-->

abril 29, 2021

Maggie Nelson


Espíritu     


"El espíritu de Jane 
vive en ti", 
dice mi madre 
intentando describir 
quién soy. Me siento como la chica 
de la película de trasnoche 
que mira horrorizada 
el retrato de 
su extravagante antepasada 
y se da cuenta 
de que ambas llevan el mismo 
colgante grotesco 
alrededor del cuello. 
Desde que tengo 
memoria, mi abuelo 
ha cometido el mismo desliz: 
se sienta en su cocina, 
con los gelatinosos ojos azules 
fijos en mí. "Bien, Jane", 
dice, "Creo que tomaré 
otra taza de café". 



Spirit




"The spirit of Jane 
lives on in you",
my mother says
trying to describe
who I am. I feel like the girl
in the late-night movie
who gazes up in horror
at the portrait of
her freaky ancestor
as she realizes 
they wear the same
gaudy pendant
round their necks.
For as long as I can
remember, my grandfather
has made the same slip:
he sits in his kitchen,
his gelatinous blue eyes
fixed on me. "Well Jane, 
he says, I think I’ll have
another cup of coffee."





Maggie Nelson

MAGGIE NELSON (1973, San Francisco, California, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jonio González
Enlaces: Letras Libres | Revista Penúltima
Imagen: SoundCloud





abril 26, 2021

Dos poemas de Alberto Cisnero

Alberto Cisnero

14     




escuchamos la marcha de los trenes 
que se alejan de la ciudad bajo el último fulgor 
dorado de la tarde. muevo mi mano en su pelo 
en la oscuridad de la galería. cualquiera de esas 
cosas puede ser verdad. buscamos un calor 
que no sea el propio. una ventana detrás 
de la cual sentirnos seguros. y una vez ahí 
saber que ya no volveremos a otros sitios. 
entonces lo recordás, entonces empieza 
realmente. ahora sólo se oye un crujido.
quizás sea el viento, el río, un primer
traslado. habrá que nombrar todo de nuevo.



24




sea lo que fuere, pronto me voy a sentir inducido,
sensible al contacto con  el aire y con el agua.
descifrando libros, intercambiando libros,
prosando de libros. prescindiendo de cosas
que creía mías, a la vez que disminuye
el contenido de la botella. dedicamos tiempo
a una tarea propia de inadaptados, señuelos

que acaso deparen goce o zozobra a otros.
lo que pedimos a las formas de las estrellas
podrá ser fácilmente leído desde el suelo.
fuera de las portadas, en el otro mundo,
las cosas sólo se limitan a suceder.


De: "Media hora con el autor", Barnacle Libros, 2021
Otros poemas de ALBERTO CISNERO, aquí

abril 22, 2021

Marcelo J. Valenti

Marcelo J. Valenti


El descarado 
gemido 
del egoísmo 
me desnuda 
de 
olvido 
     


Tuve que vaciar 
el vaso 
de todo significado 
hasta 
reducirlo 
a tintineo y reflejo. 
    


No 
obstante su aire 
de despreocupado regente, 
el cerro 
se interrumpe. 
Le cupo la 
intromisión 
de la banalidad 
y el frío, 
la persistencia de la extenuación. 



Fallida 
adoración 
al sol: la acritud 
como 
único 
rito. Una pena. Un 
despropósito, 
un desperdicio. 
    


Las fotos de mi propio cansancio 
construyen 
un laberinto, 
cuya salida es el sueño. 
    


Rara 
amalgama clarividente: 
greda y pedernal. 
La sabiduría 
desplegada en una lectura 
sinuosa. Yo no 
sé 
otra cosa que 
consultar 
a las piedras 
y a las nubes. 



Hablo el lenguaje
del idiota
en el país
de los
insatisfechos,
de los desquiciados,
de los impacientes.
Mi lenguaje 
se debate entre
la violencia,
la codicia, la usura,
el poder,
el goce, el lujo.
Yo
hablo un lenguaje que
me atemoriza.

MARCELO J. VALENTI (1966, Rosario, Santa Fe, Argentina)
Publicaciones:"Paralelo Protervia", novela en coautoría con María Luisa Siciliani, 1998, "Una langosta en la casa invisible", cuentos, 1999, "Presagio de la reina ciega", poemas, 2002, "Caballo Bifronte" prosa poética en coautoría con Susana Rozas 2003, "Juego de abadesas", poemas, 2005, "Jardín Espejo" y "Espejo Jardín", poemas, 2010,  "Ojalá Jane Fonda nos ilumine", cuentos, 2011, "Después de la orgía, el canibalismo" poemas, 2014, "La eternidad del cíclope", cuentos, 2014, "El señor Perpol, cuentos y poesías, 2014, "Los malvones devorados", nouvelle, 2020.
Sus trabajos fueron incluidos en distintas antologías, entre ellas "Animales Distintos. Muestra de escritores argentinos, españoles y mexicanos nacidos en los sesentas." En 2017 estuvo entre los seleccionados en el concurso de poesía organizado por Carta de Altino (Italia) y obtuvo mención en el concurso organizado por la Casa del Faro (Quequén – Provincia de Buenos Aires)

Silvia Paglieta



10   



     
Darse vuelta 
y que alguien esté. 
Un gato, la almohada, 
la cama misma,  
una palabra que 
en mitad de la noche 
dé un salto 
y haga crispar la sábana.  
Quién anda ahí. 
Yo. Yo ando. 
Y darse vuelta.  
Dormir.  
Qué otra cosa. 
 

15     




Uno se resiste 
a limpiar los písos 
y cantar, 
hacer una poética 
del fregado 
el balde y la escobilla. 
Pareciera imposible 
pensar un verso apenas 
que rime con trabajo.
Es la tarea de las mano,
la obligación del día
y de la noche.
No salir a buscar bocas
o palitos para quitarnos
esa voz del otro
que controla
dónde están los ojos, 
los nuestros,
y el aullido.




