Ana Nuño
IV Vuelta a París Regreso de día a la oscuridad. Nada de lo que acontece es visible entre tus altos muros sumergidos. Afuera es aquí un vocablo inútil. De qué me sirven las puertas abiertas, las tardes de infancia y siesta secreta, los profundos pasillos de la fiebre en las inmóviles tardes del trópico. Tu gris diluvio oxida mis cerrojos, tus helechos invaden mis pasillos, tus esponjas me amordazan, tu musgo es una tapia que oculta y condena No sé flotar en tu blandura, deslizarme sobre la casa ahogada y reconocer con fingido asombro el tesoro en mi arca sumergido. Prefiero saltar el muro y caer de pie del otro lado de tu sombra, en el atardecer encandilado, como un felino, preciso y nostálgico II Aquí es el lugar del nacimiento, la sombra generosa de la alcoba, la puerta para siempre abierta a voces que traía y llevaba el aguacero, el cuerpo...