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septiembre 06, 2026

Mario Obrero | Desde los acantilados enciendo un poema

Poeta español apoyado sobre una pared color gris. Tiene abundante cabellera en forma de rizos y viste una remera color beige. Está cruzado de brazos y muestra una leve sonrisa

Mario Obrero (Madrid, 2003) comenzó a escribir a los siete años. En 2018, su libro Carpintería de armónicos resultó ganador del XIV Premio de Poesía Joven Félix Grande. En 2019 publicó su segundo libro, Ese ruido ya pájaro. Actualmente es alumno de Humanidades en el instituto público La Senda de Getafe.

«Podemos recibir a Mario Obrero como una revelación de la poesía última. Había dejado indicios en dos libros anteriores, pero es aquí, en Peachtree City, cuando desborda el caudal de su escritura. Estos poemas fueron escritos entre Atlanta (EE. UU.) y Getafe (Madrid), pero lo que importa, más allá de su localización, es el ímpetu del que vienen: el desconcierto, la celebración, la ironía, el paisaje trascendido y una absoluta libertad para hacer del idioma un acontecimiento, una armonía y una fiesta de imágenes donde la vida se propulsa en todas direcciones. Obrero no renuncia a compañeros de viaje (Lorca, Whitman, Ginsberg, León Felipe), pero el camino es extraordinariamente suyo. Él se habla a sí mismo, con rotunda y hermosa ambigüedad, y en esa voz el lector se embarca sin meta: “el poeta es alguien que no sabe qué o por qué pero sabe cómo”, escribe. La poesía de este autor zarandea porque llega a una elegante solución inesperada: entre los rifles expuestos en el supermercado Walmart y el limonero del patio de la abuela, en medio, vibra el poema».

Antonio Lucas en https://www.zendalibros.com/oemas-de-mario-obrero-peachtree-city/  


Suena la «Sonata Gallega» en un centro comercial de Atlanta


sobre el musgo español que cae de las encinas unos
ángeles románicos discuten el color del cielo en el
estado de Georgia casa del faro de Tybee y de las
cacerolas de gambas con papas y salchicha
aquí como en los charcos de las carreteras caen peces de
terciopelo y claveles rojos

dos novios comen pizza californiana en el suelo de las
tiendas

yo escucho a las madres probándose bañadores y escucho
a las niñas con trenzas de hilo negro

toda esta luz el sabor a nueces de los escaparates la
suciedad dormida bajo la uña de una cajera las cajas
de fresas mohosas poco tienen que ver con la arela
arela es una palabra gallega que significa o desexo moi
forte dunha cousa

pero la arela no es escuchar al camarero del Starbucks
decir Meriou por megafonía

no discutiré si las armas son un derecho de seres
humanos libres o si la sanidad pública es básica para
un país de cowboys que se hace llamar democracia

yo solo vine aquí a buscar unas flores que alguien guardó
bajo las sudaderas rosas

yo solo vine aquí a afeitarme la barba ignota de algún
arquitecto sumerio

vine con una foto de mi bisabuelo y las Cartas a un joven
poeta

y en la séptima planta del garaje todas gritan
I, too, sing America

y los hombres en tacones esparcen canela y sal del
Himalaya a las cuberterías de segunda mano

mi madre es poeta y mujer

mi madre descorona a las estatuas y da miel con limón a
los niños afónicos

al ver estas estrellas pienso en qué verá ella desde su
habitación

la curvatura ha hecho un sendero de amapolas
machacadas

quizá esté yo en la piel de todos los esclavos y en el
encefalograma que enmarcan las floristas y en las
máscaras que venden a los niños en la feria

quizá esté yo en los que dormidos maquillan la
margarina del desayuno y se alistan a la armada en el
cumpleaños de Abraham Lincoln
quizá esté yo en el Teatro Campesino de Luis Valdez o en
un lago pescando truchas

ese yo que como una sábana recién lavada ondea a las
puertas del granero

el que sentado en la jura de bandera se hace una falda
con mandarinas y plumas de albatros América
transcurre en mí y yo coso aurículas de lana
y todas las jóvenes de Sweet Apple Ohio y los que con
una sonata de guitarra atada al culo cruzan el pasillo
del motel se sientan en el jardín los días cálidos y
aprenden español mientras los recolectores bailan
ballet a la sombra
así mi corazón crece y mis ojos en el olivar como un
mochuelo en las manos del muerto
América transcurre en mí y yo encuentro a Ginsberg
subido a los coches de golf

