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octubre 31, 2019

Forugh Farrokhzad




Forugh Farrojzad



Sobre la tierra







Nunca he deseado

convertirme en una estrella en el espejismo del cielo

o como el espíritu de los selectos

convertirme en compañera callada de los ángeles

Nunca me separé de la tierra

Nunca me relacioné con la estrella

Estaba encima de la tierra

con mi cuerpo que como el tallo de una planta

absorbe el viento, el sol y el agua

para vivir



Fecunda de deseo

Fecunda de dolor

Sobre la tierra estaba

para que las estrellas me alabaran

para que la brisa me acariciara



Miro por la portezuela

No soy más que el eco de una canción

No soy eterna

No busco más que el eco de una canción

en un grito de gozo más puro

que el sencillo silencio de una tristeza

No busco el nido

en el cuerpo que es rocío

sobre el lirio de mi cuerpo



En la pared de mi cabaña que es la vida

con la caligrafía negra del amor

los transeúntes

han dibujado recuerdos:

el corazón traspasado por la flecha

la vela volcada

pálidos puntos silenciosos

en las letras agitadas de la locura

Un labio llegó a mi labio

Una estrella se engendró

durante la noche que se sentaba

sobre el río de los recuerdos

¿Por qué deseo una estrella?



Este es mi canto

agradable placentero

Antes no fue más que esto







FORUGH FARROKHZAD

1934 / 1967, Teherán, Irán


Traducción: Clara Janés



Enlace: La Tribu




octubre 28, 2019

Rita Kratsman: Dedalus discutía con Bloom



EL esmog cuelga sobre el Riachuelo: acquamorta
remanente de una ciudad productiva
una nave cualquiera alimentaría el sueño
de una tierra de trópicos
si te largás a nadar es bueno que sepas que nadie
se aleja ni vuelve
la niebla puede unificarse con tu ojo aunque
igual verías lo que hay que ver
el peso de un cuerpo en el fangal
estaría amortiguado por el ritmo alborotado
de la calle más cercana y en la palabra sujeta
a ese efecto se lee miedo
¿alcanzará el héroe a construir un refugio seguro?
Dedalus discutía con Bloom
acerca de cómo morir y enterrar a los muertos
ningún pez se animaría a remontar ese curso
y el agua, pasando por los bordes sucios
ahora


Rita Kratsman
Otros poemas de RITA KRATSMAN, aquí
Enlace: La ficción del olvido / La infancia del procedimiento



octubre 27, 2019

Daniel Calabrese: No hay vacío, el exceso de materia no deja sitio para respirar


Cuidado con la realidad




Esto es un paisaje real.                     
Las cosas suceden como debajo del agua,
los sonidos, tu voz, aquellos motores
que arrastran sus cargas pesadas en la ruta, 
la respiración del semáforo, una luz,
la hiedra apretando la noche, 
otras luces redondas en la plaza,
el aura densa de todos los objetos, como ungidos, 
y las columnas, bajo la humedad de un cielo 
donde retumba cada paso.

Es un lugar tan real
que todo se muestra como si existiera dos veces.

No hay vacío,
el exceso de materia no deja sitio para respirar 
y entonces, cualquiera,
bajo la luz quebrada de estas ramas,
en este fondo cálido de pantano citadino, 
cualquiera, digo, se vuelve un pez.

Es un paisaje demasiado real,
aunque un vidrio nos separe de los roces cotidianos, 
aunque estemos sentados frente
al mundo que, en cualquier momento,
se desintegra con apenas un corte de luz.


