Es poeta, ensayista, periodista y gestor cultural. Comenzó a escribir a los 14 años. Dirigió durante quince años (1987-2002) Liber-Arte / Bodega Cultural. Tuvo a su cargo la Dirección Artística del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” (2002-2025). Publicó: “Poemas anteriores” (Editorial de la Universidad Central, Quito, Ecuador, 1982); “Visión retrospectiva de la botella” (Libros de Tierra Firme, 1987); “Una leona entra en el mar” (Ediciones del Dock, 2000 - Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 2004); “Deconstrucción de la mañana” (Ediciones Atuel, 2006); “Los Villafañe. Poesía familiar”: selección de poemas de Javier Villafañe, Elba Fábregas y Juano Villafañe (Ediciones Colihue, 2012); “Públicos y privados” (Melón Editora, 2013); y “El Corte argentino” (Ediciones en Danza, 2020).
Con los sueños comienzan las probabilidades y las responsabilidades; ello implica un camino de dirección única, como en el caso de las argucias del corazón; con la sangre ocurre lo mismo. No debería confiarse más en un libro que en un amigo y es altamente improbable que la belleza logre salvar al mundo: esas dos premisas o propósitos sostienen la música y el silencio (en el mejor orden posible) de una escritura exacta y directa, ajena a cualquier latinajo o acidia, sustentada en una riqueza poética (una actitud lírica) de indudable solidez, continuidad e imaginación (“Nos vimos frente a frente como se hacen las palabras / y el amor”). Quien tenga dos espejos, que venda uno y compre este libro.
La escena contemporánea
En un inmenso mar de fuego se ha perdido la dicha.
En tu calendario arden sólo días de conquista
y se muere de frente.
Eran todos los árboles en la tormenta.
Todo caía desde un cielo de vapor y humedad de mundo.
No eran el tumulto ni la gloria, ni una piedra dormida
luego de correr el agua.
No eran así, ni la felicidad ni el olvido.
Rodeada de hojas te dejabas ver en la ventana
que ilumina el parque profundo,
la noche sin mar
el invierno sin fuego.
Otro calendario vive sin quemarse.
Viven los días que se esparcen en la arena,
con infinitos caballos que regresan del frente.
Una mujer y su hija caminan con una sombrilla de verano
La ceremonia se produce por la rigidez de una mecánica
que sirve para cubrirse del sol.
Se trata de una sombra que se deriva de una poética
de metal más alta que las propias mujeres.
De la naturaleza de una protección que se conduce
caminando y deja su estela de sombras y de luces,
de arenas hacia el fondo de los montes y de orillas
hacia el fondo del mar.
No se sumerge una sombrilla, ni su sombra,
solo van por un camino que las aleja en la mecánica
que se ha inventado para cubrirse del sol.
Miran el horizonte, sea de agua o de médanos
o de árboles, no miran el cielo.
El sentido es visible a los ojos, lo que deja la sombra
siempre se pierde en las espaldas de las mujeres
y al caer la luz sobre el resto del camino.
Más allá la mujer le dice a su hija: “eran así la felicidad
y el olvido”, “córrete un poco de mi lado, para que no
sufras, que la luz te ciegue y te bañe la piel con todos
los colores del mundo”.
Ciudad Capital, agua de río
Qué será de lo público como una multitud que brilla
en la ciudad y en los puentes agrestes de rocío
y césped de comedores.
Qué será de lo privado en un espíritu que bebe
su vaso de vino desde la altura que dejan las luces del centro,
giro de una provincia que va como siempre hasta la vuelta
sobre sí,
tan corta y respirada.
Qué será de mi amor en los puertos y en los claroscuros
que caen otra vez y otra, para que descanses sobre esta calle
y la casa del bosque con un frío de alientos
en la madrugada de un caballo fugado.
Porque el borde de lo sagrado y del agua
a unas cuadras de aquí, serán altura para darte,
altillo, secreto mirador
de una avenida que concluye al río.
