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Joan Margarit | Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído

Retirada    


No conocía este placer de obediencia a una ley. Me quedo aquí, adonde la vida me ha traído. Recorro la ciudad y me siento extranjero. No comprendo a los amigos que se han hecho tan viejos como yo y ya no sé de qué conversar con ellos. Cada nueva pareja de mis hijos me resulta más extraña. No recordaba haber deseado con tanta urgencia la soledad. Son señales. El animal las conoce y las obedece. Cuesta mucho encontrar un zorro muerto, un jabalí muerto. Antes se esconden.

Otros poemas de JOAN MARGARIT, aquí
Imagen en milenio





Diego Brando | Es lo opaco del viento

1    

Mudas las campanas no hacen más que incendiar la noche en nombre de un santo o un reo, fiebre que repica el oro en las aguas. Aquí solo veo caballos pasar ante el caos del césped y su luz y un agravio en el canto del pájaro que se dirige al fuego y al deseo, murallas altas de pan que brotan de cada boca y el sol, ese imperio de muecas que solo al barro enaltece. 

2    

¿qué voz oír cuando el aire es frío y la niebla un animal? En los pliegues de la noche se ilumina el día, astros penden y la luz que deviene en sangre es lo opaco del viento en donde aparece un hombre, y en sus pupilas la forma del mundo donde todo fuego cabe


Otros poemas de DIEGO BRANDOaquí










Mirtha Lucía Makianich | Saerianas

Aunque Mirtha Makianich, en su introducción al poemario “Saerianas”, diga que es una presunción creerse intérprete de algunas obras de Saer, lo cierto es que la poeta hace años que viene revisitando la obra del escritor santafecino en un diálogo íntimo que va enriqueciéndose, una y otra vez, porque también son íntimas las vivencias, las imágenes y el paisaje evocado por el escritor santafecino. Y son precisamente esas vivencias, esas imágenes y ese paisaje compartido –en igual y a veces trágico trasfondo histórico– los dardos envenenados que la llevan a la escritura –no académica– sino poética. Este encuentro dialéctico y profundo la conducen al reencuentro con su propia identidad: “¿cuánto de mío / atravesado / por el cuánto tuyo?” y la retrotraen porque la memoria aunque le pese– es un oscuro animal en acecho constante.

Y aunque la verdad sea un chisporroteo fugaz, una fuente, un núcleo remoto –acaso delirante– le alcanza a Makianich para la perseverancia, la insistencia en penetrar en los misterios del sueño y en los círculos obsesivos de Saer, que son como los suyos, porque también los suyos son como fantasmas / o nubes de humo / telarañas / que se entrecruzan. Sin embargo –y es lo más importante– oye en el canto del narrador-poeta su propio canto. Dice la poeta–: ¿Sabes? // Yo sí he visto la rosa / la vieja rosa marchita / crecer entre tus hojas / pétalos abriéndose / jirones de amarillo / color y perfume // y ¿sabes?/escucho cantar / entre esos pétalos porque es / así efímera / y particular / la alegría / de la belleza. Mirtha cumple acabadamente con lo que dice Saer, texto que ella misma cita–: “Toda lectura es interpretación, no en el sentido hermenéutico, sino más bien musical del término. Lo que el lector ha vivido le da al texto su horizonte, su cadencia, su tempo y su temperatura”. 
                                                                                                                                          Livia Hidalgo

BORRADORES que siguen 
gestándose
¿y entonces?
se avanza y se retrocede 
puntitos     destellos
luz lucecita 
señales
y todo para contemplar 
una fuente
un núcleo remoto 
desnudo delirio.

  
  
  
ESPORÁDICA luz 
perfora la fronda
y bajo los eucaliptos 
el bayo amarillo 
tasca y tasca

ya sin vino el hombre 
yergue su espalda 
deja el áspero sillón
y entra a ese interior 
entra al círculo animal

va hacia el bayo y salta 
se cuelga del cuello 
tirando hacia abajo
mientras tensos hacia arriba 
los músculos del bayo

repican las patas 
contra el suelo
equilibrio contrario 
tensiona el hombre 
débiles los relinchos

minutos así 
sin dirección
su pensamiento 
luego el salto
se desprende y abandona

¿Qué fue eso
sueño y anticipo 
premonición
o qué?
¿Sabes?

