-->

septiembre 30, 2022

Raquel Jaduszliwer: Apartada del fuego


HAY una hora en que las cosas encuentran su apego por el aire,  
se orientan a lo menos pesado 
porque las mueve un deseo más vasto aún que el de volar. 
Eso quiere decir 
que será suspendida toda afirmación, toda constancia, 
y tendrá su vaivén ritual la permanencia. O quién sabe mejor 
se tratará de un viaje, un recorrido 
bajo el sol más profundo que hace nido en la noche 
y aguarda la mañana. 



HA pasado el ángel de la siega,
había filo en el pliegue de su ala,
no descanse tu mente, esté despierta,
centinela constante, que haga guardia,
que vigile la forma del acero
que se ensaña azaroso
sobre un atribulado corazón.



ME hablabas de la bruma. Se esparcía,
dijiste, un poco más allá —ese vidrio
la había vuelto intangible, 
apartada del fuego en el hogar.

Hermanada a la nieve,
la bruma dibujaba los momentos
más perdidos del bosque.

Transcurre en el invierno, dijiste.
Aquí, en cambio
es la estación de las postrimerías. 

Acá es melancolía, dijiste:
esa caída violeta en las ramas desnudas,
en las nubes cargadas del atardecer.

También aquí es melancolía, le respondo.
La vida suspendida,
el afuera remoto y el adentro,
ese nido irreal de las últimas cosas.



MUCHO habrá que esperar hasta que la cabeza gire
para mirar atrás. Verla girar cuando mira hacia atrás,
hacia lo que dejó. Por un solo momento
la cabeza es un trompo, un giroscopio,
remate provisorio para ese torso arduo,
esa existencia en riesgo —el corazón adentro,
las escamas por fuera,
intentos fragmentarios de la respiración.
Ahora,
desnudo ya de toda desnudez, 
las algas con las que se cubría ya han caído,
lo que fue de ese cuerpo va desnudo,
volcado y sin su traje. Sigue viaje. 
Su tendencia lo arrastra a la orilla perdida.



De: "Los diagramas radiantes", Barnacle, 2022
Otros poemas de RAQUEL JADUSZWILER, aquí
Imagen en Otra Iglesia es Imposible

septiembre 29, 2022

Eugenio Montale: Nada ha transcurrido



EL AUNO EN ROVEZZANO     




Los grandes ríos son la imagen del tiempo,   
cruel e impersonal. Observados desde un puente 
declaran su nulidad inexorable. 
Sólo la ensenada hesitante de algún pantanoso 
juncal, algún espejo 
que reluzca entre musgo y espesos pajonales, 
puede revelar que el agua, como nosotros, se piensa
antes de hacerse violencia y torbellino.
Tanto tiempo ha pasado, nada ha transcurrido
desde que te cantaba en el teléfono “Tú
te haces la dormida ’ con una triple risa burlona.
Tu casa era un relámpago visto desde el tren. Inclinada
sobre el Arno como el árbol de Judas que quería protegerla.
Quizá esté todavía o no sea más que una ruina.
Toda llena, me decías, de insectos, inhabitable.
Otro confort hace para nosotros, ahora, otro
desconsuelo.



IL ARNO A ROVEZZANO




I grandi fiumi sono l’immagine del tempo,
crudele e impersonale. Osservati da un ponte
dichiarano la loro nullitá inesorabile
Solo Y ansa esitante di qualche paludoso
giuncheto, qualche specchio
che riluca tra folte sterpaglie e borraccina
puó svelare che l’acqua come noi pensa se stessa
prima di farsi vórtice e rapina
Tanto tempo é passato, nulla é scorso
da quando ti cantavo al telefono “tu
che fai Taddormentata" col tríplice cachinno.
La tua casa era un lampo visto dal treno. Curva
sull Amo come l’albero di Guida che voleva proteggerla.
Forse c’é ancora o
non é che una rovina.
Tutta piena mi dicevi, di insetti, inabitabile
Altro comfort fa per noi ora,altro
sconforto.



Otros poemas de EUGENIO MONTALE, aquí
Traducción: Jorge Aulicino
Imagen en Times News

septiembre 27, 2022

Billy Collins: La rueda de la fortuna

Diseño, design


Diseño      




Vierto una capa de sal sobre la mesa 
y trazo un círculo en ella con el dedo. 
Este es el ciclo de la vida 
le digo a nadie  
Esta es la rueda de la fortuna, 
el Círculo Ártico. 
Este es el anillo de Kerry 
y la rosa blanca de Tralee 
les digo a los fantasmas de mi familia, 
los padres difuntos, 
la tía que se ahogó, 
mis hermanas y hermanos 
no nacidos, mis hijos nonatos. 
Este es el sol con sus rayos brillantes
y la amarga luna.
Este es el círculo absoluto de la geometría
le digo a la grieta en la pared,
a los pájaros que cruzan por la ventana.
Esta es la rueda que acabo de inventar
para rodar por el resto de mi vida
digo
tocándome el dedo con mi lengua.



Design




I pour a coating of salt on the table
and make a circle in it with my finger.
This is the cycle of life
I say to no one.
This is the wheel of fortune,
the Arctic Circle.
This is the ring of Kerry
and the white rose of Tralee
I say to the ghosts of my family,
the dead fathers,
the aunt who drowned,
my unborn brothers and sisters,
my unborn children.
This is the sun with its glittering spokes
and the bitter moon.
This is the absolute circle of geometry
I say to the crack in the wall,
to the birds who cross the window.
This is the wheel I just invented
to roll through the rest of my life
I say
touching my finger to my tongue.




