Imagen: Radio Nacional
julio 31, 2022
julio 30, 2022
Rolando Revagliatti: Siga la flecha
Ella adujo
-Estoy interferido, es por eso-
musitó él
presa de confusión
-Ganado que hubo el más mejor
amado mío
sólo te resta
reconocer la derrota-
adujo
con sosiego exultante
la interferencia.
La falta de la sobra
No tiene pies ni cabeza
esto no tiene
ni pies
ni cabeza
Debe ser un sueño
Sin pies
ni cabeza
debe ser el sueño de un soñante
con predominio en pies
& cabeza.
Tan propia
Cuando no estoy en parte
alguna
me extrañás
vos
por esa condición
tan propia
de no faltar
jamás
de todas partes.
Las cuatro
Las cuatro verdades
de mi vida privada
con groseros recortes
por las cuatro tijeras
de mi vida pública:
como cuatro frescas
las cuatro tijeras.
No carecer
Aturde como todo
lo que aturde:
con carácter irreversible
para los que no
carecemos de carácter ni de
irreversibilidad
ni de pronunciada propensión
al aturdimiento.
Siga la flecha
Aquí, donde he llegado
no sé qué es
Sé que
sin saber a dónde
he llegado
he sabido
dirigirme.
julio 28, 2022
Gladys González
pequeñas cosas
porque uno
puede morir
por las pequeñas cosas
como por el gracioso baile
de las esporas
que se arrastran
por la tela
de mi vestido
por el silencioso crujir
de la pintura hinchada
reventando en un día de lluvia
esparciendo un polvillo rosa
sobre mi nuca
paraíso
aquí no hay glamour
ni bares franceses para escritores
sólo rotiserías con cabezas de cerdo
zapatos de segunda
cajas de clavos martillos alambres y sierras
guerras entre carnicerías vecinas y asados pobres
este no es el paraíso ni el anteparaíso
tul
quiero verte en tu cama de hospital
contagiarme de tu muerte
bañarte con una esponja
como a los bebes
escribirte en el borde de las piernas
«no me dejes»
dibujarte la cara
con los granitos de arroz de mi plato
curarte los moretones del ojo
te haría el amor
desde esta esquina
despacito
sin tocarnos
porque yo sé que no puedes estar conmigo
y no me importa
me aguanto las ganas
me como el deseo
te regalo mi chaqueta
mi vestido de tul
mi casita de la zona sur 1
1 los amigos dicen que soy una tonta
que quieres experimentar
yo les digo que soy un tubo de ensayo
me miran y mueven la cabeza
saben que voy a sufrir
yo les creo todo
duermes en tu cama de hospital
y yo pongo más números
a mi lista de fracasos
me voy marcando la carne
con alambres y clavos
me voy convirtiendo en la explanada de tu llaga
transitorio
la espera
en una sala alfombrada
un servicio de aduana
revisión de equipaje
en un terminal
semi vacío
bus a medianoche
La caraqueña
en una radio a pilas
en algún lugar
del desierto
mientras se arma
una fila en el baño
de cholas
gringos
mujeres embarazadas
acantilados de sal
cielo abrasador
azul
e inmóvil
el vergel
y el cementerio
de bolsas plásticas
en la frontera
estación de camiones
aymaras con ojotas
y sacos
durmiendo
en la madrugada gélida
frente al puesto de cambio
buscar hotel
dormir
con la luz encendida
comprar comida
en el barrio de abarrotes norte
cebada
habas
leche de tigre
rocoto
trufi
tutuma
chicha precolombina
veneno
ceguera y locura
la nieve del desierto
penetra en la piel
abre y aceita
la herida
policía internacional
revisión de equipaje
ferry
taxi
subway
blue moon
y vodka
barrio chino
latino
vietnamita
chicos negros
haciendo ejercicio
con el torso desnudo
en los fierros
de un semáforo
en Harlem
registro internacional
revisión de equipaje
tráfico
calor húmedo
carnitas
pulque
horchata
el Pacífico
una orilla de metal
y alambres de púas
en la costa
border patrol
cámaras de seguridad
homicidios
desapariciones
mujeres empaladas
Tijuana
Xochimilco
DF
Tecate
León
Guanajuato
Juárez
Nogales
oficina de registro
cambio horario
la sal
haciendo una muralla
de recuerdos
en la carretera
una mochila
con tickets de avión
tarjetas de metro
boletos de bus
cuadernos con notas
libros
folletos de museos
una botella de whisky
con canela
un mezcal añejado
singani
el tiempo detenido
la disciplina de olvidar
negar
dejar atrás
no invocar como estado
ni la vigilia
ni la abstinencia
jamás
escarcha
paseo por la cocina
con una taza de té
de amapola
dibujando ciudades
con la escarcha
de mis huesos
escucho
motores de aviones
que practican
horas de vuelo
sobre el techo
de mi pequeña casa
el sonido
de la lluvia
golpeando
los cardos
de la calle
destrozando
la belleza
de lo primitivo
trazado
el dolor en el pecho
solo aparece
algunas noches
cuando regreso
a esa guerra perdida
hace años
ya no hay cansancio
ni grandes equivocaciones
ni carreras sin final
contra la pared
por ahora
la sangre sigue su curso
hacia atrás
aquí
el cemento
aún
está limpio
GLADYS GONZÁLEZ (Santiago de Chile, Chile)
De. "Pequeñas cosas", Poesía reunidad 2004/2017, Ediciones del Cardo, 2019
Enlaces: Liberomerica | Poesía | Pájaros Lanzallamas | Docplayer | Descontexto
Imagen en lajugueramagazine.cl
julio 27, 2022
Emilio Malagrino
Campo de posibilidades
¿Cómo dejar de vivir todo el tiempo,
preso de una gradación infinita,
agotando los espacios donde el ser reposa
—por momentos—
en el sillón de la percepción vacua
capacitando la visión del creciente polvo en un rincón sólido?
