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agosto 31, 2011

Valeria Cervero



1



sonido que clava su
muerte para dar

tantagua deseada en medio
de loquesigueaquí   : Cosa 
que traga el sentido cotidiano 
el ritmo de lo vivo
el paso sin espera
sonido sin piedra por nacer  : Voz
de la última ira



5



rodamos sobre las
preguntas
en días de ventisca
podríamos
decir tanto    
                         
t a n t o
pero segamos la lengua
cuando casi fuimos

un  solo
recuerdo  de  la  casa

la letra y el silencio
desvanecen simetrías



7



la tierra ahí
ahí el veneno
de la que creíamos
m a d r e

diatrasdía
la ignorancia
de lo que ataca
el aire el agua la

semilla 

las razones se filtran
en lo que respiramos
      
y el ardor acá
derribando futuros

nuestro cuerpo
presiente
lo que nos mata



13



dar con la piedra que funda
la casa
recorrer los susurros
    de quien huyó

el secreto a veces
retoma
la imagen
d e  e s e  v u e l o

en otro cuerpo de entonces
dejamos quejas
peros
caminos sin cuándos en
lo minúsculo

despedir los susurros
de quien

huyó
en cada vano retorno

dar con la piedra que
           la derrumba


VALERIA CERVERO (1972, Buenos Aires, Argentina)
http://vc-mordiscos.blogspot.com/


agosto 29, 2011

Liliana García Carril



Del libro La mujer de al lado, Bajo la luna, 2004)


Orden de clausura




camina de un lado a otro
como quien reza

su andar invoca al dios íntimo
de la respiración y con eso
parece darse aires

darse aires
se dice de la arrogancia
por ejemplo en el andar
como si tal cosa, respirando 

la veo caminar por las paredes
opaca con el aliento
el espejito de cartera
pone a prueba su respiración

aire, aire, fuera de aquí, grita

(quien está sola como la una
ni siquiera puede
darse aires de estar loca)

a su aire, a su aire, grita

(¿querrá eso decir
“siéntase como en su casa”?)

ahogada, se puede morir
ahogada en el propio aire.



Plano infinito




hay una foto
perdida para siempre:

la mano en la cintura
el torso ladeado, la cadera
dura el desafío en la mirada  
y de ella dura la hija
como una fotografía

no es el ocre del papel
es cómo se va siendo
menos joven y más insomne

tan diferentes las dos
toda la vida y después
idénticas van a durar
toda la muerte

(no me mires ahora
saldría con cara de mirar
fotos perdidas)

como una piedra en el agua
puedo caer y ser la razón
de una onda expansiva
de insatisfacción, atraerte
hacia mis círculos concéntricos
y hundirnos hasta recordar
cómo era una marea

puedo ser más y más honda abierta
y más oculta más fuerte que la luna

pero seguirías preguntando
si me pasa algo.



Del libro La paciencia, Bajo la luna, 2009


UNAS vecinas nos guían en una caminata
lo difícil no es escalar,

ni abrirse
al mundo de la maleza

cada vez más profusa

dejarse llevar por el movimiento
oculto de las rocas
–¿víboras en esta
zona?–  
y la furia contenida del
arroyo

Yo, que amo la naturaleza
y su dinámica:

ellas van con palos y
conversan.


Liliana García CarrilLILIANA GARCÍA CARRIL (1951, Buenos Aires, Argentina)
Imagen: facebook

agosto 27, 2011

Yusef Komunyakaa




NO puedo sacar los ojos del desnudo   
en la ventana de un tercer piso a las 3 de la mañana. 
Donde ella está ya es de día 
en Copenhague y la Atlántida, 
y apostaría el misterio contra mi vida 
que está escuchando Bouncing with Bud.
Contoneándose con el ir y venir de los dedos por las teclas,
ella está al borde de algo grandioso
caído ahora en decadencia y confusión.
No creo que sea un anuncio visto por la ventana
de una fachada, podría ser la modelo de un pintor
tomándose una pausa luego de estar horas
sentada en la misma pose, en diálogo con tonos de rojo
rogando que la sombra de Bud no se aleje rengueando
golpeada por bastones policiales. Me pregunto si sabe
que la floración llenó el cuarto y la dejó sola
como estoy yo esta noche bajo un puñado de polvo cósmico,
una puerta cerrada con tablas y guardada por dos leones



