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diciembre 31, 2019

María Belén Aguirre


Soy torpe     



Soy torpe.
Soy brutal.
Derramo agua en la mesa
y me tiembla las manos
si me hablan.

No sé responder
con exactitud
a las preguntas que se me formulan.
Me voy por las ramas.
O me quedo callada
y no puedo.
De una u otra manera
no puedo.

Me avergüenza hablar de mí.
Solo hallo en mí
motivo de escarnio y menosprecio.

Prefiero en mi lugar
las largas peroratas sobre cine y literatura:

La vida de los otros.

Yo sé engañarme.

Tan sólo un niño podría,
si quisiera,
sacarme a jugar.



María Belén Aguirre
Otros poemas de MARÍA BELÉN AGUIRRE, aquí
Fuente: Caminar por la playa
Enlaces:Poetas argentinos | La ficción del olvido 




diciembre 29, 2019

Sebastián Bianchi: Contento con el ruido que hacen las palabras


Las cosas simples



Yo no planteo una fórmula, yo sólo digo lo que siento,
aquellas cosas simples que me hacen feliz. Soy en esto parecido
al doctor Frankenstein, que buscando la vida en las cosas muertas
encontró que la muerte se iba comiendo a sus seres queridos
y que todo lo que había aborrecido -que la vida se acababa con
la muerte- él habíalo creado de la nada.
Y notaba que su consuelo era que se había equivocado
como un tonto.

Y él repetíase constantemente a sí mismo:
Sólo digo lo primero que se me viene a la cabeza.



Extras para la befa



En la hemeroteca el “todo liso” que susurra el ordenanza que pasa
el lampazo sobre las agrietadas vetas de la madera color luminoso

Habano rojo con cabellos de entre amarillos y delgadas líneas de neón
prendidas y apagadas fuego dulcemente sobre las vocales que bajan

Ahí con sus culebreantes alas de cotillón pobres figuritas para
la comunicación humana ahíta de símbolos en el cósmico sofá

Las mismas monedas en el campo de batalla que el álgebra
y los ruidos de los poetas que le robaban canciones al viejo chalinista

Lucios entre las letras de una caja de sopa Campbells para el bajón
el beato que con sus pies quemados vivos llega hasta la góndola de atunes

La trup de la grajea en los ejércitos de orfebres modelando vasijas o
cuencos de carne salada de la vieja mula postal mórbida en el hinojo

Como elástica de tules enguantada van a realizarse a Norteamérica
extras para la befa de una miniserie Sony que te publicitan ahora

Te van a dar de comer un poco de cinc y el híbrido entre bastidores
tallarás los cisnes de carne y hueso para los muebles provisorios



Si el ferretero te dijera



Que Neptuno va rodeado de una espiral de rubíes y faunos
y que sus playas no tienen el agua sino el perfume y los sábados
al mediodía, dudarías hasta de la solidez de los patos que flotan
en la laguna.

Afortunadamente todo parece por aquí más sencillo.

Caminás por las calles repitiendo una tonada de moda.
Tirando al aire una moneda, como quien se juega un imperio,
vas mirando a las ofertas y a los saldos,
contento con el ruido que hacen las palabras.


Sebastiían Bianchi
SEBASTIÁN BIANCHI (1966, Buenos Aires, Argentina)
De: "Lalamatic y otros versos", Caleta Olivia, 2019
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Poetas argentinos | Los Andes

Dice Bianchi: Quizá sea la poesía, de todas las experiencias que modela el lenguaje, la que más se aproxime a la idea de libertad, al punto de convertirse en uno de los rasgos que determinan su esencia. Y de esto, tal vez, devenga la dificultad que implica el abordarla desde compar-timentos estancos o categorías previamente determinadas, debido a que por su poder revolucionario se obstina en rebalsarlas y hacer estallar todo lo que comprime, clasifica y le impide fluir. Dificultad también que se presenta al momento de determinar a qué cosa referimos cuando decimos poesía, ya que de tanta amplitud que tiene el territorio discursivo que abarca este concepto, nos plantea el desafío de que termine señalando cualquier cosa.(En Liberantes)

diciembre 28, 2019

Gustavo Caso Rosendi




a Héctor Berenguer






El jacarandá que un día me diste

ya tiene más de seis metros de alto.

¿Te acordás que era una plantita

de no más de diez centímetros?

No recuerdo muy bien cuántos años

hace de ese día en que vos, sonriendo,

lo pusiste entre mis manos. Pero me

acuerdo de que esa fue tu última sonrisa.

Un día voy a llevarte a casa

para que lo veas. Quizá en noviembre,

o diciembre, cuando se pone más lindo.

Vamos a mirar hacia arriba, los dos juntos.

Yo te voy a ayudar a mirar hacia arriba.

Y vas a verlo, acunándose como un niño

en el regazo de una pollera celeste.

Porque por algo fue que me diste

aquel jacarandá aquella vez. Algo que aún

no alcanzo a comprender bien del todo.

Solamente he aprendido que la belleza,

algún día, cae. Se va. Y que la flor fecundada

en esta especie, se torna dura; muy dura.

Como una boca semiabierta, reseca;

que no sabe muy bien qué decir.

Pero un día de estos, voy a traerte, mamá,

para que veas la inmensidad de lo que hiciste,

casi sin querer.



Allá arriba, buscando el sol,

está tu árbol, ahora.












