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octubre 10, 2026

Dice Anne Carson

 "Los adjetivos son las asas del Ser. Los sustantivos nombran el mundo, los adjetivos te permiten asir el nombre e impedirle que vuele por tu mente como una explicación presocrática del cosmos. En Proust, por ejemplo, el aire (de forma adjetival) puede ser pegajoso, escamado, exprimido, rasgado, prensado o diluido en el Libro 1; pulverizado, ruinoso, embalsamado, destilado, esparcido, líquido o volatilizado en el Libro 2; tejido o quebradizo en el Libro 3; coagulado en el Libro 4; fundido, vidriado, untuoso, elástico, fermentado, contraído, distendido en el Libro 5; solidificado en el Libro 6; y no parece haber aire en absoluto en el Libro 7.

Percibo un muy escaso valor en esta clase de información, pero hacer estas listas es parte de la mejor diversión que tendrás una vez que te internes en el Desierto de la Vida después de Proust.
¿Qué es un adjetivo? Los sustantivos nombran el mundo. Los verbos activan esos nombres. Los adjetivos provienen de otro lugar. La palabra adjetivo (epitheton en griego) es en sí misma un adjetivo que significa "colocado encima", "añadido", "adjunto", "extranjero". Los adjetivos parecen añadidos bastante inocentes, pero miremos con atención. Estos pequeños mecanismos importados se encargan de conectar todo en el mundo con su lugar en la particularidad. Son las trabas del ser.
Claro que hay varias formas de estar. En el mundo del épico homérico, por ejemplo, el ser es estable y la particularidad queda bien fija en la tradición. Cuando Homero menciona sangre, la sangre es negra. Cuando aparecen las mujeres, las mujeres son de mirada fugaz. Poseidón siempre tiene las cejas azules. La risa de los dioses es inapagable. Las rodillas humanas son rápidas. El mar, incansable. La muerte es mala. Las vísceras de los cobardes son blancas. Los epítetos de Homero son una dicción fija con la que Homero sujeta cada sustancia del mundo a su atributo más adecuado y las mantiene en su sitio para el consumo épico. Hay pasión en todo eso, pero ¿qué tipo de pasión? “El consumo no es una pasión por las sustancias, sino una pasión por el código”, dice Baudrillard.

Y sí, cómo no estar felices por la atención del mundo a la carsoniana
Imagen en Zenda


julio 03, 2026

Clint Eatswood | Los gigantes pasos del tiempo


Me permito y de hecho accedí tras algunas deliberaciones conmigo, a publicar este texto de Clint Eastwood. No es un poema, pero parece, parece confabularse con la poesía, a soñar un poema.
El cuerpo que ya no es concurrido, solamente por algunos dolores y los recuerdos anclados en un lejano puerto.

