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Ernesto Carrión

Se observa al poeta Ernesto Carrión con una campera marrón, cruzado de brazos. Una cabellera profusa, usa anteojos y la barba es incipiente. En el fondo se aprecia lo que parece ser una pintura colonial

Papeles de cuaresma    




Albania me encantaba porque no tenía nada que ver conmigo. 
Me ocurría lo mismo con Budapest y Bielorrusia. Aunque a mi hijo  
 
le gustaba ponerlos en la discusión sobre la mesa, a la hora de jugar
a la dominación del mundo. La pregunta sobre cómo se domina algo
tan quemado por dentro sigue retumbando en mi cabeza. 

Mi abuela debe ser la única persona que se fascina con las iglesias
incluso cerradas, porque empieza a merodearlas con ansiedad 

escondiéndose del sol, con los ojos inquietos. Cuando se llega a los ochenta
Jesús es un cachete enrojecido pegado a ti, dando silbiditos y picachos
de repente. 

Pero para alguien como yo, que avanza a los cincuenta años y por lo tanto
carece de zona de confort, la religión es un trabajo que pesa un quintal 

o es esa mímica cruda de los domingos que congela la inmortalidad
con pensamientos casi siempre masoquistas. 

Bibidi Babidi Bú era lo que canturreaba La Hada madrina en el aire
haciendo uso de un falso lenguaje para que la magia existiera, 

lo que quiere decir que para modificar la realidad, hacer agua del mundo,
es insuficiente el lenguaje educado y lleno de jerarquías. 

Para recuperar el amor por la escritura, que ha sido mi única religión,
yo empleo también un falso lenguaje que dice lo que no dice 

y que se desdice de lo que dice, como expongo a continuación: 

Aquí se venden litros de muerte a centavos. Usted puede adquirirla
en todas partes. Porque está en todas partes. Y puede encontrarla 

en muchas presentaciones. Porque para eso hemos diseñado y distribuido
con éxito nuestro producto. Bébala como guste. Fría o caliente. Consérvela
en un lugar apartado de la casa. 

Si la lleva consigo, por favor, llévela bien sellada.
Y no olvide lo más importante: una vez adquirida, 

la muerte no tiene fecha de expiración. 

Y así podría seguir colocando ejemplos que vienen al caso
para revelar que al llegar esa noche a mi departamento 

la vida como la conocía mi abuela, pero también mi madre,
mi hermana y su hija y otro montón de gente, desapareció. 

Bombardearon los noticieros mientras fregaba los platos:
contagios y pilos de muertos eran un elemento fantástico y aterrador 

aeropuertos comenzaban a cerrarse; ciudades fueron llamadas
a abastecerse para no desaparecer contenidas en sus capullos metálicos. 

Puentes aplanados por la maquinaria de la guerra, soldados atados
a tanques y a más soldados moviéndose con megáfonos por doquier 

mientras la luna se instalaba en todos los cielos del mundo mostrándose
como lo que ha sido siempre: un salto a la leche o un vacío volando
o una cofia de monja. 

Despedirse en este momento de quién y para qué -me dijo mi mujer-,
si irse sin todos da igual a largarse abrazado con todo el mundo. Hay 

que cerrar la casa. ¿No entiendes que cuando la música acabe todo lo
que veremos será un cuerpo pretencioso y corrupto lastimándonos
con la idea limpia de que al menos la vida fue necesaria para cultivar
estos problemas? 

¿Cuáles problemas?
La física y Las matemáticas. Naderías como esos poemitas que me propongo
a escribir y que nadie más que yo termina comprendiendo cuando empleo 

palabras como bulbo cavernoso y suelo pélvico para describir el acto sexual
o el asalto de dos amantes que se estrujan hasta quedarse
con alguna partecita robada a ese otro yo. 

Algo tan urgente e injusto como el robo de un libro.
Aunque opine firmemente que toda persona debería tener un libro robado 

en la biblioteca de su casa, para así recordar que la literatura
es un riesgo innecesario y un asalto. 

