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El poeta ocasional

La imagen muestra un retrato en blanco y negro de una persona captada desde un ángulo de tres cuartos, con la mirada dirigida hacia la izquierda, fuera del encuadre. Su expresión es serena y reflexiva, con los labios suavemente cerrados y un gesto relajado que transmite calma e introspección.  Tiene el cabello oscuro, liso y de longitud media, peinado con una raya lateral que enmarca el rostro. Lleva unos pequeños pendientes y viste una bufanda de tejido grueso enrollada alrededor del cuello, junto con una chaqueta acolchada de abrigo, lo que sugiere un clima fresco.  El fondo aparece completamente desenfocado (efecto de poca profundidad de campo), permitiendo que toda la atención recaiga en el rostro. La iluminación es suave y uniforme, resaltando los rasgos faciales sin generar sombras marcadas. La elección del blanco y negro aporta un carácter sobrio, elegante y contemplativo a la fotografía.  En conjunto, se trata de un retrato de estilo documental o editorial, de composición sencilla y equilibrada, que pone el énfasis en la expresión y la personalidad de la persona retratada más que en el entorno que la rodea.

Refugio antiaéreo     


Sueño con un refugio antiaéreo en los albores de mi memoria, 
el único vestigio de las clases de entrenamiento militar en la escuela.     
     
“No habrá más guerras”, nos dijo el profesor. 
“Pero cada uno de ustedes debe tener en cuenta lo siguiente: 
en caso de una explosión nuclear, 
o si se utilizan armas de destrucción masiva, 
o si ocurre cualquier otro percance, 
deben ir al refugio evitando el pánico, 
llevando sólo lo necesario y nada más; 
necesitarán ropa de abrigo si la guerra se alarga hasta el invierno: 
no hay calefacción en el refugio, ¿saben?” 
“¿No hará calor allí de todas formas?”, se escuchó un comentario ingenioso    
         
desde la última fila. En cuanto a usted, Maestro Grinovets, nadie sabe si lo dejarán entrar.
No habrá espacio para todos;
   
los suministros de comida y agua serán limitados…
Estoy seguro de que
En tiempos de Armagedón, la ansiedad es inevitable.

¿Cuántas personas serán pisoteadas en el último refugio antiaéreo?

No me imagino cómo tomará Dios una decisión…

¿Una entre diez mil?

¿Una entre un millón?

¿Y qué hay de los errores aritméticos?

Espero que no se discrimine a la gente

por su sexo, raza o religión;

Quiero creer que…

¿Cuántas bocanadas de aire les bastarán
hasta que aparezca el deus ex machina?

“Cada clase sigue a su mentor”,

nos dijo el profesor.

“Y repito,

nada de correr por los pasillos entre las literas.
Deberían guardar sus etiquetas con sus nombres en los bolsillos del pecho.
Los nombres deben escribirse con pulcritud;

tu letra no sirve, Fedechko…

¿Para qué etiquetas? —Yo también me lo pregunto…

Quizás sean

para los ángeles
que se llevarán las almas
(porque nadie sobrevivirá),

para los ángeles con vestiduras blancas bordadas con cruces rojas

(¿y medialunas rojas?)

para los ángeles, para que sepan cómo dirigirse a ti, mi pequeña…


 

Una mujer llamada Esperanza
жінка на ім’я надія

Llovió durante cuatro meses seguidos
derribando cosechas, pisoteando huertos
Llegaron como nuevos reclutas
regando diligentemente mientras podían los arbustos del camino
para frenar su marcha hacia una guerra extranjera

y ninguno de nosotros sabía
dónde estaba realmente la zona de guerra
nadie comprendía la verdadera magnitud de las pérdidas
cuando una mujer llamada Esperanza vino a animarnos
no tenía intención de morir

Cada persona, nos dijo, lleva su propia guerra
y un arma
a la que se aferrarán hasta el final,
y la victoria es una puta; no le importa dónde se encuentre
pertenece a cualquiera

y escuchamos un trueno salir de su garganta
mientras nos cantaba extraños ejercicios de marcha y canciones de cuna
cada gota de su saliva un bálsamo
que contiene el veneno del amor

porque toda mujer, advirtió, conoce este tipo de Amor
que la abate, le mete el cañón de una pistola en la boca
y no la mata: Después, la lluvia la atraviesa,
tropa tras tropa
diluyendo la sangre

 

