Luis Correa-Díaz: Una Atlántida que nadie buscará
ATLÁNTIDA
vivimos de espaldas a la mar, como si
hubiésemos salido de ella de una vez
y para siempre, pero nos amontonamos
a la orilla y nos dedicamos al mal arte
de ignorarla en tanto nos construimos
casas y torres, nos bañamos al sol y
hacemos deportes acuáticos, creemos
conocer las profundidades, dominamos
las olas surfeando con gracia delfinesca,
descargamos ese nuestro estilo de vida
en su vientre como un vómito de bebé
enfermo crónico, le ofrecemos botellas
plásticas y otras alhajas miserables,
olvidamos que ella lo sabe todo todo
sobre nosotros y que algún día el mundo
entero será una Atlántida que nadie buscará
—no estaremos en ninguna lista de exoplanets
EXOPLANETS AGAIN
ya van 59 + posibles exoplanets identificados
a la fecha esta vez por el Proyecto Carmen
en un observatorio español, Almería, reúnen
varias condiciones de habitabilidad, al menos
10 de ellos califican respecto a que vida podría
haber allí —a qué escala, pues hasta el 2050 no
tendremos claridad sobre sus atmósferas—
llegar por allá ahora y contemplarlos in real
time/space y las estrellas que orbitan resulta
inviable, decenas de años luz no se recorren
en un santiamén, como no lo hace la lactancia
de la especie nuestra a traverso de su historia,
jóvenes mujeres rusas van a parir a Argentina
🇦🇷, como hace poco se iban a 🇧🇷 o a 🇺🇸,
la atmósfera local les parece que da un nuevo
colchoncito a sus criaturas en muchos aspectos
contractuales, incluido el pasaporte de cierto
prestigio internacional y una seguridad social
para no morir en el intento, turismo de parto,
tráfico global de emigrantes a aquellos países
donde rige el ius soli, o sea ese tan apetecido
derecho de suelo, si te he visto no me acuerdo,
mostly well off inmigrantes de paso a la caza
de una segunda ciudadanía, exogestantes
de ese futuro esplendor pero muy a ras de piso
Marcelo Díaz | Con todo el resplandor de las sombras
Viajado
de una pluma, no sé
la memoria casi mnemotécnica repiqueteando
en los versos de Emily Dickinson,
tampoco me aprendí los vocablos de los pájaros
y sin embargo me acuerdo de esa vez
en casa. ¿Qué sería un viaje
sino tan sólo otra representación? Ya no la pluma
si no quizá un trineo y la polvareda de la nieve
desvaneciéndose en el paisaje mental
con un efecto para nada lírico.
¿Dónde guardaste tu voz?
Sos joven, no sos feliz, ahora vas a contar:
Uno, dos y tres hasta desaparecer
como un zorrito dorado en la visión de un arquero
maravillado por tus ojos
y el mapa de tus huellas que conduce a tu hogar
para más adelante encender una fogata y dormirnos
uno al lado de otro.
¿No era eso el amor?
Aquello que me dijiste: “gracias por estar,
es navidad, mi vida sigue electrizada por la tristeza
¿me vas a querer igual?”
En la noche más oscura cubierta de nieve
con todo el resplandor de las sombras.
Vuelvo: ¿Encontraste tu voz?
¿Y dónde la perdiste? ¿Fue en esa noche?
¿Fue mientras nos imaginábamos
cayendo
como esa pluma del poema
que yo me repito de memoria?
pero vos ni siquiera lo encontrarías en una canción
y contra todo pronóstico igual
¿sabrías que hablo de vos? ¿O acaso la perdiste en el trineo
yendo hacia quién sabe dónde?
Esa única noche, digo:
en la formación de la lírica el proceso
es parecido al de la descomposición de una helada
sólo que la claridad del frío
se desvanece a la inversa de la luz
hasta convertirse en una emoción nublada
como un archipiélago
alrededor del círculo polar.
¿Qué me ibas a decir? ¿El trineo? ¿Tu voz?
El poema que no leíste pero y sin embargo es como si.
¿Qué escuchaste?