Atiborrado también de historias incurables como las que ahora ocurren:
porque venían ellos así, huyendo a toda lágrima con máscaras en la cara, 

azules y trágicos como la vida extraterrestre dentro de una oreja
y desde el mes de febrero, en plena cuaresma, olvidándose del jefe
de la tribu israelita y su relato de peleas de gallos con montes y lagunas
de arriba hacia abajo. 

De un lado hacia el otro los veíamos paseando por el televisor
zurrados y navegando a la deriva sobre un río incontenible de muertos 

con nombres como Pedro, María, Juan y José cuchicheando borrachos
y sonámbulos como zombis rechazados por un estado indolente que no les ofrecía una cama
de hospital, ni un poco de oxígeno ni un féretro donde apagarse. 

Y a los pocos días tirados como fundas de basura, envueltos en fundas de basura,
convertidos ellos mismos en basura desperdigada por casas y veredas 

o depositados en fríos contenedores, revueltos entre más carne infectada,
para que nadie pudiera reclamar esos cadáveres que eran solo estadística
ruidosa de una guerra silenciosa que no discriminaba por clases ni género
ni raza. Que simplemente arrasaba con todos como aguacero
definitivo, como plaga de Egipto. 

Si aquí hoy alguien despierta es de milagro y lo hace arrastrando un pie
junto al otro. Así vamos dejando de ser materia en fuga o ideas apresadas
como hervidero de gusanos cerrando el horizonte. 

Adscritos al movimiento global. Mi hijo y yo, cuando desayunamos
encerrados, cuando miramos la televisión encerrados, cuando dormimos 

encerrados y con miedo, estamos adscritos al movimiento global,
compartiendo el agua caliente y ciertas rutinas de evasión
que igualmente nos dejan llorando. 

Histéricos, deprimidos y suspendidos entre dos vidas esperando por
la noticia del pariente muerto o agonizando. O porque finalmente 

aparezca la fiebre encapuchada a despedazarnos entre cuatro paredes
con un hilo de palomas muertas atadas al cuello, 
soportando un modo de soledad y compañía insólitos. 

Mientras en cientos de ciudades en este preciso momento hay fosas comunes.
El 2020 será recordado como el año en el que muchos gobiernos del mundo 

se pusieron de acuerdo y actuaron como los nazis: quemando cuerpos, extraviando
cadáveres y ocultando cifras reales. Aunque para el día de mañana, quiero decir, cuando
amanezca, los puentes se caigan y las ciudades terminen sumergidas. 

Nada volverá a ser igual.
Aunque esos muertos regresen a la vida, nada volverá a ser igual 

aunque la luna desprenda una tela espléndida por donde bajen
esos cuerpos como figuras de un tarot obsceno, asolando gemidos. 

Nada volverá a ser igual.
Nadie volverá a tomarse de la mano mirando en silencio nuestra modernidad 

reapareciendo en autos y hoteles de lujo, o en estaciones de metro donde milita
el espectáculo de los telespectadores y su oficio con montones de frívolas citas
que devoran su parte más humana. 

Nadie volverá a hacer el amor con la luz apagada por temor a que ese cuerpo
de pronto desaparezca; 

nadie volverá a cantar una canción en su mente para que nadie más pueda oírla:
la soltará con rabia como un huracán hasta que estallen otros tímpanos y otras
córneas necesitadas de ese incendio. 

Nadie volverá a mentir mirando fijamente a su víctima. Decir la verdad se convertirá en una
necesidad de recuperar la sangre; 

nadie volverá a estornudar sin recordar a sus muertos. Sin perder la mirada en los muebles y
lugares dejados por esos cuerpos traspapelados. 

Derramando otra vez lágrimas y persiguiendo el amor como un superviviente
con la piel completamente quemada, liberados ahora sí del peso de la tierra, 

de la hipocresía y los modales paralelos, de las ceremonias y sus rechonchos
y verdes embustes. 