Gustavo Caso Rosendi

GUSTAVO CASO ROSENDI

(1962, Esquel, Chubut, Argentina)

Enlaces: Poéticas | Cuadernos orquestados | Los poetas no van al cielo



Este poema fue extraído del Facebook de Fabián Chazarreta



















Jim Harrison



Fotografía de Kurt Markus (extraída del Fb de Jonio González)   

Jim Harrison (Míchigan, 1937 – Arizona, 2016) fue escritor, poeta, viajero, pescador, gran gourmet y buen bebedor. Se lo considera uno de los grandes narradores norteamericanos y ha sido comparado en innumerables ocasiones con Faulkner y Hemingway. Hijo de un ingeniero agrícola y un ama de casa, perdió casi por completo la visión del ojo izquierdo a los siete años, cuando una niña le atacó sin mediar palabra con una botella. Desde entonces fue la oveja negra de la familia, y mientras sus hermanos forjaban sus carreras como decanos de distintas universidades, él ya había dejado de estudiar a los dieciocho años y se había marchado a Nueva York tras la sombra de Rimbaud, quería ser poeta. En una entrevista reciente, Harrison declaró: «Cualquiera que estuviera un poco loco me gustaba. Yo era como un personaje de Roberto Bolaño, siempre persiguiendo las cosas más descabelladas». Harrison leyó a Bolaño, pero antes leyó a Federico García Lorca, Jorge Guillén, Antonio Machado, César Vallejo… Eso sí, siempre como autodidacta, nunca fue a un taller de escritura y sin embargo dominó todos los géneros, siendo autor de una veintena de novelas, catorce poemarios, diversos ensayos y dos volúmenes de memorias, una extensa obra que ha sido traducida a más de treinta lenguas. Sus libros han conformado una constante exploración de la relación del ser humano con la naturaleza salvaje, y un viaje de ida y vuelta entre los laberintos de la mente y los placeres del cuerpo. Nadie como él ha descrito los grandes paisajes de Estados Unidos, el legado indio (del que él mismo es depositario) y la historia contemporánea de la América rural. Entre sus obras más importantes se encuentran la mundialmente famosa, por su adaptación al cine, Leyendas de otoño, así como Dalva, Sundog o Julip.

Fuente: Errata naturae


diciembre 25, 2019

Philip Larkin: Tal el significado de este peñasco regular

El edificio




Más alta que el hotel más elegante
la cresta luminosa se divisa desde lejos, pero ved,
alrededor suben y bajan callejuelas
como un gran suspiro del siglo pasado.
Son despreciables los conserjes; los vehículos
que llegan no son taxis; y en el vestíbulo, además
de enredaderas, cuelga un olor amenazante.

Hay novelitas, y té en las muchas tazas,
como en los aeropuertos, pero esos que dóciles ocupan
las hileras de sillas de acero, hojeando revistas ajadas,
no vienen de lejos. Las ropas de salir,
las bolsas de compras medio llenas, las inquietas caras
resignadas parecen de autobús local, sí bien
cada tanto aparece una especie de enfermera
para llevarse a alguno: los demás apoyan
la taza en el platito, tosen o buscan en el suelo
un guante o un papel caído. Humanos, sorprendidos
en campo curiosamente neutro, con nombres y hogares
en suspenso repentino; jóvenes algunos,
otros viejos, la mayoría de esa vaga edad que marca
el fin de las opciones, la última esperanza; y todos
vienen a confesar que hay algo que no anda.

Ha de tratarse de un defecto serio,
pues mirad cuántos pisos exige, a qué altura
está llegando y cuánto dinero se ha invertido
en corregirlo. Fijaos en la hora,
las once y media de un día laborable,
y en estos excluidos de él; mirad, en tanto suben
a los niveles señalados, cómo sus ojos se investigan
mutuamente, imaginando; en el camino alguien
pasa empujado sobre ruedas, en gastadas sábanas de guardia.

También ellos lo ven. Están tranquilos. Descubrir
que comparten algo nuevo los serena,
pues tras las puertas hay habitaciones, y tras éstas otras,
y más habitaciones todavía, cada cual más lejos
y de retorno más difícil, ¿y quién sabe
cuál verá, y cuándo? Por el momento esperan,
la mirada en el patio. Fuera todo es harto viejo:
ladrillos, caños revestidos, y alguien caminando
hacia el aparcamiento, libre. Más allá del portón,
el tráfico; una iglesia bajo llave; breves calles en terraza
donde juegan niños, y muchachas con peinados
van a las tintorerías... Oh, mundo,

tus amores, tus azares, están fuera del alcance
de las manos que aquí esperan. Irreales, pues,
son un sueño tocante en donde caemos todos con el mismo arrullo,
pero del cual despertamos separados. Vanidad, en él,
e ignorancia protectora se congelan
para acarrear la vida, y sólo se derrumban
cuando nos llaman a un pasillo (pues ahora la enfermera
vuelve a hacer señas...). Cada uno al fin
se levanta y va. Algunos saldrán al mediodía, o a las cuatro.
Otros, sin saberlo, han venido a unirse
a la congregación oculta que en hileras blancas
yace apartada, arriba: mujeres, hombres,
jóvenes, viejos; crudas caras de la única moneda
que se acepta aquí.

Todos saben que morirán.
No aún, tal vez, no aquí, pero algún día
y en un sitio como éste. Tal el significado
de este peñasco regular; un afán de trascender
la idea de la muerte, pues salvo que su poder supere
al de las catedrales, nada impide
que el ocaso llegue, aunque multitudes lo intenten cada tarde
con débiles, pródigas flores propiciatorias.