encuentro a León Felipe mirando al mar con un perrito
caliente y una caja de música

encuentro a Antonio José exprimiendo limones delante
de la escuela cian de la aldea

encuentro a los dos brigadistas taiwaneses cantando el
«Himno de Riego» con una corona de gardenias

me encuentro y hablo a esa yo tumbada de lluvia suave
como el lomo de los corderos

con millones de preguntas y una cerilla

escribiendo ensayos de acceso a la universidad y velando
la legaña de los muertos

mi corazón tiene una lengua donde los herreros acuden
sin darse cuenta

allí las caracolas solo suenan a desierto lleno de peces

desde los acantilados enciendo un poema.

MARIO OBRERO (2003, Madrid, España)
Fuente: Zenda Libros
Imagen en La Bella Varsovia


junio 22, 2026

Claudio Rodríguez | A pesar de todos los pesares


Lo que no es sueño     



Déjame que te hable en esta hora 
de dolor con alegres 
palabras. Ya se sabe 
que el escorpión, la sanguijuela, el piojo, 
curan a veces. Pero tú oye, déjame 
decirte que, a pesar 
de tanta vida deplorable, sí, 
a pesar y aun ahora 
que estamos en derrota, nunca en doma, 
el dolor es la nube, 
la alegría, el espacio, 
el dolor es el huésped, 
la alegría, la casa. 
Que el dolor es la miel, 
símbolo de la muerte, y la alegría 
es agria, seca, nueva, 
lo único que tiene 
verdadero sentido. 
Déjame que con vieja 
sabiduría, diga: 
a pesar, a pesar 
de todos los pesares 
y aunque sea muy dolorosa y aunque 
sea a veces inmunda, siempre, siempre 
la más honda verdad es la alegría. 
La que de un río turbio 
hace aguas limpias, 
la que hace que te diga 
estas palabras tan indignas ahora, 
la que nos llega como 
llega la noche y llega la mañana, 
como llega a la orilla 
la ola: 
irremediablemente.


CLAUDIO RODRÍGUEZ (1934, Zamora / 1999, Madrid, España)
Fuente: Ezequiel Zaidenwerg
Enlaces: Zenda Libros | A media voz

mayo 30, 2026

10 poetas españoles contemporáneos

Pintura de tres mujeres vestidas de negro enfrentadas

Esta es una recopilación absolutamente arbitraria de poetas españoles en mi blog. Algunos de mis poemas preferidos, lo mínimo para destacar. El resto lo encontrarán en esta dirección: El poeta ocasional | Poesía contemporánea

Joan Margarit: Retirada    


No conocía este placer
de obediencia a una ley.
Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído.
Recorro la ciudad y me siento extranjero.
No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo
y ya no sé de qué conversar con ellos.
Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña.
No recordaba haber deseado
con tanta urgencia la soledad.
Son señales. El animal las conoce y las obedece.
Cuesta mucho encontrar un zorro muerto,
un jabalí muerto. Antes se esconden.



Pedro Alcarria: Un paseo por el Louvre     


Es el error fatal de abrigar esperanzas: 
 
Siempre que voy al Louvre a iluminarme 
me asalta un ataque de furor. 
 
No perdono la belleza 
que es como una perra cariñosa 
saltando de alegría a mi lado. 
Y querría apalearla hasta la muerte,
por un repugnante juego de la inteligencia,
por el trino ambicioso de mi corazón.
Y me pongo a contar fábulas idiotas,
de las que no tengo fotos ni pruebas.
Todo para que el asno ascienda.
A menudo me arrepiento,
-sala tras sala del Louvre
de este arranque atrabiliario,
de esta flor de mi crimen,
de estos estúpidos augurios.
Maldiciendo por los pasillos del museo,
enfermo de esperanza.



Ángeles Mora: Casablanca

                 As time goes by...

