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Mostrando las entradas de junio, 2018

Presentación "El libro de los helechos", de Marcelo Rizzi

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Poemas de Marcelo Rizzi,  aquí

Marcelo Rizzi: El libro de los helechos, Barnacle, 2018

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LA  adversidad convierte a uno  en testimonio férreo de lo táctil: se va hasta los robles más purificados  como si fuese la primera vez, y se regresa con los dedos manchados  de azul para conjeturar la próxima;  otros son los procedimientos y las consecuencias si uno se demora  un poco más, al verse en tales  circunstancias tratándose de un álamo;  con el mismo cuchillo de los dones  habrá de sanarse lo sano, o cavar con huesos o maderos  una nueva trinchera; con palabras sucias de tierra  ladear los panales de la luna,  los primeros de cien soles  esparcidos por la arena LA  mejor vista del valle  puede obtenerse a cierta hora de la tarde,  cuando los seres que la colman se anteponen los unos a los otros,  el aire se llena de ambiciones, y el círculo se transforma  gradualmente en elipse;  cada perímetro coincide  con su afuera como sucede  con las superficies invisibles o con las p...

John Burnside

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Indeleble      Me gustaría mucho que De Hann viese un estudio mío de una vela encendida y dos novelas (una amarilla, otra rosa), colocadas sobre una silla vacía (precisamente la silla de Gauguin), lienzo de 30, en rojo y verde. Hoy mismo estuve trabajando en su equivalente, mi propia silla vacía, una silla blanca y barata con una pipa y un paquete de tabaco. En ambos estudios, al igual que en otros, he buscado un efecto de luz mediante un color claro. De Haan probablemente comprenderá exactamente lo que busco, si le lees lo que he escrito al respecto.                                             Vincent van Gogh. “Cartas a Theo”, 17 de enero de 1889.       Muerta hace cuarenta años, mi madre está cortando un corazón       en la mesa de la cocina.       Llueve en la puerta, aunque pronto va a ser aguanieve     ...

Diego Brando, un poema inédito

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14     Hay un silencio de catedrales  y un búho atraviesa la noche.  Grazna y me recuerda  que no hay descanso en los ojos abiertos,  que el corazón lleva años latiendo.  Y que no se detendrá hasta el diluvio,  hasta que entregue con mis manos  la memoria que abandoné en el campo.  Soy el hombre peculiar que fuma  y ve en el humo el deseo de una mujer  calcinada como una flor en el verano, mientras su propia cabeza se asemeja a una piedra suelta sobre el asfalto. Erro por los suburbios y veo el fogonazo de mis huesos sobre la niebla. De: "Todo lo que se hunde" (inédito)

Diego Colomba

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P uedo dividir (mentalmente) la realidad en varios planos  si lo deseo sentado en la antesala de una morgue  hospitalaria donde las enfermeras bromean entre sí  mientras aguardan la ambulancia que pedimos hace un rato.  Vos también bromeás narrándome tu última aventura  porque sos un viejo amigo y te sentís autorizado  aunque la escena en la que actuamos lleve por nombre “la muerte golpea nuestra puerta”. En eso te parecés a estas mismas mujeres que conviven a diario con los muertos: pero te estaba diciendo que puedo que estoy en condiciones de festejarte la anécdota  de buena gana riéndome y palmeándote en el hombro  (como lo hago) porque no hay nadie de la familia  merodeando y no me importa lo que piensen unas mujeres desconocidas y sin embargo podría estar llorando  y soplándome los mocos a conciencia o discutiendo con los de la administración  por la dudosa factura que hace poco recogí y pagué  con plata ajena: cualquier d...

Alicia Silva Rey, un poema inédito

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No hay grullas en Dublín      No hay grullas en Dublín.  Entre mayo y noviembre   abre el embarcadero Gingelgracht.   Se recorre la ciudad (Amsterdam)   en hidropatines   que provee el mismo embarcadero (no es caro).   Los padres y sus niños salvajes  atraviesan ciegamente, aun bajo la lluvia,  esa mollera fermentada,  una ciudad( Amsterdam - Dublín),  bajo cobertores impermeables  que el embarcadero entrega junto con  chocolates y mapas metalizados.  Después,  dormiré en habitaciones con grullas  adosadas a paredes de estuco  (no serían grullas o sí, acaso). De: “El poder de unos límites”. Publicará en Buenos Aires, Mora Barnacle. Otros poemas de ALICIA SILVA REY ,  aquí

Presentación de "Herbarium", de Celia Fontán

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La mariposa y la iguana presenta Herbarium de Celia Fontán en el Centro Cultural de la Cooperación  Av. Corrientes 1543, CABA,  viernes 08 de junio a las 19:00 hs. Amorphophallus titanum Odoardo Beccari había oído hablar de esa flor, acaso la más grande y extraña de Sumatra, la isla de las flores prodigiosas, y había sonreído con escepticismo, no por su tamaño desmesurado ni por su belleza, sino por el terrible olor que, según los nativos, emanaba del alto espádice y de los pliegues violáceos de la corola, que volvía penosa su contemplación. Sin embargo, aquella mañana, cuando a poco de andar lo sorprendió el olor inconfundible de la carne muerta, no dudó en seguir su rastro, avanzando en medio de la selva. La bocanada honda y sombría  revivió su alma de huérfano y se quedó allí, en puntas de pie, como si estuviera ante el signo del mundo y hubiese regresado al cuarto de Florencia, donde en tardes de lluvia y al paso de los cortejos fúnebres hacia la Puerta Santa, soñó co...

