oportunidad.
La lluvia es fría. El camino agrisado.
El barrio tiene coches y televisión por cable.
Las veladas estrellas vacilan sobre el suelo.
Es otro mundo. Pero ¿qué otra cosa
puede dar una madre a su hija sino
estas hermosas rendijas de tiempo?
Si retraso la pena disminuyo la ofrenda.
Suya será la leyenda como lo fue mía
Entrará en ella como lo hice yo.
Despertará. Tomará en su mano
la acartonada, enrojecida cáscara.
La acercará a sus labios. Y yo no diré nada.



The pomegranate




The only legend I have ever loved is
the story of a daughter lost in hell.
And found and rescued there.
Love and blackmail are the gist of it.
Ceres and Persephone the names.
And the best thing about the legend is
I can enter it anywhere. And have.
As a child in exile in
a city of fogs and strange consonants,
I read it first and at first I was
an exiled child in the crackling dusk of
the underworld, the stars blighted. Later
I walked out in a summer twilight
searching for my daughter at bed-time.
When she came running I was ready
to make any bargain to keep her.
I carried her back past whitebeams
and wasps and honey-scented buddleias.
But I was Ceres then and I knew
winter was in store for every leaf
on every tree on that road.
Was inescapable for each one we passed.
And for me.
It is winter
and the stars are hidden.
I climb the stairs and stand where I can see
my child asleep beside her teen magazines,
her can of Coke, her plate of uncut fruit.
The pomegranate! How did I forget it?
She could have come home and been safe
and ended the story and all
our heart-broken searching but she reached
out a hand and plucked a pomegranate.
She put out her hand and pulled down
the French sound for apple and
the noise of stone and the proof
that even in the place of death,
at the heart of legend, in the midst
of rocks full of unshed tears
ready to be diamonds by the time
the story was told, a child can be
hungry. I could warn her. There is still a chance.
The rain is cold. The road is flint-coloured.
The suburb has cars and cable television.
The veiled stars are above ground.
It is another world. But what else
can a mother give her daughter but such
beautiful rifts in time?
If I defer the grief I will diminish the gift.
The legend will be hers as well as mine.
She will enter it. As I have.
She will wake up. She will hold
the papery flushed skin in her hand.
And to her lips. I will say nothing.



EAVAN BOLAND (1944 / 2020, Dublin, Irlanda)
Traducción: Pilar Salamanca
Fuente: Tuerto Rey
Enlace: de sibilas y pitias | Letras libres | Revista Chubasco en primavera | Ogham

febrero 12, 2020

Vona Groarke


Amuleto




Si una bandada de cuervos cruzara por tu ventana
lo verías como un augurio de mala suerte.
En un cuarto donde conoces todo de memoria,
lo familiar es tu escudo contra la oscuridad.
Por eso, cuando escribes que te molesta mi vida —
los amantes, la falta de trabajo, el dar vueltas —
supongo que quieres que vaya.
Lo que yo llamo suerte, tú lo llamas un plan hábil.
Lo que tú llamas suerte, yo lo llamo un hombre desesperado.


Traducción: Gerardo Gambolini


Como si cualquier cosa pudiera



Un artículo de hace dos años es lo que inaugura
mi hoguera esta noche. ¿En qué andaba metida? ¿Qué he hecho?
No es como si el mundo me increpara con un «¡Haz esto!» o
un «¡Haz esto!». Y no es como si aprender una cosa
suponga desaprender otra. El hogar es tumbarse
cuando a una le apetece tumbarse, un cuenco de porvenir
junto al lecho y una ventana a la altura de la mano
de modo que al abrirse, como un diario, las jornadas y todo su cortejo
se escabullen suavemente, ah cuán suavemente, del dormitorio.


Traducción: Jordi Doce

Lucky Charm



If a brood of crows should cross your windows
you would take it as a portent of bad luck.
In a room where everything is known by heart
the familiar is your guard against the dark.
So when you write that you’re bored by my life —
the lovers, lack of work, the moving round —
I figure that you want me to come home.
What I call luck, you call a well-made plan.
What you call luck, I call a desperate man.



As if anything could



A paper from the year before last is the start of
my tonight fire. Where was I? What have I done?
It’s not as if the world was shouting, ‘Do this!’ or
‘Do this!’ at me. And it’s not as if learning one thing
means unlearning one thing else. Home is to lie
when you need to lie, a bowl of tomorrow left
by the bed and a window at the height of your hand
to open, like a diary, so the days and all their equipage
slip lightly, oh so lightly, from the room.


VONA GROARKE (1964, Edgerworthstown, Irlanda)
Traducción: Gerardo Gambolini / Jordi Doce
Enlaces: Poetry Foundation | The Manchester Review | Emma Gunst
Imagen: Los Ángeles Review of Books

diciembre 17, 2019

Mary O’Donnell

Hungría







vino a mí en sellos de correos.