¿Cómo dejar de razonar un poco,
y abandonar la fisura del hiato,
ese afán de asechar la interminable sensación
de poder compactar toda locación psíquica,
hasta rumiar el campo de lo imposible
incapaz de ser abarcado por una sentencia?
La omisión
Los dedos que intentan
asir entre los pelos
aquellas letras
que ahora se me escapan
y decían
“hasta acá llegué”
o “llegamos hasta acá”
o “no llegamos sino hasta acá”
Mi cabeza como un canasto
entre los dedos
deja caer chorros de recuerdos
imágenes en cascada
La ruptura
que fue nuestra,
me rompe un vacío
que llaman alma,
¿o era angustia?
Leo libros entre los dedos
para recordar sensaciones
ansiosa invasión
de una anatomía en consumición
que no atrapa más que
ranuras y ojales,
ventanas y pozos ciegos
Los bordes,
como los dedos,
intentan asir
el atolladero de un volcán
el hueco sin fin
de los recuerdos.
EMILIO MALAGRINO (Cuidad de Buenos Aires, Argentina)
De: "Campo de posibilidades", Barnacle, 2022
Imagen en Tuut'Art, Andrew Wyeth
De: "Campo de posibilidades", Barnacle, 2022
Imagen en Tuut'Art, Andrew Wyeth
julio 24, 2022
Valeria Cervero Daer
se impregna
de la humedad de este día
absorbe su calor, su vértigo
su olor a arena rancia
no pide más pretextos
que el de la música que apaña
cada resto de sí
una mínima parte
de dicha o desconsuelo
parece decir
que todavía
Otros poemas de VALERIA CERVERO DAER, aquí
Fuente: Facebook Ricardo Ruiz
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Fuente: Facebook Ricardo Ruiz
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julio 23, 2022
Mario Arteca
Bluehawks (Thelonious Monk, 21 y 22 de Octubre, 1959)
a Alberto Giordano
“Si hay alguna influencia entre nosotros, sólo puede haberse producido en la dirección opuesta”
T. M.
Pero de alguna manera, la dificultad está incrustada
en el placer. En esa época, tenía un montón de espera
en el reloj, y aún no lo sabía. Ninguna persona se mostró
para advertírmelo. Yo no decía “adiós” o “hasta mañana”,
sino simplemente “hasta la próxima”: una bola arrojada
a la capa asfáltica de las posibilidades. Finalmente,
nadie sabe cuál es la referencia a la que se apunta,
porque aquello forma parte del parque lunar que fuera
demolido para establecer en el lugar un estadio de fútbol,
muy pintoresco, una caja de fósforos con sus icónicos
patitos en fila estampados en la marquesina del paquete.
Cada vez que raspábamos sobre su lomo, iba consumiéndose,
de afuera hacia adentro; se vaciaba como sacos de calamar
antes de ingresar a la fritura. Lo mismo cuando decimos
“hasta la próxima”, dado que el mañana se extiende
entre fallidos pronósticos de lluvia a mediano plazo.
Lo que suceda con nosotros no lo sabemos sin predecirlo,
en tanto se pongan en marcha procesos de aproximación.
Por otra parte, el destino nunca estuvo escrito; antes
habrá que someterlo a prueba, a fuerza de insistir
en las certezas. Es lo que produce la fascinación
de lo complejo: al tiempo que se muestra oculto,
transita transparente. Mientras tanto, nos entregamos
a algo que puede cambiar la perspectiva, rápidamente,
donde todo se disuelve en una humedad brillante,
pero casi nadie está preparado para recibir sorpresas
y pocos aceptan eso sin desconocer las consecuencias.
De todos modos, muchos expresan cosas importantes
que sólo son importantes para ellos; lo que no debería
apresurar ningún tipo de impugnación de nuestra parte,
salvo que lo dicho sea más ordinario que la superficie
donde ahora lustro una mesa de fórmica, heredada
de un padre adicto a la extrema limpieza de una mesa
imitación caoba. Incluso también puede que el tiempo
y los anabólicos transformen a los arquitectos
en pianistas de jazz. Todo es aleatorio si se muestra
reconocible. Me sucedió hace pocos meses, mientras
caminaba junto a dos bellas mujeres, cuyo contraste
conmigo hacía que la diferencia sea más notoria.
En situaciones así, una interrupción casual desconecta
el punto donde debe mantenerse el equilibrio. Por cierto,
es precisamente ahí –decía– donde a menudo confundo
un elefante blanco con la aparición de un benteveo
sobre la soga de tender la ropa. Y ocurrió de esa manera.
Sin embargo, llama mucho la atención cómo algunas
personas toleran el hecho de canjear su identidad cuando
ésta va de la mano del malentendido. En el pasado reciente,
aquello se dio en forma devastadora sobre los cuerpos,
y aún seguimos pagando los alcances de la pérdida.
No obstante, ya se sabe, nada se completa por naturaleza.
Imagínate que, por algún motivo, pasás de un vino a otro
y estás allí a punto de sentir una continuidad, de B a C.
Pero si te preguntás cómo llegaste de A a C, no existe
conexión alguna. Y enseguida sucede la misma cosa:
Hiroshima, La Cacha, Srebrenica, Jasenovac, El Vesubio,
etc. Como si flotaras a través de los hechos en medio
de un trance de hipnosis, cuyo maestro de ceremonia
rompa el encanto porque sí, con un chasquido de dedos
y, pese a todo, volvieras al lugar donde te dejaron dormido.