poesía norteamericana actualYUSEF KOMUNYAKAA (1947, Bogalusa, Louisiana, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Gerardo Gambolini en www.farovacio.blogspot.com
Imagen: Pen American Center en Flickr

agosto 24, 2011

Enrique Molina



Como debe ser



Aquí está mi alma, con su extraña
insatisfacción, como los dientes del lobo:
la narradora de naturaleza cruel e insumisa
que nunca encuentra la palabra;
y por allá se aleja un viejo tren, momentáneo y perdido,
como una luz en la lluvia, pero vuelve
a repetir su jadeo férreo y a llevarnos de nuevo
en el verde aire de los amores errantes.
Pues un tren no sólo moviliza sus hierros
sino sangre soñadora deslumbrada por el viaje,
rostros arena, rostros relámpagos, rostros que hacen música,
y puede crujir burlonamente también
cuando los demonios, en el salón comedor,
al cruzar por una pequeña estación de provincia
con un cerco de tuna y el mendigo predilecto de la Virgen
sacaban la lengua y aplastaban su trasero desnudo contra el vidrio de la ventanilla.
Y nunca más vuelvas a despedirte de mí,
en medio de esta tierra cabeza abajo que se eriza en el aire frío.



En tránsito




¿Qué puede detenerse aquí?
El avión ha partido. Cien años después
                            están comiendo en la misma posada,
                            una fuente de mariscos y vino,
doña Rosa, mujer de don Manoel, negra y de grandes nalgas,
vierte jugo de limón en el vaso de cachaza, junto al mar.
Te ha despertado el ruido del agua, lluvia caliente,
y vidrios empañados, palabras susurradas en la penumbra,
no se sabe de dónde llegan esta flores, muebles desvanecidos,
y el eco del tiempo retumbando en la sangre lasciva.
                          Su cuerpo, con lentitud,
relata una larga historia, relaciones más o menos fortuitas
en playas o viajes, casas de campo
                          con nocturnas hogueras,
y mutaciones, arrebatos, desconciertos, sorpresas.

Pero no como ausencia, como una sinfonía más bien,
                          una orgía
de apasionadas imágenes que llegan de un sueño,
de lluvias y cosas que brillan, un acorde
                          casi inhumano,
mientras enciende un cigarrillo.
Y sus pechos tan suaves para hablar de la muerte.

Así, a la orilla de un río, se está tendido en la hierba,
                         solitario de nacimiento,
pensando en su risa, lejos de la salvación eterna.


ENRIQUE MOLINA (1910 / 1997, Buenos Aires, Argentina)
De: "Los últimos soles", Editorial Sudamericana, 1980
Imagen:  foro.elaleph.com

agosto 22, 2011

Lucio L. Madariaga, poemas inéditos









Silencio y después






La mujer del vestíbulo en la calle

del ruido


                ríe

desafiante

                  confiándose a la noche

como si poco importara el dolor




¡Ay si supiera!




Lo que duele suele tener
ese aroma

dulce

          a tanta vida




Una fracción de segundo
estelar

arrítmica

                inmensa y solitaria

es todo lo que hace falta

para comenzar

de nuevo.




Hay algo del silencio que
me atrapa:




me resulta auténtico.








Raíces en el claro






Todo lo que veo, son

pájaros.




La liebre de fuego guía la búsqueda.




Huye, escurridiza, flamea
amarilla roja

naranja en la llanura.




Pájaros atontados,
adobados en hollín.

Ya no vuelan, trepan


mesetas,

encandilan lo claro.




Están los solitarios,
recluidos mudos,

no pueden con el mundo.




Algunos pocos, son
pájaros de luz.










La cama siempre es París






Primer acto:




La transitada historia de la piel,



el sudor del sol, las sábanas mojadas




y su memoria a prueba de balas.




El aroma libertad,


la brisa por la ventana

cosquilleando espaldas,


los gemidos como propuestas,


el horizonte ya y un zumbar de estrellas


para ladear la finitud.





Fuera del tiempo:





Los ojos en estado de abrazo,


masticando los hermosos restos,


respirando la levedad del cuello,


un pie trepa otro pie, la pierna trenza.





Arrancada la piel del amado atajos


a tajos reedificando el aliento;


lucido lumbre del roce.


