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octubre 24, 2026

Kamala Surayya Das | Ruidosos escalones para llamar a la puerta de otro

La edad de piedra



Cariñoso marido, antiguo colono de la mente
Vieja araña gorda, tejiendo telas de desconcierto
Sé amable. Me conviertes en un pájaro de piedra, una
Paloma de granito, construyes a mi alrededor un salón deprimente
Y acaricias mi cara picada de viruela distraídamente
Mientras lees. Con tono alto quiebras mi sueño pre-matinal
Metes el dedo en mis ojos soñadores. Y
sin embargo, en los sueños de día, hombres fuertes
proyectan sombras, se hunden
Como soles blancos en el oleaje de mi sangre dravídica
Secretamente, los desagües fluyen bajo las sagradas ciudades.
Cuando te vas, conduzco mi destartalado coche azul
A lo largo de un mar más azul. Subo corriendo los cuarenta
Ruidosos escalones para llamar a la puerta de otro.
A través de las mirillas, los vecinos espían,
Me ven llegar
E irme como la lluvia. Me preguntan, todo el mundo me pregunta
Lo que él ve en mí, me preguntan por qué le llaman león
Libertino, me preguntan por el sabor de su
Boca, me preguntan por qué su mano oscila como una cobra
Antes de cerrarse sobre mi pubis. Me preguntan por qué como
Un gran árbol, talado, se desploma sobre mis pechos,
Y duerme. Me preguntan por qué la vida es corta y el amor
Más corto aún, me preguntan qué es la felicidad y cuál es su precio.



La buganvilla salvaje




Hubo un tiempo en que
Estaba triste en Calcuta, unos días estivales
Que pasaban lenta, y tristemente,
Como un cortejo detrás de un ataúd. Días
Cuando incluso mi cama no me daba descanso,
Sino que como un mar agitado me sacudía
Con sus olas y cómo gemía y me lamentaba,
Y constantemente ansiaba un hombre
De otra ciudad… Entonces, poco a poco,
Mi amor se marchitó, di largos paseos
Anduve por caminos que nunca había visto
antes, vi caras que me gustaron por su encanto.
Es un mundo bueno, y
Lleno de distracciones. Anduve por calles al lado
Del mar, donde las barcazas
Flotan, con sus fondos pudriéndose, y la basura
Se pudre, y los peces muertos se pudren
Y olí el hedor de lo moribundo y la
Fetidez de lo muerto pudriéndose,
Pasé por calles donde las chicas de la noche con postizos
Y llamativos pechos deambulaban
Y bajo farolas amarillas, paseaban arriba y abajo
Lanzando sus sonrisas enfermizas
A los hombres. Y, por las calles cerca de los viejos cementerios
Donde los muertos están tan muertos
Que incluso sus lápidas han perdido sus nombres en
Las lluvias, y son ahora pálidas y amarillentas
Como dientes grotescos, una cosecha de
Viejos dientes, y nadie de duelo
Que deposite un ramo por ellos o derrame una lágrima
Pero, sí que vi al lado
De las viejas tumbas algunas caléndulas floreciendo y la
Buganvilla roja salvaje
Escalando sus minaretes. Paseé, vi y
Oí, la ciudad se calmó
Para mí, y entonces mi ansia de
Una determinada caricia disminuyó
Y un día le envié algunas rosas y dormí
Toda la noche un silencioso
Sueño sin sueños y me levanté por la mañana libre.


KAMALA SURAYYA DAS (1934, Kerala / 2009, Pune, India)
Fuente: Poesía más poesía 


octubre 23, 2026

Gerardo Gambolini | El libro no alivia lo fútil


Crusoe     




Hice una choza, un corral,
una huerta, puedo pescar
y tengo un libro
A veces, reconozco, añoro York
pero me atrevo a decir, me adapté
y aprendí – 
Mi autor, sin embargo, se equivoca
ve fe y convicción 
donde no hay nada
El libro no alivia lo fútil
de mi reinado 
Y nadie de quienes hablen un día, si lo hacen
me habrá preguntado qué pienso en realidad
más allá de mi instinto
cuando cae la noche –
Nunca había imaginado un naufragio
pero ocurrió
York, el barco, el conjunto del pasado
Y me trajo aquí, una isla desierta
poblada de calles, sonidos, otras siluetas
iguales a mí 
deambulando, yendo al trabajo, 
los bares, las citas, volviendo a casa
ansiando alguna forma de salida.