Podés enamorarte de quien quieras, querido/a: una mujer,
un hombre, una ciudad, o bien del espacio preferido
donde dejás la piel cocerse lenta al sol de la mañana,
o acariciando un amuleto de la suerte; también del delantero
de tu club favorito, antes del poner el dedo al azar cuando
girabas entumecido el globo terráqueo en la biblioteca
familiar y, de pronto, de la nada, nazca desde el índice
un país desconocido, con esos nombres ajenos a tu cultura
ya oxidada. Aunque eso nunca dejará de ser un territorio
vacante donde poner en adopción tus propias palabras.
Es más fácil hacerlo rápido que construir algo interesante
sobre un tempo lento. No deja de ser sólo una opinión.
Entonces –parafraseando a Edward Field–, “una mala
crisis es una crisis propia”. Eso mismo sentía cuando
intentaba imitar el movimiento de las manos de los grandes
pianistas sobre un teclado repleto de marcas de humedad,
junto a restos de grasa de pollo encima de la mesa diaria,
trozos grillados a las apuradas cada mediodía de una vida
por entonces. Después, todo se hizo diferente, incluso
idéntico. Uno no tiene derecho a volverse incoherente,
de caer en la anarquía hasta el punto de no construir nada,
de hacer un montón de cosas, unas detrás de otras, y que
todas sucedan como si hubieras nacido de madres diferentes.
Esto no es más que un sueño. Al principio, no teníamos
idioma, y a pesar de ello tuvimos que aprender la lengua.
No teníamos religión y, en realidad, no teníamos casi nada.
Una vez te dije que algún día “necesitarás de esa fabulosa
inconsistencia” que te ofrecía en su momento. Eso sigue
en pie. De todos modos, tenemos la impresión de que,
a fuerza de hacerlo juntos, fuimos tallándonos a nosotros
mismos. No siempre eso funciona, porque se corre el riesgo
de pertenecer a una banda sonora demasiado monocorde
que ni el mismo John Cage se animaría a escribirla.
Es así y nadie puede hacer nada. Otros se habrían puesto
tristes al ver el desenlace de estas acciones, aunque
habrá que aceptar la situación tal como está. Me decía:
“Ahora no es mi turno, pero tal vez mañana...”. Sabés
de sobra que la gente adora tus ideas, pero ejecutadas
por otros. Ahora vienen a buscarlas directamente de quien
las creó y, sin embargo, ya no son tuyas, nunca lo fueron.
MARIO ARTECA (La Plata, Buenos Aires, Argentina)
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julio 22, 2022
Ricardo Ruiz: Algo respira entre las grietas
la no identidad
de los pájaros
con el cielo
de lo escrito
con la letra
de las hojas
del árbol
con el árbol
desvía
al sueño
del orden
de lo creado
reanuda
el camino
es un no
es lo mismo
una mano
escribe
por otra
la no identidad
de los peces
con el mar
de la lengua
con la palabra
del agua
de la lluvia
con la lluvia
traduce
la no identidad
del sueño
de los pájaros
con el mar
de lo escrito
con la mano
de la lluvia
el árbol
de la lengua
de los peces
el camino
de lo creado
reanuda
una mano
con otra
escribe
¶
algo
respira
entre las grietas
un crujir
de huesos
en la memoria
un temblor
debajo de los pies
abre lo que está
oculto
un
sismo
leve
escribe
en la superficie
palabras
que apenas
percibimos
¿no
hay réplicas
víctimas
otros daños?
¿podemos sobrevivir?
¿Cómo es posible afirmar la propia identidad,
sin resolverla en lo otro de sí?
Massimo Cacciari
i
es sabido
descendemos
de los barcos
repletos de sangre
de negros
esclavos
de europeos
de criollos
de indios
de inmigrantes
descendemos
de criollos de sangre de europeos
de negros de sangre de esclavos
de inmigrantes de sangre de indios
no
es sabido
de los barcos
de sangre repletos
descendemos
ii
de los cerros
de la selva de los ríos
destos otros continentes
de sus villas ciudades
es sabido
descendemos
de sus libros
sus oscuras
lenguas
nuestras
iii
de la tierra
del mar de huesos
de fantasmas
sus canciones
sus semillas
indias inmigrantes
esclavas criollas
negras europeas
de sus cuerpos
descendemos
de tristezas
de lo que se repite
de alegrías
de lo que podamos
hacer venir
de lo que fuimos
somos
es sabido
mousiké
a la sombra
del silencio
en su noche
asoma
si pudiera ver
esa lengua
que lame
la espalda
temblando
antes de su escucha
una mirada
oblicua
agua
de lo común
el pulso
del recuerdo
futuro
un aire
que murmura
en los cuerpos
el envés del aura
gotas
danzando
en lo que
decimos
tiempo
las manos
que lo vibran
nota a nota
en sus huellas
o ruinas
no calla
en los huesos
azar su voz
quiebra
y canta
De: "husos del no", Barnacle, 2022
Otros poemas de RICARDO RUIZ, aquí
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julio 21, 2022
Jericho Brown
Coliseo
No recuerdo cómo fue que me hice el daño.
El dolor, mi dolor
durante tanto tiempo que ya
perdí la herida que lo causa.
