Cees Nooteboom
Fabián Herrero | Una pista de hielo entre las calles
Una pista de hielo entre las calles
I País de ramitas
Las palabras aparecen
y desaparecen por todas partes.
Ahora el más
rojo sol sobre las casas es un incendio
que habla.
En algún punto de estas
calles desoladas,
las cosas se niegan
a instalar
su entera luz,
la intensidad
del secreto tiene
el aire de cualquier ausencia.
En cuclillas, atento,
yo todavía espero
una pintura en la tela del aire.
Con un dedo
vuelvo a marcar el círculo luminoso
de un mundo.
En mis ojos de veinte años, todo
ilumina el país de ramitas
de su esperanza.
No pasa
una luna
en tus labios apenas
entreabiertos.
Mirando fijamente el rostro
de una piedra te ilumina.
Como una música,
ahora
se desliza un rumor
de hojas que corre
por todas partes.
Una mano empuja
una nube hermosa en el viento.
El agua invisible que atraviesa el verano,
rodeándome.
Nada.
Solo el pie
del deseo a la orilla de un cielo
misterioso.
Nuestra amorosa
lucha, un estar
hecho de música
y de celebración de la arena de oro
del instante.
Y con una mano
en la cabeza, yo dije,
“Una pista de hielo entre las calles.”
Esa ilusión
entrando, por la boca
del tigre (1), en Santa Fe,
entrando en nuestra
infinita
expectativa de otro
sueño otro
verano.
Esa sensación, grande
como un cielo, me colma
de sentido,
como lo hace esa nena que amontona la luz
en su cara, y hace música
con su sonrisa.
Pero yo estoy parado sobre una calle de hielo
muy delgada, y el hielo
se derrite muy pronto
en Santa Fe.
(1) “Boca del tigre”, de este modo se le dice a la salida de la ciudad de Santa Fe saliendo hacia Santo Tomé, en donde está ubicada la cancha del Club Atlético Colón.
A los 20 años se tiene fe, esperanza y poesía, luego todo se va desdibujando, salvo que decidas, no sólo es destino también es deseo, ser poeta.
Si estás en una ciudad rodeada de agua, dónde no sólo la tierra sino el cielo que tiene olor a río, este paisaje se hará carne y se hará palabra.
Y una fuerte, larga cadena invisible te ata a la tierra. Esa misma tierra en dónde nacieron fe, esperanza y poesía y se fundieron las tres en el latido de una vida: aquel que da voz a la nostalgia que hace sonar el tambor.
Ese juego entre la lengua coloquial y la imagen de raíz surrealista, ese entretejido, hace a la particularidad de la poesía de Fabián Herrero. Pero el poeta no advierte el paso de una frontera a la otra, y es lógico puesto que está en su casa poética. Cuando dice “la edad del agua y del fuego”, está refiriéndose a la edad de la poesía, tampoco sabemos si lo advierte, pero tampoco importa, no avanza sobre la página con su intelecto o buscando una identidad con lo “que se escribe”, es absolutamente personal, y es su mayor logro.
Roberto Daniel Malatesta
Catherine Barnett | Sola en Siena
En route
Elisire di S. Caterina.
La basílica estaba cerrando, aunque las luces *
aún brillaban en la capilla lateral,
la capilla de mármol donde está la cabeza de Catalina,
momificada, dentro de una caja festoneada,
detrás de una reja, bajo llave,
lejos de su cuerpo aún enterrado en Roma.
Permanecí allí de pie unos pocos minutos.
tratando de entender. ¿Era ella arte o realidad?
Cerca de mí, un hombre se pasaba los dedos
por el cabello. Respirando.
Compuesto orgánico volátil mal iluminado
junto al relicario dorado.
Parecía el momento apropiado para tomar decisiones.
Paciencia, urgencia, perdón, aceptación.
Los elixires deben guardarse en relojes.
