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enero 31, 2011

Mario Bojórquez

Mario Bojórquez




Los dos somos señores jóvenes
la juventud desborda por los bolsillos silvertab
Hemos venido al Pont des Arts a despedirnos
entre los intersticios de la madera miro el agua del Sena sin parar un punto
esta cita debió ocurrir hace diez años
desde hoy no serás la mujer a mi lado
falta atravesar la selva de las despedidas
pero no habrá regreso posible
En Saint Germain des Pres
recoges seiscientos francos del suelo
que servirán para unas hamburguesas en el Cluny y tu jersey con los habibis
después vendrá la marcha del boulevard Sebastopol hasta la Gare de l’Est
Somos la imagen de la desdicha
tanta soledad no puede terminar bien
a ti te queda la realidad del sueño
yo sólo vivo el sueño agudo de la realidad
En boulevard Saint Michel entramos a la librería Averroes
pregunto por el poeta Al-Mutamid, rey en Sevilla
pasas los ojos por aquellos signos de extrañeza y piensas que tu casa está donde tu corazón habita
ahora sientes un cálido afecto por mí
Leo en Ibn Qötaiba:
Esa mujer ha muerto para ti entre jardines y fuentes
Su tristeza es mayor que la belleza del mundo
Ahora la verás caminar ajena entre fiestas y banquetes
Su corazón es la jarra de arcilla
rota por el suelo


MARIO BOJÓRQUEZ (Los Mochis, Sinaloa, México, 1968)
De: Y2K,2009 en Círculo de Poesía, revista electrónica de literatura
Enlaces: Omni-bus Nro 28 Entrevista de Jorge Mendoza Romero
Imagen: hiperboreos.blogspot.com

Fin de semana, a la mañana, tango y después turf



Rencor











Rencor, mi viejo rencor,

dejáme olvidar

la cobarde traición.

¡No ves que no puedo más,

que ya me he secao

de tanto llorar!

Dejá que viva otra vez

y olvide el dolor

que ayer me cacheteó...

Rencor, yo quiero volver

a ser lo que fui...

Yo quiero vivir...



Este odio maldito

que llevo en las venas

me amarga la vida

como una condena.

El mal que me han hecho

es herida abierta

que me inunda el pecho

de rabia y de hiel.

La odian mis ojos

porque la miraron.

Mis labios la odian

porque la besaron.

La odio con toda

la fuerza de mi alma

y es tan fuerte mi odio

como fue mi amor.



Rencor, mi viejo rencor,

no quiero sufrir

esta pena sin fin...

Si ya me has muerto una vez

¿por qué llevaré

la muerte en mi ser?

Ya sé que no tiene perdón...

Ya sé que fue vil

y fue cruel su traición...

Por eso, viejo rencor,

dejáme vivir

por lo que sufrí.



Dios quiera que un día

la encuentre en la vida

llorando vencida

su triste pasado

pa' escupirle encima

todo este desprecio

que babea mi vida

de amargo rencor.

La odio por el daño

de mi amor deshecho

y por una duda

que me escarba el pecho.

No repitas nunca

lo que vi a decirte:

rencor, tengo miedo

de que seas amor.









Música de Charlo y letra de Luis César Amadori (1932)

De: todotango.com


enero 29, 2011

Anahí Mallol: poemas inéditos



Como un iceberg


“no se logra hacerse amar
sino dependiendo de las palabras”

Vatsyayana, Kamasutra



9



viene cuando cae
la tarde.
hacemos el amor.
después dice
(no veo su cara
a mi lado
en la otra almohada):
las flores son más frescas
por las mañanas.
después se va.



10



como si se pudiera
residir en el calor de otro cuerpo
me acomodo entre los brazos del verano
espero
la tarde en que vuelvas,
amor, a leer conmigo mi pequeño
zoológico de palabras
o sombras en los muros, para empezar de nuevo.



11



yo no quería lastimarlo

cómo iba a decirle eso
bajaba los ojos y me callaba
pero en el tiempo que seguía
la mentira o el silencio
se interponían
una piedra o una isla
cercana a la costa
acosada por las olas que estallan contra ella
y salpican hasta el aire con su espuma y sus
mínimas desintegradas gotas

entre ese hombre y yo
que habíamos tenido
quién lo diría
nuestros años felices.



12



me senté
a conversar con ella
hablamos
del amor y sus matices
y no me dí cuenta del atardecer
hasta que sus pétalos caídos
llenaron de perfume nuevo
los pliegues de mi vestido.



14



dijo: envejecer juntos
cuidarnos los achaques
las locuritas
y después se fue.

todavía danzo
hago olas con las mangas
para volver
como un guante mágico
el tiempo atrás.


