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febrero 27, 2014

Dylan Thomas

Poeta Dylan Thomas con moño a lunares

Amor en el Manicomio


Una extraña que anda mal
de la cabeza ha venido a compartir mi cuarto en esta casa
una muchacha loca como los pájaros

traba la puerta de la noche con su brazo y pluma.
Ceñida a su laberíntica cama
engaña a la casa a prueba de cielo ingresando nubes

engaña a la habitación de pesadilla
numerosa como los muertos, caminando
o montando los océanos imaginarios del pabellón de los hombres.

Ella ha llegado poseída,
acepta la luz ilusoria  a través de la pared mullida,
poseída por los cielos

duerme en la depresión angosta y camina el polvo
alucina a su antojo
en las mesas del  manicomio adelgazadas  por mis lágrimas.

Y tomado por la luz de sus brazos
por fin, puedo, Dios, al fin,
soportar la primera visión que incendió las estrellas.


Enlaces: Poetas y padres
Versión: Marina Kohon

Mujer morocha con pullover negro
Marina Kohon: nació en Mar del Plata en 1965. Es profesora de inglés y poeta. Publicó “La Ruta del Marfil”, Editorial Alción y próximamente “Banshee”, una colección de poemas sobre leyendas celtas, Editorial Hemisferio Derecho. Coordina desde hace tres años un Club de Lectura de Literatura Irlandesa. Fue finalista en el concurso de poesía de Ruinas Circulares 2011 y Jurado en el concurso de poesía de María Pilar Escalera Martínez 2012 (España). Ha traducido a varios poetas: W.B. Yeats, Paul Muldoon, Billy Collins, Elizabeth Jennings, y Jaan Kaplinski entre otros. Colabora como traductora con el blog de Jorge Aulicino. Administra el blog: Ogham, de Arte Celta-Irlandés, http://oghamirlanda.blogspot.com.ar/ 



Love In the Asylum



A stranger has come
To share my room in the house not right in the head,
A girl mad as birds

Bolting the night of the door with her arm her plume.
Strait in the mazed bed
She deludes the heaven-proof house with entering clouds

Yet she deludes with walking the nightmarish room,
At large as the dead,
Or rides the imagined oceans of the male wards.

She has come possessed
Who admits the delusive light through the bouncing wall,
Possessed by the skies

She sleeps in the narrow trough yet she walks the dust
Yet raves at her will
On the madhouse boards worn thin by my walking tears.

And taken by light in her arms at long and dear last
I may without fail
Suffer the first vision that set fire to the stars.

febrero 23, 2014

Máximo Ballester

Hombre calvo con campera grisLa jirafita



En el Museo de las Relaciones Rotas, 
donde la gente dona toda clase de objetos
que pertenecieron a sus antiguas parejas
y que se exhiben en torno al concepto
de relaciones frustradas y sus ruinas, según explica
el anuncio, encontré aquella jirafita que te regalé.
La encontré con una pequeña nota, una tarjeta
doblada en dos atravesada por un cordón dorado
que le colgaba del cuello. En esas tres líneas
de despedida pude reconocer tu letra.
Lo que no pude –y dudo de que pueda algún día–
es adivinar quién diablos es Javier.



The monster



La tortuga raspa su caparazón
contra la reja del ventanal. Produce
un temblor que retumba en los vidrios.
Es evidente que quiere entrar.
Insiste levantando la puerta de la reja
unos milímetros y se queda mirándome.
Yo le hago un gesto de susto, como en las viejas
películas de terror. Me gusta que ella crea,
aunque sea por un instante, que representa
una verdadera amenaza para toda la familia.



