Silencio del poema fallido, del espejo ausente de las
confesiones, de la lengua atascada en el horror.
Silencio del ciego ante un súbito resplandor.
Silencio del ojo hipnotizado por el fuego, y del ojo que se
escruta a sí mismo hasta el llanto o la intriga.
Silencio de la ropa fuera del muerto, del perro desorientado
bajo la noche del eclipse, del barro aprisionado en la
vasija...
Otra ciudad
Cuando levanto la vista veo nieve,
nieve refulgiendo desde el televisor.
Como siempre, titilan sobre el mapa
los lugares donde una no está.
Seguro extrañaría el mercado de flores
y despertar en este piso octavo
que se abre desafiando al viento.
La verdad es que hubo un solo día de nieve
y que hay una posible segunda versión
para las cosas conocidas.
Las valijas están hechas desde siempre
y además están sobre el sofá
en posición de espera.
Ese momento dura, se sostiene,
es una manera de estar:
estar a punto de ser abandonado...
Los árboles botticellianos
El alfabeto de
los árboles
se deslíe en la
canción de las hojas
las líneas
transversas de las sutiles
letras que enunciaban
el invierno
y frío
refulgen
verde esmeralda
con
la lluvia y el sol --
los simples y estrictos
principios de
las ramas rectas
aparecen atenuados
por levísimos
retoques de color, rasgos
de devoción
las sonrisas del amor-
........
No conocía este placer de obediencia a una ley. Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído. Recorro la ciudad y me siento extranjero. No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo y ya no sé de qué conversar con ellos. Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña. No recordaba haber deseado con tanta urgencia la soledad. Son señales. El animal las conoce y las obedece. Cuesta mucho encontrar un zorro muerto, un jabalí muerto. Antes se esconden.
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