Iceberg, poesía argentinaANAHÍ MALLOL (La Plata, Provincia de Buenos Aires, 1968)
Imagen: Conrimel-producciones.blogspot.com

enero 25, 2011

Raquel Sinelli



De madrugada alguien barre




De madrugada alguien barre
el aire enrarecido de los cuartos
sacude sueños inasibles
y del rostro que se asomó a hablarte
no queda sino tu turbación.

No hubo palabras
que ahora puedas abrir o enhebrar
las imágenes viene de un teritorio
que ignoras durante el día
y vibran en horas silenciosas
como esos temblores que despiertan
a desprevenidas ciudades
antes del amanecer.



Después de la lluvia




los plátanos mojados rojos a las siete de la tarde
el auto se desliza con las luces bajas encendidas
por la avenida húmeda y desierta bajo el arco
                               rojo y verde de las hojas
nada para agregar
salvo la insoportable contundencia
de lo que la mirada no elige recordar
ni pensar esa misma avenida
un rato antes
                           cuando la lluvia arreciaba
y todos corrieron a sus casas.


RAQUEL SINELLI (Pergamino, Provincia de Buenos Aires, 1954)
De: "Diario de Poesía" Nro 11
Imagen: azulynegrosiveau.blogspot.com

enero 24, 2011

Verónica Jaffé







Lawrence, Kansas





Obligada por las circunstancias,

tomo una copa de cognac,

acodada en la barra de un local oscuro

dedicado a la memoria de seis grandes nombres

del football americano.


Miro las imágenes de los inevitables monitores.

Varios de los parroquianos parecieran dormitar

ante sus jarras de cerveza.

Languidecen las conversaciones.

La muchacha rubia y sonrosada

que atiende a los clientes

(y pregunta por mi profesión y origen),

suma y resta en un rincón

la columna de ingreso

para esta noche.


De regreso al cuarto del hotel

recuerdo con cierto embarazo

las sensuales contorsiones de Madonna

en el video.


Porque ciertamente el dormir

en un cuarto con el nombre de un tal Hudson

("Billy"), constructor de hoteles

que habían sido destruidos

y quemados por bandidos malhechores,

huestes enemigas, asesinos contratados

por señores esclavistas,

no será posible sin la ayuda de un milagro

quizás propiciado por Madonna

o por el cognac bebido junto a los clientes

del bar dedicado a la memoria

de las grandes ligas.


Y pienso: ¿por qué no?

Faltan diez para las once,

a las once emergen los recuerdos,

y espero con paciencia a que de alguna forma

aparezca el perfil de un cuerpo,

y suceda un milagro

-quizás a las once y media-

que me guarde de la noche;

del video, de las huestes enemigas.

Porque la barbarie pareciera estar cerca

de los bares, del deporte,

de los monitores, e incluso,

oh engaño,

de la ahora pérfida sonrisa de Madonna

y seguro se oculta

en los muros calcinados,

luego repintados, de este cuarto.

La barbarie, ¡grande historia!

está emparentada en las bases

de este centenario hotel

ubicado en Lawrence

cerca de Topeka

y Kansas City.




Verónica Jaffé (Caracas, Venezuela, 1957)

De. "El largo viaje a casa", Fundarte, 1994

Imagen: talcualdigital.com

enero 20, 2011

Ricardo Zelarayán


Los otros



Sin vuelta,
uno de los dos tiene que morir.
Y ahora,
ahora mismo.
Todo ha sido dejarse andar, llevar,
dejar que el tiempo arregle las cosas.
Este puro crecer por crecer
ya es demasiado.
Menos de la mitad vos y yo,
y cada vez menos,
siempre con el mismo paisaje.
Hemos cenado amargamente 
una vez más.
El vino derramándose fuera de la boca.
Y se acabó el café.
Mucho menos de dos mitades ya,
amorosas o siniestras.
Ni eso.
Larvas apenas,
frente a frente.
¿Quién come?
¿Quién se come a quién?
El recuerdo apagándose de golpe.

¡Al fin!
Quedan los otros...Ya sé
Por empezar, vos otra.
Yo otro.
Uno saldrá vivo de aquí.
Quedan los otros...Ya sé


RICARDO ZELARAYÁN (Paraná, Provincia de Entre Ríos, 1940 / Buenos Aires, 2010, Argentina)
De: Revista Eñe 01/08/2009

enero 14, 2011

Arturo Borra




Árboles desiertos







Las hojas están secas; en la corteza

insisten hormigas tristes.



Ni las ramas desnudas

insinúan brotes de madrugada.