Otros poemas de GERARDO A. GAMBOLINI 

octubre 20, 2026

Marcelo Kacanas | La historia no tiene un destino inevitable

La fotografía muestra a un hombre mayor, de cabello blanco y corto, con gafas de montura metálica y una expresión serena y reflexiva. Viste un abrigo oscuro de solapas amplias y una prenda de cuello alto, también oscura.  Se encuentra en una vereda arbolada de Villa Crespo, Buenos Aires, en un día soleado. La luz del sol otoñal ilumina su rostro y produce sombras alargadas sobre la acera. A su espalda se distinguen las fachadas de edificios residenciales, algunos automóviles estacionados y un café de barrio con un cartel negro que anuncia café, tortas, sándwiches y vinos. En la parte superior derecha, un letrero identifica el barrio.  La composición tiene un carácter espontáneo y cercano: el hombre ocupa el primer plano, mientras que la calle se prolonga hacia el fondo, aportando profundidad y una atmósfera urbana porteña.  En conjunto, es un retrato callejero cálido y natural, que transmite la personalidad de quien pasea por un barrio tradicional de Buenos Aires, entre cafés, árboles y edificios que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad.


PLEGARIA




Si ocuparas el rincón de la habitación que es el escenario de tu primera biblioteca
no pienses jamás en retirar los libros de aquella infancia barrial en Versailles.
No abandones en el taller los estantes con la arcilla que sigue esperando de tus manos,
que los estantes con la arcilla sean el comienzo de tu dibujo del camino,
de los objetos de la subjetividad.
No abandones tu pequeño escritorio del amanecer donde leías a Whitman y González Tuñon,
sus cuatro patas fijan el límite de tu abecedario adolescente.
No dejes de estar en la esquina de Zelada y Cañada de Gómez, aun navegan los barquitos de papel
que tu padre construía con misterio inmigrante para las tardes de lluvia delicada.
No olvides estar en cada lugar, en cada geografía de tus juegos y lecturas.
La naturaleza detesta el vacío.



CAFÉ




En el susurro de las mesas cercanas siempre el mismo dibujo de geometrías sin trasluz
sobre el detalle de manteles prolijamente manchados.
Pedro Donangelo me habló de su necesidad de caminar por Buenos Aires, de su respiración por las esquinas
cruzadas por la memoria de los años.
Aquella tarde hablamos del asombro por las noticias del mundo, cuando nuestro lenguaje
tenía un proyecto universal,
cuando no nos habitaba la decepción en la química de la realidad urbana
por donde corríamos firmes y hormonales convencidos que éramos justos y los venenos del dolor
no intoxicaban la piel.
Acariciábamos el borde del pocillo de café con hermandad simultanea e inconsciente...
Tarde nos dimos cuenta que la historia no tiene un destino inevitable.


in memoriam



La distracción de nuestra fe era un hecho natural embriagados
entre tanta poesía al paso y futuros tangibles en el devenir
de los caminos de la revolución.
Movilizados por las calles de cercanía con estandartes de utopías sanguíneas
fuimos solidarios en un tiempo que aún no presagiaba.
La poesía era el recurso de la eternidad de cada momento.
Conocí a Leonor García Hernando en el atardecer de un taller literario
cuando sus letras
ya prefiguraban y sus preguntas desmontaban el maquillaje de las imposturas.
En aquellos años, tal vez sin darnos cuenta, concebíamos un mundo como voluntad omnipresente.