"A los 96 años, Clint Eastwood destrozó nuestras cómodas ilusiones sobre envejecer, negándose a endulzar la dura verdad.
En un discurso reciente, explicó cómo el cuerpo cambia con el tiempo. Los huesos se vuelven menos flexibles, los movimientos se hacen más lentos y la luz brillante puede molestar los ojos. Incluso respirar puede requerir más esfuerzo. Y eso era solo el comienzo.
Llevó su inconfundible dureza a un tema que la mayoría prefiere evitar. No ofreció frases consoladoras sobre que los años de oro están llenos de una serenidad infinita.
En cambio, pintó un cuadro crudo e implacable de lo que pasa cuando un ser humano se acerca a un siglo de existencia.
"La luz te lastima los ojos, e incluso respirar puede sentirse como un trabajo pesado", compartió Eastwood, describiendo la fricción constante de un cuerpo físico que se desvanece.
"Tu cuerpo simplemente ya no coopera como antes, y cada paso requiere una estrategia".
Pero como señaló, el deterioro estructural del esqueleto y los músculos es solo la superficie del problema.
El verdadero peso de la vejez extrema es emocional y psicológico. Una vez que cruzas a tus noventa, tu mundo social sufre una transformación profunda y a menudo dolorosa.
Miras a tu alrededor y te das cuenta de que la mayoría de las personas que te conocían de joven, que compartían tu historia, tus chistes internos y tus luchas de vida, han desaparecido.
El círculo de caras conocidas se reduce casi a nada, el teléfono deja de sonar y el ritmo de los días se hace tan lento que casi se arrastra. La píldora más amarga de tragar no es el dolor físico; es la ausencia repentina de alguien que de verdad quiera escucharte.
Cuando el momento presente se vuelve silencioso y aislado, la mente humana busca refugio en el pasado. Eastwood explicó que navegar entre viejos recuerdos no es señal de debilidad mental, sino una búsqueda vital de continuidad.
Por eso las personas mayores repiten tan seguido las mismas anécdotas, agregando pequeños detalles y volviendo una y otra vez a los mismos temas. No lo hacen para presumir o dominar la conversación. Lo hacen para anclarse a una realidad donde eran activos, amados y relevantes.
"Te descubres repitiendo historias, agregando detalles, no para convencer a nadie, sino solo para sentir que sigues conectado a algo", admitió Eastwood. "Intentas transmitir cosas a la generación más joven, incluso cuando puedes ver el aburrimiento en sus ojos".
Vivimos en una cultura que trata la longevidad como un trofeo, felicitando a la gente solo por sobrevivir, mientras ignora por completo la soledad aplastante que acompaña esa supervivencia.
Alabamos lo brillante, lo rápido y lo hiperconectado, dejando absolutamente ningún espacio para el ritmo lento y repetitivo de los muy viejos.
Clint Eastwood puede ser un gigante del cine, pero sus palabras hablan por cada anciano anónimo que vive a la vuelta de la esquina o se sienta en nuestra mesa familiar.
Ellos son las bibliotecas vivientes de nuestra historia, cargando historias que dieron forma al mundo en el que caminamos hoy. Cuando elegimos ir más despacio, dejar a un lado las distracciones y escucharlos de verdad, algo mágico sucede. Cerramos la brecha entre generaciones.
En última instancia, las arrugas en sus rostros no son solo señales de envejecimiento: son un hermoso mapa de una vida vivida al máximo, y es un privilegio sentarnos a su lado y escuchar el viaje."


febrero 11, 2026

El corazón del daño por María Negroni

 El corazón del daño    


¿Y qué es El corazón del daño? Una obra narrativa hermanada (por acoso y exactitud) con las de Clarice Lispector, la Nathalie Sarraute de Infancia o Marguerite Duras. Una lección de escritura. La madre como motor de la escritura en su dureza y en su ausencia. La escritura como lengua materna inhabitable. Una obra magistral.

Carlos Pardo, Babelia, El País


María Negroni, cuya escritura a lo largo de toda su vida ha levantado un mundo en el que se reconoce y se explica, en el que se refleja y se comprende. Es un mundo hecho de edificios en el que se percibe el cuidado de las elecciones y las afinidades, donde ella entra e indaga, determinando las diferencias, reconociendo las semejanzas, para finalmente situarse ante ese mundo siempre inacabado, siempre abierto a otros nuevos, y a que sus elementos puedan ser dispuestos de otro modo, sacando y volviendo a colocar, para que la imagen sea lo más precisa posible, lo más fiel posible, y logre desvelar aquello indecible, incomprensible, el punto ciego, invisible, que siempre está ahí, desconcertando y desorientando el rumbo de la vida. En ese lugar, entre el desamor y la construcción del mundo propio, es donde quiero situarme. Es finalmente El corazón del daño, el relato que acaba de publicar Random House, la historia que desvela por qué María Negroni ha construido el mundo que ha construido.

Victoria Cirlot, Revista Jot down, Barcelona


El corazón del daño, de María Negroni(Literatura Random House) podría haberse llamado Los hermosos años del castigo, como el libro de Fleur Jaeggy. Se los recomiendo con vehemencia afónica, presa todavía del pasmo y del escalofrío en la espina dorsal que describía Nabokov cuando se topaba ante una obra de arte, estupefacta. Porque María Negroni, que aborda a la literatura como a un fiordo gramatical, desguaja a Lord Byron y a María Moreno y escribe esta novela o poema narrativo o balada armada como un cruzado (¨Nunca no vi tanto tullimiento¨). Armada como un cruzado, cargada de joyas y de silencios. María Negroni hace una Carta a la Madre más fundacional que la Carta al padre de Kafka o de Guebel, con todas las prosodias y sus formas y sus pompas. Sus pompas fúnebres. Con una autoconciencia absoluta de su gesta suicida, escribe con una mano arrancada a la infancia, como dice o dice decir.