Yo sí he visto la rosa 
la vieja rosa marchita 
crecer entre tus hojas 
pétalos abriéndose 
jirones de amarillo 
color y perfume

y ¿sabes?
escucho cantar 
entre esos pétalos.

     
MIRTHA LUCÍA MAKIANICH (Villa Carlos Paz, Córdoba, Argentina) De: " Saerianas", Barnacle, 2025











Daniel Martucci | El mejor modo de esperar

La imagen muestra al poeta Daniel Martucci con la mirada altiva, con el pelo muy largo hacia ambos lados de la cara descubriendo una amplia frente. Viste una remera con cuello en v color  vinotinto. Detrás un estante contiene algunos libros



EL mejor modo de esperar es ir al encuentro 
La espera da fuerza al deseo 
 
Ir al encuentro no es ir hacia donde el objeto está 
No es ir detrás de los guiños del objeto. 
 
El encuentro sucede en un punto de lo 
desconocido 
cualquier punto
un punto en especial

El deseo sabe de nada
es ese sabor el que lleva el cuerpo
Hacia el encuentro en otra parte

En una palabra
lo lleva hacia el cielo de un borde
donde se despeña al vacio
de un nuevo deseo sin nombre aún


DANIEL MARTUCCI (1957 / 2012, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Fuente: "Música rara N° 2", 2004

Suray Traba | Indómito despertar


4   



Desbaratado 
 
el sueño que sus brazos 
mece 
abre sus ojos 
la noche su tamboril      
que besa y daga 
una paciencia de escombros 
dibuja en el aura 
un quejido 
que no es reproche. 
 

10 



Muerde la noche
afín
herida diurna al día
la nimiedad
en su labio
musita
espasmos  despabilados 
la precisión desgrana
con instrumento
disonante
palabras inmunizadas
al destierro
su inciso
en clave de bestia
de vida láctea
rastrea destroza encontrando
pistas
negadas al alba
halo petrificado
anticipa
un aguijón de danza
destello mudo    afásico
en una palabra
escasez y abundancia
la noche
derrama
alaridos silvestres
noctámbula volví
para ser
su escribiente.


32



De intermitencia    infinita
pulsa         difuminada
en un cuenco
donde la luz mecía
se agitan             penumbras
la atmósfera se  tiñe de voraz
apura el paso
se acerca           se aleja
merodea el letargo
pierde equilibrio
al acierto
sazona un resquemor
envuelve
engulle      traga
soy su manjar.


VI



La voz 
muta
en sus jirones
despide esquirlas
de sueño roto.


VII



Es tarde
para la palabra
una consonante
   es insignia
pretextos que la noche inventa
duermen
bajo una bombita que titila.


SURAY TRABA (1969, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
De: "Indómito despertar", Barnacle, 2025

En su libro "La llegada a la escritura", la filósofa Hélène Cixous señala: "Lo único que tengo para escribir es lo que no sé". Esta idea resuena en este libro, el primer poemario de Suray Traba, donde la escritura se convierte en errancia por lo que no ha de saberse. Escribir como un estado de presencia en el no-saber. Situarse en el desconocimiento pleno como inicio de la escritura, atravesar el vértigo de esa inocencia, desaparecer para ser.
Suray recorre el campo abierto de la noche, buscando con su lámpara ciega los fragmentos de luz de un alba que se retrasa. 
En el territorio extenso de la vigilia, el lenguaje se extravía. ¿Cómo encontrar las palabras, en el espacio delimitado entre lo no-dicho y lo por-decir, cuando cada signo se revela urgente?
En hebras, desmenuzado, lo que no-se-sabe teje la trama de un idioma noctámbulo e insomne. Teje una voz.
Y la voz se extiende sobre el paisaje de la noche, poderosa y lúcida, delicada y caótica, tropezando con lo que se supo callar. 
"Quedate despierta, hilachita de voz", susurra. Y la voz se hace presente, se nace, se alumbra.
"Quiero escribir la noche", dice Suray, "quiero escribirla ahora, que no sé qué digo, con lo que no sé qué digo". 
El poema es mantra y plegaria, es fe y manifiesto para esa que tabula en la oscuridad, para la mujer que escribe en la noche, y en la noche, despierta.