Supe de su muerte y pensé en qué continuidad del oxigeno
volverán sus ojos a ver el día.

octubre 18, 2026

El poeta ocasional, blog de Pedro Donangelo

La dirección de mi blog: https://epoelpoetaocasional.blogspot.com

Un hombre de la tercera edad y su perro blanco descansando en el salón de su hogar. La imagen, capturada en un elegante estilo artístico en blanco y negro, muestra al hombre sonriente vistiendo una camisa blanca de botones mientras se relaja en un cómodo sofá gris. A su lado, un pequeño perro de compañía de pelaje rizado blanco —característico de razas como el Bichón Frisé, Poodle Caniche o Maltipoo— mira fijamente hacia la cámara con expresión dócil. Al fondo de la escena, se aprecia una decoración acogedora y hogareña con cuadros desenfocados en la pared, transmitiendo una atmósfera de calidez, tranquilidad, bienestar en el hogar y la fiel amistad de las mascotas.


octubre 17, 2026

Natasha Trethewey

Poeta norteamericana, premio Pulitzer 2007


Al anochecer




Primero me parece que llama a un niño, mi vecina,
contra el marco de su puerta
al anochecer, el zumbar de farolas
por telón de fondo nocturno. Escucho
luego el retín del arrumaco que hacemos
a los animales que entienden sonidos,
no el sentido de las palabras -misina
misina- ni que a veces se queden cortos.
En otro jardín, donde no alcanza a ver
mi vecina, la gata aguza el oído,
se vuelve hacia la voz, para retornar
hacia la constelación de luciérnagas
que titilan junto a ella. Aún no sabe
si saltar por encima del seto bajo,
la cuidada hilera de flores, y brincar
sobre el porche, en el círculo permanente
de luz, o quedarse donde está: el hechizo
de lo posible -lo que la retendría
lejos de casa- que ante ella revuela.
Oigo a mi vecina, su voz que se apaga.




AT DUSK



At first I think she is calling a child, / my neighbor, leaning through her doorway / at dusk, street lamps just starting to hum / the backdrop of evening. Then I hear / the high- pinched wheedling we send out / to animals who know only sound, not / the meanings of our words - here here -/ nor how they sometimes fall short. / In another yard, beyond my neighbor's/sight, the car lifts her ears, turns first / toward the voice, then back / to the constellation of fireflies flickering / near her head. It's as if she can't decide / whether to leap over the low hedge, / the neat row of flowers, and bound/ onto the porch, into the steady circle / of light, or stay where she is: luminous/possibility - all that would keep h away from home - flitting before her. / I listen as my neighbor's voice trails off. /


NATASHA TRETHEWEY (1966, Gulfport, Estados Unidos de NA)
De: "Guardia nativa", 2009, Bartebly Editores
Traducción: Luis Ingelmo.
Imagen en creativeloafing



octubre 10, 2026

Dice Anne Carson

 "Los adjetivos son las asas del Ser. Los sustantivos nombran el mundo, los adjetivos te permiten asir el nombre e impedirle que vuele por tu mente como una explicación presocrática del cosmos. En Proust, por ejemplo, el aire (de forma adjetival) puede ser pegajoso, escamado, exprimido, rasgado, prensado o diluido en el Libro 1; pulverizado, ruinoso, embalsamado, destilado, esparcido, líquido o volatilizado en el Libro 2; tejido o quebradizo en el Libro 3; coagulado en el Libro 4; fundido, vidriado, untuoso, elástico, fermentado, contraído, distendido en el Libro 5; solidificado en el Libro 6; y no parece haber aire en absoluto en el Libro 7.