Laura Ramos, Revista Eñe.


Una novela íntima y extraordinaria en la que explora la ambigua relación entre vida y escritura. En El corazón del daño lo que prevalece es el "modo Negroni" que consiste en romper siempre algo, produciendo una especie de cortocircuito en la lengua que arrasa con las categorías y derrama sobre la textualidad la belleza de una opacidad que rehabilita el esfuerzo por agotar el decir.

Silvina Friera, Página 12.


Un libro increíble. un salto al vacío tan impresionante, tan desgarrador y tan hermoso que nos deja sin aire.

Alejandro Tantanián


El corazón del daño es un réquiem y un aleluya.     

Esther Peñas. Latin American Literature Today.


Como Marguerite Duras a lo largo de su obra, como Vuong, Negroni indaga en la figura de su madre. Lo hace a través de oraciones que funcionan como párrafos brevísimos –cada oración es un párrafo–, verdaderos latigazos del lenguaje.

Carolina Esses. La Nación


Contundencia, rabia musical, una exclusión que alumbra, lenguaje que desborda la frontera entre prosa y poesía, saber del ritmo. El corazón del daño es casi un testimonio literario, autoficción cosida con el hilo de la literatura, y sobre todo el largo e intrincado recorrido de formación de una escritora.

Mario Nosotti,Revista Ñ


Negroni hace de la madre un aleph literario y personal, una isla en sí misma alrededor de la cual no se puede ser ni más ni menos que un náufrago en busca de ese lenguaje que vuelva a nombrarlo todo. Leer a Negroni es quedarse sin aliento y hasta sin palabras. No es posible rearmar en línea recta lo que se ha leído. Quedan imágenes y sonidos, como al salir de un sueño.

Luciana de Mello, Radar Libros


El corazón del daño es una pieza musical. Un manifiesto de escritura. Un ensayo poético en estado de pregunta, que hace pensar en Joan Didion, Lorrie Moore, Lydia Davis, Anne Carson, Amy Fusselman, Nathalie Léger. El corazón del daño es una obra de arte que atraviesa el acto de lectura. Un arte inclasificable, intransferible, vivo, empírico.

Inés Busquets, Agencia Paco Urondo


Esta novela es a su vez testimonio, ensayo, pensamiento filosófico. También una reflexión honda sobre la infancia, el sentido último de la existencia y la extrañeza de la vida. (…) La de Negroni es una escritura que se construye en base a miniaturas preciosistas y se vuelve inmensa.

Verónica Abdala, Clarín



La relación madre-hija me lleva a la extraordinaria El corazón del daño, de María Negroni, donde un texto deslumbrante pone a dialogar a una hija con su madre todopoderosa. Es un diálogo sordo pero lo suficientemente provocador como para que la hija, que reconoce a la madre como dueña del lenguaje, funde una lengua propia y se haga escritora. Allí la libertad es inmensa y la domesticación imposible. El devenir de la novela poema ensayo sostiene su potencia para producir un efecto mundo. La tensión y la precisión en las ideas y en el decir indócil afecta cada frase: la revolución y la afirmación triunfal está en la escritura. Poco importa si esta madre existió y si la autora es esta hija eterna. Se puede partir de la experiencia pero se hace otra cosa. Un libro como un hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros, como aspiraba Kafka. La correspondencia con lo real es irrelevante. Sin duda Cixous y Negroni hacen cosas con palabras, como diría Barbara Cassin.

Paula Pérez Alonso, Página 12



El corazón del daño -tercera novela de la poeta argentina María Negroni (Rosario, 1951)- es un libro imprudente y profundo, una oración sin concesiones, sin vanas resurrecciones, sin piedad ni paz, que, sin embargo, salva a todo aquel que deja caer su mirada sobre cualquiera de sus párrafos. María Negroni ha escrito uno de los libros más bellos y crudos que yo he leído, un libro en el que las heridas no huelen a sangre, y el dolor y la rabia son dos poderosos salvoconductos para que este libro no acabe siendo un ensimismado ajuste de cuentas, una venganza torpe y deslucida.


