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septiembre 29, 2019

Fernando Belottini: Es mediodía, como siempre no tengo nada que hacer


Hora de almorzar








 Es
mediodía, como siempre


 no
tengo nada que hacer


 En la
cocina de mi casa


 hay
preparativos


 Debería suponer que se trata del almuerzo


 Hoy
almorzamos en casa


 Siempre lo hacemos


 Debo
esperar


 Si se
trata del almuerzo me llamarán


 Dirán, está la comida


 y
esas cosas


 Iré a
comer


 y
volveré aquí


 Pasará, tranquila, la tarde


 A la
noche, es probable que duerma


 O no.


 Quizá
que me quede fumando en el balcón hasta muy tarde


 y
observe el horizonte


 Puedo
también mirar otras casas


 descubrir que hay más personas que no duermen


 Por
las noches, suelo ver edificios con luces encendidas


 Tal
vez haya gente que trabaja


 o
gente que como yo, ya dije, no duerme


 (que
es otra forma de trabajar)


 Todavía no lo sé


 Recién vamos por las doce y cuarto


 Es
decir


 faltan algunas horas para la noche


 pero
la noche vendrá


 Eso
es indudable


 Así
como espero el almuerzo


 espero que llegue la noche


 Luego
amanecerá


 y más
tarde


 será
mediodía


 y
volveré a estar acá, sin hacer nada


 No sé
qué es lo que más me gusta


 si
estar acá


 que
sea mediodía


 o que
no tenga nada que hacer


 En
realidad, nunca tengo nada que hacer


 Todo
podría descartarlo


 Estar
acá o allá es casi lo mismo


 El
mediodía es muy fugaz para gustarme


 aun
así


 Esperar


 Estar
acá


 O el
mediodía


 son
las pocas cosas que tengo


 Alguna debería gustarme


 Aunque no sé por qué deberían gustarme


 quizá
porque tengo libertad para decidirlo


 Pero
también tengo la libertad de no decidirlo


 Es
decir: Soy libre.


 Debería ponerme contento


 No
sé, saltar.


 Acabo
de dar un salto


 Muy
bien, me digo


 Despegué la cola del asiento dos centímetros


 Vuelvo a decirme muy bien


esta vez con signos de admiración


 Fue
un extraño pasaje


 Hubo
detalles irrecuperables


 pero
en este momento


 me
llaman para almorzar


 Me
dicen


 está
la comida.











Idénticas soluciones









 No
hay lugar seguro


 Puedo
estar en mi casa


 muy
tranquilo


 fumando o mirando tevé


 y sin
embargo, en cualquier momento


 aparece mi deseo de estar lejos


 En
esos casos


 además de encender otro cigarrillo


 o de
decir alguna cosa


 trato
de pensar soluciones


 hago
un racconto de mi vida


 voy
tabulando los hechos que me molestaron


 separándolos de los que ahora me molestan


 y de
los que sin molestarme


 me
serán indiferentes


 Voy
descubriendo que ningún bálsamo


 sabe
dar


 en la
tecla


 Entonces dejo de pensar


 (siempre, en esos casos, pasa una mosca y la
miro)


 me
digo que es mejor


 que
haga algo positivo


 Una morisqueta,
por ejemplo


 me
estiro los labios con los pulgares


 saco
la lengua haciéndola jugar un poco


 o me
siento


 con
la cabeza para abajo


 en un
sillón que tengo


 Es
decir


 para
lo mismo


 voy
dándome idénticas soluciones


 De
manera que así van tejiéndose mis días


 uno
arriba


 otro
abajo


 uno
al derecho


 otro
al revés


 va
tejiéndose mi vida


(que no es tanto)


 sin
diferenciarse demasiado de un pullover


 o de
un chaleco sin mangas.
