Macheteando el viento con el pecho caído;
atravesando túneles sin dios en sandalias y con los bigotes y las melenas plateadas y desesperadas; 

llenos de afecto, pero radiantes como el exceso de defectos, como la ignorancia
y su espejismo alojado en la tráquea; 

como un mercado donde aparecerá la basura y será repartida entre mendigos
que romperán las ventanas y dialogarán con los grillos y las cucarachas
y se alegrarán por tomarse finalmente de las manos llenas de salpullido. 

Volveremos solamente así: ciegos para fundar otra vez una tierra llena de pena.
Deformes por haber sobrevivido lavando cristales; 

culpables por haber sobrevivido lavando cristales y mirándonos hacia adentro
donde desde ahora reposa la nieve y un extraño sinónimo de resistencia. 

Agradecidos por no haber sido nosotros los sacrificados de la especie.


ERNESTO CARRIÓN (1977, Guayaquil, Ecuador)
Imagen en diarioconcepcion.cl

Juan Secaira Velástegu

Una persona    


 

Las imágenes 
de la resonancia magnética 
traen la novedad de la estridencia, 
la deformada suerte que no da aliento ni promueve 
el discurso de la valentía. 
 
La vida no debe enfocarse en la tristeza de aguantar. 
 
La orilla también puede ser el final de una densa
aventura entre los trópicos.

El cansancio saca los brazos,
en los múltiples
sentidos de la combinación de palabras.

Deslices en medio del agua
que ya no viene del mar,
ya no es el mar,
se ajusta a unas cuantas gotas en la cicatriz.

Catarata o bilis.

Un punto en la mirilla,
sobre
la ruta
inmaculada.



Riel




Último asiento del tren sin música
voces ofreciendo trizas
soñar frecuentemente con el número dieciocho
vasos en hielo
 reflejos de polvorientas lámparas
 en la niñez
 sentado en una esquina por norio
 por confiado
 por sano
 por anhelar un instante de felicidad
 después de caer veinte años y más
 en aquel rincón
 hoy desear lo mismo
 por razones contrarias
 inocente o sabido
 el final es semejante
 soñar con un amor
 que corta un rastro
 trenes viajando
 la malsana
 marcha a contraluz.


Fotografía en blanco y negro del poeta Juan Secaira V. apoyado contra una pared al lado de un cartel
JUAN SECAIRA VELÁSTEGU 
(1971, Quito, Ecuador)
Fuente: Casa Bukowski | Madame Ho
Enlaces: Letralia | Revista Matapalo
Imagen en La palabra abierta

Edwin Madrid: Intrigado por la muralla china


NI SIQUIERA LA CIENCIA ES UNA VACA SAGRADA        




intrigado por la muralla china 
dediqué gran parte de mi vida 
              a su investigación 
en el principio 
             me parecía imposible 
que exista 
             pues con su material 
se pudo haber edificado una ciudad
            para diez millones de chinos
así motivado por mis cavilaciones
                                         indagatorias
estudié ingeniería civil
              obtuve un masterado en construcciones imposibles
dicté cursos
              sobre diseños de puentes
conferencias acerca
              de la arquitectura greco-romana
pero la muralla china
          me seguía despertando a media noche
hasta que decidí
             realizar una expedición al tíbet
y palpar con mis propias manos la colosal muralla
            a mi regreso
alemania
quiso contratarme
para que reconstruyera el muro de berlín
             mafiosos de todas partes
             hacían largas colas en mi oficina
             esperanzados en mi firma
para la edificación de sus búnkers
  mas hoy cuando he descifrado
                          los misterios de la gran muralla
me despierto
intrigado por los castillos de arena
              que mi nieto
              construye sobre la playa.




poesía ecuatoriana
EDWIN MADRID
(1961, Quito, Ecuador)
Imagen en Facebook






Iván Carvajal

La imagen muestra a una persona de edad, con el pelo corto y canoso. Tiene lentes y apoya la mano en el mentón

Memorial     



Camino desde el lecho a la butaca, 
vengo a la cocina, enciendo la luz, 
hiervo agua en una olla 
y vuelvo tras mis pasos 
a la butaca y después al lecho. 
 
