Tres poemas de Matilde Casazola

 I      




Amo mis huesos 
su costumbre de andar rectos 
de levantar un semicírculo 
para abarcar el cielo 
de encadenarse en filigranas diminutas 
para favorecer el movimiento; 
amo mis huesos con sus cuevas 
sus salientes
y sus curvas profundas.
Si hubiera sido insecto,
también habría amado mis antenas
como amo ahora mis ojos con sus cuencas
y mis manos inquietas
y toda esta estructura
en la cual vivo
en la cual soy completa.
Y le doy gracias al discutido Dios 
de creación perfecta o imperfecta 
de existencia absoluta
o no existencia,
le doy gracias 
en uso
de mi cuerpo y su esencia.
Al menos, comprendo su intención: 
sé que era buena



La ciudad cerrada


1

Estremezcámonos: 
la vida es movimiento.
Moscas rondan y rondan por mi espacio 
(este pequeño espacio 
de cuatro paredes alquiladas).
Nunca las tomo en cuenta 
a no ser para darles el final golpe de gracia.
Mis pies se asientan
buscando tierra firme
—invisible circuito de vida los recorre—.
Pero mis pies apenas saben 
de cemento y de hierba; 
no se preguntan nada 
y continúan caminando ciegos.
Toda la vida está llena de tentáculos ágiles 
que alcanzan o reciben 
depositan tesoros 
aletean promesas.
Con títulos firmados 
límites, reglamentos
pasamos la maravillosa aventura de vivir nuestro turno 
uniformados en legiones obedientes 
y casi olvidándonos de lo que somos.
Bendita orilla
paraíso sin nombre todavía
donde poder oír el ritmo de nuestra propia sangre
y acordarnos nuevamente 
de la verdad eterna.
Donde hasta la serpiente sabe por qué vive. 
Donde no hay que inventar razones 
para justificar nuestra presencia.
¡Oh bancos del Estado 
monedas rodando por las calles 
oh múltiples pelucas 
de ciento tres coma un colores!
Pero la industria se iría por los suelos 
y la patria y su bandera, y el progreso.
Pero diremos qué felices somos 
sentados a la mesa 
con cubiertos dorados.
Estremezcámonos, siquiera entonces:
Señoras y señores
la vida es un amable sueño
con cine y macetitas decoradas de antemano.
Viva la vida
y los pies encerrados en vistosos estuches. 
¡Adiós cerros inaccesibles y lejanos! 
no servís para nada 
a no ser para poneros 
en alguna vitrina al precio de ocasión



10



Detrás de los letreros 
hay gentes que respiran.
Grises gentes que se nutren 
de luz artificial, 
de mortal 
languidez
y sofocante espuma 
de palabras mil veces 
repetidas.
Detrás de los letreros 
están los verdaderos 
personajes de la vida
53
contorsionándose, asfixiados por el denso 
humo letal que expelen 
la industria y el progreso.
Hombres en camiseta
gordas mujeres de pisada lenta
barren la esquina
vacían ceniceros
inacabables
se acuestan agotados
espalda contra espalda
fijamente
mirando
el resplandor de incendio
que en la pared reflejan los letreros.
Día tras día
las fechas del almanaque caen
se desgranan
sobre su frente triste
cuadriculada
de espesa propaganda.
Jugándose su suerte
a un buen vaso de vino
al partido de fútbol
en la televisión de los domingos,
desprolijos y ufanos
los abatirá la muerte


poetas bolivianas, Tríptico
MATILDE CASAZOLA MENDOZA
(1943, Sucre, Bolivia)
De: "Tríptico", Municipalidad de Lima, 2020

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