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enero 31, 2020

Rafael Espinosa: No sigamos discutiendo si la beatlemanía resultó un paso adelante...


Custodia




Son utensilios extraños los pasadores.
A mí me gusta por una cuestión de ajuste,
que no ignora un apego a la simetría,
amarrarlos en zigzag hasta presionar el empeine.
Conozco personas que los llevan paralelos,
con el solo bajorrelieve de una tira diagonal,
acaso porque así los venden los fabricantes de calzado
e incluso algunas a quienes se les ven sueltos, sin importarles
si rozan suciedades de tierra o agua o polvo de estrellas.
Hoy cumpliría años un amigo, estudioso
de los cuerpos celestes, que le gustó una noche
accionarlos sobre su cuello hasta que fue el hijo
perdido en el radar. Y esa madrugada, cuando
la rosa ya había caído, el cartel de Coca Cola sobre
la esquina de Los Naranjos y Navarrete, ofrecía
con sus proyecciones las figuras más cautivadoras
que se le propondrían a un alma que quisiera nacer.

Ahora, no temas darles a los muertos su vida
y a los vivos la laceración de su florecimiento,
reafirma que la hidráulica creó caminos olvidados
donde se acumula el pasto y viaja el cielo
como asombro, no como indulgencia.


Dígito




Sucedió lo que anticipamos.
Le pusieron un nombre de legumbre
a una nueva tienda de ropa, Del Castillo
acusó a Cornejo, Nava Guibert
traicionó a García y los peronistas
se convirtieron en los mejores eclipses de sí mismos.
Ese día la gata parió seis crías, dos muertas,
y hubo que postear fotos y regalárselas
a los que más insistieron.
Se fueron bautizadas en mantas de felpa.
Entraron a la pradera de los nombres.
Como nombres, dieron a la postre una suma cero.


Se fueron como nubes de tetera,
sin remordimientos ni vacilaciones,
solo gotas lácteas,
un pelo adherido de nosotros.

Y por favor no sigamos discutiendo
si la beatlemanía resultó un paso adelante en la evolución de las especies.
"Yesterday" es el peor tema de la historia,
sobre el que no dormiría un pordiosero habituado a pasar frío de noche,
pero hizo besarse a gente hasta las primeras horas de la mañana
y decirse palabras hermosas
y ver la claridad delinear los ojos
así como la vida es mejor que la muerte
puesto que mueve algo, puede
ser un trozo de pita.

Vamos a tirar de él y armar un objeto, un
objeto de deseo. Cuidadosamente
plegamos, hacemos coincidir bordes,
los adherimos con espuma de un peñasco
y tal vez tenemos una caja.
Luego la descosemos, porque para qué conservar
belleza, y se la entregamos al primer sujeto al alcance.
No la interesa hacerla suya, menos
que yo la reconozca mía. --Los paraderos
siguen como centros de oráculo,
los pasajeros en desordenadas colas
con síntomas diversos.
¿Me responderías una pregunta?
Nadie sabe qué hacer con una capacidad de alegría.


Nota: en Perú a los cordones se les dice "pasadores".

Rafael Espinosa
Otros poemas de RAFAEL ESPINOSA, aquí
Fuente: ƒ de Alejandro Méndez / ƒ de Rafael Espinosa
Enlaces: Lee Poesía | Celofan
Imagen: Kriller71

enero 30, 2020

Heliodoro Baptista | Las cosas surgen de la propia ausencia



Paisaje con poema en segundo plano



I



“Tantos hombres que no existen
para decir el silencio”.
A través de las palabras, las que han sobrado
a los otros y se inclinan a la luz
edificamos la casa, flores alucinantes
y el engaño del fuego eterno
que hay en el amor.
Con esto no invoco un nombre
y mi país, bien protegido, se pone de perfil
con sus mujeres delgadas y sombrías y trágicas
poniendo fuego a los sexos extenuados.
Las hienas dejan de ladrar
cuando el miedo cesa y del paisaje en movimiento
(¿los ríos inútiles? ¿el crepúsculo de las voluntades?
¿los cascos del remordimiento? ¿los niños sublevados?)
se llama, se embebe tipográficamente
la humildad de siluetas alineadas
ante el imposible milagro de los padres.
Como en el circo
hay quien no aplaude.
“Tantos nombres que no existen
para decir el silencio”
pero recuerdo, deletreo lentamente:
nocturno y por lo general inaccesible
un hombre recorre todos los lugares
y se vuelve oscuramente
dentro de sí
-que es la única prisión disponible
para la magnitud de su luz.
Las estrellas bajan al nivel del suelo
y lo guardan para la eternidad
que hay en cada sueño.



II



Todo llegó desde muy lejos
(lo murmuran las mujeres expuestas
acariciando el pubis chamuscado)
para todo este territorio
donde las formas rápidas y convulsionadas
explican las cabezas sumergidas
en el vértigo fabuloso
de las parábolas.
De la infancia a la adolescencia
los chicos lo supieron por el Índico
en la concha llena de sus manos puras y arrebatadas:
la dimensión de lo real es siempre discutible
como hace mucho lo adivinaron
las aves canoras inundando
la inteligencia de la tierra.
Flujo y reflujo en el tiempo y en su sombra
y me disimulo en el hierbajo, en los corales, en el jardín urbano,
en las orejas aprensivas, en la crispación de algunos cristales
y sobre todo en los músculos de las palabras ausentes
creciendo en el formidable espacio del poema.
-el amor lo inundará todo
hasta las raíces de las uñas.
De las letras, algunas noches,
son esas las señales que recibimos.



