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Zefi Daraki

La imagen muestra a una persona recostada en una cama o diván con respaldo de mimbre o similar. Viste una camisa blanca y un cárdigan claro, y está apoyada sobre un cojín grande, con otro más pequeño al lado. Sostiene un marco decorativo entre sus manos —podría tratarse de una foto o una obra gráfica—. La escena es en blanco y negro, lo que le da un aire nostálgico e íntimo.

Un poema     




Vamos a dar 
un paseo matinal  
vamos a hablar 
de hechos inexistentes 
de hechos imprecisos. 
Se trata de personas que nos hemos imaginado 
de palabras que nunca hemos dicho.
Vamos a defender
el silencio más indefenso
encontrarnos con 
los ojos que hicieron emigrar al cielo
vamos a besar
a cuantos podían amarnos.
Vamos a insistir
en lo indeterminado de nuestro destino.



ZEFI DARAKI (1939, Atenas, Grecia)
Antología de la poesía griega", José Antonio Moreno Jurado, editor y traductor, Ediciones Clásicas, Madrid, 1997. En Facebook, Jonio González
Imagen de Dirt Skiba

Constantino Cafavis: Un candil


He ido     




No tengo ligaduras; 
me abandoné a todo. 
He ido en la noche iluminada 
hacia goces que eran mitad reales 
mitad elaborados por mi espíritu. 
Y he bebido un vino fuerte 
como beben aquellos 
que se entregan valerosamente al placer. 



Cuerpo, recuerda     




Cuerpo, recuerda, no sólo el ardor 
con el cual fuiste amado; 
no sólo los lechos sobre los cuales 
te has acostado, sino esos deseos 
que brillaban por ti en los ojos
y temblaban en los labios,
y que un obstáculo fortuito
ha impedido que se cumplan…
Ahora que todo eso pertenece al pasado,
casi parece que te has abandonado a ellos…
Cuerpo, recuerda esos deseos
que por ti brillaban en los ojos
y temblaban en los labios.



Un candil




En una pequeña estancia
completamente vacía
con los cuatro muros
tapizados de telas verdes
un bello candil se incendia,
y una pasión, un deseo lujurioso
arde en cada llama.
Los fuegos del candil
inundan la pequeña estancia
de una claridad que no se parece en nada
a las luces habituales.
Y la voluptuosidad de su calor
no está hecha para cuerpos pusilánimes.





CONSTANTINO CAFAVIS
Otros poemas de CONSTANTINO CAFAVISaquí
Fuente: Centro Editor de América Latina, Los grandes poetas, 1988 vía Fb Liliana García Carril
Traducción: Juan Carvajal
Imagen: Politeinet.gr







Nicos Cavadías: Leía con ardor a la santa de Ávila


Marabú (i)   




Dicen los marineros que viajan conmigo 
que soy un tipo agrio, intratable y malvado, 
que odio a las mujeres de una manera ruin 
y que yo nunca suelo acostarme con ellas. 

Y aún dicen más, que tomo hachís y cocaína, 
que una pasión terrible me tiene poseído, 
que tengo el cuerpo lleno de horribles tatuajes, 
extraños y angustiosos, con los que estoy marcado. 

Y aún dicen otras cosas peores, muchas más,
que, sin embargo, son mentiras e invenciones.
Pues lo que de verdad me marcó mortalmente,
no lo ha sabido nadie, a nadie dije nada.

Pero ahora que ha caído la tarde tropical
y huyen hacia el oeste aquellos marabús
hay algo que me incita a poner por escrito
aquel suceso oculto que siempre silencié.

Yo fui una vez grumete en un barco correo
que llevaba las cartas de Egipto al sur de Francia.
Entonces conocí a mi flor de los Alpes
y nos ligó una estrecha amistad fraternal.

Era aristocrática, ligera y melancólica,
hija de un rico egipcio que un día se mató.
Viajaba sus penas hacia tierras lejanas
–acaso allí sucede que las penas se olviden–.

Solía llevar con ella el Journal de Bashkirtsev,(ii)
o leía con ardor a la santa de Ávila.
A veces recitaba tristes versos franceses
y se quedaba horas mirando el mar azul.

Yo sólo conocía los cuerpos de las putas
–tenía un alma abúlica herida por la mar–,
ante ella recobré la gracia de la infancia
y en éxtasis le oía hablar como un profeta.

Le puse un día al cuello una pequeña cruz
y ella me regaló una hermosa cartera.
Me sentí desdichado, el más triste del mundo
cuando un día llegamos al fin a su destino.

Muchas veces pensé en ella al navegar
como mi baluarte, como mi ángel guardián,
y su foto en el puente para mí era un oasis
que uno hubiera encontrado en medio del desierto.

Creo que debería ya detenerme aquí,
tiembla mi mano, el aire caliente me fustiga.
Las flores tropicales apestan en el río
y allá a lo lejos grazna un torpe marabú.

¡He de seguir!... Un día en un puerto extranjero
me emborraché con whisky, ginebra y con cerveza,
y sobre medianoche, tropezando pesado,
me dirigí a las casas sucias de las perdidas.

Allí sórdidas hembras arrastran a los hombres
y de repente una me arrebató el sombrero
–viejo hábito francés del barrio de las putas–
y casi sin quererlo entonces la seguí.

Era un cuartito oscuro, tan sucio como todos,
a pedazos caía la cal de las paredes.
Ella, un andrajo humano que hablaba roncamente
con los ojos oscuros, negros y endemoniados.

Le dije que apagara la luz. Caímos juntos.
Mis dedos recorrieron sus huesudas costillas.
Hedía a absenta. Desperté, que dicen los poetas,
“cuando la aurora extiende sus pétalos de rosa.”(iii)

Cuando le vi la cara con las primeras luces
me pareció tan digna de lástima y maldita,
que con extraño horror, como si me aterrase,
me saqué la cartera veloz para pagarle.

Doce francos franceses... y lanzó un alarido
y vi que me miraba con sus ojos salvajes
y también mi cartera... pero yo me quedé
con la mirada inmóvil en la cruz de su cuello.

Olvidé mi sombrero, como un loco corrí,
un loco que vacila y que se tambalea,
pues llevaba en la sangre la horrible enfermedad
que juega con mi cuerpo y aún hoy lo tortura.

