marzo 30, 2014
marzo 29, 2014
Raymond Carver: "Quedé tumbado hasta que se rompió el día..."
Circulación
Y al fin todos están reunidos
Louise Bogan
Para cuando empecé a notar dolor
y desperté, la luz de la luna
inundaba el cuarto. Tenía el brazo paralizado,
sujeto como un viejo ancla bajo
tu espalda. estabas soñando,
dijiste luego, que llegabas pronto
a un baile. Pero después
de un momento de ansiedad, estabas perfectamente
porque en realidad era un mercado
callejero, y los zapatos que llevabas,
o no llevabas, era los adecuados para eso.
"Ayúdame" - dije. Y traté de alzar
el brazo. Pero allí se quedó, doliéndome
incapaz de alzarse por sí solo. "¿Qué te pasa?"
- y me quedé mudo, inmóvil.
Le gritamos, y aumentó el miedo
cuando no respondió. "Se me ha dormido" -
dije, y al oír estas palabras
comprendí lo absurdo que era. Pero
no conseguía reir. Nos las arreglamos,
entre los dos, para levantarlo. Este no es mi brazo -
es lo que seguía pensando cuando
le dimos golpes, lo pellizcamos, y
lo devolvimos a la vida,
Nos dijimos pocas palabras uno al otro.
No recuerdo qué. Lo que suelen decir
para tranquilizarse las personas
que se quieren entre sí
dada la hora y la extraña
situación. Recuerdo
que señalaste que había suficiente
luz en la habitación como para que
distinguieras ojeras en mi cara.
Dijiste que necesitaba dormir de un modo más regular
y estuve de acuerdo. Fuimos uno detrás del otro
al cuarto de baño y volvimos a la cama
por nuestros sitios respectivos.
Nos tapamos. "Buenas noches".-
dijiste, por segunda vez aquella noche.
Y quedaste dormida. Quizá
dentro del mismo sueño, o de otro distinto.
Quedé tumbado hasta que se rompió el día, manteniendo
los dos brazos sujetos encima del pecho.
Moviendo los dedos de cuando en cuando.
Mientras mis pensamientos hacían círculos,
volviendo siempre adonde habían partido.
Ese hecho ineludible: hasta cuando
emprendimos este viaje
había otro, mucho más extraño,
que todavía debíamos hacer.
Sencillo
Un claro entre las nubes. El perfil
azul de las montañas.
El amarillo oscuro de los campos.
El negro del río. ¿Qué estoy haciendo aquí,
solo y lleno de remordimientos?
Continúo como quien no quiere la cosa terminando
el tazón de frambuesas. Si estuviera muerto,
me acordaría de mí, y no las podría
terminar. No es tan sencillo.
Es así de sencillo.
Enlaces: aquí
De: "Bajo una luz marina", Colección Visor de Poesía, 1990
Traducción: Mariano Antolín Ratto
marzo 26, 2014
Edith Södergran
Nadie te había advertido
Nadie te había advertido que este baile
podría durar tanto, tú has entrado como
para participar
en un juego que se puede dejar para
volver a casa a comer o a dormir cuando llega la noche
y la noche llega, pero las manos que te agarran
te mantienen en el corro, no te sueltan,
después de un discreto intento te rindes,
continúas el juego, sigues sonriendo
pero con otra sonrisa,
aún no acabas de creer que va en serio
a pesar de que el baile prosigue por la noche
y que las sombras
se mueven largas y duras
como una carne negra, y el primer horror te golpea
cuando por fin comprendes que era justo eso,
tu propia vida, pero superas ese horror
y decides que puedes vivir con él, y se desvanece
cuando llega la primera alegría, después un segundo
horror más grande y una alegría más grande y
los pasos del baile prosiguen cada vez más profundos en días y noches,
y tú te ríes y llores las risas de todos
y los llantos de todos, y bailas cada vez mejor, inventas
nuevos pasos y sonríes
sonríes y sabes
lo que sabes.