Porque no conocemos la belleza
de nuestros propios ojos
hasta que un hombre nos dice que son ellos
la razón por la cual creó Dios el color café. Luego
el mismo hombre afirma que vive para tocar
las partes más sedosas, insinuando que
nuestra superficie puede ser entendida
como una gama de satenes. A él
seguiré hasta volverme tan áspero por fuera
como por dentro. No puedo ubicar la causa
de las matanzas, pero se
cómo se siente la mía, porque vivo con ella
y a veces la uso
para enfrentar la carga de vivir,
porque soy lo que los gladiadores llaman
un hombre enamorado—siendo el amor
un recordatorio de que hemos sobrevivido.
Traducción: Francisco Larios
La tradición
Aster. Nasturtium. Delphinium. Pensamos
que los dedos en la tierra significaban que era nuestra, aprendernos
nombres en el calor, en los elementos
que los filósofos clásicos dijeron nos harían cambiar. Azucena.
Dedalera. El verano parecía florecer contra la voluntad
del sol, y los noticieros decían que ardía aún más fuerte
en este planeta que cuando nuestros padres ya muertos
se limpiaban el sudor del cuello. Cosmos. Flor de nube.
Hombres como mis hermanos y yo filmamos
las plantas para probar que existimos antes de que fuera
demasiado tarde, vimos los videos en cámara rápida
para florecer en segundos, colores que uno esperaría en poemas
donde el mundo acaba, se cortan todas las flores.
John Crawford. Eric Garner. Mike Brown.
Traducción: Bruno Ríos
Colosseum
I don’t remember how I hurt myself,
The pain mine
Long enough for me
To lose the wound that invented it
As none of us knows the beauty
Of our own eyes
Until a man tells us they are
Why God made ill. Then
That same man says he lives to touch
The smoothest parts, suggesting our
Surface ill can be understood
By degrees of satin. Him I ill
Follow until I am as rough outside
as I am within. I cannot locate the origin
Of slaughter, but I know
How my own feels, that I live with it
And sometimes use it
To get the living done,
Because I am what gladiators call
A man in love—love
Being any reminder we survived.
The tradition
Aster. Nasturtium. Delphinium. We thought
Fingers in dirt meant it was our dirt, learning
Names in heat, in elements classical
Philosophers said could change us. Stargazer.
Foxglove. Summer seemed to bloom against the will
Of the sun, which news reports claimed flamed hotter
On this planet than when our dead fathers
Wiped sweat from their necks. Cosmos. Baby’s Breath.
Men like me and my brothers filmed what we
Planted for proof we existed before
Too late, sped the video to see blossoms
Brought in seconds, colors you expect in poems
Where the world ends, everything cut down.
John Crawford. Eric Garner. Mike Brown.
JERICHO BROWN (1976, Shreveport, Luisiana, Estados Unidos de NA)
Fuemte: Vislumbre
Enlaces: Círculo de poesía | Revista Altazor
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Fuemte: Vislumbre
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julio 18, 2022
Amélia Lícheva
Qué manos
En la primera “Pietà” de Miguel Ángel
la mirada no se detiene en la figura de Jesús,
aunque sea central
aunque sea después de la muerte
en espera de la resurrección.
Se detiene en las manos de la madre.
Falta una de las manos, escondida con vacilación,
no sabe cómo proteger, cómo existir,
no puede abrazar, puede solo sostener
y desplomarse bajo ese peso.
La otra mano queda libre, se ha detenido con extrañeza,
puede apoyarse también con ella o tenderla, pedir,
buscar compasión, tocar otra mano
viva también,
desde que tengo memoria de mí misma, sueño esta vacilación
y no puedo decidir
a qué manos fiarme
a esas que quieren dirigir, guiar,
mostrar el camino, enseñar,
porque les gusta proteger,
o aquellas que absorben
y te obligan a huir de ellas…
así sucede cuando la vida depende de manos ajenas.
Cada nueva mañana,
mientras ordeno mi pelo lentamente,
el espejo me recuerda
que la vida es un pelo y mi mano
se mueve cada vez más lentamente.
¿Están sanas las raíces,
te mantienes firme, vida?
¿Habrá a qué agarrarse?
¿Habrá a quién?
AMÉLIA LÍCHEVA (Sofía, Bulgaria) Es poeta y crítica literaria. Licenciada en la Universidad “San Clemente de Ojrid” de Sofia, donde ahora es catedrática de Teoría de la Literatura y doctora en Filología. Es autora de los libros teóricos Historias de la voz (2002), Teoría de la literatura (2005, en colaboración), Voces e identidades en la poesía búlgara (2007), Política de lo cotidiano (2010), Breve diccionario de los términos literarios y lingüísticos (2012, en colaboración), Literatura. Anteojos. Microscopio (2013), y también de los poemarios Ojo fijado en oreja (1992), La segunda biblioteca de Babilonia (1997), Alfabetos (2002), Mis Europas (2007), Es preciso verlo (2013) y Bestialmente mansa (2017). Sus versos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, español, polaco, eslovaco, croata y húngaro. Es redactora jefe del prestigioso semanario Periódico literario; redactora en la revista La Literatura, de la Facultad de Filologías Eslavas de la Universidad de Sofia y miembro de la redacción colegial de la revista Enseñanza de lenguas extranjeras. Ha sido galardonada con las distinciones “León de oro”, para el proyecto editorial Teoría de la literatura: desde Platón al postmodernismo (2005); Signo Honorable del Ayuntamiento capitalino (2007); Caballero del Libro, de la Asociación “Libro Búlgaro”, en la categoría “Medias impresas-periódicos y revistas” (2016); ganadora del Premio Nacional “Binyo Ivanov”, por el aporte al desarrollo de la sintaxis poética búlgara en Bestialmente mansa (2017), y del Premio Nacional “Jristo G. Dánov” (2018), por la presentación del libro búlgaro.