Mariposas



Seguí los pasos de aquel poeta japonés
que, enojado porque no lograba
componer el poema de una mariposa,
salió al jardín, rompió el papel con furia,
lo arrojó al aire, y los pedacitos de papel
se posaron en las ramas de los árboles.
Yo tampoco pude lograr el poema.
Y sin embargo no obtuve el mismo resultado.
Me quedé absorto mirando el ficus
y después el suelo: sentí compasión por los
pedacitos de papel esparcidos a mi alrededor.
Los examiné en silencio, lentamente,
como si practicara un ritual milenario.
El sol de la tarde bajaba y el canto de los
pájaros se escabullía detrás de los tejados.
Había algo de poesía japonesa en el aire.
Luego fui por un cesto. Y en él arrojé,
una a una, todas mis mariposas muertas.


MÁXIMO BALLESTER (1964, Buenos Aires, Argentina)

Fuente: Facebook
Imagen: www.eforyatocha.com

febrero 22, 2014

Guillermo Sucre


Guillermo Sucre


Los que piensan que les ha llegado la hora



Los que piensan que les ha llegado la hora
y se aprestan para asumir su destino
los que saben que siempre llegan a deshora
contra todo destino

los que escriben para sobresalir
no para encontrar la salida -¿hay salida?

los que sólo viven para poner la vida en palabras
los que escriben para poner la palabra en la vida

los que lo coleccionan todo para sentirse perdurables
los que han contemplado una sola vez la belleza
y ya ello les depara una riqueza un desamparo
para siempre

la vida no es avara ni para preservarla
hay que saber también arriesgarla
como en el amor: más fuerte cuando más lo alimenta
el desamor
más vívido cuando nace y se extingue cada día.



Escribo con las palabras que tienen sombra



Escribo con las palabras que tienen sombra pero no dan sombra
apenas empiezo esta página la va quemando el insomnio
no las palabras sino lo que consuman
es lo que va ocupando la realidad el lugar sin lugar
la agonía el juego la ilusión de estar en el mundo
la ilusión no es lo que hace la realidad sino la ráfaga escindida
simulacros donde ocurren las ceremonias intercambios de fulgores
del vacío del deseo
ya no hay sitio para la escritura
porque ella es el sitio mismo de lo que se borra
no descubrimos el mundo lo describimos en su terca elusión
ya no volveré al mar pero el mar vive en esa ausencia
que es el mar cuando la palabra lo dice
y se derrama sobre la página como una mano
ya no estaré en el bosque sino en la hoja que escribo y entreveo
su ramaje pasa el viento
ya no habrá más verano sino ese sol que devora a la memoria
y viene la gran noche de la arena que cubre los ojos y sólo
podemos leer lo que no estaba escrito



Guillermo Sucre (1933, Tumeremo, Venezuela)
Fuente: www.entreshndysybarteblebys.blogspot.com.ar
Imagen: www.lecturas-personales.blogspot.com

Miguel Ángel Petrecca


La voluntad    


Es la hora en que los sillones se desinflan despacio 
y los hombres van hundiéndose sin darse cuenta de ellos 
mientras ponen a girar en su cabeza un disco rayado. 
Afuera las casas nuevas con sus fachadas de cotillón 
sugieren un consenso alegre que las de otra época, 
en vez de desmentir, se encargan en silencio de reforzar. 
Figuritas en pose de declamación ilustran el libro de texto 
que hojeaba esta mañana sentado con una pierna sobre otra 
gozando de la perspectiva que provee la historia: 
no encuentra inspirador ahora el alarde que otros 
hicieron de su propia voluntad, pero también odia 
dejarse llevar por el tibio, tóxico interés en el pasado 
que surge a veces en las mudanzas del encuentro 
con una vieja bitácora. Gira sobre sí mismo ahora, 
y gira sobre sí mismo, dos veces, y gira de nuevo 
una vez más y siente que si sigue girando así 
una y otra vez va a terminar por perforar el piso,
y va aparecer de golpe en las antípodas de su propio dpto,
mirando la cara de su vecino como quien cavando un pozo
desde acá se encontrara de repente cara a cara con un chino.