Sólo crece maleza por la noche,

sólo un temblor que desfallece

a sus pies.



El desierto escala a la altura

del otoño en los huesos.







Diques







¿Quién abre los diques para transitar

—sin miedo?



¿Y si estos juncos ya no pudieran erguirse

tras el agua encarcelada?







Otra vez







Mira otra vez —desde siempre

la noche. Después del viaje, nada

evita la lejanía.



Y mira el mar

des-

habitado

y en las orillas pregunta

—otra vez, desde siempre-

por las horas abandonadas

que insisten

como las olas.







Certezas







Es cierto que

grisea

por no decir: oscurece. Hay gris

en vez de azul y es cierto

que tampoco se perece

por grisáceo.



Es cierto que hay máquinas

plateadas de insignificancia ni qué decir

de los matices que decoloran

hasta las sienes.

¿Y qué de los grises monocordes y los grises

ni siquiera tristes que repiten

el tedio?



No es que no haya

gris mío gris tuyo.

De nada ayuda minimizar las declinaciones

los declives

las concesiones del gris a gris

y es cierto

que tampoco ayuda a trazar blanco sobre blanco.



Pero

sucede que esta noche me esperás

en la azotea de un gris cualquiera y

repentinamente

el gris nuestro se desvanece en una caricia

y hasta la negritud clarea y saluda los grisecitos

que miran —más perplejos que tímidos—

esta procesión de temblores

mientras cerramos los ojos

y los otros grises

no nos ven a kilómetros del cielo

en plena noche soñando

nuevos verbos para verdecer







Arturo Borra (Santa Fe, Argentina, 1972. Reside en España)

De: "Umbrales del naufragio", Baile del Sol, Tenerife, 2010




enero 12, 2011

Eugenio Montale: Un murmullo...

Bajo la lluvia    




Un murmullo; y tu casa se empaña 
como en la bruma del recuerdo. 
Y lagrimea la palma ahora que sorda oprime 
en el calor de los invernaderos 
la corrupción que encierra incluso las desnudas 
esperanzas y el pensamiento que remuerde. 

"Por amor de la fiebre"...me conduce
hacia ti un remolino. Brilla, bermeja,
una cortina, se cierra una ventana.
En la rampa materna ahora camina,
cáscara de huevo que va entre el barro líquido,
poca vida entre un batir de luz y sombra.

Chillaba Adiós muchachos, compañeros
de mi vida, tu disco desde el patio:
y amada me es la máscara si aún,
detrás del molinete de la suerte,
me queda el salto que devuelve
a tu sendero.

Contemplo los brillantes chaparrones y al fondo, como nubes,
el humo dilatado de una nave.
Despunta un claro...
                                  Y por ti comprendo
lo que osa la cigüeña cuando al alzar el vuelo
desde la punta neblinosa
se va aleteando hacia Ciudad del Cabo.


EUGENIO MONTALE (Genova 1896 / Milán 1981, Italia)
De: "Huesos de jibia, Las ocasiones", Ediciones Librería Fausto, 1978
Enlaces: El poeta ocasional, Oct 2010 Eugenio Montale en dos tiempos. De Huesos de sepia a Las ocasiones, potr Annunziata Rossi El poeta ocasional, Nov 2009
Imagen: www.cronachemaceratesi.it

enero 09, 2011

José Landa




Apunte para un recado de viaje







Si empezara con cualquier línea, si empezara.

Diría que al marcharte en el lomo de aquel amanecer

escapabas de las húmedas manos de la noche,

del latir del arroyo en franco celo, su deseo indiscreto de mirarte.

Quizá debas saber que aunque te vayas,

las tardes de ese abril bajo el sordo sonido de la lluvia

y su galope de animal azabache que hacía tañer los cascos en el lodo,

el aroma de limonarios y naranjos y tu voz de relámpago en los cerros,

son las cosas privadas que ahora quedan,

al custodio de niños aprendices del arte de guardar siempre silencio.

Te podrás ocultar a la mirada, y al tacto –puede ser–

de esta necia manera de buscarte

entre caminos, ríos, incluso en el rumor del puerto más cercano,

pero el tiempo que es nuestro, y es moneda corriente de navíos,

te ha de sacar a flote como la imagen oculta entre los libros,

la línea, la palabra, la soledad con que quiso iniciar este recado.







El correr de un brazo de río entre los platanares,

el pasto en el festín de los anfibios,

el sudor como una caricia en las espaldas,

los muchachos que salen a orinar en el solar oscuro

de sus familias a medianoche,

el recuerdo de una emoción de pájaro en el vientre,

el tacto de una tortuga al fondo de un aljibe,

el horizonte en calma hacia el sur del rancho,

el gemir de los amantes del monte,

las bestias que sueñan con el fuego.

