-->

agosto 31, 2021

W.S. Merwin

poesía norteamericana, Berryman



Berryman     




les diré lo que me dijo 
en aquellos años justo después 
de la guerra como entonces llamábamos 
a la segunda guerra mundial 
no pierdas tu arrogancia todavía dijo 
podrás perderla cuando seas viejo 
piérdela demasiado pronto y apenas 
podrás reemplazarla con vanidad 
 
sólo una vez me sugirió
cambiar el orden habitual
de las mismas palabras en un verso
para qué señalar una cosa dos veces

sugirió que le rezara a la musa
que me arrodillara y rezara
allí mismo en el rincón
y lo decía literalmente

era en aquellos días antes de que
se dejara la barba y de que bebiera
aunque ya estaba metido en su propia
vorágine que lograba sortear moviendo
el mentón hacia los lados y la cabeza levantada
como cuando un velero cambia de bando

era mucho mayor de lo que las fechas hacían
suponer mayor que yo él andaba en sus treintas
fruncía la nariz con un acento que creo
que había aprendido a imitar en Inglaterra

en cuanto a publicar me aconsejó
tapiza la pared de tu cuarto con cartas de rechazo
sus labios y los huesos de sus largos dedos tremulaban
con la vehemencia de sus ideas sobre la poesía

dijo que la gran presencia
que todo lo permite y lo transmuta
en poesía era la pasión
la pasión era el genio y elogió el movimiento y la inventiva

yo apenas había comenzado a leer
le pregunté cómo puedes llegar a estar seguro
de que lo que escribes de veras vale la pena
y me dijo no puedes

no puedes jamás podrás estar seguro
uno se muere sin saber
si algo de lo que uno escribió valía la pena
si tienes que estar seguro no escribas



Berryman




I will tell you what he told me
in the years just after the war
as we then called
the second world war
 
don't lose your arrogance yet he said
you can do that when you're older
lose it too soon and you may
merely replace it with vanity
 
just one time he suggested
changing the usual order
of the same words in a line of verse
why point out a thing twice
 
he suggested I pray to the Muse
get down on my knees and pray
right there in the corner and he
said he meant it literally
 
it was in the days before the beard
and the drink but he was deep
in tides of his own through which he sailed
chin sideways and head tilted like a tacking sloop
 
he was far older than the dates allowed for
much older than I was he was in his thirties
he snapped down his nose with an accent
I think he had affected in England
 
as for publishing he advised me
to paper my wall with rejection slips
his lips and the bones of his long fingers trembled
with the vehemence of his views about poetry
 
he said the great presence
that permitted everything and transmuted it
in poetry was passion
passion was genius and he praised movement and invention
 
I had hardly begun to read
I asked how can you ever be sure
that what you write is really
any good at all and he said you can't
 
you can't you can never be sure
you die without knowing
whether anything you wrote was any good
if you have to be sure don't write
 


W.S. MERWIN (William Stanley Merwin, 1927, Nueva York, NY / 2019,  Haiku, Hawai, Estados Unidos de NA)
Traducción de Rafael Vargas
Enlaces:  John Berryman|Nexos | Mula Blanca | El Cultural Ojos de papel  
Imagen:  The New York Time

agosto 28, 2021

Robert Frost: Algo estaba mal


Un pájaro menor     




Yo he querido que un pájaro se marchara 
y no me estuviera cantando tanto. 
 
Cuando sentí que ya no lo aguantaba 
le palmeé desde la puerta para espantarlo. 
 
La falta en parte debe de haber sido mía 
porque el pájaro no cantaba desafinado. 

Y es claro que algo estaba mal
en querer silenciar cualquier canto.



A minor bird




I have wished a bird would fly away,
And not sing by my house all day;

Have clapped my hands at him from the door
When it seemed as if I could bear no more.

The fault must partly have been in me.
The bird was not to blame for his key.

And of course there must be something wrong
In wanting to silence any song.



