El poeta ocasional | Poesía contemporánea

LOS MÁS VISTOS EN 7 DÍAS

POÉTICAS

Kayo Chingonyi | Un poco de elegancia brillante

La imagen muestra a una persona de pie junto a una ventana abierta, dentro de un espacio interior con paredes claras. La luz del sol entra con fuerza desde el exterior, creando un contraste muy marcado entre luces y sombras.  La persona está parcialmente iluminada: el rostro y parte del torso reciben luz cálida, mientras que el resto del cuerpo queda en penumbra. Lleva una remera oscura y anteojos, y tiene el cabello recogido hacia atrás. Su postura es relajada, con las manos juntas al frente, y la mirada dirigida hacia afuera, como si estuviera observando algo o reflexionando.  La ventana de madera abierta proyecta sombras geométricas muy definidas sobre la pared, lo que le da a la escena un carácter artístico y contemplativo. En conju

Un poco de elegancia brillante     




Para los de cara de pocos amigos con zapatos elegantes que adornan 
las paredes de los salones de baile. Tengo poca paciencia. 
Digo bailar, no para ser vistos, sino para ser libres; tus pies 
están hechos para cosas mejores. Siente cómo se disipa la amargura 
que llevas dentro, como le sucedió a un niño de seis años que, como Bojangles, 
se ganaba la vida tocando en los jardines de cerveza de Richmond, 
para deleite de una multitud que 
hoy no lo linchaba, sino que se reía de la rapidez del niño 
.
Sumérgete en la espesura, la pureza emergente
reducida a carne y hueso, nervio y tendón.
Tus brazos cruzados entienden la música. Canaliza
un abarrotado Savoy Ballroom y deslízate por
el polvoriento suelo como tu yo de los veinte con traje zoot
, la pluma de avestruz en tu sombrero,
la arrogancia en tus pasos del polvo ocre
de una aldea de África Occidental. Baila para los tiempos.

Te han acosado los detectives de la tienda
por una señora en un autobús, por la mirada de disgusto
en el rostro de un niño demasiado joven para entender
por qué odia, pero solo que debe hacerlo. Baila
por Sammy, muerto y sin un centavo, y por los
miles que aún se ganan la vida a duras penas como bailarines callejeros
que, aunque bailan para ganarse la comida,
se mueven como si solo existieran ellos y los tambores, hablando.


Some Bright Elegance



For the screwfaced in good shoes that paper
the walls of dance halls, I have little patience.
I say dance not to be seen but free, your feet
are made for better things, feel the bitterness
in you lift as it did for a six-year-old Bojangles
tapping a living out of beer garden patios to
the delight of a crowd that wasn’t lynching
today but laughing at the quickness of the kid.

Throw yourself into the thick, emerging pure
reduced to flesh and bone, nerve and sinew.
Your folded arms understand music. Channel
a packed Savoy Ballroom and slide across
the dusty floor as your zoot-suited, twenties
self, the feather in your hat from an ostrich,
the swagger in your step from the ochre dust
of a West African village. Dance for the times

you’ve been stalked by store detectives
for a lady on a bus, for the look of disgust
on the face of a boy too young to understand
why he hates but only that he must. Dance
for Sammy, dead and penniless, and for the
thousands still scraping a buck as street corner
hoofers who, though they dance for their food,
move as if it is only them, and the drums, talking.


KAYO CHINGONY (1987, Mufulira, Zambia)
Imagen en Civitella Raineri

Gustavo Toba | La reminiscencia de algún panel televisivo

Nuevas maneras de ser feliz    


(sobre un poema de Óscar Hahn)

La mesada está cubierta con las frutas que comemos por la tarde en el living de tu casa. Ayer salteamos la merienda para ir hasta la rambla que inventaste a señalar los espacios que habitamos desde afuera. Corazón, vas superpuesto con el punto hacia el que vamos, reflectado en el vidrio de una tienda de chucherías. 


Intentás habitar tu cuerpo 




En la fiesta podrías haber bailado
pero te dedicaste a escuchar 
una charla de mujeres 
y a fumar un cigarrillo. 
El sueño te impedía mirar 
lo que, de todos modos, 
no veías



El pasajero



Dejás atrás los miles de nombres 
que fuiste dándoles a las cosas 
y que se perdieron sin dar aviso. 
Sentado en el aeropuerto de Vancouver 
escuchás la melodía cruel 
que una estudiante toca 
en un mundo paralelo


Camarones 




El sol te cegó los ojos 
aunque estaban cerrados.
Los abriste solo para mirarlo de frente 
durante el momento en que 
una bandada pasó ligera 
por encima de tu cabeza


3




Sobre todo, no ser el causante de lo que ocurra. 
Hay que estar un poco roto 
y a la vez sostenido 
por la obstinación en que vivimos.
Cada día es una anotación 
con un aire de consigna. 
Y hablando de la experiencia: 
¿vas a decir que no llegás a nombrarla?  
Si la risa loca de las palabras 
parece que te dijera: 
“al final es tu vivencia la que era un juego, 
¿ves que no pasa nada?”


Bulnes y Rivadavia




Quizás haya llegado con los años
a un secreto escepticismo 
respecto de la eficacia
de su trabajo, y tal vez no fui el único 
que se preguntó si su experiencia 
lo habrá llevado a interrogarse   
si su práctica era solo un pasatiempo.
Desde un principio lo habrá sabido: 
quien ofrece un talento debe agregarle un carácter 
y no hay mejor modo de llamar al estilo 
que confiarse a la repetición y la persistencia. 
Redujo su proceder a una economía tan férrea 
que la volvió un axioma: guardar silencio 
hasta el colmo de lo tolerable. 
Lo trabajoso no sería la cura, que no estaba 
en sus manos, sino mitificar su pose 
y resistirse a la tentación de hablar. 
La parquedad sería su sello, 
y si por él hubiese sido 
habría extremado el personaje 
para no hacerse escuchar hasta dar 
por terminada la sesión; 
pero sin una frase de tanto en tanto 
él mismo se hubiera evaporado.
Con el pasar de los años llegó tal vez
la apesadumbrada conclusión: 
era imposible dictaminar si su práctica
incidía en los trastornos de sus pacientes. 
Nadie, a decir verdad, se curaba…
La clínica le habrá traído entonces 
la reminiscencia de algún panel televisivo: 
la gente acudía para animarse a dejar una pareja 
para decidirse a estudiar una carrera 
o para conocerse a sí misma. 
En esos casos quizá ayudara
pero la perspectiva de esa vida burguesa  
seguramente lo aburriría. ¿Qué hacer?
No podía perfeccionarse más que en el arte 
de la ocurrencia: no había otra cosa. 
¿Habrá sentido alguna vez disgusto 
al detectar una dolencia en la forma 
de una broma o una ambivalencia 
expresada en un olvido? 
Se dedicó a pensar libremente 
en las sesiones 
como si fuese un llamado del destino. 
Era imposible (para el otro) confirmar lo que él hacía. 
Su distancia se hizo majestuosa: 
una herramienta forjada a mano y aplicable a cada caso.
Además, quienes hablaban, no lo veían… 
Una tarde citó a Boileau: “Lo mejor es lo posible”,
¿y qué era sino pensar lo que allí 
básicamente se podía? 
Por lo que ya estaba todo dicho…  
Especuló cada vez con mayor arte. 
¿De qué se lo podía acusar? 
En definitiva, esa había sido su pasión
además de la enseñanza, la reflexión y cada tanto 
la escritura sobre unos conceptos con nombre alemán 
y flexión francesa que lo ocuparon 
al punto que les dedicó su vida