(Traducción de Marcelo Cohen)

The Building




Higher than the handsomest hotel
The lucent comb shows up for miles, but see,
All round it close-ribbed streets rise and fall
Like a great sigh out of the last century.
The porters are scruffy; what keep drawing up
At the entrance are not taxis; and in the hall
As well as creepers hangs a frightening smell.

There are paperbacks, and tea at so much a cup,
Like an airport lounge, but those who tamely sit
On rows of steel chairs turning the ripped mags
Haven't come far. More like a local bus.
These outdoor clothes and half-filled shopping-bags
And faces restless and resigned, although
Every few minutes comes a kind of nurse

To fetch someone away: the rest refit
Cups back to saucers, cough, or glance below
Seats for dropped gloves or cards. Humans, caught
On ground curiously neutral, homes and names
Suddenly in abeyance; some are young,
Some old, but most at that vague age that claims
The end of choice, the last of hope; and all

Here to confess that something has gone wrong.
It must be error of a serious sort,
For see how many floors it needs, how tall
It's grown by now, and how much money goes
In trying to correct it. See the time,
Half-past eleven on a working day,
And these picked out of it; see, as they c1imb

To their appointed levels, how their eyes
Go to each other, guessing; on the way
Someone's wheeled past, in washed-to-rags ward clothes:
They see him, too. They're quiet. To realise
This new thing held in common makes them quiet,
For past these doors are rooms, and rooms past those,
And more rooms yet, each one further off

And harder to return from; and who knows
Which he will see, and when? For the moment, wait,
Look down at the yard. Outside seems old enough:
Red brick, lagged pipes, and someone walking by it
Out to the car park, free. Then, past the gate,
Traffic; a locked church; short terraced streets
Where kids chalk games, and girls with hair-dos fetch

Their separates from the cleaners - O world,
Your loves, your chances, are beyond the stretch
Of any hand from here! And so, unreal
A touching dream to which we all are lulled
But wake from separately. In it, conceits
And self-protecting ignorance congeal
To carry life, collapsing only when

Called to these corridors (for now once more
The nurse beckons -). Each gets up and goes
At last. Some will be out by lunch, or four;
Others, not knowing it, have come to join
The unseen congregations whose white rows
Lie set apart above - women, men;
Old, young; crude facets of the only coin

This place accepts. All know they are going to die.
Not yet, perhaps not here, but in the end,
And somewhere like this. That is what it means,
This clean-sliced cliff; a struggle to transcend
The thought of dying, for unless its powers
Outbuild cathedrals nothing contravenes
The coming dark, though crowds each evening try
With wasteful, weak, propitiatory flowers.





De: "Ventanas altas", Lumen, 1989
Otros poemas de PHILIP LARKIN, aquí
Philip Larkin (1922-1985) estudió en la Universidad de Oxford. Amigo fraternal de los también escritores Kingsley Amis y Edmund Crispin (a quien dedica este libro), está considerado uno de los poetas ingleses más aclamados del siglo XX.
De hecho, los reconocimientos a su labor literaria, entre los que se incluyó la Queen’s Gold Medal, fueron una constante en su vida. En 1984 se le ofreció el galardón, que rechazó, de poeta laureado del Reino Unido. Fascinado tras una primera lectura de Thomas Hardy, e influenciado por T. S. Eliot y W. H. Auden, comenzó a escribir en su adolescencia. Aunque al principio su producción literaria se limitó a la lírica, llegaría a escribir cinco novelas (tres de las cuales destruyó nada más terminarlas), una supuesta autobiografía y hasta un manifiesto creativo titulado «Para qué escribimos».
Continua en  http://impedimenta.es/autores.php/philip-larkin)
Imagen: Poetry Foundation

diciembre 24, 2019

Kätlin Kaldmaa

Mi amante suizo




Mi amante suizo vive en el infierno más profundo del mundo.
Intenta tú llegar a Zurich sin un jet privado.
Ya en Zurich, hay que reconocer
que no es difícil, porque los trenes suizos
llevan a la gente a la aldea-bombón más remota
incluso los domingos por la noche,
no como en mi país
donde el autobús solo va al pueblo de mi abuela dos veces por semana
y nunca vuelve.
Mi amante suizo
odia la violencia, odia el dinero, odia a los blancos,
odia a los suizos, odia a los verdes, odia a los rojos,
odia las montañas, odia al sistema
que le permite escribir, odia a la tele,
odia a la gente que sale en la tele,
odia el éxito, odia a los coches, odia a los cristianos,
odia Suiza, odia a las campanas de la iglesia,
odia, odia, odia.

Mi amante suizo escribe un folio de su novela cada día
y cree que venderá 100.000 ejemplares
y será traducida a todos los idiomas del mundo
y nunca más tendrá que trabajar
y podrá escribir su próxima novela
un folio al día.

Mi amante suizo tiene una docena de gatos,
todos predestinados a morir.
(todos estamos predestinados a morir.)
Las manos de mi amante suizo son como patas,
su voz es como el ronroneo de un gato
(salvo cuando hay algo que odia),
se coloca en el lugar más cómodo de la casa
igual que un gato y despliega su vida a su alrededor,
todo a su alcance, para no tener apenas que moverse.
De vez en cuando su pata izquierda
cae rotundamente en el sofá,
una nube de polvo asalta su nariz
y estornuda, tan tierno y tan gracioso,
como un gatito acorralado que escupe.