Nadie te lo había advertido, al principio.
podría durar tanto, tú has entrado como
para participar
en un juego que se puede dejar para
volver a casa a comer o a dormir cuando llega la noche
y la noche llega, pero las manos que te agarran
te mantienen en el corro, no te sueltan,
después de un discreto intento te rindes,
continúas el juego, sigues sonriendo
pero con otra sonrisa,
aún no acabas de creer que va en serio
a pesar de que el baile prosigue por la noche
y que las sombras
se mueven largas y duras
como una carne negra, y el primer horror te golpea
cuando por fin comprendes que era justo eso,
tu propia vida, pero superas ese horror
y decides que puedes vivir con él, y se desvanece
cuando llega la primera alegría, después un segundo
horror más grande y una alegría más grande y
los pasos del baile prosiguen cada vez más profundos en días y noches,
y tú te ríes y llores las risas de todos
y los llantos de todos, y bailas cada vez mejor, inventas
nuevos pasos y sonríes
sonríes y sabes
lo que sabes.
Nadie te lo había advertido, al principio.
Enlaces: http://hablardepoesia.com.ar/numero-9/edith-sodergran-sombra-del-porvenir/
Fuente: www.difusioncultural.uam.mx
marzo 24, 2014
Laura Giordani
"Tenían como una lepra la infancia devorándoles el pecho"
Clarice Lispector
Tormentas de tierra
zulquis
escuerzos
las tazas que habían venido de Europa
descascaradas
las fotos de niños ya muertos
las paspaduras
el primer vello en el pubis
fruto que se volvía extraño
la infancia un carozo de durazno
trepanado por hormigas negras
papá silbando en el patio
mientras quema sus libros
todas las memorias amarilleando
bajo el cráneo
nostalgia: esta dulce podredumbre en la espalda esta pútrida
dulcedumbre de las palabras que no mueren del todo como
esas hojas que antes de desaparecer agonizan juntas en parvas
exudando el fervor del verano y la savia

Enlaces: El poeta ocasional
De: "Materia oscura", Ediciones del Baile del Sol, 2010
Imagen: Facebook de LG
marzo 23, 2014
Daiana Henderson
DichaSigo encontrando cierta dicha
en ir en bicicleta hasta tu casa.Remar no se trata de llegar a la isla,
es disfrutar el trayecto
–dijo Ricardo cuando nos enseñó.
Cada desplazamiento tiene su clave sensitiva.
Bajo los cambios para subir, después
apoyo el peso del cuerpo en los pedales
y me dejo caer en picada.
Se entretejen nudos en los pelos
cuando se ponen a flamear hacia atrás.
Las construcciones van perdiendo altura,
una estela de humo atraviesa el cielo,
dibujada con la punta de una fábrica.
Aterrizo en la entrada
de tu casa. Las cosas
andan bastante mal ahí adentro
o en cualquier otro reducto
que tengamos que compartir.
Puedo aceptar que ya no nos queremos como antes,
pero si insisto, es porque la distancia
fabricada entre nosotros
es tan hermosa y delicada
como ningún otro trayecto
que conozca hasta ahora.
DAIANA HENDERSON (1988, Paraná, Provincia de Entre Ríos, Argentina)
Fuente: Facebook de Claudia Masín
Imagen: www.lasvueltasdelcamino.blogspot.com
marzo 22, 2014
Elfriede Gerstl
el tiempo que me queda
es una cuerda que pareciera ceder
mis días
guisantes lanzados al cazo sin cuidado
qué podría despertar mi curiosidad
nunca tuve ganas de ir hasta una cordillera de la India
estudiar la pobreza y la ignorancia
tampoco necesito espiar el bramido
de una cascada
ni contemplar a los turistas contemplar
no pueden deshacerse de mí las montañas
las dejo en paz
visito ciudades como cafés
sin previa nostalgia
algunas personas me mantienen
girando y activa
su consentimiento es la cumbre de mi dicha
su comprensión de mis expediciones mentales
mi meta en el viaje
ELFRIEDE GERSTL (1932 / 2009, Viena, Austria)
Fuente: Página Facebook de Jonio González
Imagen: www.kritische-ausgabe.de
marzo 15, 2014
Joaquín O. Giannuzzi
Qué materia ligera para el ojo
sometido a presión. Girando
sobre cada eje verde, se agrupan
en explosiones suaves
de rojo, violeta y blanco totalmente recientes
hacia un centro de ingrávidos objetos.
