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diciembre 31, 2024

Mateo Morrison


1     


Nunca he dicho que no temo a la muerte. 
Lo que sí puedo asegurar 
Es que como soy distraído 
No advierto con frecuencia su cercanía. 
Solo percibo después 
Lo próximo que ha estado. 
Miles de voces rondando mi existencia
Y yo ahí mirando a las muchachas,
Ahíto de naranjas,
O esperando por la llegada de algún poema
Con bolígrafo y papel a mano.
Ha sido en paz
También en guerra
He salido ileso tras sentir una bala rozando mi esqueleto
De un fuego que azotó un tercio de mis ropas
O de un avión que se incendia
En la ciega neblina.
No llegó el poema
Las muchachas miraron hacia otro lado
El avión hizo un aterrizaje perfecto



3




La daga que construyes para herirme. El cuchillo imantado
que lanzas a mi pecho.
La tea con que incendias mis pisadas. La herida en mí
descuidado rostro.
Las abejas que entrenas para emponzoñar mi espíritu.
Las aguas infectadas del jardín que cultivas para ensañarte
en mi cuerpo derribado.
El pistoletazo que buscaste en el poema de Maiakosky
para penetrar en mi sien.
Los restos de cicuta que indagas en la historia para que
su esencia destruya mis entrañas.
Las investigaciones que avanzas para aprender y aplicarme
las torturas más sublimes de la postmodernidad.
La cámara de gas que fuiste a conocer para estudiar
la posibilidad de mi holocausto particular.
La mirada que exhibes cada mañana forzando
a refugiarme en la quietud.
¿No son suficientes para detener tus asedios a mi sombra?



4




He aquí donde están colocadas las criaturas
que van a ser estatuas.
Entes tallados sin sudores
y sin nada que circule por sus venas.
Ya están listas lejos de las ciudades donde deambulan
tantos seres anónimos que nunca serán esfinges.
Trasladen ya a los seleccionados para la gloria
y déjennos con nuestra intrascendencia,
dispuestos a morir como llegamos,
emitiendo un pequeño grito.
Arropándonos con la sábana del olvido.



MATEO MORRISON FORTUNATO (1946, Santo Domingo, República Dominicana)
Fuente: Revista La Otra
Enlaces: Sitio oficial | Poesía dominicana | Festival de poesía de Medellín

diciembre 26, 2024

Juan Secaira Velástegu

Una persona    


 

Las imágenes 
de la resonancia magnética 
traen la novedad de la estridencia, 
la deformada suerte que no da aliento ni promueve 
el discurso de la valentía. 
 
La vida no debe enfocarse en la tristeza de aguantar. 
 
La orilla también puede ser el final de una densa
aventura entre los trópicos.

El cansancio saca los brazos,
en los múltiples
sentidos de la combinación de palabras.

Deslices en medio del agua
que ya no viene del mar,
ya no es el mar,
se ajusta a unas cuantas gotas en la cicatriz.

Catarata o bilis.

Un punto en la mirilla,
sobre
la ruta
inmaculada.



Riel




Último asiento del tren sin música
voces ofreciendo trizas
soñar frecuentemente con el número dieciocho
vasos en hielo
 reflejos de polvorientas lámparas
 en la niñez
 sentado en una esquina por norio
 por confiado
 por sano
 por anhelar un instante de felicidad
 después de caer veinte años y más
 en aquel rincón
 hoy desear lo mismo
 por razones contrarias
 inocente o sabido
 el final es semejante
 soñar con un amor
 que corta un rastro
 trenes viajando
 la malsana
 marcha a contraluz.


Fotografía en blanco y negro del poeta Juan Secaira V. apoyado contra una pared al lado de un cartel
JUAN SECAIRA VELÁSTEGU 
(1971, Quito, Ecuador)
Fuente: Casa Bukowski | Madame Ho
Enlaces: Letralia | Revista Matapalo
Imagen en La palabra abierta

diciembre 24, 2024

Stanislaw Baranczak: A otra calle o mundo


Si porcelana sólo de la clase    




Si porcelana, sólo de la clase 
que no vas a extrañar si la pisa el zapato 
del de la mudanza o la rueda de un tanque; 
si una silla, que no sea una que te agrade mucho, 
para no arrepentirse de levantarse e irse; 
si ropa, no más de la que se puede meter en la valija, 
si libros, los que pueden retenerse en la memoria,
si planes, aquellos que se puedan pasar por alto
cuando llegue el tiempo de otra vez trasladarse
a otra calle, continente, período histórico
o mundo:
¿quién te dijo que te es permitido afincarte?
¿quién te dijo que esto o aquello va a durar para siempre?
¿nadie te dijo que nunca, en el mundo,
vas a sentirte en tu casa?