Sonia Fides, Revista digital El asombrario & Co., España



https://marianegroni.com/pages/pbooks/novelas.html


noviembre 18, 2024

enero 09, 2024

Contra los recitales de poesía

por Darío Jaramillo Agudelo 

¿Odio las lecturas de poemas? No creo. El odio es un sentimiento activo, consciente,  deliberante, militante, constante. El odio ocupa la atención. El odio es obsesivo como su contrario, el amor.

No, no odio las recitaciones públicas de poemas pero no me interesan, me aparecen aburridas, monótonas, inapropiadas: nunca he ido a ninguna. Solo a aquellas en donde a mí me toca leer —o recitar.

Las lecturas consisten en poner a leer en público a alguien que no lo sabe hacer bien o que, si lo hace bien, es por pura coincidencia de dos talentos en una persona, cosa que no siempre ocurre. Y nadie dice nada porque no hay crítica de las lecturas como sí hay crítica de toros o crítica de recitales de música. Nadie dice que este lee bien o aquel es monótono.

Es muy difícil que un individuo pueda tener dos talentos al tiempo, el primero, ser capaz de escribir buena poesía y, el segundo, ser capaz de leerla bien en voz alta.

Ya se sabe, todos los poetas verdaderos pertenecen a la sociedad de poetas muertos y los vivos que escribimos versos apenas somos modestos aprendices. Entonces el problema es peor, porque la mayoría de los poetas que leen en esos actos públicos tampoco tienen el talento para escribir, la mayoría no son buenos poetas sino entusiastas de la poesía que hacen sus honestos intentos, algunas veces incluso consiguen algún prestigio por sus tentativas. El problema, para peor, es que, no teniendo el talento para escribir, tampoco tienen la capacidad para leer.

El asunto es más duro cuando uno ve a individuos muy talentosos, muy sensibles, buenos poetas, haciendo el ridículo por cuenta de sus buenos versos. Intentando transmitir con sus voces opacas, sus repeticiones, sus equivocaciones de lector, sus tosecitas, unos textos que ellos mismos escribieron pensando en un lector silencioso, solitario, apartado del ruido mundanal. ¿Se puede leer en voz alta algo que fue pensado para la lectura silenciosa

Lo grave de todo esto es que, reticente a ir a lecturas de poemas a ver a otros poetas o aprendices de poetas, con la duda constante acerca de mis propios versos, consciente de que no soy un buen perifoneador, siempre cometo el atribulante error de aceptar asistir como lector de mis poemas cuando me invitan a hacerlo.

La contradicción es, si se quiere, más patética, por hacerme presente en un escenario a compartir el ridículo con otros poetas más. Y compartir no lo hace a uno dueño solo de una partecita del ridículo total: compartirlo es potenciar con el ridículo ajeno el ridículo que uno mismo puede hacer. La contradicción es, creo, más profunda porque acceder a estar ante un público es ir contra el origen mismo de la vocación: uno escribe poemas porque es un solitario, porque le gusta el aislamiento, el silencio, la contemplación; y uno lee poemas en público, con ruido, rodeado de gente que no conoce y en una circunstancia en que, tímido y con pánico escénico, uno se siente autor deliberado de un doble engaño: leer en voz alta, mal leídos, textos que fueron compuestos para ser leídos mentalmente. Dios —que fue poeta antes de ponerse a inventar el mundo— me perdone.

diciembre 10, 2023

El biombo de Byron, o notas para una poética al modo de Pérec, por José Carlos Llop


Byron tenía un biombo en el que iba pegando con goma arábiga fragmentos de crónicas de la época, siluetas de boxeadores y recortes de bustos y figuras literarias, filosóficas o aristocráticas de entre los siglos XVII y XIX. Luego se tumbaba a descansar junto a él. Desde que descubrí la existencia del biombo de Byron, pensé que ese biombo era una suerte de poética contemporánea, porque la vida de un hombre contemporáneo es una vida hecha a base de fragmentos y el tiempo el diván donde a veces nos tumbamos para contemplarla. Recuerdo una frase que George Steiner le dijo a un periodista: ‘Se me ha reprochado con frecuencia y con vehemencia mi fascinación por el pasado... Calibro en todo su alcance el rigor y la precisión de tal reproche. Desgraciadamente, no me ha sido dado regir el tiempo verbal que rige mi sensibilidad. Una tarea ardua de memoria, de rememoración, de recuerdo, se impone a mí...’
Intento recordar el retrato del artista adolescente, o este verso de Péguy que leí en un ensayo sobre la casa: en los estantes de la memoria y en los secretos de los muebles.

