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El poeta ocasional

Fotografía del poeta William Osuna de perfil con la vista hacia el marco derecho. Viste una camisa a rayas cruzadas color rojo y azul. El pelo peinado hacia atrás y terminando en una gran cabellera en la nuca, despeja una amplia frente. En el fondo se observa un espejo rectangular sobre una pared blanca
 

UN NOMBRE    



De aquello no quedó nada 
un espacio vacío/humo/adioses/ 
por las estrechas caderas de la vida 
multitudes que el miedo venció 
el hombre recostado a un imperio 
de fracaso fatiga y dolor 
ciudades convertidas en inmensos
garajes de chatarras aves extraviadas
vueltas cenizas ojos en el aire
la Tierra pendiendo en la sala de mi casa
como una esfera de bambú
ni siquiera un nombre de mujer.



AQUEL CHOFER de la línea
de autobuses vía Barcelona-Caracas
que hablaba en llanero
y reía y gesticulaba como el profesor Manuel Bermúdez
y que cambiaba las emisoras de radio
a la velocidad de la noche
cuando todos entraban en el sueño
y él sólo era un trueno vivo
sobre la lluvia del estado Miranda Aquel
escándalo viviente vuelto loco
por la reseña de los aviones que participaron
en la 2ª Guerra Mundial
aparecida en barajitas (sobre verde y chicle negro)
y que no se llamó Monje Jack Palangana
Mocho Ledezma o Héctor Gil Linares
sino Elí Giménez Rivero.
Aquel tipo que en la nariz era Dick Tracy
y en el modo de arrugar la frente
el papa Juan XXIII Aquel viejo Húngaro
que trabajó en el estacionamiento del señor Salas
—murió alcoholizado—
y que en pleno delirium tremens
alababa al Führer siendo de nombre Stefan.
Aquellos que vinieron al barrio
en un camión de mudanzas
con sus viejos colchones y demás parapetos
y que juntos eran más terribles
que la familia Burrón
Arvelo Hernández de apellido aquellos
los que vieron en el vendaval
de los días.
Sueño peligroso visiones de ropa enlutecida
saltando desde caballos envenenados
merecen este homenaje.
Entran en estos desérticos poemas a compartir
tu Episodio Nacional.



EPOPEYA DEL GUAIRE



El río Guaire tiene malos modales, cuando va
en los autobuses nunca le cede el puesto
a las parturientas, se sienta primero que las
damas, en los entierros grita más alto que
las viudas, dice impertinencias del muerto, cuentos de
los otros ríos.
A mí que no me nombre, dice el
Orinoco, no fue grumete en La Invencible ni
pudo unir sus aguas a los siete mares de China.
Los indios lo taparon con concha de totuma
para que los españoles no se lo bebieran.
No se parece a los ríos de don Jorge Manrique.
La mar océano no lo soporta; respecto a
él filosofa como un sabio chino: «Un río que no sabe
morir es un golfo».
¿Quién lo maleó?
No lleva doblón, ni sencillo, ni baúl de
pirata en sus dominios.
Tampoco rabo de tigre, tiene la carne peluda.
No trabaja, no canta.
Se monta en un perol de leche o
sobre el capó de un carro a mirar
los colores de la ciudad: es un río
que contempla, no para que lo contemplen.
Tan pobre: si la luna de los amantes
se atreviera a conversar con él ningún puente
la aceptaría; que no le vaya a pelar
los ojos a la Laguna Negra, el poeta
Acevedo sería capaz de encerrarlo en un soneto.
Bronca de ríos y que hermanos. No me
meto en esos líos familiares. Así me
enseñaron en la escuela. No es mi problema.
Por el camino que da a la selva,
donde se gesta un remolino de caimanes;
y el árbol de caucho brilla como un
estuche de precioso bisturí, Andrés Mejía le fue
a meter chirimbolos del Guaire al Magdalena:
el Magdalena tan reilón con sus dientes de
oro y muelas de esmeralda lo dejó beber
ron durante tres días. No le paró.
Lo emborrachó, le silbó una cumbia, un bambuco.
Y así se lo envió al Motatán, metido en
un guacal de manzanas para la casa de
Hermes Vargas. Cuentos de Andrés. Más sabe Andrés
por Andrés que el Magdalena y sus pedrerías.
La flor fétida, el aceite de las refinerías, la
garcita urbana y una nevera desportillada
son cifras que acompañan. En algunos casos el
sol es un golpe de espuelas contra las
aguas revueltas.
El río Guaire es mi amigo. Yo le
pido la bendición. Él es como un burrito
indómito que atraviesa la ciudad cargado de botellas
vacías:
ningún río de las Francias y de las
Alemanias se le compara. Está enamorado de la
quebrada de Catuche. Qué amores.
Intercambian bacinillas detrás de los estacionamientos,
si los vieran.
El Dumbo Márquez no lo quiere: su Harley Davidson
se ahogó en sus aguas. Yo sí lo
quiero, no es como el Orinoco que se
alimenta de músicos; se tragó toda una orquesta,
y las cartas de amor de Argenis Daza Guevara;
y si no quería cantar y amar, ¿por qué lo hizo?
Qué desperdicio. Tan pedante.
En mi infancia yo quería al Orinoco.
en ese cruce había un araguaney, donde se
enlazaban los gatos, que lo miraban a uno
con sus ojos de oro. El viento corría
por ahí: hablaba como duro cartón. Bajaba gruesa
neblina por la Puerta de Caracas. Todos los
autobuses pasaban de largo y se metían al cine.
Mi infancia que tenía más colores que los
de un poeta de provincia en su provincia,
no distinguía las aguas, todas eran iguales.