Percibo un muy escaso valor en esta clase de información, pero hacer estas listas es parte de la mejor diversión que tendrás una vez que te internes en el Desierto de la Vida después de Proust.
¿Qué es un adjetivo? Los sustantivos nombran el mundo. Los verbos activan esos nombres. Los adjetivos provienen de otro lugar. La palabra adjetivo (epitheton en griego) es en sí misma un adjetivo que significa "colocado encima", "añadido", "adjunto", "extranjero". Los adjetivos parecen añadidos bastante inocentes, pero miremos con atención. Estos pequeños mecanismos importados se encargan de conectar todo en el mundo con su lugar en la particularidad. Son las trabas del ser.
Claro que hay varias formas de estar. En el mundo del épico homérico, por ejemplo, el ser es estable y la particularidad queda bien fija en la tradición. Cuando Homero menciona sangre, la sangre es negra. Cuando aparecen las mujeres, las mujeres son de mirada fugaz. Poseidón siempre tiene las cejas azules. La risa de los dioses es inapagable. Las rodillas humanas son rápidas. El mar, incansable. La muerte es mala. Las vísceras de los cobardes son blancas. Los epítetos de Homero son una dicción fija con la que Homero sujeta cada sustancia del mundo a su atributo más adecuado y las mantiene en su sitio para el consumo épico. Hay pasión en todo eso, pero ¿qué tipo de pasión? “El consumo no es una pasión por las sustancias, sino una pasión por el código”, dice Baudrillard.

Y sí, cómo no estar felices por la atención del mundo a la carsoniana
Imagen en Zenda


octubre 07, 2026

Juano Villafañe | En un cuadro de melancolía


Es poeta, ensayista, periodista y gestor cultural. Comenzó a escribir a los 14 años. Dirigió durante quince años (1987-2002) Liber-Arte / Bodega Cultural. Tuvo a su cargo la Dirección Artística del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” (2002-2025). Publicó: “Poemas anteriores” (Editorial de la Universidad Central, Quito, Ecuador, 1982); “Visión retrospectiva de la botella” (Libros de Tierra Firme, 1987); “Una leona entra en el mar” (Ediciones del Dock, 2000 - Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 2004); “Deconstrucción de la mañana” (Ediciones Atuel, 2006); “Los Villafañe. Poesía familiar”: selección de poemas de Javier Villafañe, Elba Fábregas y Juano Villafañe (Ediciones Colihue, 2012); “Públicos y privados” (Melón Editora, 2013); y “El Corte argentino” (Ediciones en Danza, 2020).

Un autor no se define por los temas o el estilo mediante los cuales divulgue los hechos que conjugan su historia sino por el vínculo que logre establecer con su época y con el propio lenguaje. Juano Villafañe en "Antología personal" reúne la suma discursiva de una certeza en estos días proclive a la disolución: ser argentino es algo de lo que nos informaron mal. Los poemas fueron elegidos de entre sus siete libros éditos y uno inédito: todos ellos dan cuenta de una profunda indagación en la pequeña mitología social y personal, en la percepción instintiva de lo verídico, y sus signos geográficos y emotivos (“Así circula el tiempo / como la idea de un muñeco roto”). 

Con los sueños comienzan las probabilidades y las responsabilidades; ello implica un camino de dirección única, como en el caso de las argucias del corazón; con la sangre ocurre lo mismo. No debería confiarse más en un libro que en un amigo y es altamente improbable que la belleza logre salvar al mundo: esas dos premisas o propósitos sostienen la música y el silencio (en el mejor orden posible) de una escritura exacta y directa, ajena a cualquier latinajo o acidia, sustentada en una riqueza poética (una actitud lírica) de indudable solidez, continuidad e imaginación (“Nos vimos frente a frente como se hacen las palabras / y el amor”). Quien tenga dos espejos, que venda uno y compre este libro.

Alberto Cisnero


La escena contemporánea



En un inmenso mar de fuego se ha perdido la dicha.
En tu calendario arden sólo días de conquista 
y se muere de frente.
Eran todos los árboles en la tormenta.
Todo caía desde un cielo de vapor y humedad de mundo.
No eran el tumulto ni la gloria, ni una piedra dormida 
luego de correr el agua.
No eran así, ni la felicidad ni el olvido.
Rodeada de hojas te dejabas ver en la ventana 
que ilumina el parque profundo,
la noche sin mar
el invierno sin fuego.
Otro calendario vive sin quemarse.
Viven los días que se esparcen en la arena,
con infinitos caballos que regresan del frente.



