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Mostrando las entradas de octubre, 2019

Forugh Farrokhzad

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Sobre la tierra Nunca he deseado convertirme en una estrella en el espejismo del cielo o como el espíritu de los selectos convertirme en compañera callada de los ángeles Nunca me separé de la tierra Nunca me relacioné con la estrella Estaba encima de la tierra con mi cuerpo que como el tallo de una planta absorbe el viento, el sol y el agua para vivir Fecunda de deseo Fecunda de dolor Sobre la tierra estaba para que las estrellas me alabaran para que la brisa me acariciara Miro por la portezuela No soy más que el eco de una canción No soy eterna No busco más que el eco de una canción en un grito de gozo más puro que el sencillo silencio de una tristeza No busco el nido en el cuerpo que es rocío sobre el lirio de mi cuerpo En la pared de mi cabaña que es la vida con la caligrafía negra del amor los transeúntes han dibujado recuerdos: el corazón traspasado por la flecha la vela volcada pálidos puntos silenciosos en las letras agitadas de la locura Un labio llegó a mi labio Una estrella s...

Rita Kratsman: Dedalus discutía con Bloom

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EL  esmog cuelga sobre el Riachuelo: acquamorta remanente de una ciudad productiva una nave cualquiera alimentaría el sueño de una tierra de trópicos si te largás a nadar es bueno que sepas que nadie se aleja ni vuelve la niebla puede unificarse con tu ojo aunque igual verías lo que hay que ver el peso de un cuerpo en el fangal estaría amortiguado por el ritmo alborotado de la calle más cercana y en la palabra sujeta a ese efecto se lee miedo ¿alcanzará el héroe a construir un refugio seguro? Dedalus discutía con Bloom acerca de cómo morir y enterrar a los muertos ningún pez se animaría a remontar ese curso y el agua, pasando por los bordes sucios ahora Otros poemas de RITA KRATSMAN ,  aquí Enlace:  La ficción del olvido  /  La infancia del procedimiento

Daniel Calabrese: No hay vacío, el exceso de materia no deja sitio para respirar

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Cuidado con la realidad Esto es un paisaje real.                      Las cosas suceden como debajo del agua, los sonidos, tu voz, aquellos motores que arrastran sus cargas pesadas en la ruta,  la respiración del semáforo, una luz, la hiedra apretando la noche,  otras luces redondas en la plaza, el aura densa de todos los objetos, como ungidos,  y las columnas, bajo la humedad de un cielo  donde retumba cada paso. Es un lugar tan real que todo se muestra como si existiera dos veces. No hay vacío, el exceso de materia no deja sitio para respirar  y entonces, cualquiera, bajo la luz quebrada de estas ramas, en este fondo cálido de pantano citadino,  cualquiera, digo, se vuelve un pez. Es un paisaje demasiado real, aunque un vidrio nos separe de los roces cotidianos,  aunque estemos sentados frente al mundo que, en cualquier momento, se desintegra con apenas un corte de luz. DANIEL CALABRESE (1962, D...

Philip Levine: Mi abuelo lo llamaba reloj para el buen vestir...

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Herencia A un Bulova rectangular, mi abuelo lo llamaba reloj para el buen vestir. Yo lo usé durante años y aunque no daba bien la hora yo apreciaba el sentido de comunidad que ofrecía, la hermosura de ciertos números – el siete especialmente, la forma en que se inclinaba a su labor sutil y nunca cambiaba y significaba exactamente lo que era y no más. En mis sueños aprendí que solo el reloj, el círculo de fresnos que me rodeaba, el pasto pinchándome los pies descalzos y por supuesto mi desnudez eran necesarios, aunque cosa común y corriente. Al acabar mi juventud, todavía creía que todo en los sueños significaba algo que podía analizar para descubrir quién era yo. Mientras escribo estas palabras en sepia, en una página a rayas, no tengo idea de por qué han cobrado la forma que les di, algunas en cursiva, otras no, algunas articuladas elegantemente, otras, simples, muchas totalmente inútiles. Siguieron trabajando lo mejor que podían, la Parker 51 que pasó su mayoría de edad volviendo al ...

