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10 poetas españoles contemporáneos

Pintura de tres mujeres vestidas de negro enfrentadas

Esta es una recopilación absolutamente arbitraria de poetas españoles en mi blog. Algunos de mis poemas preferidos, lo mínimo para destacar. El resto lo encontrarán en esta dirección: El poeta ocasional | Poesía contemporánea
Joan Margarit: Retirada    


No conocía este placer
de obediencia a una ley.
Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído.
Recorro la ciudad y me siento extranjero.
No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo
y ya no sé de qué conversar con ellos.
Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña.
No recordaba haber deseado
con tanta urgencia la soledad.
Son señales. El animal las conoce y las obedece.
Cuesta mucho encontrar un zorro muerto,
un jabalí muerto. Antes se esconden.



Pedro Alcarria: Un paseo por el Louvre     


Es el error fatal de abrigar esperanzas: 
 
Siempre que voy al Louvre a iluminarme 
me asalta un ataque de furor. 
 
No perdono la belleza 
que es como una perra cariñosa 
saltando de alegría a mi lado. 
Y querría apalearla hasta la muerte,
por un repugnante juego de la inteligencia,
por el trino ambicioso de mi corazón.
Y me pongo a contar fábulas idiotas,
de las que no tengo fotos ni pruebas.
Todo para que el asno ascienda.
A menudo me arrepiento,
-sala tras sala del Louvre
de este arranque atrabiliario,
de esta flor de mi crimen,
de estos estúpidos augurios.
Maldiciendo por los pasillos del museo,
enfermo de esperanza.



Ángeles Mora: Casablanca

                 As time goes by...

Entre todos los bares de este mundo
he venido a este bar para encontrarte,
furtiva como siempre,
para rozar la piel de tus esquinas.
Y cómo me hace daño tu cansancio
-ya sabes que mañana es cada lunes-
esa vieja, tristísima, memoria
de buscarle sentido a algo que bulle
como se abre una flor,
así, de golpe.
Manías de la ausencia y tus nostalgias.
Te noto tan cansado...
Quiero dormir contigo. Busca sólo
un poco más de sueño y de tabaco.
Quiero morir contigo.
¿Por qué no me prometes un cumpleaños más?
Las arrugas ahí sí que son cosas serias
o el paso de los días,
con mis pechos que bajan a acariciar tus manos.
Y luego cuando un labio nos elude
en la piel de las ingles, ay, no muerdas,
y nos brinca por dentro...
                                          Pero ahora llega el tren
como un viejo caballo del National
qué diestro en los obstáculos,
qué sucia su taberna,
qué mediodía oscuro al despedirte.
Te veo tan delgado
con tus causas perdidas,
tus canas en la llama de la copa,
mi amargo luchador, .
sonriendo lentamente, como si te murieras.
Como al decirme adiós.


Antonio M. Figueras: La vida por delante    


Mi perro
es un cachorro
incapaz de intuir
que no ha venido
para llevarse la vida
por delante.
Parece feliz,
ajeno a la necesidad
de tomar partido
en lo que sucede
en la plaza Maidan
o en Tahrir
o en el penúltimo desahucio.
Mi perro
ha destrozado
las muñecas rusas
que traje de Moscú.
Da la impresión
de que no le ha extrañado
que al final del misterio,
tras la última matrioshka,
no hubiera
nada.



Concha García: Yo te quise



No hay por qué reencontrarse. Yo te quise. 
Estoy en un jardín. Hay tres magnolios 
y césped. Es un diminuto paisaje que emula 
la naturaleza. Vivo en una casa pareada 
el balcón da a la calle, el dormitorio 
a una laguna de sueños que ya tuve. 
Cuando me reclino para hacer la cama 
de la sábana brotan nidos de aconteceres 
que recuerdo. En la cocina, las tazas 
brillan cuando el sol se va a ocultar 
y el olor de los magnolios impregna 
los cubiertos. 
Yo te quise. Desordeno los papeles
que me desnudan, porque no tengo nada
para cubrir la cuota de alquiler. Yo
te quise.