III



Es eso: se muere o se vive en la ambigüedad
pero el amor arrebata como nunca
antes que en otro lugar de la galaxia.
Entonces pensamos:
sobre toda hoja
está la luz, esta sorpresa
el sudor de animales insatisfechos que se viste de nosotros
y de nosotros se asombra (¿o inquieta, subvierte?)
la urbana convivencia
tejida con silogismos
y adornada de odios.
Las cosas ah las otras cosas
surgen de la propia ausencia.
Y así
hay gente que ama el hambre
pues siempre ha aprendido de nuevos fabularios:
la burla nace cuando la duda
toca el simple y delicado poblado
donde el corazón emite
las seculares olas de repudio.
Las palabras maduran, nos trascienden.
Como los días. Este trayecto inmemorial.
Los vanos oscuros de las escaleras. Los estadios al sol.
Las mesas vacías. Un niño amodorrado en la noche.
El imperio de los sentidos. Una brazada de hojas de mandioca.
Dos mujeres heridas, la porfía. En la piel, los mil ojos.
Y sin sospechar nada, delicadamente
la sombra reflexiva
(¿hace siglos? ¿desde ayer?)
de un escriba en la audición
del poema que no hará.
Porque, hoy como nunca,
“tantos hombres que no existen
para decir el silencio”.



Paisagem com poema em segunda plano


I



«Tantos nomes que não há
para dizer o silêncio».
Através das palavras, as que sobraram
dos outros e se encurvam à luz
edificámos a casa, flores alucinantes
e a canganhiça do fogo eterno
que há no amor.
Com esta não invoco um nome
e o meu país, acocorado, volta-se de perfil
com suas mulheres magras e sombrias e trágicas
pegando fogo aos sexos extenuados.
As quizumbas deixam de ladrar
quando o medo cessa e da paisagem em movimento
(os rios inúteis? o crepúsculo das vontades?
os cascos do remorso? as crianças sublevadas?)
nomeia-se, se embebe tipograficamente
a humildade dos vultos em fila
ante o impossível milagre dos pães.
Como no circo
há quem não bata palmas.
«Tantos nomes que não há
para dizer o silêncio»
mas lembro, soletro devagar:
nocturno e geralmente inacessível
um homem percorre todos os lugares
e volta-se escuramente
para dentro de si
- que é a única prisão disponível
para o tamanho da sua luz.
As estrelas baixam ao nível do chão
e guardam-no para a eternidade
que há em cada sono.



II



Tudo veio de muito longe
(murmuram-no as mulheres expostas
acariciando o púbis chamuscado)
para todo este território
onde as formas rápidas e convulsas
explicam as cabeças submergidas
na vertigem fabulosa
das parábolas.
Da infância à adolescência
os meninos souberam-no pelo Índico
na concha cheia de suas mãos puras e arrebatadas:
a dimensão do real é sempre discutível
como o adivinharam há muito
as aves canoras inundando
a inteligência da terra.
Fluo e refluo no tempo e na sua sombra
e dissimulo-me no capim, nos corais, no jardim urbano,
nas orelhas apreensivas, na crispação de alguns cristais
e sobretudo nos músculos das palavras ausentes
a crescer no formidável espaço do poema
- o amor inundará tudo
até ao sabugo das unhas.
Das letras, em algumas noites,
são esses os sinais que recebemos.



III



É isso: morre-se ou vive-se na ambiguidade
mas o amor empolga como nunca
antes em qualquer nervo desta galáxia.
Então pensamos:
por cima de toda a folha
há a luz, este surpreendimento
a suor de animais insaciados que se veste de nós
e de nós se assombra (ou inquieta, subverte?)
a urbana convivência
tecida em silogismos
e recamada de ódios.
As coisas, ah as outras coisas
surgem pela própria ausência.
E assim
há gente que ama a fome
pois sempre aprendeu dos novos fabulários:
a burla nasce quando a dúvida
acontece o simples e delicado povoado
onde o coração emite
as seculares ondas de repulsas.
As palavras amadurecem, transcendem-nos.
Como os dias. Este trajecto imemorial.
Os vãos escuros das escadas. Os estádios ao sol.
As vazias mesas. Uma criança estremunhada na noite.
O império dos sentidos. Uma braçada de folhas de mandioca.
Das mulheres feridas, a teimosia. Na pele, os mil olhos.
E insuspeita, delicadamente
a sombra reflexiva
(há séculos? desde ontem?)
de um escriba na audição
do poema que não fará.
Porque, hoje como nunca,
«tantos nomes que não há
para dizer o silêncio».



Poesía mozambiqueña
HELIODORO BAPTISTA (1944, Quélimane / 2009, Beira, Mozambique)
Fuente: ƒ de RSB
Traducción: Renato Sandovalito Bacigalupo
Imagen: Escritas.org

enero 29, 2020

José Homero

Llevar al hombro el manto de las cosas







                              el jadeo adolescente

    cubriendo cálida la cera

                    la piel rozando incandescentes yemas

húmedo pestañeo de los astros:

          erguido el morro a trompicones



                                              humo



           entre belfos de buganvilla y jazmines

               colección de clítoris los capullos del tulipán

                               en el serallo de la tarde

                 que al aire resuenan con galope

                                    glissandi de sal en cordado cielo



                              cuerpos rotundos



                                                       espaciados









José HomeroJOSÉ HOMERO


(1965, Minatitlán, Veracruz, México)


Además de poeta, es ensayista, crítico literario, narrador, editor y periodista cultural. 

Es autor de los libros de poesía: Sitio del verano (Margen de Poesía, UAM, 1998; segunda edición: Instituto Literario de Veracruz, 2013), Vista envés de un cuerpo (Ficción, UV, 2000), Luz de viento (Fondo de Cultura Económica, Letras Mexicanas, 2006), La ciudad de los muertos (Fondo de Cultura Económica, Poesía, 2012).


Ha publicado también ensayo: La construcción del amor (Tierra Adentro, Fonca, 1992; segunda edición, 2005); narrativa: La x en la frente (antología; Literatura Menor, Graffiti, 1995), Verano en la ciudad (Aldus/CNCA, La Torre Inclinada, 2006).


Recientemente publicó las compilaciones Antología pánica de Arthur Machen –de la que también es traductor– (Universidad Veracruzana, 2018) y Tren musical de palabras. Viaje de poesía infantil (Ediciones Municipales, Xalapa, 2019).