42




Ando por la casa
dejándome olvidar
entre la escoba,
el plumero
y la ventana que no abre.
Soy esa telaraña
que recobra
el peso, la memoria
de esa nadita de tierra
que se esquina
en la habitación
y que acumula
los días en que,
perros despiertos,
ni nos ladramos.



SILVIA PAGLIETA (1956, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
De: "La forma de envolver el río", Barnacle, 2021

abril 21, 2021

Kenneth Rexroth: El amor es un arte del tiempo



KENNETH REXROTH
 nace en South Bend, Indiana, en 1905, y muere en Santa Bárbara, California, en 1982, después de una larga vida de viajes, publicaciones, experiencias laborales de diverso tipo y participación en distintas manifestaciones políticas y artísticas como músico, periodista, pacifista,anarquista y artista plástico. Publicó muchos libros de poemas 
algo de narrativa y teatro en verso y algunos ensayos geniales, así como gran cantidad traducciones, en especial de la poesía japonesa y china. En algún momento entró también en la industria discográfica y produjo algunos discos fusionando lecturas de poesía con música de distintas agrupaciones de jazz. En este sentido, así como en otros relacionados con su estilo de vida y con el resto de sus movimientos con la poesía, fue uno de los primeros agitadores de la escena poética de San Francisco. Allí terminó instalándose desde los veintidós años – después de pasar la adolescencia en Chicago y formar parte de un renacimiento de la bohemia en esa ciudad,y alternativamente de la escena neoyorquina de Greenwich Village– inspirando así a las siguientes generaciones de poetas, entre ellos, y quizás en primer lugar, a los beats. Era él uno de los que organizaba la famosa lectura 6 poets at 6 gallery donde Allen Ginsberg leyó por primera Howl, en 1955. Gran lector y autodidacta en casi todos los géneros, a los que nutrió con libros tan sorprendentes y brillantes como Classics Revisited, ya hacia fines de los sesenta, cuando se muda a Santa Bárbara, empieza a dar clases en la Universidad de California, entrando por primera vez al circuito académico y dictando en forma muy poco convencional seminarios que convocaban a cientos de estudiantes. Orador, montañista, espectador de casi entero el siglo veinte y el Estados Unidos de varias revoluciones en marcha. Su obra completa de poesía está editada por Sam Hamill y Bradford Morrow en Cooper Canyon Press; si bien casi todos sus libros habían sido publicados por el sello que fundara James Laughlin en 1936, New Directions Press. En las primeras páginas de su autobiografía escribe: “He pasado mi vida tratando de escribir como hablo”. Y será desde esa continua búsqueda de La firma de todas las cosas donde se irán intercalando los diferentes móviles que inquietaran su pensamiento y conmovieran en igual medida su observación, sensualidad y reflexión frente a los ciclos de la naturaleza, la biología y la botánica que surgen de esa exploración del mundo. La salida al exterior, el viaje, la estadía. Y también la sociedad, la trascendencia, las duplicidades material e intelectual, antiguo y moderno, oriente y occidente, y el amor. Contemplación y canto. Reflejos y paisajes que están para ser mirados sólo con ese tamiz resplandeciente que el amor produce. Canciones de amor, luna y viento, Actos sacramentales, entre otros. El título aquí traducido –que en The Complete Poems aparece como anteúltimo y justo anterior a sus LOVE POEMS OF MARICHIKO (The Morning Star), donde el autor escribió poemas de amor como si fuera una poeta japonesa– consta de veintidós poemas y una segunda parte con tres series de poemas cortos con una atmósfera oriental titulados: LA CIUDAD DE LA LUNA, TIERRA CIELO MAR/ÁRBOLES PÁJAROS/CASA/BESTIAS FLORES e IMITACIONES DEL CHINO. El amor y el paso del tiempo, el amor durante el pasado, y el tiempo, o el arte del amor y su reflejo destellando en el tiempo, son los móviles que envuelven las imágenes y reflexiones tan delicadas como asombrosas de este libro. Paisajes, naturaleza, ciudades, lugares visitados y paseos en lunas de miel, pueblos vacíos, rutas en el medio de la noche, contemplación de los cielos en terrazas de piedra caliza que se desmoronan, sueños, apariciones del recuerdo, ráfagas de luces en la noche junto al lago, un fuego crepitando, y todo inmerso y expandido en el proceso de ser reconocido. Recorridos e iluminaciones íntimas a través de las calles, los antiguos barrios, fuentes, ríos, bosques y montañas donde dos personas están conectadas entre sí durante unos momentos, y ahí son visualizadas desde la melancolía propia de la intensidad en ese reflejo sobre los sentidos. Pensamientos agrupados en torno a ese eje de una comunión sagrada con el ser amado. Conexión en el espacio, el tiempo, en la acción y en la contemplación. Hablando del patrón minucioso y complejísimo de la individualidad orgánica como hecho fisiológico, escribe en su autobiografía: “Pero también hay un determinante psicológico y secreto. Cada uno de nosotros es un individuo específico, ese y ningún otro, entre miles de millones. Creo que cada uno de nosotros conoce su propio misterio con un conocimiento que precede a los orígenes de todo conocimiento. Ninguno de nosotros lo deja pasar. Nadie puede. Lo envolvemos en la conversación y lo escondemos con acciones. Sin embargo, siempre esperamos que de alguna manera los demás sepan que está ahí, y que un misterio en el otro, que no podemos conocer, responderá a un misterio en uno mismo que no podemos entender. La única satisfacción plena que nos ofrece la vida es este sentido de comunión. Lo buscamos constantemente. A veces lo encontramos. A medida que envejecemos, aprendemos que nunca está completo y, a veces, es completamente ilusorio.”