Francisca Aguirre: Desmesura

                                                                      A Javier Statié

Dijo que no. Y el Tiempo se quedó sin tiempo.
Luego, la vida hizo una pausa
y todo pareció recomponerse
como esos acertijos infantiles
en los que sólo falta una palabra,
una palabra necesaria y rara.
Pero dijo que no. Cerró los labios
y escuchó el gorgoteo de las sílabas
luchando por vivir a la intemperie.
Dijo que no. Y el tiempo oyó el silencio.
Luego, la vida hizo una pausa.
Y todo fue distinto: el dolor fue
más cauto, más sensato,
la lujuria lloró en su madriguera.
Y el tiempo inauguró sus máscaras:
hubo un pequeño espanto en los rincones,
temblaron los espejos agobiados
defendiendo impotentes el azogue.
Los pájaros callaron esa tarde
y la luna brilló blanca y sin manchas.
Ardió la noche como vieja tea
con la absurda avaricia de la muerte,
con su luto distante y pegajoso,
y un rencor resabiado y carcomido
descargó como lluvia en el desierto.
Entonces, sólo entonces,
oyó a su corazón ladrando
y se volvió despacio a los espejos
y los vio tiritar con mucho frío
y pedir compasión desde su escarcha.
Y no supo qué hacer con tanta desmesura:
cerró los labios y escuchó al silencio.



Raquel Lanseros:En ocasión de todos los finales


Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.
Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
la documentación y el escenario
en que sobrevinieron.
No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.
Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.
De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.
Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
y ya no puedo ser.


Adolfo García Ortega: Los vasos de Morandi 

He ahí la astucia de las formas 
y el secreto privado de los colores; 
he ahí una medida para el mundo, 
a veces pura, a veces sórdida, 
siempre ligeramente manchada 
como una gota de pintura blanca 
resbalando por un pincel usado;
sabiduría y zozobra están ahí,
dentro del apacible vidrio
de esos vasos vacíos y en calma. Pero
también están en su interior todos los
días de una vida cualquiera; los 
enormes, los esplendorosos
hechos de una biografía anónima y común.
A mi entender, eso pintó Morandi:
la vida entera, sucia y general.  



Jordi Doce: Desierto de los Monegros


El coche en sombra bajo el tendejón
y flecos de maleza parda junto a las ruedas.
El sol de mediodía percute en el asfalto
y siembra el arenal de transparencias.
Dos muros desdentados,
una señal de tráfico,
restos de chapa y neumáticos rotos
son cuanto evoca
el tiempo de los hombres, su transcurso.
La botella de agua y tus gafas veladas.
Estar de paso es de repente
este paisaje alucinado,
esta incredulidad de diez minutos
que es otro modo de distancia
y convierte la vida en memoria precoz.
Dejas caer el agua por tu frente
y el pelo se te encrespa, más oscuro.
Has vuelto a abrir los ojos
y una sonrisa rompe el maleficio,
este breve paréntesis de insidia
que tiembla con el aire, como humo.
La mueca de tu alivio es una calma
y sé reconocer su contundencia.
Veloz hacia un destino
que nos llama sin conocernos,
el coche arranca y deja surcos en el arcén.
Queda sólo esta luz,
la aguja fiel de agosto
que horada cuanto toca,
más allá de nosotros.



Isabel Bono: Salir a la calle

SALIR a la calle
sin otro trabajo
que vagar sin objetivo
entretener el miedo
se convierte en superstición
nos dirán qué hacer
tú y yo parados
en el centro de la muchedumbre
uno piensa en una flecha
de alguna manera
el dolor desaparece
como la luz menguante
de los charcos


Imagen: Teresa Carneiro

Santiago Sylvester | La cantera (Notas del Tiempo)

describir esta imagen:

Manuel Mujica Lainez por Madrid, siempre teatral e ingenioso. Hace muchos años almorzamos en Salta. En el almuerzo me preguntó si yo pensaba volver a Salta a vivir; era mi época de estudiante en Buenos Aires; y yo entendí (con razón) que en su pregunta había una crítica: consideraba que Salta (y todas las ciudades del país, salvo Buenos Aires) era un pueblón sin mucha gracia. Le contesté con un poema chino: “un pueblo de hombres simples y mujeres sencillas, y pienso que cualquiera de ellos es mejor que yo”. Se sintió tocado, se revolvió como un pájaro que da un picotazo, y señalando hacia fuera por la ventana dijo: “¡Por supuesto, cualquiera de estos es mejor que yo, en el peor sentido de la palabra!” A Mujica no se le puede ganar con chicanas.

La anécdota anterior unida a otra de mucho después. El motivo que me había dado Mujica para llamarme en Salta fue que él tenía una novela cuyo personaje es un poeta de apellido Sansilvestre; huye a Londres y lo modifica por Sylvester. Yo no había leído entonces Los ídolos (cuyo protagonista, más que poeta, es un sospechoso de impostor); pero muchos años después el azar hizo que la editorial Cátedra, de Madrid, le encargara a Leonor, mi mujer, la edición crítica de ese libro.