Son malos tiempos. 
Llueve y a causa de la artritis 
sufren mis huesos. 
Hay mucho polvo en casa. 
Barbado y en pantuflas la recorro 
de un extremo al otro. 
 
No soy un héroe, 
no nací para serlo. 
Persigo por la casa una mosca 
con una mueca y tal vez con miedo.
Miro al jardín y luego hacia las nubes.

Más tarde empiezo a destapar conservas,
despilfarro mi acre sarcasmo abriendo latas
y aunque afuera maduran los higos
comeré salchicha y fruta seca.

Miro la taza única,
el único pan sobre la mesa,
el café muy negro.
Mordisqueo un trozo,
la silla cruje
y no hay más movimiento
que mi balanceo,
ni otro ruido.
¿Y qué diré?
¿Con quién conversaré?

Óyeme gato ― ¿pero qué gato? ―.
Era tu risa la que llamé un día
«felina insensatez».

Están aquí el pan, la taza, el café,
una ventana abierta que da al jardín
y en él la higuera y allá las nubes.
Adentro está mi cuerpo en bata y en pantuflas,
dentro del cuerpo el hígado maltrecho,
unos huesos crujientes,
los pulmones en duelo
y tanto humo tragado
y mucho más sin duda.

Pero si bambolea la puerta
es que la empuja el viento.
Aquí no hay gato encerrado,
es el aire es el aire es el aire.

IVÁN CARVAJAL (1948, San Gabriel, Ecuador)
Fuente: Ablucionistas
Enlaces:  Material de lectura UNAM | Contramarcha
Imagen: Plan V

Jorge Enrique Adoum

Primer plano del poeta Jorge Adoum con anteojos


Resumen de la infancia     




Ante todo, es preciso ordenar la infancia 
como un país disperso, hallar las fechas 
de su límite: la dulce iniciación 
en la desobediencia, la cerradura 
que por necesidad puse a mi alcoba 
o la primera mujer que se guardó la noche 
entre sus telas estériles, sus párpados. 
Y descubrí de pronto que nadie compartía 
mis costumbres: la muerte había entrado
antiguamente al patio, a la bodega,
y yo crecía sobre un osario familiar.
No sé por qué, porque sí, por pura
gana, cambié las órdenes para la cena,
el sitio de los adornos, el precio
de las plumas; odié el muro
que cercaba la viña y el camino de orina
a los establos. Y ya no pude vivir más,
no podía establecer mi edad, mi oficio, destruir la seguridad de cada día
o levantar los párpados hacia la luz
de afuera: un hombre pasaba sin llorar bajo la lluvia, las aldeanas
completaban su cuerpo entre la hierba,
pero debía conservar la herencia intacta, conocer los secretos del ganado,
calcular la distancia entre mi seca seguridad y la aventura.
Así empecé
a soñar solamente con la llave,
con la bahía donde nadie hubiera
a despedirme, con migraciones de pájaros
azules. No era la pegajosa soledad
lo que buscaba sino una familia
diseminada en la distancia, una
hora de paz bajo los árboles, una hoja
sin odio entre mis manos.


Otro poema de JORGE E. ADOUM,  aquí
Enlace: Zenda
Imagen: El Telégrafo

Juan José Rodinás

Poesía latinoamericana

Teorema de la bolsa de compras      




La vida es esa lotería donde todos pierden. 

Un hipódromo en tu cerebro- 
y le apuestas siempre al caballo incorrecto. 
La vida llama por teléfono y le contestas en un país remoto. 
No respiras sino en esta línea invisible que va de un eucalipto a otro. 
Y no entiendo qué significa eso. 
Los niños comen sin hablar, ni sentir. 
Hay una casa dentro de la casa. 