Dominación frontal, casi con nada y al descuido
en la hora indistinta, cuando todo
está bien. Alegrías
de agua liviana en un solo plano. La gracia más conforme
de estar allí como en el campo
de una dulce costumbre. Un poco ebria
la perspectiva asegura
la inestable sociedad de las cosas.
Pero amar el mundo, su abundante presente,
es obtener más luz:
esta celebración de la apariencia
que sin embargo se sostiene hasta el fin.
Enlaces: El poeta ocasional
De "Violín obligado", Libros de Tierra Firme, 1984
Dominación frontal, casi con nada y al descuido
en la hora indistinta, cuando todo
está bien. Alegrías
de agua liviana en un solo plano. La gracia más conforme
de estar allí como en el campo
de una dulce costumbre. Un poco ebria
la perspectiva asegura
la inestable sociedad de las cosas.
Pero amar el mundo, su abundante presente,
es obtener más luz:
esta celebración de la apariencia
que sin embargo se sostiene hasta el fin.
Enlaces: El poeta ocasional
De "Violín obligado", Libros de Tierra Firme, 1984
marzo 11, 2014
Isabel Bono
SALIR a la calle
sin otro trabajo
que vagar sin objetivo
entretener el miedo
se convierte en superstición
nos dirán qué hacer
tú y yo parados
en el centro de la muchedumbre
uno piensa en una flecha
de alguna manera
el dolor desaparece
como la luz menguante
de los charcos
sin otro trabajo
que vagar sin objetivo
entretener el miedo
se convierte en superstición
nos dirán qué hacer
tú y yo parados
en el centro de la muchedumbre
uno piensa en una flecha
de alguna manera
el dolor desaparece
como la luz menguante
de los charcos
YA he pasado por esto
ya tuve un deseo irreprimible
por ser otras personas
por tener otra edad y otro domicilio
nunca llegaré a entender por qué
sólo una vida
y por qué precisamente ésta
siempre tan lejos
De: www.babab.com
Imagen: www.andalucialadia.es
marzo 09, 2014
Li-Young Lee
Pequeño Padre
Enterré a mi padre
Desde entonces, los pájaros
lo limpian y peinan cada mañana
cada noche.
Enterré a mi padre bajo tierra.
sólo van hacia abajo
y toda la tierra se convirtió en una casa
cuyos cuartos son las horas, cuyas puertas
permanecen abiertas a la tarde, recibiendo
a un invitado tras otro.
A veces veo detrás de ellos
las mesas dispuestas para un casamiento.
Enterré a mi padre en mi corazón.
mi pequeña raíz que no bebe leche,
pequeño y pálido pie hundido en la noche,
pequeño reloj que sale recién mojado
del fuego, pequeña uva, padre del futuro
vino, un hijo fruto de su propio hijo,
pequeño padre que rescato con mi vida.
Versión: Tom Maver
Fuente: www.hastadondellegalavoz.blogspot.com
Imagen: Poet Mom
Little Father
I buried my father
Since then, the birds
clean and comb him every morning
and pull the blanket up to his chin
every night.
I buried my father underground.
only climb down,
and all the earth has become a house
whose rooms are the hours, whose doors
stand open at evening, receiving
guest after guest.
Sometimes I see past them
to the tables spread for a wedding feast.
I buried my father in my heart.
Now he grows in me, my strange son,
my little root who won’t drink milk,
little pale foot sunk in unheard-of night,
little clock spring newly wet
in the fire, little grape, parent to the future
wine, a son the fruit of his own son,
little father I ransom with my life.
Niní Bernardello
Un marco de plástico verde
con relieve dorado guarda un retrato
de historia forzosa. Veo la casa envuelta
en hule gastado con flores adversas
y azúcar derramado a los pies de todos.
Aquellas botas claras de descarne
emergiendo como un relámpago loco
en medio de la habitación.
La copa de vino santo rebalsa sobre cenizas
y chisporrotea el rescoldo.
La cola de un pavo real tejido
mira con mil ojos la escena.
Estoy en un lugar argentino, de piedra,
de aguas, de trinos. Espacio calado
sobre el cielo, vacío sobre vacío.
