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octubre 24, 2026

Kamala Surayya Das | Ruidosos escalones para llamar a la puerta de otro

La edad de piedra



Cariñoso marido, antiguo colono de la mente
Vieja araña gorda, tejiendo telas de desconcierto
Sé amable. Me conviertes en un pájaro de piedra, una
Paloma de granito, construyes a mi alrededor un salón deprimente
Y acaricias mi cara picada de viruela distraídamente
Mientras lees. Con tono alto quiebras mi sueño pre-matinal
Metes el dedo en mis ojos soñadores. Y
sin embargo, en los sueños de día, hombres fuertes
proyectan sombras, se hunden
Como soles blancos en el oleaje de mi sangre dravídica
Secretamente, los desagües fluyen bajo las sagradas ciudades.
Cuando te vas, conduzco mi destartalado coche azul
A lo largo de un mar más azul. Subo corriendo los cuarenta
Ruidosos escalones para llamar a la puerta de otro.
A través de las mirillas, los vecinos espían,
Me ven llegar
E irme como la lluvia. Me preguntan, todo el mundo me pregunta
Lo que él ve en mí, me preguntan por qué le llaman león
Libertino, me preguntan por el sabor de su
Boca, me preguntan por qué su mano oscila como una cobra
Antes de cerrarse sobre mi pubis. Me preguntan por qué como
Un gran árbol, talado, se desploma sobre mis pechos,
Y duerme. Me preguntan por qué la vida es corta y el amor
Más corto aún, me preguntan qué es la felicidad y cuál es su precio.



La buganvilla salvaje




Hubo un tiempo en que
Estaba triste en Calcuta, unos días estivales
Que pasaban lenta, y tristemente,
Como un cortejo detrás de un ataúd. Días
Cuando incluso mi cama no me daba descanso,
Sino que como un mar agitado me sacudía
Con sus olas y cómo gemía y me lamentaba,
Y constantemente ansiaba un hombre
De otra ciudad… Entonces, poco a poco,
Mi amor se marchitó, di largos paseos
Anduve por caminos que nunca había visto
antes, vi caras que me gustaron por su encanto.
Es un mundo bueno, y
Lleno de distracciones. Anduve por calles al lado
Del mar, donde las barcazas
Flotan, con sus fondos pudriéndose, y la basura
Se pudre, y los peces muertos se pudren
Y olí el hedor de lo moribundo y la
Fetidez de lo muerto pudriéndose,
Pasé por calles donde las chicas de la noche con postizos
Y llamativos pechos deambulaban
Y bajo farolas amarillas, paseaban arriba y abajo
Lanzando sus sonrisas enfermizas
A los hombres. Y, por las calles cerca de los viejos cementerios
Donde los muertos están tan muertos
Que incluso sus lápidas han perdido sus nombres en
Las lluvias, y son ahora pálidas y amarillentas
Como dientes grotescos, una cosecha de
Viejos dientes, y nadie de duelo
Que deposite un ramo por ellos o derrame una lágrima
Pero, sí que vi al lado
De las viejas tumbas algunas caléndulas floreciendo y la
Buganvilla roja salvaje
Escalando sus minaretes. Paseé, vi y
Oí, la ciudad se calmó
Para mí, y entonces mi ansia de
Una determinada caricia disminuyó
Y un día le envié algunas rosas y dormí
Toda la noche un silencioso
Sueño sin sueños y me levanté por la mañana libre.


KAMALA SURAYYA DAS (1934, Kerala / 2009, Pune, India)
Fuente: Poesía más poesía 


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