Hecho de bergamota y vapores,
éste se esparce furtivamente por el amanecer
y quema cuando lo bebo como si fuera aguardiente.
* La autora se refiere a la basílica de San Domenico, donde se encuentra la cabeza de santa Catalina de Siena, muerta en 1939 como consecuencia, se dice, de un riguroso ayuno. Los ciudadanos de Siena deseaban que sus restos volvieran a su ciudad, pero ante la negativa de las autoridades romanas, algunos fieles se hicieron con la cabeza de la santa y la guardaron en una bolsa. Según la leyenda, cuando los guardias les exigieron ver el contenido de aquélla, sólo encontraron un cúmulo de pétalos de rosas. Según otra leyenda, los padres de Catalina se negaban a que ésta tomara los hábitos, pero cambiaron de parecer cuando vieron que una paloma se posaba en la cabeza de su hija.
(N. del T.)
En route
Alone in Siena, I bought a bottle of elixir,
Elisire di S. Caterina.
The basilica was closing, though the lights
were still bright in the side chapel,
the marble chapel where Catherine’s head
is mummified, set in a scalloped case,
behind a grille, under lock and key,
far from her body still buried in Rome.
For a few minutes I stood there,
trying to understand. Was she art or fact?
The man next to me was running his fingers
through his hair. Breathing.
Volatile organic compound poorly lit
beside the gilt reliquary.
It seemed like the right time for resolutions.
Patience, urgency, forgiveness, acceptance.
Elixirs should be kept in clocks.
Made of bergamot and fumes,
this one spreads furtively across the dawn
and burns when I drink it down like spirits.
El corazón del daño por María Negroni
El corazón del daño
¿Y qué es El corazón del daño? Una obra narrativa hermanada (por acoso y exactitud) con las de Clarice Lispector, la Nathalie Sarraute de Infancia o Marguerite Duras. Una lección de escritura. La madre como motor de la escritura en su dureza y en su ausencia. La escritura como lengua materna inhabitable. Una obra magistral.
Carlos Pardo, Babelia, El País
María Negroni, cuya escritura a lo largo de toda su vida ha levantado un mundo en el que se reconoce y se explica, en el que se refleja y se comprende. Es un mundo hecho de edificios en el que se percibe el cuidado de las elecciones y las afinidades, donde ella entra e indaga, determinando las diferencias, reconociendo las semejanzas, para finalmente situarse ante ese mundo siempre inacabado, siempre abierto a otros nuevos, y a que sus elementos puedan ser dispuestos de otro modo, sacando y volviendo a colocar, para que la imagen sea lo más precisa posible, lo más fiel posible, y logre desvelar aquello indecible, incomprensible, el punto ciego, invisible, que siempre está ahí, desconcertando y desorientando el rumbo de la vida. En ese lugar, entre el desamor y la construcción del mundo propio, es donde quiero situarme. Es finalmente El corazón del daño, el relato que acaba de publicar Random House, la historia que desvela por qué María Negroni ha construido el mundo que ha construido.
Victoria Cirlot, Revista Jot down, Barcelona
El corazón del daño, de María Negroni(Literatura Random House) podría haberse llamado Los hermosos años del castigo, como el libro de Fleur Jaeggy. Se los recomiendo con vehemencia afónica, presa todavía del pasmo y del escalofrío en la espina dorsal que describía Nabokov cuando se topaba ante una obra de arte, estupefacta. Porque María Negroni, que aborda a la literatura como a un fiordo gramatical, desguaja a Lord Byron y a María Moreno y escribe esta novela o poema narrativo o balada armada como un cruzado (¨Nunca no vi tanto tullimiento¨). Armada como un cruzado, cargada de joyas y de silencios. María Negroni hace una Carta a la Madre más fundacional que la Carta al padre de Kafka o de Guebel, con todas las prosodias y sus formas y sus pompas. Sus pompas fúnebres. Con una autoconciencia absoluta de su gesta suicida, escribe con una mano arrancada a la infancia, como dice o dice decir.