Basilio Fernández, un poeta ocasional

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E L 28 de julio de un año sin gloria nací a la extrañeza, y al bienestar de los rincones familiares, discontinuo y sin sueño como el que no espera visitas. Nunca necesité afanes para diluirme, ni testigos para la emancipación al menudeo; sin transacciones ni pretextos he rechazado el clima de esas horas inevitables vana escoria de una imagen desenfocada. Condenado a negarme, ya firmar pactos de inactividad con maniquíes sibilinos, he llegado a este mundo como un puente tendido a la contradicción o al nihilismo de los galeotes. Guiado por vilanos, desatrancando puertas cerradas al hastío de los transportes, he desdeñado los mejores auspicios y las frambuesas anexionadas por un devaneo de otoño. Al paso del tiempo, apenas me doy cuenta del declive de la virtud, de la degradación paulatina de las tormentas de verano de las torres oblicuas que se tambalean en el error de las actitudes imprevisibles. A veces prolongo las palabras con que juego sin gran convicción y vagamente sigo la porfía ...

Lu Menezes

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Río congelado      Raro Río frío:  en mañana marina de Leblon  en la esquina de Delfín con Reina Guillermina,  belleza de lo Real -ferina- urdida en azul omnipresente  violado por banderas de alerta rojas, almendros refulgentes...  tachos de basura naranja, transeúntes, velas a lo lejos  y -sí- un perfecto pero:  este perro  negro con pata  enyesada - rota? torcida? Perro cojo  en blanco y negro en el corazón de la realidad hipercolorida  Todo tan vívido engendrado por el DJ del Azar que ningún disco de Newton jamás haría girar y generar saldo amnésico Síntesis de cenizas  Un río luso-holandés Además de lado a lado alinear Pan de Azúcar, Cristo Redentor, Piedra de Gavea, Dos Hermanos, el Rio pintado en la pared de la panadería "Joya" tenía molinos de viento a orillas de la bahía. La ensenada carioca tuneada por la mente aglutinante del pintor anclada en una Holanda sin Mondrian, sin diques de contención, era aún ...

Fernando Ayala

#10 Qué tren, qué tren. No hay abismo, el tren existe en su ruta callejera insiste el acero en dejarla rodar, hay huella marcada en realidad. Cuentan las estaciones que hubo una vez y habrá tantas como sean necesarias hasta que entienda el ganador: que lo humano se pierde, pero no se olvida. No hay abismo, hay soledades como trenes sin estación dentro de nadie, todo, es algo ahí donde la sangre está seca se unen músculos, huesos y piel. Pero no hay abismo, eso es religión hay historia en treinta mil pedazos hay cercos que romper, por los trenes que aún no salen, por la estación  amanecer. b Nuevos ritmos, viejos aromas, rocío matinal de maldiciones celestes, ricos de pobreza humana recreos serviles consientes, reos de la propiedad fantasmas luminosos de las noches dulces, aptos de calamidad callejera,  perecederos de bellas durmientes dorados de plata falsa, perdurables claros de luna nueva, hijos del dueño de nada fieles trepadores del futuro, cíclicos, sistémicos monitos con...

Diego L. García: Anejo "Las calles nevadas", Barnacle, 2020

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P einados de otra época en un bar para no ser nada.  para cruzar en la parte ambiental como quien deja enfriar el café.  la mueca de una camarera que sirve un vaso  con la historia congelada en sus movimientos.  es todo nuevo y viejo a la vez.  hay una fascinación por empujar la materia  hasta los bordes de su lectura.  nadie observa los mejores detalles: el juego de dislocar aquello que cumple una función a su renta para no pagar de más esas torceduras en las caras menos familiares. fuman. se trata de poner en relieve una minoría pero sólo para que el paisaje sea sustentable. un imperio puede ser un pequeño error en una escena que sale en primera toma. así: colonizar cualquier juicio sin proteínas o arder en una pila de cartas mal enviadas UN tipo en musculosa tras una persiana: el dibujo de una porción de tarta en un plato amarillo se incrusta en alguien más atrás. es difícil distinguir superposiciones cuando todas las letras se leen espejadas. limpi...

Lorine Niedecker

Entrevista de Antonio Gómez Ribelles a Natalia Carbajosa en El coloquio de los perros (fragmento) —ECP: Es complicado hacerse una idea del ambiente literario estadounidense, no solo el de Nueva York o Chicago. Sabemos de grupos como los modernistas, imagistas y objetivistas, que se vieron influidos por las vanguardias artísticas europeas y el desembarco en Estados Unidos del arte europeo con el Armory Show en 1913 o la creación del MOMA en 1929, y la llegada de artistas y escritores exiliados. Pero ¿cómo una persona que vive aislada de los centros culturales, en una zona pantanosa e inundable de Wisconsin, llega a un conocimiento y a una práctica de la poesía más vanguardista del momento? —NC: Se ha especulado mucho, a veces interesadamente, sobre ese aislamiento de Lorine Niedecker que la convierte en una rara avis de la poesía de vanguardia norteamericana y la emparenta con otro ilustre ejemplo del aislamiento y la experimentación, Emily Dickinson. En el caso de Lorine Niedecker, sin...