Entre todos los bares de este mundo
he venido a este bar para encontrarte,
furtiva como siempre,
para rozar la piel de tus esquinas.
Y cómo me hace daño tu cansancio
-ya sabes que mañana es cada lunes-
esa vieja, tristísima, memoria
de buscarle sentido a algo que bulle
como se abre una flor,
así, de golpe.
Manías de la ausencia y tus nostalgias.
Te noto tan cansado...
Quiero dormir contigo. Busca sólo
un poco más de sueño y de tabaco.
Quiero morir contigo.
¿Por qué no me prometes un cumpleaños más?
Las arrugas ahí sí que son cosas serias
o el paso de los días,
con mis pechos que bajan a acariciar tus manos.
Y luego cuando un labio nos elude
en la piel de las ingles, ay, no muerdas,
y nos brinca por dentro...
                                          Pero ahora llega el tren
como un viejo caballo del National
qué diestro en los obstáculos,
qué sucia su taberna,
qué mediodía oscuro al despedirte.
Te veo tan delgado
con tus causas perdidas,
tus canas en la llama de la copa,
mi amargo luchador, .
sonriendo lentamente, como si te murieras.
Como al decirme adiós.


Antonio M. Figueras: La vida por delante    


Mi perro
es un cachorro
incapaz de intuir
que no ha venido
para llevarse la vida
por delante.
Parece feliz,
ajeno a la necesidad
de tomar partido
en lo que sucede
en la plaza Maidan
o en Tahrir
o en el penúltimo desahucio.
Mi perro
ha destrozado
las muñecas rusas
que traje de Moscú.
Da la impresión
de que no le ha extrañado
que al final del misterio,
tras la última matrioshka,
no hubiera
nada.



Concha García: Yo te quise



No hay por qué reencontrarse. Yo te quise. 
Estoy en un jardín. Hay tres magnolios 
y césped. Es un diminuto paisaje que emula 
la naturaleza. Vivo en una casa pareada 
el balcón da a la calle, el dormitorio 
a una laguna de sueños que ya tuve. 
Cuando me reclino para hacer la cama 
de la sábana brotan nidos de aconteceres 
que recuerdo. En la cocina, las tazas 
brillan cuando el sol se va a ocultar 
y el olor de los magnolios impregna 
los cubiertos. 
Yo te quise. Desordeno los papeles
que me desnudan, porque no tengo nada
para cubrir la cuota de alquiler. Yo
te quise.



Francisca Aguirre: Desmesura

                                                                      A Javier Statié

Dijo que no. Y el Tiempo se quedó sin tiempo.
Luego, la vida hizo una pausa
y todo pareció recomponerse
como esos acertijos infantiles
en los que sólo falta una palabra,
una palabra necesaria y rara.
Pero dijo que no. Cerró los labios
y escuchó el gorgoteo de las sílabas
luchando por vivir a la intemperie.
Dijo que no. Y el tiempo oyó el silencio.
Luego, la vida hizo una pausa.
Y todo fue distinto: el dolor fue
más cauto, más sensato,
la lujuria lloró en su madriguera.
Y el tiempo inauguró sus máscaras:
hubo un pequeño espanto en los rincones,
temblaron los espejos agobiados
defendiendo impotentes el azogue.
Los pájaros callaron esa tarde
y la luna brilló blanca y sin manchas.
Ardió la noche como vieja tea
con la absurda avaricia de la muerte,
con su luto distante y pegajoso,
y un rencor resabiado y carcomido
descargó como lluvia en el desierto.
Entonces, sólo entonces,
oyó a su corazón ladrando
y se volvió despacio a los espejos
y los vio tiritar con mucho frío
y pedir compasión desde su escarcha.
Y no supo qué hacer con tanta desmesura:
cerró los labios y escuchó al silencio.



Raquel Lanseros:En ocasión de todos los finales


Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.
Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
la documentación y el escenario
en que sobrevinieron.
No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.
Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.
De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.
Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
y ya no puedo ser.


Adolfo García Ortega: Los vasos de Morandi 


He ahí la astucia de las formas 
y el secreto privado de los colores; 
he ahí una medida para el mundo, 
a veces pura, a veces sórdida, 
siempre ligeramente manchada 
como una gota de pintura blanca 
resbalando por un pincel usado;
sabiduría y zozobra están ahí,
dentro del apacible vidrio
de esos vasos vacíos y en calma. Pero
también están en su interior todos los
días de una vida cualquiera; los 
enormes, los esplendorosos
hechos de una biografía anónima y común.
A mi entender, eso pintó Morandi:
la vida entera, sucia y general.  