Todo esto viene a poblar las horas de una noche

insomne sólo porque alguien con olor a lluvia nos ha

mirado desde lejos.







José Landa (Campeche, México, 1976)´

De: artepoetica.net

Imagen: El noticiero centroamericanista

enero 06, 2011

Alberto Szpunberg: El húmedo brillo


poesía argentina actual






I







Es así, como la lluvia en la tarde,

nunca termino de llegar al fondo de tus ojos.

Demasiado dolor para hablar sueltamente del futuro,

cuando el húmedo brillo de la corteza huele a un bosque

crecido de golpe en el corazón del invierno, esta tarde, esos muertos.



Pero a qué abrazarme sino a ti, contra qué ventana

ver los hilos de la lluvia sino en tus ojos,

desde qué espera, bajo qué silencio.



¿A qué huele la tibieza de tu abrigo de lana

sino a esta lluvia, sino a ti misma,

tejida y desflecándose en el aire de la tarde?



En la hornalla ronronea el agua.

Encendamos un cigarrillo en su fuego y fumemos tranquilos:

existes, vivimos, y creo que te amo.






ALBERTO SZPUNBERG (´1940, Buenos Aires, Argentina / 2020, Barcelona, España)

De: "Apuntes (1982-1985)", Ediciones Libros de Tierra Firme, 1987

Enlaces: El poeta ocasional

Imagen: www.pistaurbana.com

enero 03, 2011

John Burnside


Poetas escoceses de la actualidad


Sueño




Llegamos tan lejos, luego nos detuvimos para vernos:
este oro menor, esa memoria de la luz,
ángeles y pájaros en los árboles como en un cuadro primitivo;
y, aunque fuimos cuidadosos,
sabíamos que volvería a suceder,

la vida que olvidamos al morir
en el surco rayado
y repitiéndose, todo giro y chasquido

y palabras que ya no dicen nada,
igual que una canción de los cincuenta.

Entretanto, la eternidad aguarda: todas las sombras y destellos
que habríamos podido ver, hechos de los que habríamos podido ser testigos,
agachadiza, limoncillo, el clima en Roma o en Calcuta,
y, más allá, en la extensión de luz y tiempo,
los extraños con sus abrigos de lana y sus sombreros,
pasando adentro a una niñez que nada puede cancelar:

el viento en el piso de arriba, o el ferry de las nueve en punto
cruzando de aquí a allá en una lenta estela de nubes,

y abajo, en algún sitio, donde la gente llega o disminuye,
vísperas de radio y vapor
ante una cosecha de botes recién etiquetados


JOHN BURNSIDE (Dumeferline, Escocia, 1955)
De: "An essay on narrative, I" en Fogonero emergente de juanalbertoaguiar.blogspot.com
Traducción: Jordi Doce
Imagen: www.newststesman.com

enero 01, 2011

Manuel Ruano






(Un cuadro de San Martín rondaba tu fecha de nacimiento)








Eras el único pasajero de mi Simbad de plata.

Siempre supe que estabas del lado herido de mi coraza tornasol.

Tus pasos eran clandestinas digitales que ponían luz en las escaleras

e iluminaban la tierra en la que los vientos de febrero

rompían sus soles luminosos, con sus cometas de la nada...

Y mi espejo Ferdidurke, llevaba la  cuenta de tus desvelos,

en el que un tío comprensivo te encomendaba sacar a pie

     una valija enorme,

desde una bodega de hechizados seres del mar y de piratas,

con remos guarnecidos en islas verdes,

en faroles que encendían tu cráneo Tannhaüser,

para que fueran después las mañanas de Praga,

las torres de Moscú o de La Habana,

las caminatas de Florencia, las discusiones de París...

Pero enardecido siempre en el  bronce trágico de su clave de fa










(No penetres jamás la laguna dorada)





Ni pienses en las salamandras de índigos extraños,

que brillan como diamantes en la ensoñación.

Sus mágicos colores, no figuran en el mapa,

ni en las galerías de arte,

ni en los ojitos de una muñeca

pueden ser recompensados jamás en una subasta escolar,

de buhonero o gitano o tahúr,

para terminar la función en una tarde de cine.



Se compran las historietas como una barajita infantil

que iluminan la memoria como gemas falsas,

de pájaros parlantes de lo que no son,

desplumaderos inservibles del canto de anteayer.



No. No penetres jamás la laguna dorada.






Manuel Ruano

Manuel Ruano (Buenos Aires, Argentina, 1943)

Imagen: eolurbana.com