Mariana Finochietto

Ángelica Morales | Mientras dormía salieron pájaros de mis oídos y otros poemas


Mientras dormía salieron pájaros de mis oídos      

 


Eran pequeñas porciones 
                        de carne 
                        y pluma 
que se pusieron 
a caminar en recto 
                        sobre la almohada. 
Era una generación
de músicos sordos
que no sabían volar.
No sabían hacer otra cosa
que entrar
y salir de mis oídos,
como quien sale de una jaula
                        y vuelve a entrar,
como quien cierra
la puerta de una cárcel
                        y vuelve a entrar,
como quien abandona
el nido de un amor
                        y le prende fuego
                        a sus canciones
                        mientras baila desnudo
                        en mitad de las llamas.
Eran pequeñas criaturas
sin nombre,
con el peso
de un dolor liviano,
con el peso
de una carta
perfumada de tambor,
con el peso
de una pierna amputada
que sigue buscando
el camino de regreso.
Aún los guardo
dentro de mi silencio,
comen lluvia en rama,
la soledad dormida del otoño,
el primer frío de la muerte.


 

Pudiera ser que el otoño sangre en la ciudad


 
 
Hoy comienza
un cambio de estación.
Hay maletas
arriba del armario
que aguardan la ropa vieja
                        o el sudor,
que esperan el hambre
de una polilla.
Allí he de guardar
el ruido más cálido
de una noche de agosto,
versos de Shakespeare
que no sé pronunciar en francés,
un cupón de la suerte.
Hoy la ciudad
despierta su lengua al frío,
sus mujeres tumban la herida
y pasean famélicas
por las aceras,
abrazando sus propios huesos,
sin reconocerse
en el cristal de los escaparates,
haciéndole la burla a la leche en flor
que hierve dentro de sus pezones.
Hoy habrá música de hojas
cayendo dentro
de una taza de té,
habrá ancianos
que pisen por primera vez un asilo.
Todos serán mayores
de ochenta años,
sabrán bailar tangos,
escupir sobre una palangana,
morder el corazón del trueno.
Hoy mi casa
se hace más pequeña
y hay un dolor cautivo
dentro de mis orejas,
como de burros lamiendo la sal
que no existe en la montaña,
como de obrero de la construcción
derribando tabiques
dentro de mi cabeza.
Hoy los pájaros me dan la espalda.
Hoy los árboles
desnudan el silbido de una serpiente,
mudan su alma de tierra blanca
por un hueco
de silenciosa negrura.
Mientras tanto...
                        Golpes en el televisor,
                        golpes de estado
                        en países que comen silencio
                        en llamas,
                        partidos políticos
                        que rompen su sexo en dos
                        y masturban ideas viejas
                        frente a un muro de metacrilato.
Hoy mi ciudad
es la misma ciudad de hace un año,
idéntica a la de hace un siglo,
con total seguridad,
no ha cambiado nada
desde que Dios puso aquí
                        el primer terror
                                    de sus lámparas.


 

Pero también puedo soñar cosas bellas dentro del fuego 

 



Alguien me pidió fuego
y yo saqué mi corazón
y se lo ofrecí.
Recuerdo
que en la calle
empezaban a caer
las primeras gotas
del otoño
y que una niña china
me sonrió
desde el escaparate metálico
de sus dientes.
Fue entonces
cuando empecé a escribir
este silencio,
cuando me puse a buscar
en el mapa
la lentitud mística
de los pájaros.
 
 
 

La ceguera de Dios



 
Mi casa está abierta a la ternura de la tarde.
Mi casa que es hueco lunar o lagartija reptando entre las manos del tiempo.
Tantas veces he visitado en sueños su ceniza, Dios amarillo,
como quien visita una tacita de té los domingos
o la pierna amputada de esa bailarina que sigue girando al borde de un puñal.
Mi casa que es de bronce y olvido y huele a leche caliente y vicks vaporub,
a tormenta que agita el alcohol de sus ángeles y un chocar de música lujuriosa.
¿Por qué tendremos tanto dolor cuando se nos muere una casa, una infancia, el pecho de una pared?
¿En qué cielo se tumba la órbita de nuestro llanto?
He de decirte, Dios amarillo, que mi casa está plena de fantasmas,
mujeres infelices que levantan la piel de sus vestidos
y brincan sobre el fémur de un cajón
donde las polillas se emborrachan de hambre.
Un día de estos tienes que contarme cómo es tu casa, Dios amarillo,
qué animal humano roe el hueso de tu corazón,
le da una patada a tu ceguera