 бомбосховище

сниться мені бомбосховище на околиці пам’яті,
останнє вціліле зі шкільних уроків воєнки
– більше війни не буде, – казала нам вчителька,
але кожен із вас, діти, мусить затямити:
у разі ядерного вибуху,

застосування зброї масового враження
чи іншого казусу
слід спускатися в бомбосховище, уникаючи паніки,
брати лише необхідне, нічого зайвого:
теплі речі, якби війна затягнулась до холоду –
в бомбосховищі, знаєте, діти, не вмикають опалення
– а хіба там і без того не буде гаряче? –
кидав хтось із задньої парти дотепну репліку
– а тебе, Гриновець, взагалі не відомо чи пустять ще,
всім не вистачить місця,

запаси води та харчів обмежені…
вже знаю:
при тому армагедоні не вдасться уникнути паніки
скількох буде затоптано
при вході до останнього бомбосховища?
не уявляю, як ти, Боже, робитимеш вибірку –
кожен десятитисячний?
кожен мільйонний?
а похибка?
вірю, що обійдеться без дискримінації
за статтю, расою, віросповіданням
хочеться вірити…
скільки ковтків повітря кожному з них вистачить,
доки вони чекатимуть свого deus ex machina…
– кожен клас, – казала нам вчителька, –
тримається свого наставника,
і ще раз повторюю – не ганяти в проходах між нарами,
мати при собі в нагрудній кишені бірочку з іменем,
написану каліграфічним,
а не таким, як у тебе, Федечко, почерком…
навіщо? – дивуюся досі
напевно, для того, щоб ангели,
які виноситимуть душі (бо ніхто ж насправді не виживе)
щоб ангели в білих одежах з червоним хрестом
(і півмісяцем?)
щоб ангели знали, як до тебе, малий, звертатися…




чотири місяці поспіль ішли дощі
витоптуючи посіви збиваючи садовину
йшли як новобранці,
старанно поливали придорожні кущі,
затягували, як могли, свій похід на чужу війну.

і ніхто з нас не знав,
де насправді знаходиться зона бойових дій
і не уявляв реальних масштабів втрат.
та для підняття духу до нас прибилась жінка на ім’я надія,
яка взагалі не збиралася помирати.

у кожного чоловіка, повторювала, своя персональна війна
і нагріта зброя в руках,
за яку він готовий триматись до скону,
а перемога – їй все одно з ким
вона як курва вона
не належить нікому

і ми слухали, як у горлі її перекочуються громи,
коли вона нам співала свої дивні похідні й колискові,
і в кожній краплі її дезинфікуючої слини
була отрута любові

бо в кожної жінки, казала вона, буває така любов,
яка ставить її на коліна, засовує дуло до рота
і – не вбиває. І тоді йдуть крізь неї дощі,
за ротою рота
і вимиває кров…



HALYNA KRUK (1974, Lviv, Ucrania)
Fuente: Círculo de poesía
Enlaces: La maja desnuda
Imagen en Meridian Czernowitz

sostener 
una idea
mientras cae
 
su caída
cuidar
 
a quienes
por ella
con ella
caen
 
pluma
o piedra
en el vacío
 
iguales
cayendo
 
quienes
sin ella
no pueden
levantarse
sobre
la sombra
del caer
 
en nuestro
su cuerpo
de verdad
 
sostener
cuidar
esa idea
 
con ella
alzarse
otra
 
y
otra vez


 
//



del nuevo
oscuro desván
de la historia
de este régimen
 
desciende
 
elegido
por sus víctimas
 
ínclito
en su espejo
de odio
 
en tanto
sus edecanes sus dueños
trepan las escaleras
de sangre prometida
 
entonando
música de idiotas
para idiotas
 
ellos
cantando 
en tiempos sombríos
la lógica del crimen
del saqueo
 
sus facultades delegadas:
el decir de sus amos
 
nudo de lo real
 
la lucha
permanece 
en su condición
de plegaria
 
áspera
 
la voz de la calle
el canto del gallo 



//



al borde
de un río
o un lago
que sigue
siendo
un río
 
una ciudad
creciendo
desde sus pies
de agua
 
el presente
de una memoria
a descubrir
un laberinto
donde perderse
y encontrarse
 
en el amor
de la amistad
del amor
 
dando vueltas
al volver
y otra vez
dando vueltas
 
un libro
donde traducir
sobre lo escrito
lo dicho
sobre lo dicho
la pérdida
de sentido
de la pérdida
un giro
un puerto
la música
de un parque
 
