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Mostrando las entradas de mayo, 2011

Jack Kerouac y Gary Snyder

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Sobre "Mente salvaje(poemas y ensayos)",  de Gary Snyder (Madrid, Árdora Exprés, 2000; traducción de Nacho Fernández)  por  Thais Morales Gary Snyder y Lawrence Ferlinghetti Jack Kerouac y Gary Snyder, vagabundos del Dharma Aunque Snyder ya no quiere hablar de aquella época, su relación con la generación  beat  es innegable, e incluso  mantuvo una larga amistad con Ginsberg hasta el día de su muerte. Sin embargo, fue su relación con Kerouac la que ha dejado una huella más profunda, al menos a nivel literario. Durante los meses en que se conocieron, a mediados de los años cincuenta, el autor de  En el camino  esbozó su segunda gran novela,   Los vagabundos del Dharma,  y una pequeña joya poética, un sutra llamado «The Scripture of the Golden Eternity». Con el tiempo, un Jack Kerouac repleto de contradicciones y alcoholizado acabó por demonizar a Snyder (igual que al resto de sus compañeros de generación) por sus tenden...

Gary Snyder

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Qué decir, todavía Leyendo las páginas de prueba tipográfica de los  Poemas completos  de Laughlin con miras a escribir un comentario, qué afectuosamente habla J. de Pound,           recuerdo un momento cuando…– A los veintitrés me sentaba en una cabina de vigía con un viento gris       azotando en el extremo  norte de las Cascadas del norte, por encima de  rocas y hielo, preguntándome           si debería ir a visitar a Pound a Santa Elizabeth. Y estudié chino en Berkeley, fui a Japón, en cambio. J. expresa su amor  por las mujeres, su amor por el amor, su dedicación , su haber causado el dolor,           allí mismo. Tengo 63 años ahora,  y voy de camino a recoger a mi hijastra      de diez años y conducir el automóvil; acabo de terminar una carta de cinco páginas para los supervisores del condado      con relación a un supervisor anterio...

Coral Bracho

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Terminal de autobuses del sur      Fieles al agua tensa que los sostiene  avanzan bajo la superficie sin alterarla.  De ella asumen los tonos,  en ella se hunden entre espejos;  son pasajeros  que se empalman y mezclan  frente a la puerta cuatro.    Han llegado hasta ahí  sin desprenderse de las formas constantes  que los guían sin mirarlos. Ignorados,  unidos entre brillos y objetos,  las siguen desde la hondura y son su apoyo, fluido modo de ver y desplazarse, en ese espacio invertido de reflejos y evidencias cambiantes. Ahí, entre el piso de mármol recién pulido, con una afable y abierta ligereza se funden. Algo jovial despliegan esas sombras; algo profundo advierten. CORAL BRACHO  (1951, Ciudad de México, México) De:  laestafetadelviento.es Imagen em Universidad de Colima Enlaces:  Letras Libres

Juan Pablo Salinas

Mesa 3 El espaldar de la silla saborea sus vértebras acaricia sus costillas en cada movimiento Bate las manos confundido atrapado en las telarañas que los gritos tejen por los costados Mientras arquea los hombros seguro de vivir entre estos ruidos. Un insecto cae en espiral un insecto expulsado de su conciencia flota posa en las paredes copula sobre las mesas y solo son moscas las que frecuentan sus días coinciden a cada instante con su mirada en cada banca a toda hora y es el tedio día a día Se desplaza al baño y pronto a la mesa todo se hace inaprensible sus ojos se vuelcan y se mira en medio de un anfiteatro sentado automatizado sobre un sillón con un control pegado a la mano y su dedo cambiando y cambiando y pronto el zapping diario y es Tele-Vida todos los días efímeras escenas de felicidad indigestiones de hambruna inmortalizada en spots de Herbalife noticias rebosantes de fatalidad y muertos, vidas, historias una mancha una suma de píxeles en la pantalla. JUAN PABLO SALINAS ...

José Watanabe: El ciervo es mi sueño más recurrente.