ÁNGELICA MORALES
(1970, Teruel, España)
Imagen en deconcursos 




 

Dos poemas de Pablo Queralt

 

TENER LIBROS en el baño en la cocina como la plata en distintos lugares
para que nunca me falte así alguien que no conozco esconde dentro mío ideas
recuerdos que de pronto aparecen como cuando salía a fumar para no sentirme desplazado del que narra y quién mira
donde se gesta el poema y pone algo que va del pasado al presente como quién confunde
los tiempos y viene de lo antiguo y no de lo reciente tirando del hilo.



CAMINAMOS caminamos y puedo decir que allí nuestras almas hablaron 
tan cerca estuvimos que nada tocábamos y ni hablar necesitábamos 
yo era tu imagen o mi materia era la tuya la sustancia única 
de nuestras palabras estalladas en su microcosmos al espacioso infinito 
que era la nada y el todo donde llegamos sin decir que llegamos. 


De: "La doble pena de volver a contarlo todo, Ediciones La yunta, 2025
Otros poemas de PABLO QUERALTaquí 

Fernando Pessoa / Álvaro de Campos

     

Tengo un pedazo de resfriado    




Tengo un pedazo de resfriado, 
y ya todo el mundo sabe que un pedazo de resfriado  
altera todo el sistema del universo, 
nos ponen a mal con la vida, 
haciendo estornudar a la metafísica incluso.  
He perdido el día de tanto sonarme. 
Me duele la cabeza indistintamente. 
¡Triste condición para un poeta menor! 
Hoy soy, de verdad, un poeta menor 
Antes fui sólo un deseo que se ha roto.

¡Adiós para siempre, reina de los cuentos! 
Tus alas eran de sol, pero yo voy tirando.
Hasta que no me eche en la cama no estaré bien,
como nunca estuve bien salvo cuando me echaba sobre el universo.

Excuse. du peu... ¡Qué pedazo de resfriado físico! 
Necesito verdades y aspirinas.


Tenho uma grande constipação,



Tenho uma grande constipação,
E toda a gente sabe como as grandes constipações
Alteram todo o sistema do universo,
Zangam-nos contra a vida,
E fazem espirrar até à metafísica.
Tenho o dia perdido cheio de me assoar.
Dói-me a cabeça indistintamente.
Triste condição para um poeta menor!
Hoje sou verdadeiramente um poeta menor.
O que fui outrora foi um desejo; partiu-se.

Adeus para sempre, rainha das fadas!
As tuas asas eram de sol, e eu cá vou andando.
Não estarei bem se não me deitar na cama.
Nunca estive bem senão deitando-me no universo.

Excusez un peu... Que grande constipação física!
Preciso de verdade e da aspirina.


Otros poemas de FERNANDO PESSOAaquí

Nota sobre identidad del blog

El poeta ocasional | Identidad del blog


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Alexandre O'Neill

¡Danos, Dios mío, un pequeño absurdo cotidiano por lo menos!    



¡Danos, Dios mío, un pequeño absurdo cotidiano por lo menos,  
que el absurdo, incluso en breves dosis,  
defiende de la melancolía y nosotros somos tan propensos a ella!  
Si es verdad el aforismo cuchillo afila cuchillo  
(no sabemos hablar sino figuradamente 
prueba de que somos poco capaces de abstracción). 
Si cuchillo afila cuchillo,
entonces que el cuchillo del absurdo
venga a afilar el cuchillo de nuestra embotada voluntad,
venga a instalarse sobre la lámina de lo inesperado
y el día a día será nuestro y diferente.
¿Penas? Tendremos muchas, sin duda.
Pero todo será mejor que este día a día.
Los pueblos felices no tienen historia, dice otro aforismo.
Pero nosotros no queremos ser un pueblo feliz.
Ya son suficientes los suizos, los suecos, ¿qué más da?
¡Que la pasen bien!
Nosotros queremos la fiebre del ganado,
la novia que ve huir al prometido,
la mujer que ve huir al marido,
el huérfano que se entrega a la caridad pública,
el enfermo de hospital aún más miserable que el hospital
donde tiembla, en un rincón, y nadie le ha puesto atención.
Nosotros queremos ser el lisiado en las calles,
pidiendo limosna, cayendo de bruces mientras observamos.
Queremos ser el padre desempleado que no sabe qué Navidad ofrecer a los suyos.
Garantízanos, Dios mío, un pequeño absurdo cada día.
Un pequeño absurdo a veces es suficiente para salvar.