Jordi Doce: Desierto de los Monegros


El coche en sombra bajo el tendejón
y flecos de maleza parda junto a las ruedas.
El sol de mediodía percute en el asfalto
y siembra el arenal de transparencias.
Dos muros desdentados,
una señal de tráfico,
restos de chapa y neumáticos rotos
son cuanto evoca
el tiempo de los hombres, su transcurso.
La botella de agua y tus gafas veladas.
Estar de paso es de repente
este paisaje alucinado,
esta incredulidad de diez minutos
que es otro modo de distancia
y convierte la vida en memoria precoz.
Dejas caer el agua por tu frente
y el pelo se te encrespa, más oscuro.
Has vuelto a abrir los ojos
y una sonrisa rompe el maleficio,
este breve paréntesis de insidia
que tiembla con el aire, como humo.
La mueca de tu alivio es una calma
y sé reconocer su contundencia.
Veloz hacia un destino
que nos llama sin conocernos,
el coche arranca y deja surcos en el arcén.
Queda sólo esta luz,
la aguja fiel de agosto
que horada cuanto toca,
más allá de nosotros.



Isabel Bono: Salir a la calle

SALIR a la calle
sin otro trabajo
que vagar sin objetivo
entretener el miedo
se convierte en superstición
nos dirán qué hacer
tú y yo parados
en el centro de la muchedumbre
uno piensa en una flecha
de alguna manera
el dolor desaparece
como la luz menguante
de los charcos


Imagen: Teresa Carneiro

abril 26, 2026

Eva Baltasar | En el valle de las sombras

La imagen muestra a una persona con el cabello corto y oscuro, usando gafas de armazón delgado. Lleva una bufanda de color marrón claro alrededor del cuello y una prenda superior oscura con un patrón sutil. Su expresión es tranquila y pensativa, mirando ligeramente hacia un lado, como si estuviera observando algo fuera de cámara.  El fondo está desenfocado, lo que sugiere que la foto fue tomada al aire libre, posiblemente en una calle o parque. La iluminación es suave y natural, destacando el rostro de la persona mientras el entorno queda difuminado.

1    




En el jardín, el gen rebelde de Eva 
quería dejar una memoria en la eternidad 
dijo "ya está bien de historias alegres 
no quiero vivir entre flores y rejas". 
Con audacia me atreveré a transformar mi presente, recorrer los pasillos de la vida
y encontrar una posada fuera del tiempo
Mi vida no será una historia de besos y cantos
sino de retos y llantos


2




Escucha lo que tengo que contarte:
nosotras que nos queremos tanto,
acabaremos en el albergue de las mujeres tristes
por gritar todo lo que está callado.
Por profesar el evangelio de Venus,
nos acusarán de entonar un concierto para libertinas,
por explorar las latitudes del deseo en el rosario de Eros,
por probar el sabor prohibido del jengibre
y el dulce perfume del plátano.
nos llamaran comedoras de pecados.
Entre el desdén y la furia, aquellos hombres grises
nos harán beber el cáliz de Maria Magdalena. sepultarán muestras voces de libertad
en el valle de las sombras.
Para ellos, habremos escrito el evangelio de la traición
con el veneno de mujer
Como si buscar la plenitud
en la vida fuese un crimen imperdonable
querrán hacer de nosotras mujeres sin edén


EVA BALTASAR (1978, Barcelona, España)
Imagen en thearchive

febrero 28, 2026

Retirada de Joan Margarit

La imagen muestra a un hombre aparentemente joven tendido en la cama bastante desordenada, vestido, leyendo un libro. A la derecha, una lámpara apoyada en una mesa de noche, aunque la luz parece provenir de una ventana. En el cuadro dominan los tonos ocres

Este poema se vive todos los días. Uno más en la antología de poemas de autores falsos, también falsamente atribuidos a mi firma y a mis secretos. Un poema de nadie, es decir, de mi propio fantasma que creyó ser poeta. Le encomendé a mi amigo de la infancia que no me incluyera en la lista de amigos como los de Joan Margarit. Intento convertir que me quedo aquí en cimiento de hormigón contra los vendavales de la nostalgia y me inquieto cuando mi perro no está a la vista. Busca el rincón más sombrío para escudarse del calor del verano. Yo también me escondo, pero en la soledad. 