El conocimiento tiene complejidad; es comprensible que el artista, al exponer su resultado, no facilite la tarea. Hubiera sido absurdo que Picasso, cuando pintó Las señoritas de Avignon, hubiera llenado el cuadro de carteles aclaratorios. El tiempo se encarga de aclarar intenciones y resultados. Pero cuidado: si los aclara demasiado les quita interés. La lectura de los clásicos (Quevedo, San Juan de la Cruz) es posible para cada nueva generación porque siempre quedan zonas en la penumbra, algo sin aclarar. Lo contrario ocurre con algunos versificadores, incluso buenos: el tiempo aclaró demasiado, y perdieron alarma por exceso de iluminación.

El consejo de Eugenio D´Ors, oscurezca (lo contrario de lo que diría un retórico: aclare), es un buen consejo, pero tampoco resuelve el problema; el tiempo también se encargó de demostrar que en muchas obras sólo había falsa oscuridad


Calderón y Shakespeare a raíz de una conversación.

Calderón, buen poeta y excelente dramaturgo: tiene ritmo teatral y sentido del desenlace. Fue un dramaturgo moral, didáctico sobre dónde están el bien, el mal, la salvación, etc. España era el país de la Contrarreforma, y Calderón estaba obligado (tampoco hay pruebas de que quisiera hacer lo contrario) a ensalzar una creencia y una ideología: su obra está presidida por la idea de que todo poder viene de Dios.

Shakespeare vivía en un país convulso y permisivo; es un poeta-dramaturgo laico. Dios no aparece en sus obras, salvo como exclamación (¡oh Dios!); nunca se apela a la autoridad divina para resolver conflictos humanos. El poder está tratado críticamente: reyes y autoridades son (pueden ser) locos, asesinos, dudantes o tortuosos; algo que no podría haber hecho Calderón. Ningún personaje de Calderón podría haber dicho “la vida es un cuento contado por un idiota lleno de ruido y furia”, a menos que, inmediatamente, lo refutara y probara que la vida tiene un sentido trascendente.

Época y sitio condicionan la obra de uno y otro: se los lee con agrado, pero a uno hay que situarlo en la historia, mientras que el otro pregunta con nuestras preguntas y a veces responde con nuestras respuestas.


Hay escritores, y hay gente que escribe. La diferencia es tajante, no sólo de calidad, sino de algo previo: la escritura como destino.


 Un poeta reclamaba para la poesía actual el poder de escándalo de Las flores del mal. El problema, sin embargo, no está en la poesía actual sino en la sociedad actual: no se escandaliza por nada, y menos por una expresión artística. En la época de Baudelaire, la clase dominante era una burguesía ilustrada a la que se podía molestar con un libro de poemas, con una ópera o una obra de teatro (ejemplo, “la batalla de Hernani”). Hoy eso es imposible, ni la burguesía ni ninguna otra clase se entera hoy de las modificaciones artísticas, ni le interesa en general el arte: menos aún el actual. Al poder de escándalo le falta contradictor, y no se puede jugar a la paleta sin frontón que devuelva la pelota. Vivimos la consecuencia del derrumbe del frontón. En la época de Baudelaire el frontón era poderoso: le hicieron un proceso judicial por su libro; la situación de hoy no admite ni siquiera imaginar la censura de aquella época, por lo que el arte tendrá que buscar otras intenciones. El arte de escándalo reclama un censor, y de eso ya no hay, afortunadamente, porque tampoco reclamemos lo que no estamos dispuestos a aguantar.

Por otra parte, hay mucho artista (incluso bueno) que elabora su arte de ruptura asistido por una beca o ayuda similar. No tengo objeciones a eso, pero hay que reconocer que esa situación le ha mojado la pólvora: su poder de escándalo queda reducido al estar “autorizado” a decir cosas terribles. Un crítico alemán usa esta fórmula: “a la subversión por la subvención”; es decir, el hecho de ser pagado para provocar: una ferocidad de boutique. 


Una anécdota que le oí a Roberto Tálice, con quien durante un tiempo fuimos vecinos en Buenos Aires. Tálice había sido amigo de Carlos de la Púa, poeta del lunfardo, y contaba que, con cierta jactancia, de la Púa se declaraba ateo cada vez que podía. Un día de la Púa se enfermó de verdad, enfermedad que lo llevó a la tumba, y Tálice fue a visitarlo al sanatorio. Al entrar a la habitación, se cruzó con un cura que salía; por supuesto, Tálice no dijo nada, pero de la Púa se sintió como pillado en una falta, y atinó a decirle en el mejor estilo tanguero: —Y bueno, flaco, tirarse un lance no cuesta nada.


No hay persona más insoportable que una celebridad de provincia”, Chejov.


