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El poeta ocasional


Si porcelana sólo de la clase    




Si porcelana, sólo de la clase 
que no vas a extrañar si la pisa el zapato 
del de la mudanza o la rueda de un tanque; 
si una silla, que no sea una que te agrade mucho, 
para no arrepentirse de levantarse e irse; 
si ropa, no más de la que se puede meter en la valija, 
si libros, los que pueden retenerse en la memoria,
si planes, aquellos que se puedan pasar por alto
cuando llegue el tiempo de otra vez trasladarse
a otra calle, continente, período histórico
o mundo:
¿quién te dijo que te es permitido afincarte?
¿quién te dijo que esto o aquello va a durar para siempre?
¿nadie te dijo que nunca, en el mundo,
vas a sentirte en tu casa?



If porcelain, then only the kind




you won’t miss under the shoe of a mover or the tread of a tank;
if a chair, then not too comfortable, lest
there be regret in getting up and leaving;
if clothing, then just so much as can fit in a suitcase,
if books, then those which can be carried in the memory,
if plans, then those which can be overlooked
when the time comes for the next move
to another street, continent, historical period
or world:
who told you that you were permitted to settle in?
who told you that this or that would last forever?
did no one ever tell you that you will never
in the world
feel at home in the world?


Se lo ve al poeta polaco en una fotografía en blanco negro con un abrigo negro y corbata con reyes en diagonal. En el fondo se percibe una calle con la típica casa de los países eslavos
STANISLAW BARANCZAK,
otros poemas
Traducción: Adam Gai
(Translated from the Polish by Frank Kujawinski) 
Imagen en culture.pl


El mismo interior     



 Caminando hacia tu casa para una fiesta amorosa 
 vi en una esquina 
 a una anciana mendiga. 
 Tomé su mano
 besé su delicada mejilla,
 hablamos, ella era
 el mismo interior que yo soy, 
 de la misma clase,
 me dí cuenta al instante
 como un perro conoce por su olor
 a otro perro.
 Le dí dinero,
 no podía apartarme de ella.
 Después de todo, uno necesita
 a alguien que esté cerca.
 Y entonces ya no supe
 por qué iba caminando para tu casa.


Construyendo la barricada




 Teníamos miedo mientras construíamos la barricada
 bajo fuego.
 El tabernero, la amante del joyero, el peluquero,
 todos nosotros cobardes.
 La sirvienta cayó al suelo
 mientras arrastraba un adoquín, estábamos terriblemente asustados                                                             todos nosotros cobardes-
 el conserje, la señora-del-mercado, el pensionista.
 El farmacéutico cayó al suelo
 mientras arrastraba la puerta de un baño,
 teníamos todavía más miedo, la mujer-contrabandista,
 el modisto, el conductor de tranvía,
 todos nosotros cobardes.
 Un pibe del reformatorio se cayó
 mientras arrastraba una bolsa de arena,
 usted ve cómo estábamos realmente
 asustados.
 Aunque nadie nos obligaba,
 igual construimos la barricada
 bajo fuego.



He estado esperando




 Ese joven larguirucho tal vez medía un metro ochenta,
 ese trabajador de corazón ligero de Powisle
 que luchó
 en el infierno de la calle Zielna, en el edificio de teléfonos.
 Cuando le cambié el vendaje de
 la pierna que estaba despedazada
 gesticuló de dolor, y se rió.
 "Cuando termine esta guerra
 iremos a bailar, señorita.
 Yo invito".
 Lo he estado esperando
 estos treinta años.


poesía polaca
ANNA SWIRSZCZYNSKA
(1909 /1984, Varsovia, Polonia)
Fuente: Idiomas olvidados
Enlaces: Poetry Foundation |Círculo de poesía | Otra iglesia es imposible | Hoja Negra
Imagen en thecitizen.es

Puede ser sin título     




Ocurre que estoy sentada bajo un árbol, 
a la orilla de un río, 
en una mañana soleada. 
  
Es un suceso banal 
que no pasará a la historia. 
No son batallas ni pactos 
cuyas causas se investigan, 
ni ningún tiranicidio digno de ser recordado. 
  
Y sin embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.
Y puesto que estoy aquí,
tengo que haber venido de algún lado
y antes
haber estado en muchos otros sitios,
exactamente igual que los descubridores
antes de subir a cubierta.

El instante más fugaz también tiene su pasado,
su viernes antes del sábado,
su mayo antes de junio.
Y son tan reales sus horizontes
como los de los prismáticos de los estrategas.

El árbol es un álamo que hace mucho echó raíces.
El río es el Raba, que fluye desde hace siglos.
No fue ayer cuando el sendero
se formó entre los arbustos.
El viento, para disipar las nubes
antes tuvo que traerlas.

Y aunque no sucede nada a los alrededores,
el mundo no es más pobre en sus detalles,
ni está peor justificado ni menos definido
que en la época de las grandes migraciones.
No sólo a los conjuros acompaña el silencio.
Ni sólo a los monarcas un séquito de causas.
Y pueden ser redondos no sólo los aniversarios,
sino también las piedras solemnes de la orilla.

