Cees Nooteboom

CONOCÍ al escritor holandés Cees Nooteboom hace muchos años en Buenos Aires, en una curiosa velada donde también estaba Rüdriger Safranski, un erudito alemán especializado en el Romanticismo. Yo no sabía quiénes eran, lo que me permitió manifestar mis propias opiniones sin cuidarme de decir lo que quería decir. En algún momento de la cena contradije a Nooteboom y, acostumbrado como estaba a que nadie lo objetara, se desconcertó. Y eso le cayó bien. Algunos años después, fue invitado al FILBA y, enterado de que yo trabajaba en Ñ, me pidió para que lo entrevistara. Fue tapa. Y, por último, junto con Miguel Balaguer, le organizamos una lectura en la que estuvo con Jorge Aulicino y un escritor suizo. La noche terminó en una cena terrible, en la que Ángel Faretta lo increpó porque Nooteboom no era católico. Esa misma semana, hubo una recepción para él en la Embajada de Holanda. A medida que se fueron yendo los invitados, Cees le dijo al embajador: "Ahora traé las bebidas buenas". Nos quedamos hasta la madrugada tomando una ginebra añeja exquisita. Lo vi una vez más en la Feria de Frankfurt en 2013. Allí dio una conferencia rodeado de cientos de personas. Fue muy cariñoso. Durante años me mandó, las buenas reseñas que le hacían los diarios de la lengua castellana. Su gesto era entre cándido y egocéntrico. Murió hace dos días, a los 92 años.

Jorge Fondebrider en Instagram

Un poema de CEES NOOTEBOOM


Publicar un comentario

Designed by OddThemes | Distributed by Blogger Template Redesigned by PRD