ROBERT FROST (1874, San Francisco / 1963, Boston, Estados Unidos de NA)
Traducción: José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal
Enlaces: Hablar de poesía | A media voz | Alpialdelapalabra | Otra iglesia es imposible
Imagen: LiveJournal

agosto 27, 2021

Dinu Flamand




Aubade     




la soledad me ayuda a amarte 
como yo no sé amar la soledad 
y dos soledades reunidas 
son una sola sobre dos 
 
ya que las sumas nos separan 
y las multiplicaciones conducen a la muerte 
unámonos separándonos sólo de nosotros 
como juntas llegan a la hierba las ciruelas que abandonan la rama 

podríamos ser la riqueza de este otoño 
así como la respuesta es una buena pregunta 
con nuestros alejamientos llevados al inicio 
donde se tocan lo improbable y lo imposible 
 
si tú no me amas entonces nadie jamás amará 
lo que no existe en mí sin ser amado ni siquiera por mi amor
porque si yo no te amo incluso sin amarte
noamada serás por la más sedienta ausencia del amor
 


Introito




con asombro
mi amor
con todo la furia y con todo
mi asombro
enmarañados en tu regazo
con furia y con toda la furia y mi asombro
y con más que todas las morrenas que arrastra
el bloque de hielo de mi vida
detrás del bloque del hielo de mi vida
con un silencio que no encuentra su mutismo
y con el cabeceo de las manos vibrátiles
y con toda la urgencia de mi balbuceo babeando
la verdadera falsedad de mis palabras
falsas-verdaderas
que salen sonámbulas de la camisa de dormir de la muerte
y con todo el fuego ahogado en mi pavor
de cuerpo de madera de cerezo húmedo bajo una lluvia vieja
y con todo lo que no sé sobre todo lo que creo saber
y con toda la energía que me brinda la ausencia de mí mismo
entrando clandestino a la serenidad que la sorpresa
de tu existencia
trae a mi vida
en ti
me demoro en ti indefinidamente



DINU FLAMAND (1947, Susenii Bârgaului, Rumania)
Fuente: Círculo de poesía | Trianarts | Ojos de papel
Imagen: Diario Digital Luz Cultural

agosto 23, 2021

Ricardo H. Herrera

Lady



   De la enigmática madeja devanada por la Parca a lo largo del tiempo que me ha sido concedido, valoro la hebra de seda que me permitió escribir poesía desde mi adolescencia hasta hoy. Tal privilegio tuvo su contrapeso en el inclasificable medio siglo de vida literaria que me tocó en suerte: los decenios epigonales del vanguardismo de masas. Así las cosas, opté por una posición de retaguardia, intentando salvaguardar la dimensión lírica de la poesía; empeño extravagante, aunque bizarro, ya que por motivos indeseados pero ineluctables, vino a desembocar en la exploración de las fronteras infernales de la poesía.

En las Termópilas, como en cualquier otra retaguardia que se precie, no se estila el desahogo agrio y destemplado, mucho menos la verbosidad, de modo que reestructuré mi dolorido sentir (al decir de Garcilaso) haciendo uso de una herramienta provista de leyes formales que ofrecen la chance de ponerle freno a la emoción, al tiempo que adiestran y multiplican su potencia invasiva. El verso medido o metro, tal la herramienta a la que me refiero, por la singularidad de su origen —ritual, litúrgico, sacro— posee la facultad de acumular energía y edificar un orden significativo, aun con situaciones de vida que nada tienen de edificante, como se comprobará en la secuencia de poemas aquí recogidos.

Al referirse a la oda horaciana, el joven filólogo Friedrich Nietzsche definió cabalmente el furor arquitectónico del poema ideal o clásico: “Ese mosaico de palabras en el que cada vocablo —como sonido, como lugar, como concepto— irradia su fuerza hacia derecha e izquierda y sobre la totalidad; ese mínimo en la extensión y en el número de los signos, ese máximo en la energía de los signos que con él se logra; todo eso es romano y, si se me quiere creer, noble por excelencia.” Le he creído, naturalmente; y, al igual que los clásicos de nuestra lengua, he seguido el camino del arrogante epicúreo que escribió sus odas hace dos milenios.