El ángel de la tristeza acariciándote,
susurrándote por lo bajo: “Una chica y un hombre van perdidos,
háblale dice el ángel, ahora háblale
pueden construir una casa: primero la tierra y después
una cabaña de madera rodeada de pinos
y al último un sueño compartido
donde un ángel te habla y te acaricia y así?”
Cada tanto quisiera ser un auricular
a veces de oro
a veces de plata
sostenido en la imagen acústica de tu corazón,
un poema que refiere a otro poema que no leímos
una fábula dentro de una fábula,
la narración de un cuento de hadas
que al final termina su recorrido en el mismo punto
donde nos subimos en un trineo imaginario
para no regresar nunca
y por más que lo intentamos
una y otra vez
terminamos en el mismo lugar
donde esta historia recién comenzaba.
De: "Los gamos", Ediciones Trafinku, 2024.
Otros poemas de MARCELO DÍAZ, aquí
Ernesto Carrión
Papeles de cuaresma
William Osuna | Tiempos difíciles estos
UN NOMBRE
un espacio vacío/humo/adioses/
por las estrechas caderas de la vida
multitudes que el miedo venció
el hombre recostado a un imperio
de fracaso fatiga y dolor
ciudades convertidas en inmensos
garajes de chatarras aves extraviadas
vueltas cenizas ojos en el aire
la Tierra pendiendo en la sala de mi casa
como una esfera de bambú
ni siquiera un nombre de mujer.
AQUEL CHOFER de la línea
de autobuses vía Barcelona-Caracas
que hablaba en llanero
y reía y gesticulaba como el profesor Manuel Bermúdez
y que cambiaba las emisoras de radio
a la velocidad de la noche
cuando todos entraban en el sueño
y él sólo era un trueno vivo
sobre la lluvia del estado Miranda Aquel
escándalo viviente vuelto loco
por la reseña de los aviones que participaron
en la 2ª Guerra Mundial
aparecida en barajitas (sobre verde y chicle negro)
y que no se llamó Monje Jack Palangana
Mocho Ledezma o Héctor Gil Linares
sino Elí Giménez Rivero.
Aquel tipo que en la nariz era Dick Tracy
y en el modo de arrugar la frente
el papa Juan XXIII Aquel viejo Húngaro
que trabajó en el estacionamiento del señor Salas
—murió alcoholizado—
y que en pleno delirium tremens
alababa al Führer siendo de nombre Stefan.
Aquellos que vinieron al barrio
en un camión de mudanzas
con sus viejos colchones y demás parapetos
y que juntos eran más terribles
que la familia Burrón
Arvelo Hernández de apellido aquellos
los que vieron en el vendaval
de los días.
Sueño peligroso visiones de ropa enlutecida
saltando desde caballos envenenados
merecen este homenaje.
Entran en estos desérticos poemas a compartir
tu Episodio Nacional.
EPOPEYA DEL GUAIRE
en los autobuses nunca le cede el puesto
a las parturientas, se sienta primero que las
damas, en los entierros grita más alto que
las viudas, dice impertinencias del muerto, cuentos de
los otros ríos.
A mí que no me nombre, dice el
Orinoco, no fue grumete en La Invencible ni
pudo unir sus aguas a los siete mares de China.
Los indios lo taparon con concha de totuma
para que los españoles no se lo bebieran.
No se parece a los ríos de don Jorge Manrique.
La mar océano no lo soporta; respecto a
él filosofa como un sabio chino: «Un río que no sabe
morir es un golfo».
¿Quién lo maleó?
No lleva doblón, ni sencillo, ni baúl de
pirata en sus dominios.
Tampoco rabo de tigre, tiene la carne peluda.
No trabaja, no canta.
Se monta en un perol de leche o
sobre el capó de un carro a mirar
los colores de la ciudad: es un río
que contempla, no para que lo contemplen.
Tan pobre: si la luna de los amantes
se atreviera a conversar con él ningún puente
la aceptaría; que no le vaya a pelar
los ojos a la Laguna Negra, el poeta
Acevedo sería capaz de encerrarlo en un soneto.
Bronca de ríos y que hermanos. No me
meto en esos líos familiares. Así me
enseñaron en la escuela. No es mi problema.