Dicen los marineros que viajan conmigo
que hace mucho tiempo que no veo a mujer
que soy pellejo viejo, que tomo cocaína,
mas si ellos lo supieran me compadecerían...

La mano tiembla... fiebre... He olvidado mucho.
En la ribera veo un marabú muy quieto,
y mientras él me mira a su vez insistente,
nos parecemos –creo–: estúpidos y solos.



Nagel el timonel

A N. Rando

Nagel Harbor, timonel noruego en Colombo,
después de viajar como siempre en un barco
que partió hacia un lejano puerto desconocido,
desembarcó en su barca pesado, pensativo,
con sus manos robustas cruzadas sobre el pecho,
fumando en una vieja pipa amasada en barro,
mientras hablaba sólo, en una lengua nórdica.
Marchó apenas se fueron los barcos de su vista.

Nagel Harbor, capitán de navíos mercantes,
al mundo entero dio la vuelta, pero un día,
cansado, se quedó de timonel en Colombo.
Pero siempre pensaba en su país lejano
y en las islas Lofoten pobladas de leyendas.
Y, sin embargo, un día se murió en su cabina
cuando escoltaba en puerto al Steamer Tank “Fjord Folden”
que hacia las islas Lofoten partía humeante...



El mono de un puerto en el Índico




Una vez, en un puerto del Índico lejano,
le cambié una corbata polícroma de seda
a un cierto marroquí por un pequeño mono
de ojos grises, oscuros y llenos de malicia.

Mordía una gran pipa en sus labios el mono
y sólo la soltaba cuando quería exhalar
un humo denso que, según el vendedor,
era opio que fumaba desde que era pequeño.

Al principio tan sólo vomitaba en la proa
y me miraba triste y en completo silencio.
Pero al pasar el tiempo, él solo vino a mí
y se pasaba horas sentado sobre mi hombro.

Si me tocaba guardia nocturna en la cabina
y el tormento del sueño me horadaba los ojos,
se quedaba sombrío tiritando en mi hombro
y muy serio miraba la brújula conmigo.

Le compraba en los puertos plátanos y bombones
y en tierra le llevaba con una cadenita,
nos sentábamos juntos, bebíamos en los bares
hasta que ya borrachos volvíamos al barco.

No se enfadaba nunca, me mostraba su amor,
y ni una vez tan sólo escuché sus gruñidos.
Parecía habituado a esta vida y a mí,
y yo me hice a él como a una persona.

Pero una vez que andaba absorto junto a él,
se escapó de mis manos y se marchó feliz.
Tenía una gran virtud: sabía guardar silencio
y de mujer tenía su innoble corazón.



ΜΑΡΑΜΠΟΥ




Λένε για μένα οι ναυτικοί που εζήσαμε μαζί
πως είμαι κακοτράχαλο τομάρι διεστραμμένο,
πως τις γυναίκες με ένα τρόπον ύπουλο μισώ
κι ότι μ’ αυτές να κοιμηθώ ποτέ δεν πηγαίνω.

Ακόμα, λένε πως τραβώ χασίσι και κοκό,
πως κάποιο πάθος με κρατεί φριχτό και σιχαμένο,
κι ολόκληρο έχω το κορμί με ζωγραφιές αισχρές,
σιχαμερά παράξενες, βαθιά στιγματισμένο.

Ακόμα , λένε πράγματα φριχτά πάρα πολύ,
που είν’ όμως ψέματα χοντρά και κατασκευασμένα,
κι αυτό που εστοίχισε σε με πληγές θανατερές
κανείς δεν το ‘μαθε, γιατί δεν το ‘πα σε κανένα.

Μ’ απόψε, τώρα που έπεσεν η τροπική βραδιά,
και φεύγουν προς τα δυτικά των Μαραμπού τα σμήνη,
κάτι με σπρώχνει επίμονα να γράψω στο χαρτί,
εκείνο, που παντοτινή κρυφή πληγή μου εγίνη.

‘Hμουνα τότε δόκιμος σ’ ένα λαμπρό ποστάλ
και ταξιδεύαμε Αίγυπτο γραμμή Νότιο Γαλλία.
Τότε τη γνώρισα – σαν άνθος έμοιαζε αλπικό –
και μια στενή μας έδεσεν αδελφική φιλία.

Αριστοκρατική, λεπτή και μελαγχολική,
κόρη ενός πλούσιου Αιγύπτιου οπού ‘χε αυτοκτονήσει,
ταξίδευε τη λύπη της σε χώρες μακρινές,
μήπως εκεί γινότανε να τηνε λησμονήσει.

Πάντα σχεδόν της Μπασκιρτσέφ κρατούσε το Ζουρνάλ,
και την Αγία της ‘Aβιλας παράφορα αγαπούσε,
συχνά στοίχους απάγγελνε θλιμμένους γαλλικούς,
κι ώρες πολλές προς τη γαλάζιαν έκταση εκοιτούσε.

Κι εγώ, που μόνο εταίρων εγνώριζα κορμιά,
κι είχα μιαν άβουλη ψυχή δαρμένη απ’ τα πελάη,
μπροστά της εξανάβρισκα την παιδική χαρά
και, σαν προφήτη, εκστατικός την άκουα να μιλάει.

‘Ενα μικρό της πέρασα σταυρόν απ’ τον λαιμό
κι εκείνη μου χάρισε ένα μεγάλο πορτοφόλι
κι ήμουν ο πιο δυστυχισμένος άνθρωπος της γης,
όταν εφθάσαμε σ’αυτήν που θα ‘φευγε, την πόλη.

Την εσκεφτόμουν πολλές φορές στα φορτηγά,
ως ένα παραστάτη μου κι άγγελο φύλακά μου,
και μια φωτογραφία της στην πλώρη ήταν για με
όαση, που ένας συναντά μες στην καρδιά της ‘Αμμου.

Νομίζω πως θε να ‘πρεπε να σταματήσω εδώ.
Τρέμει το χέρι μου, ο θερμός αγέρας με φλογίζει.
Κάτι άνθη εξαίσια τροπικά του ποταμού βρωμούν,
Κι ένα βλακώδες Μαραμπού παράμερα γρυλίζει.