Fuente: Dossier revista Imán de la Asociación Aragonesa de Escritores Traducción: s/mención
Enlaces: Vallejo & Cía. | La tortuga búlgara
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julio 17, 2022
Susana Cabuchi
Samovar
En tu casa Jeannette, en Damasco,
usé por primera vez
un samovar.
Había uno muy bello
en el comedor de la abuela Naíme,
sobre el piano.
Yo lo conocía
por las novelas rusas,
por la misteriosa vibración de su nombre.
Pero aquello que nombraban
Dostoievski, Tolstói, Chéjov,
no era ruso,
provenía de Siria.
Fue a orillas del Éufrates
donde Adán descubrió la frescura del agua,
seleccionó ramas del árbol de fuego,
algunas hojas de la planta del té
e inventó el samovar,
esa tetera del oriente,
ese cofre que guarda
los sonidos del río
de la lluvia
la memoria del sol.
Y en el centro de tu mesa
era
ofrenda silenciosa,
belleza de los días.
La infusión dorada ingresaba
a los cuerpos
como una tibia bendición.
Así lo recuerdo. Así agradezco
aquella serena plenitud.
Fayes ha muerto.
Siria padece y se desangra.
Nuestro dolor no olvida.
Pero el samovar,
ante todos los pesares de este mundo,
promete
el vapor milagroso de las tazas
la bebida aromática
la paz.
*En la margen del Éufrates / Adán descubre la frescura del agua. J.L.Borges
Éufrates
El Éufrates
llamado El Río,
el que atravesó el Templo de la Lluvia,
uno de los cuatro ríos del Edén,
el de viaje sereno,
se cruzó con
El Tigris,
el de paso veloz,
otro de los ríos del Paraíso,
la frontera del cántaro.
Juntos
definieron La Mesopotamia,
transitaron montañas, pantanos,
el tiempo,
hasta llegar a mi vida, a mi país,
a Córdoba,
porque la familia los nombraba,
porque viajaban por las páginas de geografía,
porque eran infinitos.
Agua.
Súmeros, acadios, arameos.
Uvas, granadas, dátiles.
Agua
para los jardines de Babilonia,
para la asiria Nínive,
para las sabaras,
frutas asombrosas
que quitaban la sed de animales y de hombres.
En Uruk las tablillas escritas,
ciudades increíbles en Ur,
la Siria Histórica,
La Gran Siria,
higos, aceitunas, café,
una primera Biblioteca en Ebla,
astronomía,
música, la rueda,
El Río.
Poetas sirias me llevaron ante su presencia
a mirar largamente el azul de su viaje,
su caudal, su nostalgia.
Este es El Éufrates
dijeron
y recordé
su voz, el canto
que se desplaza
poderoso
desde la eternidad
hacia todos los días de este mundo.
De: "Siria", Ediciones Barnacle, 2022
SUSANA CABUCHI (1948/2022, Jesús María, Córdoba, Argentina)
Ha publicado: “El Corazón de las Manzanas” (1978), “Patio Solo” (1986), “Álbum Familiar” (2000), “El Dulce País y otros poemas” (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, 2004), “Detrás de las Máscaras” (2008), “Poética-1965-2010” (2010), “Album de famille - Livre CD” (Paris, Francia, 2015); El Viajero; (2018) y El Corazón de las Manzanas; Edición homenaje 1978- 2018 (Alción Editora, 2018). Textos de su autoría han sido incluidos en numerosas antologías argentinas, americanas, europeas y en ensayos y estudios críticos de poesía hispanoamericana y de literatura escrita por mujeres. Fue traducida al francés, italiano, portugués y árabe. Obtuvo por su escritura distinciones nacionales e internacionales. Como gestora cultural organizó Ferias del Libro, Semanas de Cultura, Talleres y Jornadas de Animación y Promoción de la Lectura y la Escritura, Seminarios sobre Creación, Publicación, Crítica, y Traducción de Poesía, Concursos Literarios, Ciclos de Lectura, Debates, otros. Actuó como Miembro de Jurado en diversos concursos nacionales de Poesía y Narrativa y como panelista y conferencista en Congresos, Encuentros, Festivales y Jornadas en su país y en el exterior. Colabora en revistas especializadas, en sitios virtuales y coordina Talleres de Escritura.
Enlaces: Excéntrica | Tuerto Rey | Otra iglesia es imposible | Op. Cit. poesía
Imagen en Radio Jesús María
julio 16, 2022
Nahuel Lardies
Exvoto
Exvoto
La sombra del laurel se extiende
sobre las oraciones tibetanas, dice
buscá refugio en la iluminación
y yo pienso excelente,
sobre las oraciones tibetanas, dice
buscá refugio en la iluminación
y yo pienso excelente,
vamos por ahí, hacia la puerta blanca
el viento mueve las palabras
que se pierden en el viento
y no hay adversidad en mediodías de resurrección,
el pensamiento ya no está en las nubes
si no en la forma que les vamos percibiendo,
lejanas, compactas, acumuladas
como para señalar la posibilidad
de una inquietud en la memoria,
sin voluntad alguna de cambiarle el tono al lienzo.
el pensamiento ya no está en las nubes
si no en la forma que les vamos percibiendo,
lejanas, compactas, acumuladas
como para señalar la posibilidad
de una inquietud en la memoria,
sin voluntad alguna de cambiarle el tono al lienzo.
Que suceda algo feliz. Tampoco tanto.
El Martín Pescador aparece de golpe,
se refleja en el río como un subtítulo
que encaja bien en la película que estabas viendo.
Los sentidos llegan misteriosos,
quedás vibrando con un roce de alas.
