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VIENDO EN PARTICULAR

Frederick Seidel

Sobre ser galante Las camisas se agotan a sí mismas de ser vestidas. Los trajes se ajustan a la perfección, pero un hombre se esfuerza décad...

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agosto 22, 2026

Clara Muschietti | Se bifurcan las franjas de la identidad

La fotografía en blanco y negro muestra un semiperfil de la escritora Clata Muschietti. Se destaca el abundante pelo distribuido a ambos lado del rostro. Viste una prenda de verano, supuestamente de color negro con puntos blancos. El fondo que se observa detrás de una ventana, aparenta ser un jardín frondoso

El paso se interrumpe     



un camión descarga lácteos en un mercadito 
los hombres hacen fuerza 
el chino del mercado da instrucciones 
yo pienso en la cadena, 
en la cadena alimentaria de las cosas, 
lo mejor que puede pasar 
es que se vendan todas las leches. 
  
En qué franja del mundo estoy 
en la que hace qué 
en la que cree en qué
en la que jamás piensa en qué

qué soy exactamente

qué virtudes tengo
en qué franja de la bondad entro.

En el medio de la calle hay un auto dado vuelta
lo custodia una mujer policía
ya no hay personas
no hay accidentados
queda un auto dado vuelta
un auto que ya no sirve tanto
me preocupo por la vida de las personas que iban adentro
cuántos eran
si había niños, una mujer embarazada
un anciano
o alguien feliz.

No tengo idea de mi coeficiente mental
cuánto es, que número tiene
en qué franja estoy

tengo una enfermedad crónica
me pregunto cuánta gente habrá
en la franja de los enfermos crónicos.

Mi vecina está recién operada de la garganta
tiene un hilito de voz
ella está en esa franja
su hija está en la franja de los niños con problemas de peso
yo estuve en la franja de los niños fóbicos
de las nenas a las que le comieron la lengua los ratones.

En qué franja cabe mi felicidad de hoy
en qué segmento va.
No sé nadar
estoy en una franja que no me queda bien
a mí dejame en el agua que no me voy a morir
estoy en esa franja.

Nadie sabe en qué franja horaria está mi hermana
ese continente no está en esta franja
mi hermana está en la franja de las mujeres altas
yo estoy en la franja de las bajas
hay una franja que nos unirá siempre
la franja de los hijos de Mónica y Ulises.

Se bifurcan las franjas de la identidad
tanto
que dan ganas de correr
hacia la preexistencia.

En el bebé diminuto que vi en el subte
iba la gracia
la vida
frágil
nueva
en la madre del bebé diminuto que vi en el subte

iba el miedo a lo inmanejable.

La franja de los recién nacidos
es la franja efímera.
Estoy en la franja de las que a veces
duermen mal de noche.


CLARA MUSCHIETTI (1978, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Fuente: Substract Ezequiel Zaidenwerg
Enlaces: Festival Internacional de poesía de Rosario | Emma Gunst | Otra iglesía es imposible
Imagen en Hablemos escritoras


agosto 20, 2026

Gina Tebay | No importa que tan rápido escriba

Nómade en mi propia ciudad     




Armo una mochila todas las mañanas 
siento el peso en los hombros durante todo el día 
y a veces vivo  
en los departamentos y casas de mis amigas 
cuido sus gatos 
paseo sus perros  
riego sus plantas 
me hago amiga de sus vecinos 
sólo porque no voy a volver a verlos.  



Delicadeza




Nunca pude tener manos estéticamente lindas
pero en mi trabajo me destacan
la rapidez para escribir. 
Los dedos sobre el teclado hacen presión y escribo
mi mano derecha está llena de cicatrices
quemaduras de distintos tamaños
y pienso en esos hombres que se fijan
en las manos de una mujer.
Las manos de esas chicas 
con uñas arregladas y anillos brillosos
parecen salidas de un cuadro sin ninguna falla
miro las mías 
y pienso de nuevo 
en los hombres que no me van a querer
suelto el teclado
no importa que tan rápido escriba
ellos se van a ir.



Compro oro




Un corazón hecho en papel de chicle
las veredas sucias, saliva  impregnada
basura al costado de los containers
colchones y frazadas de colores en las puertas de los edificios
camino sola, contemplo todo lo que puedo
compro con la de crédito un cuarto de helado
no miro el precio
si para dos, el cuarto es para dos
no estoy tan borracha como me gustaría
y la ilusión de encontrar algo en la calle me hace caminar
cuadras, cuadras, cuadras, cuadras
siento la tensión en mis cuádriceps
a cada  paso que doy  mi saliva se acrecienta
solo puedo pensar en ese pote cerrado que llevo en mi cartera
en el momento de sentarme en canastitas 
con las medias puestas en el sillón, y clavar la cuchara en el medio
Parroquia Nuestra Señora del Parque 
las mesas vacías de un restaurante
copas, platos, servilletas de tela blanca enrolladas
todo brilla desde afuera y la escena de una familia 
comiendo en una mesa
trago saliva otra vez y agradezco 
a quién invento los auriculares
                                                                                                                       falta poco 
voy por pellegrini, llego a entre rios, despues mitre, sarmiento, san martín 
los locales cierran y las calles siguen iluminadas 
me acuerdo del poema que escribimos esa vez con chat gpt
los dos sentados en una mesa con sillas de lona
una coca cola cada uno 
alcohol no, esta vez no
pienso en vos y no me arruina como antes
justo cuando me doy cuenta 
ya no queda nada, casi llego
y trago saliva  para dar unos pasos más.