La película favorita de mi amante suizo es “Ciudadano Kane”
y su libro favorito es “Ulises”, cuando emiten las noticias
se va a la otra habitación. El mundo está tan feo.
Mi amante suizo habla americano.
Dice que lo aprendió del cine.

Mi amante suizo es vegetariano,
come queso y huevos y cuajada.
Pero no comerá nada que haya sido matado
o que tuviera voz.
Pero y las patatas, protesta mi voz interior,
o las pobres zanahorias que gritan de dolor
cuando se les hincan unos dientes vegetarianos,
machacándolas vivas.
Vivas.
Mi amante suizo se pone feo a posta
para que la gente tenga que esforzarse
e ir más allá de la superficie
si de verdad tiene interés en él;
a veces se pregunta en voz alta
por qué tiene tan pocos amigos
y por qué no ha tenido mucha suerte con las mujeres.
Antes de mí.

Mi amante suizo es todo un gatito en la cama.
Araña y maúlla y se acurruca hacia ti
y ronronea cuando lo acaricias,
sus besos son mojados y ruidosos
como en las películas,
hace una performance para sí mismo como delante de un espejo
y justo antes de correrse sube de volumen
igual que una peli porno de Tyro:
“Oh ya, oh ya, oh ya, oh ya, oh ya, oh ya.
OH YA, OH YA, OH YA, OH YA, OH YA!!!”
Muerdo la almohada para no reírme
y él interpreta mi jadeo como señal de que me he corrido.
OOOOH YAAAAAA!!!!

El sentido de la justicia de mi amante suizo
es muy fino.
Llora cuando ve a la gente sin hogar
y vive solo en un piso de cuatro habitaciones.


poesía estonia
KATLIN KALDMAA 
(1970, Rakvere, Estonia)
Fuente: Círculo de Poesía
Imagen en Diogen
"Kätlin Kaldmaa es una poeta, escritora, traductora y crítica literaria estoniana. Ha publicado cuatro colecciones de poesía, "Larii-laree“ (1996), "Uno es nada“ (2008), "Mundos no vistos“ (2009) y "El alfabeto de amor“ (2012), dos libros para niños, "Cuatro niños y Murka“ (2010) y "La historia del padre de Alguien Hija de Nadie“, la obra autobiográfica de no ficción "La felicidad es cuestión de elección“, una colección de relatos cortos "El pequeño cuchillo afilado“ (2014) y una novela "No hay mariposas en Islandia“ (2013). Las colecciones de sus poemas han sido publicadas en inglés, "One is None“ (2014), en árabe "Geography of Love“ (2015), y en finlandés, "The Alphabet of Love“ (2015).

Ha escrito ampliamente sobre la literatura, más que todo sobre la literatura en traducción, y ha traducido más de 50 obras de la mejor literatura de todo el mundo desde las islas de Gran Bretaña hasta América Latina. Entre los autores traducidos se puede encontrar a Jeanette Winterson, Aphra Behn, Michael Ondaatje, James Meek, Ali Smith, Meg Rosoff, Madeleine Thien, Goran Simić y Gabriel García Márquez. Sus poemas han sido traducidos al árabe, alemán, latín, japonés, ruso, inglés, español, finlandés, esloveno, francés y coreano. En 2012 ganó el premio anual de relatos cortos de Friedebert Tuglas. Kätlin Kaldmaa es la presidente del PEN Club estoniano. 

diciembre 20, 2019

Alberto Pellegatta, tras el halo del amor, por Esteban Nicotra



Se destila el tiempo en una mirada...



“Se destila el tiempo en una mirada”
y es un sabor que no era
nada, era un castillo flotando
en la hierba, una llanura
que en los ojos se expande
como una lágrima opaca.

Era una ciudad recluida
en muertos círculos,
curva corría por viales
que fueron canales.

Vino con las manos en el pecho,
los ojos pálidos. El cielo
ya maduro, un metal oscuro.

Es decir, una dulce, exquisita,
casi inmensa ternura,
densa de casas desordenadas
y de caras contentas.
Calles y plazas frecuentadas en otros
tiempos,
macizos de plantas y balcones,
ropas tendidas. Las ventanas
encendidas.

“Recogeré las cosas
y él
se olvidará en un beso”.
     

                            De “Mattinata larga”


Entrabas apenas por la puerta...



Entrabas apenas por la puerta, jazmín,
aún tenías labios de cereza
sobre la boca. Grandes ojos. Nueces
en la noche de enebro. Y eran
expresiones del fuego.

Pero ahora, después de este espacio
abierto, entre la herida y la sangre,
después de las equivocaciones:
las cosas se mezclan,
se concentran,
en la sinceridad de una sombra dibujada
en la ventana, mientras afuera
el tigre muere en la nieve
y ahora que te llamo: no responde nadie.
Ni beso, ni boca. No siento
ya aquel gusto de canela engañosa
y se ha disuelto tu cara como cera.

Sin embargo, era blanca de luna...
Verde
era la estación (y azul el silencio)
verde albahaca, verde limón.

                                        De “Mattinata larga”


La noche embellecida...



La noche embellecida por miles
de iglesias en llamas,
devora nubes como una pantera.

Tenías un semblante espléndido
y un aliento de insecto.
Otra que mariposas... -falenas,
imprudencias y algas.
                                     

                                        En “Almanacco dello Specchio 2010”


Ese día de junio...

