Poema de año nuevo Tan mortal como el otro, tan reciente, es un año tan año que da pena, que da llanto y da rabia. Eso eso simplemente: tan pequeño, tan efímero rostro, tan escaso, tan difunto y floral, que lo veo pasar desenrollando variados arrebatos, diminutas acciones, coyunturas y brindis, como el buen empleado de oficina, impasible escribano de los muertos, que dejará a su vez un almanaque, una silla y un sueldo para otro. Minúsculas reyertas con sus golpes de mano, los gestos estruendosos y las revoluciones, los precarios destinos navegando en la gota del año inmemorial que se repite, me ponen melancólico, irritable. Sin embargo a mí esto no me arredra, no me me estorba empezar todo de nuevo: ordené mis carpetas, discipliné el declive de mis años, esta gran inquietud que me atenaza, y me dispuse a ser, a ser nomás un hombre, con el desbarajuste que sostengo, con mi gran ansiedad desaforada, y así compaginados mis recelos, metodizada el ansia, con mi tormento en regla, yo me pues...