LA DESALENTADA



Si andas en rumba de necedad
y en el metro
y en el pico de los puentes
detienes tu andar
y te repites como el ave negra
de Poe
never more
never more
dándote pases de melancolía
en las tinieblas de los supermercados.
Si bestia triste vas de vuelo
a tus recuerdos
como quien guarda un pedazo de muro
de aquel cine de barrio
que ya no existe
y el puñado de tierra es contra tu rostro
cuando te arrodillas
frente al altar de los hoteles baratos.
Digo
Tiempos difíciles estos
y tú más difícil aún.
Como aquel piano del Camilo’s
que nadie pudo sacarle
su serenata de balcón,
la vida caducó en ti
como un
disparate.


WILLIAM OSUNA (1948, Caracas, República Bolivariana de Venezuela)
De: "San José blues 1923", Monte Ávila, 2019
Enlaces: Gredos | Festival de poesía de Medellín | Literatura contra la opresión | Centro Virtual Cervantes


Derrota     



Yo que no he tenido nunca un oficio 
que ante todo competidor me he sentido débil 
que perdí los mejores títulos para la vida 
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución) 
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos 
que me arrimo a las paredes para no caer del todo 
que soy objeto de risa para mí mismo que creí 
que mi padre era eterno 
que he sido humillado por profesores de literatura 
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada 
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida 
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo 
que tengo vergüenza por actos que no he cometido 
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle 
que he perdido un centro que nunca tuve 
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo 
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada en cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.




Tristes anales horadan las costas



I

Tristes anales horadan las costas.
Días torturados en medio de una ebriedad.
Encantamiento que cubre una zozobra.
Me prolongo por veredas sangrantes como dilatado
resto de legión.


II

Me entrego a estas arenas donde el brillo rescata.
Aquí soy. Sin pensar.


III

Dones.
Lentos navíos sobre las aguas bruñidas.
Senderos que se esconden en el verdor.
Bungalows, y el acuerdo en la noche que nos
transporta.


IV

Verdes ilesos.
¿Sobrevive aquí el hondo designio?


V

En esta playa no me pregunto quién soy ni dudo
ni ando a tientas.
Claras potestades imperan aquí, ahuyentan ráfagas
de aniquilación, aúnan lo roto.
Inician.


VI

Rostros sumergidos reaparecen en la oscuridad
del cuarto.
Derrame de ayeres, dádiva inasible, náufragos.
Sin ellos me desprendo de mí.


VII

Lentitud sagrada. Hemos dejar pasar los días desde
un vasto olvido. Nos anegó la indolencia. Entregamos
las armas. El sitio duró poco.
Desheredados, el lugar se adueñó de nuestra historia.
La volvió espera.


VIII

La claridad rodea nuestro letargo. La calma nos encuentra. Las
mareas tocan a nuestra puerta para despertarnos.
Juntos somos anteriores a nosotros.

Para que nuestros ojos sean claros hay exilios.


IX

¡Cuánto hemos andado!
Nuestros sentidos se enriquecieron con extrañas
donaciones. Allí la tierra nos permitía ser.
Nuestra memoria, antes adueñada, dejó de escoltarnos.


X

Contemplo el desatado verde, la danza del mar frente a nuestra
casa, la lluvia que lleva la miseria de la ciudad por pasadizos
vegetales. Se aproxima la noche en Point Cumaná; aún permanece
cierta luz, zumo de ocaso. Lejos resuenan barriles metálicos. Se
oye un calipso en el follaje rey. No pienso. Se olvida aquí. Es
magnífico.




