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Fayad Jamis | Heredero de la ceniza del amanecer

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El ahorcado del café Bonaparte Para no conocer los abismos del humo para no tragarse los periódicos de la tarde para no usar unos espejuelos cubiertos de sangre o telaraña El que estaba sentado en un rincón lejos de los espejos tomándose una taza de café no oyendo el tocadiscos sino el ruido de la pobre llovizna El que estaba sentado en un rincón lejos de los relámpagos lejos de los leones morados de todas las guerras hizo un cordón con una hoja de papel en la que estaban escritos el nombre del Papa el nombre del Presidente y otros dos mil Nombres Ilustres y a la vista de todos los presentes se colgó del sombrerero que brillaba sobre su cabeza amarilla El patrón del café salió bajo su capa negra en busca de un policía Armstrong cantaba sin cesar la luna había aparecido como una gata furiosa en un tejado Tres borrachos daban puñetazos en el mostrador y el ahorcado después de mecerse dulcemente durante un cuarto de hora con su voz muy lejana comenzó a pronunciar un hermoso discurso: «...

Claudio Rodríguez | A pesar de todos los pesares

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Lo que no es sueño Déjame que te hable en esta hora de dolor con alegres palabras. Ya se sabe que el escorpión, la sanguijuela, el piojo, curan a veces. Pero tú oye, déjame decirte que, a pesar de tanta vida deplorable, sí, a pesar y aun ahora que estamos en derrota, nunca en doma, el dolor es la nube, la alegría, el espacio, el dolor es el huésped, la alegría, la casa. Que el dolor es la miel, símbolo de la muerte, y la alegría es agria, seca, nueva, lo único que tiene verdadero sentido. Déjame que con vieja sabiduría, diga: a pesar, a pesar de todos los pesares y aunque sea muy dolorosa y aunque sea a veces inmunda, siempre, siempre la más honda verdad es la alegría. La que de un río turbio hace aguas limpias, la que hace que te diga estas palabras tan indignas ahora, la que nos llega como llega la noche y llega la mañana, como llega a la orilla la ola: irremediablemente. CLAUDIO RODRÍGUEZ (1934, Zamora / 1999, Madrid, España) Fuente: Ezequiel Zai...

Terrance Hayes | En los barrotes que hay entre nosotros

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Lo que parece     Querido Ol’Dirty Bastard: a mí también me gusta fuerte,  no tengo particular interés por Duke Ellington  en una fiesta de cumpleaños. Cada vez me interesan menos  los contornos de los contornos porque las formas  cambian y nada es más duradero que sentir.  Mi tío usó la plata que le di  para comprar unos frasquitos de algo que parecía caramelo  después de la fiesta en que mi abuela se puso a cantar  con un vestido que evidentemente estaba hecho  para un rey de África Occidental. Mi lema es Nunca confundas lo que es con lo que parece. Mi generosidad, por ejemplo, es sobre todo una forma de vanidad. Una bandana sirve de pañuelo, pero como bandana un pañuelo no sirve para una mierda. Esto parece apenas una nota al pie en mi informe sobre la fiesta. Decimos es la posta para indicar que algo es realmente de verdad, aunque lo puedan tapar las casas ahí arriba de las colinas que hay entre nosotros, las manos en los b...

10 poetas españoles contemporáneos

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Esta es una recopilación absolutamente arbitraria de poetas españoles en mi blog. Algunos de mis poemas preferidos, lo mínimo para destacar. El resto lo encontrarán en esta dirección:  El poeta ocasional | Poesía contemporánea Joan Margarit: Retirada     No conocía este placer de obediencia a una ley. Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído. Recorro la ciudad y me siento extranjero. No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo y ya no sé de qué conversar con ellos. Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña. No recordaba haber deseado con tanta urgencia la soledad. Son señales. El animal las conoce y las obedece. Cuesta mucho encontrar un zorro muerto, un jabalí muerto. Antes se esconden. Pedro Alcarria: Un paseo por el Louvre      Es el error fatal de abrigar esperanzas:    Siempre que voy al Louvre a iluminarme  me asalta un ataque de furor.    No perdono la belleza  que es como una perra c...

Santiago Sylvester | La cantera (Notas del Tiempo)

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Manuel Mujica Lainez por Madrid, siempre teatral e ingenioso. Hace muchos años almorzamos en Salta. En el almuerzo me preguntó si yo pensaba volver a Salta a vivir; era mi época de estudiante en Buenos Aires; y yo entendí (con razón) que en su pregunta había una crítica: consideraba que Salta (y todas las ciudades del país, salvo Buenos Aires) era un pueblón sin mucha gracia. Le contesté con un poema chino: “un pueblo de hombres simples y mujeres sencillas, y pienso que cualquiera de ellos es mejor que yo”. Se sintió tocado, se revolvió como un pájaro que da un picotazo, y señalando hacia fuera por la ventana dijo: “¡Por supuesto, cualquiera de estos es mejor que yo, en el peor sentido de la palabra!” A Mujica no se le puede ganar con chicanas. La anécdota anterior unida a otra de mucho después. El motivo que me había dado Mujica para llamarme en Salta fue que él tenía una novela cuyo personaje es un poeta de apellido Sansilvestre; huye a Londres y lo modifica por Sylvester. Yo no h...

Joaquín Giannuzzi | Un foco de energía estallando hacia la gracia

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El galgo     Vi la carrera de un galgo filmada en cámara lenta.  Era como soñarlo. El mecanismo del movimiento  diseñaba una coreografía  de ondulantes miembros articulados  para mínimos puntos de apoyo. Blanca  la estirada estructura moteada, sobre finas columnas  que extendían tensiones dilatadas  hasta límites regidos  por una pulsación aérea de velocidad.  Un foco de energía estallando hacia la gracia  de un orden sano bajo el sol,  mientras hacia atrás corrían  confusamente, nubes, árboles y vientos. Y yo sentado aplastado al planeta con excesiva grasa y mi torpe universo dislocado. Equivocado y discontinuo, una distorsión oscura que jadeaba ante el galgo, su decisiva claridad. Otros poemas de JOAQUÍN O. GIANNUZZI ,  aquí Fuente: Correo de Ezequiel Zaidenwerg

Pablo Caramelo | La ausencia no tiene explicación

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La lectura ocurre cuando se lee por segunda vez un texto, cuando se puede interpretarlo. El azar me ha deparado esa oportunidad. Pablo Caramelo en “Un zumbido bajo y constante” recorre un periplo compuesto de enigmas; con altivez y un lenguaje directo presenta una retórica descriptiva o el efecto que lo real produce en la subjetividad. Una vida particular, una historia íntima, el proceso mediante el cual se puede inferir la emergencia de un conflicto propio de aquellas zonas tangibles de la experiencia con el orden de lo imaginario (“nada en este mundo debería ser / tan hermoso y tan ajeno”). El autor tensa de modo ex profeso la dimensión biográfica y testimonial en la construcción del sujeto y del texto, evocativo y sombrío, con una lógica excluyente: donde hay vida, hay amor. A partir de esos materiales cifra la intuición lírica en su plena intensidad y logra un equilibrio inconmensurable como un recuerdo. Sin obviar los sucesos de la época, los dislates de la moral burguesa, el queb...

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