Complejo y denso es el bordado de las circunstancias.
Tejido de hormigas en la hierba.
Hierba cosida a la tierra.
Diseño de olas en el que se enhebra un tallo.

Por alguna causa yo estoy aquí y miro.
Sobre mi cabeza una mariposa blanca aletea en el aire
con unas alas que son solamente suyas,
y una sombra sobrevuela mis manos,
no otra, no la de cualquiera, sino su propia sombra.

Ante una visión así, siempre me abandona la certeza
de que lo importante
es más importante que lo insignificante.



Może być bez tytułu




Do­szło do tego, że sie­dzę pod drze­wem,
na brze­gu rze­ki,
w sło­necz­ny po­ra­nek.
Jest to zda­rze­nie bła­he
i do hi­sto­rii nie wej­dzie.
To nie bi­twy i pak­ty,
któ­rych mo­ty­wy się bada,
ani god­ne pa­mię­ci za­bój­stwa ty­ra­nów.

A jed­nak sie­dzę nad rze­ką, to fakt.
I sko­ro tu­taj je­stem,
mu­sia­łam skądś przyjść,
a przed­tem
w wie­lu jesz­cze miej­scach się po­dzie­wać,
cał­kiem tak samo jak zdo­byw­cy kra­in,
nim wstą­pi­li na po­kład.

Ma buj­ną prze­szłość chwi­la na­wet ulot­na,
swój pią­tek przed so­bo­tą,
swoj przed czerw­cem maj.
Ma swo­je ho­ry­zon­ty rów­nie rze­czy­wi­ste
jak w lor­net­ce do­wod­ców.

To drze­wo to to­po­la za­ko­rze­nio­na od lat.
Rze­ka to Raba nie od dziś pły­ną­ca.
Ścież­ka nie od przed­wczo­raj
wy­dep­ta­na w krza­kach.
Wiatr, żeby roz­wiać chmu­ry,
mu­siał je wcze­śniej tu przy­wiać.

I choć w po­bli­żu nic się wiel­kie­go nie dzie­je,
świat nie jest przez to uboż­szy w szcze­gó­ły,
go­rzej uza­sad­nio­ny, sła­biej okre­ślo­ny,
niż kie­dy za­gar­nia­ły go wę­drów­ki lu­dów.

Nie tyl­ko taj­nym spi­skom to­wa­rzy­szy ci­sza.
Nie tyl­ko ko­ro­na­cjom or­szak przy­czyn.
Po­tra­fią być okrą­głe nie tyl­ko rocz­ni­ce po­wstań,
ale i ob­cho­dzo­ne ka­my­ki na brze­gu.

Za­wi­ły jest i gę­sty haft oko­licz­no­ści.
Ścieg mrów­ki w tra­wie.
Tra­wa wszy­ta w zie­mię.
De­seń fali, przez któ­rą prze­wle­ka się pa­tyk.

Tak się zło­ży­ło, że je­stem i pa­trzę.
Nade mną bia­ły mo­tyl trze­po­ce w po­wie­trzu
skrzy­deł­ka­mi, co tyl­ko do nie­go na­le­żą
i prze­la­tu­je mi przez ręce cień,
nie inny, nie czyj­kol­wiek, tyl­ko jego wła­sny.

Na taki wi­dok za­wsze opusz­cza mnie pew­ność,
że to co waż­ne
waż­niej­sze jest od nie­waż­ne­go.






Otros poemas de WISLAWA SZYMBORSKA, aquí

Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia
Imagen en El Mundo












Poesía polaca, poeta Roman Honet viste una remera de rojo intenso con la inscripción Bancroft

Ecos de una voz    




el tiempo no entiende de atrocidades, 
menos el silencio después de nosotros. cada verano 
quema el suelo un alud de huellas de ayer, 
el río lava los labios hinchados al morder  
los frutos de espino y las letras oscuras  
de una carta rota en silencio. aún 
pertenecemos a fuegos pretéritos, 
destellos tan puros como el pálido conde st ives*,
a su regreso de inglaterra. las semanas
van saturando la sangre con hueso espumado,
cuando nos sorprendemos en el ascensor, 
hospital, espejo. oscuridad
círculos en el agua, profundidad abismándose.
hasta aquí hemos llegado 



Echa Jednego Glosu



czas nie zna żadnych okrucieństw,
oprócz ciszy po nas. każdego lata
pali ziemię lawina wczorajszych śladów,
rzeka obmywa usta spuchnięte od rozgryzania głogu
i ciemnych liter na brzegach podartego
w milczeniu pisma. ciągle jeszcze
należymy do minionych pożarów,
odblasków czystych jak wracający z anglii,
blady hrabia st ives. tygodnie
nasycają krwiobieg spienioną kością,
kiedy przyłapujemy się w windach,
szpitalach, lustrach. ciemność
okręgi wody i zwijająca się głębia.
aż tu doszliśmy


