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Mostrando las entradas de agosto, 2011

Valeria Cervero

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1 sonido que clava su muerte para dar tantagua deseada en medio de loquesigueaquí   : Cosa   que traga el sentido cotidiano   el ritmo de lo vivo el paso sin espera sonido sin piedra por nacer  : Voz de la última ira 5 rodamos sobre las preguntas en días de ventisca podríamos decir tanto                               t a n t o pero segamos la lengua cuando casi fuimos un  solo recuerdo  de  la  casa la letra y el silencio desvanecen simetrías 7 la tierra ahí ahí el veneno de la que creíamos m a d r e diatrasdía la ignorancia de lo que ataca el aire el agua la semilla  las razones se filtran en lo que respiramos        y el ardor acá derribando futuros nuestro cuerpo presiente lo que nos mata 13 dar con la piedra que funda la casa recorrer los susurros     de quien huyó el secreto a veces retoma la imagen d e  e s e  v u...

Liliana García Carril

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Del libro La mujer de al lado, Bajo la luna,  2004) Orden de clausura camina de un lado a otro como quien reza su andar invoca al dios íntimo de la respiración y con eso parece darse aires darse aires se dice de la arrogancia por ejemplo en el andar como si tal cosa, respirando  la veo caminar por las paredes opaca con el aliento el espejito de cartera pone a prueba su respiración aire, aire, fuera de aquí, grita (quien está sola como la una ni siquiera puede darse aires de estar loca) a su aire, a su aire, grita (¿querrá eso decir “siéntase como en su casa”?) ahogada, se puede morir ahogada en el propio aire. Plano infinito hay una foto perdida para siempre: la mano en la cintura el torso ladeado, la cadera dura el desafío en la mirada   y de ella dura la hija como una fotografía no es el ocre del papel es cómo se va siendo menos joven y más insomne tan dife...

Yusef Komunyakaa

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NO puedo sacar los ojos del desnudo    en la ventana de un tercer piso a las 3 de la mañana.  Donde ella está ya es de día  en Copenhague y la Atlántida,  y apostaría el misterio contra mi vida  que está escuchando Bouncing with Bud. Contoneándose con el ir y venir de los dedos por las teclas, ella está al borde de algo grandioso caído ahora en decadencia y confusión. No creo que sea un anuncio visto por la ventana de una fachada, podría ser la modelo de un pintor tomándose una pausa luego de estar horas sentada en la misma pose, en diálogo con tonos de rojo rogando que la sombra de Bud no se aleje rengueando golpeada por bastones policiales. Me pregunto si sabe que la floración llenó el cuarto y la dejó sola como estoy yo esta noche bajo un puñado de polvo cósmico, una puerta cerrada con tablas y guardada por dos leones YUSEF KOMUNYAKAA  (1947, Bogalusa, Louisiana, Estados Unidos de Norteamérica) Traducción: Gerardo Gambolini en www.farovacio.blogspo...

Enrique Molina

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Como debe ser Aquí está mi alma, con su extraña insatisfacción, como los dientes del lobo: la narradora de naturaleza cruel e insumisa que nunca encuentra la palabra; y por allá se aleja un viejo tren, momentáneo y perdido, como una luz en la lluvia, pero vuelve a repetir su jadeo férreo y a llevarnos de nuevo en el verde aire de los amores errantes. Pues un tren no sólo moviliza sus hierros sino sangre soñadora deslumbrada por el viaje, rostros arena, rostros relámpagos, rostros que hacen música, y puede crujir burlonamente también cuando los demonios, en el salón comedor, al cruzar por una pequeña estación de provincia con un cerco de tuna y el mendigo predilecto de la Virgen sacaban la lengua y aplastaban su trasero desnudo contra el vidrio de la ventanilla. Y nunca más vuelvas a despedirte de mí, en medio de esta tierra cabeza abajo que se eriza en el aire frío. En tránsito ¿Qué puede detenerse aquí? El avión ha partido. Cien años después             ...

