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Mostrando las entradas de agosto, 2019

Eduardo E. Vardé: El idioma abisal

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l a ola entrena el modo más violento de recuperar para sus ancestros la tierra. en la memoria del pez queda la flor. en la piel del agua, los cadáveres de la lluvia l a madrugada engendra el monstruo de los mil idiomas y lo mece en la cuna vacía de mis pies. la reverberación de un arrullo que no canta no nos deja dormir. m ientras la luminaria pública apretaba la humedad como si fueran los ojos de un monstruo que nos vigila y exhala aire condensado hasta hacer llorar a los eucaliptos sobre el techo del auto donde nos enhebramos, una araña tejía del cielo al suelo un nuevo árbol donde otros se irían a refugiar. n o podrías ser el sonido del impacto contra el vidrio, la mariposa que dibujó la rajadura, la entidad que arrastra ni el polvo que prosigue al arrastre. sin embargo, hay madrugadas en las que necesito tenerte cerca como un amuleto al que tampoco le voy a rezar h ay algo en esa foto que perdura más allá del fuego: dos pájaros sobre el tendido telefónico picotean el plástico como ...

Mercedes Cebrián: La idea de libertad se encuentra bajo el forro del abrigo.

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Pijama Desde que vivo aquí no distingo el pijama de la ropa de calle: franela y estampado de cuadros escoceses ya no quieren decir lo que aprendí en El Corte Inglés. Y es que todo es posible donde nadie te mira: la idea de libertad se encuentra bajo el forro del abrigo. El control de pasaportes lo toman muy en serio; sin embargo en la ropa suprimieron los puestos fronterizos. La actividad les asigna su nombre: pantalón de deporte, prenda para dormir o para andar por casa. El guardián del dormir es la ropa muy floja, la que perdió los bordes hace tiempo. Así es como vestimos para el sueño que nos libera a todos de nuestros respectivos soliloquios. El exceso de comodidad no tiene vuelta atrás: si se rompe el elástico se caen los pantalones sin remedio. (Y qué si se cayeran: estamos preparados para cualquier catástrofe) Pese a que vivo sola llamo a la puerta del baño antes de entrar, por ver si está ocupado. Allí es donde residen los pantalones de cuadros escoceses; allí es donde se encar...

Carol Ann Johnston: "El increíble tratado evangelista de los murciélagos"

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Un hombre con cara de pastel en mi hilera me ofrece un panfleto durante un vuelo que atraviesa el país: La antigua ley señala que los murciélagos no son limpios, que no son aptos para el consumo, que están prohibidos para los israelitas. Pero no nos equivoquemos: Dios ama a todos sus animales. A Dios le preocupaba la dieta de Su pueblo, y el ambiente en el que ellos vivían. Los murciélagos son vitales para el delicado equilibrio de la naturaleza. Dios se interesa por toda Su Creación. Al hombre le fue dado dominio sobre la Tierra y habrá de actuar con responsabilidad. Conozco bien los tratados evangelistas y sus optimistas incongruencias. Alguna vez, como toda jovencita seria de doce años nacida en una familia de Bautistas del Sur prediqué la voz de ¡arrepiéntete! de puerta en puerta. No he salvado a nadie, que yo sepa; tampoco sé si habré mandado al infierno a alguien. Pero en un intento de ser perdonada, hasta cierto punto por parte de los Bendecidos, me confieso ante mi compañero d...

Jeymer Gamboa: "Los pequeños globos aerostáticos de fabricación casera..."

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Los pequeños globos aerostáticos Los pequeños globos aerostáticos de fabricación casera, que la gente pone a volar los 31 de diciembre, desde azoteas y balcones, como una expedición de carabelas que surcan el cielo iluminado por los fuegos artificiales. Se parecen a los poemas que me gustan. Tienen una estructura precaria y celebran el fin de un ciclo. Una combinación de factores aleatorios, el viento, la combustión, la altura y los obstáculos, definen su trayectoria y qué tan lejos pueden llegar. Desaparecen esa misma noche, enredados en las ramas de un ginkgo o dando tumbos por el Camino del Ministro Inglés, pero lo que importa es la impresión que dejan, los comentarios de la gente cuando los señala. Es dramático ver cómo se incendian. Otros poemas de JEYMER GAMBOA ,  aquí laces: https://www.jeymergamboa.com.ar/ https://transtierrosblog.wordpress.com/2017/11/28/3-poemas-jeymer-gamboa/ Imagen: Editorial Municipal de Rosario

Diego Muzzio: Pensaba en mi padre

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Otitis      Cuando me perforaron los tímpanos  a causa de una otitis crónica  viví durante un tiempo debajo del mar;  un submarinista extraviado  de regreso al cielo.  La gente me hablaba y yo no respondía.  Las montañas parecían más azules.  Al salir del trabajo paraba el auto al borde de la ruta y fumaba mirando las nubes. No escuchaba el tráfico ni los tractores horadando los campos. Los árboles eran más verdes. Pensaba en mi padre. Nunca nadie había pensado en él en aquel lugar tan lejos de su tumba. Después volvía al auto, lo ponía en marcha y regresaba al camino. En el asiento trasero mi padre hablaba durante todo el trayecto de vuelta, pero yo no podía escucharlo. Mis oídos estaban llenos de su muerte. Otros poemas de DIEGO MUZZIO ,  aquí Enlaces:  Babab Imagen en El paranoico esplendor