If porcelain, then only the kind




you won’t miss under the shoe of a mover or the tread of a tank;
if a chair, then not too comfortable, lest
there be regret in getting up and leaving;
if clothing, then just so much as can fit in a suitcase,
if books, then those which can be carried in the memory,
if plans, then those which can be overlooked
when the time comes for the next move
to another street, continent, historical period
or world:
who told you that you were permitted to settle in?
who told you that this or that would last forever?
did no one ever tell you that you will never
in the world
feel at home in the world?


Se lo ve al poeta polaco en una fotografía en blanco negro con un abrigo negro y corbata con reyes en diagonal. En el fondo se percibe una calle con la típica casa de los países eslavos
STANISLAW BARANCZAK,
otros poemas
Traducción: Adam Gai
(Translated from the Polish by Frank Kujawinski) 
Imagen en culture.pl

diciembre 20, 2024

Jacques Reda

El poeta Jacques Reda se muestra con un pullover azul. Su mirada irradia sosiego. En la pared del fondo hay estantes con libros y cuadros

Personajes en el suburbio    



Ustedes nunca terminan de agregar más cosas, 
cajas, casas, palabras. 
Sin ruido el amontonamiento aumenta en el centro de la vida 
y los empuja a la periferia, 
a los basureros, las autopistas, las ortigas; 
ustedes sólo existen como restos o humo. 
Sin embargo, caminan, 
dando la mano a sus hijos alucinados 
bajo el cielo vasto, y no avanzan;
se estancan para siempre frente al muro de la extensión
donde las cajas, las palabras rotas, las casas se les reúnen,
los empujan un poco más lejos en esa luz
a la que cada vez le cuesta más soñarlos.
Antes de desaparecer,
ustedes se dan vuelta para sonreirle a su mujer rezagada
pero ella también está atrapada en un remolino de soledad,
y sus rasgos borrosos son los de una vieja foto.
Ella no responde, pesada y desconsolada con el peso del día sobre sus párpados,
con ese peso vivo que se mueve en su carne y que la incomoda,
y el último billete del mes plegado en su blusa.



Personnages dans la banlieue




Vous n'en finissez pas d'ajouter encore des choses,
des boîtes, des maisons, des mots
Sans bruit l'encombrement s'accroît au centre de la vie
et vous êtes poussés vers la périphérie
vers les dépotoirs, les autoroutes, les orties:
vous n'existez plus qu'à l'état de débris ou de fumée
Cependant vous marchez
donnant la main à vos enfants hallucinés
sous le ciel vaste, et vous n'avancez pas vous piétinez sans fin devant le mur de l'étendue
où les boîtes, les mots cassés, les maisons vous rejoignent
vous repoussent un peu plus loin dans cette lumière
qui a de plus en plus de peine à vous rêver
Avant de disparaître
 vous vous retournez pour sourire à votre femme attardée
mais elle est prise aussi dans un remous de solitude,
et ses traits flous sont ceux d'une vieille photographie.
Elle ne répond pas, lourde et navrante avec le poids du jour sur ses paupières,
avec ce poids vivant qui bouge dans sa chair et qui l'encombre
et le dernier billet du mois plié dans son corsage.



JACQUES REDA (1929, Lunéville / 2024, Paris, Francia)
Traducción: Jorge Fondebrider
Enlaces: Asamblea de palabras | Otra iglesia es imposible
Imagen en metahodos.fr

diciembre 19, 2024

Dirceu Villa

El poeta el cabello rizado y lleva puesta una chaqueta negra y una corbata amarilla con rayas diagonales. En el fondo, se puede ver una pared blanca y parte de un equipo de iluminación.