Pedro Donangelo


RETIRADA



No conocía este placer de obediencia a una ley. Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído. Recorro la ciudad y me siento extranjero. No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo y ya no sé de qué conversar con ellos. Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña. No recordaba haber deseado con tanta urgencia la soledad. Son señales. El animal las conoce y las obedece. Cuesta mucho encontrar un zorro muerto, un jabalí muerto. Antes se esconden.


epoelpoetaocasional.blogspot.com/2025/11/joan-margarit-retirada.html

Imagen: John Sargent Singer, Man reading


noviembre 29, 2025

Joan Margarit | Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído

Retirada    


No conocía este placer de obediencia a una ley. Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído. Recorro la ciudad y me siento extranjero. No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo y ya no sé de qué conversar con ellos. Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña. No recordaba haber deseado con tanta urgencia la soledad. Son señales. El animal las conoce y las obedece. Cuesta mucho encontrar un zorro muerto, un jabalí muerto. Antes se esconden.


Otros poemas de JOAN MARGARIT, aquí
Imagen en milenio

noviembre 09, 2025

Ángelica Morales | Mientras dormía salieron pájaros de mis oídos y otros poemas


Mientras dormía salieron pájaros de mis oídos      

 


Eran pequeñas porciones 
                        de carne 
                        y pluma 
que se pusieron 
a caminar en recto 
                        sobre la almohada. 
Era una generación
de músicos sordos
que no sabían volar.
No sabían hacer otra cosa
que entrar
y salir de mis oídos,
como quien sale de una jaula
                        y vuelve a entrar,
como quien cierra
la puerta de una cárcel
                        y vuelve a entrar,
como quien abandona
el nido de un amor
                        y le prende fuego
                        a sus canciones
                        mientras baila desnudo
                        en mitad de las llamas.
Eran pequeñas criaturas
sin nombre,
con el peso
de un dolor liviano,
con el peso
de una carta
perfumada de tambor,
con el peso
de una pierna amputada
que sigue buscando
el camino de regreso.
Aún los guardo
dentro de mi silencio,
comen lluvia en rama,
la soledad dormida del otoño,
el primer frío de la muerte.


 

Pudiera ser que el otoño sangre en la ciudad


 
 
Hoy comienza
un cambio de estación.
Hay maletas
arriba del armario
que aguardan la ropa vieja
                        o el sudor,
que esperan el hambre
de una polilla.
Allí he de guardar
el ruido más cálido
de una noche de agosto,
versos de Shakespeare
que no sé pronunciar en francés,
un cupón de la suerte.
Hoy la ciudad
despierta su lengua al frío,
sus mujeres tumban la herida
y pasean famélicas
por las aceras,
abrazando sus propios huesos,
sin reconocerse
en el cristal de los escaparates,
haciéndole la burla a la leche en flor
que hierve dentro de sus pezones.
Hoy habrá música de hojas
cayendo dentro
de una taza de té,
habrá ancianos
que pisen por primera vez un asilo.
Todos serán mayores
de ochenta años,
sabrán bailar tangos,
escupir sobre una palangana,
morder el corazón del trueno.
Hoy mi casa
se hace más pequeña
y hay un dolor cautivo
dentro de mis orejas,
como de burros lamiendo la sal
que no existe en la montaña,
como de obrero de la construcción
derribando tabiques
dentro de mi cabeza.
Hoy los pájaros me dan la espalda.
Hoy los árboles
desnudan el silbido de una serpiente,
mudan su alma de tierra blanca
por un hueco
de silenciosa negrura.
Mientras tanto...
                        Golpes en el televisor,
                        golpes de estado
                        en países que comen silencio
                        en llamas,
                        partidos políticos
                        que rompen su sexo en dos
                        y masturban ideas viejas
                        frente a un muro de metacrilato.
Hoy mi ciudad
es la misma ciudad de hace un año,
idéntica a la de hace un siglo,
con total seguridad,
no ha cambiado nada
desde que Dios puso aquí
                        el primer terror
                                    de sus lámparas.