Una mujer y su hija caminan con una sombrilla de verano




La ceremonia se produce por la rigidez de una mecánica 
que sirve para cubrirse del sol.
Se trata de una sombra que se deriva de una poética 
de metal más alta que las propias mujeres.
De la naturaleza de una protección que se conduce 
caminando y deja su estela de sombras y de luces, 
de arenas hacia el fondo de los montes y de orillas 
hacia el fondo del mar.
No se sumerge una sombrilla, ni su sombra, 
solo van por un camino que las aleja en la mecánica 
que se ha inventado para cubrirse del sol.
Miran el horizonte, sea de agua o de médanos 
o de árboles, no miran el cielo.
El sentido es visible a los ojos, lo que deja la sombra 
siempre se pierde en las espaldas de las mujeres 
y al caer la luz sobre el resto del camino.

Más allá la mujer le dice a su hija: “eran así la felicidad 
y el olvido”, “córrete un poco de mi lado, para que no 
sufras, que la luz te ciegue y te bañe la piel con todos 
los colores del mundo”.



Ciudad Capital, agua de río




Qué será de lo público como una multitud que brilla 
en la ciudad y en los puentes agrestes de rocío 
y césped de comedores.
Qué será de lo privado en un espíritu que bebe 
su vaso de vino desde la altura que dejan las luces del centro,
giro de una provincia que va como siempre hasta la vuelta 
sobre sí, 
tan corta y respirada.
Qué será de mi amor en los puertos y en los claroscuros 
que caen otra vez y otra, para que descanses sobre esta calle 
y la casa del bosque con un frío de alientos 
en la madrugada de un caballo fugado.
Porque el borde de lo sagrado y del agua 
a unas cuadras de aquí, serán altura para darte, 
altillo, secreto mirador 
de una avenida que concluye al río.
Será secreto a voces, con un público que ingresa, 
salida al balcón y a los días que van con los vecinos, 
con los herrajes, los llamadores y el silencio 
de las llanuras construidas y penetradas.
Multitudes rodeadas en los verticales rígidos.
Río extendido, a pasos de aquí, sobre los infinitos de la luz 
y sus reservas, conquistas que fueron una provincia, 
un parador de noche, un campo de indios y malevos 
con copas en su arteria, en su avenida, en sus pendientes 
de las lluvias eternas.
Oh, Ciudad Capital, agua de río.



La conversación




Conversamos casi a la orilla del agua
O sobre un río que corre
Pero la conversación es un estado del mundo 
por donde nos vamos
Por eso no hay río necesario ni un lugar de silencio
Porque son dos los que se hablan y se entienden

¿Pero qué silencio da el recuerdo de lo que yo te dije 
cuando no pude decirte lo que no te dije?
Y yo igual hoy te escucho en lo que dije y pienso:
¿Será la conversación un recuerdo o hay que abrir el parque 
y subirse con el agua?
Y de nuevo explicarte lo que no te dije 
y quizás vos tampoco dijiste lo que ahora recuerdo que te dije
¿Será que hay que conversar para recordar la orilla 
y los reflejos del agua que nos daban de abajo?
¿Cómo será recordar una conversación con los peces 
en el agua marrón del dique?
Nos vimos frente a frente como se hacen las palabras y el amor
Tanto sabemos ya que nada hace falta de nuevo
Conversamos como si hubiéramos amado el silencio 
y el brillo de tu patria.