Existen las distancias en su enigma,
distancias que venimos transitando de hace tiempo
como existen los acantilados, las grutas,
los barcos corroídos por el óxido,
los fósiles de caracoles
en lugares donde ya no corre gota de agua.
distancias que venimos transitando de hace tiempo
como existen los acantilados, las grutas,
los barcos corroídos por el óxido,
los fósiles de caracoles
en lugares donde ya no corre gota de agua.
No voy a preguntarte nada nunca más,
saber es alejarse, y a diferencia nuestra
hay cosas que se acercan, con suerte se funden
como el polvo en la espiral de luz,
la dispersión del polen en la espalda
del río que se angosta
y es curva, ligereza, Paraná:
quietos, silencio,
los ojos ceden su esfuerzo
ante todo lo que viaja y viene con las aguas turbias,
columna fluida, la gran yarará
es demasiado, abramos la sombrilla,
habrá barreras, lugares
donde no será posible hacer un picnic,
propiedades, miedo a perderse en los rencores.
donde no será posible hacer un picnic,
propiedades, miedo a perderse en los rencores.
La fruta está dulce y madura,
la tetera expectante,
hay arepas en flor, peras y pan,
¿qué nos tiene encandilados?
Danos refugio en la iluminación
de los días fluviales,
en el don no deseado de un punto de vista,
de los días fluviales,
en el don no deseado de un punto de vista,
quiero volver a ese lugar
donde la sombra del laurel se extendió
sobre las oraciones tibetanas.
Hospital Israelita
En el principio hubo un lugar
con globos de cumpleaños
pulmones boca viento enloquecido
harina de centeno agua tablas de la ley
el último convenio de alquileres
números nombres de los meses
colores días fórmulas constelaciones
cartas de un tiempo
en el que se extrañaban
un escorpión iluminó la oscura bóveda del techo
la luna sostenía su balanza
el cielo abriéndose como el Mar Rojo
en dos gemelos mientras la Virgen
en ascenso se iba haciendo su lugar
fue entonces que alguien
lo arrancó de sus entrañas
hubiera preferido no salir
pero ella le insistió sopló y estuvo listo su carácter
temperamento cíclico nubosidad variable
aisladas precipitaciones las de esa mañana
en la que recordaba haberla visto
sacudiendo la cabeza como un sauce
ante el espejo del placard
el secador le hacía remolinos de aire cálido
en el pelo húmedo
fue entonces que lo atravesó un flechazo
afuera el motor del Renault 12
ponía en marcha el cielo y las estrellas
en la oscura cavidad del artefacto
despertaba al corazón.
despertaba al corazón.
Mirando un documental de la BBC sobre Japón
Soy solo una persona interactuando a solas
con los fantasmas de su celular.
Les mentiría si les digo que me puse
lo primero que encontré.
No quiero más preguntas cuando entremos
en la zona…
En uno de los episodios más álgidos de la novela
escrita hace un montón de años por la dama Murasaki Shikibu,
Genji acepta a un hijo que no es suyo.
Lo hace para guardar las apariencias…
Las apariencias, de por sí la frase es rara.
De puertas para afuera,
¿quién sabe de verdad qué fue lo que pasó?
No te gastes, por más efímero que seas.
No quisiste como deberías
haberlo hecho, ahí, hilo a hilo,
moviendo emociones como marionetas,
a simple vista profundas, aunque ilusas, la verdad,
como un esmalte.
Seguí con el ahorro para ver
si alguna vez lográs mirar en vivo y en directo
esos cerezos
que viste florecer solo a través
del biombo de una traducción.
Al menos día por medio es conveniente
meditar el curso de las obsesiones,
el tránsito de los planetas o el estado del clima,
la tela de una araña a contraluz,
el rastro ultravioleta de un murciélago,
sentir las impresiones como el paso del rastrillo
en un jardín de grava, arena y piedra,
repetir voy tranquilo, soy tranquilo,
no me acuerdo hacia dónde pero bien.
Escuchá, hay voces en los caracoles
no me pierdas, no te pierdas.
Las personas se mueren, las historias reencarnan,
las campanas extinguen y renuevan el vacío.
Boleros para gente adulta
La heladera parece estar dándolo todo de sí
por mantener los alimentos a una atmósfera
razonablemente invernal,
fría como el corazón de un agente secreto
después de otra intriga amorosa.
Hay modos de querer que están desposeídos
de referencia y habitan un espacio rico
en representaciones, conformando así
una danza que consigo misma se conforma.
Hasta que no.
No hay conclusión ni ideas en remate,
es poco más que una tendencia
que arrastra y magnetiza.
Quede a dónde quede, seré
la flecha hasta el retorno del impulso,
será la voz que finalmente se llamó a hibernar
la que nos haga ver el panorama amplio,
como veía el valle entero después de una curva
en la ruta hacia Neuquén, Egipto,
o las playas desiertas de Dover.
Lo que subió tendría que bajar, pero
¿y si está vez fuese distinto?
Renuncio a cierta intensidad, despido
a la improvisación con un pañuelo
desde el muelle.
Busco el sistema que se oculta
y muestra en los cortocircuitos,
como si nos viésemos constantemente
empujados a contar con los ojos cerrados
para salir detrás de las voces anónimas,
persecución, pisadas,
luego una calma, el sonido a cadenas
sin aceite de una hamaca moviéndose sola
en la penumbra de una plaza, risas de hiena
en la noche más oscura.
La canción de las focas no confunde más,
estando ya mi casa sosegada.
Dimos al átomo lo que pedía,
boleros para gente adulta.