Será secreto a voces, con un público que ingresa,
salida al balcón y a los días que van con los vecinos,
con los herrajes, los llamadores y el silencio
de las llanuras construidas y penetradas.
Multitudes rodeadas en los verticales rígidos.
Río extendido, a pasos de aquí, sobre los infinitos de la luz
y sus reservas, conquistas que fueron una provincia,
un parador de noche, un campo de indios y malevos
con copas en su arteria, en su avenida, en sus pendientes
de las lluvias eternas.
Oh, Ciudad Capital, agua de río.
La conversación
Conversamos casi a la orilla del agua
O sobre un río que corre
Pero la conversación es un estado del mundo
por donde nos vamos
Por eso no hay río necesario ni un lugar de silencio
Porque son dos los que se hablan y se entienden
¿Pero qué silencio da el recuerdo de lo que yo te dije
cuando no pude decirte lo que no te dije?
Y yo igual hoy te escucho en lo que dije y pienso:
¿Será la conversación un recuerdo o hay que abrir el parque
y subirse con el agua?
Y de nuevo explicarte lo que no te dije
y quizás vos tampoco dijiste lo que ahora recuerdo que te dije
¿Será que hay que conversar para recordar la orilla
y los reflejos del agua que nos daban de abajo?
¿Cómo será recordar una conversación con los peces
en el agua marrón del dique?
Nos vimos frente a frente como se hacen las palabras y el amor
Tanto sabemos ya que nada hace falta de nuevo
Conversamos como si hubiéramos amado el silencio
y el brillo de tu patria.
Ella nunca comprendió mis poemas
James Joyce se había enamorado de una mujer
Se trataba de Nora Barnacle, que era una camarera
del hotel Finn’s, de Dublín
Y que nunca pudo realmente reconocer la figura de Molly Bloom
Ni comprender las imágenes de Joyce y el viaje de Ulises
Aunque para muchos la propia Nora era también
la propia Molly y la propia Penélope
Y así ella terminaba con su monólogo de mujer inventada
Con un sí, siempre con un sí, o como termina
la vida realmente con un sí
Que es la palabra más hermosa que puede pronunciar una mujer
Porque realmente yo he sufrido
Porque deseaba destruir la imagen clásica del mundo
Y que mi amante terminara de decirme el propio final
de su propia palabra como fin
Para poder disolver la imagen de la realidad
en un cuadro de melancolía
Porque al entrar al restaurant ella me dijo:
sería ideal que una camarera
se enamorara de un intelectual moderno
Y que lo importante era amar
y no comprender absolutamente nada de mis poemas
Y que ella podía terminar con un sí, iniciar con un sí,
que es la palabra más bella que puede pronunciar una mujer
Y queda ese dolor por no pedirlo todo
Al quedarme solamente explicando mi última imagen
de un intelectual moderno
Y que una estación del sur no se recorre en un solo día
Ni Temperley es Dublín, ni en mi barrio
hay un hotel como Finn’s,
Aunque mi camarera me lo dijo con una claridad extraordinaria
Puedo amarte y no entender nada de tus poemas
Y decirte sí una mañana,
que es la palabra más hermosa que puede pronunciar una mujer
Y recorrer el sur como si fuese una calle con su plaza
Y dar la vuelta tantas veces como ocurre con tu barrio
Cuando siempre te pregunté lo mismo
Y que no hace falta que yo entienda tus poemas para decirte sí
Que es la palabra más hermosa
que puede pronunciar una mujer
Y que yo puedo llevarte por el mundo
sin comprender la menor de las metáforas
Verte con esta boca de tan cerca
Decirte sí de nuevo
Volver sobre el fin con una sola palabra,
que es la palabra más bella que pueda pronunciar una mujer
Y yo tratar de terminar este propio monólogo
sin que hayas entendido
absolutamente nada
Y que me digas que sí
Que yo imagino que me dices que sí
Que yo escribo que sí
Que es la palabra más bella que puede pronunciar una mujer
cuando te escribo.
De: "Antología personal", Ediciones Barnacle, 2026