Fernando Bellotini

FERNANDO BELOTTINI


1962, San Jorge, Santa Fe. Reside en
Concordia, Entre Ríos


Enlaces:



Imagen: Cuentos cortos de América


septiembre 25, 2019

Andi Nachon



–Lo siento madre: me confundí, me compliqué– dice empapado cuando entrega
la caja torcida, húmeda y más
de una hora tarde. Yo, que ahora soy madre, sólo asiento ante la pizza
rebusco, perpleja, en los bolsillos más propina. Afuera

sigue la tormenta, más afuera aún
estarán mi madre, su madre, algo así como la vida. Quedamos el chico
del delivery y yo cruzando
este tiempo del perdón que él insiste: lo siento

me confundí me compliqué y yo
otra vez acepto. En un rato, él arrancará la moto volverá
a esa esquina donde amigos, cerveza y porro hagan de esto
apenas otra entrega fallida. Un rato más y ya

nada quedará de la pizza. Pero ahora retumba la tormenta en mí resuena
el mantra: me confundí, me compliqué, como él como todo
busco un perdón que por ahí no venga. Madre

quién no llega tarde al lugar equivocado quién
no pide a la tormenta alguna reconciliación
una pizza torcida en la mano
entre equivocada y confundida apenas
otra entrega fallida.



Tapame los ojos:
hace frío detrás de las ventanas y este sábado
el invierno se disuelve entre nosotros. Da vértigo

tapame los ojos. No sé
qué hacer con este frío sobre mi cuerpo
algunas noches, reconozco
esa marca detenida en mis muñecas:
signo
que mostrar orgullosa levantando los brazos: "Esto
han hecho con mi cuerpo". Así
como un refugiado muestra
sus dedos sin uñas y eso
se vuelve su último orgullo. El tuyo.
Da vértigo, el frío recortando cada objeto. Entre nosotros

llega otro invierno. Una papa
humeando desde un cacharro de metal -para ver
desde allí- los ojos del amo:
tapame la cara

mirando hacia adentro,
hacés té y leés
tranquilo al calor de la lámpara
afuera
el invierno golpea, no sé
qué puedo decirte desde este puerto: "hizo frío
y el día se extinguió lentamente - casi- sin dolor". Ahora
se dan vuelta los ojos y sube el vértigo, cubrime la cara
tapá
este frío de refugiada que mataría
por el calor de una papa. Cuerpo

helado al costado del camino
- el mío- frente a una linterna
encandilada, para gritar: esto
han hecho conmigo. Mientras la noche
profunda se instala y corren
suaves gotas sobre las ventanas. - "No,
no deberíamos ser apacibles"-. Ahora:

ojos volcados hacia adentro
como quien dice - levantando los brazos-
"hagan
lo que quieran con este cuerpo", en medio del invierno
vos
leés al calor de una lámpara y esta noche
se instaló suave, prácticamente calma.



septiembre 24, 2019

Lara Segade: La maquinaria celeste



De espaldas al sol
que cae, al agua turbia
de la pelopincho
que va aquietándose
hablamos: toda la vida
nos pasó lo mismo
a esta hora de la tarde
cuando cruzan el cielo 
casi blanco las palomas
de vuelta a sus agujeros.
Me parece mejor no decir
nada por ahora
del terror
a lo mecánico de su vuelo
a todo lo que se repite
y parece perfecto.



Como los perros atados
en la puerta del súper
a cada rato, un vuelco
del corazón y enseguida
la desilusión, la posibilidad
de que nunca
venga el que esperan
y de ahora en más
esto sea todo.



Dijo que no se veía bien
y después con la mano libre
hizo unos gestos en el aire
sin dejar de mirar la pantalla:
junto los dedos en un pico
volvió a separarlos
desplazó la mano
juntó y separó los dedos
diciendo paf paf paf, en un susurro.
¿Que eran pocos?
¿Que estaban desperdigados?
¿Que estallaban?
¿Que estallaban sin fuerza?
¿Que más que estallar se desinflaban?

En la sala de espera
vos caminabas en círculos
como un padre primerizo
de otro tiempo.

Leímos: la imagen muestra
una disposición en corona
y volvimos a casa
presintiendo en el cielo
el resultado
de un bing bang débil
unos pocos planetas inhabitables
la luz de una corona de estrellitas
que va a extinguirse
paf paf paf
antes de que lleguemos a verla.



La primera impresión es buena.
Un living luminoso, alegre
con una barra que dejó
el dueño anterior, un cirujano
que hacía fiestas. 
Y en el fondo, pasando el patio,
dos habitaciones
abandonadas hace un siglo:
las paredes
llenas de grafitis
el parqué levantado, marcas
de un fuego, sogas
y en un rincón
sobre unas mantas
un gatito al que le cuesta respirar.