Laura Crespi


La familia




Tarde en la noche
volviendo de Melbourne
de una fiesta en Kangaroo Plains,
paramos el auto junto a una laguna negra.
El aire es inmóvil, cristalino.
Salgo, enciendo un fósforo,
y estudio el mapa de las estrellas.
Soplo el fósforo,
y por encima y adelante y debajo mío,
doble en el agua inmóvil,
millones de estrellas aparecen
que no había visto nunca antes
y que nunca volveré a ver otra vez.
Y ahí están esas dos
hijas universos de mi universo,
las Nubes de Magallanes –
dos amebas fosforescentes por encima,
y dos en el agua sin fondo.



Domingo azul




Flores de castaño están cayendo
en la calle vacía que huele
a hospitales y a cocina.
La radio está rompiéndole el corazón
a alguien en algún lugar
en una sucia habitación. Nadie
está escuchando. A quince kilómetros
alrededor en todas las direcciones
las casas están todas vacías.
Nadie vive en esta ciudad.
Fuera de los límites de la ciudad
hay cementerios verdes y blancos.
Nadie está en las tumbas.
Con largos intervalos
la fuente rota de hierro fundido
estornuda y chorrea en el patio.
En la sucia habitación
tres putas jóvenes tiran los dados.
Con largos intervalos
una de ellas le habla a los dados.
Si no están en silencio.
Después de que todas las hojas
del castaño hayan caído
el sol se pondrá y las estrellas brillarán
sobre la ciudad vacía
y volarán papeles por la calle.



Sueño con Leslie




Entraste en mi sueño,
viniste con tus inmensos
ojos luminosos,
y tu pelo castaño claro,
a través de cincuenta años,
para cantarme otra vez esa canción
de Campion que nos gustó tanto alguna vez.
Besé tu cuello tembloroso.
No había ninguna pista en el sueño
De que hubiera pasado tanto, tanto tiempo
desde el arribo de una nueva invitada
con la alegre Helen, con Íope y las demás –
sólo la paz
de la tarde noche
en un otoño compasivo
de la juventud.
Y me olvidé
de que yo era viejo y vos una sombra.



Media luna tardía




Tarde la media luna
alta sobre la cabeza.
Shaka se une a Tara.
La novia oscura posee a su amante.
Dos búhos ululando vuelan
desde el pino hasta el ciprés.
El mayor de los telescopios
revela más nebulosas
fuera de nuestra galaxia
que estrellas dentro de ella –
hay más células
en un solo cerebro.
Las arenas de todos los mares
tienen un número.
El desplazamiento rojo –
el alma mortal
en su cuerpo inmortal.
La luz se agota y se desgasta,
viajando a través del espacio.
El par de búhos
en el amanecer lleno de luna.



The family




Late night
Coming back from Melbourne
From a party on the Kangaroo Plains,
We stop the car by a black pool.
The air is immobile, crystalline.
I get out, light a match,
And study my star map.
I blow out the match,
And overhead and before and below me,
Doubled in the unmoving water,
The million stars come on
That I have never seen before
And will never see again.
And there are the two
Daughter universes of my universe,
The Magellanic Clouds –
Two phosphorescent amoebas overhead,
And two in the bottomless water.



Blue Sunday




Chestnut flowers are falling
In the empty street that smells
Of hospitals and cooking.
The radio is breaking
Somebody’s heart somewhere
In a dirty bedroom. Nobody
Is listening. For ten miles
In either direction
The houses are empty.
Nobody lives in the city.
Outside the city limits
Are green and white cementeries.
Nobody is in the graves.
At very long intervals
The broken cast iron fountain
In the courtyard sneezes and spurts.
In the dirty bedroom
Three young whores are shooting dice.
At very long intervals
One of them speaks to the dice.
Otherwise they are silent.
After the chestnut blossoms
Have all fallen the yellow
Sun will set and stars shine
Over the empty city
And papers blow down the street.



I dream of Leslie




You entered my sleep,
Come with your immense,
Luminous eyes,
And light brown hair,
Across fifty years,
To sing for me again that song
Of Campion’s we loved so once.
I kissed your quivering throat.
There was no hint in the dream
That you were long, long since
A new arrived guest,
With blithe Helen, White Iope and the rest –
Only the peace
Of late afternoon
In a compassionate autumn
In youth.
And I forgot
That I was old and you a shade



Late half moon




Late half moon
High over head.
Shaka merges with Tara.
The dark bride possesses her lover.
Two moaning owls fly from the
Pine to the cypress.
The largest telescope
Reveals more nebulae
Outside our galaxy
Tan stars within it –
There are more cells
In a single brain.
The sands os all seas
Have a number.
The red shift –
The mortal soul
In its inmortal body.
Light tires and wears out,
Travelling through space.
The owls mate
In the moonfilled dawn.

La familia, The family, poesía norteamericana
De: "El amor es un arte del tiempo", Cuadernos de traducción, 1974
Traducción: Laura Crespi 
Imagen: Cunningham Trust
Otros poemas de KENNETH REXROTH, aquí

abril 19, 2021

Jorge Luis Borges: Milonga de Jacinto Chiclana

Borges


MILONGA DE JACINTO CHICLANA



Me acuerdo, fue en Balvanera, 
en una noche lejana, 
que alguien dejó caer el nombre 
de un tal Jacinto Chiclana. 
Algo se dijo también 
de una esquina y un cuchillo, 
los años no dejan ver 
el entrevero y el brillo. 
  
¡Quién sabe por que razón, 
me anda buscando ese nombre! 
me gustaría saber 
cómo habrá sido aquel hombre. 
Alto lo veo y cabal, 
con el alma comedida; 
capaz de no alzar la voz 
y de jugarse la vida. 
 
“Nadie con paso más firme
habrá pisado la tierra,
nadie habrá habido como él
en el amor y en la guerra.
Sobre la huerta y el patio
las torres de Balvanera,
y aquella muerte casual,
en una esquina cualquiera”.
 
Sólo Dios puede saber
la laya fiel de aquel hombre
señores, yo estoy cantando
lo que se cifra en el nombre.
Siempre el coraje es mejor
la esperanza nunca es vana
vaya, pues, esta milonga,
para Jacinto Chiclana.





abril 17, 2021

Hugo Luna: Sobre los cipreses es mentira el cielo

Cioreses, poesía argentina


Sobre Coreografía del absurdo. Hugo Luna. Lago Editora, Córdoba, Argentina, 2021. Libro digital, EPUB, 2020.

