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abril 30, 2013

Jaime Sabines: Te digo a media voz

Jaime Sabines

Tu cuerpo está a mi lado



Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos

Otros poemas de JAIME SABINES: aquí

abril 27, 2013

Carolina Esses




HABÍA que retratarse la una a la otra
mirarse como en un espejo.
Laura tomó el lápiz para dibujarme.
¿Ves?, dijo la profesora y corrigió un trazo
acá la boca se pierde en una línea fina, desaparece.
Nunca había pensado en mi boca de esa manera
pero ahí estaba el hilo delgado de la forma
como la cuerda por donde un audaz equilibrista
podría medir la entereza de su oficio.
¿O era la voz? Un timbre apenas audible
porque es mejor, alguien alguna vez me dijo
confundirse entre la multitud, que quedar al descubierto.




NO sabíamos que el aceite derramado traía
mala suerte. La idea había sido freír unas papas
cortarlas en rodajas y echarlas todas al mismo tiempo
en una sartén descolorida. Los caracoles-
agregó mi madre mientras raspaba el piso negro
la superficie cubierta de pequeñas motas doradas-

cualquier cosa, en realidad, que provenga del mar
también es portadora de mala fortuna.
Nosotras mirábamos desde el sofá
atentas a la ceremonia imposible: borrar
las huellas de la desgracia futura.


poesía argentina
CAROLINA ESSES 
(1974, Buenos Aires, Argentina)

De: Bucólico paisaje (inédito)
Enlaces: Una temprada de invierno
Imagen en Infobae

abril 25, 2013

Inmaculada Mengíbar







Sesión continua






Vamos andando tan deprisa a veces.

Video club, relaciones humanas, pub, se vende,

¿qué voy a hacer mañana?, si estuvieras

conmigo ahora, el mar.

El mar triste de las agencias de viajes,

o el de aquella postal, tierna y cursi, que nunca

me enviaste

es tan desconsoladamente verde

como las luces

de los taxis amargos del otoño.

Y es un desesperado

abuso de desconfianza y soledad

el que me lleva

de nuevo a ti, esta tarde,

ahora que las tiendas

empiezan a cerrarse, y es hermoso

pensarte entre la gente, aferrarse a la idea

de que podrías surgir

debajo de cualquier paraguas, sorprenderme

de espaldas, tapándome los ojos y los sueños.

Sobre todo, los sueños. Dónde irá

la gente, tan deprisa,

desandando esta ausencia de pájaros, buscando

refugio en los portales de la noche. Ahora sé

que es preciso haber muerto

muchas veces de amor

para atreverse de esta manera a reincidir

y admitir que me dueles

como un beso prohibido para siempre,

casi secretamente,

como sólo la vida puede doler a veces,

o esta lluvia lentísima

de otro octubre sin ti.






Inmaculada Mengíbar (1962, Córdoba, España)
De Los días laborables, Hiperión, 1988

Enlaces: Pequeña caja de tormentas





abril 23, 2013

Cees Nooteboom

Cees Nooteboom

Atardecer     



La silla azul en la terraza, café, la tarde, 
el euforbio que se extiende hacia dioses ausentes, 
con gran añoranza de la costa, todo un alfabeto 
de anhelos secretos, este es su último rostro 
antes de la oscuridad, 

del velo en su cerebro. Él lo sabe,                  
desaparecerán las formas de las palabras, 
en su cáliz ya tan solo zupia, 
las líneas no más unidas 

que antes fueron pensamientos, 
ya no llega aquí palabra alguna 
que sea cierta. Gramática pulverizada,
movidas imágenes sin nexo,

del viento el sonido
mas ya no el nombre,
alguien lo dijo
y la muerte estaba sobre la mesa,

un criado remiso, que espera
en el pasillo, riendo tontamente,
hojeando las noticias
enloquecidas del periódico.

Todo esto lo conoce: el euforbio,
la silla azul, el café en la terraza,
el día que lo envuelve lentamente
y luego se aleja nadando con él,
un animal manso
con su presa.