“Magyar Posta” patinadores sobre hielo, delicados

cual porcelana fina, un pez, un astronauta

y un cohete, un chico plateado sobre unos esquís de los 60.

Solo entendí  la diferencia.

Ahora, volando a casa desde Budapest,

toco las páginas de mis poemas, recién acuñados

en una  traducción. La verdad es que no los entiendo,

pero, ¿alguna vez sí? Las  palabras me harán

nativa por un rato para un lector que toma

de mañana un café en Vaci Ut, y que quizá no entienda,

ni siquiera en su lengua.



Los versos relucen mientras la noche escapa

por la repleta cabina inclinada. Otra vez

mi dedo presiona la página, a ciegas, como si al tacto

pudiera capturar un pez, un astronauta, un cohete,

o los patinadores elegantes sobre el hielo.

Fuera, unas nubes que no puedo ver

se mueven afanosas de país a país







Placer







Sueltas y quietas como velas plegadas, las alas del grajo:

bajo los árboles de la alta orilla el sol derritiéndose

hasta el fondo de la dura malla de las plumas.

El calor penetraba en la carne. La cabeza negra

se arqueaba, temblaba, los ojos fijos en el cielo,

en los costados oscuras velas de sedosas alas,

Sobre este césped con luz de mediodía, libre para el descanso,

esta criaturita – menos que una molécula



en el extenso dormitar de un cosmos

fletado para cuidar a cada criatura –

se posó en la hierba complacida y sin ruido, aunque frágil

a pesar de la malla de pluma y del pétreo pico,

con el calor en tregua, las alas en reposo,

estremecida, primer verano fuera del nido







Hungary







came to me in stamps.

“Magyar Posta” ice-skaters, delicate

as Empire porcelain, a fish, an astronaut

and rocket, a silvery boy on 1960s skis.

I understood only difference.

Now, flying home from Budapest,

I touch the pages of my poems, freshly minted

in translation. Now I really don’t get them,

but did I ever? The words will make me

briefly native to a coffee-slugging morning reader

on the Vaci Ut, who may not understand,

even in his own tongue.



The lines shimmer as night slips

through the tilting crowded cabin. Again

I press fingers to page, blind, as if by touch

I could capture a fish, an astronaut, a rocket,

or those elegant, ice-cutting skaters.

Outside, clouds I cannot see

busily translate country to country







Pleasure







Slack and easy as dropped sails, the rook’s wings:

on the high bank beneath the trees, sun melted

deeply into the stiff mail of every feather.

Warmth penetrated to flesh. The black head

arched, shivered, eyes attentive to the sky,

dark sails of wing silky beneath shoulders,

on this noon-lit grassy slope, freed to rest,

this small creature –  less than a molecule



in the outspread dozing of a cosmos

freighted with the care of every creature –

sat softly pleasured on grass, yet frail too

despite mail of feather and stone-hard beak,

in the respite of heat, the wings at rest,

shuddering, first summer out of the nest







Mary O'Donnell

MARY O'DONNELL

(1954, Monaghan, Irlanda)

Traducción: Inés Praga-Terente

Enlaces: Poetry Foundation (en inglés)

Fuente: Docplayer

























septiembre 08, 2019

Pat Boran: La estación de ómnibus, Vilna, a fines de primavera


Semillas


A Greta Thunberg


La estación de ómnibus, Vilna, a fines de primavera

y, escaleras abajo, en un laberinto de pequeños negocios
entre las bebidas sin alcohol, las máquinas de cigarrillos,
compañías de reparación de teléfonos y valijas rodantes a mitad de precio –
un kiosco con ventana de vidrio, donde se venden semillas.
Semillas y solamente semillas (quien lo hubiera imaginado)
en paquetitos de papel dispuestos sobre un sostén de alambre -
zanahoria, cebolla, lechuga, rúcula, cebollín
y tal vez granada, un brillante despliegue
de plantas y flores que me cuesta reconocer.
El reloj haciendo tictac, mi ómnibus por salir
y aún no puedo convencerme que debo moverme,
por el contrario, estoy parado mirando el mágico suceso:
una joven empleada sentada allí, sola,
perdida en las aguas turbias de su ventanilla,
de súbito, ahora, una figura salida de un mito,
encargada de estar sentada inmóvil, cuando todo el mundo
se encuentra en constante movimiento azaroso, en flujo incesante.
La mente de ella, a tono con modalidades desapercibidas,
los ciclos más largos de un gran viaje,
en tanto que nosotros vamos a toda prisa hacia las puertas de partida,
a través de una tormenta de boletos descartados.