                       Espanto de la quietud.





La melodía del silencio:


un sueño lúcido.







Lucio L. Madariaga (1985, Buenos Aires, Argentina)


Imagen: El vendedor de la tierra

Baldomero Fernández Moreno


Soneto de tus vísceras




Harto ya de alabar tu piel dorada,

tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu riqueza elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada,

al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,

a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,

vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.


BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO (1886 / 1950, Buenos Aires, Argentina)

De. "Versos de Negrita" (1920), Editorial Deucalion, 1956 
Enlaces: El trabajo de las horas, blog de Pablo Anadón

agosto 20, 2011

Irene Frydenberg, inéditos











Durmiendo










Verte dormir, digo tu pie buscando delicadísimo mi pie; digo


tu mano


apenas mis dedos yéndose.





Verte dormir, digo correr la almohada como quien echa de sí


los obstáculos;


verte dormir, digo


estar espía de tus respirares y en medio


espectadora indecisa, digo


no desear más.





Verte dormir, digo ir cayendo


arrinconarse


participar del espectáculo


y volver a pelear el sueño, digo


para que no termine el arco de tu presencia que me toca


y se emborracha.





Verte dormir, digo


es el premio que gané en una justa desconocida


que me hace batallar aún hoy


con todos mis soldados derrotados.














Dulce monotonía










No puedo contar a nadie


los idiomas de tu piel





No puedo despreocuparme


ni abandonar


                   la recordada


                                     


monotonía de tus labios















Constancia










Insiste el corazón en errar solo.


Insiste la luciérnaga.





Insiste el árbol, insiste el mar
contra las cosas.


Insisten mis manos en dar forma /
en desfondar.





Insisto yo


               agazapada


construida raramente y levísima de
hierro.





Insiste el corazón en quedar mudo,


insiste en no darse al encuentro /
ni a la fuga.











Deseo








Cómo quisiera tu regreso y que fueras el esperado:


lo que se come de a dos


para no ser más este monólogo


loco de ausencia y celibatos.





Cómo quisiera que volvieras para cuidar esa frontera centro de mí


y no ser más


este fantasma


evanescente como ola.











Irene Frydenberg (1956, Buenos Aires, Argentina)

De: "Corte" (inédito)



Enlaces: El poeta ocasional



agosto 19, 2011

Herman Melville






Fragmentos
de un perdido poema gnóstico del siglo XII















Fundes una familia, construyes un
estado


El tiempo
prometido es aún el mismo:


La materia
nunca habrá aplacado


Su clamor
brutal y antiguo.





La
indolencia es aquí la aliada


Y la energía
una criatura infernal:


El Buen
Hombre vierte del cántaro agua clara


Pero orilla
el envenenado brocal.














Arte















En horas
plácidas contentos soñamos


Bravos,
incipientes argumentos.


Pero en la
forma que se presta y crea el pulso de la vida,


Cuántas
cosas y hechos desiguales deben hallar acuerdo


La llama ha
de fundir, el viento debe enfriar;


La triste
paciencia, valiosas energías,


Humildad,
aún orgullosa, y agravios,


Instinto y
estudio, amor y odio,


Audacia y
veneración. Estos deben unirse


Y fusionarse
en el mítico corazón de Jacobo,


Y su lucha
con el Angel, eso es el Arte.
















Shiloh: réquiem















Girando
suavemente, sin esfuerzo


Las gaviotas
vuelan bajo


Sobre los
campos nublados


Los boscosos
campos de Shiloh,


Y las
llanuras donde la lluvia de Abril


Alivia al
febril conmocionado en su dolor


A través de
la tregua nocturna


Tras la
batalla un domingo.


Alrededor de
la capilla de Shiloh,


La desolada
iglesia hecha de troncos


Recoge el
eco de muchos que parten con quejidos,


La plegaria
natural de los rivales allí entremezclados


Rivales en
la mañana, pero amigos al anochecer.


Ahora la
fama o la Nación
pueden ahorrarse sus cuidados:


(¡Nada tan
poco decepcionante como una bala!)


Ahora ellos
descansan allí abajo,


Mientras las
gaviotas vuelan a flor de tierra


Y todo es
calma y silencio en Shiloh.
