Laura Ramos, Revista Eñe.
Una novela íntima y extraordinaria en la que explora la ambigua relación entre vida y escritura. En El corazón del daño lo que prevalece es el "modo Negroni" que consiste en romper siempre algo, produciendo una especie de cortocircuito en la lengua que arrasa con las categorías y derrama sobre la textualidad la belleza de una opacidad que rehabilita el esfuerzo por agotar el decir.
Silvina Friera, Página 12.
Un libro increíble. un salto al vacío tan impresionante, tan desgarrador y tan hermoso que nos deja sin aire.
Alejandro Tantanián
El corazón del daño es un réquiem y un aleluya.
Esther Peñas. Latin American Literature Today.
Como Marguerite Duras a lo largo de su obra, como Vuong, Negroni indaga en la figura de su madre. Lo hace a través de oraciones que funcionan como párrafos brevísimos –cada oración es un párrafo–, verdaderos latigazos del lenguaje.
Carolina Esses. La Nación
Contundencia, rabia musical, una exclusión que alumbra, lenguaje que desborda la frontera entre prosa y poesía, saber del ritmo. El corazón del daño es casi un testimonio literario, autoficción cosida con el hilo de la literatura, y sobre todo el largo e intrincado recorrido de formación de una escritora.
Mario Nosotti,Revista Ñ
Negroni hace de la madre un aleph literario y personal, una isla en sí misma alrededor de la cual no se puede ser ni más ni menos que un náufrago en busca de ese lenguaje que vuelva a nombrarlo todo. Leer a Negroni es quedarse sin aliento y hasta sin palabras. No es posible rearmar en línea recta lo que se ha leído. Quedan imágenes y sonidos, como al salir de un sueño.
Luciana de Mello, Radar Libros
El corazón del daño es una pieza musical. Un manifiesto de escritura. Un ensayo poético en estado de pregunta, que hace pensar en Joan Didion, Lorrie Moore, Lydia Davis, Anne Carson, Amy Fusselman, Nathalie Léger. El corazón del daño es una obra de arte que atraviesa el acto de lectura. Un arte inclasificable, intransferible, vivo, empírico.
Inés Busquets, Agencia Paco Urondo
Esta novela es a su vez testimonio, ensayo, pensamiento filosófico. También una reflexión honda sobre la infancia, el sentido último de la existencia y la extrañeza de la vida. (…) La de Negroni es una escritura que se construye en base a miniaturas preciosistas y se vuelve inmensa.
Verónica Abdala, Clarín
La relación madre-hija me lleva a la extraordinaria El corazón del daño, de María Negroni, donde un texto deslumbrante pone a dialogar a una hija con su madre todopoderosa. Es un diálogo sordo pero lo suficientemente provocador como para que la hija, que reconoce a la madre como dueña del lenguaje, funde una lengua propia y se haga escritora. Allí la libertad es inmensa y la domesticación imposible. El devenir de la novela poema ensayo sostiene su potencia para producir un efecto mundo. La tensión y la precisión en las ideas y en el decir indócil afecta cada frase: la revolución y la afirmación triunfal está en la escritura. Poco importa si esta madre existió y si la autora es esta hija eterna. Se puede partir de la experiencia pero se hace otra cosa. Un libro como un hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros, como aspiraba Kafka. La correspondencia con lo real es irrelevante. Sin duda Cixous y Negroni hacen cosas con palabras, como diría Barbara Cassin.
Paula Pérez Alonso, Página 12
El corazón del daño -tercera novela de la poeta argentina María Negroni (Rosario, 1951)- es un libro imprudente y profundo, una oración sin concesiones, sin vanas resurrecciones, sin piedad ni paz, que, sin embargo, salva a todo aquel que deja caer su mirada sobre cualquiera de sus párrafos. María Negroni ha escrito uno de los libros más bellos y crudos que yo he leído, un libro en el que las heridas no huelen a sangre, y el dolor y la rabia son dos poderosos salvoconductos para que este libro no acabe siendo un ensimismado ajuste de cuentas, una venganza torpe y deslucida.
