Germán Carrasco | El rojo del piso
La única performance de mi vida
Épica
GERMÁN CARRASCO (1971 / 2026, Santiago de Chile, Chile)
Pol Neiman | El cuenco vacío
POL NEIMAN (1970, Buenos Aires, Argentina)
¿Bastan las palabras para encontrar los significados?El uso preciso de la palabra, su ausencia: ¿son parte de un pensamiento libre que juega a alcanzar la realidad?La poesía de Pol Neiman habita una realidad de “Sangre, Dios y Rocanrol” y su realidad podría ser la nuestra. La de cuando nos mordemos la boca para ‘quitar la forma al recuerdo’ y salir del ‘laberinto’ aun heridos por la sangre y, no volver.Un claro lenguaje siguiendo el rumbo con la brújula de la tristeza, que dice lo que quiere decir y lo que oculta. Una metonimia de lo callado. Un tropo. La belleza de una eternidad que nos deja de rodillas en este mundo ‘igual que sus palabras’.Dios perdonará. En tal caso, sea como fuere, ha de perdonarnos.
Diego L. García | Es el paisaje monótono pero suficiente
vaqueros
kitchen-sink realism
Otros poemas de DIEGO L. GARCÍA, aquí
Kayo Chingonyi | Un poco de elegancia brillante
Un poco de elegancia brillante
Para los de cara de pocos amigos con zapatos elegantes que adornan
las paredes de los salones de baile. Tengo poca paciencia.
Digo bailar, no para ser vistos, sino para ser libres; tus pies
están hechos para cosas mejores. Siente cómo se disipa la amargura
que llevas dentro, como le sucedió a un niño de seis años que, como Bojangles,
se ganaba la vida tocando en los jardines de cerveza de Richmond,
para deleite de una multitud que
hoy no lo linchaba, sino que se reía de la rapidez del niño
Sumérgete en la espesura, la pureza emergente
reducida a carne y hueso, nervio y tendón.
Tus brazos cruzados entienden la música. Canaliza
un abarrotado Savoy Ballroom y deslízate por
el polvoriento suelo como tu yo de los veinte con traje zoot
, la pluma de avestruz en tu sombrero,
la arrogancia en tus pasos del polvo ocre
de una aldea de África Occidental. Baila para los tiempos.
por una señora en un autobús, por la mirada de disgusto
en el rostro de un niño demasiado joven para entender
por qué odia, pero solo que debe hacerlo. Baila
por Sammy, muerto y sin un centavo, y por los
miles que aún se ganan la vida a duras penas como bailarines callejeros
que, aunque bailan para ganarse la comida,
se mueven como si solo existieran ellos y los tambores, hablando.
Some Bright Elegance
I say dance not to be seen but free, your feet
are made for better things, feel the bitterness
in you lift as it did for a six-year-old Bojangles
tapping a living out of beer garden patios to
the delight of a crowd that wasn’t lynching
today but laughing at the quickness of the kid.
reduced to flesh and bone, nerve and sinew.
Your folded arms understand music. Channel
a packed Savoy Ballroom and slide across
the dusty floor as your zoot-suited, twenties
self, the feather in your hat from an ostrich,
the swagger in your step from the ochre dust
of a West African village. Dance for the times
for a lady on a bus, for the look of disgust
on the face of a boy too young to understand
why he hates but only that he must. Dance
for Sammy, dead and penniless, and for the
thousands still scraping a buck as street corner
hoofers who, though they dance for their food,
move as if it is only them, and the drums, talking.
Gustavo Toba | La reminiscencia de algún panel televisivo
Nuevas maneras de ser feliz
Intentás habitar tu cuerpo
En la fiesta podrías haber bailado
pero te dedicaste a escuchar
una charla de mujeres
y a fumar un cigarrillo.
El sueño te impedía mirar
lo que, de todos modos,
no veías
Dejás atrás los miles de nombres
que fuiste dándoles a las cosas
y que se perdieron sin dar aviso.
Sentado en el aeropuerto de Vancouver
escuchás la melodía cruel
que una estudiante toca
en un mundo paralelo
Camarones
aunque estaban cerrados.
Los abriste solo para mirarlo de frente
durante el momento en que
una bandada pasó ligera
por encima de tu cabeza
3
Sobre todo, no ser el causante de lo que ocurra.
Hay que estar un poco roto
y a la vez sostenido
por la obstinación en que vivimos.
Cada día es una anotación
con un aire de consigna.
Y hablando de la experiencia:
¿vas a decir que no llegás a nombrarla?
Si la risa loca de las palabras
parece que te dijera:
“al final es tu vivencia la que era un juego,
¿ves que no pasa nada?”
Bulnes y Rivadavia
Quizás haya llegado con los años
a un secreto escepticismo
respecto de la eficacia
de su trabajo, y tal vez no fui el único
que se preguntó si su experiencia
lo habrá llevado a interrogarse
si su práctica era solo un pasatiempo.