El cuchillo    


Son huesos. Y a veces, la grasa amarilla en los huesos; 
y a veces, la sangre bermeja en las uñas. 
Son chanchos, o son las cabezas de los chanchos, 
cuelgan en un gancho las cabezas, 
o la cara de estúpida muerte de los chanchos 
en el vidrio empañado de la carnicería.
O el blanco, pero blanco embebido de rosa,
la sangre en el sueño de tripas,
sueña el carnicero: que empuña un cuchillo.
Y el delantal blanco que se baña
o que bebe la sangre que salta de los nervios
en un abrazo con huesos, donde vibra el cuchillo,
y cómo brilla el cuchillo que corta:
es esa la virtud del acero en el puño, que sube,
o la amenaza en la rueda vacía que lo atrapa
en el espacio de la carnicería, visible a los ojos,
anuncio del corte. O espeta su filo en una piedra,
y el único ojo vacío se concentra, a espera de carne.
Son cortes en la piedra golpeada de sangre,
o hendiduras, desde donde la muerte lo acecha,
carnicero en el sueño bermejo, acariciando
el filo afilado, la sonrisa sutil del cuchillo,
que corta. Y entonces el cuchillo es otra cosa:
ni chanchos, ni nervios, ni huesos,
ni siquiera el carnicero que lo sueña,
sino una parte extensiva del brazo que lo vibra
y una parte indeleble de lo que él mutila,
el hilo afilado, la sonrisa sutil del cuchillo, que corta


O cutelo




São ossos. E às vezes, a banha amarela nos ossos;
e às vezes, o sangue vermelho nas unhas.
São porcos, ou são as cabeças dos porcos,
penduram num gancho as cabeças,
ou a cara de estúpida morte dos porcos
no vidro embaçado do açougue.
Ou o branco, mas branco embebido de rosa,
o sangue no sonho de tripas,
sonha o açougueiro: que empunha um cutelo.
E o branco avental que se banha
ou que bebe, o sangue que salta dos nervos
num abraço com ossos, onde vibra o cutelo,
e como brilha o cutelo que corta:
é essa a virtude do aço no punho, que sobe,
ou a ameaça na roda vazia que o prende
no espaço do açougue, visível aos olhos,
anúncio de corte. Ou espeta seu fio numa pedra,
e o único olho vazio se concentra, à espera da carne.
São cortes na pedra lanhada de sangue,
ou fendas, de onde a morte o espreita,
açougueiro no sonho vermelho, acariciando
o fio afiado, o sorriso sutil do cutelo,
que corta. E então o cutelo é outra coisa:
nem porcos, nem nervos, nem ossos,
nem mesmo o açougueiro que o sonha,
mas parte extensiva do braço que o vibra,
e parte indelével do que ele mutila,
o fio afiado, o sorriso sutil do cutelo, que corta.



DIRCEU VILLA (1975, San Pablo, Brasil)
Traducción: Alfredo Fressia
Fuente: Lyrikline
Enlaces: Letras en línea
Imagen en Germina

diciembre 13, 2024

Alicia Genovese: Lo deseable espera siempre en otro lugar

La imagen muestra a una persona de pie frente a una pared de color claro con textura rugosa. Alicia Genovese lleva una camiseta clara y una chaqueta oscura. En primer plano, hay flores amarillas desenfocadas que añaden un toque de color a la imagen.


Caídas (Hacer del tropiezo inicio)    




El equilibrio se pierde fácilmente, 
sucede y queda al descubierto 
la fragilidad. 
Quién podría cada vez que se para 
o camina, cada vez que trepa 
un escalón pensar que es peligroso. 
El acto automatizado 
lo olvida. 
Un trastabilleo en una 
baldosa quebrada, 
un golpe en las costillas
punzó el diafragma
y semanas en las que no logré dormir
más que boca arriba
como los asfixiados.
Una escalera
mal apoyada sobre un techo
me hizo volar por el aire
hasta el desplome sobre un pie, hasta
renguear con un esguince
adentro de una bota.
Más alerta hay que estar,
se repite en esas circunstancias
aunque se sabe que el equilibrio
se desarma de pronto,
que lo deseable descoloca, espera
siempre en otro lugar.
Andar sostenidamente erguida
esa práctica de gimnastas, 
desvirtúa los traslados
desvirtúa las caminatas sin objetivos
cuando la historia vivida se vuelve más dócil
y los huecos que quedaron sin vivir
no ceden
al suspiro de la impotencia.
Aun torpe, aun desajustada,
prefiero seguir
como quien reconoce la propia
falible condición, seguir
sin entender del todo
el eje centrado, ni el bello giro
mecánico de las maquinarias.
Otro eje intuyo en el perpetuo
corrimiento del asombro:
el gajo roto que igual prendió
en otra maceta,
las hojas de las cañas que me avisan
con su movimiento el comienzo
de la lluvia.
A cada entrar
como quien tropieza
por primera vez con el color
de cada cosa, la luz,
entrar como quien se abre
en un abrazo, 
esa caída.