Por Gabriela Schuhmacher

Coreografía… es el nuevo poemario de Hugo Luna escrito entre la incertidumbre y el canto invariable del río, canto que como la poesía, respira donde no se encuentra, mejor dicho, hacia dónde va. 

Muchas veces al deambular por la ciudad que habitamos, nos sentimos atrapados en una escena diseñada para otros, como espectadores de una película. En ese pasaje de lo cotidiano al extrañamiento, advertimos que el lenguaje no representa el silencio que arrojan las formas que nos rodean. En Coreografía… el poeta Hugo Luna —inmerso en una época signada por la incertidumbre— traza movimientos, pasos, posiciones, diagramas (con entradas y salidas) de un registro personal que encabalga un largo, sostenido y único poema a orillas del río y las sombras.

Las acciones domésticas se van ensamblando a un ritmo vital que amenaza escabullirse: “El corazón se estruja / lavando cuchillos / (…) su jugo se escurre por el resumidero”. Sin embargo algo conocido envuelve y no renuncia a cruzar la frontera de lo propio, un canto invariable que retoma el contacto con el río: “lo puedo oír / es apenas un murmullo”, dice el poeta. Un giro lo empuja más adentro de la escena, al interior de su cuerpo. A partir de allí, la supervivencia se dispone a improvisar un perro que da vueltas, duerme o se hace el muerto, que practica su forma instintiva de parecer menos real. “Soy un perro” afirma la voz, y se mimetiza con el poema hasta ser “un ladrido en la tierra”. A medida que prosigue su desplazamiento, dice: “Adentro hay un perro muerto / (…) nada ladra dentro del poema”, “Es mentira / incluso la muerte / el ladrido del perro”. Al yo lírico —desbarrancado entre lo irracional y el desvelo— no le interesa el poema, pero el canto del río insiste, canto que como la poesía, respira donde no se encuentra, mejor dicho, hacia dónde va. El tiempo avanza, por momentos se detiene y, en otros, aparece como tercer punto focal, en el nudo de lo que no pudo ser y lo que se espera. Los días oscilan en medio de un existencialismo que da su guiño a lo incomprensible, y hasta “Dios parece despierto en el silencio”. Entonces, el poeta se anima a cambiar de posición, a quedarse donde las sombras dan prueba del desdoblamiento de la vida: “para bailar no es necesario ser”. 

La pandemia y el aislamiento social atraviesan el libro. La realidad (desvanecida sobre camalotes o “bajo yuyos del lenguaje”) deja desnuda “la pena de un niño / el luto de una especie”. En ese instante, la mirada se acopla a la voz poética incorpórea, en estado flotante, capaz de escucharse en la otredad, de aprehender las cosas sin quedarse en la queja, con el respeto y compromiso de conservarlas “en su estado más puro”. La denuncia, la imposibilidad y la imaginación ensayan una sucesión esencial de cadencias hacia otro amanecer que nadie nombra: “la mitad del poema grita / la otra mitad cabe en una lápida / sobre los cipreses es mentira el cielo”.

HUGO LUNA nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, en 1959. Publicó los libros de poesía: La pluma y su piar (2001), La ventana que mira (2004), En la nieve (2006), Reflejos sobre el zinc (2007), Es tu lengua (2010), A tientas (2013), Solo claridad (2010); El apetito de la belleza (2015), Reflexiones de un Cisne (2017) y Esa otra casa (2021) entre otros.



 

Afuera está el río




lo puedo oír
es apenas un murmullo
pero
es tal el silencio
la voz del agua
dice tu nombre
hay ahogados
que te conocen
y peces que prefieren
dejarte el espejo
para que pintes
los ojos de los camalotes
los peces son pura empatía
los camalotes
se llevan nuestros corazones
es la única manera de viajar
si no fuera por el río
esto sería un cementerio



Hasta altas horas de la noche




en mi puta vida
vi una hora alta
he visto horas derrumbadas
a los pies del alba
serviles
he visto la noche alta
muy alta
en la cruz de las estrellas
la noche puede verse siempre
que se mire
multiplica
lo que late adentro
aquello a lo que nadie le pone nombre



La ruta es un video de youtube




y el amor una película
de netflix
de puro cagón
he guardado
todo elemento punzante
todo
es hermoso
tan que pareciera no ser
y vos estás en esa nube
pasajera
tu mano diminuta
es adiós



Mi casa está fuera del mundo




cada vez
que debo ir al super
caigo por un agujero negro
y el enorme silencio de las góndolas
apenas deja una liviana espuma
sobre la costa
abrir las ventanas de mi casa
tiene sus ventajas
así como cerrarlas
el clamor del vecindario
me acompaña en la noche
en que nunca queda claro
hasta dónde la luz
se retira o se enciende
digo afuera del mundo
y es la esquina de siempre



Hierve la olla y tengo miedo




me pregunto de qué película es el humo
en la falda de quién comeré esos fideos
la mezquindad emerge del más profundo pozo
miramos por la ventana caer la lluvia
infinitamente el charco es la lluvia
desnudo tirita
es tan erótica esta humedad
como la escapada de mis dedos
oh amor era de estar solo que llovía
que el agua se reproducía y anulaba
era del hambre que pendían las gotas
de un colador desfondado de silencio
está hirviendo la noche no ya en su oscura noche
sino en el fondo de este plato y su esqueleto




Luego se van a amar




por ahora
bailan bajo una luz de estudio
una luz tan bella
como irreal
eso me pasa
todo es irreal
no sabemos quiénes somos
no conocemos a nadie
mi niño es extraño
mi padre inexpugnable
yo mismo
estoy perdido en lo que fui
el futuro es veneno
ha terminado conmigo
ustedes saben quién duerme a vuestro lado?
ustedes imaginan esos sueños
ustedes se han ahogado en el mar de los sueños
ajenos?
no puedo ver dos que se amen
sin sospechar lo que vendrá
mi corazón supo tener la suavidad de esas manos
su decir, callar