La imagen muestra a una persona joven que sostiene sobre su pecho un gato moteado con manchas marrones. El mismo cubre parte del rostro de la persona quien viste una remera blanca sobre un fondo de una pared también blanca o tenuemente gris. La sombra de la persona retratada se proyecta sobre la pared
GUSTAVO TOBA(1973, Buenos Aires,  Argentina)
De: "Sobre el destiempo", Barnacle, 2026

Imágenes delgadas, tenues, sostenidas por las líneas finas de la mirada, que se posa sobre los objetos casi como si flotara. Relicarios de una fe perdida, o que llega tarde, cuando la escena ya se ha disuelto, y solo queda de ella una rememoración difusa, titubeante, difícil de recordar, casi indescifrable. En los poemas de Gustavo la atención parece funcionar fuera de compás: demasiado detallista para acompañar un pensamiento que ya está en otro lado. El pensamiento tiene forma, pero la suspensión de la forma también es un pensamiento. Por momentos me da la impresión de que en estos poemas hay un pensamiento que escribe y otro que lee, que no funcionan al unísono pero que muchas veces se confunden. Podría imaginarme que la poesía de Gustavo habita el espacio de ese desencuentro, pero sin embargo a veces la conjunción se produce, y entonces su poesía conquista un instante.

Ezequiel Alemian

Aníbal Cristobo | In memorian


Cesare Pavese | No sabe nada del viento la mujer que duerme

La imagen es una ilustración artística de estilo pintado. Muestra el perfil de una persona con el cabello oscuro y peinado hacia atrás. Lleva gafas redondas que reflejan la luz, ocultando parcialmente los ojos.  La persona sostiene un cigarrillo cerca de la boca, como si estuviera a punto de fumar o acabara de hacerlo. Su expresión parece tranquila e introspectiva. La iluminación es cálida, con tonos amarillos y marrones que crean un ambiente suave y nostálgico.  El fondo es sencillo y difuminado, sin detalles específicos, lo que centra toda la atención en el rostro y el gesto del personaje.

Placeres nocturnos    




También nosotros nos paramos a sentir la noche 
en el instante en que viento está más desnudo: 
las avenidas están frías de viento, todo olor ha cesado; 
las narices se levantan hacia las luces oscilantes. 
Tenemos todos una casa que espera en la oscuridad 
a que regresemos: una mujer que espera en la oscuridad, 
tendida en el sueño: el cuarto está caliente de olores. 
No sabe nada del viento la mujer que duerme 
y respira; la tibieza del cuerpo de ella
es la misma de la sangre que murmura en nosotros.
Este viento que nos lava llega desde el fondo
de las avenidas abiertas de par en par en la oscuridad;
las luces oscilantes y nuestras narices contraídas
se debaten desnudos. Cada olor es un recuerdo.
De lejos, de la oscuridad, salió este viento
que se abate sobre la ciudad: de abajo, de prados y colinas,
donde solo hay una hierba que el sol ha calentado
y una tierra ennegrecida de humores. Nuestro recuerdo
es un áspero olor, la poca dulzura
de la tierra desventrada que exhala en invierno
el aliento del fondo. Se ha apagado cada olor
en la oscuridad, y a la ciudad no nos llega más que el viento.
Volveremos esta noche a la mujer que duerme,
con los dedos helados a buscar su cuerpo,
y un calor nos sacudirá la sangre, un calor de tierra
ennegrecida de humores: un aliento de vida.
También ella se calentó en el sol y ahora descubre
en su desnudez su vida más dulce,
que de día desaparece, y tiene sabor de tierra.



Piaceri notturni




Anche noi ci fermiamo a sentire la notte
nell'istante che il vento è più nudo: le vie
sono fredde di vento, ogni odore è caduto;
le narici si levano verso le luci oscillanti.

Abbiam tutti una casa che attende nel buio
che torniamo: una donna ci attende nel buio
stesa al sonno: la camera è calda di odori.
Non sa nulla del vento la donna che dorme
e respira; il tepore del corpo di lei
è lo stesso del sangue che mormora in noi.

Questo vento ci lava, che giunge dal fondo
delle vie spalancate nel buio; le luci
oscillanti e le nostre narici contratte
si dibattono nude. Ogni odore è un ricordo.
Da lontano nel buio sbucò questo vento
che s'abbatte in città: giù per prati e colline,
dove pure c'è un'erba che il sole ha scaldato
e una terra sventrata che esala all'inverno
il respiro del fondo. Si è spento ogni odore
lungo il buio, e in città non ci giunge che il vento.

Torneremo stanotte alla donna che dorme,
con le dita gelate a cercare il suo corpo,
e un calore ci scuoterà il sangue, un calore di terra
annerita di umori: un respiro di vita.
Anche lei si è scaldata nel sole e ora scopre
nella sua nudità la sua vita più dolce,
che nel giorno scompare, e ha sapore di terra.