Ella nunca comprendió mis poemas




James Joyce se había enamorado de una mujer
Se trataba de Nora Barnacle, que era una camarera 
del hotel Finn’s, de Dublín
Y que nunca pudo realmente reconocer la figura de Molly Bloom
Ni comprender las imágenes de Joyce y el viaje de Ulises
Aunque para muchos la propia Nora era también 
la propia Molly y la propia Penélope
Y así ella terminaba con su monólogo de mujer inventada
Con un sí, siempre con un sí, o como termina 
la vida realmente con un sí
Que es la palabra más hermosa que puede pronunciar una mujer

Porque realmente yo he sufrido
Porque deseaba destruir la imagen clásica del mundo
Y que mi amante terminara de decirme el propio final 
de su propia palabra como fin
Para poder disolver la imagen de la realidad 
en un cuadro de melancolía
Porque al entrar al restaurant ella me dijo: 
sería ideal que una camarera
se enamorara de un intelectual moderno
Y que lo importante era amar 
y no comprender absolutamente nada de mis poemas
Y que ella podía terminar con un sí, iniciar con un sí, 
que es la palabra más bella que puede pronunciar una mujer
Y queda ese dolor por no pedirlo todo
Al quedarme solamente explicando mi última imagen 
de un intelectual moderno
Y que una estación del sur no se recorre en un solo día
Ni Temperley es Dublín, ni en mi barrio 
hay un hotel como Finn’s,
Aunque mi camarera me lo dijo con una claridad extraordinaria
Puedo amarte y no entender nada de tus poemas
Y decirte sí una mañana, 
que es la palabra más hermosa que puede pronunciar una mujer
Y recorrer el sur como si fuese una calle con su plaza
Y dar la vuelta tantas veces como ocurre con tu barrio
Cuando siempre te pregunté lo mismo
Y que no hace falta que yo entienda tus poemas para decirte sí
Que es la palabra más hermosa 
que puede pronunciar una mujer
Y que yo puedo llevarte por el mundo 
sin comprender la menor de las metáforas
Verte con esta boca de tan cerca
Decirte sí de nuevo
Volver sobre el fin con una sola palabra, 
que es la palabra más bella que pueda pronunciar una mujer
Y yo tratar de terminar este propio monólogo 
sin que hayas entendido
absolutamente nada
Y que me digas que sí
Que yo imagino que me dices que sí
Que yo escribo que sí
Que es la palabra más bella que puede pronunciar una mujer 
cuando te escribo.


De: "Antología personal", Ediciones Barnacle, 2026



octubre 06, 2026

Joaquín O. Giannuzzi | Un ensayo ilusorio


Pero mire un poco




Pero vean qué manera de yacer
este cadáver de J.O.G.
La cosa parece de veras decisiva
y pueden creerle por esta vez.
Yo lo conocí bien, puedo decirlo;
este sujeto tenía una manera extraña 
de enfrentar el mundo y sus calamidades:
hablaba todo el tiempo de eso. 
Cuando vio que la muerte estaba encima
la barba crecida se le puso verde
y ya no habló. Buscó en el fondo
remoto de los años
alguna fe que lograra apuntalar 
los escombros finales,
un ensayo ilusorio
de una cierta existencia con sentido. 
Pero entendió que el mundo
sólo había esperado un cadáver, no un poema.
El amor, sin embargo,
había tenido mucha importancia en su vida,
de manera que, créanme,
valía tanto como cualquiera de nosotros. 


Fuente: Substrack de Ezequiel Zaidenwerg
Imagen en Konex


octubre 03, 2026

Sandra Cisneros | Necesito pensar un poco


Estoy tan deprimida que me tiraría al río que hay detrás de mi casa, pero no lo haré porque tengo treinta y ocho años y no dieciocho 



Tráeme algo de beber.
Necesito pensar un poco.
Papel. Bolígrafo.
Y me haría falta el hedor 
de un buen puro, aunque 
brille el sol.
Los mirlos en los árboles.
Los mirlos en mi corazón.
Plumas rotas y alas rígidas.
Podría tirarme.
Pero no lo hago.
Podrías matarme.
Pero no lo harás.
Los mirlos
se llaman unos a otros.
Las largas horas.
Las largas horas.
Las largas horas.