Otros poemas de MIGUEL ÁNGEL PETRECCA, aquí
De: "La voluntad", Bajo la luna
Imagen: editorialexcursiones.com

febrero 17, 2014

Kamau Brathwaite











Llega el nuevo mundo





Así desvalido

así

sin guía,

sin héroes,

te encontramos: amante

guerrero, tú que odias,

llegando por las hileras

del bosque

pie suave

al suave suelo

del silencio:

nos encontramos en el túnel

sucio de hojas.



Artilla

tu mosquete apun

ta sonó

fuego y nuestros

guerreros de firmes

carnes, cálidos,

picados por

moscas

cayeron.



Cuánto

Cuánto

Oh Señor

Oh demonio

Oh fuego

Oh flama

hemos andado

hemos viajado

hasta aquí

a este encuentro

este susto

y vergüenza

en el sucio

silencio.

Cuánto tiempo hemos

viajado por

cuestas jaspeadas

de sílice, piedras

secas como agua,

a este centellear

de flama en el bosque.

Oh quién nos ayudará

Ahora, des-

validos, sin

caballos, sin

guía, sin

esperanza, sin

Hawkins, sin

Cortés por venir.

Encarcelado Prempeh,

muerto Tawiah,

reprimido y colgado

Asentawa.

Oh quién nos ayudará

Ahora: Jerónimo, Tackie,

Moctezuma por venir.



Y el fuego, nuestro

fuego, forjando candados,

rocas más negras que hierro;

el fuego nos traicionó ya

en nuestra aldea; ahora

en el bosque, el fuego nos

tira como pájaros; nos arden

vainas en el vientre. El fuego

tira muros, forja

estos candados fogosos

más negros que el hierro

y en fila recorrimos el sendero

eslabonados en un nuevo

silencio de sonoro hierro.







2





Pasaremos mucho tiempo sin ver

otra vez esta tierra, estos árboles

de nuevo, vagando tierra adentro con el sonido

del rompiente, el humo subiendo



Pasaremos mucho tiempo sin ver

otra vez estas granjas, suaves húmedas lentas verdes

de nuevo: Aburrí, Akwamu,

sube la niebla



Ahora mira estos duros hombres, fríos

ojos claros como el agua que montamos

hábiles con la vela y la soga y los aparejos



Ahora mira estos fríos hombres, audaces

como el agua golpeando la proa en súbita ola feroz,

indiferentes, al parecer, a la batalla



del viento en el agua;

pues nuestra sangre, pronto

mezclada por capricho con su pasión,



por indiferencia, por furia,

creará nuevos suelos, nuevas almas, nuevos

ancestros; fluirá como esta marea fija



a la estrella que mantiene a flote la nave

a nuevos mundos, nuevas aguas, nuevos

puertos, el orgullo de nuestros ancestros mezclado



con el viento y el agua

la carne y las moscas, los látigos y el fijo

miedo al dolor en este puerto encadenado que nos recibe.






Kamau Brathwaite (1930, Barbados)