La imagen muestra a la poeta Gina Tebay con el cabello castaño, largo y lacio, peinado parcialmente hacia atrás. Tiene una expresión serena y mira directamente hacia la cámara.Iluminación: La escena está iluminada por una luz solar directa e intensa que entra desde el costado. Esta luz genera un fuerte contraste, creando sombras marcadas en la mitad de su rostro y líneas de luz que resaltan sus facciones y su cabello.Vestimenta: Lleva un buzo o sudadera de rayas horizontales blancas y negras con un cuello alto oscuro por debajo.Fondo: El fondo es de un tono rosa viejo o pastel sutil, con un cuadro colgado en la pared ligeramente visible a la izquierda y el borde de otro elemento oscuro en la esquina superior derecha.
GINA TEBAY
(Rosario, Prov. de Sante Fe, Argentina)

agosto 16, 2026

Eduardo Álvarez Tuñón | Es vana la quietud y es inútil la fuga

Poeta de perfil, fotografía en blanco y negro

El elegido    

«...conosco i segni dell´antica fiamma..»
(Purgatorio, XXX, 46- 48 )    


Es vana la quietud y es inútil la fuga:  
Cuando alguien ama, una ciudad se acerca. 
La anuncian los aromas de la noche y la espera. 
Quien recorre sus calles lo hace en busca de un rostro. 
Son eternas las vísperas si atraviesas su puerta. 
No querías volver. Te sientes viejo 
y ya la lluvia bendice tu retorno. 
Es vana la quietud y es inútil la fuga.
Los árboles lo dicen a tu paso: 
Amas a esa mujer porque la has visto
en un lugar de la tierra en donde nadie ha muerto
y envidias nuestras ramas que pueden darle sombra. 
Una ciudad se acerca. No apartes este cáliz.
Interrumpe tu viaje, que son bellos los miedos
y si no la recorres ella desaparece. 
No amarás un color porque alguien lo ha visto.
Nada ha de conmoverte cuando caiga la tarde.
Recuerda el signo de la antigua llama: 
De nuevo una mujer y una ciudad.
Los árboles lo dicen a tu paso:
No es el amor que vuelve. 
Es obra de los días y los vientos.
Te han elegido.
Han querido enseñarte lo que sintió la piedra de viejas catedrales
cuando alguien la apartó de aquél secreto río
y vio su soledad transformada en un templo.

EDUARDO ÁLVAREZ TUÑÓN (1957, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: JotDown | Festival de poesía de Buenos Aires
Fotografía: Carolina Clerici


agosto 12, 2026

Homenaje a Juan Gelman en la UNTREF


Este miércoles a las 19 en el Rectorado Centro         

En el marco de los 50 años de la dictadura, María Negroni, Alejandro García Schnetzer, Larisa Cumin y Juan Moretti recordarán al autor de “dibaxu”, una obra en la que explora la memoria, la lengua y el desarraigo. 
Por Silvina Friera 

  
Schnetzer afirma que Gelman "logró escribir lo que nunca se había escrito". 
La minúscula como un modo de estar en el mundo, sin acatar las reglas ortográficas: eris/ mi única avla/ no sé tu nombri/ (eres/ mi única palabra/ no sé tu nombre). Juan Gelman (1930-2014), que escribió dibaxu de 1983 a 1985, una obra en la que explora la memoria, la lengua y el desarraigo, era de origen judío, pero no sefardí. Los poemas de ese libro fueron “la culminación o el desemboque” de Citas y comentarios, dos libros que compuso en el exilio y cuyos textos dialogan con el castellano del siglo XVI. El acceso a poemas como los de Clarisse Nikoïdski, novelista en francés y poeta en sefardí, desvelaron en el poeta “esa necesidad que en mí dormía, sorda, dispuesta a despertar”, de medirse con el sefardí o judeoespañol, confiesa el propio autor en una nota incluida en la primera edición de 1994. “Sé que la sintaxis sefardí me devolvió un candor perdido y sus diminutivos, una ternura de otros tiempos que está viva y, por eso, llena de consuelo”, reconocía el poeta.