I AM SO DEPRESSED I FEEL LIKE JUMPING IN THE RIVER BEHIND MY HOUSE BUT WON'T BECAUSE I'M THIRTY EIGHT AND NOT EIGHTEEN



Bring me a drink.
I need to think a little.
Paper. Pen.
And I could use the stink 
of a good cigar- even 
though the sun's out.
The grackles in the trees.
The grackles inside my heart.
Broken feathers and stiff wings.
I could jump.
But I don't.
You could kill me.
But you won't.
The grackles 
calling to each other.
The long hours.
The long hours.
The long hours.
 



SANDRA CISNEROS
(1954, Chicago, Illinois, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jonio González
Imagen en Pinterest


septiembre 15, 2026

Wendell Berry | En la presencia del agua quieta

La imagen muestra al poeta Wendel Berry con un aspecto jovial. Viste un saco oscuro y camisa blanca. El fondo es un lugar en el exterior con árboles sin hojas


Advertencia a mis lectores    



No me crean amable 
porque elogio 
la amabilidad, ni elegante 
porque honro la gracia 
que mantiene este mundo. Yo 
soy igual de bruto que cualquiera, 
grosero de palabra, intolerante, 
obcecado, iracundo, lleno 
de pataletas y berrinches. Que
algunas veces haya hablado
bien no es algo natural. 
Es un milagro.


Fuente: Substract de Ezquiel Zaidenwerg

La paz de las cosas salvajes




Cuando me crece una desesperación por el mundo
y me despierto de noche al menor ruido
asustado por lo que será de mi vida y la de mis hijos,
voy y me tiendo donde descansa el pato salvaje,
hermoso sobre el agua, y donde come la fabulosa garza.
Entro en la paz de las cosas salvajes
que no le imponen a sus vidas la previsión
de las penas futuras. Entro en la presencia del agua quieta.
Y siento por encima de mí las estrellas ciegas al día
esperando con su luz. Durante un tiempo
descanso en la gracia del mundo, y soy libre.



A Warning To My Readers



By Wendell Berry
 Do not think me gentle
because I speak in praise
of gentleness, or elegant
because I honor the grace
that keeps this world. I am
a man crude as any,
gross of speech, intolerant,
stubborn, angry, full
of fits and furies. That I 
may have spoken well
at times, is not natural.
A wonder is what it is.



The Peace Of Wild Things



When despair grows in me
and I wake in the night at the least sound
in fear of what my life and my children's lives may be,
I go and lie down where the wood drake
rests in his beauty on the water, and the great heron feeds.
I come into the peace of wild things
who do not tax their lives with forethought
of grief. I come into the presence of still water.
And I feel above me the day-blind stars
waiting for their light. For a time
I rest in the grace of the world, and am free.


WENDELL BERRY (1934, Louisville / 2026, Port Royal, Kentucky, Estados Unidos de NA)
Imagen en Religion Services

septiembre 06, 2026

Mario Obrero | Desde los acantilados enciendo un poema

Poeta español apoyado sobre una pared color gris. Tiene abundante cabellera en forma de rizos y viste una remera color beige. Está cruzado de brazos y muestra una leve sonrisa

Mario Obrero (Madrid, 2003) comenzó a escribir a los siete años. En 2018, su libro Carpintería de armónicos resultó ganador del XIV Premio de Poesía Joven Félix Grande. En 2019 publicó su segundo libro, Ese ruido ya pájaro. Actualmente es alumno de Humanidades en el instituto público La Senda de Getafe.

«Podemos recibir a Mario Obrero como una revelación de la poesía última. Había dejado indicios en dos libros anteriores, pero es aquí, en Peachtree City, cuando desborda el caudal de su escritura. Estos poemas fueron escritos entre Atlanta (EE. UU.) y Getafe (Madrid), pero lo que importa, más allá de su localización, es el ímpetu del que vienen: el desconcierto, la celebración, la ironía, el paisaje trascendido y una absoluta libertad para hacer del idioma un acontecimiento, una armonía y una fiesta de imágenes donde la vida se propulsa en todas direcciones. Obrero no renuncia a compañeros de viaje (Lorca, Whitman, Ginsberg, León Felipe), pero el camino es extraordinariamente suyo. Él se habla a sí mismo, con rotunda y hermosa ambigüedad, y en esa voz el lector se embarca sin meta: “el poeta es alguien que no sabe qué o por qué pero sabe cómo”, escribe. La poesía de este autor zarandea porque llega a una elegante solución inesperada: entre los rifles expuestos en el supermercado Walmart y el limonero del patio de la abuela, en medio, vibra el poema».