Por el camino que da a la selva,
donde se gesta un remolino de caimanes;
y el árbol de caucho brilla como un
estuche de precioso bisturí, Andrés Mejía le fue
a meter chirimbolos del Guaire al Magdalena:
el Magdalena tan reilón con sus dientes de
oro y muelas de esmeralda lo dejó beber
ron durante tres días. No le paró.
Lo emborrachó, le silbó una cumbia, un bambuco.
Y así se lo envió al Motatán, metido en
un guacal de manzanas para la casa de
Hermes Vargas. Cuentos de Andrés. Más sabe Andrés
por Andrés que el Magdalena y sus pedrerías.
La flor fétida, el aceite de las refinerías, la
garcita urbana y una nevera desportillada
son cifras que acompañan. En algunos casos el
sol es un golpe de espuelas contra las
aguas revueltas.
El río Guaire es mi amigo. Yo le
pido la bendición. Él es como un burrito
indómito que atraviesa la ciudad cargado de botellas
vacías:
ningún río de las Francias y de las
Alemanias se le compara. Está enamorado de la
quebrada de Catuche. Qué amores.
Intercambian bacinillas detrás de los estacionamientos,
si los vieran.
El Dumbo Márquez no lo quiere: su Harley Davidson
se ahogó en sus aguas. Yo sí lo
quiero, no es como el Orinoco que se
alimenta de músicos; se tragó toda una orquesta,
y las cartas de amor de Argenis Daza Guevara;
y si no quería cantar y amar, ¿por qué lo hizo?
Qué desperdicio. Tan pedante.
En mi infancia yo quería al Orinoco.
en ese cruce había un araguaney, donde se
enlazaban los gatos, que lo miraban a uno
con sus ojos de oro. El viento corría
por ahí: hablaba como duro cartón. Bajaba gruesa
neblina por la Puerta de Caracas. Todos los
autobuses pasaban de largo y se metían al cine.
Mi infancia que tenía más colores que los
de un poeta de provincia en su provincia,
no distinguía las aguas, todas eran iguales.
LA DESALENTADA
y en el metro
y en el pico de los puentes
detienes tu andar
y te repites como el ave negra
de Poe
never more
never more
dándote pases de melancolía
en las tinieblas de los supermercados.
Si bestia triste vas de vuelo
a tus recuerdos
como quien guarda un pedazo de muro
de aquel cine de barrio
que ya no existe
y el puñado de tierra es contra tu rostro
cuando te arrodillas
frente al altar de los hoteles baratos.
Digo
Tiempos difíciles estos
y tú más difícil aún.
Como aquel piano del Camilo’s
que nadie pudo sacarle
su serenata de balcón,
la vida caducó en ti
como un
disparate.
WILLIAM OSUNA (1948, Caracas, República Bolivariana de Venezuela)
De: "San José blues 1923", Monte Ávila, 2019
Enlaces: Gredos | Festival de poesía de Medellín | Literatura contra la opresión | Centro Virtual Cervantes
Carlos Alberto Débole
Invocación
donde la luna es un temblor en vilo.
Inútilmente el ojo busca ahondarse.
La noche es su recinto y su muralla.
Nada y todo es lo lejos. Acosado
otra penumbra soy en la penumbra.
Defiéndeme, Señor,
de mí mismo, quizás, Señor, defiéndeme.
Aquí, en la pampa, mi pavor inquiere:
¿Ese animal, por qué, ese caballo
que todo el universo carga encima
está en lo suyo y nada lo conturba?
¿Por qué, Señor, la inmensidad me oprime
hasta volverme cero, o menos, nada?
El ojo en el espejo
el ojo compasivo
del espejo.
Y me mira de tal suerte,
que le miro,
y me veo la muerte.
Pero el amor me espera,
y de amor me revisto
hasta que muera.
La muerte será la despedida,
lo se, a tanto amor,
a tanta vida.
Mientras me ampare
el ojo del espejo,
y no repare
en lo que mi ojo mira,
gozaré con ese ojo
mi mentira.