Traducción: Jorge Aulicino
Otros poemas de CESARE PAVESEaquí
Imagen en PeakD

María Lanese | Mejor seguir como si nada fuera a durar

La imagen muestra un retrato cercano de una mujer mayor con una expresión serena y reflexiva. 🌿  Tiene cabello corto, lacio y completamente canoso, peinado con una raya lateral que enmarca suavemente el rostro.  Su piel clara presenta arrugas finas y naturales, especialmente alrededor de los ojos y la boca, lo que sugiere una edad avanzada.  La mujer apoya la mejilla sobre la palma de su mano, en un gesto tranquilo y contemplativo.  Lleva aros plateados grandes y un anillo metálico de diseño, que destacan discretamente.  Viste una blusa de tono coral o salmón, que aporta calidez a la imagen.  Su mirada es directa pero suave, con un leve gesto de sonrisa en los labios.  El fondo aparece desenfocado, con tonos neutros y un elemento de madera que sugiere un interior doméstico o un ambiente tranquilo, lo que dirige toda la atención hacia el rostro de la mujer.  En conjunto, el retrato transmite calma, intimidad y una sensación de reflexión o serenidad

El fuego    



Así como de la madera 
se desprendió 
                con un crujido 
la primera llama 
irrumpe ahora 
despedido por los astros 
el fuego celestial. 
Trae consigo los presagios 
de cometas preñados 
                          por misiles.
Son partos siderales
que resecan los ríos
y atormentan los mares.
Con la furia incandescente
de los remolinos
componen el cuadro sonoro 
de una tempestad
  de la que ya no sabemos
                       o no queremos
                                  leer su partitura.



Nosotros




En los mitos de origen
es frecuente encontrar
                                     en los relatos 
el lugar prominente que ocupa 
la mención de algún fruto
el protagonismo de algún árbol
o la fatalidad de una caída.

¿Habremos caído de los arboles?

Deambulamos un sinnúmero de años 
sin noción de rumbo ni destino
            comiendo raíces 
oliendo rastros que nos alejaran
del peligro inminente 
de alguna quijada entrenada
                                 en devorarnos.

Imaginar la exactitud
de cada hueso 
                           orientando
la tensión en cada músculo
                 la fluidez 
                   vertical
               de la sangre 
              en cada vena
             en cada arteria

acechar la pulcritud de aquel instante
       en que nuestro cuerpo 
                  desolado
a merced de la voracidad 
de una gravedad incontenible

logró alzar su cabeza
                           alinear la mirada

fundar para siempre el horizonte
               fin y principio
de nuestros puntos cardinales

es solo comparable a la irrupción 
              de algún saber inesperado

al vértigo que siempre
               nos produce la belleza.


Hubo también otro instante 
                                      prodigioso
aquel del zumbido 
                     de la primera flecha.

Con la invención del arco
en el temblor de aquella única 
                     cuerda primordial

—según Pascal Quignard—

                   se originó la música.

También la disonancia
                          y la maquinaria de la muerte.


Seguir 



Con los brazos disponiéndose
al encuentro
                     con los pies descalzos
sin recelo por algún destino incierto
con la mirada abierta a horizontes 
                                              impensados.

En el pedernal
el pulso seguirá encerrado 
                     por milenios
esperando el golpe
                      esperando el soplo
que despierte la chispa del entendimiento.

La claridad que el fuego nos concede
            es según la intermitencia de la llama
                                            más o menos engañosa.

Con el primer despertar
algo queda prendido en el adentro
¿es acaso el pálpito remoto
del primer parpadeo
el comienzo
del camino hacia la luz?

Es preciso seguir
seguir a tientas las señales
la oscuridad agudiza los sentidos
sin nocturnidad las estrellas
se ausentan.

Seguir como si aquello 
que debió permanecer en secreto
a resguardo de nuestra codicia
de nuestra lectura defectuosa
continuara escribiéndose sin pausa
en cavernas remotas
                      esas 
donde la fuerza incontenible 
del agua que mueve al mundo
se aquieta en los lagos 
                           necesitada de silencio.

Las palabras 
están en todas partes
aguardan a la espera
desde el comienzo
de los tiempos.
El destino de los signos
¿será quizás colgarse del aliento
dispuestos a entregarse
a quién intente nombrar
aquello que aún no tenga nombre.
y así dejarse oír?

Mejor seguir como si nada fuera a durar 
como si el viento fuera el único testigo
de la eterna corriente donde se mezclan
 y se abrazan desde siempre 

                               todas las lenguas del mundo.






MARÍA LANESE
 (1945, Ripalimosani, Italia. Reside en Rosario, Argentina 
De: "El pulso en la piedra, Barnacle, 2026

¿Quién habla en este libro?  ¿Qué voz antigua y sabia discurre y medita en él? Porque sentimos que camina y se detiene, se abisma en las galerías subterráneas del mundo y de sí misma. Una voz que parece recorrer las eras, retroceder hasta el pasado para interrogar las piedras y las manos primitivas que pintaron en ellas, para calentarse junto al fuego y elevar su pregunta al cielo. Y, de nuevo, volver su vista atrás. 
¿De quién es esta voz que habla desde tan atrás? ¿Desde el comienzo de la vida, de las eras geológicas? 
Poesía del preguntar es este libro. Poesía del ensimismamiento grave y gozoso. Yerra quien crea que estos poemas son ocurrencias del azar. Son meditaciones, vertientes de dónde nacen imágenes que tratan de nombrar las cosas. Los escasos elementos de lo que se compone la realidad y la experiencia de esa voz: fuego, agua, aire, piedra, luces en el cielo, escritura, consumación. Sí, lo que existe, reducido a sus más esenciales elementos. 
 Libro que aspira a escuchar lo imposible: un latido en una piedra. Y, no por imposible, deja de hacerlo, de poner en ello todo su empeño. Y, acaso una fe, que es casi como un amor desmesurado. No hay pulso, pero hay el escuchar. 

Carlos Andrés Jaramillo 

Pablo Natale | Nada que se parezca a nosotros

I    



Todo a mi alrededor es un dibujo 
me siento en uno de esos primeros videos 
que salían en mtv 
o como fido dido, atrapado en una isla 
fido dido se parecía al actor de forrest gump 
y el actor de forrest gump se parecía 
al de la película esa 
en la que un náufrago vive solo y apartado en una isla
y todo eso se parece a
una novela del siglo xviii de un inglés
de buenas intenciones pero mala actitud
las ideas detrás de la novela eran
“cada uno es una isla”
“dios provee”
y “ocupemos nuestro territorio”
o sea, si al náufrago le daban un lápiz
hubiese dibujado sin parar
trazando líneas entre las colonias y el imperio
líneas entre ser fiel y ser un súbdito
y entre la soledad y la obligación
pero mientras tanto
¿ven lo que les digo?
ni vos ni yo
podríamos dibujar
nada que se parezca a nosotros
y menos aún
podríamos hacer
el dibujo de un pez
y las demás cosas que contemplamos
con la mirada perdida
solos en la mesa común.