No sé si podríamos vivir
en un lugar como este
bajar
cada diciembre
a las manifestaciones
como quien baja al chino
sentir cómo se filtra, lacrimógeno
el aire de afuera
en nuestro cuarto.
Aunque así nos conocimos
y era diciembre.
¿Podríamos vivir
mirando por la ventana
lo mismo que por la tele?


De: "La maquinaria celeste", Zindo & Gafuri, 2019


LARA SEGADE nació en Buenos Aires en 1981. Es Doctora en Letra por la Universidad de Buenos Aires, y da clases en Literatura Argentina (UBA, Teoría y Análisis Literario (UNA) y en la maestría de Periodismo Narrativo (UNSAM). Actualmente coordina el área de literatura de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. Publicó los libros Lo que sobra (La Bohemia, 2006) y Los animales domésticos (Pánico el Pánico, 2013)


septiembre 20, 2019

Richard Jones



Llamo a mi madre una vez a la semana







Mi madre vive en un mundo

de tragedias y desastres.

Ayer me dijo por teléfono

Oye, una avioneta blanca

acaba de estrellarse

en el patio. Menos mal

que no aterrizó sobre el tejado,

dije yo sin saber qué decir.

Algo así como cuando me dijo

La casa de al lado ha ardido

hasta el suelo, y yo le dije

Estás de broma, y ella dijo

Fue infernal, entonces le pregunté,

porque entiendo de palabras,

si ella había usado la correcta.

Le dije que infernal era del todo

correcto, y añadió que era una noche

muy oscura, y los cuatro de la joven

familia murieron en el incendio.

¿No pudieron salvarlos? le dije.

No pudieron encontrarlos, dijo ella,

y en el silencio del teléfono

casi podíamos oír las llamas.

Para cambiar de tema le pregunté

por la loca de su amiga Nancy.

Nancy está siempre tramando algo.

Detenida por asesinato, dijo mi madre.

¿Qué? dije. Contrató a un asesino a sueldo

para matar a la esposa del hombre

con quien quería casarse. Lo trágico

es que él ni siquiera conocía a Nancy.

Por supuesto, no hay nada que decir

en respuesta a una historia como esa,

así que solo dije Suena a amor verdadero,

y mi madre dijo Sí, ¿verdad?








Traducción: Enrique Gutiérrez Miranda







Contraste





Todos los años de la escuela secundaria

durante la temporada navideña,

desde Acción de Gracias hasta Navidad,

cuando la luz fría se debilitaba

y crecía la oscuridad de los días

mi madre sorda y yo trabajábamos

por el salario mínimo en el PX

de la Base Naval en Norfolk,

abriendo cajas y organizando

en el largo estante de exhibición del pasillo

miles de tarjetas de felicitación.

Mi madre se volvía hacia mí

y leía cada tarjeta en voz alta

como si estuviera entregando

el mejor poema jamás escrito.

Amo a mi madre, así que

no dije nada, aunque apreté los dientes

y cerré los ojos para no escuchar

el sentimiento pegajoso y los clichés.

Esas tardes a principios de invierno

eran la pesadilla freudiana de un poeta incipiente,

aunque mirando hacia atrás,

me he encariñado con el recuerdo,

tanto que esta noche firmaré

la tarjeta que he elegido, agradeciéndole

por ser quien es -mi madre-

y enviarla en un sobre rosa






Versión Google / Prd




I Call My Mother Once a Week








My mother lives in a land

of disaster and tragedy.

Yesterday on the phone

she said, Look, a small

white plane just crashed

in the yard. Good thing

it didn’t land on the house

I said, not knowing what to say.

It was like the time she’d said

The house next door burned

to the ground, and I’d said,

You’re kidding, and she said,

It was an inferno, then asked,

because I know about words,

if she had used the right one.

I said inferno was exactly right,

and she added that it was night,

pitch-black, and the young

family of four had died in the fire.

They couldn’t be saved? I said.

They couldn’t be found, she said,

and in the silence on the phone

we could almost hear the flames.

To change the subject, I inquired

about her crazy friend, Nancy.