Sonia Fides, Revista digital El asombrario & Co., España
https://marianegroni.com/pages/pbooks/novelas.html
Luis Correa-Díaz: Una Atlántida que nadie buscará
ATLÁNTIDA
vivimos de espaldas a la mar, como si
hubiésemos salido de ella de una vez
y para siempre, pero nos amontonamos
a la orilla y nos dedicamos al mal arte
de ignorarla en tanto nos construimos
casas y torres, nos bañamos al sol y
hacemos deportes acuáticos, creemos
conocer las profundidades, dominamos
las olas surfeando con gracia delfinesca,
descargamos ese nuestro estilo de vida
en su vientre como un vómito de bebé
enfermo crónico, le ofrecemos botellas
plásticas y otras alhajas miserables,
olvidamos que ella lo sabe todo todo
sobre nosotros y que algún día el mundo
entero será una Atlántida que nadie buscará
—no estaremos en ninguna lista de exoplanets
EXOPLANETS AGAIN
ya van 59 + posibles exoplanets identificados
a la fecha esta vez por el Proyecto Carmen
en un observatorio español, Almería, reúnen
varias condiciones de habitabilidad, al menos
10 de ellos califican respecto a que vida podría
haber allí —a qué escala, pues hasta el 2050 no
tendremos claridad sobre sus atmósferas—
llegar por allá ahora y contemplarlos in real
time/space y las estrellas que orbitan resulta
inviable, decenas de años luz no se recorren
en un santiamén, como no lo hace la lactancia
de la especie nuestra a traverso de su historia,
jóvenes mujeres rusas van a parir a Argentina
🇦🇷, como hace poco se iban a 🇧🇷 o a 🇺🇸,
la atmósfera local les parece que da un nuevo
colchoncito a sus criaturas en muchos aspectos
contractuales, incluido el pasaporte de cierto
prestigio internacional y una seguridad social
para no morir en el intento, turismo de parto,
tráfico global de emigrantes a aquellos países
donde rige el ius soli, o sea ese tan apetecido
derecho de suelo, si te he visto no me acuerdo,
mostly well off inmigrantes de paso a la caza
de una segunda ciudadanía, exogestantes
de ese futuro esplendor pero muy a ras de piso
Marcelo Díaz | Con todo el resplandor de las sombras
Viajado
de una pluma, no sé
la memoria casi mnemotécnica repiqueteando
en los versos de Emily Dickinson,
tampoco me aprendí los vocablos de los pájaros
y sin embargo me acuerdo de esa vez
en casa. ¿Qué sería un viaje
sino tan sólo otra representación? Ya no la pluma
si no quizá un trineo y la polvareda de la nieve
desvaneciéndose en el paisaje mental
con un efecto para nada lírico.
¿Dónde guardaste tu voz?
Sos joven, no sos feliz, ahora vas a contar:
Uno, dos y tres hasta desaparecer
como un zorrito dorado en la visión de un arquero
maravillado por tus ojos
y el mapa de tus huellas que conduce a tu hogar
para más adelante encender una fogata y dormirnos
uno al lado de otro.
¿No era eso el amor?
Aquello que me dijiste: “gracias por estar,
es navidad, mi vida sigue electrizada por la tristeza
¿me vas a querer igual?”
En la noche más oscura cubierta de nieve
con todo el resplandor de las sombras.
Vuelvo: ¿Encontraste tu voz?
¿Y dónde la perdiste? ¿Fue en esa noche?
¿Fue mientras nos imaginábamos
cayendo
como esa pluma del poema
que yo me repito de memoria?
pero vos ni siquiera lo encontrarías en una canción
y contra todo pronóstico igual
¿sabrías que hablo de vos? ¿O acaso la perdiste en el trineo
yendo hacia quién sabe dónde?