Jorge Enrique Adoum

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Resumen de la infancia      Ante todo, es preciso ordenar la infancia  como un país disperso, hallar las fechas  de su límite: la dulce iniciación  en la desobediencia, la cerradura  que por necesidad puse a mi alcoba  o la primera mujer que se guardó la noche  entre sus telas estériles, sus párpados.  Y descubrí de pronto que nadie compartía  mis costumbres: la muerte había entrado antiguamente al patio, a la bodega, y yo crecía sobre un osario familiar. No sé por qué, porque sí, por pura gana, cambié las órdenes para la cena, el sitio de los adornos, el precio de las plumas; odié el muro que cercaba la viña y el camino de orina a los establos. Y ya no pude vivir más, no podía establecer mi edad, mi oficio, destruir la seguridad de cada día o levantar los párpados hacia la luz de afuera: un hombre pasaba sin llorar bajo la lluvia, las aldeanas completaban su cuerpo entre la hierba, pero debía conservar la herencia intacta, conocer ...

Martín López-Vega

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Caffè Gotico (Via della Stelletta) Soy un animal propenso a la elegía. Debe existir alguna taxonomía que me clasifique. He aquí el mantra silencioso del Pantheon desde hace siglos, he aquí las palmeras felices del Gianicolo, he aquí el oro del otoño romano. Tengo en el cuerpo aún la mirada de la mujer de ayer en el Caffè Gotico como una invitación a intercambiar las generalidades animales. El tiempo es una cuchilla y rasga el aire del día, trae otra ciudad: tú y yo en el mismo lugar. La elegía comienza. Veníamos de la Via dei Portoghesi, el corazón abierto sin anestesia. Tantas cosas han cambiado desde entonces. Se congeló el agua en las fuentes, se descongeló y volvió a manar, sucia. Ahora tengo todo cuanto deseo. Pero también algo que no quiero y me persigue: me tengo a mí, todo cuanto ya no tengo. Sólo soy el que ya nunca seré. Otra rosa Lleva días sobre la mesa. Una amiga me la regaló sin ningún motivo, como llega y marcha la felicidad, sin ninguna intención que pudiera hacerla sí...

Rita Dove

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Canario (para Michael S. Harper) La voz quemada de Billie Holiday poseía sombras tantas como luces, un candelabro afligido contra un piano brillante, y la gardenia era su firma bajo esa cara arruinada. (Ahora estás improvisando, tamborilero a bajista, cuchara mágica, aguja mágica. Toma todo el día, si te necesita – con tu espejo y tu pulsera de canto.) El hecho es que el invento de la mujer sitiada ha sido por el bien de afilar el amor en servicio de mito. Si no puedes ser libre, sé un misterio. El grillo primaveral considera el asunto de la Negritud Solita, yo tocaba mis tonadas; no conocí a ningún otro que podía acompañarme. Claro, fueron tristes las canciones –– pero agradable también, y no vendrían hasta que el día se agotó. Sabes, ¿no?, la manera que tiene el cielo de colgar sus últimas volutas radiantes? Eso era cuando el dolor brotaba dentro de mí hasta que no pude esperar; me arrodillé para rasparme limpia y no me importó quien escuchara. Pues los gritos y las chiflas, vinieron...

Robert Nye

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De una selección recientemente editada en España, encontré en la red dos poemas de Robert Nye difundidos por entusiastas usuarios de las cadenas sociales. Gracias: conocí y leí, aunque mínimamente, a Robert Nye. Dos poemas, del primero sólo la traducción, no se reveló una imagen del  texto en inglés. Con el otro poema, 'Casi un danzante', tengo una observación. El término dominante es 'danzar'. Prefiero 'bailar'. Aquel insinúa un rito, bailar evoca lo festivo. Jugadores Dos apuestas hizo mi padre el día en que murió. Encontramos el resguardo doblado en su cartera. Ambos caballos perdieron. Esa es mi herencia. No es por nada, no, excepto este absurdo resquemor De querer dejar sin blanca a la jodida casa de apuestas Tan solo una vez antes de morir. Solo una, por favor, Dios. No es por el dinero, aunque estaría bien, Es en venganza de tantos años de pronósticos adversos. Casi un danzante Una vez, en una colina en Gales, un día de verano  casi dancé al creer descubr...

Katerina Anghelaki-Rooke: Te olvido con pasión

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Dice Penélope     And your absence teaches me what art could not              DANIEL WEISSBORT   No tejía, no hilaba,  un escrito comenzaba y borraba  bajo el peso de la palabra  porque obstaculiza la perfecta expresión  cuando al interior el dolor le apremia.  Y pese a que la ausencia es el tema de mi vida  —ausencia de vida— en el papel aparecen los llantos y el dolor natural del cuerpo que se endurece. Borro, rasgo, ahogo los gritos vivos «dónde estás, venga, te espero esta primavera no es como las otras» y recomienzo de mañana con nuevas aves y níveas sábanas que se secan al sol. Nunca estarás aquí para regar las flores con la manguera para que goteen las vetustas techumbres cargadas de lluvia y para que se diluya mi personalidad en la tuya tranquila, otoñalmente… Tu electo corazón —electo porque lo escogí— siempre estará en otra parte y yo con palabras cortaré las hebras que me atan al hombre ...