* Alusión al protagonista de la novela de R.L Stevenson St. Ives: Las aventuras de un preso francés en Inglaterra




ROMAN HONET (1974, Cracovia, Polonia)
Traducción: Ada Trzeciakowska
Enlaces: Ada Lírica
Imagen en TVN24

poesía polaca, ancianos


Oración de los ancianos     



 
pero después después  
¿no nos rechazarás? 
cuando se hayan ido los niños las mujeres las pacientes bestias  
porque ya no soportan nuestras manos de cera 
nuestros movimientos inciertos como el vuelo de mariposa  
nuestro terco silencio y nuestra habla de tos  
y está cerca el día en que el mundo encogido en nuestro ojo  
quitarán como una lágrima y romperán como un cristal  
cuando de pronto ábrase el cajón de la memoria 
me pregunto  
si entonces 
nos volverás a amparar 
pues será como regresar a las rodillas de la infancia  
al enorme árbol a la estancia oscura 
a la conversación interrumpida al llanto sin dolor
lo sé
es una cuestión de sangre
y nosotros místicos perezosos que arrastramos los pies 
con el deformado salmo de nuestros dedos corcovados 
escuchamos cómo por nuestras venas va cayendo la arena 
y en las oscuras entrañas va creciendo blanca una iglesia 
de sal recuerdos cal y de indecible fragilidad 
y te hacen entrar de nuevo 
entre el asmático jadear de las campanas 
junto a encendidas flores
aferrados al sabor de la oblea y del lienzo blanco
si difícil es hacer ángeles de nosotros 
transfórmanos en canes celestes 
en chuchos de pelaje alborotado 
en palomillas de semblante gris 
en apagados ojos de gravilla
pero no dejes 
que nos devoren
las insaciables tinieblas de tus altares
y dinos tan solo esto
que más tarde volveremos



Modlitwa starców




ale potem potem
czy nas nie odtrącisz
kiedy już odejdą dzieci kobiety cierpliwe zwierzęta
bo nie mogą znieść woskowych dłoni
ruchów niepewnych jak lot motyla
upartego milczenia i mowy naszej kaszlu
i bliska będzie chwila gdy świat skurczony w oku
odejmą jak łzę od oka i stłuką jak szkło
gdy otworzy się nagle szuflada pamięci
pytam o to
czy wtedy
przygarniesz nas z powrotem
bo będzie to powrót jak do kolan dzieciństwa
do drzewa wielkiego do ciemnego pokoju
do rozmowy przerwanej do płaczu bez żalu
wiem
to sprawa krwi
i my leniwi mistycy powłóczący nogami
z koślawym psalmem w garbatych palcach
nasłuchujemy jak się w żyłach przesypuje piasek
i w ciemnym wnętrzu biały rośnie kościół
z soli wspomnień wapna i niewymownej słabości
znów ciebie wprowadzają
przez astmatyczne sapanie dzwonów
przy zapalonych kwiatach
uczepieni smaku opłatka i białego płótna
jeśli z nas trudno zrobić anioły
przemień nas w psy niebieskie
kundle o zmierzwionej sierści
ćmy o szarej twarzy
zagasłe oczy żwiru
ale nie daj
aby pożarł nas
nienasycony mrok twoich ołtarzy
powiedz tylko to jedno
że potem wrócimy






ZBIGNIEW HERBERT (1924, Lwow | 1998, Varsovia, Polonia)
Traducción: Ada Trzeciakowska
Enlaces: Material de lectura UNAM  | Círculo de poesía


Poesía polaca


Robert fue un poeta que creció en la misma ciudad que yo, una mediana y postindustial ciudad de provincia en Polonia central. También estudiábamos en el mismo instituto. Las clases de Lengua y Literatura nos marcaron a ambos. Nos enseñaba el profesor Włodzimierz Rutkowski, que convertía estas horas en obras de arte, en unas clases magistrales de nivel académico. Participábamos en los mismos concursos literarios solo que yo lo hice siete años más tarde. Robert murió a los 21 años a causa de un hematoma intracraneal cuya existencia ignoraba. Dejó 77 poemas, que los críticos incluyen dentro de la corriente de la imaginación envalentonada (junto con Roman Honet). Le obsesionaba la muerte, la búsqueda de la ternura en un mundo donde el amor es imposible. Su fuerza radica en la absoluta sinceridad que implica nihilismo y una postura crítica. Su último poemario (1991) se titula "Algo de una tortura latente".


no hay claridad omnipresente
y no puedo ver tus ojos
te sorprenderá
que te toque
tiemblas
como una cuerda vidriosa
exiges
que hable de mujeres
que no eres
de hombres
que no soy
luego no dices nada más
antes de que pidas dolor
tengo que tocarte
una vez más
tan bellamente como pueda



nie ma wszechobecnej jasności
i nie widzę twoich oczu
pewno jesteś zdziwiona
że cię dotykam
dygoczesz
jak szklista cięciwa
żądasz
bym opowiadał o kobietach
którymi nie jesteś
o mężczyznach
którymi nie jestem
potem nie mówisz już nic
zanim poprosisz o ból
muszę cię dotknąć
raz jeszcze
najpiękniej jak potrafię