RAFAEL CADENAS (1930, Barquisimeto, Venezuela. Reside en Caracas)
Fuentes: Trianarts | Lyrikline
Enlaces: Rafael Cadenas | La Poeteca |Letras Libres | Otra iglesia es imposible | Revista Estilo | Zenda Libros 
Imagen en Zenda Libros


IV   
Vuelta a París    




Regreso de día a la oscuridad. 
Nada de lo que acontece es visible 
entre tus altos muros sumergidos.  
Afuera es aquí un vocablo inútil. 
De qué me sirven las puertas abiertas,  
las tardes de infancia y siesta secreta, 
los profundos pasillos de la fiebre 
en las inmóviles tardes del trópico. 
Tu gris diluvio oxida mis cerrojos, 
tus helechos invaden mis pasillos,  
tus esponjas me amordazan, tu musgo 
es una tapia que oculta y condena 
No sé flotar en tu blandura, 
deslizarme sobre la casa ahogada
y reconocer con fingido asombro 
el tesoro en mi arca sumergido.
Prefiero saltar el muro y caer
de pie del otro lado de tu sombra, 
en el atardecer encandilado,
como un felino, preciso y nostálgico



II




Aquí es el lugar del nacimiento,
la sombra generosa de la alcoba,
la puerta para siempre abierta a voces 
que traía y llevaba el aguacero,
el cuerpo indefenso, la ciudad rota, 
el muro acribillado de vocales, 
el jardín perdido de los disfraces
donde un sultán travestido se aburre, 
la ambigüedad de los rasgos desnudos,
las raudas procesiones sin imagen
que giran sin tregua y pierden el centro, 
el centro que fue cuadrícula y es hoy
ilegible borrón y cuenta nueva, 
las quebradas mendicantes que asedian
obstinados simulacros de tránsito,
la lluvia de octubre, ciega, incesante,
la intemperie y nada más porque nada 
es lo que fue o será y sólo hay consuelo
en el roce sin peso y sin pasado,
porque decir el fruto es corromperlo.



ANA NUÑO
(1957, Caracas, Venezuela)
Fuente: Diario de poesía N° 60
Enlace: Poesía III | Emma Gunst
Imagen en Editorial Alfabeto

Todos han muerto     




Todos han muerto. 
La última vez que visité el pueblo 
Eglé me consolaba 
y estaba segura, como yo, 
de que habían muerto todos. 
Me acostumbré a la idea de saberlos callados 
bajo la tierra. 
Al comienzo me pareció duro entender 
que mi abuela no trae canastos de higo 
y se aburre debajo del mármol. 
En el invierno 
me tocaba visitar con los demás muchachos
el bosque ruinoso,
sacar pequeños peces del río
y tomar, escuchando, un buen trago.
No recuerdo con exactitud
cuándo empezaron a morir.
Asistía a las ceremonias y me gustaba
colocar flores en la tierra recién removida.
Todos han muerto.
La última vez que visité el pueblo
Eglé me esperaba
dijo que tenía ojeras de abandonado
y le sonreí con la beatitud de quien asiste
a un pueblo donde la muerte va llevándose todo.
Hace ya mucho tiempo que no voy al poblado.
No sé si Eglé siguió la tradición de morir
o aún espera.



Los años locos




Mi mujer debe revisar cartas infieles
y tirarlas con fastidio al fuego. Sus ojos que han ido tan lejos
queman por primera vez mi corazón, subyugan mis años locos.
Sus ojos que han ido tan lejos,
elevan amigos, vuestras memorias,
vuestras pieles quemadas en alcohol.

Oh camaradas,
yo sangro.
Oh amigos,
yo soy fiel a vuestras tristezas
y alegrías.

Fuera de ella queda mi rostro lívido,
quedan nostalgias y un yo triste,
un yo que amaba tiernamente su cuerpo en los inviernos.
Yo sangro y huyo,
huyo de aquellos días tan ciertos en donde nos amábamos. 

Oh amigos,
tantas siluetas que giran en la noche,
tanta vida en mí mismo,
en nosotros que fuimos dados a la tierra
con fin y principio, apasionadamente. 

Oh camaradas, 
mi corazón es infinito y el sol de los siglos
y la hermosura de vuestras mujeres.
Infinito es mi dolor bajo el arco de sus pestañas
y la muerte

Oh amigos,
yo soy fiel a vuestras tristezas
y alegrías.
A nada pertenezco bajo el signo de su partida.