En el marco de los 50 años de la dictadura, la UNTREF homenajea a Gelman en una nueva edición de la Serie de Lecturas Frost, organizada por la Maestría en Escritura Creativa, este miércoles a las 19 en la sede Rectorado Centro, Juncal 1319, con inscripción previa (maestriaenescrituracreativa@untref.edu.ar).

Participarán del homenaje Alejandro García Schnetzer, Larisa Cumin, Juan Moretti y María Negroni. En el centro de esta celebración estarán los poemas de dibaxu, un libro que el propio poeta definía como “una reflexión sobre el lenguaje desde su lugar más calcinado, la poesía”. García Schnetzer, editor y autor de Requena, plantea que es “una obra compuesta en una lengua minoritaria y adoptada, aprendida y recreada, es también una obra sui generis en la literatura de su siglo, y representa un aporte significativo al reducido corpus de poesía en djudezmo posterior a la Shoa” y la define, también, como “una obra exiliar, compuesta en una lengua de exilio”.

“Nunca la subversión estuvo más viva”, dice Negroni sobre dibaxu. “Ya desde el comienzo, y al margen de los temas sociales o políticos de su obra, que no reniegan de lo cotidiano, del amor y la ternura, Gelman pone en marcha sucesivas ofensivas contra los límites de su instrumento verbal. De ahí que toda su trayectoria culmine en un libro que se concentra en la argamasa misma del lenguaje invocando las evoluciones e involuciones de la lengua, a lo largo de múltiples y larguísimos procesos migratorios, temporales y geográficos. Podría decirse que dibaxu con todo lo que arrastra de desgarradura, dolor y espanto es también su más extrema apuesta a favor del asombro y la gracia, incluso si ante la pregunta: ‘¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre, hasta aquí no?’ la voz responde: ‘Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas. Sangran’”.

Negroni, autora de El corazón del daño y directora de la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF, afirma que Gelman, autor de Violín y otras cuestiones, Gotán, Cólera buey, Los poemas de Sidney West, Valer la pena y Mundar, entre otros, es “una figura excepcional” dentro de la poesía argentina del siglo XX. “Su trabajo está ligado a la militancia política de los años 60 y 70 y más tarde a los días de la gran desaparición y el exilio, cuando quedaron, lejos, perdidos en la patria, los ‘huesitos’ de los compañeros, el hijo secuestrado, la palabra abatidos, y aún más tarde, como si no fuera suficiente, al duro aprendizaje de la derrota cuando hubo que ‘juntar los pedacitos’, aprender a vivir entre animales muy enfermos. Su poesía lo dice incansablemente: es trabajosa la muerte de un sueño, solo quedan harapos, gestos, palabras secas”, enumera la escritora. “El poeta debe trabajar con esas ruinas -agrega-. Hurgar entre escombros, medir las secuelas de la pérdida, pasada y venidera, individual y colectiva, inventar una sintaxis que haga trizas el discurso para que puedan aflorar de nuevo los primeros pasos de la lengua, sus infracciones, su alborozo”.

La directora de la Maestría en Escritura Creativa cita a Gelman: “Las palabras me gravemente tocan”, y enfatiza que esta reconfiguración de la sintaxis es cierta. “Las palabras lo tocan, cada vez con más saña, los significantes se sueltan: los sustantivos devienen verbos, los superlativos adverbios, los artículos cambian de género, los adjetivos se califican entre sí, se altera la función de los verbos, se reemplaza a las disyunciones por sinonimias lógicamente imposibles. Y todo para que el cuerpo, el cosmos, el animal, el signo se paren ‘ante la ciega de la muerte’, y no cesen de argumentar con preguntas, con piezas de un rompecabezas que, aún cambiadas de lugar, vuelven a decir ‘el escándalo de la belleza incesante’, con su percusión de marcha fúnebre, su desconcierto ante la insensatez del libro humano”.

Schnetzer analiza el legado del poeta y subraya un aspecto central: su arqueología del castellano de los siglos XV y XVI, presente en Citas, Comentarios, dibaxu y Com/posiciones. “Hay otros, pero basta leer esos cuatro libros para admitir que Gelman logró escribir lo que nunca se había escrito, ni se volverá a escribir”.