                                              para Alice


Ese día de junio
también las ramas se elevaron
en vuelo como pájaros.
Eran tus ojos abismos
sin audio. Tus pensamientos, corales.
Llorando alzabas las mareas.


                                         En “Almanacco dello Specchio 2010”


De la nueva generación de jóvenes poetas italianos, Alberto Pellegatta (Milán, 1978), al decir del sumo poeta que es Maurizio Cucchi, es “una de las figuras principales”. No por nada el propio Cucchi no sólo ha prologado su primer libro de poemas (Mattinata larga, Lietocollelibri, Faloppio, Como, 2002), convirtiéndose así, como con respecto a otros jóvenes poetas, en un verdadero descubridor y maestro de las nuevas generaciones, sino que además lo ha incluido en esa interesante y muy útil antología, para todo lector italiano y extranjero, publicada por la editorial Mondadori en 2004: Nuovissima poesia italiana. También ha sido incluido en la antología realizada por Mario Santagostini I poeti di vent’anni
(Stampa, Brunello, 2000). Colaborador de las reconocidas revista literarias “Nuovi Argomenti” y “Caffè Michelangiolo” recientemente Pellegatta ha publicado en la importante y ya tradicional reseña literaria “Almanacco dello Specchio” (2010) una serie de poemas de los cuales aquí también damos cuenta con algunas de nuestras traducciones.
Alberto Pellegatta escribe poesías de amor, pero más que definir los rasgos del ser amado, apresándolo en las palabras, lo libera en la memoria de la magia de su circunstancia. Esta casi cacería de lo indecible, de lo inasible, tiene siempre la gracia de un color, la fugacidad de una cadencia. Pellegatta lo sabe y no por nada el poema que abre su libro Mattinata larga dice: “La memoria tiene salas inmensas, / cuartos llenos de espejos, / polvo inaccesible. Pero, en cambio, / este instante es intermitente / como una imagen rota”.
            Pero aunque en la memoria, o mejor, en la memoria del presente –que es a veces la poesía- la realidad sea una“imagen rota”, el poeta con morosa persistencia reconstituye en el ámbito del
poema, sin rastros de la ruptura, no la experiencia ya definitivamente quebrada, sino ese “no sé qué”, esa parábola oculta, que la realidad no supo comprender, no supo conservar.

            Poesía de amor, sí, y en buena hora, pero al mismo tiempo, en su cacería de una cadencia, de una atmósfera, de la “ocasión” diría Montale, un humilde amor por las cosas concretas, cotidianas.
La “mermelada” de la mañana siguiente, la “baldosa” casual junto a la cama “de los suspiros”, la “hierba seca bajo los pasos”, los “balcones”, las “ropas tendidas”, el “metal oscuro” del cielo milanés. Pero a diferencia de las “ocasiones” montalianas, aquí ya no hay rastros de ninguna “inminencia”, aquí
todo es ya llano destino asumido, un tenso estoicismo descreído. La gracia de esta poesía está en esa dignidad y en su alegría consiguiente, más allá de este supuesto.

            La poesía de Alberto Pellegatta es como una mano extendida que va rozando y modelando en la noche, o en la clara mañana, con sus dedos firmes y delicados al mismo tiempo, los mínimos
accidentes y perfiles del rostro de su amor, del rostro y del halo que lo envuelve.

poesía italiana
Otros poemas de ALBERTO PELLEGATTA, aquí  Traducción: Esteban Nicotra  Enlaces: Universidad de Valencia |  Letralia Imagen: Ansalatina

diciembre 18, 2019

Paulina Vinderman: Sueño con un bosque pintado sobre una pared



13    



Sueño con un bosque pintado sobre una pared, 
que retrocede a mi paso como si me llamara 
No tengo miedo ni inquietud, 
tampoco esperanza de una epifanía. 
Es un bosque de lengas. 
Una enorme haya se destaca, impresa en
la oscuridad como una advertencia.
El silencio es tan grande como el haya,
fuerte y arduo.
Es una respuesta -lo sé- una respuesta
opaca, incomprensible.
Por eso alumbra, por eso cuando despierte,
mis dedos estarán llenos de un lenguaje extraviado
que deberé conducir como una vela
que se agita por última vez
en la habitación iluminada por el día.



4



Si el mundo me invita a un café esta mañana
podré sobrevivir.
Después de todo, nadie más que el viento
me trajo hasta aquí. El viento y la locura
de hablarle en voz alta, sin pedirles pcrmiso
a los dioses de arena.
"No amé a quienes amé lo suficiente".
(tan sólo con reconocerlo podría regresar.)
El exilio es una perla barroca
pero el destierro un túmulo orgulloso de sus frases inconclusas.
Las hojas del banano le dan una desganada frescura
a mi rincón (a mi mirada).
Veo a la vida como algo desenfocado y hermoso.
Un bosque que susurra,
sólo hay que esforzarce por escuchar.

"no amé a quienes amé...": Derek Walcott.