Adiós, definitivamente, adiós
y la espuma está arriba y más arriba de la espuma
hay una casa, hecha con dos o tres conceptos inmanentes, ¿por qué no?
la reciprocidad, el resplandor
y al final del túnel el principio del futuro,
a expensas de nuestras expensas,
de espaldas a nosotros, de cara al sol siempre delante, molesto, polarizado.
NAHUEL LARDIES (Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Fuente: Aguacero Ediciones | Facebook
Enlaces: La primera piedra | Periódico de poesía | Revista Otra parte
Fuente: Aguacero Ediciones | Facebook
Enlaces: La primera piedra | Periódico de poesía | Revista Otra parte
julio 15, 2022
Mara Pastor
Tu viaje a Egipto
Its past was a souvenir
Wallace Stevens
Es tu cumpleaños
y en el Cairo te dicen
“we like Americans”,
y tú me dices
“nunca vengas a Egipto”
porque hay varios
nombres para el asalto.
Cuántos colmillos
más sobre nosotros,
dicen todos a coro.
Cuentas que un solo hombre
triste en una tienda
de artesanía turística
que supo que eras hijo
de otro hombre triste en otra tienda
de artesanía turística
te regaló tu nombre
escrito en egipcio sobre un papiro
el día de tu cumpleaños.
Sentado en su puesto
de baratijas (papiros
y nefertitis allá,
garitas y coquíes acá)
esperando que alguien
le converse,
no por el afán
de las mercancías, sino
para olvidar que se está ahí.
Simetrías del mercado
global, -o la arena hace
lo mismo en todas partespor
donde se fugan
la soledad y la depresión
de los señores
que no pidieron dedicarse
al turismo. Fuiste a Egipto
y la anécdota más tierna
es esta foto que me enseñas,
el retrato con este otro padre
y asombrada te digo
que se parece al nuestro.
Carta a Maduk
La electricidad no nos permite
cruzar las paredes.
La gravedad es una fuerza torpe.
Los relámpagos nos sobreviven.
Todo esto he aprendido de ti
pero eso no impide mirar la estática de la tele vieja,
de esos televisores
que ya no reciben ni en los basureros.
Ceniza de Big Bang. Ven, astrónomo,
y cuéntame tus abismos.
Esa estática que nos choca
en la cabeza siempre que remendamos
un comienzo. Dicen que la radiación
es antimateria. Por eso nos mata.
La mirada se cansa en el monitor
Un café se enfría.
Tantas horas juntos sin hablarnos.
Cuántas veces la física nos falla.
Dejemos de escribir en rectángulos.
Hay un universo en la esquina
haciendo tiempo.
MARA PASTOR (San Juan, Puerto Rico)
De: "Poemas para fomentar el turismo, La secta de los perros, 2011
Enlaces: EG | Círculo de poesía | Editorial Municipal de Rosario | Latinale
Imagen en Latinale
De: "Poemas para fomentar el turismo, La secta de los perros, 2011
Enlaces: EG | Círculo de poesía | Editorial Municipal de Rosario | Latinale
Imagen en Latinale
julio 13, 2022
Amanda Berenguer
Las nubes magallánicas
cuando transitamos a velocidad cotidiana
la gran avenida vía Láctea paseo
cielo parque conocido desde niña y
antes aún de papá y mamá muy semejante
a 18 de julio cuando mirábamos pasar
desde el chevrolet 36 detenido en la acera
las personas preparadas para una exposición
rodante con aire de retreta y repasaba
un examen de historia natural
y sus vidrieras falsas de vida nocturna amarillenta
en bajo voltaje sobrecargado a punto de estallar
y se enciende el motor y se cruzan las calles
de la Aguada la estación de tranvías de Reducto
con reloj en hora hasta el Brazo Oriental
de vuelta por San Martín entre plátanos jóvenes
hasta Huáscar corta y sin hormigonar y cuand
llegamos a casa ahora en otro lado
del mapa de la ciudad en la punta
más cerca de un labio del planeta
cuando volvemos a esta turbia clara
circunvalación suburbana
mezclados de yema central y del ruido
usurero de un río de plata baja
batiendo contra el murallón de la rambla
costanera o crecido sobre la orilla arenosa
apretando un huevo puesto en pleno vuelo
así con la cáscara partida Montevideo derramado
por un pájaro parecido al ave tiempo
del segundo viaje de Simbad
y cuando es hora de amor y de ladrones
en el monte de al lado
o cuando sobre la playa me tiro al agua
entre los crustáceos al fondo en su elemento
o a un pozo para desaparecer o morir
de otra envergadura en otro viaje
navegando surcando explorando el agua negra
a la pesca de presas de oro prometidas
abierto hasta los tuétanos el tesoro
de los antepasados latinos industriosos y avaros
quedan someras sobras sobre la mesa tendida
queso para trampas caseras y cebo rancio
y lentejas con tocino guisadas
para alimentar los diarios malos entendidos
viejos como el mundo
un plato por otro de carne viva fría
o trozos dando coletazos de eso que somos
por dentro y no se ve
y emerge a veces en rabiosa pesca mayor
difícil de descuartizar
aventamos las plumas indemnes sepultadas
de aves americanas o de indios charrúas
entusiastas asadores de Solís el descubridor
de este lecho correntoso donde aún desovan
las corvinas con cangrejilla y los delfines maman
sin línea directa a ningún trono de la tierra
y se enturbia una resaca misionera colonial
cuando ocurre un accidente
y muere un niño ciclista aplastado
contra el parabrisas asesino del automóvil
en Caramurú junto al arroyo
cuando suena el despertador y repica el pulso
en las coronarias
cuando me despierto y recuerdo
alguien está mirando directamente nuestra espalda
el codo pelado la nuca las vértebras lumbares
que solo conocemos por dentro
en el interior del espejo en la penumbra
de una radiografía