JOSÉ BARROETA (1942/2006, Pampanito, Venezuela)
Fuente: Fb Jonio González y Digo TXT 
Enlaces: Tinta china | Aurora boreal
Imagen: Ramón Chirinos

Grapas


Cuatro grapas    




Sentada en piso del corredor  
centinela del hijo al fin del día dormido en su cama pequeña 
espanto el recuerdo el día en que tropezó en el parque una francesa que en el momento columpiaba a su  hijo me indicó una dirección 
lo más cercano es un City MD. 
En brazos con el hijo herido 
                  que no lloró 
                  nunca lloraba este hijito, ¿por qué? 
con los brazos cansados y la camisa blanca ahora roja 
con la mente confusa y entristecida 
llegué a un ambulatorio 
no una clínica o un hospital. 
Son detalles 
                     te preguntas qué es mejor
qué hace en estos casos la gente
                     de acá
dónde va la gente que se cae, que se accidenta, en esta ciudad con parque en el centro.
El celular en la esquina más oscura del bolso y sin timbre
¿a quién llamaría para decir
esto ocurrió?
                      mensaje imposible, ayuda que no llegará
                      llanto que no ocurre porque no hay quien lo escuche.
En esta historia hijo menor y madre somos
hermanos. Yo también lloro invertida, quiero decirle
por ejemplo al preguntarme si todo esto
venir a este país en el que mi acento llama tanto la atención
fue buena idea o no.
Nadie va a responder.
Acunada en mi propia matriz me pliego hacia dentro.
Cuatro grapas en el cráneo que más adelante el doctor no logrará manejar
y al intentar sacarlas sangrarán de nuevo.
Helado de coco entre la avenida Amsterdam y la calle 77
sol primaveral sobre el banco color verde en aquel parque cuyos
columpios no quisimos usar.
Mi hijo menor aprende a hablar tartamudeando
tropezándose consigo
conmigo
con el idioma que dejó y el que viene y aún no es.
                          Cuando mi hijo me habla
cuando mi hijo me habla y yo no comprendo
quisiera me repita esa frase
esa frase una vez más no basta
o mejor decirle
no estás solo yo también
voy tartamudeando
voy tartamudeando en la historia que creé para ti.
Mi niño duerme y esta mirada rabiosa y triste lo cuida
centinela en el pasillo ante esta habitación que pronto rebosará de libros infantiles
pero aún no
aún no lo sabemos porque está pequeño
en esta habitación de alfombra celeste con pistas, autos y aviones.
también ocurre que las madres se accidentan
una pequeña fractura acá
se accidentan se caen
un momento de confusión.
A esta hora sin patria
en esta esquina del universo que creé
el hijo duerme
y ve desde el sueño a su madre huérfana de sí misma
fertilidad tan íntima tan mínima quizás tan insuficiente
la de esta madre sola en el corredor sentada
cuidando a su hijo sin país sin lengua tal vez
gestando un lugar sin miedo mientras se aferra a un libro
que el miedo me pertenezca y los deje a ellos en paz, me repito mientras los llevo
en la espalda.
Todo este tiempo preparando mi columna sin saberlo
preparando mi columna sin saberlo
sin saberlo


KEILA VALL DE LA VILLE ( 1974, Caracas, Venezuela)
Autora de la novela Los días animales (2016), premiada en la categoría Mejor Novela International Latino Book Awards 2018, los libros de cuentos Ana no duerme (2007) finalista como Mejor Libro de Cuentos en el  Concurso Nacional de Autores Inéditos Monte Ávila Editores, y Ana no duerme y otros cuentos (2016). Publicó el poemario Viaje legado (2016) y el texto crítico bilingue Antolín Sánchez, discurso en movimiento: del pixel, al cuadro, a la secuencia (2016). Antóloga de la compilación americana bilingüe Entre el aliento y el precipicio. Poéticas sobre la belleza(in press), y co-editora de la Antología 102 Poetas en Jamming (2014). Vive en Estados Unidos
Fuente: "El puente es la palabra", Antología de poetas venezolanos en la diáspora por Kiria Kariakin y Eleonora RequenaEnlaces: Suburbano | Nagari Magazine
Imagen: Nagari Magazine

Descomposición     



La guayaba se pudre 
de adentro 
hacia afuera. 

No quiere desprenderse 
de las ramas aunque 
su cuerpo sienta 
que la tierra hala 
su jugo, 
que llama
los gusanos y la pulpa.
(Si alguien mordiera
la guayaba
no sabría diferenciar
la suavidad de ninguno.)

Su oficio es estar allí,
alta y confiada,
dejarse perforar por algún pico,
ablandarse antes de caer.


Néstor Mendoza
NÉSTOR MENDOZA(1985, Mariara, Venezuela)
Fuente: LALT
Enlace:
https://poesiavzla.wordpress.com/2019/05/24/nestor-mendoza/
Imagen: Ricardo Blasco




Le pli    



Viéndote salir del baño entre la niebla 
que regala generosa al aire el agua tibia, 
yo suspiro invocando la presencia 
de un milagroso rayo que viniera 
a paralizar así tus movimientos 
en el mágico momento 
del esplendor y humo en que tu cuerpo 
entre las alas de tu bata 
de paño sin ceñir asoma 
en inconcluso eclipse
y la limpia estepa de tu vientre o pecho
cabe un hombro
el labio
la pestaña apenas de una circular orilla, o valle
y bosque y aura y bruma, se insinúan
tras la hendija de la tela entreabierta por un hado
por fin cómplice que asiente.


