Mateo Morrison
1 Nunca he dicho que no temo a la muerte. Lo que sí puedo asegurar Es que como soy distraído No advierto con frecuencia su cercanía. Solo percibo después Lo próximo que ha estado. Miles de voces rondando mi existencia Y yo ahí mirando a las muchachas, Ahíto de naranjas, O esperando por la llegada de algún poema Con bolígrafo y papel a mano. Ha sido en paz También en guerra He salido ileso tras sentir una bala rozando mi esqueleto De un fuego que azotó un tercio de mis ropas O de un avión que se incendia En la ciega neblina. No llegó el poema Las muchachas miraron hacia otro lado El avión hizo un aterrizaje perfecto 3 La daga que construyes para herirme. El cuchillo imantado que lanzas a mi pecho. La tea con que incendias mis pisadas. La herida en mí descuidado rostro. Las abejas que entrenas para emponzoñar mi espíritu. Las aguas infectadas del jardín que cultivas para ensañarte en mi cuerpo derribado. El pistoletazo que buscaste e...