Antonio Lucas en https://www.zendalibros.com/oemas-de-mario-obrero-peachtree-city/  


Suena la «Sonata Gallega» en un centro comercial de Atlanta


sobre el musgo español que cae de las encinas unos
ángeles románicos discuten el color del cielo en el
estado de Georgia casa del faro de Tybee y de las
cacerolas de gambas con papas y salchicha
aquí como en los charcos de las carreteras caen peces de
terciopelo y claveles rojos

dos novios comen pizza californiana en el suelo de las
tiendas

yo escucho a las madres probándose bañadores y escucho
a las niñas con trenzas de hilo negro

toda esta luz el sabor a nueces de los escaparates la
suciedad dormida bajo la uña de una cajera las cajas
de fresas mohosas poco tienen que ver con la arela
arela es una palabra gallega que significa o desexo moi
forte dunha cousa

pero la arela no es escuchar al camarero del Starbucks
decir Meriou por megafonía

no discutiré si las armas son un derecho de seres
humanos libres o si la sanidad pública es básica para
un país de cowboys que se hace llamar democracia

yo solo vine aquí a buscar unas flores que alguien guardó
bajo las sudaderas rosas

yo solo vine aquí a afeitarme la barba ignota de algún
arquitecto sumerio

vine con una foto de mi bisabuelo y las Cartas a un joven
poeta

y en la séptima planta del garaje todas gritan
I, too, sing America

y los hombres en tacones esparcen canela y sal del
Himalaya a las cuberterías de segunda mano

mi madre es poeta y mujer

mi madre descorona a las estatuas y da miel con limón a
los niños afónicos

al ver estas estrellas pienso en qué verá ella desde su
habitación

la curvatura ha hecho un sendero de amapolas
machacadas

quizá esté yo en la piel de todos los esclavos y en el
encefalograma que enmarcan las floristas y en las
máscaras que venden a los niños en la feria

quizá esté yo en los que dormidos maquillan la
margarina del desayuno y se alistan a la armada en el
cumpleaños de Abraham Lincoln
quizá esté yo en el Teatro Campesino de Luis Valdez o en
un lago pescando truchas

ese yo que como una sábana recién lavada ondea a las
puertas del granero

el que sentado en la jura de bandera se hace una falda
con mandarinas y plumas de albatros América
transcurre en mí y yo coso aurículas de lana
y todas las jóvenes de Sweet Apple Ohio y los que con
una sonata de guitarra atada al culo cruzan el pasillo
del motel se sientan en el jardín los días cálidos y
aprenden español mientras los recolectores bailan
ballet a la sombra
así mi corazón crece y mis ojos en el olivar como un
mochuelo en las manos del muerto
América transcurre en mí y yo encuentro a Ginsberg
subido a los coches de golf

encuentro a León Felipe mirando al mar con un perrito
caliente y una caja de música

encuentro a Antonio José exprimiendo limones delante
de la escuela cian de la aldea

encuentro a los dos brigadistas taiwaneses cantando el
«Himno de Riego» con una corona de gardenias

me encuentro y hablo a esa yo tumbada de lluvia suave
como el lomo de los corderos

con millones de preguntas y una cerilla

escribiendo ensayos de acceso a la universidad y velando
la legaña de los muertos

mi corazón tiene una lengua donde los herreros acuden
sin darse cuenta

allí las caracolas solo suenan a desierto lleno de peces

desde los acantilados enciendo un poema.

MARIO OBRERO (2003, Madrid, España)
Fuente: Zenda Libros
Imagen en La Bella Varsovia