Daniel Calabrese
DANIEL CALABRESE (1962, Dolores, Provincia de Buenos Aires, Argentina).
En 1982 es reclutado por el Ejército Argentino con motivo de la Guerra de las Malvinas y movilizado al teatro de operaciones. Finalizado el conflicto se radica en la ciudad de Mar del Plata, donde ingresa a la universidad e incursiona en la música como miembro de la Bristol Jazz Band (guitarra) y en el teatro como compositor de música incidental y autor de la obra Una de película (1986), estrenada en el teatro Mi País. Allí publica su primer libro (1989) y participa activamente en el medio, colaborando con el suplemento de cultura del diario La Capital. Al año siguiente es distinguido con el Premio Alfonsina​ por su obra poética.
En 1991 se radica en Santiago de Chile y funda el sello RIL editores, donde se desempeña como director de publicaciones y director de la colección Poesía. Es fundador y director de Ærea, anuario hispanoamericano de poesía.
Traducido parcialmente al italiano, al inglés y al japonés, ha publicado en Barcelona, Kioto y Buenos Aires y participado en festivales y encuentros de literatura, entre los que se puede citar el 16 World Congress of Poets en Maebashi (Japón, 1996), Encuentro Iberoamericano de Escritores (Chile, 1998), Festival Internacional de Poesía de Rosario (Argentina, 1999), Festival Internacional de las Letras de Monterrey (México, 2004), Festival Chile-Poesía (Santiago, 2007), Festival Internacional de Poesía de Granada (Nicaragua) (2010 y 2017),​ Recital Internacional de Poesía en el marco de la FILSA (Chile, 2011), Festival Internacional de Poesía de Uruguay (Montevideo, Florida, 2018), entre otros.
Con su obra Ruta Dos obtuvo en 2013​ el Premio Revista de Libros de El Mercurio por decisión unánime del jurado integrado por los premios nacionales de literatura Óscar Hahn y Raúl Zurita, junto al académico César Cuadra. (En Wikiwand)
Imagen: Revista Descontexto

octubre 21, 2019

Philip Levine: Mi abuelo lo llamaba reloj para el buen vestir...

poesía norteamericana

Herencia



A un Bulova rectangular, mi abuelo
lo llamaba reloj para el buen vestir. Yo lo usé durante años
y aunque no daba bien la hora
yo apreciaba el sentido de comunidad
que ofrecía, la hermosura de ciertos números –
el siete especialmente, la forma en que se inclinaba
a su labor sutil y nunca cambiaba
y significaba exactamente lo que era
y no más. En mis sueños aprendí
que solo el reloj, el círculo
de fresnos que me rodeaba, el pasto
pinchándome los pies descalzos y por supuesto
mi desnudez eran necesarios, aunque
cosa común y corriente. Al acabar mi juventud,
todavía creía que todo en los sueños
significaba algo que podía analizar para descubrir
quién era yo.

Mientras escribo estas palabras

en sepia, en una página a rayas, no tengo
idea de por qué han cobrado la forma
que les di, algunas en cursiva, otras no,
algunas articuladas elegantemente, otras, simples,
muchas totalmente inútiles. Siguieron trabajando
lo mejor que podían, la Parker 51
que pasó su mayoría de edad volviendo
al idish o el reloj
que finalmente alzó sus barrocos brazos gemelos,
se rindió al infinito y se detuvo
sin decir palabra. La Parker trabaja aún
y no hay de qué culparla. En los días buenos
trabaja mejor que yo y cuando gotea,
gotea solo tinta, sin dejar de decir
la palabra más adecuada.

Cuando era niño me metía sigilosamente

en el dormitorio de mi abuelo, encontraba el reloj
en un estuche de terciopelo, le daba cuerda, me lo acercaba
a cada oído – en ese entonces, ambos funcionaban –
para oír su música, las ruedas y ejes
enjoyados que mantenían vivas las horas.
Hay todavía mucho placer en estas piezas
de aquella época: el reloj,
la Parker, el pequeño cortaplumas
que él usaba para separar la verdad de las mentiras,
la boquilla de marfil del cigarrillo –
un regalo, aseguraba, de Franklin D. Roosevelt
que lo confundió con un famoso
violinista ruso. Las puedo llamar
“infinitas riquezas en un cuarto pequeño”
o hacer grandiosa la cosa y considerarlas
como fragmentos de un gran misterio
en vez de lo que en verdad son,
amuletos sin magia.