Luis Manuel Pérez Boitel | Aquellas fachadas parecen de mal gusto
mi madre fuma Marboro Light, como si fuese una amenaza
pública. mientras descubro que en la cálida habitación duerme
un gato siamés, me olvido del Empire State
y confundo las postales. la observación que hago
de las cosas dispuestas al límite, es irracional. el ser que soy
se diferencia de lo irracional, del negativo?
deambulo. tengo adicción por los breves momentos.
pretender que un instante anterior me nace,
se reproduce en mi sino, es justificar
ese humo que a ras de la cabeza me sostiene,
como la trastienda. y corre marzo sobre el cuerpo.
el fantasmagórico ¿cuerpo del otro?
así fue la impresión que nos dejó ver los peces
en el mercado central.
mi madre mira de soslayo la avenida
donde el que va delante tiene su cuartada y la razón;
parte de la razón. (viendo que la razón es un supuesto
juicio que provoca un ideal abstracto).
el sacrificio es admitir en el otro que la reducción
de tales espacios nos provee de felicidad.
luego se evaporó el gramófono y las cartas
(¿tus cartas?) fueron el pretexto
para adueñarse de lo que quedó.
tengo mal dormir y entre la ventana y el cuadro
del abuelo las cosas fueron desapareciendo.
todo está en marcha cuando busco
en la prensa nacional aquellos otros peces
y la bitácora. Nadie habrá de suponer que esto sea
de gran importancia para la nación.
mi madre fuma Marboro Light y desmiento
cada una de las postales del ilusionista. cada una de sus jugadas
que parecen perfectas. a simple vista es descubrir
cómo se empolva la memoria o parte de la memoria,
y hasta los discos de los Beatles. aquellas fachadas
parecen de mal gusto y enrarecen los quioscos de la multitud,
aún cuando hemos perdido el tiempo. mi madre reconoce
que existe la posibilidad de doblegar ese espacio,
cuando en la calle nos detenemos en un punto preciso
(¿en el mercado?), sólo ella y yo nos damos cuenta
que por un minuto algo de nosotros había cambiado
de repente.
(Cuba, 1969). Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Ha publicado los siguientes libros: Unidos por el agua (Poesía, Editorial Capiro, 1997), Los inciertos dominios del escriba (Poesía, Editora Abril, 1999), Bajo el signo del otro (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 2000), La oración del inquilino (Poesía, Editorial Sed de Belleza, 2001), Aún nos pertenece el otoño (Poesía, Editorial Casa de las Américas, 2002. Segunda edición en la Editorial Capiro, 2018), Para no quedar en el andén (Poesía, Editora Capiro, 2002), Nunca preguntes por la gloria (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 2003), No pidas el perdón (Poesía, Editorial Sed de belleza, 2004), Antes que la noche acabe (Poesía, Editorial Monte Ávila Editores, 2005), En esta extraña circunstancia (Poesía, Editorial La cuadrilla de la langosta, 2005), Ciudades del invierno (Poesía, Editorial Ediciones Ávila, 2005), No llames en la noche (Poesía, Editorial Azafrán y cinabrio, 2005), Memorial de invierno (Poesía, Editorial Casa de Teatro, 2006), La sagrada estación (Poesía, Editorial Capiro, 2006), Un mundo para Nathalie (Poesía, Editorial Cauce, 2007), Las naves que la ausencia nombra (Poesía, Editorial La Garúa Libros, 2008), Conversaciones con máscara (Poesía, Litera Libros, 2009), Hay quien se despide en la arena (Poesía, Editorial La Ronda, 2010), Algo parecido a un ciprés (Poesía, Editorial Cadelpo, 2011), Artefactos para dibujar una nereida (Poesía, Editorial Secretaría de Cultura de Coahuila, México, 2014. Segunda edición, Editorial Letras Cubanas, 2018), Un hombre errante, (Poesía, Editorial Capiro, 2015), Cartas de Rilke (Ensayo, Editorial Capiro, 2015), La isla invertebrada. Antología de poetas cubanos, selección, nota y prólogo de Luis Manuel Pérez Boitel (Editorial Capiro, 2018), Mecánica sobre el ciudadano A (Editorial Vigía, 2018), El libro de los hijos de Lev, (Ediciones El fortín,2019). Obtuvo en el 2002 el Premio Internacional Casa de las Américas en poesía, con el poemario Aún nos pertenece el otoño, y en el 2013 obtuvo el Premio Internacional en Lengua Española “Manuel Acuña” que otorga la secretaría de Coahuila en México, con el poemario Artefactos para dibujar una nereida, entre otros múltiples premios literarios. Posee la Distinción por la Cultura Cubana que otorga el Ministerio de Cultura de la República de Cuba. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y colabora con múltiples revistas literarias en la actualidad. En Revista Altazor
Elena Anníbali | Poemas sentimentales
Ernst Jandl | Intenta escribir un poema
sala de espera
todos esperan, pero nunca
se esperan unos a otros
todos esperan al hombre
con gafas y bata blanca
sucias están las revistas,
todos temen infectarse,
pero todos se arrastran por las arrugas rotas
de una ilustración.