 

Pero también puedo soñar cosas bellas dentro del fuego 

 



Alguien me pidió fuego
y yo saqué mi corazón
y se lo ofrecí.
Recuerdo
que en la calle
empezaban a caer
las primeras gotas
del otoño
y que una niña china
me sonrió
desde el escaparate metálico
de sus dientes.
Fue entonces
cuando empecé a escribir
este silencio,
cuando me puse a buscar
en el mapa
la lentitud mística
de los pájaros.
 
 
 

La ceguera de Dios



 
Mi casa está abierta a la ternura de la tarde.
Mi casa que es hueco lunar o lagartija reptando entre las manos del tiempo.
Tantas veces he visitado en sueños su ceniza, Dios amarillo,
como quien visita una tacita de té los domingos
o la pierna amputada de esa bailarina que sigue girando al borde de un puñal.
Mi casa que es de bronce y olvido y huele a leche caliente y vicks vaporub,
a tormenta que agita el alcohol de sus ángeles y un chocar de música lujuriosa.
¿Por qué tendremos tanto dolor cuando se nos muere una casa, una infancia, el pecho de una pared?
¿En qué cielo se tumba la órbita de nuestro llanto?
He de decirte, Dios amarillo, que mi casa está plena de fantasmas,
mujeres infelices que levantan la piel de sus vestidos
y brincan sobre el fémur de un cajón
donde las polillas se emborrachan de hambre.
Un día de estos tienes que contarme cómo es tu casa, Dios amarillo,
qué animal humano roe el hueso de tu corazón,
le da una patada a tu ceguera


ÁNGELICA MORALES
(1970, Teruel, España)
Imagen en deconcursos 




 

julio 07, 2025

Viendo en particular: Ignacio Vleming

V     




Voy a enseñaros las postales que compran los turistas. 
Esto es exactamente lo que quiero deciros. 
Dos niñas con vestidos tradicionales 
no son un souvenir. 
Fuera de foco abren sus manos 
para pedir limosna. 
  
 

VI 




Los viejos bulevares son la parodia de lo que fueron,
porque perdidos en sus aceras
nosotros ignoramos el valor de los pasos,
el precio de unas botas cosidas en Tailandia
por menores de edad.
Sencillamente nos da lo mismo,
con ellas los pies vuelan
y los modelos flotan en las pantallas de los dispositivos.
¿Acaso no sabemos quién le limpia la mierda
al chico pelirrojo?
«No quiero que me griten los hijos de la inmigración».



VII




Pronto recordaremos las cúpulas, las torres
desmochadas, el viejo caserón que hacía esquina
sin el trino vivaz de los gorriones, al borde
del abismo de su extinción.
Las humaredas bajaron a los túneles del metro
y lamieron los muros. Esta mañana
hay polvo de oro en los párpados del revisor.






IGNACIO VLEMING
(1981, Madrid, España)
De: "La revolución exquisita", La Bella Varsovia, 2022
Enlaces: Letras Libres
Imagen en 3trsreinos
Publicación original: 11/1/2023

mayo 10, 2025

Pedro Alcarria: Enfermo de esperanza

 Un paseo por el Louvre     




Es el error fatal de abrigar esperanzas: 
 
Siempre que voy al Louvre a iluminarme 
me asalta un ataque de furor. 
 
No perdono la belleza 
que es como una perra cariñosa 
saltando de alegría a mi lado. 
Y querría apalearla hasta la muerte,
por un repugnante juego de la inteligencia,
por el trino ambicioso de mi corazón.

Y me pongo a contar fábulas idiotas,
de las que no tengo fotos ni pruebas.

Todo para que el asno ascienda.

A menudo me arrepiento,
-sala tras sala del Louvre
de este arranque atrabiliario,
de esta flor de mi crimen,
de estos estúpidos augurios.

Maldiciendo por los pasillos del museo,
enfermo de esperanza.