Poemas de JUAN GELMAN, aquí

julio 14, 2026

Ricardo Ruiz | Pluma o piedra en el vacío


sostener  
una idea 
mientras cae 
  
su caída 
cuidar 
  
a quienes 
por ella 
con ella 
caen 
  
pluma 
o piedra
en el vacío
 
iguales
cayendo
 
quienes
sin ella
no pueden
levantarse
sobre
la sombra
del caer
 
en nuestro
su cuerpo
de verdad
 
sostener
cuidar
esa idea
 
con ella
alzarse
otra
 
y
otra vez


 
//



del nuevo
oscuro desván
de la historia
de este régimen
 
desciende
 
elegido
por sus víctimas
 
ínclito
en su espejo
de odio
 
en tanto
sus edecanes sus dueños
trepan las escaleras
de sangre prometida
 
entonando
música de idiotas
para idiotas
 
ellos
cantando 
en tiempos sombríos
la lógica del crimen
del saqueo
 
sus facultades delegadas:
el decir de sus amos
 
nudo de lo real
 
la lucha
permanece 
en su condición
de plegaria
 
áspera
 
la voz de la calle
el canto del gallo 



//



al borde
de un río
o un lago
que sigue
siendo
un río
 
una ciudad
creciendo
desde sus pies
de agua
 
el presente
de una memoria
a descubrir
un laberinto
donde perderse
y encontrarse
 
en el amor
de la amistad
del amor
 
dando vueltas
al volver
y otra vez
dando vueltas
 
un libro
donde traducir
sobre lo escrito
lo dicho
sobre lo dicho
la pérdida
de sentido
de la pérdida
un giro
un puerto
la música
de un parque
 
y sus calles
que nos siguen
llevando
a cualquier parte
de todos nuestros días


//  

Ir y quedarse y con quedar
partirse.
Lope de Vega
 
 
a veces
escucho
el silencio
 
de aquel cielo
que compartimos
 
repito
tu nombre
abreviado
en un susurro
cambiando
otra vez una letra
del sol en vos
 
cuando huye el día
 
a encallar
en la noche
hace tanto tiempo
 
nuestros
corazones
marcando
las horas
de otro lugar
 
nuestro cuerpo
no tuvo frontera
 
de uno al otro
dos es infinito
ahora
decimos
nada
 
es otra vez
 
una playa
entre piedras
y arena
el sol
que se oculta
 
en sus grietas
caminamos
 
al costado
de un mar
de pájaros
 
en silencio
 
escuchando
del otro
lo que ya sabemos
 
no hay lugar
al que volver
 
juntos
 
de la mano
bordeando
el paisaje
de una vieja foto
 
dibujando
el mapa del olvido



De: "Parte de la trama", Barnacle, 2026
Otros poemas de RICARDO RUIZaquí


julio 09, 2026

Fabio Cardarelli | Poemas vencidos

¿Cómo se genera un recuerdo? Fabio Cardarelli ha escrito sobre ese territorio que encuentra correspondencia con lo frágil y su significado, o dicho en otros términos: acerca del orden autónomo de un mundo que guarda entre sus pliegues la cualidad de lo que se puede romper (“La tragedia antes que el arte. / Primero el devenir, luego la historia. / La palabra, luego el hombre”).

“Poemas vencidos” indaga esa zona fértil, la mayor fabricación de letanías del cosmos, en la secreta convicción de que el corazón es un perro obediente y sanguinario donde se cifra un propósito; un día, un nombre, una sola frase (“La oscuridad en que se disipan. / La ciénaga que devora su dulzura”). Así reorganiza, en el testimonio de las evocaciones, la fuerza de un argumento: una lengua recobrada que exalta y divide en sus operaciones la magia y la sagacidad. Todo aquello que seguirá acechando a continuación de la última palabra escrita (“dni 20288130, / estaré vestido / para la ofrenda”).

                                                                                                                         Alberto Cisnero




Cuando se desmorona la noche,
y no encuentro
una palabra hermosa para levantarla
un sostén que valga el corazón de un muerto
una resurrección que corte la soledad y sus raíces
se me hace indispensable
comer
con fatal ansiedad
con la torpeza del recién nacido
fibras grasas huesos semillas
el cuerpo crudo de un animal abandonado
huevos de pájaros estériles 
     harinas  ángeles frituras
que martillen firme y duelan 
     saturen el camino donde retornan las palabras hermosas
hasta desconocerlas
hasta olvidarlas
 
así descanse 
en su finita paz de plomo
colmado breve de su tarea primitiva
de su intención elemental
mi pequeño
e insaciable
corazón.



Si ves,
no tengo herramienta precisa,
apenas una cúpula de aves
comiendo granos en el piso
que ante una leve brisa espantan.

Si ves,
lo que sujetan mis manos
se cuela en la inasible posesión de una palabra,
pero como las palabras
son de esas cosas que se gastan u olvidan
perderé esa fortuna.

Me quedará
el nombre de una mujer 
que se asiló en mi fe,
              el planteo sistemático e intrascendente
de volver a nacer,
 
y la duda perpetua
de si aquel mendigo
que veía 
en mi infancia
escarbando indiferente y manso  
                era Dios.