Hay una casa dentro de la mente. 
Un corazón dentro de la nevera está sangrando.

Y eso debería decirnos algo de los hombres que lloran 
mientras hacen ejercicio. 

Una figura transparente cuyos recuerdos son latas como sueños 
que, ni siquiera como broma cósmica, estaban por cumplirse. 
Esto deberías tatuartelo: 
“un niño que se corta los dedos por fabricar cometas 
aprende igual a volarlas sin los dedos”. 

La mente cuida al que cuida la mente: 
arrulla al loco que se encierra. 

Soy un niño feliz solo mientras el hombre adulto que seré 
me cubra los ojos con una venda roja. 

¿Te recuerda esto a una película italiana? 

Entonces quizás eres de mi época, 
y veías cine italiano pasado por el ojo de Hollywood, 
imaginando que las vendas tenían amaneceres dorados 
(o gafas de realidad virtual). 

Entonces quizás eres de mi época. 
O quizás no: ya me veo a la distancia. 

Hay trenes. Hay teléfonos, trenes. 

Una tijera sirve para cortarse el pelo pero también podría 
servir para que la persona correcta 
decapite una flor en el camino a casa. 

Una flor amarilla, pero negra y quizás un juguete imposible. 

La casa retrocede. 

Yo soy una persona que solo puede comunicarse con los demás 
alejándose de ellos. 

Hay colmenas de luz en el camino que lleva del camino 

al camino. Y no hay casa, pero hay colmenas de luz y un jardín 
donde ves bolsas de basura y un magnolio que parece 

el rostro de un niño que cae por la pendiente y sangra. 

¿No será que estoy muerto y que esto es un monólogo 
desde una urna cineraria sueño? 
Quizás en algún lado me espera mi silencio, se propaga, 
se presenta en flores, girasol, amarillísimas. 

He sido este cuerpo que, lejos de defenderse, 
me ataca. Enfermedad de tantas personalidades 
donde las células se comen todo proyecto y destino. 
Y canta un tango sideral, mi sueño, 

un tango infinitesimal en ángulos de luz chorreada 
que lentamente caen en una botella transparente. 

Pertenezco a varios universos, pero claramente no a éste. 
Señorita realidad, le pido incluirme en su historia de límites 
donde hay personas que me atacan a la hora precisa, 
donde los árboles me atacan o me sobreprotegen 
como a ese perro negro que cuenta las estrellas. 


Pequeña vida no disponible 




Tras una hilera de álamos, 
un hombre enciende el motor de un Volkswagen naranja. 
Allí se van personas, juguetes, varias bolsas de plástico.

Muchas cosas se alejan, llevándose gente en el núcleo de su materia oscura. 

Estoy en muchas partes: ligero, inofensivo. 
(Esa falta de peso en el centro de mi esqueleto). 

Lo que no fui: una vieja fortaleza en el desierto. 
Lo que fui: una hoja luminosa y frágil.

Un cráneo pensativo y una fortaleza de hojas 
resistiendo los círculos de un tornado invisible. 

Así, inmaterial, el mundo crece 

como las olas de un lago sobre la nieve de un sueño. 
Y tú eres aquel sueño.

Y tú estás llorando la sed que destruye los países que añoramos, 
esas cosas con nombre de lugar, 
esos lugares con nombre de persona y animales muertos (o vacíos). 

Entonces,
¿por qué te esconderías en un bunker, 
si la guerra está dentro del bunker?. 
Esa lucha donde el único enemigo eres tú mismo. 

Igual es la belleza de un mundo inexistente. 
Inexistente como la foto de mi barrio 
con varios setos en forma de persona 

como si las explicaciones de toda destrucción 
estuvieran en manos de una herida de perímetro escaso, 
pero marcada hondura:

y jamás del olvido. 