Traducción: Issac Goldemberg
Otros poemas de BILLY COLLINS, aquí
Imagen en Los cuadernos de Vieco

septiembre 25, 2022

Cecilia Pontorno

Algo que siempre estuvo     




Desde que me fui de esa casa  
para siempre 
duermo con una remera de los Doors que dice  

The end 
 
y el dibujo que me regaló Rocambole  
colgado en la pared de la pieza.
Fue en su cumpleaños. Éramos 10
cantándole a ese señor de pequeño porte y voz imperceptible,
con las ideas tan claras, que nunca vi en mi vida 
semejante contradicción.
Miraba la luz de la vela como anotando,
en un papel de fuego, sus Memorias.
Podría ser mi abuelo, pensé. Antes de eso, tomábamos vino 
en la cocina de la casa de su amiga, a quién 
conocí 
porque tenía una galería de arte en las afueras de La Plata 
y yo, por esos días, frecuentaba lugares 
donde la vida estuviera detenida,
lugares de casi muerte.

Acá me preguntan todo el tiempo 
dónde está el vuelto. Me olvidé.
Estoy pensando en Charlie Parker y si habrá muertos en su placard.
Cuánta magia puede encerrar un pedazo de metal 
si el alquimista no es un chanta. 
Igual que los fierros. Una vez tuve uno 
a centímetros de mi cuerpo. 
Una tumbera negra, opaca. Detrás, 
un poco más atrás de los tatuajes a lo largo del brazo,
cinco puntos, Juana y Rogelio, una mujer en tetas con el rostro deforme, 
estaban dos ojos ciegos, furiosos, con la jocosidad 
morbosa del payaso asesino.
El amor tiene formas misteriosas de hacerse el gil.

Mi lengua es un talismán. 
La palabra justa sale en el momento justo, me salva
o me entrega.
Pero el relicario de mi cabeza atesora la oscuridad del impulso
como la foto en la que está mi abuela al lado de su esposo, 
llena de miedo
y de hijos que no quiso. 
No hace falta ser anticuario para darse cuenta de que hay alhajas
forjadas por el diablo.

Mi estrategia no suele ser la palabra amable.

Llevo una punta en el llavero desde entonces. De cualquier forma, 
llave y punta abren lo mismo, 
y la habilidad del cerrajero se ve en las emergencias.

La canción siempre es la misma,
el fin está cerca.
Algo que siempre estuvo, algo hermoso, si lo vemos con los ojos
de aquel payaso ciego.
Un film donde sos protagonista y espectador, pero el director es Tarantino, y Lynch
mira de reojo y putea porque no le da la sangre para ser él
el comandante.
De todas formas, las más sencillas y las más complejas, aunque 
me inclinaría por las segundas, la vida  
es un programa de televisión con el volumen al máximo 
que nadie mira
porque todos están picando carne o tomando whisky
mientras 
por acá aparecen, de golpe, 
la música, los pájaros, los libros, la poesía,
aunque tengan cinco o seis razones
para no estar.

Hay horror en nuestra piel.
Y apenas unos gemidos, la canción 
siempre es la misma

but you'll never follow me







CECILIA PONTORNO
(1979, La Plata, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Revista Cardenal | Periódico de poesía | Revista Kametsa
Imagen en Facebook

septiembre 24, 2022

Laura Escudero Tobler: Las cosas se revelan a sí mismas

Laura Escudero Tobler

Mecanismo    




Mi papá desarmaba relojes  
los abría. En cada casa  
donde vivimos había una mesa 
destornilladores  
tornillos y algo abierto  
mostraba su interior  
confuso. 
 
Siempre le sobraban piezas  
olvidaba dónde iban  
y no es que no tuviera  
memoria  
creía que podía encontrar
el camino de regreso 
por pura voluntad
en el momento.

Que las cosas se revelan
a sí mismas. 

O quizá amaba las piezas 
que sobraban.

Como alguien debió amarlo
cuando nació gemelo de una nena
que fue la nena amada.

Él, la pieza que sobró
trataba de entender por qué
algo de uno no encaja en la vida
de los otros.

Ahora que volvió
al lugar donde todo 
empieza y se termina
quisiera imaginar que algo
de lo que está encerrado 
en un cuerpo un día se abre
y se mueve en sincronía
con lo demás en ese reloj 
donde nada sobra
y cada pieza 
brilla.



El descanso de las cosas




Este lugar se empieza 
a vaciar de a poco
hay 
viento suave
no se ve pero las hojas
suenan cada vez 
de manera diferente
¿escuchás cómo respira 
el monte? ¿los pájaros cigarras
una avispa? ¿ves cómo trae
el picaflor las patas adelante
mueve las alas
y te mira? 

eso 
desaparece

 ¿ves los árboles
mientras se borran 
  como se borran 
     las sillas 
     la mesa 
y aparecen estrellas? 

no sabemos
si existen o hace tiempo
se apagaron

¿ves que tus zapatos 
desaparecen y desaparece también
un pie y el otro adentro
de la sombra?

los contornos se cansan
de sostener las cosas
y las dejan

¿ves?
lo que había desaparece
no te preocupes 
mañana todo vuelve
ahora 
vamos a dejar que la noche
haga su trabajo.