Poemas suyos se incluyen en varias antologías dedicadas a la poesía reciente de México.


Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte en varios periodos.


[Envio del autor]


Imagen: Tierra Adentro


enero 25, 2020

Antanas Jonynas

Noviembre




Cuando los gritos de noviembre salpican
tus cabellos con flores amarillas como la luna
cuando los lava un raudal de lluvia morena
sobre las pendientes de arcilla azul como el aire
cuando los tonos nocturnos de carbón se imponen
y los tábanos despiertan la sangre
el otoño camina en los vacíos del pecho
como un tren que pasa con el semáforo en verde
cuando el silencio de noviembre hace madurar el frío
y los cuadrantes de los arces terminan su carrera
debaten los transbordadores encadenados en el muelle
los cabellos entre mis dedos se enredan nuevamente
diferente es el serbal que hace melindres al viento
diferentes son las ventanas que se abren a la niebla
y el viejo disco del gramófono gira
bajo la mano descarnada del creyente
cuando noviembre extiende la voz del arrendajo
del fondo del verano en el que se hundían las ramas
alas blancas recubrían un marzo rosado
llevándolo lejos con sus gemidos
cuando la noche de noviembre adoquina con la helada
los caminos que la luna martilla de plata
la palabra viene a golpear a nuestros corazones
esa que nos ha dejado solos en el mundo


poesía lituana
ANTANAS JONYNAS(1953, Vilnius, Litunia)
Traducción: Francesca Randazzo
Poeta, traductor, ensayista, dramaturgo y editor. Estudió Filología Lituana en la Universidad de Vilnius. Libros de poemas publicados: Metai kaip strazdas (A Year as a Thrush), 1977; Atminties laivas (Ship of Memory), 1980; Parabolė (Parabola), 1984; Tiltas ir kiti eilėraščiai (A Bridge and other poems), 1986; Nakties traukinys (A Night Train), 1990; Toks pasaulis (A World Like This), 1994; Krioklys po ledu (A Waterfall Under Ice), 1997; Inclusions in Time, 2002; The Poppy Ashes, 2002; Lapkričio atkrytis, 2003. Miembro de la Unión de Escritores de Lituania. Su traducción de Fausto de Goethe, ha sido muy reconocida. Otros autores que ha traducido: Rilke, Schwitters y Bobrowski. Su poesía, de raigambre surrealista, está cargada de humor, ironía e imaginación.
De: World Poetry Movement
Imagen: LKI

enero 24, 2020

Ezra Pound

Ezra Pound

Ezra Pound por Horst Tappe
ƒ de Carlos Barbarito
Poemas de Ezra Pound, aquí

enero 23, 2020

Gaia Ginevra Giorgi


sendero cinco torres



tenía la respiración jadeante
rota
mientras remontábamos el sendero de pinos olorosos
entre el bosque y la sombra
que seguía a tu paso
de guerrero —de fugitivo

cada pausa quedaba impresa
en el limo dulce igual que en la memoria
cristalizadas las violas y todos los gemidos

entre el sudor —la sal
y el sol
entre el hechizo y la desesperación

con la espalda apagada en el fango
y con la boca caliente y húmeda
abierta de par en par al cielo hosco del verano

suplicaba que la corteza del monte
cediese bajo mi peso
y me retuviera allí para siempre
pero tú tenías la quietud de los cristales
en la cabeza la quietud que sube
después de un largo llanto

si se prestaba atención
desde lo alto se podía observar
la espuma de cada ola
incubada por la roca

el tañido de las campanas
desde la cima turquesa
descendía sobre nuestros cuerpos
como una sentencia



pensamiento meridiano



de vez en cuando vuelvo a pensar en tu cuerpo
aíslo uno de sus detalles
la línea alta de la cadera —por ejemplo
las nalgas amplias —la espalda larga

hago igual con tu piel
cocida por el viento del Dodecaneso
por el sol de una tierra sin sombra

lo mismo con las aristas de tu boca
cuando está fruncida
en la expresión dócil
de ciertas olas bajas
rememoro la sal que se deposita en los márgenes

cuando después pienso en tu boca que hace
listas interminables de hazañas
de piratas desconocidos del siglo XX
me viene a la mente solo tu boca

pico de rosa en el azul selvático de Donoussa

sentiero cinque torri



avevo il respiro ingrossato
spezzato
mentre risalivamo il sentiero di pini odorosi
tra il bosco e l’ombra
che seguiva il tuo passo
di guerriero – di fuggiasco

ogni pausa s’imprimeva
nel limo dolce come nella memoria
cristallizzate le viole e ogni gemito

tra il sudore – il sale
ed il sole
tra l’incanto e la disperazione

con la schiena spenta nel fango
e con la bocca calda e bagnata
spalancata al cielo ispido d’estate

pregavo che la crosta del monte
cedesse al mio peso
e mi trattenesse da lì a sempre
ma tu avevi la quiete dei vetri
in testa la quiete che sale
dopo un gran piangere

se si faceva attenzione
dall’alto si poteva osservare
la schiuma d’ogni onda
covata dalla roccia

il rintocco delle campane
dalla cima turchese
scendeva sui nostri corpi
come una sentenza


pensiero meridiano



qualche volta ripenso al tuo corpo
separo un suo dettaglio
la linea alta dell’anca – per esempio
le natiche aperte – le spalle larghe

così faccio per la tua pelle
cotta dal vento del Dodecaneso
dal sole di una terra senz’ombra

lo stesso per gli spigoli della tua bocca
quando s’increspa
nell’espressione docile
di certe onde basse
ripenso al sale che si deposita ai margini

quando poi penso alla tua bocca che fa
elenchi interminabili di gesta
di pirati misconosciuti del Novecento
mi viene in mente solo la tua bocca

picco di rosa nel blu selvaggio di Donousa

Gaia Ginevra Giorgi
GAIA GINEVRA GIORGI, Alessandria, Italia, 1992. Es licenciada en Filosofía por la Università degli Studi di Torino —ciudad en la que vive, escribe y trabaja— con una tesis sobre Albert Camus. Es autora de Sisifo (2016), presentado con un espectáculo que unía poesía, teatro y música, y Manovre segrete (2017), que inspiró su primer proyecto de videopoesía. Forma parte de la plataforma europea Versópolis y ha participado en los festivales de Estambul (Turquía) y Sibiu (Rumanía). También performer y actriz de teatro, su obra ha sido traducida al castellano, inglés, rumano y turco. (Periódico de Poesía) Traducción: María Martínez Bautista

Imagen: Youtube

enero 21, 2020

Raymond Carver: Alguien debería hacer algo.

