De Rimbaud En el Cabaret Vert a las cinco de la tarde Hacía una semana que caminaba y mis zapatos estaban destrozados. Entré en la ciudad y en el Cabaret Vert pedí manteca, pan y jamón tibio. Feliz, bajo la mesa verde, extendí las piernas, y contemplé los dibujos infantiles de la tapicería. ¡Pero qué beatitud cuando la chica de enormes senos y ojos agudos me trajo el jamón en un plato coloreado! El jamón rosa con un diente de ajo perfumado y me llenó una jarra inmensa con su hermosa espuma dorada por un último rayo de sol. H e disipado arte, talento, fantasía, indiferente a la acción, a la obra, al dominio, he preferido la quietud horizontal, la espera, el suave surgir inigualable de las imágenes en la rêverie que en espiral baja hacia el fondo o ese sopor que flota sobre un mar encrespado apenas, que ondula sobre erizos, anaranjadas estrellas, cardúmenes lentísimos, chatarra de antiguas guerras y navíos. He disipado mucho, pero aún estoy aquí, enamorado e indolente. Da Rimbaud Al Caba...