Seed



(for Greta Thunberg)


The bus station, Vilnius, late spring,
and downstairs, in the warren of small shops
among the soft drinks and cigarette machines,
the phone repairs and half-price trolley bag –
a glass-windowed kiosk selling seeds.
Seeds, and only seeds (who would have guessed)
in little paper packets on wire frames –
carrot, onion, lettuce, rocket, chive,
and pomegranate maybe, a bright array
of plants and flowers I struggle to recognise.
The clock ticking, my bus about to leave,
and still I cannot convince myself to move,
but stand there watching magic happening:
the young assistant, sat there all alone,
lost in the troubled waters of her screen,
suddenly now a figure out of myth,
charged with sitting still when all the world
is in constant random motion, incessant flux,
her mind attuned to patterns overlooked,
the longer cycles of a greater journey,
while headlong towards the departure gates we rush
through a leaf-storm of discarded ticket stubs.


Otro poema de PAT BORANaquí
Traducción: Adam Gai




junio 12, 2019

Moya Roddy: Saludando con la mano y sonriendo...

Mujer sonriente con el pelo desalineado sobre un fondo gris con listones blancosfondo

Milagro    



Alrededor de las cinco te levantarás, 
desenrollarás el largo pañuelo 
usado para proteger tu pelo, 
darás vida a tus labios pálidos 
con un toque de rouge – 
entonces saldrás 
a traer algo para el té 
-- huevos o un pedazo de hígado 
saludando con la mano y sonriendo,
saludando y sonriendo
como si recién te levantaras de la muerte.



Miracle




Around five you’d rise,
unwind the long scarf
worn to protect your hair,
bring wan lips to life
with a dab of lipstick –
then sally forth
to get something in for tea
– eggs or a piece of liver –
waving and smiling,
waving and smiling
as if you’d just risen from the dead.

MOYA RODDY (Dublin, Irlanda)
Traducción: Adam Gai

mayo 24, 2019

Derek Mahon: Pero las colinas son aún las mismas

Derek Mahon


Sobrevidas


para James Simmons

1



Me despierto en un piso oscuro
al rugido suave del mundo.
Los pájaros se besuquean sobre los techos
blancos mientras corro las cortinas
y miro a Londres
fresca de lluvia a la luz de la mañana.

Este es nuestro elemento, las brillantes
razones por las cuales confiamos
en las soluciones a largo plazo.
Los oradores parlotean y hay armas
que suenan en una calle secundaria;
pero sigue viva la fe

de que en nuestro tiempo estas cosas

sorprenderán a los que estudian
en escuelas no sectarias
y de que los lugares oscuros arderán con amor y poesía
cuando prevalezca el poder del bien.

Qué clase media de mierda somos
al imaginar por un segundo
que nuestros privilegiados ideales
son divina sabiduría y las formas
vagas que se arrodillan a mediodía
en la ciudad no son las nuestras.



2



Viajo por mar a casa
por primera vez en años.
Alguien puntea una guitarra
en la cubierta oscura, mientras una gaviota
sueña al tope del mástil,
las olas salpicadas de luna se regocijan.

Al alba el barco tiembla, gira
en amplio arco hacia atrás,
avanzando estremecido por el estuario gris
más allá del faro y las boyas,
las gradas y el dique seco
donde arde una lámpara desnuda;

y yo piso tierra bajo una fina lluvia
en una ciudad tan cambiada
por cinco años de guerra
que apenas reconozco
los lugares en donde me crié,
las fachadas que intentan explicar.

Pero las colinas son aún las mismas
gris-azuladas sobre Belfast.
Tal vez si me hubiera quedado
y vivido bomba tras bomba
hubiera sido adulto al fin
y aprendido qué quiere decir hogar.



Afterlives

for James Simmons

1



I wake in a dark flat
To the soft roar of the world.
Pigeons neck on the white
Roofs as I draw the curtains
And look out over London
Rain-fresh in the morning light.

This is our element, the bright
Reason on which we rely
For the long-term solutions.
The orators yap, and guns
Go off in a back street;
But the faith doesn’t die

That in our time these things
Will amaze the literate children
In their non-sectarian schools
And the dark places be
Ablaze with love and poetry
When the power of good prevails.

What middle-class shits we are
To imagine for one second
That our privileged ideals
Are divine wisdom, and the dim
Forms that kneel at noon
In the city not ourselves.



2



I am going home by sea
For the first time in years.
Somebody thumbs a guitar
On the dark deck, while a gull
Dreams at the masthead,
The moon-splashed waves exult.

At dawn the ship trembles, turns
In a wide arc to back
Shuddering up the grey lough
Past lightship and buoy,
Slipway and dry dock
Where a naked bulb burns;

And I step ashore in a fine rain
To a city so changed
By five years of war
I scarcely recognize
The places I grew up in,
The faces that try to explain.

But the hills are still the same
Grey-blue above Belfast.
Perhaps if I’d stayed behind
And lived it bomb by bomb
I might have grown up at last
And learnt what is meant by home.
Otros poemas de DEREK MAHONaquí
Traducción: Adam Gai
Imagen: The Irish Times