Cuando los brazos de la tierra suban a buscarme,
dni 20288130, recordaré a Pedro, dni 19538759,
hablaremos de aquellas flores
que se abrían bajo el rocío cuando habitamos
la casa del molino, soplaré su nombre, recuérdalo  
Ana, dni 21764932, que vivimos juntos el fragor de la infancia,
intentaras creer que no todo es
camino pedregoso moho ortigas
gas de estrellas fugaces
destellos de amor entre senderos, por entonces
habrá nacido Julia, dni 19733078, luego
Marcos, dni 20338170, y unos años después
Bernardo, dni 24256449,

serán, fueron, son
como abejas blancas posadas en
nuestros huesos vigorosos

burbujas
de luz
sobre tus blandos pechos

como vemos, todos merecemos filiación
orden
reglas
un número que nos ancle en el misterio
aprobar certezas
legitimar un alma
creer que estuvimos sobre esta tierra, pero

hay muertos que ya no crecen Carlos, dni 22764932,
cada mano aprieta el ramo pesado de la desolación
como un 
oropel de promesas inválidas te fuiste te fuiste
tan diminuto

del pregón obtuso del párroco Juan, dni 6442991, nacía
como un glaciar la tibia duda, ¿oraba por nuestra fe? 
     ¿por la fe de Pedro?, dni 19538759, ¿por la miel 
     de tu arcón? ¿por el pan de todos? 
¿por la memoria que como un sudario
quedaron translúcidos los rostros? ¿por el cansancio
de las almas? ¿por los náufragos que habitaban en
los cuerpos movedizos? ¿por
quién oraba? pero

hay muertos que no vuelven a nacer mi querido José, 
     dni 21764442,
y es inteligente el dolor

sabe de quién alimentarse

todos merecemos ser reales
gozar entidad
tener destino
una letra un silbido a la distancia
un canto que nos llame desde cielos lejanos,

no el eco turbio de ese pueblo
cuando la casa del molino
nos mastica y traga, por eso
cuando los brazos de la tierra suban a buscarme,
dni 20288130,
estaré vestido
para la ofrenda.



FABIO CARDARELLI (1969, Villa Nueva, Córdoba, Argentina)
De: "Poemas vencidos", Ediciones Barnacle, 2026

julio 07, 2026

Mirta Rosenberg | Entre tantos avatares


Bestiario íntimo


Si alguien querría ser una tortuga
sería yo:
hacer de una sección cónica
mi propia sede prehistórica
alojada en la espina dorsal.

Ser tortuga
tiene algo de ideal:
desde joven luce arrugas
y en sentido literal
se hace mayor con los años
– a más edad
más tamaño.
Post-matrimonial,
sin lazos familiares
después de desovar,
igual a todas y cada una,
naturalmente hija de la luna,
sin embargo
no hay cisma
entre ella misma y sus lares.

Entre tantos avatares,
para mí
que estoy en mí
– puro apremio sin molicie –,
poco cuenta que sea lenta
su marcha en la superficie:
eso
me haría durar
y capaz de entrar al mar,
– que cubre dos tercios del mundo –
sabiendo que si me hundo
gano velocidad.


Otros poemas de MIRTA ROSENBERGaquí

junio 28, 2026

Laura Wittner | Buscando recuperar el estado de flotación


RESPONDIÉNDOLE A CARVER DIEZ AÑOS DESPUÉS     



El cuerpo no pesa lo suficiente sobre el colchón 
el deseo de dormir se diluye 
en el deseo de todo. Este hartazgo 
no se puede glosar. 
Ni siquiera es hartazgo. 
Para que el cuerpo logre algún reposo 
la mente tiene que salir al aire gélido 
en estampida, pero estampida silenciosa 
como todo lo iluminado por la luna. 



CASA EN EL BOSQUE




Afuera, restos de agua
cuelgan de las piñas que cuelgan de las ramas.
Varias formas ovales proponiendo desprenderse:
todo baja.
Acá, un silencio excelente. Ráfagas breves
de gotas de último momento sobre techos y vidrios.
La nube, que termina de exprimirse
y manda optimistas latigazos.
Un calor raro, sobreinducido,
para marearnos por la noche,
ahora, con el alerta de las naranjas y el café,
casi nos hace estallar de expectativas.
Coronando actividades mudas,
motores y fluidos que sabrán lo que hacen:
lo hacen, supongo, por nosotros.



PASEO




Buscando recuperar el estado de flotación
que existió una, dos veces como mucho
en cada relación o actividad
la persona sale de su casa,
testea el aire, elige la postura y se lanza hacia delante
para un rato después encontrarse circulando
entre escenarios de los que espera demasiado:
muy verdes hojas de hiedra sobrecrecida
como trapos colgando de un alambrado de uno treinta,
luces amarillas de un fulgor desconcertante
que en su disposición son molde
de lo que se llama planetario,
graffitis modernos con pintura plateada
el tren que justo entonces pasa por encima,
en fin,
           todo tipo de cosas sugerentes
que algo tendrían que entregar
si el cable de este razonamiento
no se hubiera cortado en algún punto.