NINÍ BERNARDELLO (1940, Cosquín, Provincia de Córdoba, / 2020, Río Grande, Tierra del Fuego, Argentina)
De: Facebook / Valeria Cervero
Imagen: www.pagina12com.ar
marzo 07, 2014
Luis Benítez: Lo que nos amenaza desde una mosca chillando furiosa en la cortina.
El cotillón de las tinieblas
Las llaves rotas, las monedas sin valor,
el polvo de las paredes, de los muebles, las ventanas.
El polvo que cubre toda la tierra
como un segundo mar, en seco.
Una mancha en la ropa que continúa en la carne,
un grito y después un susurro y después el silencio
que a duras penas se disfraza de resto de la tarde.
Un llamado sin voz, despertarse buscando
un algo indefinido que a nuestro lado se desangra
y difumina y que olvidamos por grados.
Lo que nos amenaza desde una mosca
chillando furiosa en la cortina.
Una misma situación, las idénticas palabras,
que cada cuatro exactos años se repiten
con la morosa precisión con la que baja,
de nuevo, un ascensor.
Las cosas que nos miran fijamente,
desde las vidrieras cerradas,
cada vez que pasamos haciendo
la penosa pantomima de ignorarlas.
Alguien que nos observa desde un lejano edificio,
exactamente cuando vemos sin oírlo
que nos está diciendo algo.
El compacto horror de la tortuga
que nos devuelve al jurásico.
marzo 05, 2014
Vittorio Sereni
Cita a una hora insólita
La ciudad —me digo— donde la sombra
casi más deliciosa es de la luz
apenas brilla renovada en la mañana…
«…seca la tormenta de esta noche» —ríe
mi alegría retornada junto a mí
tras un breve desapego.
«Seca al sol sus contradicciones»
—torvo, casi a punto de creer, replico.
Mas la forma la imagen el semblante
—de ángel habría dicho en otros tiempos—
renacido a mi lado en el escaparate:
«Querido —se burla abiertamente— querido,
con ese aire de vacaciones. ¿Y piensas
en la ciudad socialista?».
Ha vencido. Y ya me relajo: «No
llegaré a verla» le respondo.
(No estaremos
más juntos, debería decir). «Pero es justo,
haces bien en no atenderme si digo estas cosas,
si las digo por odio hacia alguien
o rabia por algo. Pero cree en la otra
cosa que se abre camino en mí de tanto en tanto
que en sí las otras incluye y las hace espléndidas,
rara como esta mañana de septiembre…
justo para mis adentros hablaba:
de la alegría».
Me toma del brazo,
«No es cierto que sea rara —me corrijo— está,
se lleva como una herida
por las calles deslumbrantes. Es
esta hora de septiembre en mí reprimida
durante todo un año, es el zorro robado que el niño
escondía bajo la ropa y la cadera desgarraba,
un arma que se lleva con abuso, fuera
del breve sueño de unas vacaciones.
Podría
con ella asesinar, con la sola alegría…»
Pero dónde estás, ¿dónde te has perdido?
«Es en esto en lo que pienso si alguien
me habla de revolución»
digo al escaparate de nuevo desierto.
VITTORIO SERENI (1913, Luino / 1983, Milán, Italia)
Versión: Mónica Cantos
Imagen: www.formavera.com
Appuntamento a ora insolita
La città — mi dico — dove l'ombra
quasi più deliziosa è della luce
come sfavilla tutta nuova al mattino...
«...asciuga il temporale di stanotte» — ride
la mia gioia tornata accanto a me
dopo un breve distacco.
«Asciuga al sole le sue contraddizioni»
— torvo, già sul punto di credere, ribatto.
Ma la forma l'immagine il sembiante
— d'angelo avrei detto in altri tempi —
risorto accanto a me nella vetrina:
«Caro — mi dileggia apertamente — caro,
con quella faccia di vacanza. E pensi
alla città socialista?».
Ha vinto. E già mi sciolgo: «Non
arriverò a vederla» le rispondo.
(Non saremo
più insieme, dovrei dire). «Ma è giusto,
fai bene a non badarmi se dico queste cose,
se le dico per odio di qualcuno
o rabbia per qualcosa. Ma credi all'altra
cosa che si fa strada in me di tanto in tanto
che in sé le altre include e le fa splendide,
rara come questa mattina di settembre...
giusto di te tra me e me parlavo:
della gioia».
Mi prende sottobraccio.