CEES NOOTEBOOM (1933, La Haya, Holanda / 2026, Menorca, España)
Traducción: Fernando García de la Banda
Enlaces: Revista Minerva

abril 20, 2013

Daniel Battilana


Agujeros nupciales



Por la puerta Juana
abierta o cerrada es igual a llevar la vida separada

las cerámicas de la fina mirada te deforman

deformada en llanto
la puerta es de sombra
esto puja por vencerme
la puerta es tu párpado

tus agujeros nupciales
son nupciales de pan

Los hechizos de pan

mis esferos se precipitan
propulsos en sus bolsas
por la puerta mi escaramuza
reemplazar con clemencia cada recuerdo.


La mujer que me nombra 



Corría desnudo por el jardín
y supe que fui cobarde en tu batalla.
Amé la verdad que no puede durar.
Amaste durar en mi verdad.
Rompí amigos
que no blandieron amistad para defenderse.
Era Marcial yo y era Torquato Accetto, qué no era
si no sino hecho de lo que se gasta.
Soy un hombre que no puede durar
desnudo en un jardín.
Hay una parte mía que no obedece en ninguna parte.
La mujer que me nombra, la despierta a mi lado,
dice que no tengo parte que obedezca;
se engaña con alegorías de la desobediencia,
O soy el poema que no puede durar
¿Cuánto dura una palabra
hasta repararla con otra?
Qué se rompe cuando rompo una palabra.
¿Y si me repito y te contesto con cosas rotas?
¿Cuánto dura una palabra desnuda en el jardín?


 DANIEL BATTILANA (1962, Buenos Aires, Argentina)

Michel de Montaigne: De la tristeza







Fuente: www.qotd.org



Yo soy de los más exentos de esta pasión y no siento hacia ella ninguna inclinación ni amor, aunque la sociedad haya convenido como justa remuneración honrarla con su favor especial; en el mundo se disfrazan con ella la sabiduría, la virtud, la conciencia; feo y estúpido ornamento. Los italianos, más cuerdos, la han llamado malignidad, porque es una cualidad siempre perjudicial, siempre loca y como tal siempre cobarde y baja: los estoicos prohibían la tristeza a sus discípulos.




Cuenta la historia que Psamenito, rey de Egipto habiendo sido derrotado y hecho prisionero por Cambises, rey de Persia, y viendo junto a él a su hija, también prisionera y convertida en sirviente a quien se enviaba a buscar agua, todos los amigos del rey lloraban y se lamentaban en su derredor mientras él permanecía quedó sin decir palabra, y con los ojos fijos en la tierra; viendo en aquel momento que conducían a su hijo a la muerte, mantúvose en igual disposición, pero habiendo observado que uno de sus amigos iba entre los cautivos, empezó a golpearse la cabeza a dejarse ganar por la desolación.







Tal suceso podría equipararse a lo acontecido no ha mucho a uno de nuestros príncipes que, habiendo sabido en Trento, donde se encontraba, la nueva de la muerte de su hermano mayor, en quien se cifraba el apoyo y honor de la casa, y luego igual desgracia de otro hermano menor, la segunda esperanza, y habiendo sufrido ambas pérdidas con una resignación ejemplar, como algunos días después a uno de sus servidores le acometiese la muerte, fue muy sensible a esta nueva, y perdiendo la calma se llenó de ostensible pena de tal modo, que algunos tomaron de ello pie para suponer que no le había llegado a lo vivo más que la última desgracia; pero la verdad del caso fue, que estando lleno y saturado de tristeza, la más leve añadidura hizo que su sentimiento se desbordase. Lo mismo podría decirse del hecho anteriormente citado, y la historia lo comprueba: Cambises, informándose de por qué Psamenito no se había conmovido ante la desgracia de su hijo ni la de su hija, sufrió dolor tal al ver la de uno de sus amigos: «Es, respondió, que sólo el último dolor ha podido significarse en lágrimas; los dos primeros sobrepasaron con mucho todo medio de expresión.»