Todo se trataba de un río de peces muertos 
y algo hermoso que nos desmoronaba. 
Aquellos árboles con demasiada historia: 
¿qué saben de nosotros? 

Soy mis pies sobre la carretera. 

Soy los pasos a desnivel por los que suben 
motocicletas ante avisos de tráfico sobre una eminencia de terreno. 
Soy mi ciudad devastada y esa devastación llena de flores negras. 

Yo no sé del paisaje.

Aquí hay un avión y un árbol despedida. 
Lo único que sé: mi desaparición depende 

de que estas cosas huyan 

y de que no se me ocurra llorar mientras mi mundo muere. 
Saco una fotografía sobre la colina. 
Y todo es todo en el llanto. 

Desmoronado yo y el verano sobre la muerte

se trata de bromas ante mezcladoras de cemento 
y motocicletas que circulan ante

mezcladoras de cemento ante 

los edificios de gobierno. 

Edificios desiertos, mis tres vidas 
y un vaso de cerveza 
donde la noche ha sida abandonada 
por la última persona que quiso saber algo de mí, 
que se preguntó, lejana, dónde estaba,
o cómo era lo que me destruía. 


Rapsodia del pub Turk’s Head 




Yo solamente he narrado mi estrella. 

Mi casa es tu casa y también del viento. 
Amargo, nada es mío, excepto: 

1. Un campo de trigo en una estrella distante.

2. Bob Dylan acostado en ese campo.

3. Bob Dylan entonando la canción del final de los tiempos. 

El médico me dice:

Creo que vives en una escena imaginaria. 
Creo que vives en una célula degenerativa. 
Como esos productos congelados

que, de pronto, se ponen en el microondas: 
y resultan magníficos.

Pero no vienen de ninguna parte. 

Cambias de lugar:

¿De dónde vienen tus sueños, sino de esas latas 
que alguien abre dentro de tu mente?

Alguien proyecta la estrella: un holograma. 
Alguien proyecta la casa. 
Alguien proyecta este hombre que escribe 
dentro de la casa bajo la estrella: un holograma 
que escribe una serie de objetos destruidos. 

También tú: a menos que uses una tijera 
para explorar tus límites
y deduzcas que puedo estar equivocado. 

Llevas una montaña
entre el corazón y la cabeza. 

Cambias de lugar:

y la montaña es tu madre 
y la montaña termina. 

Lloras con la cabeza enterrada
y es irónico:
la realidad es borramiento
de cosas que se pliegan,
mientras el universo se destruye. 
Algo que simplemente está tardando. 

En la casa, en esta habitación sin casa, 
hay un niño que reclama 
su lenguaje roto:
lo busca en el lugar donde todo se ha ido. 


JUAN SOSÉ RODINÁS (Ambato, Ecuador, 1979) 
Enlaces:
Imagen: El Telégrafo

Sara Vanegas



Paseo 



una torre de hojas se desploma contra tu sombra 
y tu sombra cruje toda verde 
húmeda y libre mientras te alejas 

un pájaro extraviado sueña anidar en ella 



La espera 



antiguos muros oxidados 
el sol es una brasa triste sobre las piedras 
mientras el musgo milenario torpemente se arrastra de los postigos a tus ojos 
cansados de tanta espera  



Al ángelus 



se recogen los pájaros 
en la tarde transparente 
(mi corazón es un ave más 
arrodillada) 



Inútil 



inútil la espera y la esperanza 
inútil la carcajada roja 
de la tarde 
demasiado tarde para recuperar el anillo  
plateado de su risa 
la gaviota sin cuerpo 
que cruzó mi espalda a la mañana 
y se perdió por siempre 
en la arruga impiadosa de los días  