Nancy was always up to something.

Arrested for murder, my mother said.

What? I said. She hired a hit man

to kill the wife of the man she wants

to marry. Tragedy is, the man

didn’t even really know Nancy.

Of course there’s nothing to say

in response to a story like that,

so I just said, Sounds like true love,

and my mother said, It does, doesn’t it?






Hallmark








Every year of high school

during the holiday season

from Thanksgiving to Christmas,

when the chill light was failing

and the days were growing dark,

my deaf mother and I worked

for minimum wage in the P.X.

of the Naval Base in Norfolk,

opening boxes and arranging

in the aisle’s long display rack

thousands of greeting cards.

My mother would turn to me

and read each card out loud

as if she were delivering

the greatest poem ever written.

I love my mother, and so I said

nothing, though I’d grit my teeth

and shut my eyes not to hear

the sticky sentiment and clichés.

Those afternoons in early winter

were a budding poet’s Freudian

nightmare, though looking back,

I’ve grown fond of the memory,

so much so that tonight I will sign

the card I’ve chosen, thanking her

for being who she is—my mother—

and send it off in a pink envelope.








septiembre 15, 2019

Ekaterina Yósifova: Sólo he cosido un botón

Ekaterina Yósifova

Un hogar, casi    



Cuando me pregunte: ¿qué has hecho hoy?,
le contestaré: todo el día
he estado pensando en un poema. No he hecho nada más,
no he preparado la comida, no he planchado, sólo he cosido tu botón,
he pensado en un poema sobre un botón y he reído.
Ha sido un día bonito.
Preguntará: ¿y qué has pensado?
E incluso: ¿y qué has escrito?
Por supuesto que lo va a preguntar: es
parte de la intimidad.
Entrará, se quitará los zapatos y la chaqueta.
Se lavará las manos. Preguntará: ¿qué has hecho hoy?
Nada, contestaré.
Nada.


La nube




Oscurece y hace frío,
la gran nube se interpone entre el sol y yo.
Viaja rápido, en breve te tocará
el otro extremo de su sombra.

¿Qué haces ahora? ¿Qué harás mañana?
Los días se deshacen como nubes.
Pensaba que envejecería
con la frente sobre tu hombro.

Podría soñarte, dormir un rato
despreocupada junto a tu vasto cuerpo,
despreocupada junto a tu alma sonriente
(lo digo con una sonrisa).

Aquí todo es amplio y sereno, nadie altera su vida.
La nube
pasará.
Nada hay en el horizonte, salvo la noche que se cierne.


EKATERINA YÓSIFOVA 
(1941, Kyustendil, Bulgaria)
De:  “Un silencio radiante: ocho poetas búlgaros contemporáneos”, Juan de Mairena Editores, 2010. 
Traducción:  Liliana Tabákova, Rada Panchovska y Juan Antonio Bernier.
Extraído del Fb de Jonio González
Imagen: The Apricity

septiembre 13, 2019

Ron Houchin


Todos ocultan un superpoder








Saltando por encima del tendedero de los pañales flameantes
de mi hermana, sin nadie alrededor, yo sigo
nadando. Soñando cómo el aire se vuelve




líquido cuando estoy solo, mis brazos extendidos

como para abrazar el horizonte, luego salto hacia adelante.

Sobre el techo, me escondo detrás de la chimenea,






miro a mi abuela descolgando la ropa

que huele a limpio, al señor Belcher segando el heno, cuervos

alzando vuelo delante de su tractor






y me pregunto si los pájaros de rico plumaje sueñan

con quedarse sobre el suelo firme, sin tener que volar

huyendo de tractores, autos y gatos. Esta noche me desperté






creyendo que todos ocultan el mismo secreto

cuando duermen. Yo he soñado que no volaba,

que, simplemente, caminaba por el aire de la noche.









Everybody Hides a Super Power









Jumping the clothesline of my sister’s
flapping diapers, no one around, I keep
on swimming. Dreamy how air turns







to liquid when I’m alone, spread my arms

as if to hug the horizon then leap forward.