Me parece que se relaciona con estos ejemplos la idea de aquel pintor de la antigüedad que teniendo que representar en el sacrificio de Ifigenia el duelo de los asistentes según el grado de pesar que cada uno llevaba en la muerte de aquella joven hermosa e inocente, habiendo el artista agotado los últimos recursos de su arte, al llegar al padre de la víctima le representó con el rostro cubierto, como si ninguna actitud humana pudiera expresar amargura tan extrema. He aquí por qué los poetas simulan a la desgraciada Niobe, que perdió primero siete hijos y en seguida otras tantas hijas, agobiada de pérdidas, transformada en roca, Diriguisse malis , (1) para expresar la sombría, muda y sorda estupidez que nos agobia cuando los males nos desolan, sobrepasando nuestra resistencia. Efectivamente, el sentimiento que un dolor ocasiona, para rayar en lo extremo, debe trastornar el alma toda e impedir la libertad de sus acciones: como nos acontece cuando recibimos súbitamente una mala noticia, que nos sentimos sobrecogidos, transidos y como tullidos, e imposibilitados de todo movimiento; de modo que el alma, dando luego libre salida a las lágrimas y a los suspiros, parece desprenderse, deshacerse, y ensancharse a su albedrío: Et via vix tandem voci laxata dolore est. (2)




En la guerra que el rey Fernando hizo a la viuda de Juan de Hungría, junto a Buda, un soldado de a caballo desconocido -6- se distinguió heroicamente, su arrojo fue alabado por todos, a causa de haberse conducido valerosamente en una algarada donde encontró la muerte; pero de ninguno tanto como de Raïsciac, señor alemán, que se prendó de una tan singular virtud. Habiendo éste recogido el cadáver, tomado de la natural curiosidad, se aproximó para ver quien era, y luego que le retiró la armadura, reconoció en el muerto a su propio hijo. Esto aumentó la compasión en los asistentes: el caballero sólo, sin proferir palabra, sin parpadear, permaneció de pie, contemplando fijamente el cuerpo, hasta que la vehemencia de la tristeza, habiendo postrado su espíritu, le hizo caer muerto de repente. Chi puó dir com' egli arde, e in picciol fuoco , (3) dicen los enamorados hablando de una pasión extrema. Misero quod omnes eripit sensus mihi: nam, si nut•te, Lesbia, adspexi, nihil est super mi quod loquar amens: lingua sed torpet;tenius sub artus flamma dimanat; sonitu suopte tinniunt aures; gemina teguntur lumina nocte. (4)




No es, pues, en el vivo y más enérgico calor del acceso cuando lanzamos nuestras quejas y proferimos nuestras persuasiones; el alma está demasiado llena de pensamientos profundos y la materia abatida y languideciendo de amor; de lo cual nace a veces el decaimiento fortuito que sorprende a los enamorados tan a destiempo, o la frialdad que los domina por la fuerza de un ardor extremo en el momento mismo del acto amoroso. Todas las pasiones que se pueden aquilatar y gustar son mediocres Curae leves loquuntur, ingentes stupent. (5)




La sorpresa de una dicha que no esperábamos, nos sorprende de igual modo: Ut me conspexit venientem, et Troïa circam. Arma amens vidit; magnis exterrita monstris, diriguit visu in medio; calor ossa reliquit; labitur, et longo vix tandem tempore fatur. (6)




A más de la mujer romana que murió por el goce que la ocasionó el regreso de su hijo de la derrota de Canas, Sófocles y Dionisio el Tirano fenecieron de placer; y Talva acabó sus días en Córcega, leyendo las nuevas de los honores que el senado romano le había tributado; en nuestro propio siglo al pontífice León X, habiéndosele notificado la toma de Milán, por él ardientemente deseada, le dominó al exceso de alegría, que le produjo una fiebre mortal. Y un testimonio más notable todavía de la debilidad humana, Diodoro el dialéctico, murió instantáneamente, dominado por una pasión extrema de vergüenza a causa de no encontrar un argumento hablando en público, con que confundir a su adversario. Yo me siento lejos de tan avasalladoras pasiones; no es grande mi recelo y procuro además solidificarlo y endurecerlo todos los días con la reflexión.