Marcelo Díaz: La lluvia antes de la lluvia

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No puedo contar estrellas     al infinito  pero sí puedo repasar  el diagrama sentimental  en el que descansan  nuestras voces y que aparece  cada vez que pienso  en cuanto quisiera  perderme en el brillo de las flores  -cómo pudo encontrarme tu corazón- ¿Quién advierte la hoja agitándose en solitario ? si agitándose en el vacío hasta la soledad se desintegra como si fuera el día anterior al último día y lo supiéramos al igual que esos insectos que anuncian la lluvia antes de que la lluvia anillada en el mismo sentimiento que los une los separe, digo, entonces por qué (no) nos retiramos de la vida ¿por qué volver a caer? ¿cuántas cosas guardaste en tu memoria? ¿fantaseaste con no regresar nunca con arder en la lluvia, apagarte en la soledad de un jardín de provincia salpicado de lavanda? Todos tenemos una proyección mental multiplicando la ausencia en la mía somos millones de luciérnagas convertidas en luz y más adelante convertida...

Rogelio Ramos Signes: El viejo tren salitrero, que ya lleva cien años detenido

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Detrás de esa ventana a Romina Campos Cazadores prematuros hablan de lagartijas y algo se estremece en tu piel acostumbrada a cremas de lejana factoría. Recolectores tempraneros juntan hongos negros pero tu dieta pide semillas que ya nadie comercia. ¿Y qué hacemos entonces, princesa imaginaria, si el chasquido del mar se diluye en el trayecto y no terminas de cocinar esa albacora? El viejo tren salitrero, que ya lleva cien años detenido, puede entrar en la estación en cualquier momento y tienes que cargar tu valija con libros. ¡No lo olvides! Señora de la Inmaculada Concepción suéltanos una lluviecita esta noche, algo que desbarate esta niebla homicida que desbarranca autos en la carretera. Señora de la Inmaculada Concepción cómprate algo liviano en la feria y tolera nuestra alegría que mañana es sábado, y detrás de esa ventana hay una niña soñando música. Otros poemas de ROGELIO RAMOS SIGNES,   aquí Enlaces: Letralia: Entrevistas   Adamar

Ada Limon: De pie en la crecida del enlodado Mississippi

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Pasarela      La carretera no era tan peligrosa antes,  cuando caminaba hasta la barandilla de acero,  agachaba mi cuerpo flexible de niña, y miraba  al agua fría del arroyo. En una primavera húmeda,  el agua solía correr limpia y alta, piscardos  mordisqueando arena y limo, un cangrejo de río  a la sombra de las largas cañas de la costa.  Me podía quedar mirando por horas, siempre algo  nuevo en cada cuña acuosa— una tapa de botella, una bota negra, un sapo. Una vez, el cadáver de un mapache, mitad debajo del elevado, mitad fuera, se pudrió despacio durante meses. Solía vigilarlo todos los días, mirando hasta que los huesos blancos de su mano estaban desprovistos de piel y parecían extenderse hacia el sol cuando chocaba contra el agua, mostrando sus cinco adorables dedos elásticos aferrándose todavía. No creo que lo venerase, su falta de vida, pero me gustaba la evidencia de él, la forma en que se sentía como un trabajo diario toma...

Valeria Cervero: Nos sentamos cada una en...

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Nos sentamos cada una en un extremo, un comienzo desparejo por las diferencias entre nuestros cuerpos. Ella siempre más alta y robusta, yo menuda, y como si tuviera menos edad. El desnivel me exige otro esfuerzo; me empeño en que mi cuerpo pese, pero es inútil. Apenas rozo la arena con las puntas de mis pies y ya me elevo, como si poco tuviera que ver con el suelo, y mi destino siempre fuera estar arriba. Ella ríe sintiendo su poder: me hace temblar en la punta de la tabla mientras mis manos se aferran a la manija que tengo delante. Mis dedos aprietan el metal como si fuera a tener efecto sobre mi descenso. Balanceo mis piernas en el aire hasta que ella se impulsa con las suyas y por fin sube. Llego a apoyar de nuevo mis pies, me detengo por un segundo abajo, en tierra firme, y vuelvo a despegar. La secuencia se repite varias veces. Empiezo a disfrutar de lo que parecía una desventaja. Dejo de sentir la prisión de la caída, por momentos creo que ya no hay razones para descender. (De ...