Esa única noche, digo:
en la formación de la lírica el proceso
es parecido al de la descomposición de una helada
sólo que la claridad del frío
se desvanece a la inversa de la luz
hasta convertirse en una emoción nublada
como un archipiélago
alrededor del círculo polar.
¿Qué me ibas a decir? ¿El trineo? ¿Tu voz?
El poema que no leíste pero y sin embargo es como si.
¿Qué escuchaste?
El ángel de la tristeza acariciándote,
susurrándote por lo bajo: “Una chica y un hombre van perdidos,
háblale dice el ángel, ahora háblale
pueden construir una casa: primero la tierra y después
una cabaña de madera rodeada de pinos
y al último un sueño compartido
donde un ángel te habla y te acaricia y así?”
Cada tanto quisiera ser un auricular
a veces de oro
a veces de plata
sostenido en la imagen acústica de tu corazón,
un poema que refiere a otro poema que no leímos
una fábula dentro de una fábula,
la narración de un cuento de hadas
que al final termina su recorrido en el mismo punto
donde nos subimos en un trineo imaginario
para no regresar nunca
y por más que lo intentamos
una y otra vez
terminamos en el mismo lugar
donde esta historia recién comenzaba.
De: "Los gamos", Ediciones Trafinku, 2024.
Otros poemas de MARCELO DÍAZ, aquí
Ernesto Carrión
Papeles de cuaresma
William Osuna | Tiempos difíciles estos
UN NOMBRE
un espacio vacío/humo/adioses/
por las estrechas caderas de la vida
multitudes que el miedo venció
el hombre recostado a un imperio
de fracaso fatiga y dolor
ciudades convertidas en inmensos
garajes de chatarras aves extraviadas
vueltas cenizas ojos en el aire
la Tierra pendiendo en la sala de mi casa
como una esfera de bambú
ni siquiera un nombre de mujer.
AQUEL CHOFER de la línea
de autobuses vía Barcelona-Caracas
que hablaba en llanero
y reía y gesticulaba como el profesor Manuel Bermúdez
y que cambiaba las emisoras de radio
a la velocidad de la noche
cuando todos entraban en el sueño
y él sólo era un trueno vivo
sobre la lluvia del estado Miranda Aquel
escándalo viviente vuelto loco
por la reseña de los aviones que participaron
en la 2ª Guerra Mundial
aparecida en barajitas (sobre verde y chicle negro)
y que no se llamó Monje Jack Palangana
Mocho Ledezma o Héctor Gil Linares
sino Elí Giménez Rivero.
Aquel tipo que en la nariz era Dick Tracy
y en el modo de arrugar la frente
el papa Juan XXIII Aquel viejo Húngaro
que trabajó en el estacionamiento del señor Salas
—murió alcoholizado—
y que en pleno delirium tremens
alababa al Führer siendo de nombre Stefan.
Aquellos que vinieron al barrio
en un camión de mudanzas
con sus viejos colchones y demás parapetos
y que juntos eran más terribles
que la familia Burrón
Arvelo Hernández de apellido aquellos
los que vieron en el vendaval
de los días.
Sueño peligroso visiones de ropa enlutecida
saltando desde caballos envenenados
merecen este homenaje.
Entran en estos desérticos poemas a compartir
tu Episodio Nacional.
EPOPEYA DEL GUAIRE
en los autobuses nunca le cede el puesto
a las parturientas, se sienta primero que las
damas, en los entierros grita más alto que
las viudas, dice impertinencias del muerto, cuentos de
los otros ríos.
A mí que no me nombre, dice el
Orinoco, no fue grumete en La Invencible ni
pudo unir sus aguas a los siete mares de China.
Los indios lo taparon con concha de totuma
para que los españoles no se lo bebieran.
No se parece a los ríos de don Jorge Manrique.