Notas




1 Petrificada por el dolor. OVIDIO, Metam., VI, 304. Ovidio escribe: Diriquitque malis. 

2 El dolor deja al fin paso a su voz. VIRGILIO, Eneida, XI, 151.

3 No es muy grande el amor que puede expresarse. PETRARCA, último verso del soneto 137.

4 ¡Infeliz de mí! El amor trastorna todos mis sentidos. Ante tu vista. ¡oh, Lesbia! véome perdido de tal modo que hasta las fuerzas me faltan para hablar; mi lengua se traba, una llama sutil corre por sus venas; resuenan en mis oídos mil ruidos confusos y la lobreguez de la noche envuelve mis ojos. CATULO, Carm., LI, 5. -Estos versos son imitación de una oda de Safo, que, fue traducida por Boileau. 

5 Cuando ligeras se formulan, cuando extremas son mudas. SÉNECA Hipp., acto II, escen. 3, v. 607.

6 En cuanto me ve venir, en cuanto reconoce por lados las armas troyanas, fuera de sí, como trastornada por una visión horrible permanece inmóvil; su sangre se hiela, cae por tierra y sólo largo tiempo, después consigue recobrar su voz. VIRGILIO, Eneida, III, 306.



Michel de Montaigne, Ensayos, Libro I cap. 1
Enlaces: www.bibliotecaignoria.blogspot.com

abril 18, 2013

Bárbara Alí


Repetición




proyectabas sobre muros derruidos
películas de marionetas de colores bailando
afuera el sol amarilleaba las hojas
carruseles giraban con caballos de cuentos
nunca entendí por qué cerrabas las cortinas
soñabas sobre la pared      
amarrabas fuerte un anillo roto
quizás pensabas que vencías al villano de esa historia


Piedra lunar



la curandera habla de una piedra
que está escondida en el fondo de mi cabeza
hecha de sombras de veneno de noche de hojas secas
que por eso miro alucinada la luna
que hay que escarbar con un trozo de espejo

veo los dados del tiempo
rodar sobre un tapiz negro
qué dirán los números sobre el sol
en el cruce de cuándo y dónde nos encontraremos

cuántas piedras moveré
para hacer el poema
qué dice la magia de esta gramática rota
de las semillas doradas
nacerán hijos de fuego
los he visto en sueños
lo sé.


BÁRBARA  ALÍ (1984, Buenos Aires, Argentina)



abril 15, 2013

Sharon Olds: Yo había perdido el lenguaje de los gestos

Sharon Olds



Sentimientos



Cuando el médico residente auscultó el corazón detenido
yo lo miré, como si él o yo 
fuéramos salvajes, fuéramos de otro mundo:
yo había perdido el lenguaje de los gestos,
no sabía qué significaba para un extraño
levantar la bata y ver el cuerpo desnudo de mi padre.
Mi rostro estaba mojado, el de mi padre
apenas húmedo con el sudor de su vida,
esos últimos minutos de trabajo duro.
Yo estaba recostada en la pared, en un rincón, 
y él estaba echado en la cama, los dos hacíamos algo, 
y todos los demás creían en el Dios Cristiano,
llamaban a mi padre la cáscara sobre la cama, 
sólo yo sabía que se había ido del todo, 
sólo yo le dije adiós a su cuerpo
que era todo cuanto él era. Sujeté con fuerza 
su pie, pensé en ese anciano esquimal
que sostiene la popa de la canoa mortuoria, 
y lo abandoné suavemente al mundo de las cosas.
Sentí la sequedad de sus labios 
en los míos, sentí la levedad de mi beso
mover su cabeza sobre la almohada
así como se mueven las cosas 
como por su propia cuenta en el agua mansa,
sentí sus cabellos de lobo en mis dedos,
se tambalearon las paredes, el piso, 
el techo giraba como si no estuviera yo 
saliendo del cuarto sino el cuarto
alejándose de mí. Me hubiera gustado
quedarme a su lado, cabalgar junto a él 
mientras lo llevaban al lugar donde lo cremarían,
verlo entrar a salvo al fuego,
tocar sus cenizas tibias, y después llevarme
el dedo hasta la lengua. A la mañana siguiente,
sentí el cuerpo de mi esposo
aplastándome dulcemente como una pesa 
sobre algo blando, una fruta, su cuerpo asiéndome 
a este mundo con firmeza. Sí, las lágrimas brotaron,
como el zumo o el azúcar de la fruta.
Se adelgaza la piel, se rompe, se rasga: hay
leyes en este mundo y según ellas vivimos.