y sus calles
que nos siguen
llevando
a cualquier parte
de todos nuestros días


//  

Ir y quedarse y con quedar
partirse.
Lope de Vega
 
 
a veces
escucho
el silencio
 
de aquel cielo
que compartimos
 
repito
tu nombre
abreviado
en un susurro
cambiando
otra vez una letra
del sol en vos
 
cuando huye el día
 
a encallar
en la noche
hace tanto tiempo
 
nuestros
corazones
marcando
las horas
de otro lugar
 
nuestro cuerpo
no tuvo frontera
 
de uno al otro
dos es infinito
ahora
decimos
nada
 
es otra vez
 
una playa
entre piedras
y arena
el sol
que se oculta
 
en sus grietas
caminamos
 
al costado
de un mar
de pájaros
 
en silencio
 
escuchando
del otro
lo que ya sabemos
 
no hay lugar
al que volver
 
juntos
 
de la mano
bordeando
el paisaje
de una vieja foto
 
dibujando
el mapa del olvido




De: "Parte de la trama", Barnacle, 2026
Otros poemas de RICARDO RUIZ, aquí


La imagen muestra a una persona posando al aire libre con una expresión serena y una leve sonrisa, apoyando los brazos sobre el marco superior de la puerta de un automóvil.  Viste una chaqueta de mezclilla azul oscuro sobre una prenda clara. Lleva el cabello oscuro recogido en una coleta alta, con algunos mechones sueltos que el viento parece mover suavemente. Como accesorios, usa pequeños aros en las orejas y se aprecia un discreto tatuaje o inscripción en el dorso de una de sus manos.  El fondo presenta un cielo luminoso con nubes difusas y varios árboles de distintas tonalidades verdes, lo que sugiere un entorno tranquilo, posiblemente un parque o una zona residencial. La iluminación es natural y suave, aportando un ambiente cálido y relajado.

Primera nevada    


 
Qué fácil para la nieve convertirse en hielo, para la nieve 
        desaparecer la luz del raído 
 
marco de castaños alrededor del almacén 
        junto a los restos de achicoria silvestre, esculturas

raspadas, adelfilla sollozante. El hambre bordea
        esta tierra, mientras la nieve convierte todo en inmigrantes,

la nieve sala el terraplén donde las tortugas se bañan,
        cientos de ellas, literalmente, congeladas tiesas

como granadas de gas lacrimógeno arrojadas a través
        de una reja de alambre púa. ¿Pero quién en su sano

juicio querría trepar esa reja
        para vivir aquí, quién rezaría cada noche

buscando la gracia, para cruzar el velo oscurecido
        de mierda, y atestiguar las chimeneas,

collejas blancas, centáureas? ¿Quién merodearía por arroyos
        brillantes con petróleo, que nos democratizará a todos,

como la muerte, una vez
        que se haya ido? Sobre sacos de papas en la bodega

nevada y abandonada, se sientan y apiñan
        los refugiados embarrados, carentes, con ojos de ternero,

quitando mugre de sus cueros cabelludos, sus suelas peladas.
        Entre ellos, muda, está mi madre,

y acurrucada en su regazo estoy yo, enamorada de la luz
        de la primera nevada de mi vida, tan asombrada

y dudosa de la distancia que deseará recorrer
        la helada, y la forma que tomará entonces—



First snow                          



How easy for snow to turn to ice, for snow
   to disappear the light from the ragged

frame of chestnut trees around the warehouse
      by what’s left of wild chicory, scraped

sculptures, weeping dogbane. Hunger borders
      this land, while snow turns all to immigrants,

snow salts the embankment, where turtles wash ashore,
      literally hundreds of them, frozen hard

like grenades of tear gas thrown across
      a barbwire fence. But who of their free

will would ever want to climb that fence
      to live here, who would pray each night

for grace, hoping to pass through the darkened veil
      of shit, to bear witness to smokestacks,

wild champion, knapweed? Who’d loiter around cricks
      glistening with oil, which, once gone,

will, like death, at last, democratize
      us all? On potato sacks in the snowcapped,

abandoned warehouse, there huddle and sit
      the soiled refugees, bereft, cow-eyed,

picking dirt off their scalps, their shelled soles.
      Among them, wordless, is my mother,

and nestled on her lap is I, in love with the light
      of the first snow of my life, so awed

and doubtful still of what lengths the frost wills
      to go, and what shape it will then take-