ROBERT KRAJEWSKI (1970 / 1991)
Nota y traducción:  Ada Trzeciakowska
Fuente: Ada Lírica
Imagen: Iryna Yermolova

Habitación alquilada      




un trozo de tejado con una antena torcida y una pared con una puerta 
entreabierta a un balcón vacío -
somos como ese reflejo metido en la habitación 
en la hoja de la ventana que se abre. 
La luz del pasillo atrae mariposas nocturnas, la imagen del cristal 
                                                se oscurece y el amor 
habla con una lengua de desbaratada sintaxis: 
la memoria refracta el pasado como un prisma - y nos engullen
sus alocados remolinos y el ruido del vestíbulo de la estación.
Apenas si intuimos que aparte del dolor
no habría nada cercano. Aparte de la mano que hará girar
el cierre de latón en el vano.



Llamada



a Norbert


quemabas ramas secas en la hoguera, hierbajos—
oía el crepitar del fuego en el auricular, tus silbidos cuando los perros
volvieron a la carga con las roperas, en el mismo sitio en que ayer

recogíamos ciruelas por entre la hierba crecida;
se hacia de noche —
el viento soplaba el aliento en su hocico de cachorro 

Pegajosas las ciruelas —nos las comimos para cenar;
estuve mirando un libro con jardines acuáticos, fotografías
de plantas de agua —quería recordar sus nombres hierba centella,

espadaña. espiga de agua—
cuando de repente dijiste: "me gustaría morir
antes que tú". 

En tu casa del pueblo. ayer, observé cómo te quedabas dormido
mientras leías —el sueño se deslizaba como una ola
y envolvía el remo de tu cuerpo. 

Te quité el libro de entre las manos, apagué la luz.
La costilla de la noche
brillaba en las ramas 





Marzanna Bogumiła Kielar

MARZANNA BOGUMILA KIELAR
(1963, Goldap, Polonia)
Fuente: "Poesía a contragolpe". Antología de la poesía polaca contemporánea. Aujtores nacidos entre 1960 y 1980) Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012

"Poeta, filósofa, profesora, doctora en ciencias sociales, sus poemas han sido traducidos a 23 idiomas. Debutó con Sacra conversazione, ganadora de múltiples premios, seguido por Materia prima nominada al Premio Nike, Umbra y Monodia. Su último poemario Navigaciones vio la luz en 2018. En su poesía expone punto de vista femenino, lleno de ternura hacia el mundo, aceptación de la existencia, contemplación de su belleza que radica en el frágil equilibro entre la vida y la muerte. Es poesía reflexiva, sensual y tanática, parecida a una fotografía preciosista, bañada en una luz purificadora que irradia calma y trae alivio." En Ablucionistas
Imagen: Poland Focus
Fin y principio, poesía polaca

Fin y principio     



Después de cada guerra 
alguien tiene que limpiar. 
No se van a ordenar solas las cosas, 
digo yo. 

Alguien debe echar los escombros 
a la cuneta 
para que puedan pasar 
los carros llenos de cadáveres. 

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.

WISLAWA SZYMBORSKA (1923, Kórnik / 2012, Cracovia, Polonia)
Traducción: Abel Murcia y Gerardo Beltrán
Enlaces: Zenda | Ecured | Ersilias | Trianarts

Imagen: Exploring your mind
Joanna Wajs





Cuando te sentaste     








cuando te sentaste para pelar la manzana 

por un momento alguien paró el parloteo del mundo 

y oímos cómo la piel caía en la alfombra 

ante el silencio de la gente los animales se tumbaron 

la casa se ladeó sobre el verde roto 

detrás de la casa el niño al enterrar al perro 

volvió a tocarlo para asegurarse

de qué se conseguía salvar con el pasar de las cosas

la pulpa de la manzana el movimiento de los dedos

el brillo del cuchillo







En el espejo








miramos en el espejo durante una tormenta de verano

y de repente sentimos que somos un reflejo

en color, un eco perecedero de aquellos dos seres

en el cristal

cuando nos dimos cuenta, como en las manos de un ilusionista,

alrededor de nosotros los objetos empezaron a perder su peso

¿qué aspecto adoptaremos finalmente

cuando una pátina cubra el espejo?, ¿igual de colorido

y perecedero?

¿el de la manzana el del niño que corre para levantarla?











JOANNA WAJS: (1979, Varsovia, Polonia)


De:"Poesía a contragolpe”, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012.

Traducción: Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Xavier Farré.