Recuerdo que el primer poeta que tuve entre mis manos fue Rilke. Nunca me cansaré de agradecer ese encuentro. El libro era la Antología poética que publicó Austral en 1968 traducida por Jaime Ferreiro Alemparte, del que nada sabía entonces y nada supe después.

Recuerdo esa antología como un libro misterioso e inacabable, un territorio en el que me reconocí dueño de un secreto que tenía que desentrañar a lo largo de mi vida y supe también que ese era el único territorio del que no quería que me expulsaran jamás. Aquel secreto y se mostraba en todo su esplendor en las Elegías rilkeanas. Y en este verso del poeta: las cosas cercanas no se tomaban el trabajo de hacerse comprensibles para mí. El nombre de las cosas está antes que Rilke. Se contaba en casa que
la primera palabra que celebré fue Sputnik. Pero esto no es un recuerdo. Por lo visto corría por los pasillos recitando un mantra cósmico con entusiasmo. Sputnik, sputnik, sputnik... Mis padres no le
dieron la mayor importancia, algo que les agradezco mucho pues de haberlo hecho al revés, sospecho que toda mi vida hubiera querido ser un poeta vanguardista.
Lo que sí recuerdo es que aprendí en ciertas palabras de los Evangelios –lámparas de aceite, huerto, olivos, agua, vino, enfermedad, consuelo...– el sentido trascendente de la palabra. Y lo aprendí ahí, en
las palabras sencillas y no en la cámara de ecos solemnes que es a menudo el Antiguo Testamento –como lo es también la Historia– cuando dice que en el origen está el verbo. Y recuerdo que asocié esa
trascendencia a la esencialidad. Y que ambas eran el alimento de la poesía. Pero de ese aprendizaje me di cuenta muchos años más tarde. 

Recuerdo que el segundo poeta que tuve entre mis manos fue Bécquer. Recuerdo que pensé que era un hombre muy guapo al que las mujeres debieron de amar mucho. Del mismo modo que Rilke era un
hombre feo al que las mujeres sí amaron mucho o eso parecía con aquellas dedicatorias suyas, siempre a damas aristocráticas a ser posible con chateau y un gran jardín a ser posible lleno de rosales. 
Recuerdo que cuando leí a Bécquer pensé en los estudios y los nocturnos de Chopin –a quien entonces yo escuchaba tanto como a Bob Dylan o a Leonard Cohen–. Recuerdo que pensé en dos conceptos: luz y claridad. 

Recuerdo que la primera vez que leí el poema Luis de Baviera escucha Lohengrin, pensé que Cernuda se había adelantado a la estética novísima de los 70 como poco en quince años, y recuerdo también
que en ese poema hallé una forma de explicar el misterio que se celebra en el acto de creación poética, cosa que hasta entonces –yo debía de tener 16 años– no había leído en parte alguna. Los versos a los que me refiero dicen: Asiste a doble fiesta: una exterior, aquélla de que es testigo; otra interior allá en su mente, donde ambas se funden (como color y forma se funden en un cuerpo), componen una misma delicia. Así, razón y enigma, el poder le permite a solas escuchar las voces a su orden concertadas.
He citado la palabra misterio. Como citaré más adelante la palabra verdad. Porque la poesía es eso: un misterio y también una verdad. Sin misterio ni verdad no hay poesía.
El misterio siempre ha estado emparentado con la mística, como la poesía, y Einstein –que es, sospecho, como citar a Lichtenberg hablando de pararrayos– ya dijo que el misterio es la experiencia
más bella y profunda que pueda sentir el hombre. ...