R. H. H Sierras de Córdoba, 4 de abril de 2021


A fines de 1995




Lejos del sucio hotel de la ciudad,
como quien retornara al viejo hogar.

Se trata de dos versos que escribí
en el mejor momento de mi vida,
remate de un soneto a Mastronardi.
“Prefiero el sucio hotel al viejo hogar”,
dijo ella sonriendo. Y yo, turbado,
no comprendí el desdén por la provincia,
no comprendí su apego a la bajeza,
al sucio antro del desnudo vicio.
Dejé pasar lo que era una advertencia
del porvenir, de la inminente ruina
de la felicidad con que escribí
ese homenaje al lírico anticuado.



Oceano nox


Sobre un tema de Herzen


Todo empezó a llevar la negra impronta 
de la tormenta en ciernes. Torturaban
el insomnio y el miedo, el despecho y la cólera,
la ruptura en el flujo de la vida. 

La despreocupación, lo que hacía grato
el transcurrir del día, se convirtió en un pozo
de oscuridad y angustia. Noche oceánica
sin Vía Láctea, sin confín, sin nido.

Ya nada era intocable, ya nada era sagrado.
Lo impensable arrollaba sin piedad.
Celos retrospectivos por un lado,
por el otro un mohín de prostituta.



Melodrama



                Tu falo de fulgor, mis senos de aflicción...
Pierre- Jean Jouve


Lacónico y de cruda desnudez,
el verso es un retrato de los dos.
Esbelta pincelada que a él le evoca
su avidez por la boca de pasión
y un lujoso verano en sexo y sol.
El fortuito equilibrio de la línea
trastabilla en los puntos suspensivos.

Acertijo u oráculo, en efecto,
esos senos no anuncian nada bueno.
¿Qué ocultaba su pecho? Ella recita:
“Me excitaban lo exótico y lo rudo,
la violencia secreta de entregarme
a lo desconocido y poseer
el dominio del otro en el placer.”

Estarían sitiados —rumió Jouve—:
el sumiso y la sádica, dos prófugos
mutuamente atraídos por sus sombras.
No obstante ese atenuante favorable, 
los condena el presente a ser fantasmas. 
Sólo queda el silencio y un bufón 
que ríe junto al fuego, socarrón.

El fuego es elemento del Infierno
y en todo melodrama hay un bufón.
Lo encontramos en Shakespeare y hasta en Yeats,
y —sorprendentemente— en Don Antonio,
el amante de Soria y de Leonor.
¿Un Machado menor? Habría que ver
ese estilo tardío, de vejez:

Yo no sé por qué razón,
de mi tragedia, bufón,
te ríes... Mas tú eres vivo
por tu danzar sin motivo.

Intentar descifrar al ser amado
y a aquello que lo mueve es un peligro
del que no sale indemne el analista.
Él ya ha olvidado, dice, pero agrega:
“Recliné mi cabeza en esos senos; 
todo mi ser y toda mi poesía 
encontraron la paz en esos senos”.



RICARDO H. HERRERA nació en 1949, en la ciudad de Buenos Aires. Poeta, ensayista, traductor y editor,  dirigió durante casi dos décadas la revista-libro de aparición semestral Hablar de Poesía, de la cual se  publicaron 35 números a partir del año 1999. En su lírica personal se destacan los poemarios de madurez  titulados Estudios de la soledad (1995), Imágenes del silencio cotidiano (1999), El descenso (2002), Por la  puerta entornada (2009) y Herrera el Viejo (2020). Pre-textos publicó en 2008 el volumen El espíritu del  páramo. Antología poética 1977-2007 y en 2016 el poemario La última nostalgia. Paralelamente a su  actividad como editor, Herrera ha trabajado con perseverancia el ensayo y la crítica literaria: La ilusión de  las formas (1988), La hora epigonal (1991), Espera de la poesía (1996), Lo entrañable (2007) y Qué  importa la poesía (2016) son los títulos que recogen parte de esa obra. En una zona intermedia entre la  poesía y el ensayo se ubica su diario de poeta titulado De un día a otro (1997). Su afición a la traducción  poética cristalizó en sucesivos volúmenes que incluyen versiones, ensayos y notas sobre poetas italianos  relevantes: Copia, imitación, manera (1998), Instantes italianos (2008), Secreto del poeta (2010) y A la  busca de la poesía perdida (2018).
De: "Lady Macbeth", Barnacle, 2021 
Imagen: Rafael Sanzio