Imagen: http://www.biuroliterackie.pl
Czeslaw Milosz


Café



Entre aquellos que se sentaban a la mesa del café,
desde donde en mediodías de invierno
             el escarchado
jardín brillaba en las ventanas,
sólo yo he sobrevivido.
Bien podría si quisiera ir hasta allí
y al tamborilear de mis dedos contra el helado vacío
convocar sombras.
con incredulidad yo toco el frío mármol.

Con incredulidad yo toco mi propia mano.
Ella es, y yo soy, en un devenir eternamente nuevo.
Mientras ellos permanecen encerrados para siempre
en su última palabra, en su última mirada,
como el lejano emperador Valentiniano
o los jefes de los masagetas, de quienes nada sé,
aunque escasamente  ha transcurrido un año, o dos,
o tres.
Aún así puedo cortar árboles en bosques del lejano
norte,
puedo hablar desde un estrado o rodar un filme
usando técnicas de las que ellos jamás oyeron.
Puedo aprender el sabor de frutas de las islas del
                        océano
y ser fotografiado en apropiado traje
desde la segunda mitad del siglo.
Pero ellos siempre son como bustos en levita
y cuellos de holán
en alguna monstruosa enciclopedia.
A veces, cuando la aurora de la tarde
pinta los techos de una pobre calle
y yo contemplo el cielo, veo en las blancas nubes
una mesa bamboleante. El mesero da vueltas
con su bandeja
y ellos me miran y estallan en risas.
Porque si yo no sé lo que es morir a manos
de un hombre,
Ellos lo saben, ellos muy bien lo saben.


Traducción: Bernardo Gómez
Otros poemas de CZESLAW MILOSZ, aquí 
Imagen: El Progreso


De camino a Struga




Cerca de Sarajevo aúlla un lobo
e incluso varios lobos

en el cielo estrellas amarillas
brillan
como los ojos hambrientos de un lobo
y quizá no son estrellas
sino
que en la misma cima de la colina
el faro de un coche ha chocado
con el resplandor de un charco.


URSZULA KOZIOL (1931, Rakówka, Polonia)
Fuente: FB/Jonio González
Imagen:  Paweł Kozioł / AG




Para que en relación con esta cuestión las cosas queden claras como el día




Porque nunca se sabe
si los ojos se abrirán también
con la mañana, si con su escarpada blancura
la pared amanecerá como cada día,
justo en frente; porque cubierta
de guijarros, la vereda susurra entre quejidos
el tardío regreso de alguien y su banalidad
hace resonar el grillo en alguna parte; porque soy
(como en lo que atañe a los sueños) bastante consciente
de mi propia falta de merecimiento
del lugar que ocupo en el punto donde los átomos
se han reunido y en los planes no coincidentes
de los planetas; porque salvo el escape
de los segundos por el fosforescente espacio
de la esfera del despertador, nada impide
sentirse agradecido cuando se sueña; porque soy
(como en lo que atañe a la luz de las estrellas) demasiado ciego
como para que me fuese otorgado como don
el talento de alcanzar a hurtadillas,
a ciegas, las tinieblas emboscadas
en nuestro interior; la capacidad de extralimitarme
más allá de mí mismo, de cometer delitos
tras la frontera del cráneo, crímenes de existencia
más trascendentes que la muerte; porque soy
(como en lo que atañe a la muerte) de opinión bastante viva
acerca de la sangre, que late en las sienes llevando un registro
de los dones; no me creas incapaz de
creer que existes. En lo que no debes creer es en que yo lo haga. 



STANISLAW BARANCZAK (1946, Poznan, Polonia / 2014, Boston, Estados Unidos de Norteamérica)
Imagen: Polytika




poesía polaca



Hay poetas que construyen los poemas de una pieza. Es una imagen, una metáfora o un pensamiento los elementos que constituyen la columna vertebral del poema. En los versos hay un desarrollo de la idea, o a veces una serie de variaciones alrededor de un eje común. Un ejemplo de este tipo de construcción poética lo encontraríamos en Wallace Stevens. Hay otros poetas que basan sus creaciones en la asociación de las ideas, no en la idea final. Sus poemas no intentan transmitir un solo concepto o pensamiento, sino que desembocan en una concatenación, una imagen lleva a otra. De esta manera, la imagen resultante no tiene que ser más importante que algunas de las que han aparecido a lo largo de la construcción. Nos puede sorprender más una imagen en un verso determinado. Puede servirnos como ejemplo la poesía del escocés John Burnside. Evidentemente, estas fronteras no son claras, sino tan sólo representan un elemento que nos dice más de la construcción que de la calidad de la poesía. Y todos los poetas, incluyendo a los mencionados, claro está, pueden servirse de una u otra estrategia.