siempre se sientan tres
uno junto al otro,
siempre dos
a cada lado,
pero el del medio
ha venido por él y no
por los otros dos.
y aunque su piel está seca,
tocarlas resulta más agradable que
tocar la humedad piel del vecino
también más cómodo.
cuando se abre la puerta
entra el siguiente.
qué lejos está el siguiente.
camina solo
de tres a seis
las sillas revueltas
quitarse la bata
qué lejos está ya el siguiente.
se queda solo
correcciones
tiene
mucho que hacer
no lo hace
sino que escribe
un poema
corrección:
sino que intenta
escribir
un poema
lo que tiene
que hacer
y lo hace
corrección:
y lo intenta
hacer
ERNST JANDL (1925/2000, Viena, Austria )
Diario de Poesía Nro. 83
Traducción: Sandra Santana
Dos poemas de Néstor Mux
Hilos
Uno siempre se negó a coincidir
con las tías cuando aseguraban
que todos tenemos el destino fijado.
Una noción tan casera
-sin fundamento alguno-
se podía desechar sin miramiento
como se desechan tantas cosas.
ataba los hilos de la propia existencia.
Pero un día, inesperadamente,
tomé el teléfono
y aquí estamos. Uno frente al otro
como si hubiéramos tenido el destino fijado.
Posesiones
A nuestra realidad iniciada
se agrega la posesión
de una sartén reciente
ella explica que el teflón
es materia plástica fluorada
resistente al calor y a la corrosión
el fritado de papas y huevos invita
a una expectativa doméstica en común
mientras -a fuego lento también
- crece este último amor de nosotros
aunque se haya hecho tarde
Joan Margarit | Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído
Retirada
Diego Brando | Es lo opaco del viento
Mirtha Lucía Makianich | Saerianas
Aunque Mirtha Makianich, en su introducción al poemario “Saerianas”, diga que es una presunción creerse intérprete de algunas obras de Saer, lo cierto es que la poeta hace años que viene revisitando la obra del escritor santafecino en un diálogo íntimo que va enriqueciéndose, una y otra vez, porque también son íntimas las vivencias, las imágenes y el paisaje evocado por el escritor santafecino. Y son precisamente esas vivencias, esas imágenes y ese paisaje compartido –en igual y a veces trágico trasfondo histórico– los dardos envenenados que la llevan a la escritura –no académica– sino poética. Este encuentro dialéctico y profundo la conducen al reencuentro con su propia identidad: “¿cuánto de mío / atravesado / por el cuánto tuyo?” y la retrotraen porque la memoria aunque le pese– es un oscuro animal en acecho constante.Y aunque la verdad sea un chisporroteo fugaz, una fuente, un núcleo remoto –acaso delirante– le alcanza a Makianich para la perseverancia, la insistencia en penetrar en los misterios del sueño y en los círculos obsesivos de Saer, que son como los suyos, porque también los suyos son como fantasmas / o nubes de humo / telarañas / que se entrecruzan. Sin embargo –y es lo más importante– oye en el canto del narrador-poeta su propio canto. Dice la poeta–: ¿Sabes? // Yo sí he visto la rosa / la vieja rosa marchita / crecer entre tus hojas / pétalos abriéndose / jirones de amarillo / color y perfume // y ¿sabes?/escucho cantar / entre esos pétalos porque es / así efímera / y particular / la alegría / de la belleza. Mirtha cumple acabadamente con lo que dice Saer, texto que ella misma cita–: “Toda lectura es interpretación, no en el sentido hermenéutico, sino más bien musical del término. Lo que el lector ha vivido le da al texto su horizonte, su cadencia, su tempo y su temperatura”.