ARIA ABER (1991, Müller, Alemania)
Fuente: Ezequiel Zaidenwerg
Traducción: Catalina Ponce / Enrique Winter
Enlaces: Sitio de Aria Aber (en inglés)
Imagen en Vogue

¿Cómo se genera un recuerdo? Fabio Cardarelli ha escrito sobre ese territorio que encuentra correspondencia con lo frágil y su significado, o dicho en otros términos: acerca del orden autónomo de un mundo que guarda entre sus pliegues la cualidad de lo que se puede romper (“La tragedia antes que el arte. / Primero el devenir, luego la historia. / La palabra, luego el hombre”).

“Poemas vencidos” indaga esa zona fértil, la mayor fabricación de letanías del cosmos, en la secreta convicción de que el corazón es un perro obediente y sanguinario donde se cifra un propósito; un día, un nombre, una sola frase (“La oscuridad en que se disipan. / La ciénaga que devora su dulzura”). Así reorganiza, en el testimonio de las evocaciones, la fuerza de un argumento: una lengua recobrada que exalta y divide en sus operaciones la magia y la sagacidad. Todo aquello que seguirá acechando a continuación de la última palabra escrita (“dni 20288130, / estaré vestido / para la ofrenda”).

                                                                                                                         Alberto Cisnero




Cuando se desmorona la noche,
y no encuentro
una palabra hermosa para levantarla
un sostén que valga el corazón de un muerto
una resurrección que corte la soledad y sus raíces
se me hace indispensable
comer
con fatal ansiedad
con la torpeza del recién nacido
fibras grasas huesos semillas
el cuerpo crudo de un animal abandonado
huevos de pájaros estériles 
     harinas  ángeles frituras
que martillen firme y duelan 
     saturen el camino donde retornan las palabras hermosas
hasta desconocerlas
hasta olvidarlas
 
así descanse 
en su finita paz de plomo
colmado breve de su tarea primitiva
de su intención elemental
mi pequeño
e insaciable
corazón.



Si ves,
no tengo herramienta precisa,
apenas una cúpula de aves
comiendo granos en el piso
que ante una leve brisa espantan.

Si ves,
lo que sujetan mis manos
se cuela en la inasible posesión de una palabra,
pero como las palabras
son de esas cosas que se gastan u olvidan
perderé esa fortuna.

Me quedará
el nombre de una mujer 
que se asiló en mi fe,
              el planteo sistemático e intrascendente
de volver a nacer,
 
y la duda perpetua
de si aquel mendigo
que veía 
en mi infancia
escarbando indiferente y manso  
                era Dios.



Cuando los brazos de la tierra suban a buscarme,
dni 20288130, recordaré a Pedro, dni 19538759,
hablaremos de aquellas flores
que se abrían bajo el rocío cuando habitamos
la casa del molino, soplaré su nombre, recuérdalo  
Ana, dni 21764932, que vivimos juntos el fragor de la infancia,
intentaras creer que no todo es
camino pedregoso moho ortigas
gas de estrellas fugaces
destellos de amor entre senderos, por entonces
habrá nacido Julia, dni 19733078, luego
Marcos, dni 20338170, y unos años después
Bernardo, dni 24256449,

serán, fueron, son
como abejas blancas posadas en
nuestros huesos vigorosos

burbujas
de luz
sobre tus blandos pechos

como vemos, todos merecemos filiación
orden
reglas
un número que nos ancle en el misterio
aprobar certezas
legitimar un alma
creer que estuvimos sobre esta tierra, pero

hay muertos que ya no crecen Carlos, dni 22764932,
cada mano aprieta el ramo pesado de la desolación
como un 
oropel de promesas inválidas te fuiste te fuiste
tan diminuto

del pregón obtuso del párroco Juan, dni 6442991, nacía
como un glaciar la tibia duda, ¿oraba por nuestra fe? 
     ¿por la fe de Pedro?, dni 19538759, ¿por la miel 
     de tu arcón? ¿por el pan de todos? 
¿por la memoria que como un sudario
quedaron translúcidos los rostros? ¿por el cansancio
de las almas? ¿por los náufragos que habitaban en
los cuerpos movedizos? ¿por
quién oraba? pero

hay muertos que no vuelven a nacer mi querido José, 
     dni 21764442,
y es inteligente el dolor

sabe de quién alimentarse

todos merecemos ser reales
gozar entidad
tener destino
una letra un silbido a la distancia
un canto que nos llame desde cielos lejanos,

no el eco turbio de ese pueblo
cuando la casa del molino
nos mastica y traga, por eso
cuando los brazos de la tierra suban a buscarme,
dni 20288130,
estaré vestido
para la ofrenda.