agosto 21, 2021

Fiona Benson por Daniel Lipara

poesía inglesa


Canción del bosque




Hijas, cuando ellos vengan
nos vamos a esconder entre los árboles,
pasando la pradera
y el huerto,
de lugar en lugar,
hasta que seamos ciervos en el bosque
(una hembra de patas rápidas
junto a las crías)
vamos a escabullirnos entre matorrales
o ir por el curso del agua que no tiene olor,
seguir el liquen
que se aclara al norte,
las mantendré calientes
cuando anidemos
bajo el techo enredado
de las ramas,
y al despertar temprano
nos tocará seguir, seguir, seguir,
bajo la oscura mano amiga
de las nubes,
dejando a nuestro paso
un rastro ínfimo,
y cuando nuestras patas caigan
ellos caerán como lluvia,
y no seremos presa,
y el daño no vendrá,
así que no se alejen, hijas,
del bosque en que corremos,
porque nosotras somos huellas en el rocio
disipándose al amanecer,
somos niebla, somos lluvia,
nos fuimos.




Wood Song




Daughters, when they come
we will hide in the forest.
we'll cross the meadow
and the orchard, 

their shifting rooms,
till we are deer in the woods -
the quick-footed hind
and her fawns -

and we'll slip through the thickets
or take the water's scentless course.
and follow the lichen
brightening north. 

and I'll keep you warm
where we nest
beneath the bracken 's
tangled roof. 

and in the morning when we wake
we will move. move, move,
beneath the dark forgiving hand
of the clouds. 

with the slightest weather
moving on,
and when our feet fall 
they will fall like rain,
 
and there will be no catching us,
and no harm will come,
so keep close daughters
in the woods where we run, 

for we are tracks in the dew
vanishing at dawn,
we are mist, we are rain,
we are gone. 





FIONA BENSON (1978, Wroughton, Inglaterra, Reino Unido) 
Traducción: Daniel Lipara. Otras traducciones de Daniel Lipara, aquí
Enlaces en inglés: Granta | The White Review
Imagen: The Guardian

agosto 19, 2021

Felipe Moncada Mijic



A la manera de Rubén Jacob & T. S. Eliot      




Si Estación Central fuera el tiempo 
y toda esa gente colgando de las micros 
o alrededor de un carro de frituras 
comentaran un asalto con el cabo de guardia. 
O si un repartidor del Boston 
se meciera en un trigal 
más allá de los últimos vientos,
el profesor
entraría a un local de comida rápida
y luego de revisar
por tercera vez su carpeta
vería un ballet de paraguas negros
y la lluvia mojando suplementeros.
Pero los ambulantes
improvisan refugios de nylon
o huyen con su mercadería
como si las escaleras fueran el tiempo,
mientras un indigente del tren subterráneo
recita yambos del fin del mundo
a los que suben y bajan
como si llegar fuera una posibilidad.



Febrero 27




La catástrofe como espectáculo
sin luz ni agua
entre los escombros del barrio Norte.
Con familias
alrededor de las fogatas
como si de pronto
se viviera el terremoto de Chillán
mil novecientos treinta y nueve
polvareda roja, y mi viejo
jugara en las ruinas a los pistoleros
o llegáramos a Talca el año veintiocho
cuando se borraron los caminos al Mercado.
Aquí ha caído el Hotel París, nunca más
se colgará un vendedor viajero de las vigas.
Allí la calle 10 Oriente
borrada su mitología de cafiches
mientras sigue temblando
en la calle del Comercio
con tiendas de los turcos: La Bola de Oro
El Gallo, con telas traídas por Simbad
a la ciudad del adoquín y señorío surrealista
pura grieta y gárgola volcada en la vereda.
Vi un hombre en las ruinas de su tienda
hacer figuras en el suelo con un palo.
Vi pobladores correr con mercadería
como si fuera un día de ofertas, no
no es el dolor un escenario
y donde ayer hubo un local de tatuajes
con calaveras pintadas en el muro
están hoy
el acordeón chato de una cortina metálica
y el peso terrible de unos cuerpos tendidos,
como si de pronto
se quebrara la memoria en trozos de barro
y cien años
se pudieran liberar en tres minutos.