De: "La cantera (Notas del Tiempo)", Ediciones Barnacle, 2026
Poemas de SANTIAGO SYLVESTERaquí
Imagen en literaturaargentinaunsa

Joaquín Giannuzzi | Un foco de energía estallando hacia la gracia

El galgo    




Vi la carrera de un galgo filmada en cámara lenta. 
Era como soñarlo. El mecanismo del movimiento 
diseñaba una coreografía 
de ondulantes miembros articulados 
para mínimos puntos de apoyo. Blanca 
la estirada estructura moteada, sobre finas columnas 
que extendían tensiones dilatadas 
hasta límites regidos 
por una pulsación aérea de velocidad. 
Un foco de energía estallando hacia la gracia 
de un orden sano bajo el sol, 
mientras hacia atrás corrían 
confusamente, nubes, árboles y vientos.
Y yo sentado
aplastado al planeta con excesiva grasa
y mi torpe universo dislocado.
Equivocado y discontinuo,
una distorsión oscura
que jadeaba ante el galgo, su decisiva claridad.



Otros poemas de JOAQUÍN O. GIANNUZZIaquí
Fuente: Correo de Ezequiel Zaidenwerg

Pablo Caramelo | La ausencia no tiene explicación

La lectura ocurre cuando se lee por segunda vez un texto, cuando se puede interpretarlo. El azar me ha deparado esa oportunidad. Pablo Caramelo en “Un zumbido bajo y constante” recorre un periplo compuesto de enigmas; con altivez y un lenguaje directo presenta una retórica descriptiva o el efecto que lo real produce en la subjetividad. Una vida particular, una historia íntima, el proceso mediante el cual se puede inferir la emergencia de un conflicto propio de aquellas zonas tangibles de la experiencia con el orden de lo imaginario (“nada en este mundo debería ser / tan hermoso y tan ajeno”). El autor tensa de modo ex profeso la dimensión biográfica y testimonial en la construcción del sujeto y del texto, evocativo y sombrío, con una lógica excluyente: donde hay vida, hay amor. A partir de esos materiales cifra la intuición lírica en su plena intensidad y logra un equilibrio inconmensurable como un recuerdo. Sin obviar los sucesos de la época, los dislates de la moral burguesa, el quebrantamiento de las leyes, el sentido común (“Aún hay magnicidios y récords deportivos, robots / que galvanizan muertos a distancia”) y los ruidos creados por los norteamericanos, entre esa dispersión y polifonía, queda todavía un mundo más antiguo, más firme: “Venías sólo a darte cuenta del amor”. Así se templa el acero.   
                                                                                                                                        Alberto Cisnero                                         
2    


En cada turno oscuro un gemido coral,  
en cada indicación imprecisa  
las madres asfixian al futuro dios 
entre sus ropas, el zorzal se aturde 
cuando su canto grazna y, entonces,  
prefiere hundir también sus patas 
en los desagües fríos y resignarse
a una tonada más simple, más antigua.
Los ciclistas que recorren la noche 
relatan ese repliegue de la vida, cuya 
penumbra vibra para bien y para mal,
y turba a los ancianos despiertos: 
nunca tardaron tanto las señales del cielo.
Sombras sobrecogidas en vano, regatean 
sus horas en nombre de un antiguo velar.
Un pregón entra en el palier, recorre el pasillo
de la morada, padres supernumerarios frotan
el moho de los pesebres. Resuellan edictos,
despachos de un nuevo orden jadeante.



5



De vez en cuando, en medio de los gritos, 
un destello. Una emergencia luminosa, 
imposible de seguir. Con la apariencia 
de relax que nos produce esa epifanía,
nos miramos: no alude a un mundo sumergido. 
Es ella misma. Un cambio de aire para seguir 
la agitación sin rumbo. Hablamos mucho 
sin obtener nada. Extraviamos la taza de té 
y el sentido del brío. Sin numen ni penurias,
en el cuarto inmenso, tres clavos en la pared.  
Abrazados, discutimos la imagen que sostenían.



15




¿Una pelota de cuero, entonces,
no debiera ser objeto de devoción,
sin que decidamos, luego, jugar
y disolvernos? Ay, aquellos bienes: 
durante generaciones aumentaron 
la alegría, incluso en la derrota,
incluso en ese almuerzo ambiguo 
donde la silla destinada al mensajero
por primera vez quedó desocupada, 
y resolvimos desoír teorías al respecto, 
pues los misterios descarrían la teoría
hacia el misticismo, y porque la ausencia 
no tiene explicación, aunque con ella 
desprendamos en paz el nombre 
de cada cosa: hasta las copitas chinas 
de licor quedan deshechizadas.
Respirás con incomodidad, 
este último paseo es innecesario.
Imágenes anárquicas reinando
sobre nada, puro éxtasis negativo.
La materia acumulada por tu clan
descansa del deseo y de la historia: 
alguien reclinado te reconoce y pregunta 
si te molesta cerrar todas las ventanas.