Tu nombre me hace bailar




es una lanza
un aguijón dulce
una abeja enamorada
cada paso en lo oscuro
está en contacto con tu piel
oh piel, pequeña
que prodiga sus ojos a la noche
movimiento
quietud
de estar
a merced de la sombra

para bailar no es necesario ser




El cementerio está a mitad de camino del pueblo.
Glauce Baldovin

Entre la casa




y el patio
los muertos cambian disfraces

en medio de la fiesta
las flores
son nubes
perecen como tales
encajes de un azul
que no duerme

el vino es de tu sed y de tu noche

la mitad del poema grita
la otra mitad cabe en una lápida

sobre los cipreses es mentira el cielo


De: "Coreografía del absurdo", Lago Editora, 2020
Otros poemas de HUGO LUNA, aquí
Enlaces: Acta Literaria | Otra iglesia es imposible

Catalina Boccardo: El pico de los pájaros



Acá no hay palabras que hablen de los pájaros, 
hay pájaros. 
El ronquido,
piar, 
en medio de lastimeros fracasos  
del vuelo, 
 
nido primigenio 
romperse un ala 
o una pata, 
caer,  
este mundo no dará reparo alguno,
aves trastornadas,
mismo aire,

desfallecen en verano sobre el pavimento.

Yo encontré la salvación, un pájaro herido.
Pía, siempre pía de felicidad.
Alegre y profundo, ni siquiera encoge sus plumones ante la lluvia.

Y ella se habrá creído muerta pero tenía dos vidas: 
la de la melancolía
y la hondura
de este repentino hogar.



A veces hace así: con un solo ojo observa una rama.
Y la rama se mece y le provoca un temblor.

Cuentan que hace miles de años otra paloma fue 
                                         /lanzada en medio del diluvio.
Regresó con gajos de olivo de tierra cercana.
Está escrito.

Ahora un minúsculo animal se asombra por primera vez
ante la naturaleza;
crea un árbol,
el cielo, 
las hojas entregando la sombra. 
Divino pájaro del mito
aunque éste
real y terrestre
se pierda en las tormentas
y nos deje vacíos.


De: "El pico de los pájaros", Barnacle, 2021
Otros poemas de CATALINA BOCCARDO, aquí

Año Nuevo



Leo "Año Nuevo", de Judith Filc (Barnacle, 2021) y me sorprende la sucesión de acciones en los poemas. 

Todo ocurre (hasta el silencio) en un presente simple. Un ahora  objetivo, neutral,  para destacar los acontecimientos de improbable transcendencia. Un Año Nuevo infinito, un plano secuencia de Antonioni. 
Presente para atenuar la furia del pasado.
 


INTELIGENCIA ARTIFICIAL    



En una sala pequeña sin ventanas
se apilan computadoras en un matorral de cables.
En las pantallas, circulan columnas sin cesar.   

Por la mañana empieza el zumbido y
por la noche
vuelve el silencio.



Poemas de JUDITH FILC, aquí

abril 14, 2021

Alejandra Boero, poemas inéditos

Alejandra Boero


DESARMADERO  (tal vez un libro en proceso)    

El catalogador enamorado    


 
(En 2017 en la Sala del Tesoro de la Biblioteca Mariano Moreno, Juan Carlos Sánchez Sottosanto descubre el fragmento de un poema amoroso)  


 
Es de mañana en la Sala del Tesoro de mi Biblioteca. 
Es también un juego de esta historia que se niega al anonimato. 
O es quizás la botella al mar que interrumpe mi naufragio. 
Un fragmento escrito en el siglo XV tensa el rigor de mis inventarios. 
Siento en mis manos el espesor de las nervaduras de estas cinco hojas de palma. 
Si pudiera entrar al Reino de Kotte. Pero Ceilán ya no es Ceilán. 
No fui el escriba. No fui su amada. Nada sé de su lengua. 
Sin embargo me escriben. Y yo enmudezco. 
Nunca sabré cómo el pasado nos espera y llega. 
Hoy soy el albacea de una pasión todavía intraducible.



LOS gatos me asustaron muchos años
como la rueda gigante y las montañas rusas de los parques.
La niñez con mascotas y juegos
fue una casa cercada con hierros.
Forja de Vulcano. Palacio de Minos.
¿Cómo se habita un volcán en erupción permanente?
¿Cómo se desafía a Teseo?
¿Cómo se desalienta a Ariadna?
Tal vez rodeando con historias la indefensión.
¿Cómo sobrevivir Minotauro?
¿Cómo rescatar, hoy, el ronroneo y el vértigo?
 


PISO la línea
divisoria
y acerco, con mi pie,
ese vacío
que aparece infranqueable.
 
 
 
LA barca fondea en la bahía.
Suelto los remos.
Ve cómo se mece la tierra.
Cómo el cuerpo aquieta las aguas.
 

 
EL estornino
           interceptó
mi mirada.
Juntos supimos
que una tormenta,
rápida y liviana,
filtraba
el aire.
 

 
HAY un nudo
que interrumpe
la palabra
que puede cambiar
todas las coordenadas.
Esa venda en la herida
que impide
la cicatriz.
 
 
 

Ícaro volando 


                                                               A Alejandro Michel

 
¡Qué peso el de la ingravidez! Sucede que, por un momento -no importa cómo lo midamos-, quedamos suspendidos. Lo que sorprende, un poco después -no importa cuándo suceda, ¡pero sucede!- es que la altura quema. Caemos.
 
Arriba la presión corrompe las coordenadas -las que no fueron previstas, las que enfocan la mirada: huellas en desorden - que permite el resplandor fugaz..
 