Desde un principio lo habrá sabido:
quien ofrece un talento debe agregarle un carácter
y no hay mejor modo de llamar al estilo
que confiarse a la repetición y la persistencia.
Redujo su proceder a una economía tan férrea
que la volvió un axioma: guardar silencio
hasta el colmo de lo tolerable.
Lo trabajoso no sería la cura, que no estaba
en sus manos, sino mitificar su pose
y resistirse a la tentación de hablar.
La parquedad sería su sello,
y si por él hubiese sido
habría extremado el personaje
para no hacerse escuchar hasta dar
por terminada la sesión;
pero sin una frase de tanto en tanto
él mismo se hubiera evaporado.
Con el pasar de los años llegó tal vez
la apesadumbrada conclusión:
era imposible dictaminar si su práctica
incidía en los trastornos de sus pacientes.
Nadie, a decir verdad, se curaba…
La clínica le habrá traído entonces
la reminiscencia de algún panel televisivo:
la gente acudía para animarse a dejar una pareja
para decidirse a estudiar una carrera
o para conocerse a sí misma.
En esos casos quizá ayudara
pero la perspectiva de esa vida burguesa
seguramente lo aburriría. ¿Qué hacer?
No podía perfeccionarse más que en el arte
de la ocurrencia: no había otra cosa.
¿Habrá sentido alguna vez disgusto
al detectar una dolencia en la forma
de una broma o una ambivalencia
expresada en un olvido?
Se dedicó a pensar libremente
en las sesiones
como si fuese un llamado del destino.
Era imposible (para el otro) confirmar lo que él hacía.
Su distancia se hizo majestuosa:
una herramienta forjada a mano y aplicable a cada caso.
Además, quienes hablaban, no lo veían…
Una tarde citó a Boileau: “Lo mejor es lo posible”,
¿y qué era sino pensar lo que allí
básicamente se podía?
Por lo que ya estaba todo dicho…
Especuló cada vez con mayor arte.
¿De qué se lo podía acusar?
En definitiva, esa había sido su pasión
además de la enseñanza, la reflexión y cada tanto
la escritura sobre unos conceptos con nombre alemán
y flexión francesa que lo ocuparon
al punto que les dedicó su vida
Cesare Pavese | No sabe nada del viento la mujer que duerme
Placeres nocturnos
en el instante en que viento está más desnudo:
las avenidas están frías de viento, todo olor ha cesado;
las narices se levantan hacia las luces oscilantes.
Tenemos todos una casa que espera en la oscuridad
a que regresemos: una mujer que espera en la oscuridad,
tendida en el sueño: el cuarto está caliente de olores.
No sabe nada del viento la mujer que duerme
y respira; la tibieza del cuerpo de ella
es la misma de la sangre que murmura en nosotros.
Este viento que nos lava llega desde el fondo
de las avenidas abiertas de par en par en la oscuridad;
las luces oscilantes y nuestras narices contraídas
se debaten desnudos. Cada olor es un recuerdo.
De lejos, de la oscuridad, salió este viento
que se abate sobre la ciudad: de abajo, de prados y colinas,
donde solo hay una hierba que el sol ha calentado
y una tierra ennegrecida de humores. Nuestro recuerdo
es un áspero olor, la poca dulzura
de la tierra desventrada que exhala en invierno
el aliento del fondo. Se ha apagado cada olor
en la oscuridad, y a la ciudad no nos llega más que el viento.
Volveremos esta noche a la mujer que duerme,
con los dedos helados a buscar su cuerpo,
y un calor nos sacudirá la sangre, un calor de tierra
ennegrecida de humores: un aliento de vida.
También ella se calentó en el sol y ahora descubre
en su desnudez su vida más dulce,
que de día desaparece, y tiene sabor de tierra.
Piaceri notturni
Traducción: Jorge Aulicino
María Lanese | Mejor seguir como si nada fuera a durar
El fuego
se desprendió
con un crujido
la primera llama
irrumpe ahora
despedido por los astros
el fuego celestial.
Trae consigo los presagios
de cometas preñados
por misiles.
Son partos siderales
que resecan los ríos
y atormentan los mares.
Con la furia incandescente
de los remolinos
componen el cuadro sonoro
de una tempestad
de la que ya no sabemos
o no queremos
leer su partitura.