II



Que esa hora
en la que el cabello goteante
como un húmedo animal dormido
destilando su carga
en la lenta playa de la nuca brilla
sobre el declive de la espalda derramado
se detenga y pueda
contemplar yo tadavía
a medias liberado,
un poco preso, mas no mucho, así
tu sexo dibujarse en lo entrevisto
de tu piel y el paño, pido, esa abertura
demorada donde la belleza
se regala sin darse
con ese engaño de tiempo
que simula eternidad.


Rafael Castillo Zapata
RAFAEL CASTILLO ZAPATA (1958, Caracas, Venezuela)
Enlaces:
https://digopalabratxt.com/2018/02/11/siete-poemas-de-arbol-que-crece-torcido-de-rafael-castillo-zapata-caracas-1958/
https://digitalcommons.providence.edu/inti/vol1/iss37/23/
Le pli (El pliegue), Deleuze y los pliegues del pensamiento

Mirada     


A Noelia

He visto una nube amamantar jaurías de babosa 
no he visto en cambio a la noche atragantarse de pezones ardiendo 
y aún sin verlo sabría cuándo calla un útero al viento 
 
¿Has visto a un hombre amamantar diez hijos y morir menstruando 
arroyos de ginebra? 

¿Intuirías en el aliento de una madre ese espinoso crujir de madrugadas? 
 
¿Has imaginado a un niño pez desactivar almas de mariposa en el
columpio al dormirse? 

¿Besarías a un moribundo jabalí mientras gime su último cántico para
desdoblar su aura?

Me pregunto por las angustias de un atolondrado desierto
la premura de un ánima en su portal de sabuesos
o por el trueno que la sangre deja al rezar

De hecho entregaría mis ojos a la hambrienta parca
con tan sólo saborear en rocíos el rumbo umbilical
de mi asesinada abuela en el hospital



Ellos


A Diana


Ella
de su vagina salían muchos cangrejos rosados y verdes con amarillo y
arrastraban fuego en la baba que dejaban
llegaban a sus pies mordidos y desilachaban las uñas como a un pastel

Él
de su pequeño pene salían animales hambrientos y perros tragafuegos
y el silencio les era insoportable así que entre los pelos del cuerpo
se arrastraban lentamente

Ella
su madre murió de espalda con las piernas abiertas sin estallar magnolias
los niños de la muerte lamían sus orejas en la hora exacta

Él
murió como su padre angustiado viendo agujeros en el alma de su otro yo
No supo nada más

El hombre invisible sin manos se extinguió colgado de su último orgasmo


Ender Rodríguez (1972, San Cristóbal, Venezuela)
Escritor y artista multidisciplinario. Licenciado en Educación Integral.
Ha publicado: Cantos del origen (2001, CONAC); El sofá de Beatrice (2006, CENAL); Primavera cero (IPASME, 2007); Creactivo I (BARIQUÍA , 2007); Rabo de Pez Nuevos idiomas en la creación formato e-book (FEUNET, 2014), Ex sesos y asa res Borrones para textos no tan perversos (CENAL, 2016), El Blues de la Parca cuentos grotescos (AMAZON, 2017) y Creactivo II (AMAZON, 2017) entre otros publicados en internet, y en físico como coautor. http://enderodrigueznomeempoeme.blogspot.com/
Envio de Ender Rodríguez

Dos veces    



Giro la llave y
dejo correr el agua
Primero algo de tierra que sale de la tubería
          y que nos recuerda de dónde venimos
                    del trópico
y que rápidamente se va por el desagüe
Me siento a esperar que el agua se ajuste a la temperatura perfecta
para esta piel roja de sol y este cuerpo desacostumbrado al frío
Veo el agua que huye, que ha sido desechada
que no ha sido escogida
El agua sigue fluyendo 
cierro el desagüe y la veo subir lentamente
El correr del agua arrulla y un eco
que me dice
          que el tiempo pasa
          que se escurre como el agua
          que los ríos
          que la mar y el morir
Oigo entonces cómo el agua se agita
y la veo en el agua, brillante
y entonces María Eugenia me recuerda:
           «Aunque no lo creas
           es la segunda vez que nos bañamos en esta bañera» 



El centro del universo



Mi papá acostado en un chinchorro
en el caney
Tiene una cuerda para balancearse levemente
como si le diera cuerda
al sol
para que siga su camino y pueda ocultarse
El cielo juega a despedirse con fuegos
de fiesta
allí donde se junta con el mar que brilla
Mi padre dice, sin despegarse del espectáculo
en el que parece haber estado trabajando