II




No se puede representar
un cachalote
pero sí se puede
representar una mesa
lo cual habla a las claras
de lo mal que está la democracia
y toda esa gente abucheando
con papeles blancos en las manos
pidiendo por un acuerdo común
a la hora de dibujar mesas.
No puede ser que todas las mesas sean
iguales y distintas
porque no hay cosas iguales y distintas
esto es lo que dice la ley y es lo que
corresponde a la buena civilidad
entonces las mesas o son mesas
o son sillas o son ratas
y una rata mordiendo la pata de una mesa
es una parte de la mesa o una parte de la rata
o un producto nuevo al que le hace
falta una buena publicidad
y mientras tanto el cachalote
ha quedado de lado
porque la verdad de este mundo
la sabíamos desde hace dos siglos:
no se puede dibujar un cachalote
nadie puede dibujar un cachalote.


III




Así que chateo con vos
me decís que te cuesta imaginarte el futuro
te digo que ya estamos grandes para esas cosas
y en otra ventana mi hermana chatea
y me dice que quiere dibujar una ballena
una ballena no, le digo
dibujá un cachalote
y entonces se pone a buscar en google
y resulta que para ella
cachalote es un hostel
que queda en la loma del culo
y vos me decís
que cómo vamos a hacer
si ni siquiera podemos ahorrar
y sólo nos queda miedo acumulado en montañas
y te digo que ya estamos grandes para esas cosas
y que es hora de sentarse a producir
entonces nos quedamos callados
como si no supiésemos de qué estábamos hablando
y tengo muchísimas ganas de
ponerme a leer moby dick
pero entonces me pasás fotos
en las que estás disfrazada
y te digo que seguro que así vas
a encontrar un buen trabajo
y mi hermana me pasa un dibujo
en el adjunto veo
un hotel, o sea
una casa con muchas puertas y ventanas y el viento
mi hermana dibujó el viento
y afuera del hotel cachalote
un señor con sombrero y bastón
y una flecha que dice
“éste sos vos”
y cómo puede ser que en el dibujo sea tan viejo
quiero ser como el actor de volver al futuro
que siempre era igual
pero tenía parkinson, me decís
disfrazada de gatubela
con una mini y las tetas al viento
tu manera de pensar es opuesta al éxito
me dice una nueva ventana
que se abre al costado
alguien que no conozco y tiene razón
y entonces agrando el dibujo de mi hermana
y veo que es una casa
llena de ventanas que arriba dice
“hotel cachalote”
y pienso que estamos todos ahí
no nos vemos pero estamos
todos ahí
“hey”, escribo ahora
en las ventanas que me rodean
“¡vamos todos
a okupar el hotel cachalote!”.


IV



Todo a mi alrededor es un dibujo
debía de decirse
Jonás adentro de la ballena
dios es un dibujo que me pesa y que me obliga
y la respiración es el aliento
de un ser frágil bajo las aguas
pero no puedo mover una mano
debía de decirse
Jonás adentro de la ballena
cómo es posible
que estando en el centro mismo de las cosas
en su ser más profundo
en su propias fauces
no pueda dibujarla.


V




Una ballena se encontró con un cachalote
y le dijo sos como un mercedes benz
pero con la piel dura,
y el cachalote le dijo
sos como una actriz porno, pero con la piel dura
y la ballena y el cachalote se encontraron
con un pez y le dijeron
para dónde va el agua, hombre
no soy un hombre, soy un pez
dijo el pez
que se parecía muchísimo a un
empresario o productor
esa gente de clase media que
se llena de plata
esa gente que mira a las ballenas y cachalotes
como si fuesen un paisaje y un chiste
como si pudiesen estrujar toda esa piel dura
y saciar su sed
claro que todo
cambió cuando apareció una sirena
venía a los palos
de un recital de folklore
en el medio de suecia
y les dijo
vos sos un pez
vos sos un cachalote
vos sos una ballena
son todos una industria
y yo soy la sirena
la materia
de los sueños.


VI




Me gustaría saber cómo se llama
el agua que hay en los ojos de una ballena
y si las lagunas son
cosas que se les escaparon
animales tan grandes
la primera vez que vieron un barco
antes de acostumbrarse a ellos
debe haber sido como si
el nacimiento de los robots
o una máquina que siente o
el séptimo sentido
me gustaría escribir cómo se llama
pero no se llama
el agua que queda en los ojos
en el reflejo de la ballena.


VII




Entonces me preguntaste
en la ventana que quedaba abierta
si se podía representar un cachalote
me lo preguntabas en serio
era como si me preguntaras
si el árbol y el poste
realmente existían
o si solo eran
la materia con la que
nos atamos unos a otros
y damos vueltas en el suelo
así que estiré la mano y te dije
soy un cachalote
y me dijiste que te encantaría
treparte arriba mío
y te dije que no
porque siempre los animales fueron
esclavos de nosotros
cuando en realidad eran nosotros mismos
mucho tiempo después
todos tenemos gente que vive en Suecia y en Nepal
dobles de nosotros mismos
que duermen y suspiran
y cogen y trabajan y se mueren
así también tenemos sombras
y animales que nos siguen
ese cachalote que no podés dibujar
debe ser un ángel o un duende
si le pedís algo
seguro que te cuida y te destroza
por eso cuando abriste la ventana
y me preguntaste si realmente se podía
si realmente se podía realmente
representar un cachalote
te dije
la verdad más dura que te podía decir
y es que hace siglos que no escribo una línea
que me haga libre
que hace cientos de años
que no floto sobre las aguas
como un animal enorme.


La gramática de mi madre




En una película sueca
se llamaría Johanna
mi madre tiene tres comportamientos básicos
de mucama, de hámster, de león,
hace semanas, meses,
que no veo su piel distendida,
pule con constancia y solicitud
la superficie de los muebles
pero su cara hace rato
amanece sin pulir,
en una película sueca
se llamaría Johanna
la veríamos correr y, en su mejor momento,
estirar la mano, subir a un tren,
y luego tratar de recoger el bolso
lleno de ropa
que se cae por la vía recta,
ropa que sería de mamá,
y que nadie, nadie,
va a recoger.
A veces, como ahora, llora,
y su rostro se transforma al rojo,
los pelos rizados y morenos se mueven,
un pequeño golpe de electricidad en la cara
eso es casi todo,
junto al silencio que construye
para dar espacio a la culpa de los demás.
A veces, también, no llora,
simplemente se nos queda mirando,
y sé que en ese momento espera,
mucho más de mí,
de lo que le puedo dar:
llamarla Johanna,
e imaginarla libre
en una película sueca
que jamás vamos a ver.