Inheritance



A rectangular Bulova, my Zeide
called a dress watch, I wore it for years,
and though it gave the wrong time
I treasured the sense of community
it offered, the beauty of certain numerals –
the seven especially, the way it leaned
into its subtle work and never changed,
and signified exactly what it was
and no more. In dreams I learned
that only the watch and the circle
of ash trees surrounding me, and the grass
prodding my bare feet, and of course
my nakedness were necessary, though
common. Just surrendering my youth,
I still believed everything in dreams
meant something I could parse to discover
who we were.
s I write these words
in sepia across a lined page I have
no idea why they’ve taken the shape
I’ve given them, some cursive, some not,
some elegantly articulated, others plain,
many of no use at all. They go on working
as best they can, like the Parker 51
that spent its coming of age stumbling
backwards into Yiddish or the Bulova
that finally threw up its twin baroque arms
in surrender to the infinite and quit
without a word. The Parker still works
and is never to blame. On good days
it works better than I, and when it leaks
it leaks only ink, never a word best
left unsaid.
As a boy I would steal
into Zeide’s bedroom, find the watch
in a velvet box, wind it, hold it
to each ear – back then both worked –
to hear its music, the jeweled wheels
and axles that kept time alive.
There is still such joy in these tokens
from back of beyond: the watch,
the Parker pen, the tiny pocket knife
he used to separate truth from lies,
the ivory cigarette holder –
a gift, he claimed, from FDR
who mistook him for a famous
Russian violinist. I could call them
“Infinite riches in a little room”
or go cosmic and regard them
as fragments of a great mystery
instead of what they are,
amulets against nothing.

Otro poema de PHILIP LEVINE, aquí
Traducción: Adam Gai
Enlaces: Círculo de Poesía / Otra iglesia es imposible
Imagen: LaPatilla

octubre 19, 2019

Marcelo Díaz: La lluvia antes de la lluvia


No puedo contar estrellas    
al infinito 
pero sí puedo repasar 
el diagrama sentimental 
en el que descansan 
nuestras voces y que aparece 
cada vez que pienso 
en cuanto quisiera 
perderme en el brillo de las flores 

-cómo pudo encontrarme tu corazón-

¿Quién advierte la hoja agitándose en solitario ?
si agitándose en el vacío
hasta la soledad se desintegra como si fuera
el día anterior al último día
y lo supiéramos
al igual que esos insectos
que anuncian la lluvia antes de que la lluvia
anillada en el mismo sentimiento
que los une los separe, digo,
entonces por qué (no) nos retiramos de la vida
¿por qué volver a caer?
¿cuántas cosas guardaste en tu memoria?

¿fantaseaste con no regresar nunca
con arder en la lluvia, apagarte en la soledad de un jardín de provincia
salpicado de lavanda?

Todos tenemos una proyección mental
multiplicando la ausencia
en la mía somos millones
de luciérnagas
convertidas en luz
y más adelante convertidas en sombra y así

por más que no te asuste la ausencia
en algunos es más lírica
que en otros
y la mía es una llamarada
formando un espiral de oscuridad
que termina con tu nombre


Marcelo Díaz
Otros poemas de MARCELO DÍAZ, aquí



octubre 16, 2019

Rogelio Ramos Signes: El viejo tren salitrero, que ya lleva cien años detenido


Detrás de esa ventana


a Romina Campos


Cazadores prematuros hablan de lagartijas
y algo se estremece en tu piel
acostumbrada a cremas de lejana factoría.
Recolectores tempraneros juntan hongos negros
pero tu dieta pide semillas que ya nadie comercia.
¿Y qué hacemos entonces, princesa imaginaria,
si el chasquido del mar se diluye en el trayecto
y no terminas de cocinar esa albacora?

El viejo tren salitrero, que ya lleva cien años detenido,
puede entrar en la estación en cualquier momento
y tienes que cargar tu valija con libros. ¡No lo olvides!

Señora de la Inmaculada Concepción
suéltanos una lluviecita esta noche,
algo que desbarate esta niebla homicida
que desbarranca autos en la carretera.
Señora de la Inmaculada Concepción
cómprate algo liviano en la feria y tolera nuestra alegría
que mañana es sábado, y detrás de esa ventana
hay una niña soñando música.


Rogelio Ramos SignesOtros poemas de ROGELIO RAMOS SIGNES, aquí
Enlaces:
Letralia: Entrevistas Adamar

octubre 15, 2019

Ada Limon: De pie en la crecida del enlodado Mississippi


Pasarela     




La carretera no era tan peligrosa antes, 
cuando caminaba hasta la barandilla de acero, 
agachaba mi cuerpo flexible de niña, y miraba 
al agua fría del arroyo. En una primavera húmeda, 
el agua solía correr limpia y alta, piscardos 
mordisqueando arena y limo, un cangrejo de río 
a la sombra de las largas cañas de la costa. 
Me podía quedar mirando por horas, siempre algo 
nuevo en cada cuña acuosa—
una tapa de botella, una bota negra, un sapo.
Una vez, el cadáver de un mapache, mitad debajo
del elevado, mitad fuera, se pudrió despacio
durante meses. Solía vigilarlo todos los días,
mirando hasta que los huesos blancos de su mano
estaban desprovistos de piel y parecían extenderse
hacia el sol cuando chocaba contra el agua,
mostrando sus cinco adorables dedos elásticos
aferrándose todavía. No creo que lo venerase,
su falta de vida, pero me gustaba la evidencia
de él, la forma en que se sentía como un trabajo diario
tomar notas de su transformación en arena.