Θα προχωρήσω!... Μια βραδιά σε πόρτο ξενικό
είχα μεθύσει τρομερά με ουίσκυ, τζιν και μπύρα,
και κατά τα μεσάνυχτα, τρικλίζοντας βαριά,
το δρόμο προς τα βρωμερά, χαμένα σπίτια επήρα.

Αισχρές γυναίκες τράβαγαν εκεί τους ναυτικούς,
κάποια μ’ άρπαξ’ απότομα, γελώντας, το καπέλο
(παλιά συνήθεια γαλλική του δρόμου των πορνών)
κι εγώ την ακολούθησα σχεδόν χωρίς να θέλω.

Μια κάμαρα στενή, μικρή, σαν όλες βρωμερή,
οι ασβέστες απ’ τους τοίχους της επέφτανε κομμάτια,
κι αυτή ράκος ανθρώπινο που εμίλαγε βραχνά,
με σκοτεινά, παράξενα, δαιμονισμένα μάτια.

Της είπα κι έσβησε το φως. Επέσαμε μαζί.
Τα δάχτυλά μου καθαρά μέτρααν τα κόκαλά της.
Βρωμούσε αψέντι. Εξύπνησα, ως λένε οι ποιητές,
«μόλις εσκόρπιζεν η αυγή τα ροδοπέταλά της».

‘Ηταν την είδα και στο φως τ’ αχνό το πρωινό,
μου φάνηκε λυπητερή, μα κολασμένη τόσο,
που μ’ ένα δέος αλλόκοτο, σα να ‘χα φοβηθεί,
το πορτοφόλι μου έβγαλα γοργά να την πληρώσω.

_ώδεκα φράγκα γαλλικά ... Μα έβγαλε μια φωνή,
κι είδα μια εμένα να κοιτά με μάτι αγριεμένο,
και μια το πορτοφόλι μου... Μ’ απόμεινα κι εγώ
ένα σταυρόν απάνω της σαν είδα κρεμασμένο.

Ξεχνώντας το καπέλο μου βγήκα σαν τον τρελό,
σαν το τρελό που αδιάκοπα τρικλίζει και χαζεύει,
φέρνοντας μέσα στο αίμα μου μια αρρώστια τρομερή,
που ακόμα βασανιστικά το σώμα μου παιδεύει.

Λένε για μένα οι ναυτικοί που εκάμαμε μαζί
πως χρόνια τώρα με γυναίκα εγώ δεν έχω πέσει,
πως είμαι παλιοτόμαρο και πως τραβάω κοκό.
Μ’ αν ήξεραν οι δύστυχοι, θα με είχαν συγχωρέσει...

Το χέρι τρέμει... Ο πυρετός ... Ξεχάστηκα πολύ,
ασάλευτο ένα Μαραμπού στην όχθη να κοιτάξω,
Κι έτσι και καθώς επίμονα κι εκείνο με κοιτά,
νομίζω πως στη μοναξιά και στη βλακεία του μοιάζω...



Ο ΠΙΛΟΤΟΣ ΝΑΓΚΕΛ

Στον ποιητή Ν. Ράντο



Ο Νάγκελ Χάρμπορ, Νορβηγός πιλότος στο Κολόμπο,
άμα έδινε κανονική πορεία στα καράβια
που φεύγαν για άγνωστους και μακρινούς λιμένες,
κατέβαινε στη βάρκα του βαρύς, συλλογισμένος,
με τα χοντρά τα χέρια του στο στήθος σταυρωμένα,
καπνίζοντας ένα παλιό χωμάτινο τσιμπούκι,
και σε μια γλώσσα βορινή σιγά μονολογώντας
έφευγε μόλις χάνονταν ολότελα τα πλοία.

Ο Νάγκελ Χάρμπορ, πλοίαρχος σε φορτηγά καράβια,
αφού τον κόσμο γύρισεν ολόκληρο, μια μέρα
κουράστηκε κι απόμεινε πιλότος στο Κολόμπο.
Μα πάντα συλλογιζόταν τη μακρινή του χώρα
και τα νησιά που ‘ναι γεμάτα θρύλους, τα Λοφούτεν.
Όμως μια μέρα επέθανε στην πιλοτίνα μέσα
Ξάφνου σαν ξεπροβόδισεν το Steamer Tank « Fjord Folden »
όπου έφευγε καπνίζοντας για τα νησιά Λοφούτεν...



Η ΜΑΪΜΟΥ ΤΟΥ ΙΝ_ΙΚΟΥ ΛΙΜΑΝΙΟΥ




Κάποτε σ’ ένα μακρινό λιμάνι του Ινδικού,
δίνοντας μια πολύχρωμη μεταξωτή γραβάτα
σ’ ένα αράπη, μιαν μικρή αγόρασα μαϊμού
με μάτια γκρίζα, σκοτεινά και πονηρία γεμάτα.

Ένα τσιμπούκι δάγκωνε στο στόμα της χοντρό
και το ‘βγαζε όταν ήθελε μονάχα να φυσήσει
έναν καπνό πολύ βαρύ, που, ως μου ‘πε ο πωλητής,
ήταν οπίου, που από μικρή την είχε συνηθίσει.

Τις πρώτες μέρες μοναχή στης πλώρης μια γωνιά ,
ξερνούσε και με κοίταζε βουβή και λυπημένη,
μα σαν επέρασε καιρός, ερχόταν μοναχή
κι ώρες πολλές στον ώμο μου ξεχνιόταν καθισμένη.

Όταν στη γέφυρα έκανα τη βάρδια της νυχτός
κι η νύστα βασανιστικά τα μάτια μου ετρυπούσε,
στον ώμο κρυώνοντας στεκόταν σκυθρωπή
και σοβαρά μαζί μ’ εμέ τον μπούσουλα εκοιτούσε.

Στα πόρτα της αγόραζα μπανάνες και γλυκά
κι έξω με μι’ άλυσο μικρή την έβγαζα δεμένη
κι αφού σ’όλα καθόμαστε και επίναμε τα μπαρ,
στο φορτηγό γυρίζαμε κι οι δυο μας μεθυσμένοι.