SARA VANEGAS COVEÑA (1950, Cuenca, Ecuador)
Filóloga (Munich). Magíster en Docencia Universitaria (Cuenca). Profesora de Lengua y Literatura Española (Madrid). Ex profesora en las universidades de Munich y Bielefeld (Alemania). Catedrática de la Universidad del Azuay. Embajadora Universal de la Paz (Ginebra). Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade, 2000, 2004. Premio Hoja de Encina, Asociación Prometeo de Poesía, Madrid, 2001. Mención Especial de Pegaso Editores, Rosario, 2000. Finalista en el Concurso de Poesía “Sor Juana Inés de la Cruz”, Valparaíso, 1995. - Mención de Honor en el Primer Concurso de Poesía y Relato El Fausto, 2006. Seleccionada en elCertamen Literario Internacional Literatura Fugaz (www.ajaenigma.org) 2006. -Directora-fundadora de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo Cuenca y su revista MARGINALIA. Directora de la revista internacional de literatura y arte FRANCACHELA (Buenos Aires), representación Ecuador.Miembro Fundadora del Parlamento Hispanoamericano de Escritores, México, 2006. Representante Regional de la Red Mundial de Escritores en Español (Remes). Coordinadora en Ecuador de la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y Europeos (SELAE, Italia) Miembro de la Asociación Cultural Myrtos (Córdoba, España). Corresponsal de la Asociación Prometeo de Poesía (Madrid), de la revista Goizaldia/Alborada (Bilbao). - Su nombre consta en la Enciclopedia Mundial ENCARTA. - Organizó y presidió el Primer Encuentro Internacional de Literatura Francachela, Cuenca 2007 (12 al 15 de julio de 2007). Dirige dos talleres literarios.
Fuente: Arte poética
Referencia: Facebook Jonio Gonzalez
Imagen: www.actaliteraria.blogspot.com

Euler Granda



Mía



Oh rota,
oh carcamal,
recontra mía,
hasta cuando no pueda más;
hasta la cacha mía;
en las malas y en las peores
pegada a mí,
a mí adherida;
pereciente ventosa,
liquen,
jarro viejo,
queloide,
que a veces da vergüenza acostarse
contigo.
Como los que no pisan en el suelo
yo renegué de ti,
yo te mandé a comer en la cocina;
al virar las esquinas te pateaba
pero tú me seguías;
para dejarte atrás
me ponía a volar
pero tú me seguías;
me emborrachaba y vomitaba
pero tú me seguías
y cuando me quitaba la peluca
de las buenas costumbres
y me tiraba de cabeza en el silencio
al lado me gemías como un perro.
Tú me comprendes,
las mujeres a veces,
te echaba a que durmieras en la calle,
me escondía de ti, pero tú me seguías
y hasta hubo un momento
que llegué a creerme demasiado bueno
para ti,
pero igual me seguías.
Oh! miísima,
oh! contrahecha,
oh! patoja,
oh! tuerta,
oh! desdentada,
bacinilla de perro,
oh! vida sarnosamente mía,
he regresado a ti
hasta que llegue el día
en que no puedas soportarme.



Érase lo que se era


"Gringo:
El odio engendra odio.
Los monstruos paren monstruos." 
(Grafito)



Entre latas doradas,
Mc Donalds,

Soles de chicle,
Halloweens de plástico,
Entre telas de araña
Del FBI, la CIA,
Capuchas Ku Kux Klanes,
En un país que diluviaba Coca Cola,
Erase que se era
Una bestia bermeja
Un engendro hocicudo,
Una hidra genocida
Que destripaba flores,
Babeaba libertad y democracia
Y a punta de masacres
Se devoraba al mundo,
Hasta que un día vino un ángel
En forma de mosquito
Y le tumbó los cachos.
Era de ver
Cómo rodaron por la tierra
Esos sanguinolentos fetiches del abuso.
Era de ver cómo se desataron
Las furias del averno
Cómo sus coletazos y bramidos
Estremecían al planeta;
Pero nada había que hacer,
Con sus Supermanes, sus Mujeres maravilla,
Sus Batamans, sus Guasones,
La gran bestia quedó preñada de la muerte.


