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Ezra Pound: Oh, tú, recién llegado, que buscas a Roma en Roma

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L’Albatre Esta dama en su blanca bata de baño que ella llama un peignoir es, por el momento, la amante de mi amigo, y las blancas patas delicadas de su blanco perrito no son más delicadas de lo que es ella, y ni el mismo Gautier hubiera desdeñado sus contrastes en blancura cuando está sentada en un sillón entre dos velas indolentes. Roma -del francés, de Joachim du Bellay “Troica Roma resurges” —Propercio Oh, tú, recién llegado, que buscas a Roma en Roma y no hallas ninguna cosa en Roma que puedas llamar romana. Los arcos envejecieron y se han vuelto vulgares los palacios; sólo el nombre de Roma guardan estos muros. Mirad cuánta soberbia y cuánta ruina puede acontecer: una que tuvo al mundo sometido, que todo conquistó, ahora conquistada; porque Ella es presa del Tiempo y el Tiempo todo lo consume. Roma que eres sólo un monumento póstumo de Roma, Roma que sólo has conquistado la villa de Roma, el Tíber solamente, de paso en camino al mar, restos de Roma. ¡Oh tú, mundo, mimo inconstante...

Ezra Pound

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Ezra Pound por Horst Tappe ƒ de Carlos Barbarito Poemas de Ezra Pound,  aquí

Los poetas y el trabajo: Ezra Pound

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La isla en el lago      Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrono de los ladrones,  dadme a su tiempo -os ruego- una pequeña tabaquería  con las cajitas relucientes                        apiladas con esmero en los estantes  y el cavendish suelto y aromático                        y el fuerte shag,  y el rubio Virginia                         en hebras bajo el vidrio reluciente                         de los mostradores,  y una balanza no muy engrasada, y las putas que entran a cambiar una o dos palabras al pasar, a soltar un insulto, y arreglarse un poco el pelo. Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrono de los ladrones, prestadme una tabaquería                 ...

Ezra Pound

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Portrait d'une femme Tu espíritu y tú son nuestro Mar de los Sargazos; en estos veinte años, Londres ha dragado en ti y barcos relucientes te dejaron esto en pago: ideas, rumores, retazos de todo, raras bellezas de saber y opacas mercancías de valor. Grandes intelectos te han solicitado, a falta de otra. Fuiste segunda siempre. ¿Trágico? No. Lo preferías a lo usual: un esposo insulso y aburrido, demasiado tolerante, un espíritu mediocre, con un pensamiento menos cada año. Ah, eres paciente... Te he visto sentada largas horas esperando donde algo podría reflotar. Y ahora pagas tú. Sí, ahora recompensas. Eres alguien de cierto interés; uno llega a ti y se lleva una ganancia singular: trofeos rescatados, alguna curiosa sugerencia, un hecho que no conduce a nada, y uno o dos relatos llenos de mandrágoras o de alguna otra cosa que podría ser de utilidad, pero nunca lo es, ni encaja en un lugar, ni halla su hora en el telar de los días: el deslucido, fastuoso, admirable bordado. Ídolos y...