Enlaces: Casa refugio Citlaltépetl; Ecured


Fuente: www.lajiribilla.cu

Imagen: www.barbadostoday.bb




febrero 16, 2014

Patricia Jabbeh Wesley


Patricia Jabbeh Wesley

Para mi esposo después de tantos años     



Así que ésta es la cama. Así que ésta es la vida. 
Así que ésta es la vida 
de los años después o después de los años. 
La luz de la vela perdura todavía después de todos estos años. 
Alguien nos observa. 
Este viaje ha sido largo, así que si hay rosas 
dámelas en un florero alto.
Los claveles no me atraen, pero los hibiscos
que tanto extraño no lucen bien en un florero.
Ven, siéntate junto a mí como un nuevo amante.
Como un amante que busca renovar los años
que hemos compartido juntos durante tantas guerras
y tantas lágrimas, tantas risas y vidas.
Es como si fuéramos otras gentes desde otras vidas,
como si hubiéramos vivido y vivido por otros
que nunca supieron cómo vivir,
como este fuego, yo digo este fuego, mi amante, mi esposo,
mi amante, esposo, el padre de mis niños,
el  padre de los niños que nunca tuve,
el padre de los niños que volvieron porque
odiaban mi vientre. Algunas veces, mi vientre
llora por ellos; algunas veces, mi vientre
danza el que nunca permanecieran o vinieran. Porque mi vientre
era insuficiente para el fuego que ellos cargaban
desde el otro mundo, así que amante mío, mi esposo
de tantos años, que ni los puedo contar.
Así, qué fue aquello decías tú cuando rememorabas
cómo después de todos estos años, aquí nos encontramos,
todos los demás amantes perdidos en el mar, y aquí nos encontramos
junto a la chimenea y al fuego, tan suave.
Los niños se nos han envejecido ahora, querido mío.
Ven, ésta soy yo. No te retrases demasiado.
Yo fui hecha para este tiempo y tú, para mí.
Envejecemos. Envejecemos.
¿Puedes apagar el fuego ahora?


PATRICIA JABBEH WESLEY (1955, Maryland Country, Liberia)
Fuente: www.festivaldepoesiademedellin.org
Imagen: www.altoona.psd.edu

febrero 15, 2014

Laura Wittner


Luna de plástico



Estamos en un living oscuro
Donde quiero todo menos lo que tengo.
Sin zapatos, en el piso, tomando vino
en vasos de cristal, ponen música fuerte
y me pregunto: ¿por qué nosotros nunca
ponemos esta música?
La posibilidad del placer me está
haciendo levitar
y la imposibilidad del place me marea.
Voy a asomarme a la ventana a tomar aire,
pero no hay más, aquí, que la estrecha
confluencia
de patios traseros y escaleras para inendio,
la ausencia de sonido mordazmente agitada
por la música mágica, una oscuridad de
afueras de la ciudad
apenas conocida. Así que necesito ir a la calle.
Me pongo los zapatos, salgo,
bajo la luz marrón que el piso a cuadros
se chupa como esponja,
y mientras tanto pienso, pienso.
¿Por qué nosotros nunca ponemos esta música?
Me paro en la vereda congelada. No hay olores.
No puedo distinguir la ventana
De donde vengo. Un grupo de hombres en la sombra
me vuelven al temor. Ay, pero, gracias.


Laura WittnerOtros poemas de LAURA WITTNER, aquí
De: "La tomadora de café", Ediciones Vox, 2005
Imagen: www.festivaldepoesiarosarioenfotos.blogspot.com

febrero 01, 2014

James Schuyler


Justo antes del otoño



en los intervalos quietos entre vientos de equinoccio
el silencio destella
o en un bosque de abetos
se muestra como troncos rayados, claros, oscuros
visto entre ellos
todos iguales, cada uno diferente:
un bosque despojado de sus ramas más bajas
que yacen vagamente apiladas junto al sendero
musgosas, con liquen, pudriéndose.

El sol está en el cielo como si fuera un retrato.
A las aster las inclina una brisa
que para plantas más leñosas sería indigno notar.
Varas de oro erguidas como cúspides
o de otro tipo, que señalan en lenguaje gestual indio:
"Por aquí".

Por la tarde temprano la luna sube la cielo
mientras el sol va hacia el oeste
su luz ingrávida se posa
sobre un zarzal de saúcos y cerezos silvestres.
Parece que la luz los presionara
y los timoneara desde arriba
así como una lancha huye de la estela
que parece propulsarla
a través de ilusiones de verde
hechas por árboles negros reflejados en el agua astillada
que toma forma.
¡Maravillosa energía universal,
expresada en una estelar quietud!
La Vía Láctea desplegada
sobre la casa anoche
y las Pléyades
a la vista débilmente exclamaban:
"La mejor forma de ver las estrella
es mirar un poco hacia un costado"
un universo en su red de espacio
debilitándose, concluyendo, continuando.


Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: www.openlettersmonthly.com