SHARON OLDS (1942, San Francisco, California, Estados Unidos de Norteamérica)

abril 14, 2013

Carlos López Degregori











Retrato de la vida que te escribí






La vida que te escribí ya no la recuerdo:

de cuál luna o cuello colgará,


en qué árbol habrá escondido hermosas o terribles sus palabras,

en que voces se oirá,

en qué calle incendiada seguirán caminando sus pasos para siempre

y en qué cristal perfecto beberá

para después bailar con quién

en qué salón deshabitado

y se mirará en qué espejo

y en cuál lecho dormirá

cubierta de labios, de jardines, de falenas:

como las olas que pierden a sus olas


en el último mar

o las manos que ya no encuentran a sus manos

o los rostros desvanecidos en los retratos:

la vida que te escribí


ya no la recuerdo.






Carlos López Degregori (1952, Lima, Perú)

De: www.literaturalatinoamericana.com


abril 12, 2013

César Vallejo: Huyendo de sus pies



Va corriendo, andando, huyendo...



Va corriendo, andando, huyendo
de sus pies...
Va con dos nubes en su nube,
sentado apócrifo, en la mano insertos
sus tristes para, sus entonces fúnebres.

Corre de todo, andando
entre protestas incoloras; huye
subiendo, huye
bajando, huye
a paso de sotana, huye
alzando al mal en brazos, huye
directamente a sollozar a solas.

Adonde vaya, lejos de sus fragosos, cáusticos talones,
lejos del aires, lejos de su viaje,
al fin de huir, huir y huir y huir
de sus pies - hombre en dos pies, parado
de tanto huir - habrá sed de correr.

¡Y ni el árbol, si endosa hierro de oro!
¡Y ni el hierro, si cubre su hojarasca!
Nada , sino sus pies, nada sino su breve calofrío
sus paras vivos, sus entonces vivos...


Enlaces: CÉSAR VALLEJO
De: "Antología póetica", Biblioteca El Nacional, 2002

abril 07, 2013

Marcos Silber



Ella se demoró 



por la maldad de las llaves extraviadas. 
Él se equivocó de esquina 
porque la pasada fue noche de tala 
y se llevaron el árbol del encuentro. 
El sol cayó en una emboscada 
y quedó detenido en el día anterior; 
y la luna, la luna se distrajo 
en el patio de juego de una nebulosa. 
Camino hacia los dos, 
ambos se cruzaron sin advertirse, 
velados como iban 
adentro de un alborozado viento de ensueños. 
Esto ocurrió 
entre otras calamidades de un día enemigo,
que uno y otro quisieran olvidar.


MARCOS SILBER (1934 / 2021, Buenos Aires, Argentina)