On the roof, I hide behind the chimney,






watching Grandma take down clean-smelling

clothes, Mr. Belcher mow his hay, crows

lifting from the field ahead of his tractor,






and I wonder, do birds of all feather dream

of standing on solid ground, never having to fly

away from tractors, cars, cats? I woke tonight,






believing everybody hides the same secret

in sleep. I’d dreamt of not flying, better

than anything, just walking night air.





RON HOUCHIN, San Diego, California, Estados Unidos de NA)

Traducción: Adam Gai

Enlace: http://www.stilljournal.net/interview-ron-houchin.php

Imagen: The Honest Ulsterman

septiembre 12, 2019

Néstor Mendoza


Descomposición     



La guayaba se pudre 
de adentro 
hacia afuera. 

No quiere desprenderse 
de las ramas aunque 
su cuerpo sienta 
que la tierra hala 
su jugo, 
que llama
los gusanos y la pulpa.
(Si alguien mordiera
la guayaba
no sabría diferenciar
la suavidad de ninguno.)

Su oficio es estar allí,
alta y confiada,
dejarse perforar por algún pico,
ablandarse antes de caer.


Néstor Mendoza
NÉSTOR MENDOZA(1985, Mariara, Venezuela)
Fuente: LALT
Enlace:
https://poesiavzla.wordpress.com/2019/05/24/nestor-mendoza/
Imagen: Ricardo Blasco



septiembre 08, 2019

Pat Boran: La estación de ómnibus, Vilna, a fines de primavera


Semillas


A Greta Thunberg


La estación de ómnibus, Vilna, a fines de primavera

y, escaleras abajo, en un laberinto de pequeños negocios
entre las bebidas sin alcohol, las máquinas de cigarrillos,
compañías de reparación de teléfonos y valijas rodantes a mitad de precio –
un kiosco con ventana de vidrio, donde se venden semillas.
Semillas y solamente semillas (quien lo hubiera imaginado)
en paquetitos de papel dispuestos sobre un sostén de alambre -
zanahoria, cebolla, lechuga, rúcula, cebollín
y tal vez granada, un brillante despliegue
de plantas y flores que me cuesta reconocer.
El reloj haciendo tictac, mi ómnibus por salir
y aún no puedo convencerme que debo moverme,
por el contrario, estoy parado mirando el mágico suceso:
una joven empleada sentada allí, sola,
perdida en las aguas turbias de su ventanilla,
de súbito, ahora, una figura salida de un mito,
encargada de estar sentada inmóvil, cuando todo el mundo
se encuentra en constante movimiento azaroso, en flujo incesante.
La mente de ella, a tono con modalidades desapercibidas,
los ciclos más largos de un gran viaje,
en tanto que nosotros vamos a toda prisa hacia las puertas de partida,
a través de una tormenta de boletos descartados.



Seed



(for Greta Thunberg)


The bus station, Vilnius, late spring,
and downstairs, in the warren of small shops
among the soft drinks and cigarette machines,
the phone repairs and half-price trolley bag –
a glass-windowed kiosk selling seeds.
Seeds, and only seeds (who would have guessed)
in little paper packets on wire frames –
carrot, onion, lettuce, rocket, chive,
and pomegranate maybe, a bright array
of plants and flowers I struggle to recognise.
The clock ticking, my bus about to leave,
and still I cannot convince myself to move,
but stand there watching magic happening:
the young assistant, sat there all alone,
lost in the troubled waters of her screen,
suddenly now a figure out of myth,
charged with sitting still when all the world
is in constant random motion, incessant flux,
her mind attuned to patterns overlooked,
the longer cycles of a greater journey,
while headlong towards the departure gates we rush
through a leaf-storm of discarded ticket stubs.