          Este es el centro del universo

Sonrío y me doy vuelta para buscar las aceitunas
que ya deben estar frías
con la seguridad de que me alejo
a cada paso
del centro del universo


AGUSTÍN SILVA-DÍAZ (1973, Venezuela)
Fuente: http://revistadepoesiaelsalmon.blogspot.com/




Juan Liscano

Siempre


A Carmen Teresa


Decirlo
No se sabe sino ignorando
cuando se avizora
cuando se prueba el saber de sabores
cuando se levanta entre las sábanas
un feroz paisaje de olores y de lianas
cuando la desnudez
               frágil y poderosa
resplandece en la penumbra de la alcoba
y el tiempo grita 
               y se oyen nombres
palabras recortadas por tijeras de fuego
y se sabe y no se sabe
               y se es sabor
y todo sabe a cuerpos vivos fermentando
recobrados los instintos cazadores
iniciales
recobrada la virtud de estar
juntos solos
y en las axilas se besa un íntimo amargo
y lo oculto abre su interior
en la prueba de probarse
contra la muerte
                         que espera.



No pasa el tiempo




No pasa el tiempo
           pasamos nosotros.
El tiempo no tiene tiempo
mas hay el desgaste nuestro
los tajos
nuestro miedo
a ser devorados por el porvenir
y cabe decir que no hay muerte
porque la muerte no muere
mas hay nuestro pavor del vacío
del hueco
de ser borrados por la ausencia.

Tiempo y muerte: vocablos
nacidos de un pánico antiguo
nombres secretos
de la poda la cosecha los renuevos.
Están en la afluencia solar de la energía
en el movimiento de la vida
en el mínimo resplandor terreno
— esas uvas que relucen en el mediodía
con su promesa y su presencia. 


JUAN LISCANO (1915 / 2001, Caracas, Venezuela)
Fuente: Digital Commons




No, la tierra no podrá ser la tierra,
ni la muerte podrá ser la muerte,
ni la vida la vida,
hasta que mi alma no haya conocido toda
la espantosa pesadilla,
y no se haya internado hasta la entraña
del hondo, humano abismo.
¡Ah! ¿Qué valen aquí, sobre este mundo,
mi espíritu y mi instinto,
si aún tienen un temblor de ensueños claros
que son claras mentiras?
No, no, no puede ser, ni puedo
tampoco ser yo misma,
hasta que no haya saboreado toda,
toda la hiel amarga y el acíbar.








Ida Gramcko

Ida Gramcko (1924, Puerto Cabello / 1994, Caracas, Venezuela)

Enlaces:

http://www.otroparamo.com/2016/09/06/poemas-de-ida-gramcko-seleccion-de-ediciones-letra-muerta/















Hanni Ossott



La primera trama



Yo no sabía que la casa de la infancia
me hiriera después
y que sus gasas, sus cortinajes, sus ropajes
se apegaran acumulados
a mi piel interior.

Yo no sabía que debía rasgar esas vestiduras
y dejar hilachas
pedazos
entre el vivir.
Yo no sabía
que había que hacer, y deshacer
como a un tejido
Fiel
a una primera y única trama


Por salir del charco

                                    A Washington con Manuel


En algún lugar del mundo
una mujer se sentaba todas las mañanas 
a contemplar un viejo edificio. 
Y había ventanas, sí 
plenas de sombras
hombres, mujeres, monstruos. 
Esa casa estaba deshabitada 
no había amantes, no.
Sólo aves que a veces cruzaban el horrendo paisaje.

En algún lugar del mundo

    había una lámpara rota 
    que no era de ella.
También un diccionario.

Eso no podía resolver su soledad.


Había tres árboles, cuatro árboles 

y ruidos, la calle, los automóviles.

En algún lugar del mundo ella 

no pudo hablar con quien podría
        ser su amante. 
El placer estaba vedado. 
Las ambulancias pasaban 
El fastidio cundía.

En algún lugar del mundo

ella se detenía
a ver un enchufe 
un sofá
una mesa repleta de libros y de centavos
y al marido: mustio, callado, leyendo...

También había pastillas, muchas pastillas 

y un avión que pasaba. 
Llevando a gente que sí tenía lugar.

En algún lugar del mundo 

        ella rezaba 
        por salir 
        por salir 
        del charco.


                                Washington, junio 1990 
                        Desde la próxima enfermedad...


HANNI OSSOTT (1946 / 2002, Caracas, Venezuela)
Enlaces: http://www.arquitrave.com/archivo_revista/enlace2abril05.htm
Imagen: Flickr















Música con pie de salmo   




Intempestivo alcance de la tiniebla;

fino animal que emerge de las alabanzas y los salmos.