PABLO CARAMELO (Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Un zumbido bajo y constante", Barnacle, 2026
Imagen en Barnacle Ediciones

Eva Baltasar | En el valle de las sombras

La imagen muestra a una persona con el cabello corto y oscuro, usando gafas de armazón delgado. Lleva una bufanda de color marrón claro alrededor del cuello y una prenda superior oscura con un patrón sutil. Su expresión es tranquila y pensativa, mirando ligeramente hacia un lado, como si estuviera observando algo fuera de cámara.  El fondo está desenfocado, lo que sugiere que la foto fue tomada al aire libre, posiblemente en una calle o parque. La iluminación es suave y natural, destacando el rostro de la persona mientras el entorno queda difuminado.

1    




En el jardín, el gen rebelde de Eva 
quería dejar una memoria en la eternidad 
dijo "ya está bien de historias alegres 
no quiero vivir entre flores y rejas". 
Con audacia me atreveré a transformar mi presente, recorrer los pasillos de la vida
y encontrar una posada fuera del tiempo
Mi vida no será una historia de besos y cantos
sino de retos y llantos


2




Escucha lo que tengo que contarte:
nosotras que nos queremos tanto,
acabaremos en el albergue de las mujeres tristes
por gritar todo lo que está callado.
Por profesar el evangelio de Venus,
nos acusarán de entonar un concierto para libertinas,
por explorar las latitudes del deseo en el rosario de Eros,
por probar el sabor prohibido del jengibre
y el dulce perfume del plátano.
nos llamaran comedoras de pecados.
Entre el desdén y la furia, aquellos hombres grises
nos harán beber el cáliz de Maria Magdalena. sepultarán muestras voces de libertad
en el valle de las sombras.
Para ellos, habremos escrito el evangelio de la traición
con el veneno de mujer
Como si buscar la plenitud
en la vida fuese un crimen imperdonable
querrán hacer de nosotras mujeres sin edén


EVA BALTASAR (1978, Barcelona, España)
Imagen en thearchive

Feria Internacional del Libro / Buenos Aires

Rolando Revaglatti | Tres poemas de Pedro Donangelo

Germán Carrasco | El rojo del piso

La única performance de mi vida    




La única performance de mi vida 
ha sido poner cera con tierra de color roja 
en el piso de un cuarto que convertí 
en estudio monacal. 
 
El contraste del blanco 
de la cal de las paredes 
y el rojo del piso 
fueron mi obra maestra. 
 
Aplico cera en cuatro patas
y me siento como una esclava
El piso lucirá impecable
como para la visita de la Virgen.

Es como si hubiese asesinado a alguien
y esparciera la evidencia de la sangre
o me regocijara en su plasticidad
¿A quién habré asesinado hoy?

Quizás maté a alguien y no me di cuenta
como cuando uno abre el periódico
y tiene que leer alguna barbaridad
o escuchar algo horrendo. He aprendido

a evitar estridencias y accidentes
y a no provocarlos ¿Es sangre lo del piso?
Esas sordideces gustan mucho
a nuestras católicas y retorcidas cabezas

Uno siempre mata aalguien
y todos los días lo matan a uno
y se pierde mucho tiempo al pedo
en resucitar



Épica




no pienses en el Che,
piensa en el Chino y el Willy:
esos dos que lo acompañaron hasta el final
(los fotógrafos pasaban por sobre sus cuerpos
—alfombras, bultos—
para fotografía al cristo
de Caravaggio o Zurbarán); piensa
en los recogedores de pelotas en el tenis;
en la lozana noviciatura
de todo primer poema,
en quienes no tienen militancia,
en quienes pasan el año nuevo
en un cyber café peruano.



El tsunami

para Javi Dey

Entonces andaba dios con déficit atencional
o rabia. Una de tres. El asunto es que el pato
lo pagan los de siempre. Ahí tienes
tu arte moderno: una cascada de muñequitas
sin brazos, fotos de décadas pasadas
y tubos anticuados para rizar el pelo.
A unos turistas les dio risa el aviso de tsunami:
un hombrecito que huye despavorido
de la ola esquemática. Ríete nomás bolú,
a ver si así te toca a ti una cumbia terrestre

o un tsunami que tapice la ciudad de algas marinas
como cintas de cassettes antiguos o vhs de traci lords
sobre los postes, las aceras y edificios
en una mega performance.