_ε θύμωνε και μου ‘δειχνε πολύ πως μ’αγαπά,
ούτε κακά την άκουσα ποτέ να μου γρυλίσει.
Φαινόταν πως συνήθισε τις κακουχίες και εμέ,
Κι εγώ σαν άνθρωπο την είχα συνηθίσει.

Κάποια φορά που επήγαινα μαζί της σκεφτικός
εξέφυγ' απ’ τα χέρια μου χαρούμενη και πάει.
Είχε προτέρημα πολύ μεγάλο: να σιωπάει.
Μα κάτι είχε απ΄την ύπουλη καρδιά της γυναικός.


i El marabú es un pájaro tropical. Es el pájaro triste y maldito que elige el joven poeta para simbolizarse a sí mismo: de hecho, ha sido una especie de pseudónimo por que fue conocido. Puede encontrarse un paralelo en el “Albatros” de Baudelaire en Las flores del mal “Spleen e ideal”.

iiMarie Bashkirtseff: se refiere a Marija Konstantinovna Bashkirtseva, pintora, escritora y mezzosoprano rusa, nacida en 1858 en Ucrania, vivió exiliada en Francia y murió en París antes de cumplir veintiséis años, en 1884. Feminista avant la lettre, en la Riviera francesa comienza a escribir su Journal a los catorce años: un diario personal que llevó durante toda su vida y que se publicó tras su muerte. Decía en sus páginas: “Si no vivo lo suficiente para ser reconocida, este diario interesará a los naturalistas; siempre es curiosa la vida de una mujer en su día a día, sin afectación, como si nadie en el mundo debiera jamás leerla y al mismo tiempo con la intención de ser leída; estoy segura de que me encontrarán simpática... y digo todo. Si no, ¿para qué? Por lo demás, verán bien que digo todo...”. Hay una traducción española de su diario: Marie Bashkirtseff, Diario
de mi vida, Trad: Bettina Pla, CEAL, 1977.
iii Expresión homérica algo cambiada. “La aurora de rosados dedos” o de “túnica azafranada” es un tópico literario para el amanecer desde la poesía épica griega hasta nuestros días (p.e. Ilíada I 477, etc. Cf. Homero, Ilíada, Biblioteca Básica Gredos,
Madrid 2000, pág. 16).

Nicos Cavadías
NICOS CAVADÍAS (NIKOS KAVVADÍAS) 
(1910, Nikolsk-Ussuriysky, Rusia / 1975, Atenas, Grecia) 
Traducción y notas: David Hernández de la Fuente
Fuente: Universidad Carlos III de Madrid, 


Katerina Anghelaki-Rooke: Te olvido con pasión

Dice Penélope    


And your absence teaches me
what art could not
             DANIEL WEISSBORT  


No tejía, no hilaba, 
un escrito comenzaba y borraba 
bajo el peso de la palabra 
porque obstaculiza la perfecta expresión 
cuando al interior el dolor le apremia. 
Y pese a que la ausencia es el tema de mi vida 
—ausencia de vida—
en el papel aparecen los llantos
y el dolor natural del cuerpo
que se endurece.
Borro, rasgo, ahogo
los gritos vivos
«dónde estás, venga, te espero
esta primavera no es como las otras»
y recomienzo de mañana
con nuevas aves y níveas sábanas
que se secan al sol.
Nunca estarás aquí
para regar las flores con la manguera
para que goteen las vetustas techumbres
cargadas de lluvia
y para que se diluya mi
personalidad en la tuya
tranquila, otoñalmente…
Tu electo corazón
—electo porque lo escogí—
siempre estará en otra parte
y yo con palabras cortaré
las hebras que me atan
al hombre preciso
al que anhelo
hasta que Odiseo devenga símbolo de Nostalgia
y surque los mares
en la mente de cada cual.
Te olvido con pasión
cada día
para que te purgues de los pecados
de la dulzura y del olor
y limpísimo ya
entres en la inmortalidad.
Es un trabajo duro e ingrato.
Mi único pago si comprendo
al final qué presencia humana
qué ausencia
o cómo funciona el ego
en tanto erial, en tanto tiempo
que para nada interrumpe el mañana
todo el cuerpo se reconstruye
se levanta y cae sobre la cama
como si lo apaleasen
ora enfermo ora enamorado
con la esperanza de
que lo que pierda en tacto
lo gane en esencia.



Λέει η Πηνελόπη


And your absence teaches me
what art could not
DANIEL WEISSBORT

Δεν ύφανα, δεν έπλεκα,
ένα γραπτό άρχιζα, και έσβηνα
κάτω απ’ το βάρος της λέξης
γιατί εμποδίζεται η τέλεια έκφραση
όταν πιέζετ’ από πόνο το μέσα.
Κι ενώ η απουσία είναι το θέμα της ζωής μου
–απουσία από τη ζωή–
κλάματα βγαίνουν στο χαρτί
κι η φυσική οδύνη του σώματος
που στερείται.
Σβήνω, σχίζω, πνίγω
τις ζωντανές κραυγές
«που είσαι, έλα, σε περιμένω
ετούτη η άνοιξη δεν είναι σαν τις άλλες»
και ξαναρχίζω το πρωί
ε νέα πουλιά και λευκά σεντόνια
να στεγνώνουν στον ήλιο.
Δεν θα ’σαι ποτέ εδώ
με το λάστιχο να ποτίζεις τα λουλούδια
να στάζουν τα παλιά ταβάνια
φορτωμένα βροχή
και νά ’χει διαλυθεί η δική μου
μες στη δική σου προσωπικότητα
ήσυχα, φθινοπωρινά...
Η εκλεκτή καρδιά μου
–εκλεκτή γιατί τη διάλεξα–
θά ’ναι πάντα αλλού
κι εγώ με λέξεις θα κόβω
τις κλωστές που με δένουν
με τον συγκεκριμένο άντρα
που νοσταλγώ
όσο να γίνει σύμβολο Νοσταλγίας ο Οδυσσέας
και ν’ αρμενίζει τις θάλασσες
στου καθενός το νου.
Σε λησμονώ με πάθος
κάθε μέρα
για να πλυθείς από τις αμαρτίες
της γλύκας και της μυρωδιάς
κι ολοκάθαρος πια
να μπεις στην αθανασία.
Είναι σκληρή δουλειά και άχαρη.
Μόνη μου πληρωμή αν καταλάβω
στο τέλος τι ανθρώπινη παρουσία
τι απουσία
ή πως λειτουργεί το εγώ
στην τόσην ερημιά, στον τόσο χρόνο
πως δεν σταματάει με τίποτα το αύριο
το σώμα όλο ξαναφτιάχνει τον εαυτό του
σηκώνεται και πέφτει στο κρεβάτι
σαν να το πελεκάνε
πότε άρρωστο και πότε ερωτευμένο
ελπίζοντας
πως ό,τι χάνει σε αφή
κερδίζει σε ουσία.