Otro poema de LAURA ESCUDERO TOBLER, aquí
Enlaces: Colectivo Glauce Baldovin
Imagen en Feria del Libro

septiembre 23, 2022

José María Fonollosa

Times Square II     




Contemplo cómo salen del local 
parejas enlazadas de las manos. 
Cuánta mujer hermosa en todas partes. 
El vestíbulo exhibe con orgullo 
su muestrario de chicas estupendas. 
Un amigo a mi lado me saluda. 
Me comenta: «Qué film más aburrido. 
Las historias de amor son soporíferas». 
Yo asiento. Y admirados vigilamos
a una mujer preciosa. Acompañada.  
Observo cómo mira ávidamente
las muchachas que surgen de la sala
como los coches surgen de un garaje
ostentando sus líneas sugestivas.
Como las miro yo seguramente.
También él siente el tedio. Ambos quisiéramos
un amor, un hogar de esos que vemos
en el cine y decimos nos aburren.
No igual a aquel que tienen los amigos
que en su gran mayoría se han casado.
Ante una moto grande y esplendente,
como un bello caballo de fuel puro,
nos paramos: «¿Te dejo en algún sitio?»,
precavido pregunta. Yo no acepto.
Buscaré a alguna chica por el Village.



Ronda de Sant Pere




No es cierto que transiten por las calles
solo seres frustrados, transportando,
cansados, su cadáver insepulto.
A veces también pasa muchos jóvenes
llevando al hombro sueños y pancartas.
Y ellos no están frustrados. Todavía.



9




Miro a mi alrededor. De la penumbra
surgen enamorados que se besan.
Otros siguen el film atentamente.

¿Será, quizá, el amor lo que han logrado?
¿O sólo una muchacha a quien besar
como las que yo llevo algunas veces?

Seguro que hay amor. Como el del cine,
como aquel que palpita entre los libros
o el que uno se imagina estando a solas.

Mas yo no tuve suerte. O persistencia.
No sé de un gran amor. Sí de pequeños.
Únicamente rozo muestras nimias.

Breves, menudos cielos para el tacto,
los sentidos. Tristeza que da al alma
diminuto dolor. Amor pequeño.

Sólo un amor minúsculo y no obstante
me creo tan capaz de un amor grande,
de ese amor que aparece en libros, cine…





poesía española
JOSÉ MARÍA FONOLLOSA
(1922 / 1991, Barcelona, España)
Fuente: El cuaderno digital
Enlaces: Carlos Alcorta | La Tempestad | Zenda Libros
Imagen en Zenda

septiembre 22, 2022

Jorge Galán

poesía salvadoreña, El viaje, Premio de Literatura


El viaje     




El sonido de las cigarras es propicio para este viaje. 
El frío baja a los pinos como la ancianidad al cabello de un hombre: 
una belleza blanca sin densidad alguna. 
 
El mundo se aleja y se acerca. 
 
La ciudad se va volviendo un bosque, 
y el bosque, una ciudad inusitada. 
En la noche los árboles emanan su propio miedo. 
 
Aunque todos duermen, nadie en realidad duerme:
Los seres cohabitan en una alerta cotidiana.

De perderme, al principio sería solo un niño perdido,
pero poco después sería un hombre guiándose por la luna.

En lo terrible es que se aprende a ser terrible.

Hay algo aquí muy joven
pero también hay algo muy antiguo.
El principio del mundo ha besado estas piedras.

El deterioro aquí es continuidad.

La muerte no existe porque de alguna forma solo la vida existe.
Cuando se ha visto lo que he visto se entiende lo genuino.
Del deterioro ha surgido la niebla
que hace posibles las siluetas que observo.

Todo posee cierto brillo y cierto sabor distintos,
incluso lo distante posee una sustancia diferente,
incluso lo inmediato.

La fineza del polvo da cuenta de los seres
que han pisado este mundo.



JORGE GALÁN (Jorge A. Portillo Galán, 1973, San Salvador, El Salvador)
Fuente: Universidad Externado de Colombia
Enlaces: Círculo de poesía | Aire nuestro | Ablucionistas | La estafeta del viento
Imagen en La Vanguardia

septiembre 21, 2022

Una pintura


La pregunta es uno de los resultados del valor estético de la pintura. Botes enfilados hacia una posible y más o menos calculada distancia. Botes enfocados desde el muelle en representación del ojo humano.
¿Qué es la otra orilla?


MAGÍ PUIG
Enlaces: Pinterest | Sitio de Magí Puig


septiembre 20, 2022

Diego L. García: Un refugio que el cuerpo reconoce

fotografía de un café     




leamos los (puntos suspensivos) 
como lo que completa la fotografía de un café 
y sus circunstancias. en el agua 
ondularon palabras y más. 
no habría forma más perfecta de seguir 
ese curso que nadie ha limpiado 
ni limpiará. la cercanía es impensada 
para aquello que acontece sin memoria 
de un trayecto. de todos modos 
basta con el relámpago de saberse en un lugar seguro. 
un refugio que el cuerpo reconoce
más allá de toda referencialidad.
las ventanillas del día hicieron un salto imposible.
el punto de descenso nos podría causar gracia
dentro de unos años. ahora no es otra cosa:
la luz sobre el café contornea
universos cerrados para el mundo



