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Mostrando las entradas de febrero, 2019

Robert Hass: Miseria y esplendor

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Miseria y esplendor C onvocados por un recuerdo imborrable, ella  sonriente, los dos hablando en la cocina,  antes o después de cenar. Pero ambos están en esta otra habitación,  la ventana tiene vidrios pequeños y ellos sobre un sofá  abrazados. Él la ciñe con toda su fuerza, ella hundida en el cuerpo de él.  Es la mañana, tal vez la tarde, la luz  fluye por la habitación. Afuera,  el día es lentamente reemplazado por la noche,  reemplazada por el día. El proceso tambalea salvajemente  y acelera: semanas, meses, años. La luz en la habitación no cambia, entonces es simple lo que está pasando. Ellos tratan de transformarse en uno solo y algo lo impide. Hay una ternura compartida, pero temen que sus gritos breves, agudos, los reconciliará al momento en que vuelvan a caer. Entonces se frotan uno con el otro, sus bocas están secas, luego húmedas, luego secas. Se sienten en el centro de un deseo poderoso y confuso. Sienten que son casi un animal, a...

Rodrigo Flores Sánchez

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Plan anual de trabajo calendarizado 2011 hay un eco en la junta hay un eco un eco que no proviene de quien habla de quien coordina la reunión diríase de la voz cantante monologante hay un eco un eco periférico accesorio no sé si el eco viaja en el aire acondicionado o expulsa en mí su aire enrarecido en mis condiciones laborales sobre la mesa de trabajo ese eco ese hueco es un eco que me cava que cava en mí que acaba en mí que va cavando en mí y que me hace escucharlo incesantemente con impaciencia hay un eco en la sala de juntas es un eco que escucho al que escucho del que transcribo lo que dicta al menos parcialmente aquí en esta hoja un eco maquinal una consigna una orden de trabajo una conjura una esperanza de paro un eco como pala que me pisa que me entierra que me sepulta en su rumor indoloro es un eco o un semblante es un rostro que gesticula y me derrota con sus muecas yo me abstraigo de la junta cuando percibo el eco cuando lo escucho cuando lo huelo cuando descubro al eco der...

Tatiana Faia

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primer poema de berlín      para Francisca Camelo   en la soledad de los claustros de kreuzberg  un santo carga en lo alto y sin secretos  su cruz envuelto por la noche  no tiene otro color sino el blanco  su vestido pero yo quería que fuera  azul oscuro y bordado de estrellas  con un aire de solemne, salvaje, agreste su consagración es incompleta marítima, ululante como nosotros él falló al unirse a los normandos revelarse solitariamente creyente y así consolado por un sosiego de piedra lo guardan ahora nosotros y esta cámara pequeños animales noctámbulos la memoria distante de martirios en gloria febril y efímera que a él tampoco lo consuelan y una absurda calma una estoica y autoritaria indiferencia contra los borrachos que a veces cortan por las cercas del jardín contra los turistas detenidos para la ocasional fotografía triunfa también algo en nosotros pero no sabemos qué y este santo que no tiene sinapsis tampoco nos sabría de...

Pablo Anadón: sobre un episodio de la vida de Rudyard Kipling

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Termino de ver la hermosa y terrible película "My boy Jack", sobre un episodio de la vida de Rudyard Kipling y su familia, cuando el hijo mayor, John, de 17 años, decide alistarse como voluntario en el ejército, impulsado en parte por su padre y los principios heroicos y nacionalistas de  su padre, y en parte por su deseo de alejarse de la atmósfera "oscura y depresiva" (al decir de la hermana menor de John, Bird) de la casa familiar. Kipling, por su prestigio y su influencia en los altos mandos, logra que su hijo sea enrolado, a pesar de haber sido exceptuado por la edad y por ser corto de vista. Es ascendido a teniente y enviado a Francia, donde apenas llegado participa en la batalla de Loos, del 25/28 de septiembre de 1915, en la que es herido y declarado desaparecido. Los padres hacen todo lo posible para dar con su paradero, hasta que un soldado que estaba a sus órdenes y que participó a su lado en la ofensiva británica, los visita para contarles lo que vio en ...