FABIO CARDARELLI (1969, Villa Nueva, Córdoba, Argentina)
De: "Poemas vencidos", Ediciones Barnacle, 2026
Enlace: Círculo de Poesía

Bestiario íntimo




Si alguien querría ser una tortuga
sería yo:
hacer de una sección cónica
mi propia sede prehistórica
alojada en la espina dorsal.

Ser tortuga
tiene algo de ideal:
desde joven luce arrugas
y en sentido literal
se hace mayor con los años
– a más edad
más tamaño.
Post-matrimonial,
sin lazos familiares
después de desovar,
igual a todas y cada una,
naturalmente hija de la luna,
sin embargo
no hay cisma
entre ella misma y sus lares.

Entre tantos avatares,
para mí
que estoy en mí
– puro apremio sin molicie –,
poco cuenta que sea lenta
su marcha en la superficie:
eso
me haría durar
y capaz de entrar al mar,
– que cubre dos tercios del mundo –
sabiendo que si me hundo
gano velocidad.


Otros poemas de MIRTA ROSENBERG, aquí

Se queda tan quieto y espera 

 

Me quito las gafas  
Antes de que las líneas de tinta de sus extremidades  
Emerjan de la multitud 
Antes de que la sonrisa cierre sus ojos 
Bajo el reloj de Waterloo 
A medio camino entre 
Un Giacometti y una figura de porcelana  
Está tan delgado y espera 
Sin embargo, yo soy la frágil, la tan suturada 
Esta vez, ¿nos vamos...? 
Su pregunta se filtra en la salida del tren de las cuarenta y dos 
Por miedo a llegar temprano 
Soy yo la que llega tarde 
Quien da los últimos pasos 
Como alguien que nunca ha caminado 
Pero ¿cómo estás?, pregunto 
Y le tomo la mano un instante 
En lo que espero que se sienta como un apretón de manos 
No nos tocamos 
Después 
No nos tocamos



He stands so still and waits




I take my spectacles off
Before the ink lines of his limbs
Emerge from the crowd
Before the smile closes his eyes
Below the clock at Waterloo
Half way between
A Giacometti and a Meissen Chinaman
He stands so thin and waits
Yet I am the fragile, the much sutured one
This time, shall we ...
His question bleeds
Into the departure
Of the one forty two
For fear of being early
I am the one who is late
Who takes the last few steps
Like someone who hasn't walked before
But how are you, I ask
And hold his hand for a moment
In what I hope feels like a handshake
We do not touch
Thereafter
We do not touch Ver menos


VESNA GOLDSWORTHY (nacida Vesna Bjelogrlic, Belgrado, Serbia, 1961, reside en Reino Unido desde 1986)
Fuente: Fb Jonio González
Imagen en London Fictions


Me permito y de hecho accedí tras algunas deliberaciones conmigo, a publicar este texto de Clint Eastwood. No es un poema, pero parece, parece confabularse con la poesía, a soñar un poema.
El cuerpo que ya no es concurrido, solamente por algunos dolores y los recuerdos anclados en un lejano puerto.