«Non è vero che è rara, — mi correggo — c'è,
la si porta come una ferita
per le strade abbaglianti. È
quest'ora di settembre in me repressa
per tutto un anno, è la volpe rubata che il ragazzo
celava sotto i panni e il fianco gli straziava,
un'arma che si reca con abuso, fuori
dal breve sogno di una vacanza.
Potrei
con questa uccidere, con la sola gioia...»
Ma dove sei, dove ti sei mai persa?
«E' a questo che penso se qualcuno
mi parla di rivoluzione»
dico alla vetrina ritornata deserta.
marzo 03, 2014
Máximo Simpson
Poema de año nuevo
Tan mortal como el otro,
tan reciente,
es un año tan año que da pena,
que da llanto y da rabia.
Eso eso simplemente: tan pequeño,
tan efímero rostro, tan escaso,
tan difunto y floral,
que lo veo pasar desenrollando
variados arrebatos, diminutas acciones,
coyunturas y brindis,
como el buen empleado de oficina,
impasible escribano de los muertos,
que dejará a su vez un almanaque,
una silla y un sueldo para otro.
Minúsculas reyertas con sus golpes de mano,
los gestos estruendosos y las revoluciones,
los precarios destinos navegando en la gota
del año inmemorial que se repite,
me ponen melancólico, irritable.
Sin embargo a mí esto no me arredra,
no me me estorba empezar todo de nuevo:
ordené mis carpetas,
discipliné el declive de mis años,
esta gran inquietud que me atenaza,
y me dispuse a ser,
a ser nomás un hombre,
con el desbarajuste que sostengo,
con mi gran ansiedad desaforada,
y así compaginados mis recelos,
metodizada el ansia, con mi tormento en regla,
yo me pues a vivir entre mis deudos,
a caminar entre vecinos,
para vivir nomás, vivir si esto es posible,
solamente morir,
vivir y estar cayendo.

Máximo Simpson (1929 / 2017, Buenos Aires, Argentina)
De: "Poemas del Hotel Melancólico", Editorial Amistad (Premio Fondo Nacional de las Artes) 1963
Robin Myers
El retorno
Ésta es la calle donde
naciste. Ésta es la llave que se te cayó en la nieve,
y éste es el abrigo que te pusiste para ir a buscarla.
Éste es el cielo visto desde la ventanilla del avión, la mañana que te fuiste
del país. Éste es el lugar del que pensabas que jamás te irías.
Éste es el sándwich que comiste en la escalinata de una iglesia,
las migas que les diste a las palomas. Ésta es la funda de la almohada
que todavía tiene pelos tuyos. Esto es el verano.
Éste es el continente que cruzaste,
la carta que pusiste a lavar con la ropa por error,
el cuchillo con el que te cortaste picando una cebolla.
Ésta es la maravilla de poder reconocer a un amigo por su tos
en el cuarto de al lado. Esto, aunque estás durmiendo, es un ratón
debajo de las tablas de madera del piso, y ésta es la luz que las recubre,
y éstas son las sombras que salpican la columna vertebral
de alguien que está acostado boca abajo.
Esto es casi lo que querías decir.
Esto es alguien que toca una pieza de Brahms en el piso de abajo,
el vaso de agua que tiembla sobre el piano, el agua derramada.
Esto es enojo, ésta es una clase de manejo, un año de tu vida; la parada
del colectivo, la sábana, la ola de calor; éstos son los
fuegos artificiales que mirabas a lo lejos,
que en silencio brotaban como flores en los montes oscuros.
Ésta es la forma en que mirás a la gente en el tren
y después la extrañás. Ésta es la fe, como un nudo en la soga
que estás trepando, y éstos son tus dedos, ardidos y despellejados
alrededor de ella. Esto no es una excusa. Esto es el mar, adentro
de un caracol. Esto es el mar.
Esto es, según parece, a lo que hemos llegado.
Ésta sos vos, si decidís volver.
Ésta sos vos si nunca regresás.
La metafísica de Pedro el heladero
Según lo veo yo, el cielo es otro
mundo, nada más,
y yo no soy de ahí.
Vi un programa en la tele acerca de los peces de las profundidades,
que viven tan profundo que casi no son peces, sino apenas
pinchos y lamparitas que relumbran en un lugar extraño.