La mar océano no lo soporta; respecto a
él filosofa como un sabio chino: «Un río que no sabe
morir es un golfo».
¿Quién lo maleó?
No lleva doblón, ni sencillo, ni baúl de
pirata en sus dominios.
Tampoco rabo de tigre, tiene la carne peluda.
No trabaja, no canta.
Se monta en un perol de leche o
sobre el capó de un carro a mirar
los colores de la ciudad: es un río
que contempla, no para que lo contemplen.
Tan pobre: si la luna de los amantes
se atreviera a conversar con él ningún puente
la aceptaría; que no le vaya a pelar
los ojos a la Laguna Negra, el poeta
Acevedo sería capaz de encerrarlo en un soneto.
Bronca de ríos y que hermanos. No me
meto en esos líos familiares. Así me
enseñaron en la escuela. No es mi problema.
Por el camino que da a la selva,
donde se gesta un remolino de caimanes;
y el árbol de caucho brilla como un
estuche de precioso bisturí, Andrés Mejía le fue
a meter chirimbolos del Guaire al Magdalena:
el Magdalena tan reilón con sus dientes de
oro y muelas de esmeralda lo dejó beber
ron durante tres días. No le paró.
Lo emborrachó, le silbó una cumbia, un bambuco.
Y así se lo envió al Motatán, metido en
un guacal de manzanas para la casa de
Hermes Vargas. Cuentos de Andrés. Más sabe Andrés
por Andrés que el Magdalena y sus pedrerías.
La flor fétida, el aceite de las refinerías, la
garcita urbana y una nevera desportillada
son cifras que acompañan. En algunos casos el
sol es un golpe de espuelas contra las
aguas revueltas.
El río Guaire es mi amigo. Yo le
pido la bendición. Él es como un burrito
indómito que atraviesa la ciudad cargado de botellas
vacías:
ningún río de las Francias y de las
Alemanias se le compara. Está enamorado de la
quebrada de Catuche. Qué amores.
Intercambian bacinillas detrás de los estacionamientos,
si los vieran.
El Dumbo Márquez no lo quiere: su Harley Davidson
se ahogó en sus aguas. Yo sí lo
quiero, no es como el Orinoco que se
alimenta de músicos; se tragó toda una orquesta,
y las cartas de amor de Argenis Daza Guevara;
y si no quería cantar y amar, ¿por qué lo hizo?
Qué desperdicio. Tan pedante.
En mi infancia yo quería al Orinoco.
en ese cruce había un araguaney, donde se
enlazaban los gatos, que lo miraban a uno
con sus ojos de oro. El viento corría
por ahí: hablaba como duro cartón. Bajaba gruesa
neblina por la Puerta de Caracas. Todos los
autobuses pasaban de largo y se metían al cine.
Mi infancia que tenía más colores que los
de un poeta de provincia en su provincia,
no distinguía las aguas, todas eran iguales.
LA DESALENTADA
y en el metro
y en el pico de los puentes
detienes tu andar
y te repites como el ave negra
de Poe
never more
never more
dándote pases de melancolía
en las tinieblas de los supermercados.
Si bestia triste vas de vuelo
a tus recuerdos
como quien guarda un pedazo de muro
de aquel cine de barrio
que ya no existe
y el puñado de tierra es contra tu rostro
cuando te arrodillas
frente al altar de los hoteles baratos.
Digo
Tiempos difíciles estos
y tú más difícil aún.
Como aquel piano del Camilo’s
que nadie pudo sacarle
su serenata de balcón,
la vida caducó en ti
como un
disparate.
WILLIAM OSUNA (1948, Caracas, República Bolivariana de Venezuela)
De: "San José blues 1923", Monte Ávila, 2019
Enlaces: Gredos | Festival de poesía de Medellín | Literatura contra la opresión | Centro Virtual Cervantes
Carlos Alberto Débole
Invocación
donde la luna es un temblor en vilo.