Los ojos van cayendo. El cuerpo se relaja y deja que las pupilas se contraigan y dilaten la revelación:
Que los párpados amortigüen la pendiente. Que las pestañas filtren el tránsito.
Que el rostro se haga cargo.
 
Una sonrisa se precipita: la desobediencia.
 
Se derrite la cera. La sombra del padre se aleja. Ícaro ya no es Ícaro.
 
Se liberan tus alas. ¡Ícaro! ¡Vuelas!
 
Hay ruidos profundos. Crujen los cartílagos. Los músculos duelen. Hay extensiones de arterias que se abren. Y se desangran.
 
En el centro un abismo se prolonga. Y salta. Y juega. Y nos destruye. Se abren los sentidos. Un soplo. Un respiro.
 
Llegamos. (Llegamos).
 

 Desarmadero

 


I

 
La bienvenida no fue auspiciosa.
Rostros marcados por la decepción
mecieron una cuna equivocada.
¿Hubo o no, resignación?
El  hierro es maleable, pensaron.
¿Hay herraduras para marcar la suerte?.
Desestimaron los cálculos y el error.  
Omitieron la química.
Olvidaron la dureza del aliento,
el magnetismo de los sueños,
los tintes del óxido,
las huellas de un cuerpo.
 


ALEJANDRA BOERO (Rafaela, Santa Fe, Argentina)
Enlaces: El molino de pimienta

abril 10, 2021

Rubén Valle

Rubén Valle


Derecho de autor     




¿Para qué la poesía si los barcos 
no pueden volar a contramano, 
Si la virgen no encuentra su adagio 
en el inspirado beso del semental? 
Crédulos (o no) los relojes  
deberían ser pájaros y piedras a su modo 
¿Por qué no camaleones de un solo color?   
Cada poema una isla dentro de otra isla  
Un libro desierto donde el náufrago se escriba a sí mismo   
Y nosotros, meros bastardos del Dante,  
espantapájaros de nieve en un infierno 
que embriaga sus nueve lenguas en agua bendita  
¿Para qué la poesía entonces 
si la palabra no se desnuda en público,
unta las sábanas con su esperma negra 
o copula con el mar dentro de una botella?
Es derecho de autor dejar  
último en la fila        entre paréntesis 
al creador del tajo y la cicatriz
Hacer que el mundo vuelva a ser nuevo 
                                e igual de cuadrado  
Una hoja en blanco donde los ciegos lean  
La poesía es la ley y también la trampa.   

(Del libro Tupé)


 

Eslabones




En el ancestral mecanismo de ese insecto 
que se repliega como el revés de la rosa
de cara al peligro inminente (el pie o la rueda)
leo a un hombre y a una mujer repitiendo
su misma estratagema de supervivencia.
Con las herramientas que manipula el instinto 
tratan de salvar un castillo en medio del mar
por ser de arena esa red de amor que destejieron.
Así hasta que una gaviota irrumpe desde la postal
de una tempestad ajena y audaz despeña su ansia
hacia el capullo de piel en que ambos tornaron.
Con la caligrafía de los desesperados
hombre y mujer, insecto o gaviota, deciden legarnos 
la enseñanza de que el ciclo de la vida 
también aquí deberá cerrar con final abierto.

(Del libro Placebos)

 
 

Ojodrilos




Ojo con esas miradas 
que te muerden
como los espejos que se salen
de cuadro para ser parte 
                        de la foto 
Yo les llamo ojodrilos
Y a los ojodrilos hay que temerles
                       como a las piedras
que no responden a la física
o a las amantes que se desentienden
de la química
Los ojodrilos son peores 
                que el hambre
Mucho peor que un secreto o el óxido
Te comen sólo para saber qué gusto
tiene lo que tenés
trabajando en la punta de la lengua.

(De Ojodrilos, inédito)

 
 

Un poeta por día



El perro que en mí ladra vale un hombre que reza 
Gabriel Celaya, Lo demás es silencio




Anoche soñé con perros
No los románticos de Bolaño
ni los de la melancólica lluvia de Waits
Mastines del Doctor Moreau eran
Esa rara especie de bestias que llevan la rabia por bandera
y sólo se permiten comer un poeta por día
Los soñaba saboteando el osario de mi amada
Y mientras yo me dejaba guiar por el faro del celo 
ellos mordían desgarraban masticaban 
hasta que al tragar mi corazón atiborrado de tinta 
despertaron de golpe y ya no volvieron a ser los mismos
¡Volaban! Atravesados de plumas volaban.

(De La lengua del ahorcado)





RUBÉN VALLE (Mendoza, Argentina). Periodista y escritor.
Ha publicado los libros de poemas Museo Flúo (1996), Los peligros del agua bendita (1998), Jirafas sostienen el cielo (2003), Placebos (2004), Tupé (2010), Grietas para huir (2012), Lo negro de la nieve & otros poemas así (2018) y La lengua del ahorcado (2019).
Integra las antologías de poesía Promiscuos & Promisorios, La ruptura del silencio, Martes literarios y Poesía en Tierra (Centro Cultural de España en Buenos Aires).
Como narrador participó de Mitos y leyendas cuyanos (1998), editado por Alfaguara, de la antología de textos para niños Ellos, los otros & nosotros (2003) y de La mirada del cóndor (2017).
En 2013 publicó en la editorial Ebook Argentino su libro de relatos y microrrelatos Desperté en el bosque después de haber soñado un bosque. En 2015, por la misma vía, editó La medida de lo posible. En 2020 la plataforma multicultural Peras del Olmo publica su libro de relatos breves Modo luciérnaga.
Ha trabajado en varios medios de su provincia (Diario UNO, Los Andes, MDZ online, entre otros). Actualmente coordina el área de Comunicación & Transmedia de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNCuyo).

abril 08, 2021

Alejandro Michel: La guerra de los mundos


La guerra de los mundos    

   

The streets were horribly quiet. H. G. Wells, The War of the Worlds 



Tenemos que hablar, Wells. 
Alejandro Michel

Te invito a dejar la tumba 
y venir a mi jardín. 
Es otoño en Buenos Aires, 
ya no hay colibríes ni golondrinas, 
pero te gustará ver cómo se oxidan los colores 
cuando sopla la brisa húmeda de la tarde.
¿Té? No, lo siento, no hay té en mi casa.
Puedo ofrecerte mate amargo y medialunas,
cosas del más acá que podrías traficar en el más allá.
Sentate, Wells, debajo del hibisco. Ponete cómodo.
Quería preguntarte si ahora somos nosotros los marcianos.