La mujer maravilla




De pie en la crecida del enlodado Mississippi,
después que el doctor de Urgencias apenas dijese, Bueno,
son cosas que pasan, volví a dejarme engañar
por New Orleans otra vez más. Pastillas para el dolor giraron
como remolino en mi cartera junto a un hechizo para más tarde.
Me ha tomado tiempo admitirlo, estoy en una intensa batalla contra
mi cuerpo, la columna vertebral inclinada treinta y cinco grados,
vértigo que va y viene como un villano de DC Comics
al que nadie puede matar. El dolor invisible es los dos
una suerte y una desgracia. Siempre te ves tan feliz,
me dijo un extraño una vez que me convertía a mi lado bueno
sonriendo. Pero ese día, sola a la orilla del río,
oía la charanga resonando desde el  Steamboat Natchez,
y por el rabillo de mi ojo, vi a una muchacha, de la mitad de mi edad,
vestida, sin una razón clara, de la Mujer Maravilla.
Se pavoneaba en toda su gloria y fortaleza, invencible,
eterna, y cuando me puse de pie para aplaudir (porque cómo no hacerlo),
hizo una reverencia y posó como si supiese que yo necesitaba un mito—
una mujer, en un río, indestructible.


Overpass 




The road wasn’t as hazardous then,
when I’d walk to the steel guardrail,
lean my bendy girl body over, and stare
at the cold creek water. In a wet spring,
the water’d run clear and high, minnows
mouthing the sand and silt, a crawdad
shadowed by the shore’s long reeds.
I could stare for hours, something
always new in each watery wedge—
a bottle top, a man’s black boot, a toad.
Once, a raccoon’s carcass half under
the overpass, half out, slowly decayed
over months. I’d check on him each day,
watching until the white bones of his hand
were totally skinless and seemed to reach
out toward the sun as it hit the water,
showing all five of his sweet tensile fingers
still clinging. I don’t think I worshipped
him, his deadness, but I liked the evidence
of him, how it felt like a job to daily
take note of his shifting into the sand


Wonder woman 




Standing at the swell of the muddy Mississippi
after the Urgent Care doctor had just said, Well,
sometimes shit happens, I fell fast and hard
for New Orleans all over again. Pain pills swirled
in the purse along with a spell for later. It’s taken
a while for me to admit, I am in a raging battle
with my body, a spinal column thirty-five degrees
bent, vertigo that comes and goes like a DC Comics
villain nobody can kill. Invisible pain is both
a blessing and a curse. You always look so happy,
said a stranger once as I shifted to my good side
grinning. But that day, alone on the riverbank,
brass blaring from the Steamboat Natchez,
out of the corner of my eye, I saw a girl, maybe half my age,
dressed, for no apparent reason, as Wonder Woman.
She strutted by in all her strength and glory, invincible,
eternal, and when I stood to clap (because who wouldn’t have),
she bowed and posed like she knew I needed a myth—
a woman, by a river, indestructible.


La mujer maravilla, poesía norteamericanaADA LIMON (1976, Sonoma, California, Estados Unidos de NA)
Fuente: Revista Temporales. 
Traducción: Jorge Vessel
Enlaces: Ada Limon / Buenos Aires Review / Emma Guns / Carlos Alcorta / Poetry Foundation
Imagen: The Art Divas

octubre 13, 2019

Valeria Cervero: Nos sentamos cada una en...