EULER GRANDA (1935, Ríobamba / 2018, Portoviejo, Ecuador)

Revista Cero N° 5-6 / Que no quería nadie abrazarme, sino mi piel


De junio de 1966. Dirección: Vicente Zito Lema. Entre los responsables figuran Jorge Carnevale y Nicolás Casullo. Número dedicado a Leopoldo Marechal, poeta. Ungaretti por Héctor Miguel Angeli. Saint - John Perse por René Menard en una versión de Raúl Gustavo Aguirre. (SJ Perse, una de mis primeras lecturas poéticas. No encuentro el libro en mi estante: se perdió en su propia exuberancia). Poemas de Ho Chi Minh, versión de Juan L. Ortiz. De la nota "Dos poetas ecuatorianos", de Daniel Barros., Euler Granda y Jorge Enrique Adoum, copio un poema de este último


Red                                                                                             




No hay de qué, Nocturna,

te agradezco.
         Van pasando
las sombras y sus hijas menores,
aves a quienes dio un puntapié la brisa.
El soñoliento párpado del alba
espiando los encajes de la ola.
Y yo, por qué he bajado,
si no es el día, aún tu falda.

Me ha desollado el páramo tan todo

con su silbo de solo, que no quería
nadie abrazarme, sino mi piel.
Algo es algo, ¿no te parece?
así fuera la mía, gris.

Yo te quisiera diaria, te quisiera costumbre,

amanecer sobre tus peces aunque me huyen
a cumplir su asamblea, entre tus algas
dulces ferruginosas, y todo tu perfume
abierto.

            No hay de qué. Pero regreso

a mi niebla puntiaguda, a mi trabajo.
A la arena pídele mi primer paso, resúmenes
de lo que no sabes, como a un cartero. Me
           conoce
por el pobre caer y el levantarme tanto.


JORGE ENRIQUE ADOUM (Ambato, 1926 / Quito, 2009, Ecuador)

Imagen: gualaquiza.net

Fernando Balseca


Fernando Balseca

Al contrario que yo
tú no has estado en Sacsaywaman preguntándote de dónde,
cómo vino a parar tanta piedra cincelada en paisaje con otra economía.
No has andado por las trochas de Cascol en busca de un haz de luz
para producir una emulsión en mi tumba cuando me quede mudo.
Tampoco te han visto entregada a la garúa en la rada de Cojímar.
Nunca te asomaste al acantilado del callejón sin salida de Sound Beach.
Mas cada vez que retorno a los espacios que para mí he descubierto
percibo que ya estuviste allí silenciosa, prefigurando
el tiempo del absoluto comienzo y de la inútil proposición del reencuentro.
Tampoco di contigo en un casa esquinera en Lacret y Pasaje Oeste
cuando aprendí un paso de son que salva al que ha perdido el ritmo.
Nunca consumí mi espera frente al número 2 de la calle Teodoredo
atisbando el segundo piso alto en busca de la silueta de la revelación.
No rondé por el barrio Centenario buscando que se desprendiera un aerolito.
No estuve contigo en la sala de los claustros en el alto Manhattan
ni en el zoco de Marraquech comprando un poco de rapé
para destaparme la nariz y deshacerme de la alergia al ácaro doméstico.
Nunca compartimos el tour en Leningrado Lisboa Melilla Praga Petra.
En mi puta vida degusté una sopa marinera en Cotocollao.
Jamás viviste allá o aquí: sólo una sombra irrumpiendo mi camino.
Pero algo inmemorial me dice que si Ptolomeo te hubiera conocido
ya hubiera encontrado para ti un preciso lugar en el sistema.


FERNANDO BALSECA (Guayaquil, Ecuador, 1959)
De:www.laseleccionesafectivasecuador.blogspot.com 
Enlaces a esta entrada: Las elecciones afectivas Ecuador
Imagen:www.uasb.edu.ec