Continúa en Fundación Juan March
Imagen en Babelio

agosto 27, 2023

Rebecca Solnit: Lo lejano y lo cercano

Rescato este párrafo, entre tantos para señalar en un maravilloso libro, "Una guía para el arte de perderse" 


".. Esa mariposa acabó liberándose, aun-que quizá demasiado tarde para que sus alas se desplegaran. El proceso de transformación consiste sobre todo en descomposición, seguida de esta crisis en la que la emergencia de aquello que hubo antes tiene que ser abrupta y total. Pero no todos los cambios en la vida de una mariposa son tan dramáticos. También están los estadios por los que pasa entre las sucesivas mudas de piel, ya que una oruga, igual que una serpiente, igual que Cabeza de Vaca en su periplo por el sudoeste, se desprende de su piel una y otra vez a medida que va creciendo. La oruga sigue siendo una oruga mientras pasa por las sucesivas fases entre mudas, pero no siempre es la misma oruga con la misma piel. Existen rituales que celebran estas rupturas —graduaciones, actos de adoctrinamiento, ceremonias de transición—, pero la mayoría de los cambios tienen lugar sin que los alentemos o señalemos tan explícitamente. El término inglés que refiere a los estadios de desarrollo de los insectos, instar, que contiene la palabra « estrella» [star], conlleva algo a la vez celestial y enterrado, divino y funesto, y quizás el cambio sea así, unas veces espectacular y otras más discreto, algo visible y a la vez oculto, una constante oscilación entre lo lejano y lo cercano." 


"El acto de perderse tiene muchas dimensiones: si es posible perderse en un territorio, también lo es extraviarse mentalmente, perder el rumbo en sentido figurado y literal, desorientarse y desaparecer. Pero la pérdida puede llevarnos a un hallazgo, y es esta sutil transacción la que Rebecca Solnit explora con inteligencia y sensibilidad en estos ensayos.

 

Desde las expediciones extraviadas en el continente americano hasta la pérdida de la memoria familiar, la representación de lo perdido en la distancia y en el tiempo y la extinción de especies naturales, este libro nos embarca en una travesía afectiva e intelectual por las muchas formas de la perdición y, sin brújula aparente, encuentra a cada paso imágenes y observaciones perdurables..."




Guía para el arte de perderse
REBECCA SOLNIT
: "Una guía sobre el arte de perderse", Fiordo Editorial, 2020
Traducción: Clara Ministral
Imagen: Lapahm's Quarterly

agosto 07, 2023

Hablar de poesía N° 47

revistas de poesia online

 por Alejandro Crotto[1]     

Básicamente, traducir poesía consiste en comprender desde la emoción un poema en otro idioma y trasponerlo creadoramente en el propio. Es una forma de escribir poesía, entonces, cuya especificidad radica en que la inspiración técnica al escribir se orienta a dar cuenta de una experiencia de lectura.

            Al igual que la escritura de poesía, la traducción es una actividad siempre un poco misteriosa, que la inteligencia ilumina solo parcialmente, en la que las generalizaciones fracasan y en la que los excesos taxonómicos pueden resultar contraproducentes, paralizantes.

            Al igual que escritura de poesía, hay en la traducción un primer momento que está por fuera de la escritura en sí. Y también en este terreno la intensidad con la que se lo viva resulta decisiva. En el caso de cualquier traducción feliz, el primer paso es ser tocado íntimamente por un poema.

            Subrayar como primer paso esa vivencia subjetiva puede parecer un exceso romántico de mi parte, pero es sobre todo algo práctico: en ese ser tocado por el poema, como veremos, está el norte que puede guiar nuestra traducción. Porque traducir un poema tiene, además de algo misterioso, inexplicable, algo de metódico proceso sucesivo: es enfrentar una serie de situaciones concretas, cada una de las cuales admite soluciones de muchos matices desde la reescritura libérrima a la severa literalidad… por lo general todas objetables.

            Pero veamos todo esto en un poema en particular, por ejemplo este de Robert Frost:

 

STOPPING BY WOODS ON A SNOWY EVENING

Whose woods these are I think I know.  
His house is in the village though; 
He will not see me stopping here  
To watch his woods fill up with snow.    