KATERINA ANGHELAKI-ROOKE (1939 / 2020, Atenas, Grecia)
Fuente: Revista Fogal
Enlaces: 
■ Festival de poesía de Medellín
■ Levure littéraire (en inglés)
Imagen: Facebook

Kostas Mavrudís

Kostas Mavrudis


Otoño

Advertencia sobre una fotografía


Envejezco
puedo decir me alejo
por supuesto no lo abandono
soy su memoria
(en algún momento también necesitaréis herederos
lo perdido con porfía pedirá indicios)
tenía entonces el cigarrillo apagado en los labios
cual fumador de película francesa en blanco y negro
(o como Blaise Cendrars en su clásica instantánea)
limpió con una manga los discos
antes de ponerlos en el gramófono
valses etéreos
en otro tiempo voces solazosas
algo de bel canto (con revoluciones que pierden fuelle)
llenas de los krach
que ahora nos gustan en las viejas grabaciones
con una manga los limpió
veis su cabeza con inclinación a la izquierda
como si tocara el violín
quizás otros sigan la escena de la calle
es otoño
(adustas nubes con formas)
reconocemos la época por el cielo
como el aficionado a los pronósticos
distingue las señales del tiempo
o como un amante de las artes al que
por el abundante rojo no le cuesta
reconocer las nubes de Monet
le veis se ríe ante el fotógrafo
ignoto cual compositor medieval el fotógrafo
(Anónimo
que vemos bajo el título)
rostro
si lo entendísteis
de mi antigua comarca
éstos eran árboles frente a su casa
(portería de fútbol con frecuencia por las tardes)
le molestaba la algarabía de los triunfos celebraciones
los gritos
la pelota contra las ventanas;
podéis visitarlo en el futuro
cuando faltemos quiero decir
podéis visitarlo
con este poema-guía:
la abertura con los árboles
el vals que pierden en las revoluciones
la pelota contra las ventanas cerradas



ΦΘΙΝΟΠΩΡΟ



ή

Παραίνεση για μια φωτογραφία



Παλιώνω
μπορώ να πω απομακρύνομαι
βέβαια δεν τον εγκαταλείπω
είμαι η μνήμη του
(κάποτε κι εσείς θα χρειαστείτε κληρονόμους
το χαμένο θα ζητά με επιμονή πειστήρια)
είχε λοιπόν στα χείλη σβησμένο το τσιγάρο
σαν καπνιστής σε μαυρόασπρη γαλλική ταινία
(ή όπως ο Μπλεζ Σαντράρ στην κλασική φωτογραφία του)
καθάριζε με το μανίκι του τους δίσκους
πριν να τους βάλει στο γραμμόφωνο
ανάερα βαλς
άλλοτε ρεμβαστικές φωνές
κάτι μπελκάντο (με στροφές που έπεφταν)
γεμάτα χρατς
που τώρα μας αρέσουν στις παλιές ηχογραφήσεις
με το μανίκι τούς καθάριζε
βλέπετε το κεφάλι του με κλίση αριστερά
τάχα παίζει βιολί
ίσως να παρακολουθούσαν κι άλλοι τη σκηνή του δρόμου
είναι φθινόπωρο
(σοβαρά σύννεφα σε σχηματισμούς)
αναγνωρίζουμε την εποχή από τον ουρανό
όπως ο ερασιτέχνης των προγνώσεων
διακρίνει τα σημεία του καιρού
ή ένας φιλότεχνος δεν δυσκολεύεται
από το άφθονο κόκκινο
να αναγνωρίσει νέφη του Μονέ
τον βλέπετε χαμογελά στο φωτογράφο
άγνωστος σαν μεσαιωνικός συνθέτης ο φωτογράφος
(Ανωνύμου
που βλέπουμε κάτω απ’ τον τίτλο)
πρόσωπο
αν το καταλάβατε
της αρχαίας μου επαρχίας
αυτά ήταν δέντρα μπροστά απ’ το σπίτι του
(γκολ ποστ πολύ συχνά τα απογεύματα)
τον ενοχλούσε η φασαρία των θριάμβων
οι κραυγές
η μπάλα στα παράθυρα·
μπορείτε να τον επισκέπτεστε στο μέλλον
όταν θα λείπουμε θέλω να πω
μπορείτε να τον επισκέπτεστε
με αυτό το ποίημα-οδηγό:
το άνοιγμα με τα δέντρα
τα βαλς που χάνουν στις στροφές
η μπάλα στα κλειστά παράθυρα



KOSTAS MAVRUDIS (1948, Tinos, Grecia)
Fuente: Revista Fogal
Traducción: Mario Domínguez Parra
Enlaces:
http://circulodepoesia.com/2014/03/poesia-griega-kostas-mavrudis/
http://www.omni-bus.com/n50/sites.google.com/site/omnibusrevistainterculturaln50/antologia-poesia-griega-1940-2015/kostas-mavrudis.html

Odysseas Elytis

poesía griega

Lo ulterior de los sábados




Shshsh...nada ya, nada blanco o terso nada ya Embriagador,
melodioso, nada; ninguna nube iluminada
            por detrás

Ni siquiera compañía humana

Algo fúnebre, desfalleciente, luego que el día de la Pasión
Comenzó a inclinarse hacia el costado y a hundirse
              lentamente
Qué alma parte y huele
El aire tan intensamente que no resisto más
Shshsh...nadie sabe en medio de la oscuridad, salvo Allá
arriba entre los guijarros, escucha, ruidos de otros
mundos como de pescadores o
de cuerpos que penetran uno en el otro mientras tiembla todo alma
El cielo
y una estrella encuentra inesperadamente valor para tocar tu frente
parto lleno de errores de besos que permanecieron sobre mí
y qué hermosos los cipreses en lo alto