Otro argentino me dijo que cuando niño
le contaban que el mar iba a subir
hasta la cima de las montañas
y que los chilenos huirían en éxodo
hacia el lado argentino. Entonces
saltarían como langostas
invadiendo Buenos Aires, algo así
como esos ladrones de joyas tipo ninjas
de las películas de acción
o los lavadores de ventanas de los rascacielos.
Sonaba bien el cuento, mezcla perfecta
de Aira con Zurita, o sea: de agua con aceite.

Empiezo a hablar de montañas
y termino hablando de mujeres
que, claro está, son montañas esculpidas.
Empiezo hablando de montañas
y termino hablando de rodillas exangües:
nos levantamos del zafu como ancianos
y como ancianos caminamos luego
de bajar los senderos infinitos. En el fondo
buscamos sentirnos como ancianos
porque la juventud nos repugna.

Las rodillas son los talones
de Aquiles:
yo por ejemplo, quiero unas nuevas.
y quiero hablar de montañas,
no de rodillas maltrechas
que ni para rezar sirven.


GERMÁN CARRASCO (1971 / 2026, Santiago de Chile, Chile)
Imagen en Antonio Miranda

Pol Neiman | El cuenco vacío

QUÉ va a ser de mí 
En los próximos sucesos 
Entre dragones no correspondidos 
Entre lascivias inenarrables 
Canciones abandonadas 
Tiempos sin segundos 
Amores de constante sueño 
Corazones que van muriendo 
Y tanta energía desparpajada. 

Olvidé quien soy
Solo recuerdo un fuego.


YA soy
el cuenco vacío
la luz antes de ser
el hombre que nunca imaginé
que sería.

El sueño aquel
lleno de símbolos:

la palabra que faltaba
el pasado hecho verdad
el presente continuo.

Pero hay algo que aún no puedo ser:

tu nombre
que ya
no recuerdo.



QUIÉN es el que dirige esta comedia sin final
en este otoño falso y prematuro
quién nos salva 
                      ahora del viento
que se lleva
lo que nos queda
de tiempo.



Se observa una persona joven, calvo con anteojos oscuros con una actitud reflexiva apoyando su dedó índice sobre la nariz. Viste una remera oscura. El fondo es un ámbito exterior esfumado, sin perfiles definidos
POL NEIMAN
(1970, Buenos Aires, Argentina)

¿Bastan las palabras para encontrar los significados?El uso preciso de la palabra, su ausencia: ¿son parte de un pensamiento libre que juega a alcanzar la realidad?La poesía de Pol Neiman habita una realidad de “Sangre, Dios y Rocanrol” y su realidad podría ser la nuestra. La de cuando nos mordemos la boca para ‘quitar la forma al recuerdo’ y salir del ‘laberinto’ aun heridos por la sangre y, no volver.Un claro lenguaje siguiendo el rumbo con la brújula de la tristeza, que dice lo que quiere decir y lo que oculta. Una metonimia de lo callado. Un tropo. La belleza de una eternidad que nos deja de rodillas en este mundo ‘igual que sus palabras’.Dios perdonará. En tal caso, sea como fuere, ha de perdonarnos.

 Silvia Camerotto


Diego L. García | Es el paisaje monótono pero suficiente

La imagen muestra a un hombre en primer plano, retratado desde los hombros hacia arriba. Tiene el cabello corto y oscuro, con una barba bien cuidada que enmarca su rostro. Su expresión es serena y ligeramente introspectiva, con una mirada directa hacia la cámara que transmite cercanía y cierta intensidad.  Viste una remera gris y encima una prenda oscura, posiblemente una campera liviana o suéter con textura. La iluminación es suave y natural, entrando desde un costado, lo que genera sombras delicadas que resaltan los rasgos de su cara.  El fondo es neutro, en tonos claros, con una pared lisa que no distrae, lo que hace que toda la atención se concentre en el rostro del sujeto. La composición es simple pero cuidada, con un estilo que recuerda a un retrato editorial o fotográfico profesional.

vaqueros        



todo trata sobre vaqueros 
 
el amor por ejemplo es un viaje al oeste 
sin Texas ni Kentucky 
(tal vez como la Dodge City 
de Errol Flyn) 
 
el tiempo lento de la literatura 
es el paisaje monótono pero suficiente 
del desierto

podría tirarme a mirar las nubes
mientras un tren ruidoso
vendría con maderas y monedas de plata 
y ojos maravillados
a habitar un espejismo


kitchen-sink realism

                                    Johnny, the kitchen sink has clogged for days
                                                                                Marie Howe


saco frases de un bolsillo 
después de 30 años. dicen 
cosas extrañas: alma musical,
fiestas a donde no habría que ir,
avistaje individualista. no sé,
época de remeras a rayas horizontales, 
naranjas. rojas y blancas.