Nos sentamos cada una en un extremo,
un comienzo desparejo por las diferencias
entre nuestros cuerpos.
Ella siempre más alta y robusta,
yo menuda, y como si tuviera menos edad.
El desnivel me exige otro esfuerzo;
me empeño en que mi cuerpo pese,
pero es inútil. Apenas rozo la arena
con las puntas de mis pies
y ya me elevo, como si poco tuviera
que ver con el suelo, y mi destino siempre
fuera estar arriba.
Ella ríe sintiendo su poder:
me hace temblar en la punta de la tabla
mientras mis manos
se aferran a la manija que tengo delante.
Mis dedos aprietan el metal
como si fuera a tener efecto
sobre mi descenso. Balanceo
mis piernas en el aire
hasta que ella se impulsa con las suyas
y por fin sube. Llego a apoyar de nuevo
mis pies, me detengo por un segundo abajo,
en tierra firme, y vuelvo a despegar.
La secuencia se repite varias veces.
Empiezo a disfrutar de lo que parecía
una desventaja. Dejo de sentir
la prisión de la caída, por momentos
creo que ya no hay razones
para descender.

(De "Tantas formas de alejarnos del suelo")


Valeria CerveroOtros poemas de Valeria Cervero, aquí

octubre 11, 2019

José Luis Quesada: Sin vicios, sin resabios, sin arrugas.


José Luis Quesada




Cuerpos








Cuando menos se nombran

a sí mismos: crédulos y vacíos

de normas –desnudez sin atavíos-

los cuerpos todavía nos asombran.

Y entonces, nos subyugas,

alma imposible, cuando estás armada,

de un no sé qué de carne enamorada

sin vicios, sin resabios, sin arrugas.

El mal, tan atrevido,

no los corrompe más. La vida corre.

Y aunque nada hay que el tiempo no lo borre,

su pureza es más fuerte que el olvido.










JOSÉ LUIS QUESADA (1948, Olanchito / 2019, Tegucigalpa, Honduras)


Imagen: Fabricio Estrada

octubre 10, 2019

Daniel Oronó

Réquiem mecánico



He asistido sin querer al despiece
de un vencido motor de auto
en un oscuro taller.

Los hombres
identificaban con excitado esmero
las partes como joyas sucesivas.

En aquellas manos
parecían desmembrarse poco a poco
duros ejemplos de una ciega voluntad.

Así fui observando extrañado
como alguna vez
la metafísica de la velocidad
en las tripas de su secreto,
había pulido infructuosa
sobre la retórica de la materia
el inamovible deseo de llegar a todas partes.


DANIEL ORONÓ
1962, Dolores, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Extraído del Facebook de Fabián Chazarreta

octubre 08, 2019

Emilio Basso

Emilio Basso


El día que Leonard
Cohen murió sentí
una violencia cabalgar
la garganta seca
lloré en el baño de
Julia, nunca lo
conocí en persona
parecía un viejo gris
apático y malhumorado
la clase de viejo que
quisiera ser: solitario
escribiendo en la
imaginación: la sombra de
la hormiga, el eco del sexo
la falla del hombre en
destruir a dios, la nostalgia
ermitaña. Salimos a dar
vueltas por los bares
hasta que llegamos
a una mesa, ebrios
reímos y hablamos
al otro día no fui a
trabajar, no era
feriado, la resaca
y la angustia no
me dejaban salir
de la cama
lloré más que
cuando perdí a
mi abuelo, Leonard
me dijo algo
que no puedo olvidar:
Todo el mundo sabe
que la pelea fue arreglada
que el pobre se hace más
pobre y el rico más rico
Aleluya!



Autoayuda



Entré el esqueleto
al mecánico, un día
de lluvia como hoy
el hombre se puso de
pie y luego de acomodar
los tiradores del mameluco
dijo con voz de avalancha:
este modelo no sirve más
maestro, no alcanza con
cambiarle el aceite, no sirve
tener tres hijos para pintar
la felicidad del velocímetro,
no podrá ganar una beca
al silencio ni esos premios
que dan unos mangos le
recomiendo que lo venda
y si se anima le prenda fuego
con a un trapo con kerosene
así creó mi padre el fuego y
si está encariñado con el fierro
espero se lo roben y jamás lo
encuentre, será fácil vea está
abolladura de amor no tiene
arreglo: alguna vez vio morir
un animal sarnoso? parece
una momia, y es que los muertos
vuelven como metáfora o poema
en un chocolate que encuentra
no se desanime si el radiador está
lleno de bichos, tiene poco kilometraje,
porqué no se animó a andar más?
cuando uno se queda quieto el
oxígeno es implacable, aconsejo
la forma del agua que se adapta
al recipiente. Estás costillas
cumplieron su ciclo y la piel no
amortigua más, parece un mantel viejo
tómese unos días lo piensa y
cuando pueda, salga de si