Nosotros
MARÍA LANESE (1945, Ripalimosani, Italia. Reside en Rosario, Argentina
De: "El pulso en la piedra, Barnacle, 2026
Pablo Natale | Nada que se parezca a nosotros
I
me siento en uno de esos primeros videos
que salían en mtv
o como fido dido, atrapado en una isla
fido dido se parecía al actor de forrest gump
y el actor de forrest gump se parecía
al de la película esa
en la que un náufrago vive solo y apartado en una isla
y todo eso se parece a
una novela del siglo xviii de un inglés
de buenas intenciones pero mala actitud
las ideas detrás de la novela eran
“cada uno es una isla”
“dios provee”
y “ocupemos nuestro territorio”
o sea, si al náufrago le daban un lápiz
hubiese dibujado sin parar
trazando líneas entre las colonias y el imperio
líneas entre ser fiel y ser un súbdito
y entre la soledad y la obligación
pero mientras tanto
¿ven lo que les digo?
ni vos ni yo
podríamos dibujar
nada que se parezca a nosotros
y menos aún
podríamos hacer
el dibujo de un pez
y las demás cosas que contemplamos
con la mirada perdida
solos en la mesa común.
II
III
V
VI
VII
La gramática de mi madre
En una película sueca
se llamaría Johanna
mi madre tiene tres comportamientos básicos
de mucama, de hámster, de león,
hace semanas, meses,
que no veo su piel distendida,
pule con constancia y solicitud
la superficie de los muebles
pero su cara hace rato
amanece sin pulir,
en una película sueca
se llamaría Johanna
la veríamos correr y, en su mejor momento,
estirar la mano, subir a un tren,
y luego tratar de recoger el bolso
lleno de ropa
que se cae por la vía recta,
ropa que sería de mamá,
y que nadie, nadie,
va a recoger.
A veces, como ahora, llora,
y su rostro se transforma al rojo,
los pelos rizados y morenos se mueven,
un pequeño golpe de electricidad en la cara
eso es casi todo,
junto al silencio que construye
para dar espacio a la culpa de los demás.
A veces, también, no llora,
simplemente se nos queda mirando,
y sé que en ese momento espera,
mucho más de mí,
de lo que le puedo dar:
llamarla Johanna,
e imaginarla libre
en una película sueca
que jamás vamos a ver.
Brane Mozetič | Secuencias que siempre hay que recortar
UN chino joven me explica a Derrida,
se tambalea con un vaso en la mano. En realidad
he estado observándole antes y preguntándome
sobre su sexo. Le saco una cabeza, es menudo,
con sombrero, como si saliera de una película
de gánsters, en serio, parece que escribe guiones,
podría ser una lesbiana. Se me ha acercado él,
¿cómo se le ha ocurrido sacar un tema así,
tan febril como está? El bar Palačinka, pasando
el barrio chino. Me monto escenas,
el guionista se pierde, otra vez aparecen rostros,
camino de noche por las calles atestadas.
Me parece que todo esto lo he visto ya en la pantalla.
Ahora viene, claro, un desfile de individuos
deformados, trastornados, con llagas en los rostros
arrastrándose por el suelo. Secuencias que
siempre hay que recortar. Me veo a mí mismo
sentado en una bar y no puedo creérmelo.
Sirenas de policía, bomberos, banderas,
letras pasando rápido, créditos del final
y oscuridad.
De: Banalidades, Visor, 2013
Traducción: Marjeta Drobnič
En Nueva Provenza
CUANDO era pequeño, nos llevaban a saludar con las banderitas
al presidente, mi colegio estaba cerca de una avenida estratégica
justo en el camino del aeropuerto. a veces, cuando él tenía visita,
blandíamos también banderitas extranjeras. ahora nos
llevan a votar. que parece más correcto. el nuevo
gobierno posa ante las cámaras. creen aún que ha quedado
algo para robar. fuertes ráfagas de viento
desde los montes, hace frío, y apenas hay nieve. miro
por la ventana, a la gente que va tomando conciencia
del engaño, pero sin entender bien cómo ha podido pasar
Retirada de Joan Margarit
RETIRADA
No conocía este placer de obediencia a una ley. Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído. Recorro la ciudad y me siento extranjero. No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo y ya no sé de qué conversar con ellos. Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña. No recordaba haber deseado con tanta urgencia la soledad. Son señales. El animal las conoce y las obedece. Cuesta mucho encontrar un zorro muerto, un jabalí muerto. Antes se esconden.
epoelpoetaocasional.blogspot.com/2025/11/joan-margarit-retirada.html
Imagen: John Sargent Singer, Man reading
Cees Nooteboom
Fabián Herrero | Una pista de hielo entre las calles
Una pista de hielo entre las calles
I País de ramitas
Las palabras aparecen
y desaparecen por todas partes.
Ahora el más
rojo sol sobre las casas es un incendio
que habla.
En algún punto de estas
calles desoladas,
las cosas se niegan
a instalar
su entera luz,
la intensidad
del secreto tiene
el aire de cualquier ausencia.
En cuclillas, atento,
yo todavía espero
una pintura en la tela del aire.
Con un dedo
vuelvo a marcar el círculo luminoso
de un mundo.
En mis ojos de veinte años, todo
ilumina el país de ramitas
de su esperanza.