Así la profecía, semejante al oscuro, desmesurado

porte de la extranjera y su más alta música.

Sombrío, enjoyado silencio de reina en el palco fastuoso.

Y los trémulos labios de locura

                                    como animalejos súbitos

                                                 entre máscaras y niños furtivos.

Alguien guía sus aves y pide tregua al desprecio.

Alguien pues inevitable entre el primogénito y la nodriza enlutada.

Manto y grieta vivísimos responsables del girasol cuesta abajo

de la negra nupcial cuyas tetas se coronan de avispas

y fugases siseos. Intempestivo alcance de la tiniebla,

fino animal que emerge de alabanzas y los salmos.




Ana E. Terán (1918, Valera, Venezuela)

Enlaces: http://letralia.com/ciudad/hernandez/090211.htm

Imagen: Min Cultura Trujillo
Deseo



Recojámonos en esta habitación
y no salgamos de ella

nunca.

Veamos desde allí
chorrear los vendavales
ríos que traen ramas, piedras. 

No nos interesan. Seamos cabales 
cobardes

durante el tiempo que
hemos tomado en préstamo,
ya que nada acontece 
que nos distraiga. 

Hasta que otro día anochezca.


Yolanda Pantín
Yolanda Pantin (1954, Caracas, Venezuela)
Enlaces: http://www.tinta-china.net/y_pantin_10.htm
Imagen: guardagujas.lja.mx


Lavado de la memoria




Deberíamos atrevernos a narrar con lujo
de detalles todo lo que nos pasa por la mente
en una especie de diario.
De este modo le ahorraríamos a la memoria venir
a auxiliarnos con su discurso torpe y lleno
de lagunas y ambigüedades
después que las cosas ya han pasado,
más tarde o más nunca
como si creyera ser la historia.
No importa que nos equivoquemos
o que, exagerando la nota, lo que testimoniemos
resulte la obra de un gran embustero.

Después de todo no se escribe sino sobre lo que
uno imagina. Así lo que nos imaginemos
sea lo único que en nuestras perras vidas
nos ha pasado.


JUAN CALZADILLA (1931, Alta Gracia de Orituco, Venezuela)
Imagen: Fundación Editorial El perro y la rana


La vela




Escribo al lado de esta vela,
de esta vela que tiembla.
Le queda llama, pero tiembla,
cree, como yo, que ya no cree,
que alumbra sola frente al universo.
Despacio cae la indescifrable noche
con sus astros girando.
La vela erguida, contra el mundo, arde,
y en mi cuaderno lenta se derrama
su luz atea.
Estamos solos uno frente al otro,
ella con su temblor y yo, mirándola,
mientras en derredor, junto a su lumbre,
van y vienen los vuelos planetarios
de pequeños insectos que dan vueltas,
la errante lucha de una galaxia mínima
que quizás gira porque cree, porque no cree,
que gira porque gira…


EUGENIO MONTEJO (1938, Caracas / 2008, Valencia, Venezuela)
Imagen: www.eluniversal.com

Guillermo Sucre


Los que piensan que les ha llegado la hora



Los que piensan que les ha llegado la hora
y se aprestan para asumir su destino
los que saben que siempre llegan a deshora
contra todo destino

los que escriben para sobresalir
no para encontrar la salida -¿hay salida?

los que sólo viven para poner la vida en palabras
los que escriben para poner la palabra en la vida

los que lo coleccionan todo para sentirse perdurables
los que han contemplado una sola vez la belleza
y ya ello les depara una riqueza un desamparo
para siempre

la vida no es avara ni para preservarla
hay que saber también arriesgarla
como en el amor: más fuerte cuando más lo alimenta
el desamor
más vívido cuando nace y se extingue cada día.



Escribo con las palabras que tienen sombra



Escribo con las palabras que tienen sombra pero no dan sombra
apenas empiezo esta página la va quemando el insomnio
no las palabras sino lo que consuman
es lo que va ocupando la realidad el lugar sin lugar
la agonía el juego la ilusión de estar en el mundo
la ilusión no es lo que hace la realidad sino la ráfaga escindida
simulacros donde ocurren las ceremonias intercambios de fulgores
del vacío del deseo
ya no hay sitio para la escritura
porque ella es el sitio mismo de lo que se borra
no descubrimos el mundo lo describimos en su terca elusión
ya no volveré al mar pero el mar vive en esa ausencia
que es el mar cuando la palabra lo dice
y se derrama sobre la página como una mano
ya no estaré en el bosque sino en la hoja que escribo y entreveo
su ramaje pasa el viento
ya no habrá más verano sino ese sol que devora a la memoria
y viene la gran noche de la arena que cubre los ojos y sólo
podemos leer lo que no estaba escrito



Guillermo Sucre (1933, Tumeremo, Venezuela)
Fuente: www.entreshndysybarteblebys.blogspot.com.ar
Imagen: www.lecturas-personales.blogspot.com

Miyó Vestrini

Zanahoria rallada




El primer suicidio es único.
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médico de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona
Me despacharon furiosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio donde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.