José Luis Quesada: Sin vicios, sin resabios, sin arrugas.

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Cuerpos Cuando menos se nombran a sí mismos: crédulos y vacíos de normas –desnudez sin atavíos- los cuerpos todavía nos asombran. Y entonces, nos subyugas, alma imposible, cuando estás armada, de un no sé qué de carne enamorada sin vicios, sin resabios, sin arrugas. El mal, tan atrevido, no los corrompe más. La vida corre. Y aunque nada hay que el tiempo no lo borre, su pureza es más fuerte que el olvido. JOSÉ LUIS QUESADA ( 1948, Olanchito / 2019, Tegucigalpa, Honduras) Enlaces:  Palabra y Punto  /  EcuRed  /  Círculo de Poesía Imagen: Fabricio Estrada

Daniel Oronó

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Réquiem mecánico He asistido sin querer al despiece de un vencido motor de auto en un oscuro taller. Los hombres identificaban con excitado esmero las partes como joyas sucesivas. En aquellas manos parecían desmembrarse poco a poco duros ejemplos de una ciega voluntad. Así fui observando extrañado como alguna vez la metafísica de la velocidad en las tripas de su secreto, había pulido infructuosa sobre la retórica de la materia el inamovible deseo de llegar a todas partes. DANIEL ORON Ó 1962, Dolores, Provincia de Buenos Aires, Argentina Extraído del Facebook de  Fabián Chazarreta

Emilio Basso

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E l día que Leonard Cohen murió sentí una violencia cabalgar la garganta seca lloré en el baño de Julia, nunca lo conocí en persona parecía un viejo gris apático y malhumorado la clase de viejo que quisiera ser: solitario escribiendo en la imaginación: la sombra de la hormiga, el eco del sexo la falla del hombre en destruir a dios, la nostalgia ermitaña. Salimos a dar vueltas por los bares hasta que llegamos a una mesa, ebrios reímos y hablamos al otro día no fui a trabajar, no era feriado, la resaca y la angustia no me dejaban salir de la cama lloré más que cuando perdí a mi abuelo, Leonard me dijo algo que no puedo olvidar: Todo el mundo sabe que la pelea fue arreglada que el pobre se hace más pobre y el rico más rico Aleluya! Autoayuda Entré el esqueleto al mecánico, un día de lluvia como hoy el hombre se puso de pie y luego de acomodar los tiradores del mameluco dijo con voz de avalancha: este modelo no sirve más maestro, no alcanza con cambiarle el aceite, no sirve tener tres hijo...

R.S. Thomas en versiones de Gerardo A. Gambolini

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El pozo oscuro  Ellos te ven como te ven, un granjero pobre y sin nombre arando cuesta arriba, sembrando el viento con chillidos de gaviotas al final del día. Para mí eres Prytherch, el hombre que dirigió más que todos mi lenta caridad adonde hacía falta. Hay dos hambres, el hambre de pan y el hambre del alma rústica que ansía la gracia de la luz. Yo he visto ambas, y elegí para el oído indulgente del mundo la historia de uno cuyas manos se han magullado contra las puertas cerradas de la vida; uno cuyo corazón, más lleno que el mío de lágrimas tragadas, es el pozo oscuro del que extraer, gota a gota, la terrible poesía de su clase. The Dark Well  They see you as they see you, / A poor farmer with no name, / Ploughing cloudward, sowing the wind / With squalls of gulls at the day’s end. / To me you are Prytherch, the man / Who more than all directed my slow / Charity where there was need. / There are two hungers, hunger for bread / And hunger of the uncouth soul / For the light’...