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José Watanabe | El ciervo El ciervo es mi sueño más recurrente. Siendo animal de manada aparece mirándome con alzada y orgullo de hombre solo. A media distancia pasta en un espacio pequeño, y alrededor todo petrificado, ningún cuerpo de carne que se le compare. El ciervo se mueve como articulado por fuertes elásticos internos que convergen en un poderoso órgano desconocido y central. De allí su caminar gracioso que disimula su enorme fuerza elástica, su potencial de vuelo. Imaginemos la eventualidad de un cazador y de un certero disparo, ya el ciervo está desarrollando su instantáneo salto en el cielo. La jauría sólo llegará a su primera sangre, a la sorprendida, y luego no lamerá ninguna porque en el ascenso el ciervo curará su herida con simple saliva. Y aterrizado y salvo aparecerá otra noche en mi sueño. de hipocondriaco Mi miedo volverá a cubrirlo de atributos de inmortal y así mirándolo yo mismo me miro pero sólo en mi sueño porque la voz de mi vigilia no entra allí, y el ciervo ...

Silvia Camerotto, inédito

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Resabios     Cómo es esta noche todavía  Si las noches  si los momentos van a alguna parte donde lo encuentre como se encuentra su voz en mi cabeza con sus altos y sus bajos con su voluntad inocua para semejantes fauces La intolerancia metida dentro de una botella que perfuma mi estudio cuando trabajo cuando marco un número de teléfono para pedir ayuda pero nunca lo que deseo que ocurra Es extraño mirarse después de que ha pasado el lugar y ver que en el lugar ya no está la persona pero el hueco que ocupaba sigue lleno como si fuera posible estar al mismo tiempo en el norte y en el sur como si los débiles marcos que contienen las miradas hubieran crecido de golpe amontonados en el mismo centro de la cosa Tanta incontinencia Tanto asombro. SILVIA CAMEROTTO  (1959, Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires) Otros poemas

Sergio Kisielewsky

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Abotonado     Ponía las llaves en la biblioteca  y vos llevabas tu guardapolvos al armario.  Yo amaba saber que te iba a querer toda la vida. Desplegaba el sofá cama y nuestra hija no llegaba a los dos años. Te amaba. Amaba verte en Valeria, sabía que tu padre combatió a los que odiaba mi padre. Luego vino el mar, los tullidos, la sombra de la sombra en el país del trabajo no fijo. Me pudrí y te cansaste. Pero yo me cansé de mí. Y aquí estoy. Miro por la ventana de una habitación ajena. Vivís a ocho cuadras como mi hija y te ponés a soñar que alguien te querrá. Las comidas, los hoteles, los pocos asados y tus canciones de Baderek. Todo ocurre alrededor del fuego. El fuego en que nos quemamos. 9 Tu belleza es un campo minado. Un poste en la calle Valle. Son los adoquines del atardecer que se llueven a si mismos. 10 ¿Qué ve el poeta? El poeta se ve a si mismo como peste. El inservible escuchando la Spika en el umbral. Pide un trabajo. Pide candelabros. Un hijo. C...

Blues del blog, por Damián Tabarovsky

Al final, era cierto o no que cualquier boludo tiene un blog, como predijo un intelectual orgánico… del Grupo Planeta? (¿Creyeron que iba a decir orgánico del kirchnerismo? Eso es apenas un detalle. La realidad, en un caso como el suyo, está en otro lado: en el mercado como única verdad.) Pensaba en estas cuestiones, mientras leía una nota en The New York Times, en la que se afirma que por primera vez son más los blogs que se dan de baja, que los nuevos que se crean. ¿El blog ya fue? Según informa la nota, el éxito de las autodenominadas redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) tendría mucho que ver con la decadencia del blog que, en comparación, habría quedado viejo, lento, y previsible. El blog sería hoy un asunto de treintañeros, mientras que las redes sociales expresarían la potencia adolescente, su frescura, su gusto por el desorden, su experiencia de lo descentrado. Por razones estrictamente profesionales, hace un tiempo entré a Facebook (estaba interesado en conocer cómo aparece...