Nosotros no podemos bajar tanto, excepto en una máquina.
De intentar respirar, nos ahogaría el agua,
y nos aplastaría la oscuridad. Mientras que aquellos peces
se la pasan nadando por ahí, con sus luces de giro y sus dientitos,
comiendo lo que sea que ellos comen,
todas nuestras palabras y los planes que hacemos no nos sirven de nada;
y todas esas sombras y las cosas que brillan,
junto con la comida invisible de los peces,
tienen bastante más sentido que nosotros.
¿Por qué sería diferente el cielo?
Otro país por el que para entrar tenemos que morir,
y donde ya no importan la tierra ni la sangre ni los huesos,
y hay que aprender a parecerse al aire
después de caminar por tantos años.
Cuando a la noche prendo una vela al costado de mi cama,
eso es lo más que llego a parecerme
a los peces de las profundidades.
Se me voló el sombrero un día de viento;
quizá eso se parezca un poquito a volar
o a tener un espíritu o a ser uno. Jamás volví a encontrarlo.
Quizá llegue a algún lado antes que yo,
quizá me quede donde estoy sin él.
ROBIN MYERS (1987, New York, Estado Unidos de Norteamérica)
Imagen: www.poetryinternational.blog.org
marzo 02, 2014
Damián Lagos Fernandoy, un poema inédito
escribe
en tu lecho final
escribe
cada minuto cuenta
el valor de los signos
en el impulso escribe
escribe
llegado el caso será ceniza de su tiempo
Escribe el sol en tu cara
también su mirada abunda
escribe acacias y espectro
escribe como arañas el cajón oblongo
escribe la gota cae sin preludios
escribe en el ruido
aviones que matan
escribe
talla la piedra
la carta a los cautivos
Escribe en el aire
resiste el viento y la tierra
como ese olivo en el salitre
encadenado a un perro que ha escapado
hace siglos
en los cuarteles de invierno
escribe malatesta
Escribe no importa el hambre
escribe alacalufes y déjalos ir
las palabras llenas de vida
tu vida.
marzo 01, 2014
Nora Perusin lee a Cesare Pavese
Los mares del sur
Caminamos una tarde sobre la ladera de una colina,
en silencio. En la sombra del tardo crepúsculo
mi primo es un gigante vestido de blanco,
que se mueve tranquilo, el rostro bronceado,
taciturno. Callar es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro debe de haber estado muy solo,
un gran hombre entre idiotas o un pobre loco,
para enseñar a los suyos tanto silencio.
Mi primo habló esta tarde. Me pidió
que subiera con él: desde la cumbre se divisa
en las noches serenas el reflejo del faro,
lejano, de Turín. "Tú que vives en Turín
-me dijo-... pero tienes razón, la vida se vive
lejos de la tierra: se progresa y se goza;
luego, cuando se regresa, como yo, a los cuarenta,
se encuentra todo nuevo. Las Langas no se pierden".
Todo esto me dijo y no habla italiano
sino el lento dialecto que, como estas mismas piedras,
es tan áspero que veinte años de idiomas y de océanos diversos
no consiguieron pulirlo. Y camina por la cuesta
con la mirada ensimismada que vi, de chico,
en los campesinos un poco cansados.
Veinte años ha estado viajando por el mundo,
Se fue cuando yo era un nene en brazos de mujeres
y lo dieron por muerto. Sentí después hablar de él
a las mujeres, a veces, como en una fábula,
pero los hombres, más graves, lo olvidaron.
Un invierno, a mi padre, ya muerto, le llegó una postal
con una gran estampilla verdosa de naves en un puerto
y augurios de buena vendimia. Fue un gran estupor,
pero el muchacho, crecido, explicó ávidamente
que el billete venía de una isla llamada Tasmania
circundada de un mar muy azul, feroz de tiburones,
en el Pacífico, al sur de
Australia
y añadió
que, seguro, el primo pescaba perlas. Y guardó la estampilla.
Todos dieron su opinión, pero todos concluyeron
que si no había muerto, moriría.
Desde que jugué a los piratas malayos, ¡cuánto tiempo ha pasado!,
y desde la última vez que bajé a bañarme a un sitio mortal
y he seguido a un compañero de juegos sobre un árbol
quebrando hermosas ramas y le rompí la cabeza a un rival
y también me la dieron, cuánta vida transcurrió.