Un autor que recurre con frecuencia a la combinación de ambas puede ser Wislawa Szymborska. Sin intentar llevar a cabo ninguna taxonomía, podríamos decir que hay otras construcciones del poema. Hay poetas que presentan una concatenación de imágenes, pero éstas no tienen aparentemente un sentido coherente entre sí, y se hace difícil averiguar cuál es el procedimiento en la mente del poeta que ha hecho que aparezcan una al lado de otra, o cuál es el objetivo al llegar al final del poema. Sería el caso de algunos poemas de John Ashbery, quizás del John Ashbery más imitado (mal) y más seguido por jóvenes poetas en algunas tradiciones. Hay poetas cuya obra adquiere una fuerza inaudita a través de la sentencia. Ya no es una imagen determinada, sino una afirmación, una sentencia que directamente deja de piedra al lector y le obliga a reflexionar hondamente sobre aquel hallazgo lingüístico. En este sentido, la obra de Joseph Brodsky alcanza cotas de una gran perfección. En este poeta ruso, la sentencia juega un papel fundamental. No podemos separar esta estrategia del efecto que quiere conseguir, la sorpresa (y en muchos casos, la admiración por una asociación de sentidos). Si seguimos en el último aspecto mencionado, el de la sorpresa, llegamos a otro tipo de construcción. El de los poetas que presentan todo un mundo ya en el primer verso, en la primera afirmación, en el primer verso. El primer verso-sentencia, provocador de sorpresa, que después se hilvana en una seria de imágenes para acabar en el ovillo de la imagen final. W. H. Auden sería el gran artífice de esta última clasificación. Aunque, como ya explicó Stephen Spender, muchos de los primeros versos de Auden (de la primera etapa, especialmente) se deben a un procedimiento bastante curioso, el de ir eliminando los versos que no les gustaban a sus dos primeros lectores a quienes confiaba la lectura (evidentemente, Stephen Spender era uno de ellos). Si tuviéramos que aplicar esta somera lista de estrategias poéticas a la obra de Tomasz Różycki, sin duda el autor polaco formaría parte de esta última clase. Różycki siempre parte del primer verso, que después va desarrollándose en una concatenación de imágenes, y con una coda final que no tiene por qué ser el resultado lógico de la suma de aquéllas. A la vez, presenta también los versos-sentencia que actúan como puntos de inflexión en el poema. Podemos observarlo en una reducida selección de primeros versos:

“Sigo esperando a una carta de allí, pero recibo otras. De los sobres…” (Post scriptum)
“Nunca he sabido morir. La inmortalidad…” (Después, en otra vida)
“Hoy me preparo para una búsqueda en el sur.” (Misión)
“Y después en el sótano cada noche hago esto de nuevo.” (Espectro)
“Poder en la repetición, estabilidad en la repetición.” (Repeticiones)
“Ni guache, ni aceite graso ni temples de vigilia,” (Astronomía)
“Ciertos tipos de vida en bellos decorados…” (Torre)
“Todo lo que nos dijeron no fue sino una mentira” (Antípodas)
“Aquí no estaremos mucho tiempo. Es un lugar de paso,…” (Novena canción)
“En los bellos días del fin del mundo, en algún lugar de Centroeuropa,” (Canción vigesimoprimera).
“De repente en medio de la ciudad aparece un volcán.” (Divinidad)
O también todo el ciclo de “Cuando empecé a escribir,…” y una serie de variantes “… aún no sabía”, “…en absoluto sabía”, “… nadie me dijo”, que representa un auténtico desafío a cualquier tipo de construcción metapoética.

En una entrevista concedida al periódico más popular de Polonia, Gazeta Wyborcza, Tomasz Różycki explicó la génesis de muchos de sus poemas. A la pregunta de: “La mayoría de tus poemas son sonetos. ¿No tienes ganas de salir alguna vez de este modelo?” que le formuló la periodista y también poeta Agnieszka Wolny-Hamkalo, Różycki responde: “Esto es porque la mayoría de los poemas los he pensado cuando iba de camino al trabajo, en invierno. Por el camino iba componiendo el poema, pero no tengo mucha memoria, así pues, a fin de poderlo recordar, el poema tenía que ser convenientemente breve y con ritmo, y algunas veces con rima. Cuando llegaba al trabajo, podía sentarme y escribirlo. No tengo las comodidades para sentarme y pensar poemas en mi escritorio, no tengo tiempo ni, en realidad, tampoco tengo escritorio. De esta manera ha surgido la mayoría de mis sonetos, sobre los que se ha discutido por si siguen el modelo francés, o más bien el inglés. Yo sigo pensando que es un soneto típicamente silesiano: más ancho por arriba, y más delgado por abajo”.