De: "Lluvias", Bajo la luna poesía, 2009
Otros poemas de LAURA WITTNER, aquí
Imagen en rosario3

mayo 14, 2026

Joaquín Giannuzzi | Un foco de energía estallando hacia la gracia

El galgo    




Vi la carrera de un galgo filmada en cámara lenta. 
Era como soñarlo. El mecanismo del movimiento 
diseñaba una coreografía 
de ondulantes miembros articulados 
para mínimos puntos de apoyo. Blanca 
la estirada estructura moteada, sobre finas columnas 
que extendían tensiones dilatadas 
hasta límites regidos 
por una pulsación aérea de velocidad. 
Un foco de energía estallando hacia la gracia 
de un orden sano bajo el sol, 
mientras hacia atrás corrían 
confusamente, nubes, árboles y vientos.
Y yo sentado
aplastado al planeta con excesiva grasa
y mi torpe universo dislocado.
Equivocado y discontinuo,
una distorsión oscura
que jadeaba ante el galgo, su decisiva claridad.



Otros poemas de JOAQUÍN O. GIANNUZZIaquí
Fuente: Correo de Ezequiel Zaidenwerg

mayo 01, 2026

Pablo Caramelo | La ausencia no tiene explicación


La lectura ocurre cuando se lee por segunda vez un texto, cuando se puede interpretarlo. El azar me ha deparado esa oportunidad. Pablo Caramelo en “Un zumbido bajo y constante” recorre un periplo compuesto de enigmas; con altivez y un lenguaje directo presenta una retórica descriptiva o el efecto que lo real produce en la subjetividad. Una vida particular, una historia íntima, el proceso mediante el cual se puede inferir la emergencia de un conflicto propio de aquellas zonas tangibles de la experiencia con el orden de lo imaginario (“nada en este mundo debería ser / tan hermoso y tan ajeno”). El autor tensa de modo ex profeso la dimensión biográfica y testimonial en la construcción del sujeto y del texto, evocativo y sombrío, con una lógica excluyente: donde hay vida, hay amor. A partir de esos materiales cifra la intuición lírica en su plena intensidad y logra un equilibrio inconmensurable como un recuerdo. Sin obviar los sucesos de la época, los dislates de la moral burguesa, el quebrantamiento de las leyes, el sentido común (“Aún hay magnicidios y récords deportivos, robots / que galvanizan muertos a distancia”) y los ruidos creados por los norteamericanos, entre esa dispersión y polifonía, queda todavía un mundo más antiguo, más firme: “Venías sólo a darte cuenta del amor”. Así se templa el acero.   
                                                                                                                                        Alberto Cisnero                                         
2    


En cada turno oscuro un gemido coral,  
en cada indicación imprecisa  
las madres asfixian al futuro dios 
entre sus ropas, el zorzal se aturde 
cuando su canto grazna y, entonces,  
prefiere hundir también sus patas 
en los desagües fríos y resignarse
a una tonada más simple, más antigua.
Los ciclistas que recorren la noche 
relatan ese repliegue de la vida, cuya 
penumbra vibra para bien y para mal,
y turba a los ancianos despiertos: 
nunca tardaron tanto las señales del cielo.
Sombras sobrecogidas en vano, regatean 
sus horas en nombre de un antiguo velar.
Un pregón entra en el palier, recorre el pasillo
de la morada, padres supernumerarios frotan
el moho de los pesebres. Resuellan edictos,
despachos de un nuevo orden jadeante.



5



De vez en cuando, en medio de los gritos, 
un destello. Una emergencia luminosa, 
imposible de seguir. Con la apariencia 
de relax que nos produce esa epifanía,
nos miramos: no alude a un mundo sumergido. 
Es ella misma. Un cambio de aire para seguir 
la agitación sin rumbo. Hablamos mucho 
sin obtener nada. Extraviamos la taza de té 
y el sentido del brío. Sin numen ni penurias,
en el cuarto inmenso, tres clavos en la pared.  
Abrazados, discutimos la imagen que sostenían.



15




¿Una pelota de cuero, entonces,
no debiera ser objeto de devoción,
sin que decidamos, luego, jugar
y disolvernos? Ay, aquellos bienes: 
durante generaciones aumentaron 
la alegría, incluso en la derrota,
incluso en ese almuerzo ambiguo 
donde la silla destinada al mensajero
por primera vez quedó desocupada, 
y resolvimos desoír teorías al respecto, 
pues los misterios descarrían la teoría
hacia el misticismo, y porque la ausencia 
no tiene explicación, aunque con ella 
desprendamos en paz el nombre 
de cada cosa: hasta las copitas chinas 
de licor quedan deshechizadas.
Respirás con incomodidad, 
este último paseo es innecesario.
Imágenes anárquicas reinando
sobre nada, puro éxtasis negativo.
La materia acumulada por tu clan
descansa del deseo y de la historia: 
alguien reclinado te reconoce y pregunta 
si te molesta cerrar todas las ventanas.