Raymond Carver

Venta desastrosa



Domingo por la mañana, todo fuera desde muy temprano:
la cuna de los niños, el tocador,
el sofá, mesas, lámparas, cajas llenas
de libros y discos clasificados. Después sacamos
los utensilios de cocina. un radio despertador, ropa
en perchas, un sillón
que tenían desde el principio
y al que llamaban Tío.
Por último, sacamos la mesa de la cocina
y se sentaron alrededor para llamar la atención.
La palidez del cielo prometía justicia.
Aquí estoy con ellos. intentando dejar de beber.
Anoche dormí en esa cuna.
Esta venta es dura para todos.
Es domingo y pretenden hacer negocio
a la salida de la iglesia episcopal de al lado.
Vaya situación. Vaya desgracia.
Todo el que echa un ojo a la colección de trastos
desde la acera acaba siendo mortificado.
Una señora, un familiar, un amante.
La esposa, que hace tiempo quiso ser actriz,
habla con otras parroquianos
que sonríen incómodos y curiosean
entre la ropa antes de seguir su camino.
El marido, mi amigo, está sentado a la mesa
e intenta parecer interesado en lo que
está leyendo, Crónicas de Froissart.
según veo por la ventana.
Mi amigo está acabado, lo sabe. hizo lo que pudo.
Para qué seguir con esto. ¿Acaso alguien va a ayudarles?
¿Tiene todo el mundo que ser testigo de su fracaso?
Nos humilla a todos.
Debería aparecer alguien que les eche una mano,
alguien que les saque todo eso de encima ahora mismo,
cada trasto de su vida anterior antes de que
esta humillación dure demasiado.
Alguien debería hacer algo.
Voy a por la cartera y así es como lo veo:
yo no puedo ayudar absolutamente a nadie.



Distress sale



Early one Sunday morning everything outside - / the child's canopy bed and vanIty table. / the sofa. end tables and lamps, boxes / of assorted books and records. We carried out / kitchen ítems, a clock radio. hanging / clothes, a big easy chair / with them from the beginning / and which they called Uncle. / Lastly, we brought out the kitchen table itself / and they set up around that to do business. / The sky promises to hold fair. / I'm staying here with them. trying to dry out. / I slept on that canopy bed last night. / This business is hard on us alt. / It's Sunday and they hope to catch the trade / from the Episcopal church next door. / What a situation here! What disgrace! / Everyone who sees this collection of junk / on the sidewalk Is bound to be mortified. / The woman, a family member, a loved one. / a woman who once wanted to be an actress, / she chats with fellow parishioners who / smile awkwardly and finger items / of clothing before moving on. / The man, my friend, sits al the table / and tries to look interested in what / he's reading - Froissart´s Chronicles it is, / I can ser it from the window. / My friend is finished, done for, and he knows it. / What's going on here? Can no one help them? / Must everyone witness their downfall? / This reduces us all. / Someone must show up at once to save them, / to take everything off their hands right now. / every trace of this life before / this humiliation goes on any longer. / Someone must do something. / I reach for my wallet and that is how understand it: / I can't help anyone.


De: "Todos nosotros", Editorial Anagrama
Traducción: Jaime Priede
Otros poemas de RAYMOND CARVER, aquí
Imagen: Rob Stolzer

enero 17, 2020

Jotaele Andrade: Da un sonido agudo como una dentellada sobre un cuerpo invisible

Un sonido agudo

Instrumento en el desván



has subido al desván
y olvidado por qué

pero ahí estás y recobras
partes de tu vida
olvidadas
en los trastos

viejas fotos
donde eres demasiado joven
para haber existido

juguetes
ropa
artefactos

el tiempo detenido
lleno de polvo
como una cosa

también un laúd
hace su estancia
casi como si entre todo lo inútil
lo arrumbado
lo que existe hundiéndose
dijera
aquí también cesa la música

mientras buscas el motivo
de estar ahí
envejeciendo entre las cosas
envejecidas

una cuerda
-una de la dos que conservaba
se corta

da un sonido
agudo
como una dentellada sobre un cuerpo
invisible
y levanta un poco de polvo
y se repliega como una víbora cortada en dos

miras la que ha quedado y comienzas a cantar y te bajas

así ocurren acaso las revelaciones

Otros poemas de JOTAELE ANDRADE, aquí
Fuente: ƒ de Bruno Di Benedetto
Enlaces: Buenos Aires Poetry | Evaristo Cultural | La aficíon del olvido

Escribir poesía –dice– se asemeja a tantear la nada tal como hizo la materia cuando todo era caos y confusión. Quien escribe tantea ese misterio para ir encontrando formas. En ese sentido la poesía es fragmentaria en el principio, y a medida que avanza el que escribe va encontrando las piezas de un artefacto, de un animal, de algo, que luego se convierte en una línea, luego en un verso. A ese proceso se lo podría denominar una arqueología del misterio, un misterio que sólo se muestra a través de los velos del pensamiento y del lenguaje. (En https://www.pagina12.com.ar/202206-la-poesia-es-eros-y-thanatos-haciendo-pogo)

enero 16, 2020

Elías Uriarte


Revelación total

"One thought fills inmensity"
 William Blake 


Hace un instante
Tuve una revelación.
Aquí en el parque,
La verteré en español.