abril 05, 2013

Jill Battson


Ésta es mi madre ahora     




En la calle principal de un pequeño pueblo inglés  
ella cierra de golpe la puerta, la bolsa de compras ya no en su falda y a la calle 
con una fuerza que es tan anormal, tan inusual 
que el resto de la familia se queda muy silenciosa, muy quieta 
y pareciera que yo soy la única que respira 
saliendo rápidamente para estar sola 
ésta es mi madre 
después de años con su condición física, de vivir 
confinada a una silla de ruedas 
cuando llego de regreso en el auto ella trata de atacarme 
agitando los brazos, gritando y llorando desde el asiento trasero 
ella y yo somos las únicas que respiramos 
y yo contengo una ira cercana a la náusea 
mientras vamos de vuelta a la casa de mi hermana 
donde voy inmediatamente a mi cuarto 
espero que venga alguien y diga 
está bien 
pero nadie lo hace 
estoy a punto de decir ¡la puta! 
de embutir mi ropa otra vez en la maleta y 
abordar el próximo vuelo 
a casa 
pero algo en mí me dice que si lo dejo 
si lo dejo 
puedo dar un beso de despedida a mis padres 
porque esta grieta impredecible nunca sanará 
así es que bajo donde ella está sentada 
en una silla de respaldo alto 
me arrodillo en el suelo junto a ella 
y le digo mira 
y le digo mira 
y le digo montones de otras cosas 
que yo soy la adulta y ella la niña enojada 
ésta es mi madre 
con cinco años de ira contenida 
de dolor, frustración y depresión 
y todo está saliendo en una mezcla technicolor 
ante mí 
capturada en sus palabras arrojadas a mí 
están las verdades de lo que no comprendo 
no tienen eco en mi hermana medio oculta en el umbral 
rebotan en mi mudo padre 
que está sentado junto a nosotras 
la frustración de él es uno de los dolores reales que la incomoda 
tan tangible como la esclerosis múltiple que la ha apartado 
ésta es mi madre, vomitando mil penas 
cien noches solitarias 
a mí, la hija que se fue 
unas vacaciones prolongadas de la responsabilidad 
mi propia vida no es una elección 
me pueden llamar de vuelta 
arriesgándome a vivir esa vida prescrita en las novelas de Trollope y Brontë 
la hermana menor 
hermana solterona, tía soltera 
y han pasado tres años cuando recibo el llamado 
estoy acostada con un nuevo hombre hasta el mediodía este domingo 
pensando cuán magnífico es ser libre 
mi hermana, débil por tener que lidiar con la realidad 
dice que es peor de lo que piensas, que lo que yo pensaba 
y comienza a decirme con una voz que habla mi mente 
un vacío que rebota a través de satélites transatlánticos 
y sé del dolor que habla 
de mi madre y su soledad 
los aspectos casi histéricos de su psiquis 
es tiempo 
una pizca de culpa por esta libertad de la responsabilidad familiar 
la presión de quien debo mi vida 
ésta es mi madre ahora 
y es tiempo.



Otra vez amor




Y así es como ocurre 
con un disco herniado 
cuando el cuchillo corta a través de la piel suave 
profundamente a través de la gruesa musculatura que lo mantiene a uno erguido 
en los escondrijos de la estructura ósea paleozoica de la columna vertebral 
para extirpar el problema del tamaño de una uva 
así también ocurre con el amor 
el cuchillo de la emoción, de la necesidad, del deseo 
rebana a través del corazón 
el centro de todo sentimiento, el mismo punto donde 
el duodeno se encuentra con el estómago 
o cualquier otro lugar el cuerpo localiza el sentimiento imaginado 
el dolor hormigueante, aunque no es dolor 
que el amor hace crudo y real 
y aquí es donde la uva del descontento se refugia 
en alguna parte en la cavidad central del cuerpo 
como una semilla que crece con cada palabra cortante 
cada mano no sostenida, cada promesa no cumplida 
cada noche solitaria 
hasta que se encona en todas sus dimensiones 
como un anillo de cartílago 
haciendo estragos en los nervios 
hasta que el cuerpo ya no puede soportar las repercusiones 
la creciente disfunción en meses de dolor 
esperanza constante de que mañana las cosas mejorarán 
en ambos casos 
la única salida es la cirugía