PABLO CARAMELO (Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Un zumbido bajo y constante", Barnacle, 2026
Imagen en Barnacle Ediciones

abril 18, 2026

Rolando Revaglatti | Tres poemas de Pedro Donangelo




abril 11, 2026

Pol Neiman | El cuenco vacío

Se observa una persona joven, calvo con anteojos oscuros con una actitud reflexiva apoyando su dedó índice sobre la nariz. Viste una remera oscura. El fondo es un ámbito exterior esfumado, sin perfiles definidos


QUÉ va a ser de mí 
En los próximos sucesos 
Entre dragones no correspondidos 
Entre lascivias inenarrables 
Canciones abandonadas 
Tiempos sin segundos 
Amores de constante sueño 
Corazones que van muriendo 
Y tanta energía desparpajada. 

Olvidé quien soy
Solo recuerdo un fuego.


YA soy
el cuenco vacío
la luz antes de ser
el hombre que nunca imaginé
que sería.

El sueño aquel
lleno de símbolos:

la palabra que faltaba
el pasado hecho verdad
el presente continuo.

Pero hay algo que aún no puedo ser:

tu nombre
que ya
no recuerdo.



QUIÉN es el que dirige esta comedia sin final
en este otoño falso y prematuro
quién nos salva 
                      ahora del viento
que se lleva
lo que nos queda
de tiempo.




POL NEIMAN
(1970, Buenos Aires, Argentina)

 ¿Bastan las palabras para encontrar los significados? El uso preciso de la palabra, su ausencia: ¿son parte de un pensamiento libre que juega a alcanzar la realidad?La poesía de Pol Neiman habita una realidad de “Sangre, Dios y Rocanrol” y su realidad podría ser la nuestra. La de cuando nos mordemos la boca para ‘quitar la forma al recuerdo’ y salir del ‘laberinto’ aun heridos por la sangre y, no volver.Un claro lenguaje siguiendo el rumbo con la brújula de la tristeza, que dice lo que quiere decir y lo que oculta. Una metonimia de lo callado. Un tropo. La  belleza de una eternidad que nos deja de rodillas en este mundo ‘igual que sus palabras’.Dios perdonará. En tal caso, sea como fuere, ha deperdonarnos.

 Silvia Camerotto


abril 03, 2026

Diego L. García | Es el paisaje monótono pero suficiente

La imagen muestra a un hombre en primer plano, retratado desde los hombros hacia arriba. Tiene el cabello corto y oscuro, con una barba bien cuidada que enmarca su rostro. Su expresión es serena y ligeramente introspectiva, con una mirada directa hacia la cámara que transmite cercanía y cierta intensidad.  Viste una remera gris y encima una prenda oscura, posiblemente una campera liviana o suéter con textura. La iluminación es suave y natural, entrando desde un costado, lo que genera sombras delicadas que resaltan los rasgos de su cara.  El fondo es neutro, en tonos claros, con una pared lisa que no distrae, lo que hace que toda la atención se concentre en el rostro del sujeto. La composición es simple pero cuidada, con un estilo que recuerda a un retrato editorial o fotográfico profesional.

vaqueros        



todo trata sobre vaqueros 
 
el amor por ejemplo es un viaje al oeste 
sin Texas ni Kentucky 
(tal vez como la Dodge City 
de Errol Flyn) 
 
el tiempo lento de la literatura 
es el paisaje monótono pero suficiente 
del desierto

podría tirarme a mirar las nubes
mientras un tren ruidoso
vendría con maderas y monedas de plata 
y ojos maravillados
a habitar un espejismo


kitchen-sink realism

                                    Johnny, the kitchen sink has clogged for days
                                                                                Marie Howe


saco frases de un bolsillo 
después de 30 años. dicen 
cosas extrañas: alma musical,
fiestas a donde no habría que ir,
avistaje individualista. no sé,
época de remeras a rayas horizontales, 
naranjas. rojas y blancas.

si nos pusiéramos a discutir
de política en lugar de besarnos 
y secar los platos y alimentar
a los gatos, lo que se iría
por el desagüe terminaría siendo 
otra frase perdida y una pena


Otros poemas de DIEGO L. GARCÍAaquí

marzo 24, 2026

Gustavo Toba | La reminiscencia de algún panel televisivo

Nuevas maneras de ser feliz    


(sobre un poema de Óscar Hahn)

La mesada está cubierta con las frutas que comemos por la tarde en el living de tu casa. Ayer salteamos la merienda para ir hasta la rambla que inventaste a señalar los espacios que habitamos desde afuera. Corazón, vas superpuesto con el punto hacia el que vamos, reflectado en el vidrio de una tienda de chucherías. 