PABLO NATALE (1980, Rosario, Santa Fe, Argentina)
Fuente: Pacman vuelve 
Imagen en Eterna cadencia

Brane Mozetič | Secuencias que siempre hay que recortar

Retrato del poeta esloveno Brane Mozetič que mira con los ojos bien abiertos en señal de descubrimiento o curiosidad. Se destaca la frente amplia enmarcada por un cabello negro bien recortado. Viste un buzo color bordó con unas siglas en el cuello sobre una camiseta blanca


UN chino joven me explica a Derrida, 
se tambalea con un vaso en la mano. En realidad 
he estado observándole antes y preguntándome 
sobre su sexo. Le saco una cabeza, es menudo, 
con sombrero, como si saliera de una película 
de gánsters, en serio, parece que escribe guiones, 
podría ser una lesbiana. Se me ha acercado él, 
¿cómo se le ha ocurrido sacar un tema así, 
tan febril como está? El bar Palačinka, pasando
el barrio chino. Me monto escenas,
el guionista se pierde, otra vez aparecen rostros,
camino de noche por las calles atestadas.
Me parece que todo esto lo he visto ya en la pantalla.
Ahora viene, claro, un desfile de individuos
deformados, trastornados, con llagas en los rostros
arrastrándose por el suelo. Secuencias que
siempre hay que recortar. Me veo a mí mismo
sentado en una bar y no puedo creérmelo.
Sirenas de policía, bomberos, banderas,
letras pasando rápido, créditos del final
y oscuridad.


De: Banalidades, Visor, 2013
Traducción: Marjeta Drobnič
En Nueva Provenza



CUANDO era pequeño, nos llevaban a saludar con las banderitas
al presidente, mi colegio estaba cerca de una avenida estratégica
justo en el camino del aeropuerto. a veces, cuando él tenía visita,
blandíamos también banderitas extranjeras. ahora nos
llevan a votar. que parece más correcto. el nuevo
gobierno posa ante las cámaras. creen aún que ha quedado
algo para robar. fuertes ráfagas de viento
desde los montes, hace frío, y apenas hay nieve. miro
por la ventana, a la gente que va tomando conciencia
del engaño, pero sin entender bien cómo ha podido pasar

tal cosa. han sido muchos años.



BRANE MOZETIC (1958, Ljublana, Eslovenia)
Imagen en poderpopular

Retirada de Joan Margarit

La imagen muestra a un hombre aparentemente joven tendido en la cama bastante desordenada, vestido, leyendo un libro. A la derecha, una lámpara apoyada en una mesa de noche, aunque la luz parece provenir de una ventana. En el cuadro dominan los tonos ocres

Este poema se vive todos los días. Uno más en la antología de poemas de autores falsos, también falsamente atribuidos a mi firma y a mis secretos. Un poema de nadie, es decir, de mi propio fantasma que creyó ser poeta. Le encomendé a mi amigo de la infancia que no me incluyera en la lista de amigos como los de Joan Margarit. Intento convertir que me quedo aquí en cimiento de hormigón contra los vendavales de la nostalgia y me inquieto cuando mi perro no está a la vista. Busca el rincón más sombrío para escudarse del calor del verano. Yo también me escondo, pero en la soledad. 

Pedro Donangelo


RETIRADA



No conocía este placer de obediencia a una ley. Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído. Recorro la ciudad y me siento extranjero. No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo y ya no sé de qué conversar con ellos. Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña. No recordaba haber deseado con tanta urgencia la soledad. Son señales. El animal las conoce y las obedece. Cuesta mucho encontrar un zorro muerto, un jabalí muerto. Antes se esconden.


epoelpoetaocasional.blogspot.com/2025/11/joan-margarit-retirada.html

Imagen: John Sargent Singer, Man reading


Cees Nooteboom


CONOCÍ
al escritor holandés Cees Nooteboom hace muchos años en Buenos Aires, en una curiosa velada donde también estaba Rüdriger Safranski, un erudito alemán especializado en el Romanticismo. Yo no sabía quiénes eran, lo que me permitió manifestar mis propias opiniones sin cuidarme de decir lo que quería decir. En algún momento de la cena contradije a Nooteboom y, acostumbrado como estaba a que nadie lo objetara,
se desconcertó. Y eso le cayó bien. Algunos años después, fue invitado al FILBA y, enterado de que yo trabajaba en Ñ, me pidió para que lo entrevistara. Fue tapa. Y, por último, junto con Miguel Balaguer, le organizamos una lectura en la que estuvo con Jorge Aulicino y un escritor suizo. La noche terminó en una cena terrible, en la que Ángel Faretta lo increpó porque Nooteboom no era católico. Esa misma semana, hubo una recepción para él en la Embajada de Holanda. A medida que se fueron yendo los invitados, Cees le dijo al embajador: "Ahora traé las bebidas buenas". Nos quedamos hasta la madrugada tomando una ginebra añeja exquisita. Lo vi una vez más en la Feria de Frankfurt en 2013. Allí dio una conferencia rodeado de cientos de personas. Fue muy cariñoso. Durante años me mandó, las buenas reseñas que le hacían los diarios de la lengua castellana. Su gesto era entre cándido y egocéntrico. Murió hace dos días, a los 92 años.

Jorge Fondebrider en Instagram

Un poema de CEES NOOTEBOOM


Fabián Herrero | Una pista de hielo entre las calles

En la imagen se ve a un hombre adulto sentado al aire libre, apoyado junto a una pared blanca. Está ligeramente de perfil, mirando hacia la cámara con una expresión tranquila y relajada. Tiene el cabello corto con entradas pronunciadas y barba corta con algunas canas.  Viste un suéter oscuro de manga larga. Detrás de él hay un árbol con ramas claras y hojas verdes densas que cubren el fondo, lo que sugiere que la foto fue tomada en un jardín o patio. La iluminación parece natural, probablemente luz del día, y crea un ambiente cálido y sereno.

Una pista de hielo entre las calles    



I País de ramitas   



Las palabras aparecen  
y desaparecen por todas partes.
Ahora el más  
rojo sol sobre las casas es un incendio 
que habla.
En algún punto de estas 
calles desoladas,
las cosas se niegan 
a instalar 
su entera luz, 
la intensidad 
del secreto tiene 
el aire de cualquier ausencia.
En cuclillas, atento, 
yo todavía espero 
una pintura en la tela del aire.
Con un dedo 
vuelvo a marcar el círculo luminoso 
de un mundo. 
En mis ojos de veinte años, todo 
ilumina el país de ramitas 
de su esperanza. 