Torpederas




A esta playa
donde se bañan los perros vagos y palomas se pelean
                la basura de turistas
vienen los buses del orfanato, las viejas familias del
                 sector y plásticos que ruedan en la eternidad
                 de la arena.
Como los muchachos de Whitman que se bañan
                 desnudos en el río
pero en versión porteña:
asolean cicatrices, fuman yerba y pierden la vista en
                  los pelícanos, tatuados por quinientos pesos
                  con el escudo del cacique.
Desfilan los cuerpos que no saldrán en las revistas:
la madre de cuatro chicos, con su cicatriz de la cesárea,
el moreno tajeado con el pellejo pegado al espinazo,
la niñita con su polera mojada,
la gorda que grita a su hija: ¡Yamila, ven paracá!,
el tata de gran barriga, un monstruo de peluche con
                    la espalda manchada de lunares.
Para todos
un viento que hace tambalear gaviotas, vuela carpas
                     y servilletas que envolvieron huesos de pollo,
para todos la espuma dibuja galaxias de leche, burbujas
                     que los chicos persiguen en calzoncillos.



FELIPE MONCADA MIJIC (1973, Quellón, Chile)
De: "Migratorio", Ediciones Inubicalistas, 2018.
Enlaces: Círculo de poesía | Poesía Lat
Imagen: Geofrey Johnson 

agosto 12, 2021

Paula Cantarero: Como esta casa a punto de quedar sola


Pesadillas     




Anoche soñé con una lechuza.  
Soñé que extraños entraban en la casa.  
Soñé que un íncubo se sentaba sobre mi corazón.  
¿Qué es un íncubo, madre? 
Una gárgola de piedra.  
Una incertidumbre.  
Soñaba, cada noche, que estabas  
atrapado en la cabina de un crucero.  
Desde tu cabeza había una distancia 
de tres botellas de agua mineral pequeñas 
hasta los cuatro muertos apilados  
en la litera de arriba.  
Soñaste con un dron, que bailaba frente a vos 
como un colibrí en cortejo de apareamiento.  
Soñé que tenía sed y no había ríos en el mundo.
Soñé que hablaba cuchillas que al salir de mi garganta 
me partían en dos. 
Me vi empujando a mis hermanos a un abismo. 
Pensé en esas personas que se mueren durmiendo
y todos diciendo: se murió tranquilo, feliz.



La vida es sueño 



Un estudio en National Geographic 
dice que uno de los efectos de la peste
es el aumento del recuerdo de los sueños.
Mis hijos sueñan que se les caen los dientes. 
La interpretación clásica enumera
temor a una pérdida y miedo al ridículo. 
Sueño que tengo que entregar un trabajo 
a una jefa que me martirizó en el pasado. 
No tengo equipo y no hay redes sociales. 
El mundo entero es escenario 
de catástrofe. Venecia sin agua: 
ruinas. Canales de agua sucia. 
Pasillos donde acecha la muerte. 
Cada villa italiana, palacio, casa, 
departamento, pe hache, pabellón,
calabozo, es un crucero
perdido en la inmensidad del mar,
en medio de la noche. 



La incertidumbre de los signos




Como un predador que pasa un largo invierno
sin sangre tibia, sin huesos que roer.
Como un amor que muere y descubrimos, 
tiempo después, su cuerpo abandonado.
Como el fantasma de unas ganas de fumar.
Como la reconstrucción de la noche
después del black out. 
Como el apodo con que te llamaban de niña
que hoy resuena como el eco en un pozo.
Como el virus, que sólo puede estar vivo
en el cuerpo que anida hasta matarlo.
Como la deriva que arrastra 
muertos sin nombre a las orillas del día.
Como la almohada que abrazo. 
Como esta casa a punto de quedar sola.