Alberto Cisnero: Adiós con escénica rapidez

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22           polvo y niebla de los callejones, ya no me  siento solo. espero no llegar muy lejos, espero  que por la mañana me encuentren sonriendo  por un sueño que no se truncó. mirando largo  rato el blanco de la página, en silencio.  la tierra mantiene su imperio despedazando hombres, puentes, casas. levantamos banderas ajenas y hasta alguna nuestra. cualquiera puede identificar y elegir el bien. esa es mi tapera, mi destrucción, mi fantasía desarticulada. aquí estoy, alegre, dispuesto a incluirla en la deferencia sutil de algún epigrama. y recuerden los viejos camaradas: no recitamos los mismos libros que nuestros mayores, los suplimos con furor. 27 sucedió algo  determinado. prometí algo sin decir qué,rendí las llaves de una ciudad, lo empeñe todo y empecé de nuevo. para escribirlo. para procurar evidencia. para obligarme a creer en esa peripecia que hace brotar flores de mistol, del aire, tan sólo con aludirlas...

Jonatan María Reyes

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|00|12|      el vértigo aviva las cosas inanimadas  como un  desliz es una hora errónea.  quién sabe. sólo  sabemos que nunca  llega la  hora / sino que hay que llegar  a ella / sí  / claro está. hay que llegar  como una  colisión / llegar y meterse  en sus  concavidades / y ser cardumen  brazada /  delta / lo que sea / y sellar  la cáscara /  bucear.  o también / digamos                                      que nosotros  somos la  hora que / nos alargamos  y  astillamos      y que a su vez nos descolonizamos que la hora  es nuestra propia                          y hermosa desolación. venidera sí la nauseabunda sensación cuando nos  enteramos / a contratiempo que el  pegamento se t...

Robin Myers: Después de Coahuila, Del Río, San Antonio, Chicago y Janesville, en Wisconsin

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Viendo una fotografía de mi abuela Estela, a quien nunca conocí Después de Coahuila, Del Río, San Antonio, Chicago y Janesville, en Wisconsin, de la revolución y sus fronteras de arena movediza y de su padre ansioso en pleno caos, después de aquel trabajo largo y almidonado que tuvo él en la compañía Parker, leyendo sin palabras, día tras día, el periódico con una de las manos detrás que se alargaba en busca del tazón de chiles jalapeños, después de que nacieran uno tras otro la hermana y los hermanos, algunos con nombres que en la lengua cambiaron de idioma y otros que hincharon sus bordes ingleses como un mosquitero en el verano, después de los rebozos y las faldas y los sombreros y los minúsculos violines que debieron tocarle a los vecinos, ninguno de los cuales se parecía a ellos, cuando se presentaron, después de la universidad, a la que ella marchó, sola y en contra de las órdenes —luego de que, como se dice cuando las jovencitas hacen esas cosas, “huyera de su casa”—, después de...

Ángel Faretta

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A quien se sienta a mi lado Por qué Dios mío, frente a la belleza posible, como Narciso a contracorriente, evitás todo posible contacto cuando huido ya de la tentación del espejo lo otro me atrae fuera de mi yo. ¿Por qué? Te pregunto otra vez, se repite esta no especular razón que hace huya de mi ser parcial buscando completarlo en otro. ¿Has tenido a bien –o a mal- buscar mi perdición, cuando no hago más que buscar eso que pusiste en tu mundo para así valorar lo tan bello de tu obra? Siempre tarde con torpezas y errores; nombres apenas borroneados, falta de señas, adioses apurados; sueños que buscan compensar vanamente lo no logrado; así me apartás desde siempre -o muchas veces, entonces- de la piel vista y deseada el paisaje carnal, el borde de la prenda o dobladillo. Penosa peripecia y pena. ¿Me vas a dejar tan sólo la belleza de la imagen vuelta pintura o film? Todas son naves que se van en este tiempo, y que solo dejan una estela en el mar inquieto de mi deseo  tenaz. Aún en l...

Ed Ochester

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T rabajando en una tienda de cortinas "Sabes tipear?" me dijo Jake. "Tal vez diez palabras por minuto." "Está bien," dijo Jake," sólo recibimos dos, tres cartas de vez en cuando, lo que necesitamos es un chico inteligente que sea amable con los clientes, no necesitas saber nada de cortinas, sólo se amable cuando la gente cruce la puerta, conversa con los compradores no necesitas saber nada de cortinas sólo llévalos a las muestras, tenemos todo, los estilos, los precios, puestos en las etiquetas. Lo que necesitamos es un chico amable y educado, como tú. Lo harás bien." Y lo hice, y esto es un elogio a Jake, que haya sido próspero, quien me pagó por nada, quien conocía el gran secreto de la vida: "sé amable," y quien me mandó una vez con rosas al departamento de una clienta con una advertencia: "ella es una dama, dale un vistazo a la casa y cuéntame, puedes saber mucho de la gente por cómo es su casa," y volví y le dije "su...