Otros poemas de DIEGO L. GARCÍA, aquí
De: "(fotografías)", Zindo&Gafuri Ediciones, 2018
Imagen en Facebook 





septiembre 16, 2022

Dot Dannenberg


Rodin dijo que la paciencia también es una forma de acción        




Rodin dijo que la paciencia  
también es una forma de acción,  
y estás como,  
anótalo en el calendario.  
Tareas para hoy:  ten paciencia .  
Siéntate en tu patio trasero  
en el lodo húmedo de septiembre, 
cierra los ojos 
y espera un maldito minuto. 
Aquí tienes con tu vibra, tu estado de ánimo, 
tu té caliente, un puñado de anacardos. 
Una lista de verificación en un cuaderno  
con cajas apiladas como ventanas de apartamentos, 
abriendo contraventanas a la espera. 
Espacio: check 
Tiempo: check 
Silencio: check 
Cada rasguño de tu lápiz propulsando 
la nada. 
Mira lo que sucede 
mientras estás sumido en este acto de paciencia:
el mirto crepe muda su corteza, 
la neblina ensangrienta el sol otra vez,  
los gansos se van y regresan. 
El cabello de tu hija crece,  
sus preguntas se vuelven más insistentes. 
Su forma ocupa cada vez más 
espacio en la entrada. 
¿Qué es eso ? ella
 pregunta ¿Que es eso? Una nube, dices. Un lecho de río. 
Un trozo de piedra.



Rodin said patience is also a form of action 




Rodin said patience
is also a form of action,
and you’re like,
put it on the calendar. 
Tasks for today: be patient. 
Sit on your back patio
in the humid September muck,
close your eyes,
and just wait a god-damned minute. 
Here you go with your vibe, your mood,
your hot tea, a little handful of cashews. 
A checklist in a notebook 
with boxes stacked like apartment windows,
opening shutters into the waiting.
Space: check
Time: check
Silence: check
Every scratch of your pencil propelling
the nothingness. 
Look what all is happening
while you’re deep in this act of patience:
the crepe myrtle sheds its bark,
the haze bloodies the sun again, 
the geese leave and return.
Your daughter’s hair grows longer, 
her questions grow more insistent. 
The shape of her takes up more and more
space in the doorway.
What’s that? She asks. What’s that?
A cloud, you say. A riverbed. 
A hunk of stone.





poetas norteamericanas, Rodin
DOT DANNENBERG
(Alexandria, Virginia, Estados Unidos de NA)
Fuente (en inglés): Rhino Poetry
Imagen en Medium

septiembre 15, 2022

Brian Álvarez: Ayer nomás el clima era tan distinto


ÚLTIMOS DÍAS DEL INVIERNO     





Estas son las noticias de tu vida en declive: 
un poco de caldo en la cocina 
se hace a pasos lentos, 
desde la otra pieza  
viene la respiración de una mujer 
tranquila, en cuyo sueño podrías ver 
un paisaje equivalente al susurro que la olla 
deja en el aire, y que la brisa del mediodía 
hace circular por la casa. 
Ayer nomás el clima era tan distinto 

en la sala de espera del correo, de paredes blancas
y luz sepulcral, a tu lado había
un chillido de ratas, que después
resultó ser el roce de unas zapatillas
y la laca de una cancha de basket. "Si fueran negros,
sería distinta la cosa", dijo el que miraba
la transmisión de ratas en el celular
y en su cara iluminada viste pasar un invierno
que creías olvidado, mucho mejor que este.

Afuera de tu casa una espiral de hojas
levanta vuelo, no muy alto,
apenas lo suficiente para preguntarse
adónde llegarán, cómo estarán
después, las hojas, en dos o tres semanas, 
y qué podría hacernos acordar de ellas
para asistir juntos al final del juego, si hubiera un final.



Otros poemas de BRIAN ÁLVAREZ, aquí

septiembre 14, 2022

Hélène Dorion



OSCURA, desnuda, 
entre las osamentas del siglo 
la marea crece. 
Tocas la ola fría 
que trepa hasta tus labios. 
separas los dedos, rasgas 
la herida que desciende 
hasta el corazón de cada falla 
—echa el aliento.
Mira lo que ha deshecho
en el horizonte, mira el cortejo:
se ha roto con tantos reflejos.  



BORDEAS el decorado, puños atados
a la espalda, tu silueta
se hace más grande todavía.
Tus miradas, poco a poco
disuelven la sombra
entre las pestañas.
Un niña se detiene
en medio del estrépito, el cuerpo,
como una rama, se rompe
y las flores vuelven a brotar
en la pared de tu habitación.  



OBSCURE, dénudée
parmi les ossements du siècle
la marée s'agrandit.
Tu touches l'onde froide
qui rampe jusqu'à tes lèvres.
Tu écartes les doigts, déchires
la blessure qui descend
au coeur de caque faille
—rèpand son heleine.
Regarde ce qui fut défait
à l'horizon, regarde le cortège: l'aube
par tant de reflets s'est rompue.



TU longes le décor, poings liés
derrière le dos, la silhouette
grandit encore.
Tes regards, peu à peu
épuisent l'ombre
parmi les cils.
Un enfant s'arrête
au milieu du fracas, le corps
comme une branche, se casse
et les fleurs rebondissent
sur le mur de ta chambre.