Simetrías (La copia de il Parmigianino)


Yo aquí tan solo veo el caos
de tu espejo redondo que todo lo organiza
                                 John Ashbery



La figura del Parmigianino
se deforma en su autorretrato
mientras posa y se mira
en un espejo convexo.
La mano enorme en primer plano
sostiene la carbonilla
y dibuja aquello que ve de sí:
la muñeca, los dedos
curvados hacia adentro
en una búsqueda
que ensancha lo real.
Su copia, un reflejo
que la esfera desproporciona.
Para Ashbery el caos
de ese espejo crea un orden,
una lógica sin previa ataduras.
Entre ventanas de aristas curvas
il Parmigianino desconcierta
las reglas renacentistas de la perspectiva,
cuestiona una geometría plana.
Conecta el corazón
con un afuera captado
en su carencia de rectitud.
El cuello demasiado alargado
de esa virgen en un cuadro,
el exceso de color en los pómulos
de aquella modelo retratada
y aquí la desmesura
de la propia mano cuando pinta.
La mirada atraída por el detalle
se descoloca,
calza cristales convexos;
estira rasgos, acrecienta
colores y formas.
Una intimidad emerge
con la lente de un océano
una óptica de esfera celeste.
Las líneas fluctúan
sobre las cosas,
la comba del espejo
agranda cuerpos,
de tan próximos,
los vuelve inasibles.
La cercanía, un desorden,
si el corazón enfoca.