Otros días, otros juegos, otros sacudones de sangre
delante de rivales más evasivos: los pensamientos y los sueños.
La ciudad me ha enseñado infinitas pavuras,
una muchedumbre, una calle, me han hecho temblar;
un pensamiento, a veces, espiado sobre un rostro.
Todavía siento en los ojos esa luz burlona
de millares de faroles sobre el ruido de pasos.
Mi primo regresó terminada la guerra,
gigantesco como pocos. Y tenía dinero.
La parentela decía por lo bajo: "En un año,
por decir mucho, se lo comió todo y vuelve a vagar.
Así terminan los desesperados".
Mi primo tiene una cara rotunda. Compró un lote
en el pueblo y se hizo construir un garaje de cemento
con un flamante surtidor de nafta en el frente
y sobre la curva del puente, bien grande, un cartel metálico.
Después puso un mecánico adentro a cobrar el dinero
y él se dedicó a recorrer las Langas, fumando.
Se había casado. Tomó una chica rubia y delicada
como las extranjeras que seguramente conoció en el mundo.
Pero sale todavía solo, vestido de blanco,
con las manos atrás y el rostro bronceado;
por la mañana recorría las ferias, con aire cazurro,
negociando caballos. Después me explicó,
cuando fracasó el proyecto, que su plan
era quitarle al valle todas las bestias
y obligar a la gente a comprarle motores.
"Pero la bestia más grande de todas", decía,
"fui yo al pensarlo. Debí saber
que bueyes y personas son aquí la misma raza."
Caminamos más de media hora. La cima está cerca,
aumentan alrededor el susurro y el silbido del viento.
Mi primo se para de golpe y se da vuelta: "Este año
escribo en el cartel: Santo Stefano ha sido siempre
el primero en los festejos del valle del Belbo.
Y que chillen los de Canelli". Después, sigue la subida.
Un perfume de tierra y viento nos envuelve en lo oscuro.
algunas luces en la distancia, casitas, automóviles
que se oyen apenas. Y yo pienso en la fuerza
que me ha devuelto a este hombre, arrancándolo del mar,
de las tierras lejanas, del silencio que dura.
Mi primo no habla de los viajes que hizo; dice, seco,
que ha estado en este lugar, aquel otro,
y piensa en los motores.
Sólo un sueño le ha quedado en la sangre.
Se cruzó una vez, viajando como maquinista
de un pesquero holandés, con el cetáceo,
y ha visto volar los pesados arpones en el sol,
vio huir las ballenas entre espumarajos de sangre
y la persecución, y las colas alzadas y la lucha en la lanza.
Me lo recuerda a veces.
Pero cuando le digo que es de los elegidos que vieron la aurora
sobre las islas más bellas de la tierra,
sonríe al recordarlo y responde que el sol
se levantaba cuando el día era viejo para ellos.
CESARE PAVESE (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare
stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de Jorge Aulicino
Enlaces relacionados con Cesare Pavese:
http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=55&Itemid=1
http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2008/09/09/cesare-pavese-y-el-oficio-de-vivir-100-anos/
http://elpoetaocasional.blogspot.com.ar/search/label/Cesare%20Pavese
http://www.centropavesiano-cepam.it/
Nora Perusin: 1955, Buenos Aires. Autora de tres poemarios, participó en el Taller literario Mario Jorge de Lellis, un legendario lugar de encuentro de importantes poetas durante la década del setenta. En el 2012, con Juano Villafañe y Sergio Kisielewski, presentó el espectáculo "Los poetas de Mascaró", un recorrido por los poemas de una generación que vivió los terribles años de la dictadura en Argentina. Autora de "Acerca de nosotros", "Los soles oblicuos" y "La distancia es esa frontera que se mueve" comenta por qué eligió Los mares del Sur: "Descubrí a Cesare Pavese en el taller Mario Jorge de Lellis, de él elijo Los Mares del Sur, este poema, como otros, del mismo autor, significó para mí un descubrimiento del clima narrativo en la poesía, una poesía sin amaneramientos ni hermetismo en la construcción de las imágenes poéticas".
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