Poeta Paulina Vinderman junto a una lámpara
De: "Tocar el cielo oscuro, Poesía reunida", Alción Editora

Otros poemas de PAULINA VINDERMAN, aquí
Enlaces: Murray Magazine | Paulina Vinderman |A media voz





diciembre 17, 2019

Mary O’Donnell

Hungría



vino a mí en sellos de correos.
“Magyar Posta” patinadores sobre hielo, delicados
cual porcelana fina, un pez, un astronauta
y un cohete, un chico plateado sobre unos esquís de los 60.
Solo entendí  la diferencia.
Ahora, volando a casa desde Budapest,
toco las páginas de mis poemas, recién acuñados
en una  traducción. La verdad es que no los entiendo,
pero, ¿alguna vez sí? Las  palabras me harán
nativa por un rato para un lector que toma
de mañana un café en Vaci Ut, y que quizá no entienda,
ni siquiera en su lengua.

Los versos relucen mientras la noche escapa
por la repleta cabina inclinada. Otra vez
mi dedo presiona la página, a ciegas, como si al tacto
pudiera capturar un pez, un astronauta, un cohete,
o los patinadores elegantes sobre el hielo.
Fuera, unas nubes que no puedo ver
se mueven afanosas de país a país



Placer



Sueltas y quietas como velas plegadas, las alas del grajo:
bajo los árboles de la alta orilla el sol derritiéndose
hasta el fondo de la dura malla de las plumas.
El calor penetraba en la carne. La cabeza negra
se arqueaba, temblaba, los ojos fijos en el cielo,
en los costados oscuras velas de sedosas alas,
Sobre este césped con luz de mediodía, libre para el descanso,
esta criaturita – menos que una molécula

en el extenso dormitar de un cosmos
fletado para cuidar a cada criatura –
se posó en la hierba complacida y sin ruido, aunque frágil
a pesar de la malla de pluma y del pétreo pico,
con el calor en tregua, las alas en reposo,
estremecida, primer verano fuera del nido



Hungary



came to me in stamps.
“Magyar Posta” ice-skaters, delicate
as Empire porcelain, a fish, an astronaut
and rocket, a silvery boy on 1960s skis.
I understood only difference.
Now, flying home from Budapest,
I touch the pages of my poems, freshly minted
in translation. Now I really don’t get them,
but did I ever? The words will make me
briefly native to a coffee-slugging morning reader
on the Vaci Ut, who may not understand,
even in his own tongue.

The lines shimmer as night slips
through the tilting crowded cabin. Again
I press fingers to page, blind, as if by touch
I could capture a fish, an astronaut, a rocket,
or those elegant, ice-cutting skaters.
Outside, clouds I cannot see
busily translate country to country



Pleasure



Slack and easy as dropped sails, the rook’s wings:
on the high bank beneath the trees, sun melted
deeply into the stiff mail of every feather.
Warmth penetrated to flesh. The black head
arched, shivered, eyes attentive to the sky,
dark sails of wing silky beneath shoulders,
on this noon-lit grassy slope, freed to rest,
this small creature –  less than a molecule

in the outspread dozing of a cosmos
freighted with the care of every creature –
sat softly pleasured on grass, yet frail too
despite mail of feather and stone-hard beak,
in the respite of heat, the wings at rest,
shuddering, first summer out of the nest

Mary O'Donnell

MARY O'DONNELL
(1954, Monaghan, Irlanda)
Traducción: Inés Praga-Terente
Enlaces: Poetry Foundation (en inglés)
Fuente: Docplayer



diciembre 15, 2019

Raquel Jaduszliwer: Hay una luz que avanza, que avanza y se retira


Me decías, siempre está amaneciendo, siempre está atardeciendo
hay una luz que avanza, que avanza y se retira
es que en su doble fondo ¿lo ves? de manera indistinta
es de noche o de día, es abajo o arriba, pero siempre
siempre, en su pliegue recóndito se agolparán los huérfanos.
Todo eso decías, hijo del castigado, padre de la desdicha
todo eso decías, todo eso decías: el esplendor humano
es de dolor y brilla.


Otros poemas de RAQUEL JADUSZLIWER, aquí
Enlaces: Otra iglesia es imposible

diciembre 14, 2019

Jim Dogde

Aprendiendo a hablar







Siempre que Jason decía caztor en lugar de «castor»

o aldilla en lugar de «ardilla»

lo adoraba en secreto.

Son palabras mejores:

El ajetreado caztor caztoreando;

la cola gris de la aldilla

enroscada como una culebrilla de humo en una rama de arce.

Nunca le dije que estuviera pronunciando mal sus nombres,

aunque yo sí los pronunciaba según la convención.

En cierta ocasión se dio cuenta, y se explicó:

«Yo digo caztor.»

«Genial», le dije, «como lo veas».

Pero en una semana

estaba pronunciando ambas «correctamente».

Cumplí con mi deber,

y lo lamento.

Hasta nunca, caztor y aldilla.

Tanta belleza perdida para el entendimiento.








Learning to Talk 







Whenever Jason said "beeber" for 'beaver"/ or "skirl" for " "squirrel" / I secretly loved it. / They're better words: / The busy beeber beebing around; / the grey squirrel's tail / like a skirl of smoke along a maple branch. / I never told him he was saying / their names "wrong", / though I did pronounce them conventionally. /  One time he noticed, and explained. / "'Beeber' is how I say it." / "Great." I told him, "whatever / moves you"/ But within a week / he was pronouncing both "properly" /. I did my duty / and I'm sorry. / Farewell Beeber and Skirl. / Su much beauty lost to understanding.





