EMILIO BASSO (1984, San Salvador de Jujuy, Provincia de Jujuy, Argentina)
Extraído del Fb de Emilio Basso

octubre 07, 2019

R.S. Thomas en versiones de Gerardo A. Gambolini


RS Thomas


El pozo oscuro 



Ellos te ven como te ven,
un granjero pobre y sin nombre
arando cuesta arriba, sembrando el viento
con chillidos de gaviotas al final del día.
Para mí eres Prytherch, el hombre
que dirigió más que todos
mi lenta caridad adonde hacía falta.
Hay dos hambres, el hambre de pan
y el hambre del alma rústica
que ansía la gracia de la luz. Yo he visto ambas,
y elegí para el oído indulgente del mundo
la historia de uno cuyas manos
se han magullado contra las puertas cerradas
de la vida; uno cuyo corazón, más lleno que el mío
de lágrimas tragadas, es el pozo oscuro
del que extraer, gota a gota,
la terrible poesía de su clase.



The Dark Well 

They see you as they see you, / A poor farmer with no name, / Ploughing cloudward, sowing the wind / With squalls of gulls at the day’s end. / To me you are Prytherch, the man / Who more than all directed my slow / Charity where there was need. / There are two hungers, hunger for bread / And hunger of the uncouth soul / For the light’s grace. I have seen both, / And chosen for an indulgent world’s / Ear the story of one whose hands / Have bruised themselves on the locked doors / Of life; whose heart, fuller than mine / Of gulped tears, is the dark well / From which to draw, drop after drop, / The terrible poetry of his kind.




Un mirlo cantando 



Parece mentira que de ese pájaro,
negro, atrevido, que sugiere lugares
oscuros, venga sin embargo
una música tan rica, como si el mineral
de las notas se volviera un metal precioso
a un toque de ese pico brillante.

Lo has oído muchas veces, solo en tu escritorio
a principios de abril, tu mente distraída
de su trabajo por la dulce turbación
de crepúsculo apacible fuera de tu cuarto.

Un cantor monocorde, pero que carga cada frase
con los matices de la historia, el amor, la dicha
y el dolor aprendidos por su oscura tribu
en otros huertos y transmitidos ahora
instintivamente como son,
pero siempre distintos con lágrimas nuevas.



A Blackbird Singing 

It seems wrong that out of this bird, / Black, bold, a suggestion of dark / Places about it, there yet should come / Such rich music, as though the notes’ / Ore were changed to a rare metal / At one touch of that bright bill. // You have heard it often, alone at your desk / In a green April, your mind drawn / Away from its work by sweet disturbance / Of the mild evening outside your room. // A slow singer, but loading each phrase / With history’s overtones, love, joy / And grieve learned by his dark tribe / In other orchards and passed on / Instinctively as they are now, / but fresh always with new tears.



El otro



Hay noches tan silenciosas
que puedo oír a la pequeña lechuza
a lo lejos y a un zorro que aúlla
a millas de aquí. Es entonces cuando
me echo en la cama, despierto,
escuchando el oleaje nacido en algún punto
del Atlántico,
subiendo y bajando, subiendo y bajando,
ola tras ola contra la larga costa
del pueblo que está sin luz
y sin compañía. Y me
viene la idea
de ese otro ser que
también está despierto,
dejando romper nuestras plegarias contra él,
no como esta, unas pocas horas,
sino durante días, años, la eternidad.


The Other

There are nights that are so still/that I can hear the small owl calling/far off and a fox barking/miles away. It is then that I lie/in the lean hours awake listening/to the swell born somewhere in/the Atlantic

rising and falling, rising and falling/wave on wave on the long shore/by the village that is without light/and companionless. And the/thought comes/of that other being who is/awake, too,/letting our prayers break on him,/not like this for a few hours,/but for days, years, for eternity.



R.S. THOMAS (1913, Cardiff / 2000, Criccieth, Gales, Reino Unido)
Enlaces:
http://faustomarcelo.blogspot.com/2017/02/poemas-de-r-s-thomas.html
https://www.poetryfoundation.org/poets/r-s-thomas
Imagen: BBC

octubre 06, 2019

Rosario Castellanos: Otro modo de ser humano y libre


Meditación en el umbral



No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser.


Rosario Castellanos
Otro poema de ROSARIO CASTELLANOS, aquí
Extraído del Fb de Alicia Silva Rey
Imagen: Milenio



octubre 05, 2019

Washington Delgado



Un caballo en la casa







Guardo un caballo en mi casa.