De:  "La invención del equilibrio", Fondo de Cultura Económica, 2024

Otros poemas de ALICIA GENOVESE, aquí

Hace señas en este libro una procesión de ideas del equilibrio. Pero esa serie está más bien amenazada: cada poema describe los ladeos, las oscilaciones que se ciernen sobre puntos de equilibrio. No se puede definir el equilibrio sino por sus bordes, y así la primera sección se titula “Lo inestable”, y comienza con una sucesión de “caídas”. De igual modo, tal como el equilibrio es algo que se pierde o que se puede perder en diversas circunstancias, también el fraseo del poema, que procura desplegar su idea, se puede torcer, inclinarse. Es importante entonces la función de unas pértigas hechas de palabras, las asociaciones que traen a la poeta de vuelta a su desarrollo, a su despliegue de versos. El poema, en su equilibrio ideal, podría empezar con un tropiezo, o un recuerdo, o un amor duradero, o con diversas simetrías proporcionadas por el arte, sus blancos, sus improvisaciones, sus excesos, pero enseguida se corre de su eje, algo lo desvía, lo hace vibrar, aun cuando al final retome su idea. De allí que un tono epigramático, sentencioso, se ponga de nuevo en pie en los últimos versos de algunas escenas donde el equilibrio resulta puesto en juego por Alicia Genovese: algo que podría llamarse conceptual pero que es tan ambivalente, tan cercano al riesgo de todo equilibrio, que prefiero decirle “reflexivo”. “Existe el equilibrio y no existe”, dice entonces un verso final. Sin embargo, lo que se refleja en la cuidadosa atención de las palabras hacia las cosas, en otra sección que se titula “Simetrías”, puede ser la desmesura, el aparente desequilibrio de imágenes deformadas por espejos curvos, o de notas improvisadas en variaciones musicales que se separan mucho de su base inicial. De tal manera, la búsqueda del equilibrio se apoya en la repetición, en verbos sin conjugar que aparecen en su misteriosa impersonalidad, pero solo para alejarse de lo previsible, para alcanzar un estado sentimental que tiñe de colores insólitos la idea o la escena o el tema del poema. En una conversación mental, reflexión al fin, con el Parmigianino y su autorretrato y el famoso poema de Ashbery que lo hiciera famoso, Genovese observa que todo efecto óptico es un afecto, y saca su conclusión o su deriva: “Las líneas fluctúan/ sobre las cosas,/ la comba del espejo/ agranda cuerpos,/ de tan próximos,/ los vuelve inasibles./ La cercanía, un desorden,/ si el corazón enfoca”. De modo que la solución de los opuestos, su equilibrio momentáneo, entre lo simétrico que es una ilusión del arte y lo inestable que es un destino de la vida y del tiempo vivido, no estaría en la simple disolución de sus aristas, de la oposición misma, sino en un reino a la vez inestable y perdurable, imprevisto y cargado de una rara simetría, y entonces su sección se llamará “El equilibrio inesperado”. Allí lo viviente se revela en su persistencia, más allá y más acá de los tropiezos de quien piensa y escribe, de sus palabras que se tienden y se tensan para captar sensaciones, instantes de atención, lapsos de distracción feliz. La naturaleza, que no es un conjunto, hace equilibrio a través de simples ejemplos, como sus plantas ejemplares, menos atadas a la división simétrica que los equilibristas animales, que sueñan con su propia complacencia alcanzada, pero inalcanzable, tal como la poeta imagina, en el poema “El equilibrio de quien escribe”, que entre su corazón y la cordura hay una cuerda, vibrante, “aleatoria y lúcida”, que sigue mostrándose viva porque su razonamiento es rítmico, porque la palpitación se transmite en materia verbal. Pero las plantas muestran su anterioridad, su carácter siempre naciente, y su caprichoso o preparado crecimiento alcanza un equilibrio solo ante la vista de la poeta, que llega. Antes, las plantas habrán bailado, ligeras, o desaparecieron, sin expandirse, pero en el poema hacen su figura en equilibrio, imprevisibles. Dice: “Ya me vio,/ ya me recibió la achira/ y he dejado de ser/ la figura fugitiva de la escena”. El equilibrio natural indescriptible, evidente pero no proyectado, se manifiesta en su surgimiento, leve: “Más allá de recaudos/ algo impredecible guía/ a aquello que prospera/ y se replica en los verdes”. No obstante, para experimentar la sensación del equilibrio, más ingrávido aún, habrá que sacar los pies del suelo, o sea flotar, pero no en un sueño sino en esa materia que estuvo antes de plantas y animales y mucho antes del habla del poema, un río, el agua sin apuro. Brilla en lo alto del último poema del libro este equilibrio del mundo flotante, del cuerpo tranquilo: “En esa hora en la que fui/ tocada por el río/ y por los peces/ que lo habían atravesado/ con la vida sensitiva de sus escamas;/ tocado el cuerpo desde un río/ por las alas transparentes de los insectos/ posados entre los reflejos de la superficie,/ tocada por los juncos/ que se balanceaban en la costa/ en el ida y vuelta del oleaje”. Como una imagen de sí misma que se lanzara a caminar sobre el agua del poema, así el libro y las meditaciones rítmicas de Alicia Genovese inventaron el equilibrio.
1 de agosto, 2024

Texto de SILVIO MATTONI en https://revistaeldiletante.com/trabajos/la-invencion-del-equilibrio

diciembre 10, 2024

William Stafford: En alguna parte hay un lago

La imagen muestra al poeta William Stafford con un pullover gris y el cuello da la camisa blanca. El fondo parece una estructura de madera

Por qué soy feliz     




Ha llegado, un tiempo tranquilo. Lo dejo 
correr. En alguna parte hay un lago 
tan azul y lejano que no pertenece a nadie. 
El viento pasa y un sauce escucha 
con elegancia. 
Oigo todo esto, cada verano. Río 
y lloro por cada vuelta que da el mundo,
su frío terrible, su inocente girar.
Ese lago permanece azul y libre; aguanta
y aguanta.
Y yo sé dónde está.



Why I am happy




Now has come, an easy time. I let it
roll. There is a lake somewhere
so blue and far nobody owns it.
A wind comes by and a willow listens
gracefully.
I hear all this, every summer. I laugh
and cry for every turn of the world,
its terribly cold, innocent spin.
That lake stays blue and free; it goes
on and on.
And I know where it is.



WILLIAM STAFFORD (1914, Hutchinson, Kansas / 1993, Lake Oswego, Oregón, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jonio González
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Poetry Foundation
Imagen en TwinCities