HÉLÈNE DORION (1958, Quebec, Canadá)
Traducción: Eduardo Conde
Facebook de Jonio González
Enlace: Revista Alga N° 55 | Poetas Siglo XXI
Imagen en Civitella Ranieri Foundation

septiembre 13, 2022

Osvaldo Sauma: El rumor de los silencios


Efectos colaterales      




la luna se alza 
como un ícono sobre la noche 
afuera los seres humanos 
se matan en las carreteras 
o en los bares 
o en las calles asidas 
al tropiezo de sus obsesiones 
otros se protegen de la soledad 
bailan la danza de las diversiones 
se revuelcan en las camas 
para olvidarse de sí mismos 
en el cuerpo del otro
o se suicidan bajo la claridad
de los altos puentes del vacío
sólo los solitarios se ensimisman
en el sinsentido de los días
sin que los rayos lunares
alteren sus marejadas internas
en medio de las musas extintas
hallan consuelo
a pesar de que no exista salida
a pesar de los baños de la luna llena
en su ir y venir sobre el flujo marino
entre las aguas interiores de las mujeres
o al fondo de esa nostalgia de lobos
que los hombres llevan consigo
los solitarios viven
del rumor de sus silencios
y beben a solas brindan
con la luna y su propia sombra
emulando a Li-Tai-Po
en los eternos rituales del desamparo






OSVALDO SAUMA
(1949, San José, Costa Rica.) Poeta. Profesor del Taller de Expresión Literaria en el Conservatorio Castella, San José, Costa Rica desde 1981 a 2010. Autor de: Las huellas del desencanto (1983), Retrato en familia (Premio Latinoamericano EDUCA, 1985), Asabis (1993), Madre nuestra fértil tierra (1997), Bitácora del iluso (2000), El libro del adiós (2006). Bitácora del iluso (Chronicle of the decived) Edición bilingüe, inglés- español. (2009). Traductor Ricardo Ulloa. En el 2013 obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Aquileo J. Echeverría con el libro ontológico, La canción del oficio.
Utopia del solitario.es un libro bilingüe, (italiano –español), publicado en Milano, Italia (2014). Traducción Zingonia Zingone. Doble fondo XIV, (Antologias) en coautoría con Manuel Pachón, Biblioteca Libanense de Cultura. (2018) Bogotá, Colombia.
Su obra ha sido traducidaal inglés, al italiano, al francés, al portugués, al árabe, y al hindi. Ha participado a numerosos festivales de poesía. 
Fuente: Esteros 
Enlaces: USAL | Revista El Golem | Festival de poesía de Nicaragua | Hiedra | Círculo de poesía
Imagen en Revista Altazor

septiembre 10, 2022

Fragmento de "Escribir", por Marguerite Duras

Escribir, ficción



“Se está solo en una casa. Y no fuera, sino dentro. En el jardín hay pájaros, gatos. Pero, también, en una ocasión, una ardilla, un hurón. En un jardín no se está solo. Pero, en una casa, se está tan solo que a veces se está perdido. Ahora sé que he estado diez años en la casa. Sola. Y para escribir libros que me han permitido saber, a mí y a los demás, que era la escritora que soy. ¿Cómo ocurrió? Y, ¿cómo explicarlo? Sólo puedo decir que esa especie de soledad de Neauphle la hice yo, fue hecha por mí. Para mí. Y que sólo estoy sola en esa casa. Para escribir. Para escribir no como lo había hecho hasta entonces. Sino para escribir libros que yo aún desconocía y que nadie había planeado nunca. Allí escribí El arrebato de Lol V. Stein y El vicecónsul.* Luego, después de éstos, otros. Comprendí que yo era una persona sola con mi escritura, sola muy lejos de todo. Quizá duró diez años, ya no lo sé, rara vez contaba el tiempo que pasaba escribiendo ni, simplemente, el tiempo. Contaba el tiempo que pasaba esperando a Robert Antelme y a Marie-Louise, su joven hermana. Después, ya no contaba nada.(…)

Escribí El arrebato de Lol V. Stein y El vicecónsul arriba, en mi habitación, la de los armarios azules, ¡ay!, ahora destruidos por los jóvenes albañiles. A veces, también escribía aquí, en esta mesa del salón.

He conservado esa soledad de los primeros libros. La he llevado conmigo. Siempre he llevado mi escritura conmigo, dondequiera que haya ido. A París. A Trouville. O a Nueva York. En Trouville fijé en locura el devenir de Lola Valérie Stein. También en Trouville, el nombre de Yann Andréa Steiner se me apareció con inolvidable evidencia. Hace un año.

La soledad de la escritura es una soledad sin la que el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo. Se desangra, el autor deja de reconocerlo. Y, ante todo, nunca debe dictarse a secretaria alguna, por hábil que sea, y, en esta fase, nunca hay que dar a leer lo escrito a un editor.

Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel periodo de mi primera soledad ya había descubierto que lo que yo tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: «Escribe, no hagas nada más».

Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado.

Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrables, es una silla determinada. Y determinados ritos a los que siempre vuelvo, a dondequiera que vaya, dondequiera que esté, incluso en los lugares donde no escribo, como por ejemplo las habitaciones del hotel, el rito de tener siempre whisky en mi maleta en caso de insomnios o de súbitas desesperaciones. Durante aquel periodo tuve amantes. Rara vez he estado absolutamente sin amantes. Se acostumbraban a la soledad de Neauphle. Y según su encanto a veces esta soledad les permitía que, a su vez, escribieran libros. Raramente daba a leer mis libros a esos amantes. Las mujeres no deben hacer leer a sus amantes los libros que escriben. Cuando terminaba un capítulo, lo escondía. En lo que a mí respecta, es tan verdad que me pregunto qué pasa en otras partes y también cuando se es una mujer y se tiene un marido o un amante. En tal caso, también hay que esconder a los amantes el amor del marido. El mío nunca ha sido sustituido. Lo sé, todos los días de mi vida.

Esta casa, esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo da a una calle, a una plaza, a un estanque muy antiguo, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y me impiden trabajar. Les dejo hacer. Los vigilo. Todas las mujeres que han tenido hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero, qué miedo, cada vez, el peor de los miedos. Y qué amor.

La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Yo la hice. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros. Sucedió así. Estaba sola en casa. Me encerré en ella, también tenía miedo, claro. Y luego la amé. La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. Mis libros salen de esta casa. También de esta luz, del jardín. De esta luz reflejada del estanque. He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir.

Esta casa se puede recorrer en toda su extensión. Sí. También se puede ir y venir. Y además hay el jardín. Allí, están los árboles milenarios y los árboles todavía jóvenes. Y hay alerces, manzanos, un nogal, ciruelos y un cerezo. El albaricoquero murió. Frente a mi habitación se halla el fabuloso rosal de LHomme Atlantique. Un sauce. También hay cerezos de Japón y lirios. Y, debajo de una ventana del salón de música, hay una camelia, que plantó Dionys Mascolo para mí.

Primero amueblé esta casa y luego la hice repintar. Quizá fue dos años después cuando empecé a vivir con ella. Terminé Lol V. Stein aquí, escribí el final aquí y en Trouville frente al mar. Sola, no, no estaba sola, había un hombre conmigo en aquella época. Pero no hablábamos. Como escribía, era necesario evitar hablar de libros. Una mujer que escribe: los hombres no lo soportan. Es cruel, para un hombre. Es dificil para todos…”



Rafael Felipe Oteriño: Entre la tormenta y la piedra

Entre      




Este vivir 
entre la tormenta y la piedra, 
entre el cuerpo y el agua, 
entre el silbato de las 5,00 
y la sombra del regreso; 
entre una ciudad dormida 
y otra que se despierta 
con su ojo de cíclope, 
entre dos continentes que se acechan 
y a los que separa el mar. 
 
Antes jóvenes, luego maduros,
más tarde cautivos;
como vigías de faro
buscándonos en círculos
y en línea recta,
detrás de un pequeño sol;
con el corazón transparente,
sin haber podido desbaratar
el lento declive
ni arrojado el Yo en un abismo.

Y aunque el arroyo se desborde
y la casa se anegue,
aunque la lluvia caiga
y la estrella se despida:
heracliteanos, oscuros,
invisibles para todos,
menos para el sol mismo;
aprendiendo a respirar
la infancia de un país doloroso,
el azar de palabras revueltas.

Entre los primeros días de agosto
y los últimos de septiembre,
entre la mano que descansa
y la mano que oprime;
ni demasiado pronto, con lágrimas,
ni muy entrada la noche;
entre lo hundido, fangoso,
y el despertar de lo claro:
siempre vivimos entre:
en la cuerda de un delgado sueño.




Otros poemas de RAFAEL F. OTERIÑO, aquí
Fuente: Festival de poesía de Mendoza 2022
Imagen en Libros del Zorzal









septiembre 09, 2022

Guillermo Siles


DICEN que puedo ver tu herida 
pero no puedo sentir tu dolor 
que no es posible caminar sobre la cuerda 
floja del lenguaje 
si ajusta el hambre en la garganta 
porque el dolor no sólo se resiste 
al lenguaje 
sino que además lo destruye. 
No conocemos  
ni siquiera imaginamos
la áspera textura de la soga 
sobre el cuello de un niño
las puntas de la nada
que aprietan su estómago.
No importan las edades
el número
o la etnia.
En la radio
en la TV
en las redes dijeron
que han muerto niños
en un paraíso sin árboles,
sin frutos ni animales
arrasado por topadoras
y agrotóxicos

Para esos niños no existió Adán
tampoco Eva
ni el relato de un mesías.

No habrá redención
para los que
seguimos vivos
contemplando

sin dios.



El muro


Leopoldo Brizuela in memoriam

dulce gracia del día
no te escondas
posteando la mañana va
mientras recorro muros virtuales
para hallarte
y no hay ninguna lucecita verde
en tu perfil que conecte a la vida
no hay
quién dirá ahora la frase mordaz
o soltará la risa cruel que iluminaba
el cerco de las horas
la punzante ironía
del “no me cites maldito”,
“mi erudita de Burruyacú”,
“mi sabio de Rumi Punco”
te divertían esos “títulos de nobleza”
te gustaban los topónimos indianos
el Norte con su gracia
coplera, los aires de la zamba
y del gato
nadie como vos para alterar
los géneros y hundirme al son
de un fado con saudade
en el lomo visible de Inglaterra o Lisboa
nadie como vos seguirá el hilo musical
la letra de una canción amada
que se ahoga
una ristra de recuerdos
de chat, los de una vieja
vendedora de remedios
y de ropa en Los Zazos
te reías del cartel fotografiado:
“botiqin y butic”
no era un invento
nadie como vos en la risa hambrienta
de lo bajo
ni en la majestad de nombrar
lo atroz y su belleza
las cosas que la arena
de este indómito desierto
va borrando.