My little horse must think it queer 
To stop without a farmhouse near  
Between the woods and frozen lake   
The darkest evening of the year.  

He gives his harness bells a shake  
To ask if there is some mistake.  
The only other sound’s the sweep  
Of easy wind and downy flake.    

The woods are lovely, dark and deep,  
But I have promises to keep, 
And miles to go before I sleep,  
And miles to go before I sleep.

 

            Un poema célebre y, a primera vista, sencillo: alguien se ha detenido junto a un bosque que le es familiar en una noche en la que nieva. Mi caballo, conjetura, debe de estar pensando que es raro haber parado acá, en la mitad de la nada en esta noche negra y fría. Efectivamente, el caballo sacude la cabeza, como preguntando si no hay algún error, y se oyen las campanitas de su arreo, y enseguida, cuando se apagan, el sonido del viento y de los copos que caen. El bosque es apacible, oscuro y hondo, sí, pero hay promesas que cumplir, y mucho que andar antes de dormir. Y mucho que andar antes de dormir.

(…)

 [1] Esta entrada del Portal Web es la introducción del artículo “Traducir poesía” publicado en el número papel Hablar de Poesía 47 (julio 2023).

mayo 04, 2023

febrero 26, 2023

Premio Storni 2023

https://www.cck.gob.ar/convocatoria-premio-storni-de-poesia-2023/28015/


Convocatorias, Literatura     

El Centro Cultural Kirchner convoca a poetas a la edición 2023 del Premio Storni de Poesía. Se trata de un premio a una obra inédita que tiene como objetivo reconocer y fomentar la producción poética argentina. Entendemos que en las últimas décadas la poesía ha ganado protagonismo en distintos espacios de la cultura nacional, y con este premio buscamos colaborar y continuar este proceso.

Aun cuando el premio contempla la compensación económica para lxs ganadorxs, la su creación como evento cultural otorga otro tipo de reconocimiento a la actividad poética (de escritores y lectores) dentro del campo de la literatura nacional.

Buscamos generar un espacio para el ejercicio creativo y la difusión de obras que de otra manera no llegaría a los lectores en las librerías del mercado editorial. En un contexto social y económico complejo para el desarrollo de actividades literarias en general, y poéticas en particular, intentamos con este premio tender una trampa a las lógicas de mercado y visibilizar las voces de un país con una enorme diversidad cultural, lingüística y estilística.

En el mundo urgente que hoy se nos presenta, la poesía no es un punto de fuga, ni un escape, ni una desconexión, sino una forma muy concreta de habitar el espacio y el tiempo que nos toca.

Fundamentalmente, la poesía es la que nos permite, aún y a pesar de todo, pensar que otro mundo, otros mundos, son posibles.

La inscripción para concursar por el premio estará abierta del 14 de febrero al 14 de abril de 2023. Las obras a concursar deberán ser presentadas de forma anónima.

Para participar de las convocatorias se requiere ser mayor de 18 años, poseer domicilio real en el país y realizar la inscripción a través del Registro Federal de Cultura, somos.cultura.gob.ar.

Se aceptará solo una obra por persona y se otorgará un primer premio de 400.000 pesos, y un segundo y un tercer premios de 200.000 pesos.

Podés consultar las bases y condiciones en este enlace
Podés descargar una nota modelo de autoría compartida en este enlace
Por dudas o consultas, podés escribir a convocatoriascckirchner@cultura.gob.ar




diciembre 10, 2022

Celedonio Flores: Corrientes y Esmeralda



Amainaron guapos junto a tus ochavas 
Cuando un cajetilla los calzó de cross 
Y te dieron lustre las patotas bravas 
Allá por el año 902. 
 