Berlín, 2 de mayo de 1945



A Alejandra Boero


Me llamo Iván Bronstein, soy tanquista de la 7.a Brigada Sur,
ascendido a teniente ahora, después de las colinas de Seelow.
Mañana (sé que estaré vivo mañana) cumplo 22 años.
He pasado los últimos tres años a caballo de la muerte.
Katya, amor mío, la muerte no es una ensoñación de Pushkin:
pesa 30 000 kilos y huele a vísceras y gasoil quemados.
(¿Has escrito nuevos poemas?
¿Me los dirás en la penumbra del granero?
Silencio, me decías, el sol va a tocar el horizonte).
A veces, la muerte y yo irrumpíamos a 40 kilómetros por hora
desde lo profundo de un bosque nevado. Los pájaros nos precedían.
Yo imaginaba eso, bandadas de pájaros negros en desbandada
que graznaban ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra! Y entonces abríamos fuego.
(¿Has pensado jamás, Katya, que abrir fuego es una expresión poética?
¿Y que cerrar fuego no existe en nuestra lengua?
La palabras tienen esta forma caprichosa de hacernos el amor,
dirías con una sonrisa. Las palabras son más libres que las personas).
Caminábamos después por entre el humo y los cuerpos.
Aún nos veo allí como sombras entre las sombras,
como si esos cuerpos hubiesen sido la sombra de nuestros cuerpos,
un eclipse maligno, el eco astillado de lo que nunca sabríamos decir.
Algunos cuerpos gemían. Quiero cadáveres, no prisioneros,
nos había respondido el comandante mientras fumaba su papirosa.
Usábamos mazas, hachas y palas, cosas que teníamos a mano.
Pável, el artillero, tocaba el acordeón, siempre la misma melodía.13
La guerra, Katya, es este viento metálico que sopla en la memoria.
Recuerdo que hemos llegado a un gran parque entre las ruinas,
el Tiergarten (como quiera que se pronuncie en esta lengua bestial).
Parece que hay jabalíes acá, quizá podamos cazar uno para la cena.
Hemos descendido ahora y nos hemos sacado fotos junto al T-34
con la Sport de Andréi, el conductor; te llevaré un par de regalo.
No recuerdo mucho más, la brisa de la mañana era agradable
Nuestras máquinas, que eran magníficas, han dejado de volar.
Las calles están desiertas; los cementerios, repletos,
y en su desesperación los muertos los toman por asalto.
Nadie quiere pasar su propia muerte a la intemperie.
Está refrescando, Wells. Pronto nos quedaremos sin sol.
Verás constelaciones diferentes en este cielo.
Hablabas de la sabiduría infinita. ¿Era eso, entonces?
No te duermas ahora, Wells. Tenemos que conversar.



La hormiga plateada del Sáhara



...and who ever got to any sort of understanding with ants?
H. G. Wells, The First Men in the Moon


¡Yo te adoro, hormiga plateada del Sáhara!
Me he aprendido de memoria tu nombre científico,
Cataglyphis bombycina, y lo invoco cada mañana al despertarme
y cada noche al acostarme. Tomo vodka puro para saludar tu pureza.
Yo adoraba a la Virgen María antes de conocerte,
tenía su estatuilla de plástico fosforescente sobre la mesita de luz
y esa fosforescencia era como un faro para los navíos de mi insomnio.
Pero no hay amores incondicionales ni, mucho menos, eternos:
perdida la gracia, la Virgen Parturienta solo daba a luz la desgracia.
Un crepúsculo, la tiré sin pena ni gloria a las aguas del Riachuelo
(me han dicho que esas aguas, como las de Chernóbil, hierven de bagres
y serpientes mutantes, y que la gente de las villas se alimenta con su carne).
Volví a casa en una bicicleta robada. Era roja, casi bolchevique.
Hacía un calor infernal y el cielo, o lo que fuera, chispeaba.
Estoy en el Sáhara, pensé. Tenía hambre y tenía sed.
Me sacié, me bendije a mí mismo y dormí como un bendito.
Soñé que me soñabas y que en el espejo de nuestros sueños
tu rostro era mi rostro. Me vi con las mejillas cubiertas de vello plateado,
los ojos enormes, saltones, bello, plateado, náufrago en el mercurio
vertiginoso de tu belleza física. Y entonces te amé con desesperación.
Los sueños son efímeros, la eternidad se dice siempre con palabras.
Te supliqué que me hablaras, quería escuchar en tu voz lo indecible del universo.
Nuestro amor es especial porque somos especies diferentes ―dijiste al fin―,
ya has amado a criaturas de tu propia especie y a criaturas amigas de tu especie:
mujeres, aeroplanos, hombres, lluvias, gatos, libros, anzuelos descarnados…
Me amarás solo a mí ahora, querrás emularme (correr a 640 kilómetros por hora
sobre la arena recalentada del desierto al mediodía, tener no más de 10 minutos
para dar con tu única comida de la jornada, algún bicho infortunado y ya reseco,
por ejemplo); a toda costa querrás ser a mi imagen y semejanza. No lo serás.
Serás con dolor quien nunca querrías ser. Aprenderás, amante, a odiarte en paz.
Así dijiste (si comprendí bien porque mi dominio de tu lengua es aún imperfecto)
y así predico tu palabra por las calles de Buenos Aires. Pronto llegará el nuevo otoño





ALEJANDRO MICHEL (1958, Mar del Plata, Buenos Aires / 2022, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Poemas extraídos de "La guerra de los mundos". 

abril 06, 2021

Iván Carvajal

La imagen muestra a una persona de edad, con el pelo corto y canoso. Tiene lentes y apoya la mano en el mentón

Memorial     



Camino desde el lecho a la butaca, 
vengo a la cocina, enciendo la luz, 
hiervo agua en una olla 
y vuelvo tras mis pasos 
a la butaca y después al lecho. 
 