El
témpano (un sueño)















He visto una
nave de construcción marcial


(Estandartes
enarbolados, temeroso aparejo)


Timonear por
mera locura hacia un impasible témpano,


Y luego sin
demora, su fatua robustez irse a pique.


El impacto
partía bloques enormes de hielo por el aire,


Que iban a
dar la cubierta de modo tétrico,


Pues esa
sola avalancha fue todo


Para hacer
zozobrar la nave de súbito.





A lo largo
de las espuelas pálidas del hielo


Ni un madero
ni una frágil traza de la nave


El imponente
prisma de verde hielo no siente el topetazo


Ni un
ornamento ni un vestigio queda,


Ni las gotas
pendiendo de las grutas se inquietan,


Cuando la
nave se va a pique.


Ni siquiera
las gaviotas  como una nube rondan


Un pico
alejado, ni otras aves que descendían


Ni las
playas de cristal, se conmueven.


Tampoco el
menor estremecimiento bulle


Como para
que bruscas agujas de hielo se levanten


Cuando los
mástiles colapsan entre olas


E
inconmovible el bloque se mantienen en su sitio.


Ni las focas
amodorradas en los resbalosos y brillantes flancos


Resbalaron
desde pesadas placas


Disparadas a
ambos lados de la nave  


La impetuosa
nave que en vana resistencia sucumbe.  





Inquebrantable
el témpano parece, tan vasto, tan frío


Su mortal
desánimo lo ensombrece;


Y sin
embargo le hace exhalar su insano aliento-


Disolviéndose
a la deriva y destinado a estar muerto


El témpano,
pesado y torpe, que holgazanea y pierde el tiempo


Invade el
barco con lamentos y lo hunde


Lo hace
resonar en la profundidad abisal 


Sin
perturbar demasiado el cieno


Y a la
viscosa caracola, que se revuelven


Junto a la
exámine indiferencia de sus flancos.
















Inmolado
















Niño de mi
feliz albor


Cuando aún
vivías conmigo, y enviabas


Tu arco iris
por sobre la vida y el tiempo,


¡Incluso
sobre la Esperanza,
mi esposa, y madre para vos!


Oh, nutrido
en el dulce aire pastoral


Alimentado
de flores, luz y rocío de los prados matinales,


Sálvame , y
con tu salvación repruebame;


Pero no, no
reproches mi escaso temple fértil y mi inestable humor


Aunque celoso
de tu amplio futuro te haya sellado en un dócil destino.


¿Acaso
hubiera podido salvarte del temeroso ladrón


Incluso
ignorando el triunfo de la más insincera y unánime mediocridad? 


Descansa,
pues, libre, absolutamente libre


Mecido en
los brazos de la serena noche.  

















Remordimiento















Cuando desde
el oceáno las nubes se levantan


Sobre las
colinas y revuelven la sequedad del otoño


Y con horror
desbordan los cauces de los valles


Y en el
pueblo la cúpula se partió y ha caído


Entonces
pienso en las enfermedades de mi país                     


El vendaval
sopla encendido desde los despojos del Tiempo


Por sobre la
más puras esperanzas de este mundo


Y entre los
más necios crímenes de los hombres.








El lado
oscuro de la naturaleza se revela


Ah! Ligera
y  descorazonada corriente


Hasta un
niño podría advertir la apesadumbrada faz


De la negra
y joven montaña desolada


Entre gritos
los torrentes corren, surgen, saltan


Y otras
tormentas se forman en la tormenta que sentimos:


La cicuta se
sacude en su tallo, el roble en la quilla
















El
tiburón de Maldivas















Junto al
tiburón, ese flemático


Y pálido
borracho del mar de Maldivas,


Va el pez
piloto, de azul estampa fina


Y qué alerta
va, atento a los dientes de serrucho,


Pero ningún
daño ha de temer


Y ágil y
vivaz se desliza acompañando al flanco atroz


O incluso
delante antes de la cabeza górgonica


O es que
custodian los aserrados dientes


Que en
triple franja relumbran 


Como si
fueran las mismas puertas del cielo


Que los
peligros no atraviesan


¡Y allí
encuentran asilo en las mandídulas de los Destinos!


Los peces
piloto, que son amigos del tiburón


y lo guían
hasta la presa,


jamás toman
parte del banquete,


ellos son
todo ojos y cerebro


del viejo
letárgico y de expresión pasmada


pálido
devorador de horrible carne.