Rosario Castellanos: Otro modo de ser humano y libre

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Meditación en el umbral No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar. Ni concluir las leyes geométricas, contando las vigas de la celda de castigo como lo hizo Sor Juana. No es la solución escribir, mientras llegan las visitas, en la sala de estar de la familia Austen ni encerrarse en el ático de alguna residencia de la Nueva Inglaterra y soñar, con la Biblia de los Dickinson, debajo de una almohada de soltera. Debe haber otro modo que no se llame Safo ni Mesalina ni María Egipciaca ni Magdalena ni Clemencia Isaura. Otro modo de ser humano y libre. Otro modo de ser. Otro poema de ROSARIO CASTELLANOS,  aquí Extraído del Fb de  Alicia Silva Rey Imagen: Milenio

Washington Delgado

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Un caballo en la casa Guardo un caballo en mi casa. De día patea el suelo junto a la cocina; de noche duerme al pie de mi cama. Con su boñiga y sus relinchos hace incómoda la vida en una casa pequeña. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer mientras camino hacia la muerte en un mundo al borde del abismo? ¿Qué otra cosa sino guardar este caballo como pálida sombra de los prados abiertos bajo el aire libre? En la ciudad muerta y anónima, entre los muertos sin nombre, yo camino como un muerto más. Las gentes me miran o no me miran, tropiezan conmigo y se disculpan o me maldicen y no saben que guardo un caballo en mi casa. En la noche acaricio sus crines y le doy un trozo de azúcar, como en las películas. Él me mira blandamente, unas lágrimas parecen al punto de caer de sus ojos redondos. Es el humo de la cocina o tal vez le desespera vivir en un patio de veinte metros cuadrados o dormir en una alcoba con piso de madera. A veces pienso que debería dejarlo irse libremente en busca de su propia muer...

Álvaro Luquin

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Arriba Arriba, en el cielo los satélites: el amor neurótico de John, la heroína y su esposa que se entretiene cagando enjoyada. Porque en Coney Island pasa de todo. Hay un tirano que finge ser coach y un joven cierra la herida del padre yendo a entrenar. Volteando hacia atrás hay un letrero que dice: ―Masoquistas de grueso calibre buscan rubia europea, de preferencia con voz de ultratumba‖. Dicen que la idea fue de Andy pero lo dudo, se me hace que fue Cale ―el esteta‖ para darle en su madre a Lou. Su amistad con el rarito artista pop fue de altibajos; les enjaretó, valiéndole madre, a Nico… sí, la chica fatal europea y así nació el famoso banano. Después ―Reload, la pelea, disolución y cada uno a su respectiva chingada. Cale, ―Paris 1919, Lou y el glam ―Transformer‖ producido junto con Bowie y vámonos por la senda salvaje a ―Berlín con Jim y Caroline hasta el culo de oscuridad. Volviendo a la Velvet. Fue un rempujón fugaz, cachondón. Pero el vulgo le temía al cuero, a la idea de dormi...

Miriam García Aguirre

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El arte de dilatarse o la habilidad del silencio Hay ciertos días de impecable estructura donde mi cabello es el único acto de rebeldía posible: tal vez podría llevar un peinado que atendiese al canon si hubiese llevado una dieta que disciplinara mis expectativas o renunciado con oportunidad a la posibilidad de aprender a observar o a sentir: no sería yo, esta mujer desalineada incapaz de obedecer por completo. El arresto al que me someto para entrar en alguna de las celdas posibles me deforma de manera silenciosa. He dejado de resistir a la expansión de mis propias dimensiones, hubo un instante sin registro en el que decidí andar hacia un rumbo donde las coordenadas tienen poca utilidad: durante el tránsito por mundos en construcción y destrucción frecuente es precisa la confianza en la locura propia: la libertad es algo existente en mi sustancia vital un sueño colectivo que atraviesa los siglos de los siglos de una lengua a otra lengua de un cuerpo a otro cuerpo de uno a otro aliento...