Ensayo de verano 




La serena lectura 
de un libro de Pavese, 
las colinas de lengas
que proyectan las nubes
sobre el balcón colgado 
hacia un río que nunca 
llego a ver. Como los vagos 
apellidos que vienen 
a la mente y son piedras 
pulidas a mis pies
que nadie trajo.
Los truenos en la siesta,
la reposera sola
y el transcurrir del día
como un cuadro por el que pasa la luz.
La canasta de frutas 
dispuesta en la mañana 
para expresar cierta idea de abundancia 
que sólo el tiempo viene a lamer.



Ensayo de verano, poesía argentina
PAULA CANTARERO (1973, Bell Ville. Reside en  Río Ceballos, Córdoba, Argentina)
De: "Una casa en la noche", Barnacle, 2021

agosto 09, 2021

Lali Tsipi Michaeli




La casa que siempre nos esperará     





Salimos de la casa 
y miramos la casa. 
Vemos cómo la luz irrumpe 
e ilumina la pared sobre la que 
cuelga el retrato de Lea. 
 
Nikel.(*) 
 
Me pregunto si un extraño 
podría reconocerla a ella 
según la sección del dibujo 
que alcanza a verse desde el exterior. 
 
El balcón, desde este ángulo, 
parece amplio. Allí sentados 
la sensación es de mayor gentío. 
 
Los vecinos, a izquierda y a derecha,
se ciernen sobre nosotros.
Una luz minúscula emerge
de los vecinos de la derecha
y la vecina de la izquierda
ha cerrado los postigos.

Allí se está a oscuras
permanentemente.

Se ve que han invertido en esa casa
algo de inspiración.

No han dejado piedra sobre piedra,
volcaron cemento
pusieron ventanas
plantaron puertas
para su uso
funcional.
Que haya
un techo.

Vayamos ahora al mar.
Démosle al cuerpo
lo que es del cuerpo.
La casa siempre
nos esperará
como un perro
que es feliz
cada vez que nos ve.


* Lea Nikel (1918-2005). Pintora abstracta israelí.

LALI TSIPI MICHAELI (1964, Georgia. Emigró a Israel cuando niña)
Traducción: Gerardo Lewin
Fuente: De_canta_sión
Imagen: YouTube

agosto 08, 2021

Hotel Lautréamont, por John Ashbery

Hotel Lautréamont, por John Ashbery
El poeta John Ashbery sentado en un sillón color beige claro con rayas verticales. El poeta viste una camisa azul casi negra. En el fondo a la derecha se aprecia un mueble con algunos libros desordenados



 1.     

La investigación demostró que las baladas fueron producidas por toda la sociedad 
trabajando como un equipo. No ocurrieron por sí solas. No hubo conjeturas. 
Las personas, en aquel momento, sabían lo que querían y cómo conseguirlo. 
Vemos los resultados en obras tan diversas como “Windsor Forest” y “The Wife of Usher’s Well”.   


Trabajando como un equipo, no ocurrieron por sí solas. No hubo conjeturas. 
Las trompas de Efland pasaron volando, y en pocos segundos 
vemos los resultados en obra tan diversas como “Windsor Forest” y “The Wife of Usher´s Well”, 
o, en una nota más moderna, en el final del concierto de violín de Sibelius. 


Las trompas de Efland pasaron volando, y en pocos segundos
el mundo, como sabemos, se hunde en la demencia, como demuestra la narrative passé,
o en el final del concierto de violín de Sibelius.
No te preocupes, muchas manos están haciendo el trabajo más fácil de nuevo.


El mundo, como sabemos, se hunde en la demencia, como demuestra la narrative passé.
En todo caso, la decisión está pendiente desde hace mucho tiempo.
No te preocupes, muchas manos están haciendo el trabajo más fácil de nuevo,
así que quedémonos adentro. La búsqueda era sólo otra aventura.