Otro poema de PAT BORAN, aquí
Traducción: Adam Gai




septiembre 07, 2019

Cristina Peri Rossi: Estado de exilio


El viaje     




Mi primer viaje 
fue el del exilio 
quince días de mar 
sin parar 
la mar constante 
la mar antigua 
la mar continua 
la mar, el mal 
Quince días de agua 
sin luces de neón
sin calles sin aceras
sin ciudades
sólo la luz
de algún barco en fugitiva
Quince días de mar
e incertidumbre
no sabía adónde iba
no conocía el puerto de destino
sólo sabía aquello que dejaba
Por equipaje
una maleta llena de papeles
y de angustia
los papeles para escribir
la angustia
para vivir con ella
compañera amiga
Nadie te despidió en el puerto de partida
nadie te esperaba en el puerto de llegada
Y las hojas de papel en blanco enmoheciendo
volviéndose amarillas en la maleta
maceradas por el agua de los mares
Desde entonces
tengo el trauma del viajero
si me quedo en la ciudad me angustio
si me voy
tengo miedo de no poder volver
Tiemblo antes de hacer una maleta
-cuánto pesa lo imprescindible-
A veces preferiría marcharme
El espacio me angustia como a los gatos
Partir
es siempre partirse en dos.


Grandes almacenes




En las grandes tiendas
me mareo
ando exiliada
confundo los pisos
tantos objetos me saturan
Sólo quiero comprar un bolígrafo
o un rotulador
Estoy en el centro de la Civilización Occidental:
que alguien me dé un mapa
Y además, toda esa gente feliz,
inmensamente satisfecha
de disponer
de poco dinero
para tantas cosas.


La pasión




Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.


Nocturno pluvioso en la ciudad




De noche, bajo la lluvia
a lo largo de la avenida
la luz de una cabina telefónica
Un hombre llama ansiosamente
No hay tierra firme donde echarse a descansar
El hombre hace gestos con las manos
lejos un triángulo de luces amarillas
cómo resbala el agua en los costados
escaparates llenos de reflejos
el hombre dice: “Por favor, por favor”
un borracho junto a un árbol
Grandes rebajas
los autos pasan veloces:
si atropellaran a alguien no tendrían tiempo de detenerse
“Escúchame, por favor”, dice el hombre
dos muchachos fuman un poco de hierba
en los diarios de esta mañana leí algo acerca de una gran catástrofe
no sé si terremoto o bombardeo
“Te quiero”, dice el hombre,
antropoide en la vidriera telefónica
cae la lluvia
un travesti se pasea, pide fuego
los travestis siempre piden fuego y se pasean
el agua le moja la falda, le corre la pintura,
no se puede comprar cosméticos baratos,
murieron dos mil o veinte mil,
ya no recuerdo,
hay un cartel que destiñe con la lluvia:
“Compañero, tu muerte no será en vano”
(¿qué muerte no es en vano?)
Me gustaría saber adónde van las palomas con la lluvia
un locutor anuncia un detergente un bombardeo
“Escúchame”, dice el hombre, 
se le acaban las monedas
Extraordinario show-sexy
Se ruega a las personas sensibles no asistir
Me dijeron que se trata de un caballo que fornica con mujeres
(la Sociedad Protectora de Animales protestó;
ninguna otra sociedad protestó)
es enorme la cantidad de personas no sensibles que hay,
según el cartel
Noches lluviosas donde cualquier suicidio es posible:
hasta el de una mariposa contra la ventana.
Del andén sale una música ambulante
el hombre no tiene más monedas
el travesti ligó
es increíble cómo en momentos decisivos algo nos falta
moneda o mirada
cigarrillo o mujer
a lo mejor se trataba de una inauguración, no sé bien,
o quizás era el destripador de alguna ciudad inglesa
Se queda un instante indeciso en la cabina
registra a fondo los bolsillos
(¿extraerá una pistola o un cigarrillo?)
“Vecchio, basso”, canta Mina en el amplificador
Una estrella de cine se consagró
un zapatero mató a su mujer
un padre a su hija
alguien bombardeó una ciudad
El hombre no encontró una moneda y se puso a caminar bajo la lluvia.


Cristina Peri Rossi
CRISTINA PERI ROSSI (1941, Montevideo, Uruguay)


septiembre 04, 2019

Luis de Góngora y Argote



Mientras por competir con tu cabello

oro bruñido, el sol relumbra en vano;

mientras con menosprecio en medio el llano

mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,

siguen más ojos que al clavel temprano,

y mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,

antes que lo que fue en tu edad dorada

oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada

se vuelva, mas tú y ello juntamente

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.











Luis de Góngora y Argote (1561 / 1627,  Córdoba, España)

Enlaces:

Biografías y vidas

Biblioteca virtual universal

Extraído del Fb de Jorge Aulicino