Un poema extraordinario de Raymond Carver traducido por Adam Gai
En Suiza Lo primero que hay que hacer en Zurich es tomar el trolebús No. 5 al zoológico hasta el fin del recorrido y bajarse. Ir sabiendo lo de los leones. Cómo sus rugidos pasan desde el complejo del zoológico al cementerio de Flutern. Allí camino por el hermosísimo sendero que lleva a la tumba de James Joyce. Siempre fue un hombre de familia, está aquí con Nora, su mujer, por supuesto. Y su hijo, Giorgio, que murió hace unos años. Lucía, su hija, el gran dolor de su vida, aún vive, aún confinada en un sanatorio psiquiátrico. Cuando le trajeron la noticia de la muerte de su padre, dijo: ¿Qué está haciendo ese idiota bajo tierra? ¿Cuándo le va a dar por salir? Nunca nos quita el ojo de encima. Me quedé un rato. Creo que le dije al señor Joyce alguna cosa en voz alta. Debo haberlo hecho. Sé que debí hacerlo. Pero ahora no recuerdo qué y tengo que dejar las cosas así. Una semana después de aquel día, partimos de Zurich en tren a Lucerna. Esa mañana temprano, tomé e...