GUILLERMO SILES
(1967, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina)
Fuente: La papa | FILBA
Imagen: Norman Charles Blamey

septiembre 08, 2022

Makoto Ooka: Así se entierra el verano


El fin del verano




Vierto de noche el agua de la palangana.
Su eco diáfano cae y se aleja
lentamente por la tubería.
Es la sinfonía de mi canción, que se eleva
cuando acaba el día.
Extraño consuelo,
pues no es una melodía virtuosa.
Semillas de pepino.
Hormigas muertas.
Ojos de pescado.
Cantos de grillo.
Nostálgica resonancia la de ese caer.
Palpo cada cosa como si fueran ramas
que el agua arrastra hacia la alcantarilla.
Así mis ojos
se abren paso en la oscuridad.
Así se entierra el verano.





poesía japonesa
MAKOTO OOKA
(1931 / 2017, Mishima, Shisuoka , Japón)
Fuente: Facebook de Jonio González
Traducción: Yurihito Utsuki y Raúl Morales
Enlaces: TamTam Press | El poder de la palabra
Imagen en Discogs



septiembre 06, 2022

Miguel Casado

Poeta Miguel Casado sentado en un banco de espaldas a una pared color marrón



SALGO DEL metro al día 
a esta hora en que hace una semana 
era de noche aún. No importa 
saber que lo perderemos 
a fecha fija; tampoco las escasas 
hojas de los árboles entre edificios 
ni la oscura luz de nube. 
Se saborea más que nunca ahora 
Cuando todo es nuevo, en la mitad 
del invierno. 
 


LO LLAMO el aire
de la nueva vida, y es frío
a rachas, transparente
con la luz que se va abriendo
en la tarde, claro de materia
tras las larguísimas lluvias.


 
ERAN EXTRAÑOS paseos.
Le recuerdo sentado en un pinar,
elegía palitos del suelo
y los clavaba en la arena,
se rompían o no, pero nada
alcanzaba lógica. Veía el amarillo
extendido a lo lejos
y en la sensación del rechazo,
de la expulsión, iba conociéndose.
En el asfalto, al principio
de la tarde, la tela rígida
del vaquero quemaba a intervalos
el tobillo desnudo.





MIGUEL CASADO (1954, Valladolid, España)
Fuente: Diario de Poesía N° 67
Imagen en Toledo Diario: Fotografía de Mario Sánchez


septiembre 04, 2022

Rolando Kattán

poesía hondureña


Peter Bellerby     

 
Peter Bellerby es un artesano británico que aún fabrica 
globos terráqueos a mano, uno de los últimos de su especie 
El País, 1 de mayo de 2013 

también mi oficio ha caído en desuso como el de un pregonero 
o como las farolas apagadas 
pienso en Peter Bellerby pintando con una acuarela el mar del norte 
y siento entonces la tristeza del librero 
la melancolía del hombre que se quedó tocando el 
acordeón en las esquinas 
¿cuántas veces me detuve en un café a leer un libro? 
¿cuántas frutas corté del árbol de la vida? 
en mi cuenta visité más supermercados que bibliotecas 
siento hoy la tristeza de un hombre que dibuja la nieve del Himalaya 
yo que he querido viajar a Kiribati 
que como Montejo he querido plegar un mapa para conocer Islandia
y al final recobrar la fe en un oficio que se cree muerto
y hacer también el mundo más pequeño
más pequeño y más quieto



El artista




Cuando a Miguel Ángel le reclamaron
haber pintado desnudos los cuerpos del primer hombre
y la primera mujer,
los estaba vistiendo de belleza,
cosa que no entendieron sus detractores.
Primero tuvo que depilar a Eva,
cambiar sus pechos de loba
por esas lunas sixtinas;
a Adán lo pintó buen mozo,
le limó los colmillos
y dibujó un abdomen bien cuidado.
Miguel Ángel sabía que el principio
tenía que ser perfecto.



Kiribati




Kiribati es una isla en medio del océano Pacífico
integrada por un grupo de 33 atolones coralinos y una isla volcánica
(Banaba) según lo han escrito en la Wikipedia
siempre quise escribir sobre esa isla
quizás algún poema que titulara: «Viaje imaginario a Kiribati»
pero Kirabati ya no es el futuro
desde 2011 es el último lugar del planeta
en dar la vuelta al calendario
después de ser el primero
y lo que yo quería era estar un día delante de la vida
viajar a Kiribati el día de mi muerte para no morirme
ser el primero en decirle te amo a una mujer en un año nuevo
quería viajar al futuro para encontrarme al niño que habité en el ayer
y guardar como en una bolsa de canicas
24 horas más para hacer lo que quiera
Kiribati decidió de pronto ser el pasado
ya no quiero ir a Kiribati



1966




Habíamos escuchado que la misa del gallo de 1966,
ofrecida por Pablo VI, sería la primera
transmisión en colores. Llegada la hora de la misa, el
futuro no tocó la puerta. Había que
cambiar la vieja tele Belweder en blanco y negro. ¡Ah,
los colores! Lo único que teníamos:
el fondo azul de las montañas, los cafetos maduros, el
verde de las guamas sobre el agua,
los arcoíris adormilados en los riachuelos, las faldas
bordadas de los cerros. Ahora,
también el color nos recordaría nuestra pobreza.