2.

En todo caso, la decisión está pendiente desde hace mucho tiempo.
Las personas están fuera de sí, extasiadas,
así que quedémonos adentro. La búsqueda era sólo otra aventura
y la solución problemática, de cualquier modo lejana en el futuro.

Las personas están fuera de sí, extasiadas,
sin embargo, nadie se pregunta el origen de tanta euforia colectiva,
y la solución: problemática, de cualquier modo lejana en el futuro.
El saxofón se lamenta, la copa de martini está vacía.


Sin embargo, nadie se pregunta el origen de tanta euforia colectiva.
En tiempos difíciles uno miraba al chamán o al sacerdote para el consejo y el consuelo.
El saxofón se lamenta, la copa de martini está vacía,
y la noche como un negro plumón de cisne se instala en la ciudad.


En tiempos difíciles uno miraba al chamán o al sacerdote para el consejo y el consuelo.
Ahora, sólo quienes tienen la voluntad están destinados a recibir la muerte como una recompensa,
y la noche como un negro plumón de cisne se instala en la ciudad.
Si intentamos salir, ¿nos ayudará estar desnudos?


3.

Ahora, sólo quienes tienen la voluntad están destinados a recibir la muerte como una recompensa.
Los chicos bailan hula-hula, imaginando una puerta al exterior.
Si intentamos salir, ¿nos ayudará estar desnudos?
¿Y qué hay de los mayores, las preocupaciones más ligeras? ¿Qué hay del río?


Los chicos bailan hula-hula, imaginando una puerta al exterior,
cuando todo lo que pensamos es cuánto podemos cargar con nosotros.
¿Y qué hay de los mayores, las preocupaciones más ligeras? ¿Qué hay del río?
Todos los gigantes fueron archivados a través del laberinto del tiempo.


Cuando todo lo que pensamos es cuánto podemos cargar con nosotros
no sorprenden aquellos que en su casa se sientan, nerviosos, junto a la apagada chimenea.
Todos los gigantes fueron archivados a través del laberinto del tiempo.
Sólo nos queda llegar a un acuerdo con nuestras cosas en común.


No sorprenden aquellos que en su casa se sientan nerviosos junto a la apagada chimenea.
Fue  su elección, después de todo, la que nos impulsó a las hazañas de la imaginación.
Sólo nos queda llegar a un acuerdo con nuestras cosas en común
y al hacerlo destituimos al tiempo de más rehenes.


4.

Fue su elección, después de todo, la que nos impulsó a las hazañas de la imaginación.
Ahora, silenciosamente como alguien que sube una escalera, emergemos hacia la luz
y al hacerlo destituimos al tiempo de más rehenes,
para poner fin a la disputa que la historia hace tiempo comenzó.


Ahora, silenciosamente como alguien que sube una escalera, emergemos hacia la luz
pero está envuelta, velada: debimos haber cometido algún error espantoso.
Para poner fin a la disputa que la historia hace tiempo comenzó
¿Debemos empujar hacia delante, en la perversidad?


Pero está envuelta, velada: debimos haber cometido algún error espantoso.
Enjuagaste tu frente con una rosa, recomendando sus espinas.
¿Debemos empujar hacia delante, en la perversidad?
Sólo la noche lo sabe con seguridad; el secreto está a salvo con ella.


Enjuagaste tu frente con una rosa, recomendando sus espinas.
La investigación demostró que las baladas fueron producidas por toda la sociedad;
sólo la noche lo sabe con seguridad. El secreto está a salvo con ella:
Las personas, en aquel momento, sabían lo que querían y cómo conseguirlo.



