Fabián Herrero | Una pista de hielo entre las calles

En la imagen se ve a un hombre adulto sentado al aire libre, apoyado junto a una pared blanca. Está ligeramente de perfil, mirando hacia la cámara con una expresión tranquila y relajada. Tiene el cabello corto con entradas pronunciadas y barba corta con algunas canas.  Viste un suéter oscuro de manga larga. Detrás de él hay un árbol con ramas claras y hojas verdes densas que cubren el fondo, lo que sugiere que la foto fue tomada en un jardín o patio. La iluminación parece natural, probablemente luz del día, y crea un ambiente cálido y sereno.

Una pista de hielo entre las calles    



I País de ramitas   



Las palabras aparecen  
y desaparecen por todas partes.
Ahora el más  
rojo sol sobre las casas es un incendio 
que habla.
En algún punto de estas 
calles desoladas,
las cosas se niegan 
a instalar 
su entera luz, 
la intensidad 
del secreto tiene 
el aire de cualquier ausencia.
En cuclillas, atento, 
yo todavía espero 
una pintura en la tela del aire.
Con un dedo 
vuelvo a marcar el círculo luminoso 
de un mundo. 
En mis ojos de veinte años, todo 
ilumina el país de ramitas 
de su esperanza. 



II Noche de otoño en verano



No pasa 
una luna 
en tus labios apenas 
entreabiertos.
Mirando fijamente el rostro 
de una piedra te ilumina.
Como una música, 
ahora 
se desliza un rumor 
de hojas que corre 
por todas partes.
Una mano empuja 
una nube hermosa en el viento.



III Una pista de hielo entre las calles



El agua invisible que atraviesa el verano, 
rodeándome.
Nada. 
Solo el pie 
del deseo a la orilla de un cielo 
misterioso.
Nuestra amorosa 
lucha, un estar
hecho de música 
y de celebración de la arena de oro 
del instante.
Y con una mano 
en la cabeza, yo dije,
“Una pista de hielo entre las calles.”
Esa ilusión 
entrando, por la boca 
del tigre (
1), en Santa Fe, 
entrando en nuestra 
infinita 
expectativa de otro 
sueño otro
verano.
Esa sensación, grande
como un cielo, me colma 
de sentido,
como lo hace esa nena que amontona la luz 
en su cara, y hace música 
con su sonrisa.
 
Pero yo estoy parado sobre una calle de hielo 
muy delgada, y el hielo 
se derrite muy pronto 
en Santa Fe.


(1) “Boca del tigre”, de este modo se le dice a la salida de la ciudad de Santa Fe saliendo hacia Santo Tomé, en donde está ubicada la cancha del Club Atlético Colón.

De: "La nostalgia es la que hace sonar el tambor de mi corazón", Barnacle, 2025

A los 20 años se tiene fe, esperanza y poesía, luego todo se va desdibujando, salvo que decidas, no sólo es destino también es deseo, ser poeta.

Si estás en una ciudad rodeada de agua, dónde no sólo la tierra sino el cielo que tiene olor a río, este paisaje se hará carne y se hará palabra.

Y una fuerte, larga cadena invisible te ata a la tierra. Esa misma tierra en dónde nacieron fe, esperanza y poesía y se fundieron las tres en el latido de una vida:  aquel que da voz a la nostalgia que hace sonar el tambor.

Ese juego entre la lengua coloquial y la imagen de raíz surrealista, ese entretejido, hace a la particularidad de la poesía de Fabián Herrero.  Pero el poeta no advierte el paso de una frontera a la otra, y es lógico puesto que está en su casa poética.  Cuando dice “la edad del agua y del fuego”, está refiriéndose a la edad de la poesía, tampoco sabemos si lo advierte, pero tampoco importa, no avanza sobre la página con su intelecto o buscando una identidad con lo “que se escribe”, es absolutamente personal, y es su mayor logro.

                                                                                                                          Roberto Daniel Malatesta


Otros poemas de FABIÁN HERREROaquí
Imagen en lavanguardiadigital

Publicar un comentario

Designed by OddThemes | Distributed by Blogger Template Redesigned by PRD