Inútilmente el ojo busca ahondarse.
La noche es su recinto y su muralla.
Nada y todo es lo lejos. Acosado
otra penumbra soy en la penumbra.
Defiéndeme, Señor,
de mí mismo, quizás, Señor, defiéndeme.
Aquí, en la pampa, mi pavor inquiere:
¿Ese animal, por qué, ese caballo
que todo el universo carga encima
está en lo suyo y nada lo conturba?
¿Por qué, Señor, la inmensidad me oprime
hasta volverme cero, o menos, nada?
El ojo en el espejo
el ojo compasivo
del espejo.
Y me mira de tal suerte,
que le miro,
y me veo la muerte.
Pero el amor me espera,
y de amor me revisto
hasta que muera.
La muerte será la despedida,
lo se, a tanto amor,
a tanta vida.
Mientras me ampare
el ojo del espejo,
y no repare
en lo que mi ojo mira,
gozaré con ese ojo
mi mentira.
Luis Manuel Pérez Boitel | Aquellas fachadas parecen de mal gusto
mi madre fuma Marboro Light, como si fuese una amenaza
pública. mientras descubro que en la cálida habitación duerme
un gato siamés, me olvido del Empire State
y confundo las postales. la observación que hago
de las cosas dispuestas al límite, es irracional. el ser que soy
se diferencia de lo irracional, del negativo?
deambulo. tengo adicción por los breves momentos.
pretender que un instante anterior me nace,
se reproduce en mi sino, es justificar
ese humo que a ras de la cabeza me sostiene,
como la trastienda. y corre marzo sobre el cuerpo.
el fantasmagórico ¿cuerpo del otro?
así fue la impresión que nos dejó ver los peces
en el mercado central.
mi madre mira de soslayo la avenida
donde el que va delante tiene su cuartada y la razón;
parte de la razón. (viendo que la razón es un supuesto
juicio que provoca un ideal abstracto).
el sacrificio es admitir en el otro que la reducción
de tales espacios nos provee de felicidad.
luego se evaporó el gramófono y las cartas
(¿tus cartas?) fueron el pretexto
para adueñarse de lo que quedó.
tengo mal dormir y entre la ventana y el cuadro
del abuelo las cosas fueron desapareciendo.
todo está en marcha cuando busco
en la prensa nacional aquellos otros peces
y la bitácora. Nadie habrá de suponer que esto sea
de gran importancia para la nación.
mi madre fuma Marboro Light y desmiento
cada una de las postales del ilusionista. cada una de sus jugadas
que parecen perfectas. a simple vista es descubrir
cómo se empolva la memoria o parte de la memoria,
y hasta los discos de los Beatles. aquellas fachadas
parecen de mal gusto y enrarecen los quioscos de la multitud,
aún cuando hemos perdido el tiempo. mi madre reconoce
que existe la posibilidad de doblegar ese espacio,
cuando en la calle nos detenemos en un punto preciso
(¿en el mercado?), sólo ella y yo nos damos cuenta
que por un minuto algo de nosotros había cambiado
de repente.