Una declaración que nos abre en realidad todo el mundo poético de Tomasz Różycki. Por una parte, la tradición poética, el formalismo que hay en su obra. A pesar de que los sonetos no siguen un esquema rígido, como ya dijimos en el anterior ensayo, hay una apertura de la tradición. Combina la rima asonante con la consonante, el ritmo es más bien silábico que silábico-tónico. En segundo lugar, el movimiento, el viaje constante que translucen sus poemas, el movimiento del mismo lenguaje, la concatenación de las imágenes, una seriación que se efectúa a través de los saltos de la conciencia (o del subconsciente). También, la estación, el tiempo. Różycki escribe principalmente, como aquí indica, en invierno – la verdadera estación, como dejó dicho Joseph Brodsky – y también el paisaje que predomina en los poemas es la variación del invierno. Éste, a diferencia del verano, y aunque pueda parecer paradójico, siempre nos aporta algún elemento nuevo, sobre todo en países como Polonia, donde el invierno no es una palabra desprovista de significado. Los constantes cambios, la nieve, la niebla, la lluvia (con un sinfín de variaciones, la lluvia helada, la lluvia de sirimiri, las lluvias torrenciales), el hielo y el deshielo. Una constante metamorfosis de todo los que nos rodea, de los árboles, de las calles. Cada día es diferente. Y son estas variaciones las que se pasean por los versos del autor polaco. Nos indica también en su respuesta la voluntad de poner en entredicho las clasificaciones, sobre todo cuando hablamos de los aspectos formales, como se ve claramente al hablar del tipo de soneto que cultiva. Y, finalmente, la ironía. Al utilizar el término de soneto silesiano no tan sólo hace uso de ésta, y no tan sólo expresa un afán de escaparse a ser encorsetado por los críticos, también es la ironía un vehículo para expresar su pertenencia, sus raíces que, en definitiva, no son tales, puesto que Różycki siente una cierta extrañeza dentro del mundo de la Silesia polaca. Así, el viaje y las raíces, la geografía externa y la geografía interna basculan para encontrar un equilibrio a través de la formulación de esta alteridad en el lenguaje.

Tal vez, en la época contemporánea, de realidades líquidas y de cuestionamientos de cualquier estabilidad, de parodias y de intentos de comprender el mundo que nos rodea, aunque sea mínimamente, la poesía de Różycki establece unos puentes que permiten ir mirando los diferentes puntos de orientación. Un puente de tablas, un puente que se va moviendo, y por lo tanto, nos movemos en él. Un puente donde mirar una y otra orilla, lo familiar y lo ajeno, la tradición y la innovación. Y cuando estamos en medio del puente, vislumbrar el abismo que se abre ante nuestros pies. Porque así es la poesía de Różycki, una poesía que nos enfrenta al vértigo de mirar la realidad que nos construye y la realidad que construimos.


La flota de su Majestad



Jugaba solo contra el ordenador, era
soberano en un pobre país de Centroeuropa,
convertido en potencia gracias a mi honrosa
política, el comercio, y también a la fuerza

de mis tropas, de la economía. Si libraba
guerras era por mor de evitar agresiones
enemigas, o en contra de países más torpes
y débiles, aquellos que había que mandar.

Tenía la administración, buenos tribunales,
(se cumplía la ley), una flota y colonias,
gozaba del respeto del mundo diplomático,
y también de mis súbditos. Nunca condené a nadie

sin causa, fuera de los enemigos públicos:
desertores, poetas, traidores, especuladores impúdicos.



Animales salvajes



Dejamos en torno a la casa tres escudillas
de leche. Esta noche vendrán a beber gatos
o algo más ligero, algo que reconocerás
porque no deja huellas. No haremos las maletas

eternamente, no huiremos, pues no hay huida.
Desplázate en tren, en coche, en avión,
a siete mil metros sobre el grasiento barro
de nuestras grises regiones natales, seguros
en la cabina insonorizada, con una limpia azafata
de cuidadas uñas, con una taza de Henessy,
con asientos regulables, auriculares, un murmullo
de negro jazz en el interior, e incluso así tendrás
una total descompresión. De golpe, el corazón lleno
de fuego saltará de las venas y estallará. Y estallará.



Ferrocarril



Toda la vida en el tren, o dos tal vez,
pues el cuerpo, llevado por el diablo, el hierro
y la rapidez, pierde mucho más que el tiempo,
claro está. Y la vista en nada, ya que en el paisaje

no hay punto de soporte, algo que nos permita
meterlo en un patrón, en un sistema
y librarlo a la física, pensar así que el mundo
tiene algún proceder y en este caso es justo

una máquina, completo. Así sería mejor.
Pero no, hay apéndices, algo que me liga
a la ciudad, al niño, a la mujer, otro sistema,
una matemática donde me multiplico

en diez clones, donde hay un error, algún defecto –
el corazón no late regular con el andén vacío.



El holandés errante



Y de nuevo París, rue Monge, la charlatanería
de los intelectuales, del todo impotente
ante la cantidad de quesos, cafés, ejércitos
de botellas polvorientas, ante la luz, la cama,

cien tipos de amor y doscientos de lujuria,
después postres y coñac. Los labios mordidos
de una chica en primera fila. Claramente, la lengua
nota el sabor, pero a su disposición tiene el vacío

de la metáfora, nada más. ¿Y quién crea del vacío?
De la nada, ¿una nada aún mayor? además, ¿la noche
lo multiplica por sí misma y de todo esto construye
ciudades llenas de nada, pisos, y en estos pisos

gente recortada del vacío, animales henchidos?
Y ellos, ¿a quién transportan? ¿A quién arrollan?