si nos pusiéramos a discutir
de política en lugar de besarnos 
y secar los platos y alimentar
a los gatos, lo que se iría
por el desagüe terminaría siendo 
otra frase perdida y una pena


Otros poemas de DIEGO L. GARCÍAaquí

Kayo Chingonyi | Un poco de elegancia brillante

La imagen muestra a una persona de pie junto a una ventana abierta, dentro de un espacio interior con paredes claras. La luz del sol entra con fuerza desde el exterior, creando un contraste muy marcado entre luces y sombras.  La persona está parcialmente iluminada: el rostro y parte del torso reciben luz cálida, mientras que el resto del cuerpo queda en penumbra. Lleva una remera oscura y anteojos, y tiene el cabello recogido hacia atrás. Su postura es relajada, con las manos juntas al frente, y la mirada dirigida hacia afuera, como si estuviera observando algo o reflexionando.  La ventana de madera abierta proyecta sombras geométricas muy definidas sobre la pared, lo que le da a la escena un carácter artístico y contemplativo. En conju

Un poco de elegancia brillante     




Para los de cara de pocos amigos con zapatos elegantes que adornan 
las paredes de los salones de baile. Tengo poca paciencia. 
Digo bailar, no para ser vistos, sino para ser libres; tus pies 
están hechos para cosas mejores. Siente cómo se disipa la amargura 
que llevas dentro, como le sucedió a un niño de seis años que, como Bojangles, 
se ganaba la vida tocando en los jardines de cerveza de Richmond, 
para deleite de una multitud que 
hoy no lo linchaba, sino que se reía de la rapidez del niño 
.
Sumérgete en la espesura, la pureza emergente
reducida a carne y hueso, nervio y tendón.
Tus brazos cruzados entienden la música. Canaliza
un abarrotado Savoy Ballroom y deslízate por
el polvoriento suelo como tu yo de los veinte con traje zoot
, la pluma de avestruz en tu sombrero,
la arrogancia en tus pasos del polvo ocre
de una aldea de África Occidental. Baila para los tiempos.

Te han acosado los detectives de la tienda
por una señora en un autobús, por la mirada de disgusto
en el rostro de un niño demasiado joven para entender
por qué odia, pero solo que debe hacerlo. Baila
por Sammy, muerto y sin un centavo, y por los
miles que aún se ganan la vida a duras penas como bailarines callejeros
que, aunque bailan para ganarse la comida,
se mueven como si solo existieran ellos y los tambores, hablando.


Some Bright Elegance



For the screwfaced in good shoes that paper
the walls of dance halls, I have little patience.
I say dance not to be seen but free, your feet
are made for better things, feel the bitterness
in you lift as it did for a six-year-old Bojangles
tapping a living out of beer garden patios to
the delight of a crowd that wasn’t lynching
today but laughing at the quickness of the kid.

Throw yourself into the thick, emerging pure
reduced to flesh and bone, nerve and sinew.
Your folded arms understand music. Channel
a packed Savoy Ballroom and slide across
the dusty floor as your zoot-suited, twenties
self, the feather in your hat from an ostrich,
the swagger in your step from the ochre dust
of a West African village. Dance for the times

you’ve been stalked by store detectives
for a lady on a bus, for the look of disgust
on the face of a boy too young to understand
why he hates but only that he must. Dance
for Sammy, dead and penniless, and for the
thousands still scraping a buck as street corner
hoofers who, though they dance for their food,
move as if it is only them, and the drums, talking.


KAYO CHINGONY (1987, Mufulira, Zambia)
Imagen en Civitella Raineri

Gustavo Toba | La reminiscencia de algún panel televisivo

Nuevas maneras de ser feliz    


(sobre un poema de Óscar Hahn)

La mesada está cubierta con las frutas que comemos por la tarde en el living de tu casa. Ayer salteamos la merienda para ir hasta la rambla que inventaste a señalar los espacios que habitamos desde afuera. Corazón, vas superpuesto con el punto hacia el que vamos, reflectado en el vidrio de una tienda de chucherías. 