Amalia




Yo ya no sé, cuando te oigo,
si como caracoles o mastico romero,
si me derramo por el amor o por un banco de jardín,
si la gaviota vuela fuera o vuela dentro de mí,
si, cosa cantante, un sentimiento puede
podrirse bajo el sol,
si el disgusto es gusto o el gusto es disgusto,
si he de ir a Viana o terminar por Lisboa,
hasta donde la voz se pone más ronca.
Yo ya no sé, cuando te oigo,
qué piedritas lanzar y a qué ventanas,
qué muecas hacer a las feas, es decir, a las menos bellas,
qué manos besar, desmenuzar, devorar
y qué anillos escupir hacia las cunetas.
Yo ya no sé, cuando te oigo,
si trepe como un estilita o me hunda en un pozo.
Yo ya no sé, Amalia,
de dónde viene, para dónde va tu voz,
qué chico, qué chica
están prometidos (¡y tan solos!) en tu voz.



Dai-nos, meu Deus, um pequeno absurdo quotidiano que seja




Dai-nos, meu Deus, um pequeno absurdo quotidiano que seja,
que o absurdo, mesmo em curtas doses,
defende da melancolia e nós somos tão propensos a ela!
Se é verdade o aforismo faca afia faca
(não sabemos falar senão figuradamente
sinal de que somos pouco capazes de abstracção).
Se faca afia faca,
então que a faca do absurdo
venha afiar a faca da nossa embotada vontade,
venha instalar-se sobre a lâmina do inesperado
e o dia a dia será nosso e diferente.
Aflições? Teremos muitas não haja dúvida.
Mas tudo será melhor que este dia a dia.
Os povos felizes não têm história, diz outro aforismo.
Mas nós não queremos ser um povo feliz.
Para isso bastam os suíços, os suecos, que sei eu?
Bom proveito lhes faça!
Nós queremos a maleita do suíno,
a noiva que vê fugir o noivo,
a mulher que vê fugir o marido,
o órfão que é entregue à caridade pública,
o doente de hospital ainda mais miserável que o hospital
onde está a tremer, a um canto, e ainda ninguém lhe ligou nenhuma.
Nós queremos ser o aleijado nas ruas,
a pedir esmola, a esbardalhar-se frente aos nossos olhos.
Queremos ser o pai desempregado que não sabe que Natal há-de dar aos seus.
Garanti-nos, meu Deus, um pequeno absurdo cada dia,
um pequeno absurdo às vezes chega para salvar.



AMÁLIA



Já não sei, quando te ouço,se como caracóis ou mastigo alecrim,se me derramo pelo amor ou por um banco de jardim,se a gaivota voa fora ou voa dentro de mim,se, coisa cantarina, um sentimento podeapodrecer ao sol,se o desgosto é gosto ou o gosto é desgosto,se devo ir a Viana ou acabar em Lisboa,até onde a voz se torna mais rouca.Já não sei, quando te ouço,que pedrinhas lançar e a que janelas,que caretas fazer às feias, ou seja, às menos belas,que mãos beijar, desfiar, devorare que anéis cuspir para o meio-fio.Já não sei, quando te ouço,se subo como um estilita ou me afundo num poço.Já não sei, Amália,de onde vem, para onde vai a tua voz,que rapaz, que moçaestão prometidos (e tão sozinhos!) na tua voz.


ALEXANDRE O'NEILL
(1924 / 1986, Lisboa, Portugal)
Imagen en Página12 

Alicia Silva Rey | Cuerpos a la medida


2    




Querida, sueño  
con las piedras preciosas 
de tu alhajero. 
Por aquí pasan los caños del agua 
y los murciélagos 
las palabras son conceptos 
los tópicos son conceptos 
los asesinatos en Chile en Hong Kong son conceptos 
la arquitectura, el arte, la locura contemporánea:
túmulo de conceptos
los fetiches, mi bien, brillan como conceptos,
la cobardía política, los arrancadores de ojos
mi alhaja, mi musguito, mi residuo, mi speculum,
mi tejido mental, mi larva, mi cieno, mi estanque, 
mi perro que sale del estanque.