De: http://lanausea2000.blogspot.com.ar/2010/05/tomasz-rozycki-uniendo-geografia-e.html

Tomasz Różycki


Segundo hipnótico




Si es por amor, nos será perdonado,
quedarán atrás camas deshechas y empezadas
ciudades, cortinas no corridas y apenas tocadas,
cosas, unos cacharros sucios. Sí es por amor,
no quedará tras nosotros el vacío, existe cierta nativa
incoherencia gramatical, el vacío no puede instalarse
en lugares trazados por nuestros cuerpos, saldrán
sin embargo de ellos niños, países y todo tipo de colores.
Si es por amor, nos apoyaran animales,
perros abandonados. Nos perdonarán esa inercia
y esa mirada perdida en sí misma. Permaneceremos estirados
y nos pisarán días y corrientes del aire. Construirán sobre nosotros
una ciudad y electrones libres se enjambrarán encima de ella gruñendo
sueños, sueños serán nuestros, para siempre.


Tomasz Różycki (1970, Opole, Polonia)
Enlace: libro_génica

Durante las fiestas




Durante las fiestas por fin se puede
apagar el teléfono.
Si nace Dios
llamará la vecina.

Veo Casablanca
con el mismo apetito
de digresión
de siempre.
Jugueteo con la soledad.
Me acompaña la leche caliente con miel.
Mi sexto dedo de la mano
teclea las letras.
No escribiré nada más.
La continuación de la noche
es intocable.



Poesía polacaEWA LIPSKA (Cracovia, Polonia, 1945)
Seleccionado de arbolescontroncopintadodeblanco.blogspot.com


Amor a primera vista         



Ambos están convencidos de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.




poesía polaca WISLAWA SZYMBORSKA ( Kórnik, 1923 / 2012,   Cracovia, Polonia)

 Traducción; Abel A. Murcia


La berlina detenida en la noche



A la espera de las llaves
-él las busca sin duda
entre las ropas
de Tecla, muerta hace treinta años-
escuchad, señora, escuchad el viejo, el sordo rumor
nocturno de la alameda...
Tan pequeñuela y débil, envuelta dos veces en mi capa,
yo te llevaré a través de las zarzas y de la ortiga de las ruinas
hasta la alta y negra puerta
del castillo.
Así el abuelo, antaño, regresó
de Vercelli con la muerta.
¡Qué recelosa y muda, y negra mansión
para mi criatura!
Ya lo sabéis, señora, es una triste historia.
Ellos duermen dispersos en países lejanos.
Desde hace cien años
un lugar señalado los aguarda
en el corazón de la colina.
Conmigo su raza se extingue.
¡Oh Dama de estas ruinas!
Visitemos el bello aposento de la infancia: allí
la hondura sobrenatural del silencio
es la voz de los retratos oscuros.
Arrebujado en mi lecho
como en el hueco de una armadura,
yo escuchaba por la noche latir sus corazones
en el ruido del deshielo, detrás de los muros.
¡Para mi criatura temerosa, qué patria salvaje!
La linterna se apaga, la luna se ha velado;
llama el alucón a su cría en el boscaje.
A la espera de las llaves
dormid un poco, señora. duérmete, mi pobre criatura, duérmete,
paliducha, apoyando sobre mi hombro tu cabeza.
Verás cuán bello es el bosque ansioso
en sus insomnios de junio, ataviado
de flores -¡Oh criatura mía! -, como la hija predilecta
de la reina loca.
Envolveos en mi capa de viaje:
la espesa nieve de otoño se funde sobre vuestro rostro
y tenéis sueño.
(en el haz de luz de la linterna ella gira, gira con el viento,
como giraba en mis sueños de niño
la vieja -¿recordáis
la vieja hechicera? -.)
No, señora, nada escucho.
Él es muy anciano,
su cabeza está trastornada;
apostaría a que ha ido a beber.
¡Para mi criatura temerosa, una mansión tan negra,
en lo hondo, en lo hondo del país lituano!
No, señora, nada escucho.
Mansión negra, negra.
Cerraduras mohosas,
enredadera muerta,
puertas aherrojadas,
postigos clausurados,
hojas sobre hojas desde hace cien años en las alamedas.
Todos los servidores han muerto.
Yo he perdido la memoria.
Para mi criatura confiada, ¡qué mansión más negra!
Ya no recuerdo sino el naranjal
del tatarabuelo y el teatro:
los pichones del búho comían allí en mi mano.
La luna miraba a través del jazminero.
Eso era antaño
Oigo un paso en el fondo de la alameda.
Sombra. Aqui llega Witold con las llaves.



Czeslaw MiloszCZESLAW MILOSZ (Szetejnie, Lituania, 1911 / Cracovia, Polonia, 2004)
De. "Antología poética", Compañía General Fabril Editora, 1961)
Enlaces: Czeslaw Milosz por Seamus Heaney


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