No pasa
una luna
en tus labios apenas
entreabiertos.
Mirando fijamente el rostro
de una piedra te ilumina.
Como una música,
ahora
se desliza un rumor
de hojas que corre
por todas partes.
Una mano empuja
una nube hermosa en el viento.
El agua invisible que atraviesa el verano,
rodeándome.
Nada.
Solo el pie
del deseo a la orilla de un cielo
misterioso.
Nuestra amorosa
lucha, un estar
hecho de música
y de celebración de la arena de oro
del instante.
Y con una mano
en la cabeza, yo dije,
“Una pista de hielo entre las calles.”
Esa ilusión
entrando, por la boca
del tigre (1), en Santa Fe,
entrando en nuestra
infinita
expectativa de otro
sueño otro
verano.
Esa sensación, grande
como un cielo, me colma
de sentido,
como lo hace esa nena que amontona la luz
en su cara, y hace música
con su sonrisa.
Pero yo estoy parado sobre una calle de hielo
muy delgada, y el hielo
se derrite muy pronto
en Santa Fe.
(1) “Boca del tigre”, de este modo se le dice a la salida de la ciudad de Santa Fe saliendo hacia Santo Tomé, en donde está ubicada la cancha del Club Atlético Colón.
A los 20 años se tiene fe, esperanza y poesía, luego todo se va desdibujando, salvo que decidas, no sólo es destino también es deseo, ser poeta.
Si estás en una ciudad rodeada de agua, dónde no sólo la tierra sino el cielo que tiene olor a río, este paisaje se hará carne y se hará palabra.
Y una fuerte, larga cadena invisible te ata a la tierra. Esa misma tierra en dónde nacieron fe, esperanza y poesía y se fundieron las tres en el latido de una vida: aquel que da voz a la nostalgia que hace sonar el tambor.
Ese juego entre la lengua coloquial y la imagen de raíz surrealista, ese entretejido, hace a la particularidad de la poesía de Fabián Herrero. Pero el poeta no advierte el paso de una frontera a la otra, y es lógico puesto que está en su casa poética. Cuando dice “la edad del agua y del fuego”, está refiriéndose a la edad de la poesía, tampoco sabemos si lo advierte, pero tampoco importa, no avanza sobre la página con su intelecto o buscando una identidad con lo “que se escribe”, es absolutamente personal, y es su mayor logro.
Roberto Daniel Malatesta
Catherine Barnett | Sola en Siena

En route
Elisire di S. Caterina.
La basílica estaba cerrando, aunque las luces *
aún brillaban en la capilla lateral,
la capilla de mármol donde está la cabeza de Catalina,
momificada, dentro de una caja festoneada,
detrás de una reja, bajo llave,
lejos de su cuerpo aún enterrado en Roma.
Permanecí allí de pie unos pocos minutos.
tratando de entender. ¿Era ella arte o realidad?
Cerca de mí, un hombre se pasaba los dedos
por el cabello. Respirando.
Compuesto orgánico volátil mal iluminado
junto al relicario dorado.
Parecía el momento apropiado para tomar decisiones.
Paciencia, urgencia, perdón, aceptación.
Los elixires deben guardarse en relojes.
Hecho de bergamota y vapores,
éste se esparce furtivamente por el amanecer
y quema cuando lo bebo como si fuera aguardiente.
* La autora se refiere a la basílica de San Domenico, donde se encuentra la cabeza de santa Catalina de Siena, muerta en 1939 como consecuencia, se dice, de un riguroso ayuno. Los ciudadanos de Siena deseaban que sus restos volvieran a su ciudad, pero ante la negativa de las autoridades romanas, algunos fieles se hicieron con la cabeza de la santa y la guardaron en una bolsa. Según la leyenda, cuando los guardias les exigieron ver el contenido de aquélla, sólo encontraron un cúmulo de pétalos de rosas. Según otra leyenda, los padres de Catalina se negaban a que ésta tomara los hábitos, pero cambiaron de parecer cuando vieron que una paloma se posaba en la cabeza de su hija.
(N. del T.)
En route
Alone in Siena, I bought a bottle of elixir,
Elisire di S. Caterina.
The basilica was closing, though the lights
were still bright in the side chapel,
the marble chapel where Catherine’s head
is mummified, set in a scalloped case,
behind a grille, under lock and key,
far from her body still buried in Rome.
For a few minutes I stood there,
trying to understand. Was she art or fact?
The man next to me was running his fingers
through his hair. Breathing.
Volatile organic compound poorly lit
beside the gilt reliquary.
It seemed like the right time for resolutions.
Patience, urgency, forgiveness, acceptance.
Elixirs should be kept in clocks.
Made of bergamot and fumes,
this one spreads furtively across the dawn
and burns when I drink it down like spirits.







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