Levantaba mis brazos hacia el Sol,
Cuando supe
De repente:
        "Soy moderno,
          Yo soy un ser moderno,
En el centro de Nueva York podrá haber un hombre tan moderno como yo,
Pero más,
Jamás,
Jamás.
En este instante este movimiento de tender los brazos hacia el cielo,
Es un gesto absolutamente moderno,
De una modernidad indudable
Y comprobada".

¡Oh dioses, cómo soportar tanta verdad!

Pensé en Roberto:
Era un ser moderno,
Pensé en María:
Era un ser moderno,
Pensé en el viejo del parque:
Era un ser moderno;
Pensé en vivos
Y en difuntos Y en no nacidos,
Y hasta pensé en los dioses tan antiguos:
Todos eran seres de una indudable modernidad.

Sentí arder mi cuerpo
Que creía muerto
                   ¿Qué?
Potencia o Dominación
Nos ha robado esta sencilla
Revelación?
                    ¿Qué dios
Ha oscurecido la modernidad
Del mundo?
Una luz moderna temblaba en lo alto de los plátanos,
Una paloma moderna picoteaba pan por el suelo,
Un vagabundo moderno secaba trapos en el fuego,
Mi cuerpo como un orgulloso estandarte ardía lleno de modernidad.

Nuevamente alcé mis brazos hacia el cielo.
Percibí que un rito fundamental se ejercía en la pequeña ciudad de Montevideo:
Mis brazos, mis dedos, eran los indicadores del Tiempo,
Mi cuerpo estaba a la vanguardia sideral.

Admiré su lenta hipérbole en el aire de la mañana:
Un fragor de mundos paralelos
Ensordecía mis oídos,
Como una constelación reciente
El Siglo
Latía entre mis manos.

Caí de rodillas.
Supe:
                Somos
La edición príncipe del Universo.


Elías UriarteELÍAS URIARTE (1945, Rocha, Uruguay)
Enlace: Antonio Miranda

enero 13, 2020

Wislawa Szymborska

Fin y principio, poesía polaca

Fin y principio     



Después de cada guerra 
alguien tiene que limpiar. 
No se van a ordenar solas las cosas, 
digo yo. 

Alguien debe echar los escombros 
a la cuneta 
para que puedan pasar 
los carros llenos de cadáveres. 

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.

WISLAWA SZYMBORSKA (1923, Kórnik / 2012, Cracovia, Polonia)
Traducción: Abel Murcia y Gerardo Beltrán
Enlaces: Zenda | Ecured | Ersilias | Trianarts

Imagen: Exploring your mind

enero 10, 2020

Jorie Graham







Esto




Luna llena, y las ramas del árbol vacío—corrección—las ramas
del árbol,
la exponen y rescatan, de repente, la dejan fluir y aumentar un poco, después
la envuelven otra vez,
tratándola como algo sin valor, ningún tesoro allí arriba se torna más
azul e incandescente,
cuando el viento agavilla las altas y extendidas ramas con in-
teligencia
en su nerviosa continuidad—de este minuto, de aquel—
Toda la luz de allí
toca estas ramas como cuerdas hasta que
puedes
escuchar la
helada ofrenda del invierno que es el viento entre los árboles que velan y
desvelan la luna, y hace
frío y
dentro de la casa alguien
manda instrucciones. Alguien cree que la muerte se puede
reparar.
Dentro hay magia, las huellas de pisadas nunca se hacen
visibles. La luna extiende su fluido en este ir y venir
humano sin dejar ahí huella. La luna
por toda la
idea de que ese “todo”
podría ser (y a nadie le importaría) un
juego. Ruido, sacerdotes, provincias, códigos postales,
se enroscan en la hierba
en torno a él. Los colectivos
toman el poder. El honor existe. El castigo justo existe. El sonido de
esclavos que no
son liberados. A los que se dice: queda otra vez pospuesto. La esperanza tal
como ahora existe en
ellos. Los que una vez vivieron cómo no están
aquí en esta
luz de luna, y cómo hay cosas en ella de las que uno se avergüenza
al instante, y también, al con-
templarla, el sentimiento de una lengua materna en la boca—y cómo, al mirar más lejos, puedes
hacer que esos árboles se apoyen, argentados, en
la idea de lo universal—apoyarse realmente—los extremos de sus ramas intentan
arañarla—
Hasta que crepita en uno: cómo podría uno engendrar, es lo que dice el
resplandor, y que no existen países
lejanos, sí los enemigos, y como si buscases el gran manto de
individualidad (luminoso) y de
inocencia y de fortuna—levanta tu mirada: el torturador bosteza esperando que termine
su día—se apoya en
los árboles para descansar, el instrumento destella, él levanta su mirada.



This




Full moon, & the empty tree’s branches─correction─the tree’s
branches,
expose and recover it, suddenly, letting it drift and rise a bit then
swathing it again,
treating it like it was stuff, no treasure up there growing more
bluish and ablaze,
as the wind trussles the wide tall limbs in-
telligently
in its nervous ceaslessness─of this minute, of that minute─
All the light there is
playing these limbs like strings until
you can
hear the
icy offering of winter which is wind in trees blocking and
revealing moon & it’s
cold &
in the house someone is
sending instructions. Someone thinks death can be
fixed.
Inside it is magic, footprints are never made
visible. The moon slicks along this human coming and
going with no prints to it. The moon
all over the
idea that this «all»
could be (and no one would mind) a
game. Noise, priests, provinces, zip codes
coil up out of the grasses
towards it. Groups
seize power. Honor exists. Just punishment exists. The sound of
servants not being
set free. Being told it is postponed again. Hope as it
exists in them
now. Those that were once living how they are not
here in this
moonlight, & how there are things one feels instantly
ashamed about in it, & also, looking at it,
the feeling of a mother tongue in the mouth─& how you can, looking away,
make those trees lean, silvered, against
the idea of the universal─really lean─their tips trying to
scratch at it─
Until it sizzles in one: how one could once give birth, that’s what the shine
says, and that distant countries
don’t exist, enemies do, and as for the great mantle of
individuality (gleaming) &
innocence & fortune─look up: the torturer yawns waiting for his day to be
done─he leans against
the trees for a rest, the implement shines, he looks up.