5




Cuando todas las puertas están cerradas
y ladran los fantasmas de la canción. 
“Malena”
Homero Manzi; Lucio Demare, 1941.


No preguntaré
como Alejandra
Pizarnik: “Si digo agua, 
¿beberé? 
Si digo pan, ¿comeré?”. 
El abrazo confuso donde
amor es causa de amor
pertenece ¡tan solo! 
a una cierta sintaxis. 
Cuerpos a la medida
de una erótica 
en íntima alteridad.
“Nunca sabrás cuánto
fuiste amado por mí”, 
dedica un varón a una mujer 
su lapsus. 
Fue un pobre hombre, 
Jacques Marie Émile Lacan,
en una carta
a la mujer amada.
Lo que enciende
no es la voz que pronuncia, 
es el oído.


De: "Moleskine", Barnacle, 2025
Otros poemas de ALICIA SILVA REYaquí
Imagen en Gilgamesh, poesía y póeticas

Raúl Cristián Aguirre | Ten piedad de mí

El poeta ocasional | Raúl Cristián Aguirre

La imagen muestra al poeta Raúl Cristián Aguirre mirando de soslayo hacia el marco derecho. Viste una campera de jean sobre una remera del mismo tono. Tiene una barba estilo franciscana. El fondo es una pared oscura, de listones de madera con círculos perfectamente alineados.

me dijiste que era neorromántico    




cuando te escribí un poema de amor me dijiste que era neorromántico  
y que el neorromántico ya no se usaba  
entonces te escribí un poema distópico 
y me dijiste que ya estaba bien de noventismos 
entonces te escribí un poema complejo  
y me dijiste que el neobarroco estaba agotado 
entonces te escribí un poema sin pies ni cabeza
y me expusiste que el surrealismo burgués iba a contracorriente de la lucha de clases
entonces te escribí como si te hablara en el colectivo
y me escupiste que el coloquialismo era una entelequia
entonces
te escribí una receta de cocina que aprendí de la tele
y al toque cacareaste: el abuso de los infinitivos es un enfoque arcaico
y la carne picada mejor no consumirla por temor a los brotes de encefalopatía o de enterocolitis 
o de salmonelosis
y agregaste severa: sin mencionar lo malo 
que es el colesterol malo   



Miserere




Hay muchas razones por las cuales no puedo ser un gran poeta me gusta mucho mirar
videos indecentes estar tirado en el sofá no hacer un guano
escribir listados de cosas ten
piedad de mí, conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones,
jugar a videojuegos infames perder el tiempo destinado al amor, mi pecado
está siempre delante de mí, vagar por el mundo sin rumbo en una casona del Maresme, lávame
y se recrearán los huesos que has abatido. 
El puto de Mozart escuchó una vez sola el Miserere
y lo transcribió íntegramente en papel. Por eso le dieron no sé qué los Papas. 
Papas, a mí me gustan con romero, al horno, con un dedo de agua ajo y tomillo, por eso
no puedo ser un gran poeta. A mí me gusta dormir, oh Dios,
edifica los muros de Jerusalén, preséntame señoras 
deslumbrantes.


Oración por unas tabletas de cloro en estado inapropiado




Oh Señor 
oh Señor de los prados los pastos el césped las piscinas
ten piedad de quienes están tristes
tristes por la vida en general 
o por haber comprado en Amazon el Cloro 5 Acciones, Tabletas Multifunción de 200 gramos, en balde de cinco kilos, de la marca Tamar
y las pastillas le han llegado rotas
disueltas
inservibles
Oh Señor no es la primera vez
Oh Señor pero la primera vez creí que era casualidad
como cuando las cosas salen mal con el primer amor
pero luego se da cuenta uno que no
que lo habitual es la ruptura y la disolución
y por eso aunque les di una segunda oportunidad 
—sabiendo que a veces la vida nos la niega—
me he quedado con mal sabor de boca
como quien se traga una tableta multifunción de 200 gramos de Cloro Tamar 5 acciones 
 y se le queda atorándole el garguero
Oh Señor triste estoy triste y más que triste desencantado, alejado de las melodías de tus ángeles
como quien vota en las elecciones a su candidato con el corazón galopando
y su candidato pierde por millones de votos
y trata de asimilar la derrota
y no puede asimilar la derrota
triste como quien vota a su propio verdugo sin saberlo y se da cuenta después y después ya es muy tarde
como es muy tarde Oh Señor para volver a pedir por Amazon las tabletas
multifunción
de cloro 5 acciones
de Tamar
que en realidad 
son excelentes
pero me llegaron rotas
rotas
como un corazón roto 
como un corazón que aún sigue galopando
pero hacia ningún lado
pero a ninguna parte
pero a ningún lugar.