Qué hermoso también que comiencen a adquirir de nuevo otro fundamento
Los acontecimientos celestes. Los jacintos de los astros, las tristezas, los perfumes
y otras viejas sensaciones que perdiste más allá de la materia del cielo
He aquí que ahora toman forma: la piedra y la tumba y el soldado
Los blancos velos de las mujeres y la larga Procesión de los que murieron injustamente

Tiempos que hace mucho me dejasteis
huérfano y no hallé sostén en ninguna parte
Shshsh...pero nadie, nadie sabe. Ni siquiera el viento
Si es el viento el que enloquece cuando piensas. Te
vuelves confiable por ti mismo
Pues
        tus manos estaban acostumbradas
        a jardines arbolados donde
El mar entra y se retira llenando todo de pequeñas flores
Sopla el viento, sopla y se reduce el mundo. Sopla Sopla y se acrecienta
el otro mundo; la muerte el mar
        glauco e interminable La muerte el sol sin ocaso.


ODYSSEAS ELYTIS (1911, Heraclión / 1996, Atenas, Grecia)
Imagen: trianarts.com

Constantino Cafavis

Constantino Cafavis

Un viejo




En la sala interior del ruidoso café
un viejo esta sentado, inclinado sobre una mesa;
un periódico frente a él, y ninguna compañía a su lado.

Y en el desdén de su edad miserable,
medita sobre lo poco que disfrutó los años
en que tenía fuerza, el arte de la palabra, y buen aspecto.

Sabe que ha envejecido mucho; está consciente de ello, lo ve,
y sin embargo el tiempo en que fue joven parece
ayer. Cuán breve el tiempo, cuán breve el tiempo.

Y piensa en cómo la Sabiduría lo engaño;
y cómo el siempre confió en ella –¡qué tontería! –
la mentirosa que decía, "Mañana. Tienes mucho tiempo."

recuerda impulsos que contuvo; y cuánta
alegría sacrificó. Cada oportunidad perdida
se burla ahora de su prudencia insensata.

..Pero con tanto pensar y recordar
el viejo devana. Y empieza a dormitar
inclinado sobre la mesa del café.



Velas




Los días de nuestro futuro están ante nosotros
como una fila de pequeñas velas encendidas–
doradas, cálidas y vivaces velitas.

Los días pasados van quedando tras nosotros,
una dolorida línea de velas extintas;
las más cercanas aún humean,
velas frías, derretidas e inclinadas.

No quiero mirarlas; su forma me entristece,
y me entristece recordar su antigua luz.
Miro hacia adelante hacia mis velas encendidas.

No quiero darme vuelta, para no ver y temblar–
cuán rápido la sombría línea se alarga,
cuán rápido las velas extintas se multiplican.



En los peldaños



Mientras bajaba por la infame escalera,
tú salías por la puerta, y por un momento
vi tu rostro nada familiar y tú me viste.
Luego me escondí donde no me vieses de nuevo, y tú
pasaste rápido ocultando tu rostro,
y te metiste a la casa infame
donde no podrías encontrar placer, como yo no lo había encontrado.

Y aún así, el amor que buscabas, yo lo tenía para dártelo;
el amor que yo quería– tus ojos me lo dijeron
tus cansados y desconfiados ojos– tú lo tenías para dármelo.
Nuestros cuerpos se sintieron y se buscaron;
nuestra sangre y nuestra piel entendieron.

Pero ambos nos ocultamos turbados.


CONSTANTINO CAFAVIS (1863, Alejandría / 1933, Alejandría, Egipto)
Imagen: redaccion.lamula.pe

Haris Vlavianós

Poeta griego con con el ceño adusto, lleva puesto unos anteojos. Su mano sostiene la cabeza

Hotel Insomnia




de noche
    con la luna llena de las contradicciones
       bailando en la cúpula de tu mente

piensas en cambiar el papel
en quitarte al fin la máscara de la pena

ayer
        encantado por las posibilidades de los sentimientos escribiste:

sólo como pasión tiene sentido el amor
todo espíritu profundo necesita una máscara
porque así lo demanda la sutileza de su preocupación

hoy
    bajo este cielo predecible
       quieres pensar
    que la avenida a tus pies se abre
termina en algún sitio
     en una resolución final de la materia
         en un resumen que te permitirá admirar o temer
el desarrollo predestinado de la historia

tu historia

en cuyos episodios dramáticos
   buscas reconocer una señal de afirmación
       la seguridad de la recompensa

la luz brilla
    "la luz siempre está brillando"

es tarde sin embargo
para hojear el momento
(la vida no es un argumento / la vida no es una discusión)

nadie tiene ganas de leer más
ni tú tampoco     (que hable el texto)
que cansada por la intensidad
de las últimas horas
descuelgas el teléfono

"un expresso doble"

(como siempre,
el mejor somnífero).



Hotel Insomnia




at night
    with the full moon of contradictions
        shining on the dome of your mind

you are thinking of changing roles
    of finally taking the mask of grief off


yesterday
        enchanted by the possibilities of your feelings you wrote:

only love as passion has meaning
every profound spirit needs a mask
– thus the subtlety of its embarrassment demands

today
    under this predictable sky
        you want to think
    that the avenue stretching at your feet
ends somewhere –
    to a final resolution of the matter
        to a synopsis that will allow you to stand in awe of
the predestined unfolding of the story


    your story –

in whose dramatic episodes
    you seek to recognize the beckoning of affirmation
        the assurance of reward


the light is glaring
“the light is always glaring”

it is late though
to leaf through the moment         (life is not an argument)

no one feels like reading any more
neither do you                    (let the texts speak)
who exhausted by the intensity
of the last hours
pick up the phone

“a double espresso”

(as always the best sleeping pill)


HARIS VLAVIANÓS
 (1957, Roma, Italia)

Fuente: http://www.365traducciones.blogspot.com.ar/2005/09/un-poema-griego-contemporaneo-haris.html
Imagen en Googlereads

Dimitris Angelis, ver­sión y nota de Vir­ginia López Recio

El extenso poema que, junto al poeta Pedro Mateo, tra­duci­mos a con­tin­uación con­sti­tuye la primera parte de Con­fir­mando la noche (2011), último poe­mario del escritor griego Dim­itris Angelís. “1989”, título que lo encabeza, se refiere al poeta griego Yan­nis Rit­sos (1909–1990) y la con­mo­ción que sufrió al enter­arse de la caída del Muro de Berlín. “Tenía con­tin­u­a­mente encen­dida la tele­visión, seguía con obsesión las noti­cias, no podía creerlo”, comentó su sec­re­taria a Dim­itris Angelís al adver­tir éste, mien­tras anal­iz­aba su obra, la caída cor­po­ral y psíquica de Rit­sos aquel año.