Jim DodgeJIM DODGE (1945, Santa Rosa, California, Estados Unidos de NA)

De: "Lluvia sobre el río", Salto de página, 2017

Traducción: Antonio Rómar / Pablo Mazo Agüero

Enlaces: Penúltima | Revista Tarántula | Caminos que llevan a ningún sitio


diciembre 13, 2019

Enrique Lihn: Pero si nosotros pasamos de moda, ¿por qué no ellos?


A N.



La animación vuelve a las palabras que parecían muertas
Una lectura las resucita
No está de má pensarlo así
no me voy a echar a morir porque deslumbren
los jóvenes con su jerga
Conforme: vienen de otra parte
la TV les dio la papa
mientras nos equivocamos llamándola la caja tonta
El rock es una preciosa toxina
Pero si nosotros pasamos de moda, ¿por qué no ellos?
Envejecen, es la ley
esperarán en la tumba su turno



[Ahora si que ti y yo.. .]



Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro
que dos estrellas de diferentes galaxias.
Ningún astrónomo logrará tenernos juntos
en su vertiginoso campo visual
ni el fotógrafo de Cartagena ante su Polaroid
así fue hace la infinidad de siete años
el resto de las imágenes son nubes de la memoria
y de aquélla y de todas se ha retirado la vida.


De: "Diario de muerte", Editorial Universitaria, 1989
Otros poemas de ENRIQUE LIHN, aquí
Imagen: Flickr

diciembre 11, 2019

Blog de poesía: Diez años

El poeta ocasional



Vínculos de referencia:

diciembre 09, 2019

Joaquín Giannuzzi por Constantino Mpolás Andreadis



Joaquín GiannuzziEs hora, y esa hora es ahora, menos que un instante, pero más que un siglo, de que les hable, y me calle, de Joaquín Giannuzzi, un poeta secreto.Afirma como si interrogara, ensimismado en su guitarra sin cuerdas. No Macedonio ni Roberto Arlt: Montale, Montaigne. Estas crónicas, estas serpentinas, no son retratos sino charcos de agua. Si su cisne es la lluvia, la mitad de esa lluvia es Buenos Aires, señora entera, naranja nocturna. Entre un espejo sucio y un mate lavado, esta poesía nos mira con los ojos cerrados y la pasión abierta. Sensual en la metafísica, mental en lo corporal de sus conceptos, su límite es la araña pero su centro es el mundo. Mundo interior por anterior, por barrilete y suma de hojas secas. Pero cuidado, no hay verdad más exacta que estas verdades íntimas, raíces o esqueletos, labios pintados con mariposas y fotografías, con humedades y rostros como guantes gastados, como tranvías, como colectivos, como andenes vacíos, como baldosas flojas.Claro que el tango, por supuesto. Pero tampoco el salto, cuándo no. Sino el crepúsculo, la sonrisa de la Gioconda del crepúsculo, entre la rueda de bicicleta y el ajedrez.Sus versos no son perfectos, aunque ni siquiera perpetuos. Si ustedes quieren, casi prosa profana, tuñón ambiguo. Clásico en la mirada, romántico en lo clásico, Joaquín Giannuzzi es también un mendigo: un premio Nobel para este pobre ciego.Su desborde es su borde, pero si el ditirambo es mío, permítanme que mire para otro lado, no me pregunten más, que así es la rosa y el diluvio, y el buzón de la esquina, y la vereda de enfrente.Si exagero es porque vive Dios, pero si miento es porque Dios no miente.Después de todo, qué le vamos a hacer. Si no nombré a Pavese es porque está en sus versos. En estos versos medidos, desmedidos, lo brillante es lo opaco, y sin contradicción, un ramo de regresos, una novia sin pétalos.Yo apunto hacia lo deshojado de esta mano sedienta, de este río de cinco dedos y ninguna flor sino sólo una rosa.La poesía de Joaquín Giannuzzi no nos llama, la poesía de Joaquín Giannuzzi es una llama de agua y un espejo roto no como un puente ni como una máquina de coser ni como una copa ni como una espada.Esta poesía es una puerta, pero esta poesía lo que no es es la ventana que es ni el otro lado ni ningún otro lado sino esa ninguna parte que está aquí.



diciembre 08, 2019

Peter Porter

Peter Porter

Una dama de alta cuna condensa sus memorias para el Reader's Digest    




La larga pequeñez largo tiempo ha durado. 
Estas responsabilidades y estas caras 
son la herencia de mi generación. Si aún viviesen 
los muchachos dorados ya tendrían 
los años de Henry James, ese canto de cisne 
atardecido sobre el Cam —tan viejo como yo. 
Las balas destináronse a los jóvenes —el Somme reunió 
a quienes nunca se hubiesen reunido,
dos rostros de Inglaterra,
en perfecta igualdad se desangraron.

Las viudas de Swidon perdieron el salario de sus hombres,
peor nosotros, trampeados desde el día en que nacimos:
un casto mundo feudal dotado con modernos atractivos. El único camino
fue la moda —tragos, fiestas, el estrado.
Hemos conservado nuestro sitio aún sin nosotros conservarnos
el tiempo y la geografía se encargaron
de saquear nuestra herencia.



PETER PORTER (1929, Brisbane, Australia / 2010, Londres, Reino Unido) Fuente: Asamblea de palabras
Enlaces: Perros en la playa | Poetry Foundation | Australian Poetry Review
Imagen: The Times
Referencia: Batalla del Somme

diciembre 05, 2019

Mariana Spada

Comamos







En los platos

todavía queda un residuo

que se parece a eso

de lo que hablábamos anoche

al amor que mal que mal

va a alcanzarnos nuevamente

cuando menos lo esperemos

después de todo ningún pasado se aferra

con tanta insistencia a nada

y además lo que cautiva

es siempre la misma cosa

como el borracho que vuelve

temprano por la mañana

a querer meter la llave

errada en la cerradura

sabiendo que no es esa

vamos probando y con suerte

                                                 entra.