II Noche de otoño en verano



No pasa 
una luna 
en tus labios apenas 
entreabiertos.
Mirando fijamente el rostro 
de una piedra te ilumina.
Como una música, 
ahora 
se desliza un rumor 
de hojas que corre 
por todas partes.
Una mano empuja 
una nube hermosa en el viento.



III Una pista de hielo entre las calles



El agua invisible que atraviesa el verano, 
rodeándome.
Nada. 
Solo el pie 
del deseo a la orilla de un cielo 
misterioso.
Nuestra amorosa 
lucha, un estar
hecho de música 
y de celebración de la arena de oro 
del instante.
Y con una mano 
en la cabeza, yo dije,
“Una pista de hielo entre las calles.”
Esa ilusión 
entrando, por la boca 
del tigre (
1), en Santa Fe, 
entrando en nuestra 
infinita 
expectativa de otro 
sueño otro
verano.
Esa sensación, grande
como un cielo, me colma 
de sentido,
como lo hace esa nena que amontona la luz 
en su cara, y hace música 
con su sonrisa.
 
Pero yo estoy parado sobre una calle de hielo 
muy delgada, y el hielo 
se derrite muy pronto 
en Santa Fe.


(1) “Boca del tigre”, de este modo se le dice a la salida de la ciudad de Santa Fe saliendo hacia Santo Tomé, en donde está ubicada la cancha del Club Atlético Colón.

De: "La nostalgia es la que hace sonar el tambor de mi corazón", Barnacle, 2025

A los 20 años se tiene fe, esperanza y poesía, luego todo se va desdibujando, salvo que decidas, no sólo es destino también es deseo, ser poeta.

Si estás en una ciudad rodeada de agua, dónde no sólo la tierra sino el cielo que tiene olor a río, este paisaje se hará carne y se hará palabra.

Y una fuerte, larga cadena invisible te ata a la tierra. Esa misma tierra en dónde nacieron fe, esperanza y poesía y se fundieron las tres en el latido de una vida:  aquel que da voz a la nostalgia que hace sonar el tambor.

Ese juego entre la lengua coloquial y la imagen de raíz surrealista, ese entretejido, hace a la particularidad de la poesía de Fabián Herrero.  Pero el poeta no advierte el paso de una frontera a la otra, y es lógico puesto que está en su casa poética.  Cuando dice “la edad del agua y del fuego”, está refiriéndose a la edad de la poesía, tampoco sabemos si lo advierte, pero tampoco importa, no avanza sobre la página con su intelecto o buscando una identidad con lo “que se escribe”, es absolutamente personal, y es su mayor logro.

                                                                                                                          Roberto Daniel Malatesta


Otros poemas de FABIÁN HERREROaquí
Imagen en lavanguardiadigital

Catherine Barnett | Sola en Siena

La imagen muestra un retrato en primer plano de una mujer mirando directamente a la cámara.  Tiene  el cabello castaño, de largo medio, ligeramente ondulado y peinado hacia un costado. Sus  ojos son claros (entre verdes y marrones) y su expresión es serena, con una leve sonrisa que transmite cercanía o confianza. Viste una prenda de color púrpura o magenta, con escote sencillo.  El fondo está desenfocado, lo que resalta el rostro. Se distingue un entorno exterior urbano, posiblemente un balcón o terraza, con una baranda metálica y edificios o estructuras detrás.  La iluminación es suave y natural, probablemente luz diurna, lo que produce un retrato cálido y natural.

En route    



Sola en Siena, compré una botella de elixir, 
Elisire di S. Caterina. 
La basílica estaba cerrando, aunque las luces * 
aún brillaban en la capilla lateral, 
la capilla de mármol donde está la cabeza de Catalina, 
momificada, dentro de una caja festoneada, 
detrás de una reja, bajo llave,
lejos de su cuerpo aún enterrado en Roma. 
Permanecí allí de pie unos pocos minutos.
tratando de entender. ¿Era ella arte o realidad?
Cerca de mí, un hombre se pasaba los dedos
por el cabello. Respirando.
Compuesto orgánico volátil mal iluminado 
junto al relicario dorado. 
Parecía el momento apropiado para tomar decisiones. 
Paciencia, urgencia, perdón, aceptación. 
Los elixires deben guardarse en relojes. 
Hecho de bergamota y vapores, 
éste se esparce furtivamente por el amanecer 
y quema cuando lo bebo como si fuera aguardiente.


* La autora se refiere a la basílica de San Domenico, donde se encuentra la cabeza de santa Catalina de Siena, muerta en 1939 como consecuencia, se dice, de un riguroso ayuno. Los ciudadanos de Siena deseaban que sus restos volvieran a su ciudad, pero ante la negativa de las autoridades romanas, algunos fieles se hicieron con la cabeza de la santa y la guardaron en una bolsa. Según la leyenda, cuando los guardias les exigieron ver el contenido de aquélla, sólo encontraron un cúmulo de pétalos de rosas. Según otra leyenda, los padres de Catalina se negaban a que ésta tomara los hábitos, pero cambiaron de parecer cuando vieron que una paloma se posaba en la cabeza de su hija.
(N. del T.)

En route



Alone in Siena, I bought a bottle of elixir,
Elisire di S. Caterina.
The basilica was closing, though the lights
were still bright in the side chapel,
the marble chapel where Catherine’s head
is mummified, set in a scalloped case,
behind a grille, under lock and key,
far from her body still buried in Rome.
For a few minutes I stood there,
trying to understand. Was she art or fact?
The man next to me was running his fingers
through his hair. Breathing.
Volatile organic compound poorly lit
beside the gilt reliquary.
It seemed like the right time for resolutions.
Patience, urgency, forgiveness, acceptance.
Elixirs should be kept in clocks.
Made of bergamot and fumes,
this one spreads furtively across the dawn
and burns when I drink it down like spirits.


CATHERINE BARNETT (1960, Washington DC, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jonio González
Enlaces: Sitio de Catherine Barnett (en inglés)
Otro poema de Catherine Barnett, aquí
Imagen en Bennington College

El corazón del daño por María Negroni

 El corazón del daño    


¿Y qué es El corazón del daño? Una obra narrativa hermanada (por acoso y exactitud) con las de Clarice Lispector, la Nathalie Sarraute de Infancia o Marguerite Duras. Una lección de escritura. La madre como motor de la escritura en su dureza y en su ausencia. La escritura como lengua materna inhabitable. Una obra magistral.