Por otra parte, encon­tramos en el poema muchas ref­er­en­cias indi­rec­tas a la vida de Rit­sos: Kap­sa­lona y Ai Yanni eran los sana­to­rios donde estaba hos­pi­tal­izado para su tratamiento de tuber­cu­lo­sis y donde cono­ció las ideas marx­is­tas; y los ver­sos: “los per­ros con des­gana a la puerta de los viejos mataderos de Guicio”, están saca­dos de su libro La mon­stru­osa obra de arte. Todo esto se com­bina con frases de la Bib­lia (y allí habían lle­gado a bus­carlo con lin­ter­nas, antor­chas y armas; su morada con­viér­tase en desierto) y tam­bién –con inten­ción de recrear el ambi­ente de aque­lla época–, con esce­nas de cine (la famosa de la escalera de Odesa del Acorazado Potemkin de S. Eisen­stein, el telé­fono del psiquiátrico de la película Stalker de A. Tarkovski, las casas que se quedan con la luna como “dec­o­ra­dos de cine”, etc.), e his­to­rias de la caída del Muro (como la de Ros­tropóvich quien, al enter­arse de la noti­cia, cogió el primer vuelo para ir a Berlín y tocar su chelo frente al Muro).
Con esta mate­ria surgió el esqueleto del poema, cuyo título primero fue “Rit­sos frente al tele­vi­sor” y su tema: cómo un poeta-ideólogo ve el mundo y sus sím­bo­los (el mar­tillo oxi­dado por la hoz y el mar­tillo, la mul­ti­copista para las con­vo­ca­to­rias ile­gales, los estandartes, etc.); cómo aque­llo a lo que había servido durante toda una vida –incluso tam­bién “en cam­pa­men­tos flotantes”, en alusión al exilio– se desmoronaba.
Aunque está claro que lo que cae es un sis­tema total­i­tario e inhu­mano (Siberia, el psiquiátrico, el par­tido en todas partes), pese a que el poeta era cono­ce­dor de lo que regía tras el lla­mado “telón de acero” (“lo sabía pero no hacía nada, yo lo sabía”), el objeto del poema no es humil­lar al anciano poeta, sino mostrar su frus­tración y soledad, dis­crim­i­nar el mundo entero que fes­teja al ideól­ogo soli­tario que llora y, ante todo, señalar que el hecho de la fe –inde­pen­di­en­te­mente si aque­llo en lo que creemos resulta una alu­ci­nación, una men­tira o, aún peor, una men­tira homi­cida– es lo que salva la inte­gri­dad del hom­bre, pro­fun­diza su memo­ria y con­fiere esen­cia a su existencia.
Por eso, el poeta con­fiesa al final de su poema que “la única rev­olu­ción que existe es el Otro”. Prom­ete regre­sar, aunque mien­tras tanto se pierde den­tro de un tele­vi­sor: la real­i­dad icónica reem­plaza la vida, el mundo utópico de la ide­ología es susti­tu­ido por el mundo improce­dente y de fal­sas ilu­siones del con­sum­ismo. En el nuevo medievo, cuyo comienzo marca el final de la fe (1989) –y no solo de la política, sino de cada tipo de fe–, no hay ya ries­gos morales, por eso “la manta de cuadros en el suelo” resulta “una tabla de aje­drez vacía”. Posi­ble­mente, tam­poco antes existieran tales ries­gos, pero sí el debate y el con­flicto en torno a ello. Ahora ten­emos que esperar la nueva “pri­mav­era del cuerpo”, frase de Mar­cus Min­u­cius Felix que deja abierta al final del poema la per­spec­tiva de la esper­anza, ya que el poeta entra en el mundo de la tele­visión prome­tiendo que va a regre­sar. Hasta entonces…


1989




Aquel invierno, en la misma Roma y sus alrede­dores
ocur­rieron muchas cosas sobre­nat­u­rales: un niño de seis meses, nacido de
padres libres, gritó “¡Vic­to­ria!” en el mer­cado de ver­duras; un buey se
había subido a la ter­cera planta de un edi­fi­cio en la zona del mer­cado y,
entonces, espan­tado por el alboroto de los veci­nos, se lanzó al vacío; en
Lanu­vio un cuervo revoloteó en el tem­plo de Juno y se posó sobre su lecho; y
en Piceno había caído una llu­via de piedras…


Tito Livio, xxi, 62.



el tele­vi­sor siem­pre encendido
como altar fúne­bre insta­l­ado en la habitación hace

años –un fuego
que no calienta, solo alumbra
tenue­mente
hasta los dos sil­lones y más allá la mesa sin recoger

aún con las miga­jas,
y un mon­tón de sobras (pues fal­ta­mos años) –más

atrás se extiende

densa e insidiosa oscuridad
de chirri­dos llena y un eco per­ma­nente de gri­tos

ahoga­dos allí donde dejó su huella la memoria
al hablar de salas en sana­to­rios públi­cos, Kap­sa­lona

y Ai Yanni,
graneros de ensueño, fábri­cas con los pul­mones de

alquitrán, deporta­ciones a paisajes helados,
al hablar de la mul­ti­tud que espan­tada bajó las

escaleras man­i­fe­s­tando su amor y no las volvió a subir,
del ansia nues­tra para ado­rar a dioses venidos

abajo, idén­ti­cos a nues­tras tristes existencias

anun­cios

helada quedó la pan­talla, helado el piso
como si alguien hubiera dejado la puerta de la morgue