Intentás habitar tu cuerpo 




En la fiesta podrías haber bailado
pero te dedicaste a escuchar 
una charla de mujeres 
y a fumar un cigarrillo. 
El sueño te impedía mirar 
lo que, de todos modos, 
no veías



El pasajero




Dejás atrás los miles de nombres 
que fuiste dándoles a las cosas 
y que se perdieron sin dar aviso. 
Sentado en el aeropuerto de Vancouver 
escuchás la melodía cruel 
que una estudiante toca 
en un mundo paralelo


Camarones 




El sol te cegó los ojos 
aunque estaban cerrados.
Los abriste solo para mirarlo de frente 
durante el momento en que 
una bandada pasó ligera 
por encima de tu cabeza


3




Sobre todo, no ser el causante de lo que ocurra. 
Hay que estar un poco roto 
y a la vez sostenido 
por la obstinación en que vivimos.
Cada día es una anotación 
con un aire de consigna. 
Y hablando de la experiencia: 
¿vas a decir que no llegás a nombrarla?  
Si la risa loca de las palabras 
parece que te dijera: 
“al final es tu vivencia la que era un juego, 
¿ves que no pasa nada?”


Bulnes y Rivadavia




Quizás haya llegado con los años
a un secreto escepticismo 
respecto de la eficacia
de su trabajo, y tal vez no fui el único 
que se preguntó si su experiencia 
lo habrá llevado a interrogarse   
si su práctica era solo un pasatiempo.
Desde un principio lo habrá sabido: 
quien ofrece un talento debe agregarle un carácter 
y no hay mejor modo de llamar al estilo 
que confiarse a la repetición y la persistencia. 
Redujo su proceder a una economía tan férrea 
que la volvió un axioma: guardar silencio 
hasta el colmo de lo tolerable. 
Lo trabajoso no sería la cura, que no estaba 
en sus manos, sino mitificar su pose 
y resistirse a la tentación de hablar. 
La parquedad sería su sello, 
y si por él hubiese sido 
habría extremado el personaje 
para no hacerse escuchar hasta dar 
por terminada la sesión; 
pero sin una frase de tanto en tanto 
él mismo se hubiera evaporado.
Con el pasar de los años llegó tal vez
la apesadumbrada conclusión: 
era imposible dictaminar si su práctica
incidía en los trastornos de sus pacientes. 
Nadie, a decir verdad, se curaba…
La clínica le habrá traído entonces 
la reminiscencia de algún panel televisivo: 
la gente acudía para animarse a dejar una pareja 
para decidirse a estudiar una carrera 
o para conocerse a sí misma. 
En esos casos quizá ayudara
pero la perspectiva de esa vida burguesa  
seguramente lo aburriría. ¿Qué hacer?
No podía perfeccionarse más que en el arte 
de la ocurrencia: no había otra cosa. 
¿Habrá sentido alguna vez disgusto 
al detectar una dolencia en la forma 
de una broma o una ambivalencia 
expresada en un olvido? 
Se dedicó a pensar libremente 
en las sesiones 
como si fuese un llamado del destino. 
Era imposible (para el otro) confirmar lo que él hacía. 
Su distancia se hizo majestuosa: 
una herramienta forjada a mano y aplicable a cada caso.
Además, quienes hablaban, no lo veían… 
Una tarde citó a Boileau: “Lo mejor es lo posible”,
¿y qué era sino pensar lo que allí 
básicamente se podía? 
Por lo que ya estaba todo dicho…  
Especuló cada vez con mayor arte. 
¿De qué se lo podía acusar? 
En definitiva, esa había sido su pasión
además de la enseñanza, la reflexión y cada tanto 
la escritura sobre unos conceptos con nombre alemán 
y flexión francesa que lo ocuparon 
al punto que les dedicó su vida


La imagen muestra a una persona joven que sostiene sobre su pecho un gato moteado con manchas marrones. El mismo cubre parte del rostro de la persona quien viste una remera blanca sobre un fondo de una pared también blanca o tenuemente gris. La sombra de la persona retratada se proyecta sobre la pared
GUSTAVO TOBA(1973, Buenos Aires,  Argentina)
De: "Sobre el destiempo", Barnacle, 2026

Imágenes delgadas, tenues, sostenidas por las líneas finas de la mirada, que se posa sobre los objetos casi como si flotara. Relicarios de una fe perdida, o que llega tarde, cuando la escena ya se ha disuelto, y solo queda de ella una rememoración difusa, titubeante, difícil de recordar, casi indescifrable. En los poemas de Gustavo la atención parece funcionar fuera de compás: demasiado detallista para acompañar un pensamiento que ya está en otro lado. El pensamiento tiene forma, pero la suspensión de la forma también es un pensamiento. Por momentos me da la impresión de que en estos poemas hay un pensamiento que escribe y otro que lee, que no funcionan al unísono pero que muchas veces se confunden. Podría imaginarme que la poesía de Gustavo habita el espacio de ese desencuentro, pero sin embargo a veces la conjunción se produce, y entonces su poesía conquista un instante.

Ezequiel Alemian