Qué manos En la primera “Pietà” de Miguel Ángel la mirada no se detiene en la figura de Jesús, aunque sea central aunque sea después de la muerte en espera de la resurrección. Se detiene en las manos de la madre. Falta una de las manos, escondida con vacilación, no sabe cómo proteger, cómo existir, no puede abrazar, puede solo sostener y desplomarse bajo ese peso. La otra mano queda libre, se ha detenido con extrañeza, puede apoyarse también con ella o tenderla, pedir, buscar compasión, tocar otra mano viva también, desde que tengo memoria de mí misma, sueño esta vacilación y no puedo decidir a qué manos fiarme a esas que quieren dirigir, guiar, mostrar el camino, enseñar, porque les gusta proteger, o aquellas que absorben y te obligan a huir de ellas… así sucede cuando la vida depende de manos ajenas. Cada nueva mañana,...