Carlos Pardo, Babelia, El País


María Negroni, cuya escritura a lo largo de toda su vida ha levantado un mundo en el que se reconoce y se explica, en el que se refleja y se comprende. Es un mundo hecho de edificios en el que se percibe el cuidado de las elecciones y las afinidades, donde ella entra e indaga, determinando las diferencias, reconociendo las semejanzas, para finalmente situarse ante ese mundo siempre inacabado, siempre abierto a otros nuevos, y a que sus elementos puedan ser dispuestos de otro modo, sacando y volviendo a colocar, para que la imagen sea lo más precisa posible, lo más fiel posible, y logre desvelar aquello indecible, incomprensible, el punto ciego, invisible, que siempre está ahí, desconcertando y desorientando el rumbo de la vida. En ese lugar, entre el desamor y la construcción del mundo propio, es donde quiero situarme. Es finalmente El corazón del daño, el relato que acaba de publicar Random House, la historia que desvela por qué María Negroni ha construido el mundo que ha construido.

Victoria Cirlot, Revista Jot down, Barcelona


El corazón del daño, de María Negroni(Literatura Random House) podría haberse llamado Los hermosos años del castigo, como el libro de Fleur Jaeggy. Se los recomiendo con vehemencia afónica, presa todavía del pasmo y del escalofrío en la espina dorsal que describía Nabokov cuando se topaba ante una obra de arte, estupefacta. Porque María Negroni, que aborda a la literatura como a un fiordo gramatical, desguaja a Lord Byron y a María Moreno y escribe esta novela o poema narrativo o balada armada como un cruzado (¨Nunca no vi tanto tullimiento¨). Armada como un cruzado, cargada de joyas y de silencios. María Negroni hace una Carta a la Madre más fundacional que la Carta al padre de Kafka o de Guebel, con todas las prosodias y sus formas y sus pompas. Sus pompas fúnebres. Con una autoconciencia absoluta de su gesta suicida, escribe con una mano arrancada a la infancia, como dice o dice decir.

Laura Ramos, Revista Eñe.


Una novela íntima y extraordinaria en la que explora la ambigua relación entre vida y escritura. En El corazón del daño lo que prevalece es el "modo Negroni" que consiste en romper siempre algo, produciendo una especie de cortocircuito en la lengua que arrasa con las categorías y derrama sobre la textualidad la belleza de una opacidad que rehabilita el esfuerzo por agotar el decir.

Silvina Friera, Página 12.


Un libro increíble. un salto al vacío tan impresionante, tan desgarrador y tan hermoso que nos deja sin aire.

Alejandro Tantanián


El corazón del daño es un réquiem y un aleluya.     

Esther Peñas. Latin American Literature Today.


Como Marguerite Duras a lo largo de su obra, como Vuong, Negroni indaga en la figura de su madre. Lo hace a través de oraciones que funcionan como párrafos brevísimos –cada oración es un párrafo–, verdaderos latigazos del lenguaje.

Carolina Esses. La Nación


Contundencia, rabia musical, una exclusión que alumbra, lenguaje que desborda la frontera entre prosa y poesía, saber del ritmo. El corazón del daño es casi un testimonio literario, autoficción cosida con el hilo de la literatura, y sobre todo el largo e intrincado recorrido de formación de una escritora.

Mario Nosotti,Revista Ñ


Negroni hace de la madre un aleph literario y personal, una isla en sí misma alrededor de la cual no se puede ser ni más ni menos que un náufrago en busca de ese lenguaje que vuelva a nombrarlo todo. Leer a Negroni es quedarse sin aliento y hasta sin palabras. No es posible rearmar en línea recta lo que se ha leído. Quedan imágenes y sonidos, como al salir de un sueño.

Luciana de Mello, Radar Libros


El corazón del daño es una pieza musical. Un manifiesto de escritura. Un ensayo poético en estado de pregunta, que hace pensar en Joan Didion, Lorrie Moore, Lydia Davis, Anne Carson, Amy Fusselman, Nathalie Léger. El corazón del daño es una obra de arte que atraviesa el acto de lectura. Un arte inclasificable, intransferible, vivo, empírico.

Inés Busquets, Agencia Paco Urondo


Esta novela es a su vez testimonio, ensayo, pensamiento filosófico. También una reflexión honda sobre la infancia, el sentido último de la existencia y la extrañeza de la vida. (…) La de Negroni es una escritura que se construye en base a miniaturas preciosistas y se vuelve inmensa.

Verónica Abdala, Clarín



La relación madre-hija me lleva a la extraordinaria El corazón del daño, de María Negroni, donde un texto deslumbrante pone a dialogar a una hija con su madre todopoderosa. Es un diálogo sordo pero lo suficientemente provocador como para que la hija, que reconoce a la madre como dueña del lenguaje, funde una lengua propia y se haga escritora. Allí la libertad es inmensa y la domesticación imposible. El devenir de la novela poema ensayo sostiene su potencia para producir un efecto mundo. La tensión y la precisión en las ideas y en el decir indócil afecta cada frase: la revolución y la afirmación triunfal está en la escritura. Poco importa si esta madre existió y si la autora es esta hija eterna. Se puede partir de la experiencia pero se hace otra cosa. Un libro como un hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros, como aspiraba Kafka. La correspondencia con lo real es irrelevante. Sin duda Cixous y Negroni hacen cosas con palabras, como diría Barbara Cassin.

Paula Pérez Alonso, Página 12



El corazón del daño -tercera novela de la poeta argentina María Negroni (Rosario, 1951)- es un libro imprudente y profundo, una oración sin concesiones, sin vanas resurrecciones, sin piedad ni paz, que, sin embargo, salva a todo aquel que deja caer su mirada sobre cualquiera de sus párrafos. María Negroni ha escrito uno de los libros más bellos y crudos que yo he leído, un libro en el que las heridas no huelen a sangre, y el dolor y la rabia son dos poderosos salvoconductos para que este libro no acabe siendo un ensimismado ajuste de cuentas, una venganza torpe y deslucida.