De día patea el suelo

junto a la cocina;

de noche duerme al pie de mi cama.

Con su boñiga y sus relinchos

hace incómoda la vida

en una casa pequeña.

¿Pero qué otra cosa puedo hacer

mientras camino hacia la muerte

en un mundo al borde del abismo?

¿Qué otra cosa sino guardar este caballo

como pálida sombra de los prados abiertos

bajo el aire libre?

En la ciudad muerta y anónima,

entre los muertos sin nombre, yo camino

como un muerto más.

Las gentes me miran o no me miran,

tropiezan conmigo y se disculpan

o me maldicen y no saben

que guardo un caballo en mi casa.

En la noche acaricio sus crines

y le doy un trozo de azúcar,

como en las películas.

Él me mira blandamente, unas lágrimas

parecen al punto de caer de sus ojos redondos.

Es el humo de la cocina o tal vez

le desespera vivir en un patio

de veinte metros cuadrados

o dormir en una alcoba

con piso de madera.

A veces pienso

que debería dejarlo irse libremente

en busca de su propia muerte.

¿Y los prados lejanos

sin los cuales yo no podría vivir?

Guardo un caballo en mi casa

desesperadamente encadenado

a mi sueño de libertad.







Washington Delgado

WASHINGTON DELGADO


1927, Cusco / 2003, Lima, Perú


Fuente: Zumo de poesía

Imagen: antoniomiranda


octubre 02, 2019

Álvaro Luquin


Álvaro Luquin



Arriba





Arriba, en el cielo los satélites: el amor neurótico de John, la


heroína y su esposa que se entretiene cagando enjoyada. Porque

en Coney Island pasa de todo. Hay un tirano que finge ser coach

y un joven cierra la herida del padre yendo a entrenar.

Volteando hacia atrás hay un letrero que dice: ―Masoquistas de

grueso calibre buscan rubia europea, de preferencia con voz de

ultratumba‖. Dicen que la idea fue de Andy pero lo dudo, se me

hace que fue Cale ―el esteta‖ para darle en su madre a Lou.

Su amistad con el rarito artista pop fue de altibajos; les enjaretó,

valiéndole madre, a Nico… sí, la chica fatal europea y así nació

el famoso banano.

Después ―Reload, la pelea, disolución y cada uno a su

respectiva chingada.

Cale, ―Paris 1919, Lou y el glam ―Transformer‖ producido

junto con Bowie

y vámonos por la senda salvaje a ―Berlín con Jim y Caroline

hasta el culo de oscuridad.

Volviendo a la Velvet. Fue un rempujón fugaz, cachondón.

Pero el vulgo le temía al cuero, a la idea de dormir miles de

años; al látigo y su Venus furiosa

en pompeta

que lame la punta

brillosa de la bota.

Y no olvidemos lo que escribió un periodista famoso y rockero

en la Rolling Stone: “Sí, muy pocos los escucharon. Pero de

aquella profusa minoría casi todos formaron una banda”.







ÁLVARO LUQUIN (1984, Guadalajara, México)
Enlace: http://www.vallejoandcompany.com/tag/alvaro-luquin/
Imagen: NTR Guadalajara

octubre 01, 2019

Miriam García Aguirre



El arte de dilatarse o la habilidad del silencio







Hay ciertos días de impecable estructura donde mi cabello es el

único acto de rebeldía posible: tal vez podría llevar un peinado

que atendiese al canon



si hubiese llevado una dieta que disciplinara mis expectativas

o renunciado con oportunidad a la posibilidad de aprender a

observar o a sentir: no sería yo,

esta mujer desalineada incapaz de obedecer por completo.



El arresto al que me someto para entrar en alguna de las celdas

posibles me deforma

de manera silenciosa. He dejado de resistir a la expansión de

mis propias dimensiones,



hubo un instante sin registro en el que decidí andar hacia un

rumbo donde las coordenadas tienen poca utilidad:



durante el tránsito por mundos en construcción y destrucción

frecuente es precisa la confianza

en la locura propia:



la libertad es algo existente en mi sustancia vital

un sueño colectivo que atraviesa los siglos de los siglos

de una lengua a otra lengua

de un cuerpo a otro cuerpo

de uno a otro aliento



por momentos, de silencio en silencio.