"A los 96 años, Clint Eastwood destrozó nuestras cómodas ilusiones sobre envejecer, negándose a endulzar la dura verdad.
En un discurso reciente, explicó cómo el cuerpo cambia con el tiempo. Los huesos se vuelven menos flexibles, los movimientos se hacen más lentos y la luz brillante puede molestar los ojos. Incluso respirar puede requerir más esfuerzo. Y eso era solo el comienzo.
Llevó su inconfundible dureza a un tema que la mayoría prefiere evitar. No ofreció frases consoladoras sobre que los años de oro están llenos de una serenidad infinita.
En cambio, pintó un cuadro crudo e implacable de lo que pasa cuando un ser humano se acerca a un siglo de existencia.
"La luz te lastima los ojos, e incluso respirar puede sentirse como un trabajo pesado", compartió Eastwood, describiendo la fricción constante de un cuerpo físico que se desvanece.
"Tu cuerpo simplemente ya no coopera como antes, y cada paso requiere una estrategia".
Pero como señaló, el deterioro estructural del esqueleto y los músculos es solo la superficie del problema.
El verdadero peso de la vejez extrema es emocional y psicológico. Una vez que cruzas a tus noventa, tu mundo social sufre una transformación profunda y a menudo dolorosa.
Miras a tu alrededor y te das cuenta de que la mayoría de las personas que te conocían de joven, que compartían tu historia, tus chistes internos y tus luchas de vida, han desaparecido.
El círculo de caras conocidas se reduce casi a nada, el teléfono deja de sonar y el ritmo de los días se hace tan lento que casi se arrastra. La píldora más amarga de tragar no es el dolor físico; es la ausencia repentina de alguien que de verdad quiera escucharte.
Cuando el momento presente se vuelve silencioso y aislado, la mente humana busca refugio en el pasado. Eastwood explicó que navegar entre viejos recuerdos no es señal de debilidad mental, sino una búsqueda vital de continuidad.
Por eso las personas mayores repiten tan seguido las mismas anécdotas, agregando pequeños detalles y volviendo una y otra vez a los mismos temas. No lo hacen para presumir o dominar la conversación. Lo hacen para anclarse a una realidad donde eran activos, amados y relevantes.
"Te descubres repitiendo historias, agregando detalles, no para convencer a nadie, sino solo para sentir que sigues conectado a algo", admitió Eastwood. "Intentas transmitir cosas a la generación más joven, incluso cuando puedes ver el aburrimiento en sus ojos".
Vivimos en una cultura que trata la longevidad como un trofeo, felicitando a la gente solo por sobrevivir, mientras ignora por completo la soledad aplastante que acompaña esa supervivencia.
Alabamos lo brillante, lo rápido y lo hiperconectado, dejando absolutamente ningún espacio para el ritmo lento y repetitivo de los muy viejos.
Clint Eastwood puede ser un gigante del cine, pero sus palabras hablan por cada anciano anónimo que vive a la vuelta de la esquina o se sienta en nuestra mesa familiar.
Ellos son las bibliotecas vivientes de nuestra historia, cargando historias que dieron forma al mundo en el que caminamos hoy. Cuando elegimos ir más despacio, dejar a un lado las distracciones y escucharlos de verdad, algo mágico sucede. Cerramos la brecha entre generaciones.
En última instancia, las arrugas en sus rostros no son solo señales de envejecimiento: son un hermoso mapa de una vida vivida al máximo, y es un privilegio sentarnos a su lado y escuchar el viaje."


En Así pensaban los sabios

                 
   EL POETA OCASIONAL



RESPONDIÉNDOLE A CARVER DIEZ AÑOS DESPUÉS     



El cuerpo no pesa lo suficiente sobre el colchón 
el deseo de dormir se diluye 
en el deseo de todo. Este hartazgo 
no se puede glosar. 
Ni siquiera es hartazgo. 
Para que el cuerpo logre algún reposo 
la mente tiene que salir al aire gélido 
en estampida, pero estampida silenciosa 
como todo lo iluminado por la luna. 



CASA EN EL BOSQUE




Afuera, restos de agua
cuelgan de las piñas que cuelgan de las ramas.
Varias formas ovales proponiendo desprenderse:
todo baja.
Acá, un silencio excelente. Ráfagas breves
de gotas de último momento sobre techos y vidrios.
La nube, que termina de exprimirse
y manda optimistas latigazos.
Un calor raro, sobreinducido,
para marearnos por la noche,
ahora, con el alerta de las naranjas y el café,
casi nos hace estallar de expectativas.
Coronando actividades mudas,
motores y fluidos que sabrán lo que hacen:
lo hacen, supongo, por nosotros.



PASEO




Buscando recuperar el estado de flotación
que existió una, dos veces como mucho
en cada relación o actividad
la persona sale de su casa,
testea el aire, elige la postura y se lanza hacia delante
para un rato después encontrarse circulando
entre escenarios de los que espera demasiado:
muy verdes hojas de hiedra sobrecrecida
como trapos colgando de un alambrado de uno treinta,
luces amarillas de un fulgor desconcertante
que en su disposición son molde
de lo que se llama planetario,
graffitis modernos con pintura plateada
el tren que justo entonces pasa por encima,
en fin,
           todo tipo de cosas sugerentes
que algo tendrían que entregar
si el cable de este razonamiento
no se hubiera cortado en algún punto.