Lucio L. Madariaga, poemas inéditos

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Silencio y después La mujer del vestíbulo en la calle del ruido                 ríe desafiante                   confiándose a la noche como si poco importara el dolor ¡Ay si supiera! Lo que duele suele tener ese aroma dulce           a tanta vida Una fracción de segundo estelar arrítmica                 inmensa y solitaria es todo lo que hace falta para comenzar de nuevo. Hay algo del silencio que me atrapa: me resulta auténtico. Raíces en el claro Todo lo que veo, son pájaros. La liebre de fuego guía la búsqueda. Huye, escurridiza, flamea amarilla roja naranja en la llanura. Pájaros atontados, adobados en hollín. Ya no vuelan, trepan mesetas, encandilan lo claro. Están los solitarios, recluidos mudos, no pueden con el mundo. Algunos pocos, son pájaros de luz. La cama siempre es París Primer acto: L...

Baldomero Fernández Moreno

Soneto de tus vísceras Harto ya de alabar tu piel dorada, tus externas y muchas perfecciones, canto al jardín azul de tus pulmones y a tu riqueza elegante y anillada. Canto a tu masa intestinal rosada, al bazo, al páncreas, a los epiplones, al doble filtro gris de tus riñones y a tu matriz profunda y renovada. Canto al tuétano dulce de tus huesos, a la linfa que embebe tus tejidos, al acre olor orgánico que exhalas. Quiero gastar tus vísceras a besos, vivir dentro de ti con mis sentidos... Yo soy un sapo negro con dos alas. BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO  (1886 / 1950, Buenos Aires, Argentina) De. "Versos de Negrita" (1920), Editorial Deucalion, 1956  Enlaces:  El trabajo de las horas, blog de Pablo Anadón

Irene Frydenberg, inéditos

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Durmiendo Verte dormir, digo tu pie buscando delicadísimo mi pie; digo tu mano apenas mis dedos yéndose. Verte dormir, digo correr la almohada como quien echa de sí los obstáculos; verte dormir, digo estar espía de tus respirares y en medio espectadora indecisa, digo no desear más. Verte dormir, digo ir cayendo arrinconarse participar del espectáculo y volver a pelear el sueño, digo para que no termine el arco de tu presencia que me toca y se emborracha. Verte dormir, digo es el premio que gané en una justa desconocida que me hace batallar aún hoy con todos mis soldados derrotados. Dulce monotonía No puedo contar a nadie los idiomas de tu piel No puedo despreocuparme ni abandonar                    la recordada                                ...

Herman Melville

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Fragmentos de un perdido poema gnóstico del siglo XII F undes una familia, construyes un estado El tiempo prometido es aún el mismo: La materia nunca habrá aplacado Su clamor brutal y antiguo. La indolencia es aquí la aliada Y la energía una criatura infernal: El Buen Hombre vierte del cántaro agua clara Pero orilla el envenenado brocal. Arte En horas plácidas contentos soñamos Bravos, incipientes argumentos. Pero en la forma que se presta y crea el pulso de la vida, Cuántas cosas y hechos desiguales deben hallar acuerdo La llama ha de fundir, el viento debe enfriar; La triste paciencia, valiosas energías, Humildad, aún orgullosa, y agravios, Instinto y estudio, amor y odio, Audacia y veneración. Estos deben unirse Y fusionarse en el mítico corazón de Jacobo, Y su lucha con el Angel, eso es el Arte. Shiloh: réquiem Girando suavemente, sin esfuerzo Las gaviotas vuelan bajo Sobre los campos nublados Los boscosos campos de Shiloh, Y las llanuras donde la lluvia de Abril Alivia al febril c...

Charles Cros

Yo sé hacer los versos perpetuos /Los hombres se maravillan ante mi voz que dice la verdad / la suprema razón que heredé y me fue confiada / no puede comprarla ni todo el oro del mundo./ Todo lo he tocado: el fuego, las mujeres, las manzanas / Todo lo he sentido: el invierno, la primavera, el verano / He descubierto todo, ningún muro ha podido detenerme / Pero, Fortuna, dice: ¿Cuál es tu nombre?. El autor de estas líneas fue Charles Cros (1842-1888), francés. Además de poeta y humorista, fue un osado inventor; diseñó un medio de comunicación interplanetaria que consistía en un poderoso reflector focalizado hacia un espejo parabólico cuyo eje debía apuntar al  astro destinatario reproduciendo con moldes una imagen luminosa. En 1872 escribe “Un drama interestelar”, en el que los terrestres se comunican con los venusianos intercambiando imágenes de la flora. En el drama, el hijo del astrónomo y una venusiana se enamoran. Luego ellos se sienten tentados de vencer las oscuras distancias...