(Cuba, 1969). Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Ha publicado los siguientes libros: Unidos por el agua (Poesía, Editorial Capiro, 1997), Los inciertos dominios del escriba (Poesía, Editora Abril, 1999), Bajo el signo del otro (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 2000), La oración del inquilino (Poesía, Editorial Sed de Belleza, 2001), Aún nos pertenece el otoño (Poesía, Editorial Casa de las Américas, 2002. Segunda edición en la Editorial Capiro, 2018), Para no quedar en el andén (Poesía, Editora Capiro, 2002), Nunca preguntes por la gloria (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 2003), No pidas el perdón (Poesía, Editorial Sed de belleza, 2004), Antes que la noche acabe (Poesía, Editorial Monte Ávila Editores, 2005), En esta extraña circunstancia (Poesía, Editorial La cuadrilla de la langosta, 2005), Ciudades del invierno (Poesía, Editorial Ediciones Ávila, 2005), No llames en la noche (Poesía, Editorial Azafrán y cinabrio, 2005), Memorial de invierno (Poesía, Editorial Casa de Teatro, 2006), La sagrada estación (Poesía, Editorial Capiro, 2006), Un mundo para Nathalie (Poesía, Editorial Cauce, 2007), Las naves que la ausencia nombra (Poesía, Editorial La Garúa Libros, 2008), Conversaciones con máscara (Poesía, Litera Libros, 2009), Hay quien se despide en la arena (Poesía, Editorial La Ronda, 2010), Algo parecido a un ciprés (Poesía, Editorial Cadelpo, 2011), Artefactos para dibujar una nereida (Poesía, Editorial Secretaría de Cultura de Coahuila, México, 2014. Segunda edición, Editorial Letras Cubanas, 2018), Un hombre errante, (Poesía, Editorial Capiro, 2015), Cartas de Rilke (Ensayo, Editorial Capiro, 2015), La isla invertebrada. Antología de poetas cubanos, selección, nota y prólogo de Luis Manuel Pérez Boitel (Editorial Capiro, 2018), Mecánica sobre el ciudadano A (Editorial Vigía, 2018), El libro de los hijos de Lev, (Ediciones El fortín,2019). Obtuvo en el 2002 el Premio Internacional Casa de las Américas en poesía, con el poemario Aún nos pertenece el otoño, y en el 2013 obtuvo el Premio Internacional en Lengua Española “Manuel Acuña” que otorga la secretaría de Coahuila en México, con el poemario Artefactos para dibujar una nereida, entre otros múltiples premios literarios. Posee la Distinción por la Cultura Cubana que otorga el Ministerio de Cultura de la República de Cuba. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y colabora con múltiples revistas literarias en la actualidad. En Revista Altazor
Elena Anníbali | Poemas sentimentales
Ernst Jandl | Intenta escribir un poema
sala de espera
todos esperan, pero nunca
se esperan unos a otros
todos esperan al hombre
con gafas y bata blanca
sucias están las revistas,
todos temen infectarse,
pero todos se arrastran por las arrugas rotas
de una ilustración.
siempre se sientan tres
uno junto al otro,
siempre dos
a cada lado,
pero el del medio
ha venido por él y no
por los otros dos.
y aunque su piel está seca,
tocarlas resulta más agradable que
tocar la humedad piel del vecino
también más cómodo.
cuando se abre la puerta
entra el siguiente.
qué lejos está el siguiente.
camina solo
de tres a seis
las sillas revueltas
quitarse la bata
qué lejos está ya el siguiente.
se queda solo
correcciones
tiene
mucho que hacer
no lo hace
sino que escribe
un poema
corrección:
sino que intenta
escribir
un poema
lo que tiene
que hacer
y lo hace
corrección:
y lo intenta
hacer
ERNST JANDL (1925/2000, Viena, Austria )
Diario de Poesía Nro. 83
Traducción: Sandra Santana
Dos poemas de Néstor Mux
Hilos
Uno siempre se negó a coincidir
con las tías cuando aseguraban
que todos tenemos el destino fijado.
Una noción tan casera
-sin fundamento alguno-
se podía desechar sin miramiento
como se desechan tantas cosas.
ataba los hilos de la propia existencia.
Pero un día, inesperadamente,
tomé el teléfono
y aquí estamos. Uno frente al otro
como si hubiéramos tenido el destino fijado.
Posesiones
A nuestra realidad iniciada
se agrega la posesión
de una sartén reciente
ella explica que el teflón
es materia plástica fluorada
resistente al calor y a la corrosión
el fritado de papas y huevos invita
a una expectativa doméstica en común
mientras -a fuego lento también
- crece este último amor de nosotros
aunque se haya hecho tarde












