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agosto 15, 2025

Tony Hoagland

Gramática de gorriones



Los gorriones son ese tipo de gente
que perdió la guerra hace miles de años;
como castigo los despojaron a todos de su color;
cafés y beiges y grises se aferran a los esbeltos
tallos de carrizo en la ciénaga, y apenas y se ven
contra el oscilante pasto quemado.

Tengo que manejar dos horas a la costa,
cruzar los desnudos rastrojales de milpas pisoteadas,
las granjas desvencijadas y en ruina,
el agua en las acequias que está tan quieta y llena
bajo un cielo de octubre de dieciocho colores
–grises todos.

Cuando Emma dijo: “Me cambiaron los planes”,
y clavó la vista en sus manos; cuando Bethany dijo:
“Me quiere pero no bien”,
el día estaba siendo así en nuestros adentros: muy a destiempo:
Se-Renta-Casa, sin amueblar;
garaje con buzón destartalado;
café con vista al lago cerrado por razones personales.

Y los pájaros como soldados derrotados
ocultos entre matorrales que nos llegan al pecho.
Cuando los gorriones se alzan sin motivo aparente
y dan amplias y cortas vueltas contra el vasto cielo pálido,
¿qué tanta importancia puede tener?

Como si mi tristeza hubiese sido una especie amenazada,
como si mi ánimo fuera un área de humedales costeros
necesitados de protección federal,
un lugar en donde nunca se iría a planear un desarrollo,
pensado para siempre como un baldío.

Esto es lo que dejé atrás al ir hacia adelante.
Cada vez que siento que soy un bueno-para-nada
regreso aquí a pararme y a observarlo:
mojado y quieto como una huella en el lodo;
medio oculto entre los oscilantes ocres,
agachado como un asentimiento.


TONY HOAGLAND (1953, Fort Bragg, Carolina del Norte, Estados Unidos de NA)
Fuente: Letras Libres
Traducción: Pedro Serrano
Enlaces: Círculo de poesía | Berna Wang

agosto 14, 2025

Fernando Molle

Fernando Molle | El poeta ocasional

Los días de Ramírez     




Para Ramírez 
son iguales 
todos los días. 
 
Cuando salen  
de la escuela 
todos pasan 
y le pegan. 
 
Porque Ramírez
lleva un conejo, 
nunca se ríe.    

En la cara,
en la boca, 
en los ojos,
en los dientes:

cuando termina
la escuela, 
todos pasan
y le pegan.

Todos los días
pasan los chicos,
los preceptores, 
los profesores.

Todos los días
pasan los padres,
los familiares,
y el director.
Todos los días
son iguales
para Ramírez.

Porque Ramírez
lleva un conejo,
nunca se ríe.


Extracción de la Caja de Ahorro




A ver si de una vez la ponemos y mojamos
en la Biblioteca del Sindicato del Seguro,
junto al documentalista acromegálico abrazado,
a los pinos de los Parques Nacionales,
en competencia fratricida con el géiser 

piensa Cordero palmeando a Lorenzutti,
que gira caminando en la puerta,
rodeado de vidrios no polarizados,
a veinte metros de María Martha,
que hace un rulito con una birome
en una boleta de Caja de Ahorros
del Banco Cooperativo de Caseros.



Terminación del pesebre



Desprovisto de interés para el frenólogo coreano,
el pesebre viviente entra en la morgue,
para enfriar rencillas intestinas
y fijar roles, según dice Melchor.

Las cuatro cabras y el burro,
entran como caballos
ante los guardapolvos 
de los no-docentes encorvados
a librar de paja las baldosas.

La Estrella de Belén, al entrar,
ilumina al elenco que se ubica y se enfría:
todos adentro de las heladeras que cerramos,
antes de empezar en la radio el partido.



Devolución del papagayo vacío




¿Y el abuelo? 
                      Se muere en la Clínica Bancaria, 
luciendo la remera negra con la calavera
que anteayer le trajo 
su sobrino nieto heavy,
para seguir hablando de los radicales
con el pulmón sin perforar que le queda.