abierta y esa rendija se con­vir­tió en un muro que cae
y tre­scien­tos mil hom­bres se escapan sin demora de
la historia lle­vando velas encen­di­das como si volvieran del ofi­cio
de Resurrección vesti­dos de baratillo, con jer­seys apo­lil­la­dos,
arras­trando male­tas preparadas aprisa, la jaula con el canario muerto piensan
en avenidas de Siberia con soli­tarias gaso­lin­eras
al alba, frío y abed­ules ensangrentados,
en el sonido del telé­fono retum­bando en las pare­des
de cemento del psiquiátrico, nadie lo cogió y se quedaron con
la duda de si los estaba bus­cando Stavroguin– piensan
en ciclis­tas del par­tido pasando bajo las ven­tanas
del par­tido con los rojísi­mos geran­ios del partido
en decap­i­tadas igle­sias con sus cam­paneros
inconsolables
en procla­mas por la radio, sovi­ets invic­tos, para
afeitar a Stalin y en el viento peren­nemente arras­trando per­iódi­cos
del 36 en un camino de tierra–como entonces
dijo el anciano des­per­tando del letargo (que allí
habían ido a bus­carlo con lin­ter­nas, antor­chas y armas)
recogió del suelo la manta, se la echó sobre las pier­nas,
tenía frío igual que entonces”, un cuerpo desem­bar­cado pudriéndose
en cam­pa­men­tos flotantes, colum­nas inacabables y
faji­nas junto a las alambradas
todos ellos estarán ahora deci­di­da­mente
muer­tos en una probable
San Peters­burgo, hasta hace dos horas Leningrado, si
lo hubieran sabido
si Pedro, Juan, Elías lo hubieran sabido entonces
no pasaríamos hoy lista a los enter­radores, tam­poco
con­taríamos pro­fe­tas remunerados
se enciende y apaga la memo­ria, sube y baja vaguadas,
se defiende
y en la fotografía estás tú son­riendo con toda la
familia del zar,
detrás y al fondo
los pavor­reales
(quédese su man­sión deshabitada)
que a nosotros nos heredarán
otras aves
más humildes
power off
en lugar de pedir perdón
se oscure­ció la habitación con­fir­mán­dose la noche
que lo posee
en vez de expe­ri­en­cia indis­ci­plinada vejez, en
vez de sabiduría esas repeti­das ofus­ca­ciones de su soledad
de donde a menudo aflo­ran con toda su fab­u­losa
vaguedad
las antaño para él sagradas Babilo­nias –en
ellas vio
los estandartes de las bar­ri­cadas de mayo arrum­ba­dos
con­tra la pared, hasta sus som­bras se habían desteñido
consignas pin­tadas sobre otras consignas en muros ree­scritos
que parece los mantienen en pie solo las letras y por eso con la luna llena se
quedan los edi­fi­cios en meras fachadas como dec­o­ra­dos de cine– asimismo
vio 
en los rudi­men­ta­r­ios patios ten­di­das en el alam­bre
para secarse las camisas ensan­grentadas iguales a pieles de animales
y entre las orti­gas en la basura: un mar­tillo oxi­dado,
la mul­ti­copista y como un cacharro viejo
la palan­gana plateada de las purifi­ca­ciones donde
dicen que una vez tam­bién Pilatos se lavó las manos
y si en la His­to­ria ha quedado su nom­bre se debe a ella
que rel­e­gada ahora espera por las tardes a
los niños para ser en sus manos aunque sólo sea un pequeño cím­balo
estri­dente, y de nuevo se oiga su voz
yo sabía y no hice nada, yo lo sabía”, pal­abras ver­te­brales
de una ali­maña desconocida
cuya espina dor­sal mas­cul­lan los per­ros con des­gana
a la puerta de los viejos mataderos de Guicio
y al mismo tiempo que la noche cubierta de ven­da­jes
lo va envolviendo con sus enfer­medades, él
echa a cor­rer por senderos engañosos, por­tando con
ansiedad la antor­cha para encen­der la televisión
y se vayan los drag­ones de esca­mas vis­cosas, que
se vayan
porque en ningún momento fueron del todo impar­ciales
con él

tele­visión

fuera, tras la ven­tana cae rodando la cabeza cor­tada
de la luna, dentro
la habitación hasta arriba cubierta con hojas de
tabaco y el muro
cayendo a cámara lenta una y otra vez, oh noche dis­paratada
cómo es que te has quedado sin pasado y tus gentes
bailan, se abrazan, en sus bol­sil­los y en bol­sas de
plás­tico meten piedras y cas­cotes como recuerdo
el impe­rio se desmorona
“todo cae al final” fue lo que
dijo volviendo a coger la manta del suelo
la cuestión es quién coge las llaves”, los otros
hacen ondear impro­visadas ban­deras, cuel­gan grandes
sábanas blan­cas en los bal­cones, se pre­gun­tan qué dirá
mañana el Pravda
encien­den hogueras rit­uales, escuchan a Ros­tropóvich
y se enam­oran, al mismo tiempo
que un sol­dado novato con los ojos enro­je­ci­dos
grita “deser­tores” –“¿se dirige usted
a mí, señor?” y apri­eta los puños con ira

anun­cios

hay un malen­ten­dido”, volvió a pen­sarlo, “yo soy en realidad
de otra época y un enam­orado de balas,
de llu­vias tóx­i­cas, de sepul­turas de héroes, y sin

embargo
la única rev­olu­ción que existe es el Otro. Esper­e­mos
un poco más y llegará
la pri­mav­era del cuerpo. Entonces,
volveré”.

Avanzó tac­i­turno den­tro de la pan­talla, un bosque
los anun­cios, las series, los pro­gra­mas, tomó por la emp­inada senda,
en un paisaje inver­nal sem­brado de impro­visadas tum­bas
alguien cav­aba con sus manos la tierra pero a él no lo vio
invis­i­ble siguió avan­zando entre los ausentes
dejándole
al viento el encargo de repe­tir susurrando su
testamento:
expectan­dum nobis etian cor­poris
ver est, expectan­dum

Y la manta de cuadros en el suelo, un tablero de aje­drez vacío.


DIMITRIS ANGELIS (1973, Atenas, Grecia)
Fuente: www.revistacritica.com
Imagen: www.festivalpoesiagranada.com