De: "Lluvias", Bajo la luna poesía, 2009
Otros poemas de LAURA WITTNER, aquí
Imagen en rosario3


El ahorcado del café Bonaparte


Para no conocer los abismos del humo
para no tragarse los periódicos de la tarde
para no usar unos espejuelos cubiertos de sangre o telaraña
El que estaba sentado en un rincón lejos de los espejos
tomándose una taza de café no oyendo el tocadiscos
sino el ruido de la pobre llovizna
El que estaba sentado en un rincón lejos de los relámpagos
lejos de los leones morados de todas las guerras
hizo un cordón con una hoja de papel
en la que estaban escritos el nombre del Papa el nombre del Presidente
y otros dos mil Nombres Ilustres
y a la vista de todos los presentes
se colgó del sombrerero que brillaba sobre su cabeza amarilla
El patrón del café salió bajo su capa negra en busca de un policía
Armstrong cantaba sin cesar la luna había aparecido
como una gata furiosa en un tejado
Tres borrachos daban puñetazos en el mostrador
y el ahorcado después de mecerse dulcemente durante un cuarto de hora
con su voz muy lejana
comenzó a pronunciar un hermoso discurso:
«Maintenant je suis pendu dans le Bona
La lluvia es el cuarzo de mi miseria
Los políticos roen mi bastón
Si no me hubiera ahorcado moriría
de esa extraña enfermedad
que sufren los que no comen
En mis bolsillos traigo cartas estrujadas
que me escribí yo mismo
para engañar mi soledad
Mi garganta estaba llena de silencio
ahora está llena de muerte
Estoy enamorado de la mujer que guarda las llaves de la noche
Ella se ha mirado en mis ojos sin saber quién he sido
Ahora lo sabrá leyendo mi historia de hollín en los periódicos
Sabrá que me llamaba Louis Krizek
ciudadano del corazón de los hombres libres
heredero de la ceniza del amanecer
He vivido como un fantasma
entre fantasmas que viven como hombres
He vivido sin odio y sin mentira
en un mundo de jueces y de sombras
La tierra en que nací no era mía
ni el aire en que reposo tampoco
Tan sólo he poseído la libertad
es decir el derecho a sufrir a errar
a ser este cuerpo frío
colgado como un fruto
entre los que cantan y ríen
entre una playa de cerveza
y un templo edificado para adorar el miedo
La mujer que guarda las llaves de la noche
sabrá que me llamaba Louis Krízek
y que cojeaba un poco y que la amaba
Sabrá que no estoy solo que conmigo
va a desaparecer un viejo mundo
definitivamente borrado por el alba
Así como la niebla a veces aplasta
las flores del cerezo
la muerte ha aplastado mi voz»
Cuando el patrón volvió con un policía de lata y azufre
el ahorcado del Café Bonaparte
ya no era más que el humo tembloroso de un cigarro
bajo el sombrerero
sobre una taza con restos de café.


FAYAD JAMÍS BERNAL (1930, Zacatecas, México / 1988, La Habana, Cuba)
Enlaces: Poeticus | Islíada

Lo que no es sueño     



Déjame que te hable en esta hora 
de dolor con alegres 
palabras. Ya se sabe 
que el escorpión, la sanguijuela, el piojo, 
curan a veces. Pero tú oye, déjame 
decirte que, a pesar 
de tanta vida deplorable, sí, 
a pesar y aun ahora 
que estamos en derrota, nunca en doma, 
el dolor es la nube, 
la alegría, el espacio, 
el dolor es el huésped, 
la alegría, la casa. 
Que el dolor es la miel, 
símbolo de la muerte, y la alegría 
es agria, seca, nueva, 
lo único que tiene 
verdadero sentido. 
Déjame que con vieja 
sabiduría, diga: 
a pesar, a pesar 
de todos los pesares 
y aunque sea muy dolorosa y aunque 
sea a veces inmunda, siempre, siempre 
la más honda verdad es la alegría. 
La que de un río turbio 
hace aguas limpias, 
la que hace que te diga 
estas palabras tan indignas ahora, 
la que nos llega como 
llega la noche y llega la mañana, 
como llega a la orilla 
la ola: 
irremediablemente.


CLAUDIO RODRÍGUEZ (1934, Zamora / 1999, Madrid, España)
Fuente: Ezequiel Zaidenwerg
Enlaces: Zenda Libros | A media voz
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