De: "Acá falta plata", Barnacle, 2025

RAÚL CRISTIÁN AGUIRRE nació en Buenos Aires. Formado en Análisis de Sistemas, es escritor, poeta, actor, emprendedor y conferenciante. Está radicado en Barcelona desde 1988, donde estudió cine y morfopsicología. Es hijo, nieto y sobrino de escritores, poetas y profesores de literatura. Su padre, Raúl Gustavo Aguirre, es un referente de la poesía argentina de las décadas del 50 y 60, años en que dirigió la célebre revista “Poesía Buenos Aires”. Su madre, Hebe Monges, fue catedrática de Literatura y autora premiada de novela, cuento y poesía.   

Recibió premios y distinciones en diversos certámenes literarios. Sus poesías han aparecido en diversos medios especializados en Argentina y el exterior. Dirigió la revista subterránea “Caro Kann”. Condujo el programa de entrevistas “Vos y Yo” en una radio de Barcelona. Creó el unipersonal “Poesía, ¿estás ahí?” en 2019, y lo representó en varios países. Publicó los libros de poesía “Mamá y otros poemas” (2015), “A Sívori se lo comieron los escorpiones” (2019), “La vida videoclip” (2023), “En la otra orilla de la noche” (2024), y “El hombre increíble” (2024), los cuatro últimos en Ediciones en Danza. La compositora Patricia Caicedo musicalizó varios poemas suyos en el CD “Nuestros días”. Es autor de una vasta obra poética que aún permanece mayormente inédita.

Imagen en Página12 


Tres poemas de Poco que decir por Pedro Donangelo

El poeta ocasional | Pedro Donangelo

Parábola de una pelota de tenis



 curva plana, abierta y un punto fijo llamado foco.
 Ahora bien, 
         partiendo de Física y atravesando la noche,
 surge con el primer resplandor, el mundo real
 abierto a la parábola de una pelota de tenis 
 arrojada por mi mano.
 Debajo de la línea,
 la carrera atolondrada de Timmy hasta el punto extremo
 suma otro instante al arcón de la dicha.
 Arriba truenan los pensamientos, los bárbaros despertadores,
 los que martillan a futuro, 
 los que estremecen tu voz en el auricular, 
 enmascarados
 en la ventaja de las sombras
           de un escenario presuntamente apacible.


De perros cabizbajos a otro tema



triste en el umbral,
tristísimo como los otros perros de una traílla del paseo matinal…
A la noche, la luz filtrada de origen desconocido
traza dos o tres líneas sobre la pared, al costado de la puerta,
antípoda de mi cabeza exhaustivamente reconocida
por el mosquito que la orbita.
Lo callado, en particular lo callado, siega el sueño.
Conversan mujeres en el piso de arriba.
Qué sucedió.
“El amor fugaz estalla los circuitos”.
Perceptibles unas palabras, este mosquito
desanima al curioso con impecable eficacia:
el sostenido zumbido y algunas dosis
                                       de remordimiento.

Valeska Torres | Hace años luz se creó un agujero negro


Valeska es de Río de Janeiro y la periferia que se diseña en sus poemas está hecha de olores, de animales y de cuentas que no cierran. La periferia es geográfica: el morro, Caxias-Meier, pero también es lo que se marca en el cuerpo y que queda afuera. La periferia ahueca Río de Janeiro en vez de expandirla y muestra sus cavidades más profundas, que se abren a partir del golpe que aparece en los poemas de Valeska como un modo de dar origen al mundo y a Río de Janeiro, un golpe que se repite indefinidamente y que perpetua tanto los agujeros como los cuerpos que los habitan.


