RESPONDIÉNDOLE A CARVER DIEZ AÑOS DESPUÉS
El cuerpo no pesa lo suficiente sobre el colchón
el deseo de dormir se diluye
en el deseo de todo. Este hartazgo
no se puede glosar.
Ni siquiera es hartazgo.
Para que el cuerpo logre algún reposo
la mente tiene que salir al aire gélido
en estampida, pero estampida silenciosa
como todo lo iluminado por la luna.
CASA EN EL BOSQUE
Afuera, restos de agua
cuelgan de las piñas que cuelgan de las ramas.
Varias formas ovales proponiendo desprenderse:
todo baja.
Acá, un silencio excelente. Ráfagas breves
de gotas de último momento sobre techos y vidrios.
La nube, que termina de exprimirse
y manda optimistas latigazos.
Un calor raro, sobreinducido,
para marearnos por la noche,
ahora, con el alerta de las naranjas y el café,
casi nos hace estallar de expectativas.
Coronando actividades mudas,
motores y fluidos que sabrán lo que hacen:
lo hacen, supongo, por nosotros.
PASEO
Buscando recuperar el estado de flotación
que existió una, dos veces como mucho
en cada relación o actividad
la persona sale de su casa,
testea el aire, elige la postura y se lanza hacia delante
para un rato después encontrarse circulando
entre escenarios de los que espera demasiado:
muy verdes hojas de hiedra sobrecrecida
como trapos colgando de un alambrado de uno treinta,
luces amarillas de un fulgor desconcertante
que en su disposición son molde
de lo que se llama planetario,
graffitis modernos con pintura plateada
el tren que justo entonces pasa por encima,
en fin,
todo tipo de cosas sugerentes
que algo tendrían que entregar
si el cable de este razonamiento
no se hubiera cortado en algún punto.
De: "Lluvias", Bajo la luna poesía, 2009
Otros poemas de LAURA WITTNER, aquí
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