Esquina porteña, tu rante canguela 
En una melange de caña, gin, fitz 
Pase ingles y monte, bacará y quiniela 
Boracha de grappa y locas de pri 
 
El Odeon se manda, la real academia 
Rebotando en tangos el viejo Pigall
Y se juega el resto, la doliente anemia
Que espera el tranvía para su arrabal

De Esmeralda al norte, p'al la'o de Retiro
Franchutas papusas caen en la oración
A ligarse un viaje, si se pone a tiro
Gambetendo el lente que tira el botón

En tu esquina un día, Milonguita, aquella
Papirusa criolla que Linnig cantó
Levanto un atado de ropa plebeya
Al hombre tragedia, tal vez encontró
Tu glosa en poemas, Carlos De La Púa
Y Pascual Contursi, fue tu amigo fiel
En tu esquina rea, cualquier cacatúa
Sueña con la pinta de Carlos Gardel




CELEDONIO FLORES (1896 / 1947, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Tango: Celedonio Flores / Francisco Pracánico

agosto 08, 2022

Antonio Di Benedetto: Mariposas de Koch

 

Dicen que escupo sangre, y que pronto moriré. ¡No! ¡No! Son mariposas, mariposas rojas. Veréis.

Yo veía a mi burro mascar margaritas y se me antojaba que esa placidez de vida, esa serenidad de espíritu que le rebasaba los ojos era obra de las cándidas flores. Un día quise comer, como él, una margarita. Tendí la mano y en ese momento se posó en la flor una mariposa tan blanca como ella. Me dije: ¿por qué no también?, y la llevé a los labios. Es preferible, puedo decirlo, verlas en el aire. Tienen un sabor que es tanto de aceite como de yerbas rumiadas. Tal, por lo menos, era el gusto de esa mariposa.

La segunda me dejó sólo un cosquilleo insípido en la garganta, pues se introdujo ella misma, en un vuelo, presumí yo, suicida, en pos de los restos de la amada, la deglutida por mí. La tercera, como la segunda (el segundo, debiera decir, creo yo), aprovechó mi boca abierta, no ya por el sueño de la siesta sobre el pasto, sino por mi modo un tanto estúpido de contemplar el trabajo de las hormigas, las cuales, por fortuna, no vuelan, y las que lo hacen no vuelan alto.

La tercera, estoy persuadido, ha de haber llevado también propósitos suicidas, como es propio del carácter romántico suponible en una mariposa. Puede calcularse su amor por el segundo y asimismo pueden imaginarse sus poderes de seducción, capaces, como lo fueron, de poner olvido respecto de la primera, la única, debo aclarar, sumergida --muerta, además-- por mi culpa directa. Puede aceptarse, igualmente, que la intimidad forzosa en mi interior ha de haber facilitado los propósitos de la segunda de mis habitantes.
No puedo comprender, en cambio, por qué la pareja, tan nueva y tan dispuesta a las locas acciones, como bien lo había probado, decidió permanecer adentro, sin que yo le estorbase la salida, con mi boca abierta, a veces involuntariamente, otras en forma deliberada. Pero, en desmedro del estómago pobre y desabrido que me dio la naturaleza, he de declarar que no quisieron vivir en él mucho tiempo. Se trasladaron al corazón, más reducido, quizás, pero con las comodidades de un hogar moderno, por lo que está dividido en cuatro departamentos o habitaciones, si así se prefiere nombrarlos. Esto, desde luego, allanó inconvenientes cuando el matrimonio comenzó a rodearse de párvulos. Allí han vivido, sin que en su condición de inquilinos gratuitos puedan quejarse del dueño de casa, pues de hacerlo pecarían malamente de ingratitud.

Allí estuvieron ellas hasta que las hijas crecieron y, como vosotros comprenderéis, desearon, con su inexperiencia, que hasta a las mariposas pone alas, volar más allá. Más allá era fuera de mi corazón y de mi cuerpo.

Así es como han empezado a aparecer estas mariposas teñidas en lo hondo de mi corazón, que vosotros, equivocadamente, llamáis escupitajos de sangre. Como véis, no lo son, siendo, puramente, mariposas rojas de mi roja sangre. Si, en vez de volar, como debieran hacerlo por ser mariposas, caen pesadamente al suelo, como los cuajarones que decís que son, es sólo porque nacieron y se desarrollaron en la obscuridad y, por consiguiente, son ciegas, las pobrecitas.






ANTONIO DI BENEDETTO
, Mundo animal / El cariño de los tontos, Adriana Hidalgo Editora, 
Imagen en Los Andes

Dice Anne Carson

  "Los adjetivos son las asas del Ser. Los sustantivos nombran el mundo, los adjetivos te permiten asir el nombre e impedirle que vuele...