EL crepúsculo se desflora frente al horizonte
ropajes cubren la piel
en el bolsillo un escarabajo
aplastan con un martillo
el hambre del día

corporaciones cromadas de acero
evaporan pequeñas escamas de carbón quemado

la ampolleta enmudecida
por el vapor de las quemas
insiste en traer a la conversa
la arena fina

las matas se incendian se incendian
por el horror de las máquinas

partida tras partida son transmitidas por la televisión
espejismos
andamos sobre los cráneos de los animales
sin remordimiento se nos curva
la gamuza de las cabras que cubrimos con la esquela
de nuestro linaje



Enredada en un líquido viscoso
una tortuga marina
se pudría en la arena

en su dorso
el aceite se escurría
engendrada en una depresión equivalente
al tamaño de su cuerpo

sale del casarón detrás del cerro
la macabra luna menguante
que ordena las mareas
para dar fuerza
al descarrilar continuo
del hombre

el petróleo de los toneles
en todo el nordeste brasileño
asfalta

la posible reproducción de especies marinas

esa ínfima posibilidad
que sigue a la corriente
que insiste en migrar por zonas abismales


En una galaxia muy muy distante…



hace años luz
se creó un agujero negro
tan negro y profundo
que es confundido
con la desova
ahí de la villa
que cavan
una tumba más una tumba más una tumba más una tumba más una tumba más
de un vagabundo



O crepúsculo desflora no horizonte
indumentárias cobrem a pele
no bolso um escaravelho
esmagam com um martelo
a fome do dia
corporações cromadas por aço
evaporam pequenas escamas de carvão queimado
a ampulheta embaçada
pelo vapor das queimadas
teima em trazer à tona
areia rala
as matas incendeiam incendeiam
pelo horror das máquinas
frames por frames transmitem na televisão
miragem
andamos sobre os crânios dos bichos
sem remorso curvam-se a nós
a camurça das cabras que cobrimos a carcaça
da nossa linhagem
 
 
 
Enredada num líquido viscoso
uma tartaruga marinha
apodrecia na areia
em seu dorso
escorria o óleo
que matara toda uma geração
desovada numa depressão equivalente
ao tamanho de seu corpo
eclode detrás do morro
a macabra lua minguante
que ajeita as marés
para dar fôlego
ao descarrilamento contínuo
do homem
o petróleo dos tonéis
em todo o nordeste brasileiro
pavimenta
a chance de reprodução das espécies marinhas
a chance ínfima
segue a correnteza
que teima a migrar por zonas abissais


Em uma galáxia tão tão distante …



há anos-luz
criou-se um buraco negro
tão preto e profundo
que é confundido
com a desova
lá do morro
que cavam
mais uma cova mais uma cova mais uma cova mais uma cova mais uma  cova
de um vagabundo.


VALESKA TORRES (1966, Rio de Janeiro, Brasil)
Imagen en Medium.com


Alejandra Maggio: Sometido a su euforia

   Abnegado     



     Sin cauce 
     Sometido a su euforia 
     Abnegado rompe límites 
     Desbocado  
     Insiste el río

     Cómo desborda el río
     Que suena
     Cómo
     Corre en el vientre 
     De las hojas

     Suena a canto vacío 
     En la lengua de los pájaros

     Miniatura 
     En el río que desborda
     En el recuerdo
     En el tiempo que retorna 
     Eufórico
     El río
     Miniatura

     Serena siempre
     Por la noche
     Lo escucho silencioso



 Abrazo




     Desde el techo
     Baja la sombra
     Baja
     Baja y tiembla en el reflejo
     La oscuridad
     Abraza 
     Tiembla el
     Fantasma

     La sombra anida
     Hace hueco en el hueco
     De la hierba
     Un ciempiés mira desde lejos

     La sombra 
     Canta desamparo
     La sombra se hace mar

     La sombra
     Rodea
     Hace hueco
     Abraza 
     El horizonte vacío


 Marca



     Se fue la Ausencia
     Dejó el hueco
     Marcado en el
     Patio

     Sin sabor la extrañeza
     Compañera del aire
     No barre la marca
     Comadre del aire
     La noche
     No oculta el hueco

     Se fue
     Y el río la extraña

     Avanza el final del
     Invierno y
     El hueco en el patio

     Se fue
     La Ausencia
     Le crecen hojas al jazmín 
     Resucitado
     En cada patio




ALEJANDRA MAGGIO
(1960, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Ecos en la rivera", Ediciones Barnacle, 2025


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