Livia Hidalgo
Daniel Martucci | El mejor modo de esperar
La espera da fuerza al deseo
Ir al encuentro no es ir hacia donde el objeto está
No es ir detrás de los guiños del objeto.
desconocido
cualquier punto
un punto en especial
es ese sabor el que lleva el cuerpo
Hacia el encuentro en otra parte
lo lleva hacia el cielo de un borde
donde se despeña al vacio
de un nuevo deseo sin nombre aún
Suray Traba | Indómito despertar
4
el sueño que sus brazos
mece
abre sus ojos
la noche su tamboril
que besa y daga
una paciencia de escombros
dibuja en el aura
un quejido
que no es reproche.
10
Muerde la noche
afín
herida diurna al día
la nimiedad
en su labio
musita
espasmos despabilados
la precisión desgrana
con instrumento
disonante
palabras inmunizadas
al destierro
su inciso
en clave de bestia
de vida láctea
rastrea destroza encontrando
pistas
negadas al alba
halo petrificado
anticipa
un aguijón de danza
destello mudo afásico
en una palabra
escasez y abundancia
la noche
derrama
alaridos silvestres
noctámbula volví
para ser
su escribiente.
32
De intermitencia infinita
pulsa difuminada
en un cuenco
donde la luz mecía
se agitan penumbras
la atmósfera se tiñe de voraz
apura el paso
se acerca se aleja
merodea el letargo
pierde equilibrio
al acierto
sazona un resquemor
envuelve
engulle traga
soy su manjar.
VI
La voz
muta
en sus jirones
despide esquirlas
de sueño roto.
VII
Es tarde
para la palabra
una consonante
es insignia
pretextos que la noche inventa
duermen
bajo una bombita que titila.
Suray recorre el campo abierto de la noche, buscando con su lámpara ciega los fragmentos de luz de un alba que se retrasa.
En el territorio extenso de la vigilia, el lenguaje se extravía. ¿Cómo encontrar las palabras, en el espacio delimitado entre lo no-dicho y lo por-decir, cuando cada signo se revela urgente?
En hebras, desmenuzado, lo que no-se-sabe teje la trama de un idioma noctámbulo e insomne. Teje una voz.
Y la voz se extiende sobre el paisaje de la noche, poderosa y lúcida, delicada y caótica, tropezando con lo que se supo callar.
"Quedate despierta, hilachita de voz", susurra. Y la voz se hace presente, se nace, se alumbra.
"Quiero escribir la noche", dice Suray, "quiero escribirla ahora, que no sé qué digo, con lo que no sé qué digo".
El poema es mantra y plegaria, es fe y manifiesto para esa que tabula en la oscuridad, para la mujer que escribe en la noche, y en la noche, despierta.
Ángelica Morales | Mientras dormía salieron pájaros de mis oídos y otros poemas
Mientras dormía salieron pájaros de mis oídos
Eran pequeñas porciones
de carne
y pluma
que se pusieron
a caminar en recto
sobre la almohada.
Era una generación
de músicos sordos
que no sabían volar.
No sabían hacer otra cosa
que entrar
y salir de mis oídos,
como quien sale de una jaula
y vuelve a entrar,
como quien cierra
la puerta de una cárcel
y vuelve a entrar,
como quien abandona
el nido de un amor
y le prende fuego
a sus canciones
mientras baila desnudo
en mitad de las llamas.
Eran pequeñas criaturas
sin nombre,
con el peso
de un dolor liviano,
con el peso
de una carta
perfumada de tambor,
con el peso
de una pierna amputada
que sigue buscando
el camino de regreso.
Aún los guardo
dentro de mi silencio,
comen lluvia en rama,
la soledad dormida del otoño,
el primer frío de la muerte.