Comamos

estos vasos tuyos

turbios y petisos

son ideales para llenarlos de cerveza

cuando no hay dinero

que despilfarrar en botellas

y más botellas.

Se bebe así despacio

y el porrón se calienta

más rápido de lo debido

en el envase oscuro

que transpira ya el verano

con su promesa renovada

de noches plenas y días fuertes.



Revisemos otra vez

eso que hablábamos anoche:

el porrón que baja lento

el patio perfumado de jazmines

los jejenes abalanzándose

contra la halógena corno kamikazes

la playa que conocimos

juntas ese otro febrero

los limones como soles

en la vereda de enfrente

el olor de la lluvia levantándose entre los canteros

el tapial reverdecido

y ahora sí:

comamos.








La última rama de este árbol se quiebra acá







¿Dónde ubicarme

si no fui

para madre

menuda como

la espadaña

que corta el viento en dos

sin renunciar a la gracia

ni llegué a ser

a ojos de padre

más que el ensayo

infructuoso

de su varón

final?



Algunos

huesos

daneses

la caja torácica

por donde sube el timbre

de una voz grave

a ecuánime distancia

del deseo y lo deseado.






Mariana Spada

MARIANA SPADA


De: "Ley de conversación", Gog&Magog, 2019







































diciembre 03, 2019

Alberto Geria, un poeta ocasional


Hace años,  Leonor García Hernando, me recomendó  'El púrpura y las tazas', de Alberto Geria. Releo los poemas que publicó Ediciones del Dock en la colección El mono hablador dirigida entonces por Joaquín Giannuzzi y me sorprenden tanto los textos como este otro ejemplo de ocultamiento deliberado, que se incorpora a la lista de algunos autores con un solo libro publicado, y sin continuidad en referencias de orden literario. 


El rostro maquillado de entero blanco
su quimono de flores la guarda mientras pasea
en talle de ondeadas espigas doradas.
Ah! Cuando su piel tornasolea desnuda y sus poros
emanan mimosas y delicadas chispas multicromáticas,
chispas de abrazar y acariciar
de embriagadora fragancia
que ¿en manos de quién está la fórmula?
Oh! Cuando sus músculos centellean
y la estremecen arremolinada en sus chispas
¿Cuántas luces le habrán dicho
que no fue construida para merecer a alguien?
Oh! Las conexiones de adentro de su nuca,
una noche vieron cómo se las arrancaba
y lloraba derramando colores a la calle
su cuerpo manchado de llanto, acurrucada
al fondo de un escaparate de lencería.
La gente la rodeó, los chicos querían tocarla.
Fatigada de soledad, con la cabeza tendida de congoja
aún tenía que sonreír y seducir
aún con ojos tristísimos, distantes.

Cartel de Coca-Cola frente al obelisco, 3

Del tragaluz llega una luminosidad sinuosa
muchas veces quebrada.
Las máquinas se describen en sus contornos
una pinza adherida a su desnudez
unos martillos tienen aletas de pez.
El aire lejano de los mares
ejerce aquí su pesadez
de lugar precisado de rescates
de oceáno que no me completa.
Con las burbujas huídas de mi caída
me acerco a una música que presiento subamarina.
Manchas graciosas en los pantalones de los pintores
el aserrín querosenado oleaje de escobillones
cúmulo de remaches frío que aprobarían las Górgonas
la forma de la tijera abierta - la forma de la tijera cerrada
la cola de chispas de una dureza que chilla
el silencio que vuelve a las máquinas apagadas.
Bailan las partículas sobre líneas fatigadas
sin más incitación que la sed de los metales
es posible ver cuerpos en legiones revolcándose
en ascensos sinfín, sin más suben.
Los rostros que esconden mi rostro.
Burbujas de ánimo que mi piel suelta
en pacto cosquilloso con el cielo.
Y quiero huir al sitio en que esto ocurre.

ALBERTO GERIA 
(S/D)

diciembre 01, 2019

Verónica Roman



allí, como una flor sola
el silencio invadiendo
los costados más filosos,
la ferocidad de ciertas tardes,
peces de bocas desgarradas,
desde las uñas hasta los finales del cabello

vértices coincidiendo,
cómo un mapa descifrado en las arenas,
en helechos profundos,
gritando en ecos repartidos de "la Gracia",
temblando en barcos,
en cañaverales,
en las galaxias escondidas bajo tierra

allí, deseo estrepitoso
sillas, candelabros y canciones inconclusas,
gargantas de infiernos recorridos y perpetuos,
besos entre aves,
entretejidos del olvido
los pañuelos desnudos,
y un vientre ovillado y partiendo

un peregrino ofreciendo agua
de sus fuentes blancas
pasa,
y enciende los cristales difusos,
hace brotar memorias de su frente,
muriendo de verdad
o de gratitud

el mismo sitio puede ser también
una gran fiesta,
un temblor de la ternura,
una playa de huesos luminosos,
allí, donde more un alma sedienta.



Poeta Verónica Roman, acodada
VERÓNICA ROMAN
(1974, La Plata, Buenos Aires, Argentina)