ROLANDO KATTÁN
(1979, Tegucigalpa, Honduras) 
Fuente: Descubre Lima
Imagen en Honduras.com

septiembre 01, 2022

Wislawa Szymborska: El instante fugaz también tiene su pasado

Puede ser sin título     




Ocurre que estoy sentada bajo un árbol, 
a la orilla de un río, 
en una mañana soleada. 
  
Es un suceso banal 
que no pasará a la historia. 
No son batallas ni pactos 
cuyas causas se investigan, 
ni ningún tiranicidio digno de ser recordado. 
  
Y sin embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.
Y puesto que estoy aquí,
tengo que haber venido de algún lado
y antes
haber estado en muchos otros sitios,
exactamente igual que los descubridores
antes de subir a cubierta.

El instante más fugaz también tiene su pasado,
su viernes antes del sábado,
su mayo antes de junio.
Y son tan reales sus horizontes
como los de los prismáticos de los estrategas.

El árbol es un álamo que hace mucho echó raíces.
El río es el Raba, que fluye desde hace siglos.
No fue ayer cuando el sendero
se formó entre los arbustos.
El viento, para disipar las nubes
antes tuvo que traerlas.

Y aunque no sucede nada a los alrededores,
el mundo no es más pobre en sus detalles,
ni está peor justificado ni menos definido
que en la época de las grandes migraciones.
No sólo a los conjuros acompaña el silencio.
Ni sólo a los monarcas un séquito de causas.
Y pueden ser redondos no sólo los aniversarios,
sino también las piedras solemnes de la orilla.

Complejo y denso es el bordado de las circunstancias.
Tejido de hormigas en la hierba.
Hierba cosida a la tierra.
Diseño de olas en el que se enhebra un tallo.

Por alguna causa yo estoy aquí y miro.
Sobre mi cabeza una mariposa blanca aletea en el aire
con unas alas que son solamente suyas,
y una sombra sobrevuela mis manos,
no otra, no la de cualquiera, sino su propia sombra.

Ante una visión así, siempre me abandona la certeza
de que lo importante
es más importante que lo insignificante.



Może być bez tytułu




Do­szło do tego, że sie­dzę pod drze­wem,
na brze­gu rze­ki,
w sło­necz­ny po­ra­nek.
Jest to zda­rze­nie bła­he
i do hi­sto­rii nie wej­dzie.
To nie bi­twy i pak­ty,
któ­rych mo­ty­wy się bada,
ani god­ne pa­mię­ci za­bój­stwa ty­ra­nów.

A jed­nak sie­dzę nad rze­ką, to fakt.
I sko­ro tu­taj je­stem,
mu­sia­łam skądś przyjść,
a przed­tem
w wie­lu jesz­cze miej­scach się po­dzie­wać,
cał­kiem tak samo jak zdo­byw­cy kra­in,
nim wstą­pi­li na po­kład.

Ma buj­ną prze­szłość chwi­la na­wet ulot­na,
swój pią­tek przed so­bo­tą,
swoj przed czerw­cem maj.
Ma swo­je ho­ry­zon­ty rów­nie rze­czy­wi­ste
jak w lor­net­ce do­wod­ców.

To drze­wo to to­po­la za­ko­rze­nio­na od lat.
Rze­ka to Raba nie od dziś pły­ną­ca.
Ścież­ka nie od przed­wczo­raj
wy­dep­ta­na w krza­kach.
Wiatr, żeby roz­wiać chmu­ry,
mu­siał je wcze­śniej tu przy­wiać.

I choć w po­bli­żu nic się wiel­kie­go nie dzie­je,
świat nie jest przez to uboż­szy w szcze­gó­ły,
go­rzej uza­sad­nio­ny, sła­biej okre­ślo­ny,
niż kie­dy za­gar­nia­ły go wę­drów­ki lu­dów.

Nie tyl­ko taj­nym spi­skom to­wa­rzy­szy ci­sza.
Nie tyl­ko ko­ro­na­cjom or­szak przy­czyn.
Po­tra­fią być okrą­głe nie tyl­ko rocz­ni­ce po­wstań,
ale i ob­cho­dzo­ne ka­my­ki na brze­gu.

Za­wi­ły jest i gę­sty haft oko­licz­no­ści.
Ścieg mrów­ki w tra­wie.
Tra­wa wszy­ta w zie­mię.
De­seń fali, przez któ­rą prze­wle­ka się pa­tyk.

Tak się zło­ży­ło, że je­stem i pa­trzę.
Nade mną bia­ły mo­tyl trze­po­ce w po­wie­trzu
skrzy­deł­ka­mi, co tyl­ko do nie­go na­le­żą
i prze­la­tu­je mi przez ręce cień,
nie inny, nie czyj­kol­wiek, tyl­ko jego wła­sny.

Na taki wi­dok za­wsze opusz­cza mnie pew­ność,
że to co waż­ne
waż­niej­sze jest od nie­waż­ne­go.






Otros poemas de WISLAWA SZYMBORSKA, aquí

Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia
Imagen en El Mundo