Pudiera ser que el otoño sangre en la ciudad
Hoy comienza
un cambio de estación.
Hay maletas
arriba del armario
que aguardan la ropa vieja
o el sudor,
que esperan el hambre
de una polilla.
Allí he de guardar
el ruido más cálido
de una noche de agosto,
versos de Shakespeare
que no sé pronunciar en francés,
un cupón de la suerte.
Hoy la ciudad
despierta su lengua al frío,
sus mujeres tumban la herida
y pasean famélicas
por las aceras,
abrazando sus propios huesos,
sin reconocerse
en el cristal de los escaparates,
haciéndole la burla a la leche en flor
que hierve dentro de sus pezones.
Hoy habrá música de hojas
cayendo dentro
de una taza de té,
habrá ancianos
que pisen por primera vez un asilo.
Todos serán mayores
de ochenta años,
sabrán bailar tangos,
escupir sobre una palangana,
morder el corazón del trueno.
Hoy mi casa
se hace más pequeña
y hay un dolor cautivo
dentro de mis orejas,
como de burros lamiendo la sal
que no existe en la montaña,
como de obrero de la construcción
derribando tabiques
dentro de mi cabeza.
Hoy los pájaros me dan la espalda.
Hoy los árboles
desnudan el silbido de una serpiente,
mudan su alma de tierra blanca
por un hueco
de silenciosa negrura.
Mientras tanto...
Golpes en el televisor,
golpes de estado
en países que comen silencio
en llamas,
partidos políticos
que rompen su sexo en dos
y masturban ideas viejas
frente a un muro de metacrilato.
Hoy mi ciudad
es la misma ciudad de hace un año,
idéntica a la de hace un siglo,
con total seguridad,
no ha cambiado nada
desde que Dios puso aquí
el primer terror
de sus lámparas.
Pero también puedo soñar cosas bellas dentro del fuego
Alguien me pidió fuego
y yo saqué mi corazón
y se lo ofrecí.
Recuerdo
que en la calle
empezaban a caer
las primeras gotas
del otoño
y que una niña china
me sonrió
desde el escaparate metálico
de sus dientes.
Fue entonces
cuando empecé a escribir
este silencio,
cuando me puse a buscar
en el mapa
la lentitud mística
de los pájaros.
La ceguera de Dios
Mi casa está abierta a la ternura de la tarde.
Mi casa que es hueco lunar o lagartija reptando entre las manos del tiempo.
Tantas veces he visitado en sueños su ceniza, Dios amarillo,
como quien visita una tacita de té los domingos
o la pierna amputada de esa bailarina que sigue girando al borde de un puñal.
Mi casa que es de bronce y olvido y huele a leche caliente y vicks vaporub,
a tormenta que agita el alcohol de sus ángeles y un chocar de música lujuriosa.
¿Por qué tendremos tanto dolor cuando se nos muere una casa, una infancia, el pecho de una pared?
¿En qué cielo se tumba la órbita de nuestro llanto?
He de decirte, Dios amarillo, que mi casa está plena de fantasmas,
mujeres infelices que levantan la piel de sus vestidos
y brincan sobre el fémur de un cajón
donde las polillas se emborrachan de hambre.
Un día de estos tienes que contarme cómo es tu casa, Dios amarillo,
qué animal humano roe el hueso de tu corazón,
le da una patada a tu ceguera
Dos poemas de Pablo Queralt
para que nunca me falte así alguien que no conozco esconde dentro mío ideas
recuerdos que de pronto aparecen como cuando salía a fumar para no sentirme desplazado del que narra y quién mira
donde se gesta el poema y pone algo que va del pasado al presente como quién confunde
los tiempos y viene de lo antiguo y no de lo reciente tirando del hilo.
tan cerca estuvimos que nada tocábamos y ni hablar necesitábamos
yo era tu imagen o mi materia era la tuya la sustancia única
de nuestras palabras estalladas en su microcosmos al espacioso infinito
que era la nada y el todo donde llegamos sin decir que llegamos.
De: "La doble pena de volver a contarlo todo, Ediciones La yunta, 2025