JORIE GRAHAM (1950, Nueva York, Estados Unidos de NA)
Traducción: Rubén Martin
Fuente: Trianarts
Enlaces: Seis poetas norteamericanas en La Tribu | The Poethic and Jorie Graham (en Inglés) | Vallejo&Company
Imagen: Mundiario

enero 09, 2020

Leonardo Fróes


Llamas de mesa



hay una gran cantidad de cerillos
–Queluz, Missões, Ypiranga–
en la confusión organizada de la mesa
en que trabajo desde hace varios años;
la luz entra por donde no sale un colibrí.
Hay pañuelos sucios, una linterna amarilla, una ampolleta y un vaso.
La cantidad de cajitas de cerillos realmente me asombra
que yo de cierto modo haya abierto todas ellas
en el movimiento de la pequeña llama de cada uno
de lo cual yo participo al prender.
En la cubierta volátil de esta mesa hay una dureza encantada
que sólo me asegura la presencia, sus presentimientos gratuitos,
el instante de tocar una cosa o de limpiarme la nariz.
Algunos gestos se hacen sin retrato aquí
pero existe en la cubierta la marca de la memoria marmórea.
Es una gran mesa-balsa y por eso
puede también perfectamente zarpar con sus pies desarmables.



Lectora



Tan ligera en su vestido estampado,
suelto y con un tirante caído,
sentada bajo un árbol
en cuya sombra el sol penetra
con finos trazos lánguidos,
la mujer leyendo, emparedada por el libro
que tiene en las manos,
no muestra ni sentir en su piel dulce
la lluvia o granizada de insectos
que la recorre, cayendo en línea recta
del árbol espacioso, y se posa
en sus hombros desnudos, en sus brazos
y en su pelo sedoso,
para adornarle el cuerpo pensativo
como joyas raras,
como broches vivos.



Chamas de mesa



há uma grande variedade de fósforos
 –Queluz, Missões, Ypiranga–
na confusão organizada da mesa
em que trabalho há vários anos;
a luz entra por onde não sai um beija-flor.
Há lenços sujos, a lanterna amarela, uma ampulheta e um copo.
A quantidade de caixinhas de fósforos realmente me espanta
de eu ser de certo modo o ter abrido elas todas
sem me notar no movimento da pequena chama de cada
do qual eu participo ao riscar.
No tampo volátil dessa mesa há uma dureza encantada
que apenas me garante a presença, seus pressentimentos gratuitos,
o instante de tocar uma coisa ou de limpar o nariz.
Alguns gestos são feitos sem retrato aqui
mas existe no tampo a marca da memória marmórea.
Ela é uma grande mesa-balsa e por isso
pode também perfeitamente zarpar com seus pés de armar.



Leitora



Tão leve no seu vestido estampado,
solto e com uma alça caída,
sentada embaixo de uma árvore
em cuja sombra o sol penetra
com finas riscas langorosas,
a mulher lendo, emparedada pelo livro
que tem nas mãos,
nem demonstra sentir na pele doce
a chuva ou saraivada de insetos
que a percorre, caindo em linha reta
da árvore espaçosa, e pousa
nos seus ombros nus, nos braços
e no cabelo sedoso,
para adornar-lhe o corpo pensativo
como joias raras,
como broches vivos.



LEONARDO FRÓES
LEONARDO FRÓES (1941, Itaperuna, Brasil)
Traducción: Celia Pedrosa
Fuente: Periódico de Poesía
Imagen: Magellanka.plus







enero 07, 2020

Michael Ondaatje: O en el pliegue que divide tu espalda

Michael Ondaatje


El pelador de canela    




Si fuera pelador de canela 
cabalgaría en tu lecho y 
dejaría el polvo de la corteza amarilla 
en tu almohada. 

Los pechos y los hombros te olerían 
y jamás podrías cruzar los mercados 
sin que la profesión de mis dedos 
te envolviera. Al tropezar contigo 
los ciegos te reconocerían 
aunque el agua de los canalones 
y del monzón te bañaran 

Aquí, en lo alto del muslo,
en este suave prado
hermano de tu pelo
o en el pliegue
que divide tu espalda. El tobillo.
Los forasteros te reconocerán
como la mujer del pelador de canela.

Antes de la boda
apenas podía mirarte
y tocarte jamás:
-¡Ah! La astuta de tu madre, tus toscos hermanos.
Hundí las manos
en azafrán, me las tizné
con humo de alquitrán,
ayudé a los recolectores de miel …

Cierta vez cuando nadábamos
te rocé en el agua
y nuestros cuerpos fueron libres,
pudiste abrazarme y embriagarte con mi olor.
ganaste la la orilla y me dijiste:

             es así como tocas a otras mujeres
a la mujer del segador, a la hija del calero.
Y buscaste en tus brazos
el perfume perdido
                             y supiste
lo que significa
ser la hija del calero
abandonada sin marca
amada sin el arrullo de la palabra
herida sin el placer de una cicatriz.

En la árida brisa
acercaste mi mano a tu vientre
y dijiste
soy la mujer del pelador de canela.
Huéleme.


The Cinnamon Peeler




If I were a cinnamon peeler
I would ride your bed
and leave the yellow bark dust
on your pillow.

Your breasts and shoulders would reek
you could never walk through markets
without the profession of my fingers
floating over you. The blind would
stumble certain of whom they approached
though you might bathe
under rain gutters, monsoon.

Here on the upper thigh
at this smooth pasture
neighbour to your hair
or the crease
that cuts your back. This ankle.
You will be known among strangers
as the cinnamon peeler's wife.

I could hardly glance at you
before marriage
never touch you
- your keen nosed mother, your rough brothers.
I buried my hands
in saffron, disguised them
over smoking tar,
helped the honey gatherers . . .