Miyó Vestrini (1938, Francia / 1991, Venezuela)
Fuente: www.trazodelamemoria.wordpress.com
Imagen: www.letralia.com







Lawrence, Kansas





Obligada por las circunstancias,

tomo una copa de cognac,

acodada en la barra de un local oscuro

dedicado a la memoria de seis grandes nombres

del football americano.


Miro las imágenes de los inevitables monitores.

Varios de los parroquianos parecieran dormitar

ante sus jarras de cerveza.

Languidecen las conversaciones.

La muchacha rubia y sonrosada

que atiende a los clientes

(y pregunta por mi profesión y origen),

suma y resta en un rincón

la columna de ingreso

para esta noche.


De regreso al cuarto del hotel

recuerdo con cierto embarazo

las sensuales contorsiones de Madonna

en el video.


Porque ciertamente el dormir

en un cuarto con el nombre de un tal Hudson

("Billy"), constructor de hoteles

que habían sido destruidos

y quemados por bandidos malhechores,

huestes enemigas, asesinos contratados

por señores esclavistas,

no será posible sin la ayuda de un milagro

quizás propiciado por Madonna

o por el cognac bebido junto a los clientes

del bar dedicado a la memoria

de las grandes ligas.


Y pienso: ¿por qué no?

Faltan diez para las once,

a las once emergen los recuerdos,

y espero con paciencia a que de alguna forma

aparezca el perfil de un cuerpo,

y suceda un milagro

-quizás a las once y media-

que me guarde de la noche;

del video, de las huestes enemigas.

Porque la barbarie pareciera estar cerca

de los bares, del deporte,

de los monitores, e incluso,

oh engaño,

de la ahora pérfida sonrisa de Madonna

y seguro se oculta

en los muros calcinados,

luego repintados, de este cuarto.

La barbarie, ¡grande historia!

está emparentada en las bases

de este centenario hotel

ubicado en Lawrence

cerca de Topeka

y Kansas City.




Verónica Jaffé (Caracas, Venezuela, 1957)

De. "El largo viaje a casa", Fundarte, 1994

Imagen: talcualdigital.com
Igor Barreto


Nocturno




Durante las noches de mi infancia
mi madre
saca una silla frente al portón
y duerme
con el abanico de palma moriche sobre las piernas.

El técnico del taller donde reparan radios
está aún
bajo una lámpara de luz muy pálida.

Durante las noches de mi infancia
los bulbos de una radio desarmada
vuelven a encender su voz
y de nuevo la voz desaparece.

Entre las ramas de un samán
transcurre el río;
se diría que esa noche
da a su paso
un tono más lento.

Durante las noches de mi infancia
escucho el rugido de los tigres
de la casa de los ingleses:
pobres animales enjaulados en torno a una piscina.
Yo sé
que tras el muro
lamen sus garras
y amurrungan los ojos.

Mi padre ha llegado en su jeep
y unas lechuzas lo sobrevuelan.
El único ratón de la casa da las nueve

porque a esa hora corre
y atraviesa la sala.


Regreso




A San Fernando quiero ir en el vapor Delta.
Desde las escalerillas ver cómo el barco
separa
las cargas de troncos de los aserraderos
y los lomos florecidos de los caimanes.
Llegar a su puerto de tablones
donde el río entrega las aguas de cien
barrancas
y el recuerdo de algún pueblo orillero.
Cuando la lluvia descuelga sobre mi cabeza
angostas calles enhebran la cifra de tu
nombre.
El río crecido roza la capilla del ánima salvadora
donde iré a dejar unas cuantas monedas
por los amigos que enfermaron de distancia.
Al pasado quiero ir en el vapor Delta,
a los burdeles, a las galleras del traspatio,
donde Dios habita la plenitud de su tristeza.
Que todos los sabanales reblandezcan con
su brillo.
Yo me voy por esta senda donde el rayo se
enmantilla.
Amo las noches lenguaraces de sus muelles,
el sucio butacón de las nubes en los días de
invierno
con marineros apoyados a sus palancas de anoncillo.
El lirio viejo de sus bosques.
A San Fernando quiero ir,
quiero volver,
ahora que el paisaje ha muerto de alabanza.


IGOR BARRETO (San Fernando de Apure, Venezuela, 1952)
De:www.igorbarreto.blogspot.com
Imagen:www.prodavinci.com
Enlaces a esta entrada:El llano ciego, por Alberto Hernández en Historiagrafías
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