Son malos tiempos. 
Llueve y a causa de la artritis 
sufren mis huesos. 
Hay mucho polvo en casa. 
Barbado y en pantuflas la recorro 
de un extremo al otro. 
 
No soy un héroe, 
no nací para serlo. 
Persigo por la casa una mosca 
con una mueca y tal vez con miedo.
Miro al jardín y luego hacia las nubes.

Más tarde empiezo a destapar conservas,
despilfarro mi acre sarcasmo abriendo latas
y aunque afuera maduran los higos
comeré salchicha y fruta seca.

Miro la taza única,
el único pan sobre la mesa,
el café muy negro.
Mordisqueo un trozo,
la silla cruje
y no hay más movimiento
que mi balanceo,
ni otro ruido.
¿Y qué diré?
¿Con quién conversaré?

Óyeme gato ― ¿pero qué gato? ―.
Era tu risa la que llamé un día
«felina insensatez».

Están aquí el pan, la taza, el café,
una ventana abierta que da al jardín
y en él la higuera y allá las nubes.
Adentro está mi cuerpo en bata y en pantuflas,
dentro del cuerpo el hígado maltrecho,
unos huesos crujientes,
los pulmones en duelo
y tanto humo tragado
y mucho más sin duda.

Pero si bambolea la puerta
es que la empuja el viento.
Aquí no hay gato encerrado,
es el aire es el aire es el aire.

IVÁN CARVAJAL (1948, San Gabriel, Ecuador)
Fuente: Ablucionistas
Enlaces:  Material de lectura UNAM | Contramarcha
Imagen: Plan V

abril 03, 2021

Jessica Atal



Jessica Atal
JESSICA ATAL nació en Santiago de Chile. Es escritora, poeta, editora y crítica literaria. Estudió Literatura en la Universidad de Chile.
Se graduó de la University of Utah (Salt Lake City, Estados Unidos) en 1988, con el título de Bachelor of Arts in Spanish. Escribió para el diario El Mercurio desde 1988 hasta 2015. Fue editora general de la editorial  El Mercurio-Aguilar entre los años 2000 y 2009. En 2004 recibió el Premio Edward Said, otorgado por la Fundación Palestina Belén 2000. 
Escribió para revista Capital entre 2011 y 2013 y para revista Al Damir entre 2009 y 2017.
Ha publicado los libros de poesía “Variaciones en azul profundo” (1991, Ediciones Unicornio); “Pérdida” (2010, Ril Editores); “Arquetipos” (2013, Ril Editores); “Cortina de elefantes” (2014, Ril Editores); “Carne Blanca” (2016, Editorial Cuarto Propio) y "Teoría de una Práctica Amorosa". Fotografías de Isabel Skibsted (2020, Ediciones Bonnefont ).También en 2016 publica la obra de teatro virtual “WhatsApp, Amor” (Uqbar Editores). En 2018 publica el volumen de relatos “Ella también se va” (Cuarto Propio).
Su obra ha sido traducida a diversos idiomas y ha sido publicada en antologías, diarios y revistas, tanto en Chile como en el extranjero
Actualmente se desempeña como editora independiente. Es colaboradora del diario cultural La Panera realiza talleres literarios. (En http://jessicaatal.cl/biografia.html)


Nada se rompía


 

no se rompía el
día aún

yo no veía bien
pero todavía distinguía
la nueva cara de la luna
esa que me mostró Claudio
una noche de pitos
y Jack Daniels
¿la ves?

yo no veía bien
por culpa de puntos
negros tiritando
como hormigas en la nieve

en esa época
de muros en los cielos
se amontonaban balas
escarabajos en los cuerpos
en el paisaje suprimido
de Santiago

los muertos seguían
de cerca a los vivos
y el presente
se plagaba/
de henchidos aforismos

agonizaban sombras tímidas
en las calles calcinadas
ante la inmensidad del universo
a pesar
de haber sentido todo
y no ser nada
a pesar
de haberlo sido todo
y sentir
un poco más de nada

se ven quietas las estrellas
dicen los que murieron dentro

entonces
el sistema nervioso
empezó a fallar
se infectó
el aire de la patria

mi madre tose
sin razón
como nosotros lloramos
sin razón
los médicos dijeron
que no tenía nada
pero eso fue
hace tantos años
como siguen siendo
muertes/cárceles y ausencias

desde que aparecieron
pintas en mi piel
se empequeñecieron los pulmones
del viento
se atrofiaron tres manchas de tinta
a un costado de mi cama

son las patadas
repiten las voces dentro
son los cráneos
que rompieron dentro

mi piel era suave
los hombres se volvían locos
esos perros se volvían locos
la saliva no la contenían
se hacía una con la sangre

tarde o temprano/
lo que permanece oculto
sale a la luz
todo se ve

incluso el lado oscuro
de la luna

quizás ahora vuelva a usar
esa camiseta blanca
que me arrancaron
a pedazos
para morderme los pezones
como otras dos lunas
si ella sigue muriendo
sola
en París



Condena (o principio)



 
en principio
este es el trato:
renuévame por completo
mi sol menguante
y así yo te restauro
tu paréntesis frontal
 
elegante es el quejido del insomnio
cuando yo me ofrezco a ratos
y en silencio
en gotas de tinta incierta
 
a la hora incierta
la tinta fresca
nada más terrible
 

JESSICA ATAL (1964, Santiago de Chile, Chile) 
Fuentes: Revista Altazor | Jessica Atal
Enlace: FIP Santiago
Imagen: Iván Petrowitsch