When we swam once
I touched you in water
and our bodies remained free,
you could hold me and be blind of smell.
You climbed the bank and said

                    this is how you touch other women
the grass cutter's wife, the lime burner's daughter.
And you searched your arms
for the missing perfume

                                      and knew

                  what good is it
to be the lime burner's daughter
left with no trace
as if not spoken to in the act of love
as if wounded without the pleasure of a scar.

You touched
your belly to my hands
in the dry air and said
I am the cinnamon
peeler's wife. Smell me.


MICHAEL ONDAATJE (1943, Colombo, Sri Lanka. Es ciudadano canadiense)

Michael Ondaatje (Colombo, Sri Lanka, 1943) estudió en Inglaterra y actualmente trabaja como profesor universitario en Canadá. Ha cultivado diversos géneros literarios con un estilo siempre innovador. Fascinado por el Oeste americano escribió Las obras completas de Billy el Niño (1970), una original combinación de poesía, prosa e imágenes. Entre su obra narrativa destacan novelas como En una piel de león (1987), El blues de Billy Bolden (1999) y El fantasma de Anil (2000), galardonada con el Premio Médicis. Sin embargo, la obra que le otorgó reconocimiento internacional fue El paciente inglés (1992), ganadora del Premio Booker y adaptada al cine por Anthony Minghella en 1996, una película que ganó nueve Oscar. Divisadero (2008) es su quinta novela. Su aclamada obra poética, con títulos como Los monstruos cotidianos (1967) o El hombre con siete dedos en los pies (1969), se caracteriza por la profusión de sorprendentes imágenes y metáforas. También ha escrito sus memorias, recogidas en el libro Cosas de familia (1998).
(En el 'El paciente inglés, traducción de Carlos Manzano)

enero 06, 2020

Valeria List

Poeta mexicana

Un pico extraordinario




El señor aseguró con un mecate los tubos oxidados de la batea.
Mientras subimos el cerro en la pickup, se va revelando el volcán.
La nieve se le está cayendo a trozos.
Lo derretido deja huecos en los costados y se ve moteado el contorno.

Vamos con la esperanza de tocar un último pomo de nieve.
Las puntas de los dedos se sienten como si un ave de carroña
picoteara cada una al mismo tiempo.
La conversación se va acabando porque todas quieren taparse la boca.
Hace tanto aire que las cejas empiezan a fruncirse
los cuerpos tratan de encogerse y no pueden,
la camioneta es vieja y hay que agarrarse con fuerza.
La angustia de este clima extraordinario en sus rostros
me indica que fue buena idea venir con mis amigas a este lugar.


Méraly




Leo un poema de Namdev sobre una acróbata que cruza una cuerda floja
toda su mente está en la cuerda
no le importan los reyes que la miran desde abajo
porque ella tiene su atención en un punto:
sus pies.

Mientras leo el poema de Namdev, recuerdo a Méraly
y el día que compré este libro.
Pedimos un postre para ambas
leímos mi libro de Edmond Jabès.
Recuerdo su cara agachada leyendo
el cielo de lejos es cielo
y luego levantándose con impresión:
de cerca, ya no es nada.
Le tomé una fotografía
ella le tomó una foto al poema.

Un vagabundo se sentó en nuestra mesa y nos pidió dinero
le dimos unas monedas y se enfureció
gritó y le pegó a la mesa
los hombres de al lado se levantaron y lo sacaron
yo no sabía qué hacer.
Méraly estaba asustada porque un mes antes la habían asaltado,
un hombre la golpeó con un cuchillo en el mentón.

Cuando se fue, Méraly dijo, ¿te das cuenta? nos pudo haber matado.
A mí me pareció exagerado pero
todo lo que nos pudo haber matado
está todo el tiempo
alrededor
todo lo que puede todo el tiempo
matarnos.
Sin embargo, las dos seguimos vivas.

Cuando la conocí, pensé que era muy guapa
llevaba una maleta que estaba dejando en la recepción
me cayó mal
pero no sé en qué momento,
me enamoré de ella
profundamente
no sé en qué momento
sentí la necesidad de estar con ella
todo el tiempo.

El tercer día, me dijo que era una persona espiritual.
Yo no sabía qué quería decir eso, me parecía un poco ridículo
pero ése fue el día que me di cuenta
de que yo también soy espiritual.

Cuando vivíamos juntas,
había mucho amor volcado
y al mismo tiempo mucha contención
no era sólo que ella se volcara y yo me contuviera
creo que había un poco de eso en las dos.

Cuando volvió de Nepal, la abracé con pocas fuerzas
ella traía el cabello muy largo
y yo muy corto.
Mi energía estaba drenada por un hombre que amaba.
Además pensaba que Méraly era un ser distinto
y no sabía si los seres distintos se abrazan.

Fuimos a la librería donde compré el libro de poemas de Namdev
como una especie de terapia:
si podíamos depender tanto sentimentalmente de una pareja,
¿por qué no podíamos sólo estar con una amiga que amábamos?
Era tarde, era casi noche
le regalé a Méraly un libro que ella veía de soslayo
luego se bajó del metro
y yo me quedé viendo mis pies.



VALERIA LIST (1990, Puebla, México)
Fuente: Periódico de Poesía
Enlaces: Nexos

enero 05, 2020

Kim Stafford


Árboles al viento




Hasta el tupido abeto nos enseña:
se puede tener raíces y fuerza, e igual ser flexible.
Hay quienes llaman danza a esta fortaleza.

Y el viento tiene un lugar lejano donde ir, es
pura volición, antojo, e igual abraza
al planeta en un lazo que sustenta la vida.

Hay quienes llaman felicidad a este sentimiento
instantáneo que corre por el hueso, sobre el tendón
en el sentido de la suerte: lo que nos pasa.

Así todos somos camaleones, caprichosos
por fuera, pero sólidos por dentro, donde,
irremediablemente, somos quienes somos.

Cuando era joven, una chica danesa me preguntó
qué quería decir la vieja canción: There are changes
in the ocean and changes m the sea,

there are changes in my true lore,
but no changes in me.