Sonia Fides, Revista digital El asombrario & Co., España



https://marianegroni.com/pages/pbooks/novelas.html


PoesíaNo

Luis Correa-Díaz | Una Atlántida que nadie buscará

 Es una fotografía en blanco y negro tomada en lo que parece ser un café o bar de estilo rústico. En primer plano se ve a un hombre adulto, sentado de manera relajada frente a una mesa. Tiene expresión serena y amable, mira directamente a la cámara y apoya un brazo sobre el respaldo de la silla. Viste una campera con cierre, de aspecto informal. Lleva bigote y barba corta, y el cabello algo ondulado, peinado hacia atrás. Sobre la mesa hay una taza de café, un vaso y pequeños recipientes (posiblemente para azúcar), lo que refuerza la escena cotidiana e íntima. El fondo muestra una pared de ladrillos a la vista, un mueble de madera clara y algunos cuadros apoyados, junto a un pequeño florero. La iluminación es suave y natural, creando un clima tranquilo, acogedor y reflexivo. En conjunto, la imagen transmite una sensación de calma, cercanía y vida cotidiana, casi como un retrato espontáneo en un momento de pausa.

ATLÁNTIDA     




vivimos de espaldas a la mar, como si 
hubiésemos salido de ella de una vez 
y para siempre, pero nos amontonamos 
a la orilla y nos dedicamos al mal arte 
de ignorarla en tanto nos construimos  
casas y torres, nos bañamos al sol y 
hacemos deportes acuáticos, creemos 
conocer las profundidades, dominamos
las olas surfeando con gracia delfinesca,
descargamos ese nuestro estilo de vida
en su vientre como un vómito de bebé
enfermo crónico, le ofrecemos botellas
plásticas y otras alhajas miserables,
olvidamos que ella lo sabe todo todo
sobre nosotros y que algún día el mundo
entero será una Atlántida que nadie buscará
—no estaremos en ninguna lista de exoplanets


EXOPLANETS AGAIN




bien, qué mejor para nuestro futuro esplendor,
ya van 59 + posibles exoplanets identificados
a la fecha esta vez por el Proyecto Carmen
en un observatorio español, Almería, reúnen
varias condiciones de habitabilidad, al menos
10 de ellos califican respecto a que vida podría
haber allí —a qué escala, pues hasta el 2050 no 
tendremos claridad sobre sus atmósferas—
llegar por allá ahora y contemplarlos in real
time/space y las estrellas que orbitan resulta
inviable, decenas de años luz no se recorren
en un santiamén, como no lo hace la lactancia 
de la especie nuestra a traverso de su historia,
jóvenes mujeres rusas van a parir a Argentina
🇦🇷, como hace poco se iban a 🇧🇷 o a 🇺🇸,
la atmósfera local les parece que da un nuevo
colchoncito a sus criaturas en muchos aspectos 
contractuales, incluido el pasaporte de cierto
prestigio internacional y una seguridad social
para no morir en el intento, turismo de parto,
tráfico global de emigrantes a aquellos países 
donde rige el ius soli, o sea ese tan apetecido
derecho de suelo, si te he visto no me acuerdo,
mostly well off inmigrantes de paso a la caza
de una segunda ciudadanía, exogestantes
de ese futuro esplendor pero muy a ras de piso


LUIS CORREA-DÍAZ (1961, Santiago, Chile)
Fuente: Anales de literatura chilena 2024)
Enlaces: LALT | Revista Altazor
Imagen: Luis M. Pimentel

Marcelo Díaz | Con todo el resplandor de las sombras

Poeta leyendo unos poemas frente a un micrófono. Asus espaldas un gran  ventanal enmarcado por un cortinado color bermellón

 Viajado   

“Una barca es y no es 
cuando se hunde 
ambas desaparecen” 
Issa Kobayashi 
 
De repente pienso en la representación  
de una pluma, no sé  
la memoria casi mnemotécnica repiqueteando 
en los versos de Emily Dickinson, 
tampoco me aprendí los vocablos de los pájaros 
y sin embargo me acuerdo de esa vez 
en casa. ¿Qué sería un viaje 
sino tan sólo otra representación? Ya no la pluma 
si no quizá un trineo y la polvareda de la nieve 
desvaneciéndose en el paisaje mental 
con un efecto para nada lírico. 
¿Dónde guardaste tu voz? 
Sos joven, no sos feliz, ahora vas a contar: 
Uno, dos y tres hasta desaparecer 
como un zorrito dorado en la visión de un arquero 
maravillado por tus ojos 
y el mapa de tus huellas que conduce a tu hogar 
para más adelante encender una fogata y dormirnos 
uno al lado de otro. 
¿No era eso el amor? 
Aquello que me dijiste: “gracias por estar, 
es navidad, mi vida sigue electrizada por la tristeza 
¿me vas a querer igual?” 
En la noche más oscura cubierta de nieve 
con todo el resplandor de las sombras. 
Vuelvo: ¿Encontraste tu voz? 
¿Y dónde la perdiste? ¿Fue en esa noche? 
¿Fue mientras nos imaginábamos 
cayendo 
como esa pluma del poema 
que yo me repito de memoria? 
pero vos ni siquiera lo encontrarías en una canción 
y contra todo pronóstico igual 
¿sabrías que hablo de vos? ¿O acaso la perdiste en el trineo 
yendo hacia quién sabe dónde? 
Esa única noche, digo: 
en la formación de la lírica el proceso 
es parecido al de la descomposición de una helada 
sólo que la claridad del frío 
se desvanece a la inversa de la luz 
hasta convertirse en una emoción nublada 
como un archipiélago 
alrededor del círculo polar. 
¿Qué me ibas a decir? ¿El trineo? ¿Tu voz? 
El poema que no leíste pero y sin embargo es como si. 
¿Qué escuchaste? 
El ángel de la tristeza acariciándote, 
susurrándote por lo bajo: “Una chica y un hombre van perdidos, 
háblale dice el ángel, ahora háblale 
pueden construir una casa: primero la tierra y después 
una cabaña de madera rodeada de pinos 
y al último un sueño compartido 
donde un ángel te habla y te acaricia y así?” 
Cada tanto quisiera ser un auricular 
a veces de oro 
a veces de plata 
sostenido en la imagen acústica de tu corazón, 
un poema que refiere a otro poema que no leímos 
una fábula dentro de una fábula, 
la narración de un cuento de hadas 
que al final termina su recorrido en el mismo punto 
donde nos subimos en un trineo imaginario 
para no regresar nunca 
y por más que lo intentamos 
una y otra vez 
terminamos en el mismo lugar 
donde esta historia recién comenzaba. 




De: "Los gamos", Ediciones Trafinku, 2024. 
Otros poemas de MARCELO DÍAZ, aquí
Imagen: Paola González