Otro poema de JOHN ASHBERY, aquí
Fuente: Diario Perfil
Imagen: La Nación

agosto 06, 2021

John Galán Casanova

Aeropuerto


Aeropuerto     



Tu futuro se eleva en línea recta. 
Se esfuma en el horizonte como un pájaro. 
El mío se queda aquí. 
Contra el ventanal del aeropuerto 
que rozo con la punta de la nariz. 
Sé lo que me corresponde 
en el próximo episodio 
de nuestra historia de amor: 
fundirme a la ausencia para embellecerte 
y recorrer la ciudad 
convertida en los pasillos 
de una inmensa sala de espera 
donde se escucha: 
PASAJEROS DE LO PASAJERO, 
FAVOR PASAR A BORDO.




El insomnio tiene zancos



El insomnio tiene zancos
para golpear en la ventana
de mi sexto piso.
Son las tres de la mañana
cuando escucho cantar un gallo
por milésima vez.
Pobre animal,
ha perdido la noción del alba
como una veleta de lata
mecida por el tiempo loco
de esta ciudad
donde todo muere
y nace de continuo.
Aún no asoman
las primeras luces de la mañana
pero siento una lámpara halógena
instalada en la mente.
Son glaciales las luces nocturnas.
Aguardo con estupor la llegada del sol,
como un vampiro incapaz de rehuir el día.


JOHN GALÁN CASANOVA (1970, Bogotá, Colombia)
De: "Al pie de la letra", Antología, Univerdidad Externado de Colombia, 2008 
Enlaces: Antonio Miranda | Universo Centro
Imagen: Seshar Ediciones


agosto 02, 2021

Alice Oswald

poesía inglesa


Secretaria de ensueño     




Lo último de cada noche, salir a la luna. 
Ponte el abrigo viejo, cierra la puerta del jardín. 
Enrolla mangas viejas. Brazos oscilantes. Pobre alma. 
Piensa en la puesta de la luna. Salida de la luna. Todo funcionando 
según lo programado. 
Mundo en blanco y negro. Camina por el carril. 
Lo último de cada noche. Busca la luna. 
No hay señales más que lluvia. Casi de vuelta a casa. 
Una última más rápida. Mira hacia la luna. 
  
Ojos despojados de las tinieblas. No puedo evitar notar 
El pequeño resplandor de la lámpara de escritorio. 
Como desde la ventana de arriba.
Hombro de mujer. Ahí está ella.
Muy vieja pobre alma, tal vez ya se haya ido.
Lo último de cada noche, enciende y apaga.
Enciende y apaga. Pequeño halo de antorcha de mano.
Ahí está ella. Lo último de cada noche.
Dejando ver solo la luz de una manga blanca.
 
A veces la luna es más una ventana de arriba,
Cortinas no del todo corridas pero iluminadas por dentro y habitadas.
Y a veces la luna es menor y
A veces se mueve detrás y a veces se ha ido.
A veces es la luna. A veces es la lluvia.
 
 

Madre




Estoy esperando a una lechuza común.
Manteniendo intacta mi paciencia
Para una criatura blanca mucho más tranquila
Hecha de puntales de cometa y cuchillos.
 
Esperando un poder
Apareciendo solo cuando esta la niebla en flor
Y las arañas cierran todas las rutas hacia los campos.
 
Con los dedos del anochecer que se flexionan lentamente
Viniendo más lentamente, dolorosamente vivo.
 
¡Fuera de alcance! Fuera de alcance!
Ella trabajará su turno
Como un mecánico que desengancha un auto de manera experta sin que parezca,
  
Tirando de los cordones de sus alas
Como dos velas rígidas ..)
 
Estoy esperando a una vieja reina deshilachada
Para caminar hacia esa ventana:
 
La que brilla como la luna
Pero caga en las paredes,
Ella cuya casa no tiene libros
O baño.
 
La que mira a su hijo muerto
Y nunca arregla
Su ropa de cuna carcomida por ratas…
 
Esperando a la madre trabajadora
Posee esos huesos plumosos.
 
Algún tipo de aversión a la luz
Para enseñarme su mansedumbre.
 

ALICE OSWALD (1966, Reading, Berkshire, Inglaterra, Reino Unido)
De: "A Sleepwalk on the Severn", Faber and Faber, 2009
Traducción para El poeta ocasional: Pablo Queralt
Fotografía de Antonio Olmos