  






Herman
Melville acusaba la arrogancia humana para con Dios y la naturaleza, y se
colocó del lado de los primitivos y los salvajes cuando vivió entre estos, (en
las Islas Marquesas habitó con caníbales habiendo escapado de un barco donde el
trato era brutal); va a situarse en un extremo del tiempo y de su espacio
vital, más precisamente en el punto de vista del primitivo, incluso, poniendose
a resguardo de la civilización. En su sensibilidad tallaron el júbilo generoso
y animado de la vida colectiva y placentera de los buenos salvajes, muy en
contrario de las inclinaciones caníbales de estos. Hay indicios de que Melville
se imbuyó del espiritualismo oriental, (no podía pasarle desapercibido) y lo
extendiera a su reflexión y preocupaciones morales acerca de la religión y el
mal, el destino común y la civilización, que lo enriqueciera a la influencia de
Shakespeare y la Biblia,
donde ya estaba el tema de la consustanciación, o confusión de los opuestos. De
aquellos viajes regresó con fascinantes experiencias que desembocaron en sus
primeros relatos de aventuras de ultramar entre culturas exóticas. Melville
relataba a sus familiares y conocidos las alternativas de estos viajes y fueron
sus oyentes, algunos, personajes influyentes de la época, quienes lo alentaron
a grabar en papel sus relatos.




Se supone
que al tiempo de escribir Moby Dick estuvo loco, sino gravemente enfermo, casi
espiritualmente paralizado. Borges, en un poema que le dedica, con
significativo barbarismo, dice: y el mar lo rodeó. 














Aquí se
quiere elogiar la hondura y sutileza filosófica de Melville acerca del destino
humano, como Tomas Hardy, de su carácter fatal, de la vasta e incesante
naturaleza de los destinos. En el poema El tempano (un sueño)  sugiere que todo cuanto el mundo persigue
debe implacablemente fracasar, pero además y como una cosecuencia irónica, el
fracaso también ha de fracasar, ¿y entonces qué?. Con agudeza, enfrenta el
error y la arrogancia humana. Por momentos, podría imaginarse un solo y único
tema situado de transfondo a toda su obra, y que postula que el hombre
accionando contra el mundo sólo termina por accionar contra sí mismo, es decir,
el mal. Hay una líneas de un poema de 
Guillaume Apollinaire que hubiera gustado a Melville: Piedad para
nosotros que combatimos siempre en las fronteras de lo ilimitado y del
porvenir. En unos poemas donde el tema es la guerra civil norteamericana, si
bien defiende el lado de la causa antiesclavista no deja de condenar la falta
de una debida honorabilidad de los vencedores deben para con los vencidos. En
esta época comparte con Whitman la preocupación por la guerra y el destino de
su país.   




El tema de
la interacción de los  opuestos, aparece
una y otra vez. En Bartleby, la recurrente y seca respuesta del escribiente
recuerda al principio de no-acción del Taoísmo, y la relación entre la
consideración del escribano y la parquedad de Bartleby, esta última como un
elemento insólito, sobre el que Melville dobla la apuesta con otro elemento
insólito aunque previsible en la cadena de hechos; cuando Bartleby termina
trabajando en la Oficina
de Cartas No Reclamadas.   




En los
poemas aquí elegidos encontramos esa voluntad reflexiva por sobre el poema de
raíz estética, sensible o simplemente mundana, estos provienen de sus libros
Battles pieces and aspects of the war, (en este trata acerca de la Guerra entre el Norte y el
Sur, en la que hubo alrededor de seiscientos mil muertos), y Timoleon. También
escribió un largo poema llamado Clarel. Sus poemas bastante adustos, en
apariencia, son poemas que no parecen tener demasiada gratitud; considerar que
un tiburón debe ser guiado hasta su presa; imaginar que la vastedad de la noche
da cobijo a los hijos perdidos y que la pasan mejor allí que aquí abajo; la
imagen de los enemigos, de los caídos cuyos lamentos y gemidos de dolor se
entrelazan en el aire; o cuando describe el vendaval que agita a la vez las
esperanzas del mundo y la vileza de los crímenes humanos. Sin dudas, Melville
combate aún en las fronteras de lo ilimitado y del porvenir.

