This is My Mother Now



On the high street of a small English town 
she slams the shopping bag off her lap and into the street 
with a force that is so abnormal, so unusual 
the rest of my family goes very still, very quiet 
and I seem to be the only one breathing 
walking away quickly to be alone 
this is my mother 
after years of physicality, of doing 
confined to a wheelchair 
when I arrive back at the car she tries to attack me 
arms flailing, shouting and crying from the back seat 
she and I are the only ones breathing 
and I am holding back an anger close to nausea 
as we drive back to my sister's house 
where I go immediately to my room 
wait for someone to come in and say 
it's okay 
but nobody does 
I am close to saying fuck it 
cramming my clothes back into the suitcase and 
catching the next flight 
home 
but something in me says if I leave it 
if I leave it 
I can kiss my parents goodbye 
because this unpredicted rift will never heal 
so I go downstairs to where she sits 
in a high back upright chair 
kneel on the floor beside her 
and say look 
and say look 
and say a whole bunch of other things 
I am the grown-up and she the angry child 
this is my mother 
with five years of pent-up anger 
of grief, frustration and depression 
and it's all jumbling out in a technicolour mess 
before me 
captured in her words thrown at me 
are the truths of what I don't understand 
they echo off my sister half hidden in the doorway 
rebound off my mute father 
sitting beside us 
her frustration at him one of the real aches that nags her 
as tangible as the pain of the MS that has taken her out 
this is my mother, vomiting up a thousand pains 
a hundred lonely nights 
at me, the daughter who left 
an extended holiday from responsibility 
my own life is not a choice 
I can be called back 
dreading to live that life prescribed in Trollope and Bronte novels 
the youngest sister 
spinster sister, maiden aunt 
and it's three years later when I get the call 
I am lying in bed with a new man until noon this Sunday 
thinking how great it is to be free 
my sister, frail from having to deal with reality 
says it's worse than you think, than I thought 
and begins to tell me with a voice that speaks my mind 
a hollowality that bounces across satellites transatlantic 
and I know of the grief she speaks 
of my mother and her loneliness 
the near hysterical aspects of her psyche 
it's time 
a niggle of guilt at this freedom from familial responsibility 
the pressure of who I owe my life 
this is my mother now 
and it's time.


Back Love


And this is the way it happens 
with a herniated disc 
as the knife cuts through soft skin 
deeply through thick musculature that keeps one upright 
into the recesses of paleozoic bony structure spine 
to release the grape-size problem 
and it happens like this in love too 
the knife of emotion, of need, of want 
slices through to the heart 
the centre of all feeling, the very point where 
duodenum meets stomach 
or any place else the body locates the imagined feeling 
tingling pain, yet not pain 
made raw and real by love 
and this is where the grape of discontent harbours itself 
somewhere in the central cavity of the body 
a seed that grows with every sharp word 
every hand not held, every promise not met 
every night left lonely 
until it festers to its full dimensions 
an annulus of cartilage 
wreaking havoc on the nerves 
until the body can no longer stand the repercussions 
the growing dysfunction in months of pain 
constant hope that tomorrow things will be better 
in both cases 
surgery becomes the only way out.


Poeta inglesa Jill Battson con pelo violeta
JILL BATTSON
(1958, Inglaterra. Reside en Toronto, Canadá)
Traducción: Oscar Aguilera F.
Enlace: www.arquitrave.com

abril 01, 2013

Jorge Aulicino: El rezo del otro

Poeta Jorge Aulicino de perfil sobre fondo violeta claro


Saint Germain des Prés    




El viejo temor. En una iglesia de París  
encendí una vela y no supe -aun con mi más 
ferviente deseo penetrando mis huesos, 
como el frío entre aquellas piedras medievales-
si podía creer, si me era dado creer, si mi fe era cierta
y aceptada. Eran indescifrables los labios
de la Virgen en aquella piedra tan gastada.
El viento, no el de ayer, no el del Quinientos,
un viento frío de hoy -aunque puro en cierto modo,
o puro contra todo- apagó una vela. Creí que era
mi pequeño cirio, mi querido cirio, el cirio de mi deseo, rojo
en su cápsula de vidrio. Y aun creyendo
que había perdido todo, que la boca de Dios
o del Averno
o del siglo
lo había apagado,
lo volví a encender
con el mismo encendedor de plástico.
Y luego de rezar de algún modo, me di cuenta
de que no era mi vela la que había vuelto a encender,
sino otra, la de al lado, chamuscada, vieja, ennegrecida.
Fui raramente feliz y lo confieso.
Sin quererlo, había avivado otra plegaria,
un rezo desconocido, el rezo de otro.


Enlaces: Jorge Aulicino
Fuente: "El Cairo", Ediciones del Dock, 2015