PEDRO ALCARRIA (1975, Barcelona, España)
Enlaces: Vallejo&Co | Zenda libros
Imagen en manuellopezazorin















octubre 12, 2024

Chantal Maillard: La trama, el argumento

Poeta Chantal Maillard en actitud pensativa sobre un fondo oscuro, el mentón apoyado sobre su mano doblada vestida con un saco azul y finas rayas blancas

Chantal Maillard nació en Bruselas en 1951. Reside en Málaga desde los doce años. En 1969 renunció a la nacionalidad belga y adoptó la española.
La mayor parte de su infancia transcurre sacudida por sucesivos cambios de residencia e internados, tanto en Bélgica como en España. Sus mejores recuerdos se sitúan en un internado laico de Le Coq sur mer/ De Haan (Flandes Occidental) en los años 1961-1963; los peores, en un internado religioso de Bruselas en el curso 1963-1964. A los doce años escribe una primera novela; a los catorce, ya en Málaga descubre la filosofía y escribe una segunda novela; a los quince, un centenar de canciones y dos libros de poemas. A partir de 1969, al tiempo que adopta la nacionalidad española, empieza a escribir en castellano. Estudia Filosofía y Psicología. Después de doctorarse en Filosofía obtiene del Ministerio de Exterior una beca postdoctoral para estudiar Filosofía y Religiones Indias en la Banaras Hindu University. En el otoño de 1987 viaja a India por primera vez. Volverá a Benarés en sucesivas ocasiones, combinando sus estancias con la docencia en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Málaga, como profesora titular de Estética y Teoría de las Artes. A partir de 1998 desarrolla una labor crítica en el Suplemento Cultural del ABC y de El País, traduce a Henri Michaux, difunde el pensamiento indio con diversas publicaciones y promueve la creación de asignaturas de filosofía y estética intercultural en la Universidad de Málaga.
En el año 2000 su vida docente queda súbitamente interrumpida. A partir de entonces ha seguido escribiendo.
En el año 2004 le fue concedido el Premio Nacional de Poesía por su obra Matar a Platón y en 2007, por Hilos, el Premio de la Crítica de poesía castellana el Premio Andalucía de la Crítica.
Ha llevado algunas de sus obras a los escenarios y ha colaborado en proyectos interdisciplinares con artistas nacionales e internacionales, tanto de las artes plásticas como del ámbito escénico, cinematográfico y musical.

https://chantalmaillard.com/autora/
Yo no soy inocente... 



Yo no soy inocente, ¿lo es usted?
La realidad está aquí,
desplegada. Lo real acontece
en lo abierto. Infinito. Incomparable.
Pero el ansia de repetirnos
instaura las verdades.
Toda verdad repite lo inefable,
toda idea desmiente lo-que-ocurre.
Pero las construimos
por miedo a contemplar la enorme trama
de aquello que acontece en cada instante:
todo lo que acontece se desborda
y no estamos seguros del refugio.
Bien pensado, es posible que Platón
no sea responsable de la historia:
delegamos con gusto, por miedo o por pereza,
lo que más nos importa.



Matar a Platón, 7




Está creciendo el número de los espectadores.
No corno una marca, no
como crecen los sueños
cuando el que sueña quiere saber qué se le oculta.
Crecen desde los huecos, desde los callejones,
desde la transparencia de las ventanas, desde
la trama, el argumento,
complicando la historia
ocupan las rendijas, los ojos de las tejas,
cruzan por las cornisas,
por los desagües bajan, 
crecen en todas direcciones,
dispersando complican,
añaden, superponen, indagan desde dentro
lo que fuera no alcanzan, gigantesco
cuerpo vampiro que procura
saberse vivo por un tiempo,
saberse vivo por más tiempo,
saberse vivo tras la página
que le invita a crecer denso, fluido y compacto,
urdiendo sus defensas
al tiempo que investigan la manera
de saber sin sufrir,
de ver sin ser vistos. 



CHANTAL MAILLARD (1951, Bruselas, Bélgica. Nacionalizada española)
De: "Matar a Platón", Tusquets, 2004
Enlaces: Sitio de Chantal Maillard | Aullido | Periódico de poesía
Imagen en El español

junio 08, 2024

Miriam Reyes



Estamos preparados para ver causa 
donde sólo hay azar 
 
la pasión por un tema o una disciplina 
el ritmo idéntico idéntico el sentido del humor 
ciertos puntos de vista 
ciertos vicios ciertas neurosis 
 
nos reconocemos en la misma incandescencia 
como si de pronto nos hubieran colocado 
frente a un espejo trucado para vernos mejor 

curiosamente los experimentos demuestran
que no es la razón sino el instinto
lo que nos hace buscar coherencia
y es más común más automático
y difícil de detectar
de lo que podamos reconocer
sin ruborizarnos

de ahí la importancia de permanecer alerta
ante los peligros de la falsa ilusión de sentido

una luz que suaviza las facciones
y disimula las marcas del tiempo
una corriente que nos arrastra
borrando las evidencias

por ejemplo yo a ti
ni te encontré ni te estaba esperando
por ejemplo yo y tú
ni tenía que ser ni no ser

Eso mismo.