Trees in the Wind




Even the sturdy spruce is teaching:
you are rooted and strong, yet you give.
Some call it dancing, this strength.

And the wind has a far place to be, is
pure volition, whimsical, yet it hugs
the planet in a life-sustaining grip.

Some call it happiness, this shimmer
of feeling that runs over bone, along tendon
in the sense of hap: what happens to us.

So we are all chameleon, capricious
outside, but sturdy inside, where,
helplessly, we are who we are.

When I was young, a Danish girl asked me
what the old song means: There are changes
in the ocean, and changes in the sea

there are changes in my true love,
but no changes in me.






KIM STAFFORD
(1949, Portland, Oregon, Estados Unidos de NA)
Traducción: Bárbara Belloc
Enlaces: World Literature Today
Imagen: City of Milwaukie

enero 03, 2020

Sergio Raimondi: Sobre la mesa de la cocina de la casa frente a la Usina


Lo que dejó de ser con la resolucióndel Servicio Nacional de Sanidad Animal (SENASA) del 4 de abril de 1997 concerniente a la prohibición de realizar el pelado de camarones en domicilios particulares




Sobre la mesa de la cocina de la casa frente a la Usina:
una fuente grande con cientos de camarones, un bol
naranja donde va cayendo la carne limpia, un plato
playo donde van cayendo la caparazón y las antenas,
un plato sopero de loza blanca con agua casi blanca
donde el pelador se lava los dedos para recibir
el mate que le ofrece su mujer. Dejó el cajón el camión
a eso de las nueve, y volverá el perro a sentir el motor
a eso de las cinco de la tarde. Pero acá creen
que van a tener lista toda la pila para las dos,
así se come, tranquilamente y con la radio,
una hervida de verduras. Nada demasiado suculento,
ya que el estómago lleva cuenta de la irregular
picada durante la labor. Y después la siesta
para Pedro Quinter, quien verá al despertarse
desde el patio, entre llantas usadas, latas, redes,
maderas, alambres, lavarropas y pedazos
de la carrocería de algún auto, cuando levante
la vista de los picos afanosos de las gallinas
que se abalanzan sobre el cereal que deja caer
como un dios de la abundancia al abrir su mano,
a Norma Barassi que vuelve de la cocina
del Comedor de Jubilados del Barrio Saladero.


Al príncipe




La Escuela Lírica de Angel Labruna postuló,
contra la lógica de los titulares de prensa,
que el gol, si resultado de una jugada exquisita,
más valía que la anotación casual.
El llevó la proposición a un grado hoy difícil
de soportar, al caminar por el césped
como si deambulara por un jardín, envuelto
su pensamiento en proyectos mejores
que un triunfo en el torneo local,
si bien el rumor de la plebe insistió en sacarlo
de esa distancia propia de un soberano
que su porte ponía en evidencia ante rivales
y cámaras, y devolverlo a la gloria y figura
de un Príncipe popular que condesciende
en dar esa alegría que desde la tribuna se exige
con furia exasperada como si se tratara de pan.



Sergio RaimondiOtros poemas de SERGIO RAIMONDI, aquí
Enlaces: Rotaciones
Imagen: Apóstrofe

Sergio Raimondi nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1968. Poeta, ensayista y docente. Formó parte del grupo Poetas Mateístas. Publicó Poesía civil (Vox, 2001; 17grises, 2010), editado también en Berlín, Alemania, 2005 y en Cáceres, España, 2012. Su obra ha sido publicada en numerosas antologías nacionales e internacionales. En 2007 recibió la beca Guggenheim por su proyecto Para un diccionario crítico de la lengua, del que se publicó un adelanto en Alemania (Berenberg, 2012). Ha realizado traducciones de Catulo (Catulito, Vox, 1999) y de fragmentos de Paterson de W.C. Williams (1998).
Como ensayista, ha escrito sobre las relaciones entre poesía, política y economía en relación a Sarmiento, Alberdi, Martínez Estrada, Urondo y Lamborghini entre otros. Desde 2002 es profesor de Literatura Contemporánea en la Universidad Nacional del Sur, donde actualmente dicta un seminario sobre las lecturas de Pound en América Latina. Entre 2003 y 2011 fue director del Museo del Puerto de Ingeniero White, una institución pública y comunitaria basada en un archivo de miles de relatos orales de los trabajadores de esa localidad. En 2011 fue nombrado secretario de cultura de Bahía Blanca, cargo que ocupó hasta 2014.

enero 01, 2020

Jim Harrison


Vida




La vida ya no se me da tan bien
A veces despierto y no la reconozco.
Casas, coches, muebles, libros se vuelven borrosos
mientras que árboles, pájaros y caballos son bellos
y claros. También entiendo la música
de una variedad antigua: anterior al siglo diecinueve.
¿Dónde he estado?
Contando flores desde la ventanilla del tren
entre Sevilla y Granada, también toros y olivos.
No he podido dormir en la habitación de Lorca porque estaba embrujada.
Hasta el vino que llevé estaba embrujado.
España nunca se ha recuperado de este asesinato.
Sus noches están llenas de los rojos dientes de la muerte.
Fueron muchos los que se unieron a él. No puedes contar,
arriba y abajo, pájaros y flores al mismo tiempo.



Life



I’m not so good at life anymore.
Sometimes I wake up and don’t recognize it.
Houses, cars, furniture, books are a blur
while trees, birds, and horses are fine
and clear. I also understand music
of an ancient variety—pre-ninteenth century.
Where have I been?
Recounting flowers from the train window
between Seville and Granada, also bulls and olive trees.
I couldn’t sleep in Lorca’s room because it was haunted.
Even the wine I carried was haunted.
Spain has never recovered from this murder.
Her nights are full of the red teeth of death.
There were many who joined him. You can’t count,
up and down, birds and flowers at the same time.




JIM HARRISON
JIM HARRISON (1937, Michigan / 2016, Arizona, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jonio González
Imagen en David Masciotra