Intentás habitar tu cuerpo 




En la fiesta podrías haber bailado
pero te dedicaste a escuchar 
una charla de mujeres 
y a fumar un cigarrillo. 
El sueño te impedía mirar 
lo que, de todos modos, 
no veías



El pasajero



Dejás atrás los miles de nombres 
que fuiste dándoles a las cosas 
y que se perdieron sin dar aviso. 
Sentado en el aeropuerto de Vancouver 
escuchás la melodía cruel 
que una estudiante toca 
en un mundo paralelo


Camarones 




El sol te cegó los ojos 
aunque estaban cerrados.
Los abriste solo para mirarlo de frente 
durante el momento en que 
una bandada pasó ligera 
por encima de tu cabeza


3




Sobre todo, no ser el causante de lo que ocurra. 
Hay que estar un poco roto 
y a la vez sostenido 
por la obstinación en que vivimos.
Cada día es una anotación 
con un aire de consigna. 
Y hablando de la experiencia: 
¿vas a decir que no llegás a nombrarla?  
Si la risa loca de las palabras 
parece que te dijera: 
“al final es tu vivencia la que era un juego, 
¿ves que no pasa nada?”


Bulnes y Rivadavia




Quizás haya llegado con los años
a un secreto escepticismo 
respecto de la eficacia
de su trabajo, y tal vez no fui el único 
que se preguntó si su experiencia 
lo habrá llevado a interrogarse   
si su práctica era solo un pasatiempo.
Desde un principio lo habrá sabido: 
quien ofrece un talento debe agregarle un carácter 
y no hay mejor modo de llamar al estilo 
que confiarse a la repetición y la persistencia. 
Redujo su proceder a una economía tan férrea 
que la volvió un axioma: guardar silencio 
hasta el colmo de lo tolerable. 
Lo trabajoso no sería la cura, que no estaba 
en sus manos, sino mitificar su pose 
y resistirse a la tentación de hablar. 
La parquedad sería su sello, 
y si por él hubiese sido 
habría extremado el personaje 
para no hacerse escuchar hasta dar 
por terminada la sesión; 
pero sin una frase de tanto en tanto 
él mismo se hubiera evaporado.
Con el pasar de los años llegó tal vez
la apesadumbrada conclusión: 
era imposible dictaminar si su práctica
incidía en los trastornos de sus pacientes. 
Nadie, a decir verdad, se curaba…
La clínica le habrá traído entonces 
la reminiscencia de algún panel televisivo: 
la gente acudía para animarse a dejar una pareja 
para decidirse a estudiar una carrera 
o para conocerse a sí misma. 
En esos casos quizá ayudara
pero la perspectiva de esa vida burguesa  
seguramente lo aburriría. ¿Qué hacer?
No podía perfeccionarse más que en el arte 
de la ocurrencia: no había otra cosa. 
¿Habrá sentido alguna vez disgusto 
al detectar una dolencia en la forma 
de una broma o una ambivalencia 
expresada en un olvido? 
Se dedicó a pensar libremente 
en las sesiones 
como si fuese un llamado del destino. 
Era imposible (para el otro) confirmar lo que él hacía. 
Su distancia se hizo majestuosa: 
una herramienta forjada a mano y aplicable a cada caso.
Además, quienes hablaban, no lo veían… 
Una tarde citó a Boileau: “Lo mejor es lo posible”,
¿y qué era sino pensar lo que allí 
básicamente se podía? 
Por lo que ya estaba todo dicho…  
Especuló cada vez con mayor arte. 
¿De qué se lo podía acusar? 
En definitiva, esa había sido su pasión
además de la enseñanza, la reflexión y cada tanto 
la escritura sobre unos conceptos con nombre alemán 
y flexión francesa que lo ocuparon 
al punto que les dedicó su vida


La imagen muestra a una persona joven que sostiene sobre su pecho un gato moteado con manchas marrones. El mismo cubre parte del rostro de la persona quien viste una remera blanca sobre un fondo de una pared también blanca o tenuemente gris. La sombra de la persona retratada se proyecta sobre la pared
GUSTAVO TOBA(1973, Buenos Aires,  Argentina)
De: "Sobre el destiempo", Barnacle, 2026

Imágenes delgadas, tenues, sostenidas por las líneas finas de la mirada, que se posa sobre los objetos casi como si flotara. Relicarios de una fe perdida, o que llega tarde, cuando la escena ya se ha disuelto, y solo queda de ella una rememoración difusa, titubeante, difícil de recordar, casi indescifrable. En los poemas de Gustavo la atención parece funcionar fuera de compás: demasiado detallista para acompañar un pensamiento que ya está en otro lado. El pensamiento tiene forma, pero la suspensión de la forma también es un pensamiento. Por momentos me da la impresión de que en estos poemas hay un pensamiento que escribe y otro que lee, que no funcionan al unísono pero que muchas veces se confunden. Podría imaginarme que la poesía de Gustavo habita el espacio de ese desencuentro, pero sin embargo a veces la conjunción se produce, y entonces su poesía conquista un instante.

Ezequiel Alemian