Poeta Miriam Reyes con un lápiz en la boca
MIRIAM REYES
(1974, Orense, España)
Fuente: Revista Tarántula
Enlaces: Ardea | Bella durmiente | Miriam Reyes
Imagen en Altazor

marzo 24, 2024

David Fraguas


METRÓPOLIS     



Metrópolis es un cuadro delirante y oscuro, un cuadro oscuro y conmovedor, rojo y negro, parpadeante, un cuadro que pintó Georg Grosz, en Berlín, durante la Gran Guerra. 
 
La Gran Guerra, la guerra del gas mostaza y las hazañas del Barón Rojo. 
 
La guerra de las estatuas conmemorativas en las plazas de los pueblos franceses, las plazas adornadas con flores y placas con nombres de jóvenes que perdieron la vida.

Metrópolis es un libro de Thea von Harbou y una película muda, una película de entreguerras de Fritz Lang, inspirada en el libro de von Harbou.

Una película oscura y conmovedora: la historia de una autómata malvada, malvada como los futuros amigos de von Harbou, los grises aliados de los cristales rotos, malvada y hermosa como una replicante que anuncia el fin del mundo, hermosa la autómata y hermosa Thea von Harbou.

Metrópolis es una pequeña ciudad del condado de Massac, Illinois, y es la ciudad de Lois Lane, valiente reportera, amante de un tipo que viene de otro mundo, que fue criado en Kansas, en una granja a más de 5.000 millas de Verdún.

Verdún —en la región de la Lorena, en Francia—, el pueblo de la famosa batalla, casi un millón de cadáveres, un millón de vidas arrancadas por un golpe de viento, un millón de historias hermosas y conmovedoras, un millón de nombres en placas de estatuas conmemorativas.

Metrópolis es el nombre de una ciudad en llamas, el nombre de una sala de fiestas del Titanic, de una vieja colección de cromos futuristas, de un sueño y un fracaso llamado siglo XX.


ELVIS AARON PRESLEY



Elvis Aaron Presley murió el 16 de agosto de 1977, a los 42 años, en la ciudad de Memphis, Tennessee, de un infarto, de mezclar la vida con las noches a solas.

O murió en pleno invierno, camino de la iglesia de Santa Trinidad, en Viena, en un tren, a resguardo de la nieve, la nieve que golpea los cristales y recubre los nombres de las lápidas, el rastro sin memoria del futuro.

O quizá murió en un asilo de indigentes, un asilo en Buenos Aires, en las afueras Detroit, un asilo en las afueras en ruinas de Beirut, en un cuarto en penumbra, aferrado a un viejo transistor, aferrado con manos temblorosas a un viejo transistor marca Telefunken, escuchando la voz entrecortada de Gardel, la voz de Billy Holiday, la voz de Robert Johnson, la voz que con desidia, con nostalgia y desidia, deshoja una flor moribunda.

O tal vez no murió, tal vez, como muchos proclaman, Elvis no murió, y vive, o malvive, en un piso alquilado de Vallecas, un anciano de más de 80 años, quince pastillas al día, mísera pensión, paseo a media tarde, insomnio, soledad.

Un anciano que llega cada tarde a la misma tienda de discos, y escucha —los ojos a punto de llorar— el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart, el Réquiem que sonó el 29 de marzo de 1827 en la iglesia de Santa Trinidad, en Viena, el día del funeral de Ludwig van Beethoven, el día del funeral de Elvis Aaron Presley, el día de hoy o de mañana, un día como tantos, vulgar, irrepetible: caldo de verduras, pescado, compota de manzana, paseo a media tarde, insomnio, soledad.


poesía española, Tierras extrañas
DAVID FRAGUAS
(1976, Madrid, España)
Imagen en El sastre de Apollinaire