Herman Melville (1819 / 1891, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)


De: Preferiria no hacerlo N° 3, Septiembre 2006


Nota y traducción: Alberto Gagetti


Charles Cros


Yo sé hacer los versos perpetuos /Los hombres se maravillan ante mi voz que dice la verdad / la suprema razón que heredé y me fue confiada / no puede comprarla ni todo el oro del mundo./ Todo lo
he tocado: el fuego, las mujeres, las manzanas / Todo lo he sentido: el invierno, la primavera, el verano / He descubierto todo, ningún muro ha podido detenerme / Pero, Fortuna, dice: ¿Cuál es tu nombre?. El autor de estas líneas fue Charles Cros (1842-1888), francés. Además de poeta y humorista, fue un osado
inventor; diseñó un medio de comunicación interplanetaria que consistía en un poderoso reflector focalizado hacia un espejo parabólico cuyo eje debía apuntar al 
astro destinatario reproduciendo
con moldes una imagen luminosa. En 1872 escribe “Un drama interestelar”, en el que los terrestres se comunican con los venusianos intercambiando imágenes de la flora. En el drama, el hijo del astrónomo y una venusiana se enamoran. Luego ellos se sienten tentados de vencer las oscuras distancias siderales mediante el más detallado y completo intercambio luminoso de sus propias imágenes. El idilio dura tres años, pero los dos enamorados acaban suicidándose al no concretar su amor, lo que lleva a la creación de una Convención planetaria que reglamente la comunicación interestelar. Entonces Cros presenta a la Academia de las Ciencias de París su Proyecto de comunicación interplanetaria. Quizás fuese este su
invención más utópica. Un año antes que Edison en Estados Unidos, envía a la Academia un proyecto de fonógrafo, similar al del estadounidense quien quedó como el inventor del mismo; debido a un incidente burocrático : la Academia de las Ciencias revisó el proyecto de Cross tardíamente. Realizó también importantes hallazgos relativos al azimut, la fotocromía, la reproducción sonora, y otros algo más locos como la galactoterapia y la transfusión del alma. Creía que todo era posible y que inevitablemente habría de sobrevenir un mundo nuevo. También se lo consigna como el inventor del monólogo y en el Chat Noir se gana la vida haciendo reir al público. Frecuenta los grupos heteróclitos: el salón de Nina Villard, quien sería por un tiempo su esposa, los Hidrópatas ( los hidrópatas cantan a coro la canción de lo licores), los Zuticos, conoce a Rimbaud y a Verlaine, este último no lo incluye en esa afamada antología de los poetas malditos. Como poeta es díficil de clasificar, por que no encajaba en ninguna de las actitudes de su época. Escribió El cofre de sándalo y El collar de garras. En el prefacio de este último, Herbert Juin, llama su atención a todos aquellos que sueñan con imponer una idea serena al desorden de la historia de las letras. De Guy-Charles Cros, su hijo: La gloria de un genio muerto no depende como se supone del capricho de los vivos. Tarde o temprano, los nombres
que merecen sobrevivir emergen del olvido para anclar en la memoria de los hombres.


                                   El arenque ahumado
 

Había un gran muro blanco, desnudo, desnudo, desnudo
Contra el muro una escalera, alta, alta, alta
Y en el piso un arenque ahumado, seco, seco, seco

Entonces él llega y sube a la escalera, alta, alta, alta
Y clava un clavo puntiagudo, toc, toc, toc
A lo alto del gran muro blanco, desnudo, desnudo, desnudo

El deja caer el martillo, que cae, que cae, que cae
Ata al clavo una cuerda, larga, larga, larga
Y a su punta el arenque ahumado, seco, seco, seco

El desciende la escalera, alta, alta, alta
Se la lleva con su martillo, pesado, pesado, pesado
Y luego parte, lejos, lejos, lejos

Y después el arenque ahumado, seco, seco, seco
Colgando del piolín, largo, largo, largo
Muy lentamente se balancea, lento, lento, lento

He escrito esta historia, simple, simple, simple
Para enfurecer a las personas, serias, serias, serias
Y divertir a los niños, pequeños, pequeños, pequeños


Charles Cros (1848, Fabrezan / 1888, París, Francia)
Nota y traducción: Alberto Gagetti
Imagen: elaguijonmusical.over-blog.es