BLOODY MEGADEATH
dice en la remera,
en letras góticas multicolores,
debajo de la calavera 
que fuma y que sonríe;
debajo de la remera
vuelve a toser el abuelo.

Los residentes le miran el pecho,
y opinan de música cruda,
a pasos de las piernas de las enfermeras 
que tienen nietos en la edad del pavo.

En cualquier momento lo bajan a Yrigoyen 
dice durante cinco semanas.

Después devuelve intacto el papagayo, 
y muere dormido en los brazos de Alejandra.


FERNANDO MOLLE (1968, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
De: "El despertador y el sordo", Ediciones Barnacle, 2025 
Enlaces: Opcitpoesía
Imagen en Indiehoy








agosto 09, 2025

Pablo Ingberg


Pablo Ingberg en “El cielo no sé”, integra la dualidad referencial en una evidencia armónica y trascendente: un texto donde se mixturan y encabalgan varias figuras y varios sentidos (los ayeres y el hoy y, tal vez, el mañana), a partir de la experiencia de lectura que fusiona un instante presente y un instante pasado, lo contrario del tiempo que pasa (“encierra en libros su isla desierta”).

Leer es decidir y establecer un vínculo de diálogo con un interlocutor imaginario al que por momentos, en este caso, el emisor se dirige y evoca o cita y adopta como patrimonio común, que no solo sirve de telón de fondo, sino que actúa como un personaje más, influyendo y participando en los poemas: traduce por otros medios inquietudes, ideales y esperanzas (“Con ese arte alzaron templos de oro / y escribieron la historia del futuro”).

A partir de situaciones puntuales o libres asociaciones privadas, logra captar la vida y el ambiente a veces dichoso, a veces infortunado de la época, sin necesidad de patetismos del anecdotario que se dirimen, o que debieran dirimirse, en los divanes, sin buscar sonoridades especiales porque conoce las herramientas de las que dispone la lengua en la que escribe: le basta el ritmo simple y espontáneo de la poesía (“La luz es un bien escaso / y no hay gobierno del azar / que resuelva dónde cae”).

Alberto Cisnero



Proyecciones




Al fondo de la noche a la derecha
hay una puerta azul por donde pasan
los sueños a una sala de espera
de la oportunidad de proyectar
en la pantalla íntima
de un par de párpados dormidos
rollos viejos y nuevos de películas
de todo género posible o imposible



Otros mundos en éste




Vivir para contarlo
es el título de una novela
un tren tomado alguna vez
a una estación del año
en donde uno aparece en ruinas
que cuentan una historia
por la que caminaba construyendo
para después poder contarla
aquí y ahora siempre
algo así como el mito
del vuelto de la muerte
para contar el más allá más acá
sin ir más lejos



Es infinita esta pobreza abandonada




La moneda del sol se deposita
en la alcancía gris del horizonte
en el reino paulatino de la noche
la carencia nos iguala poco a poco
ningún cuerpo echa sombra somos ya
todos cuerpo de sombra entre las sombras
y el oro ausente de la luz
proyecta en las alturas del anhelo
un cielo negro negro negro
agujereado apenas por las balas de plata
de diminutas desesperaciones



El cangrejo ermitaño




De su intemperie original
el cangrejo ermitaño halla refugio
en la concavidad de un caracol
una espiral de túneles secretos
que a su frágil deriva abre una puerta
a una tiniebla de la que apropiarse

Allí crece internado en oquedades
para envolverse de la hostilidad
sospechada al acecho en el afuera
y acomodando el crecimiento
a esa espiral de túnel y tiniebla
va adquiriendo la forma interior
de esa externa dureza prestada
de modo que al mirarse en el espejo
desnudo de envolturas caracólicas
vería informidades

Pero el entorno ve tan sólo al cascarudo
ese informe armonioso en apariencia
que rehúye de costado

Hasta que un día una princesa azul
besa al bello durmiente y disuelve la cáscara
y todo es intemperie original


PABLO INGBERG (1960, Dolores, Buenos Aires, Argentina)
De: "El cielo no sé", Barnacle, 2025
Imagen en SurySur