Jorge Santkovsky

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Invisible Todo parece en su adecuado lugar. Los colores no se borronean. Es el cielo de la cabeza el más agraciado. Una enorme actividad invisible un cosquilleo tenue. Es la máscara, una completa sonrisa casi una locura. Una intensa presión, incontenible denuncia el fin y el principio. Es el fin del espanto es por fin, un principio. Radar Por fuera es el mismo día. O la misma noche. Sin causa aparente retardo mi radar. Indagando en rostros y balcones, disfrutando como todo se articula merecidamente. Me propongo atrapar este paréntesis. Revivirlo intenso en mi cerebro. Hacer la necesaria pausa y reír como sólo rien los cuerdos. Secreto Los he engañado a todos. He mantenido un secreto que me fortalece. Estas palabras son sólo mías. Los que me ven caminar no imaginan que vuelo. Si me ven llorar no sospechan que río. Seguiré engañando, año tras año hasta que el propio peso de las palabras doblegue mi cuello, y haga inútil todo engaño. Jorge Santkovsky (1957, Bahía Blanca, Provincia de Bue...

Raúl González Tuñón

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Clínica de muñecas                                                                   (Villa Crespo)                                           "Yo estaba frente al Edificio Nacional                                            cuando empezó el tiroteo" (Paralelo 48).                                                                                   Dos Passos Tenía en su cara los colores de la silvestre rosa rosa ir...

Cangrejos y tortugas

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Cangrejos en la playa de  Armação     Al principio son invisibles como los cabellos      rubios de un cuadro de Boticelli      pero a la hora de la siesta empiezan a      salir otros más grandes      tiemblan al paso del turista desprevenido  y huyen se esconden rápidamente cobijados en  los parasoles: cada uno tiene su hoyo en la arena  en cuyo fondo oscuro cometen las torpezas de cualquier ser viviente. ¿Ignoran el ruido del mar? ¿Ocultan claves esotéricas? ¿Se preocupan por    el último best seller? Lo cierto es que nos miran con dos enormes radares negros y de costado utilizan la cámara fotográfica con    un solo ojo electrónico compuesto por    millones de células solares. En la playa                      solitaria                          d...

Néstor Groppa

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"La provincia está destruida"                                       – leyendo los diarios locales – Leía los diarios del día 9 de Diciembre y no podía creerlo, la vecina no podía convencerse ni convencerme  yo de tanto subjetiva excreta moral. La provincia solamente retenía el monumento a la Independencia (?), las estatuas de Lola Mora (traídas por casualidad) y la estrella  de Belén (en la Catedral)                                                            y la Catedral, también. Lo demás, lo que suman y llaman patrimonio, pasaba a bolsillos nacionales --¿unitarios o  f ederales?– y de ahí, a cuentas no registradas de nuevos ricos   mul...

Mark Strand

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Otro lugar Entro en la luz que hay no enceguece ni es suficiente para vislumbrar lo que ha de venir sin embargo veo el agua el único bote un hombre que está de pie es alguien que no conozco este es otro lugar la luz que hay cubre como una red la nada lo que ha de venir había sido esto antes: el espejo donde el dolor duerme el país que nadie visita. Mark Strand (1934 / 2014,  Prince Edward Island, Canadá / New York, Estados Unidos de Norteamérica) De: www.kalathos.com Traducción: J uan Sanchez-Pelaez Imagen: flirck

Julio César Aguilar, inéditos

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Palabra ¿de honor? I Como un diestro cazador, persíguela alcánzala y tírale de frente hasta que con su sangre preñe la blancura del papel. II Por los baldíos de un verso prosigue la lengua su terco andar de forastero mientras el libro que crece se construye: se va levantando: se erige desde la soledad y el sosiego. III Cultivad las palabras y vedlas florecer, deshojarse para nuevamente florecer en la desértica página. IV Hoja tras hoja y sobre el invisible             a    i    r    e quieren cantar                         pero canturrean. Unos coros             de libélulas ebrias nada son si no esperan si no reciben si no alcanzan si no se agencian             la ad...

Santiago Sylvester: De olvido y resurrección

                                                                             (balcón hacia un centro de manzana) Comparo esta tormenta con la que caía encajonada en San Lorenzo: me mojo con ambas y así voy entrando a este juego de olvido y resurreción: pero la memoria no elige tanto como parece: me elige siempre a mí: soy el que            se moja con las dos tormentas, el que olfatea y ahí empieza el verano, el que tampoco elige su mojazón, el que oye la copla:                                  que llueva sobre mí                                 agüita en el peladar, y el que contesta con los pulmones ...