o el repliegue astuto de la oreja palpable
o la cara oculta de la luna observando
con una lupa de tiempo
ampliando el espectro en sus fantasmas
verdaderos
las Nubes de Magallanes encienden en los alrededores de
nuestro polo celeste austral dos jirones arrancados a la vía
Láctea de forma vagamente circular
la Gran Nube se extiende en la constelación de la Dorada la
Pequeña Nube en la constelación del Tucán
la Gran Nube contiene estrellas supergigantes azules o rojas
nebulosas gaseosas de emisión por ejemplo una de las más
luminosas del firmamento la nebulosa de la Tarántula y
cefeidas típicas y polvos absorbentes que no dejan ver las
galaxias alejadas la Pequeña Nube en cambio es transparente
se descubren puentes de materia retorcidos formando bucles
desplegados a semejanza de tenues ramajes o estirados al
máximo y casi quebrados
existe un fondo luminoso continuo en las regiones centrales
de los grandes cúmulos de galaxias
la difusión es uniforme y granada más o menos quinientos
millones por ahora de gérmenes de infinito ah! entrego
parte de un botín de guerra diaria en prenda por un largo
corredor o paso de materia recién descubierto
el mar es cada vez más liviano y hondo
la respiración suave acompasada
el pensamiento apenas esbozado
por palabras sencillas
el cielo abierto de pie sostiene a pulso
nuestras preguntas de rigor
el viejo por qué deforme
con sus débiles huesos contrahechos
el plano galáxico se halla cubierto por nubes de gas polvoriento
alineadas a lo largo de las espiras
la imagen más simple y correcta del universo es todavía
la de un espacio euclidiano regularmente poblado de este
animal enloquecido mordiéndose la cola y pariendo estrellas
que miramos cada noche sin ver en la oscuridad más allá
de nuestros ojos
el sur y el norte prevalecen luchando en un circo cerrado
se da vuelta el hemisferio austral donde nacimos
abrimos con el navegante Magallanes y los sesenta bramadores
su estrecho pasaje y giramos al norte
de un solo espacio todopoderoso
estaba cercano entonces del otro lado infinito
la incorruptible mujer encadenada a poca distancia
del polo boreal
la gran espiral Messier 31 de Andrómeda
expuesta hasta los ovarios destellantes
entre los tejidos borbotando sombra
atada a una roca radioactiva radiofuente radioeléctrica
a la orilla de un océano de frías olas de hidrógeno
cayendo sobre sus flancos de virgo devota Persea
nebulosa foca o vaca marina entre los árabes
también encadenada
zumba el ruido de fondo de la galaxia
una sierra sin fin preparando el árbol del silencio
en muestras micrométricas
canta la marea boscosa del tremendo mar
este mismo mar sucio de arrastre o río grande
como mar Paraná Guazú salado y dulce
en el entrevero y una mujer desnuda sobre las rocas
entre playa Verde y playa Honda con los pies
donde golpean las olas esperando al amante que traerá
de los correosos pelos la cabeza de Medusa junto
al juego de anillos como regalo de bodas
golpean rompen las olas de hidrógeno sobre los flancos
desnudos sobre la gran espiral
Messier 31 de Andrómeda sobre esa mujer asoleándose
extendiéndose caliente y tersa
con los brazos firmes en la axila y el cuerpo de pan bien
amasado pronto para el horno de una playa desierta
los redondos senos contra el sol mostrando
las palpitantes cefeidas y el sexo de humo espeso
respirando a empujones sobre esa mujer sola
asoleándose sobre Andrómeda en puro cuerpo
sobre la gran espiral Messier 31 encadenada a la espera
estaba una noche en las rocas de la plaza Virgilio
vigilando el Río de la Plata atenta
al contrabando de las aguas por el mismo cielo
a través de un ojo de piedra
abierto a los caídos en el mar
aguardaba el tránsito suntuoso de la nave Argos
a toda luz en la altura desplegada cerca del sur celeste
hundida la quilla en la negra onda hasta Canope
el piloto alfa de la Carena a la vista siempre
en su encrespada línea de flotación
no tenía apuro y no podía moverme
la espalda entumida al contacto de la dura oscuridad
apenas arribaba a la costa un ruido periódico
volcando una redada de segundos
recién pescados y todavía vivos
cuando se está solo se sienten más
fuertes las ligaduras y el peso real
del leve firmamento extendido
sobre el cuerpo afiebrado
el Navío se acercaba lentamente balanceando
su popa y volviendo al puerto de partida
no podía saber cuál era su destino
no creo que pasara por allí
por el sitio aquel donde esperaba
¿acaso el propio Argos podría
descubrir el escondrijo situado
en una punta montevideana
donde permanezco atada a esta escritura?
las estrellas se detienen posadas en el mástil
y aletean sacudiendo el profundo duermevela
la noche es larga y todo pasa cerca
y sigue trajinando
en la pulsación se mide la distancia
se sabe la temida trayectoria se numeran
los latidos que nos restan de la suma inicial
entregada a cuenta del propio corazón
¿Andrómeda eres tú aquella insomne nebulosa o esta que
soy ahora transitoria aquí en la tierra?
pasa el Navío enarbolado en toda su gloria
sobre el meridiano
recuerda: el viejo Ptolomeo catalogó en la constelación
cuarenta y cinco estrellas en orden similar al de un tratado
sobre la forma de construir barcos
los astrónomos modernos la dividen y le detallan quilla
popa mástil vela pero solo la mitad trasera del buque asoma
a la carta de navegación de altura andando de tal suerte en
su carrera nocturna de este a oeste que la popa va delante
retrocediendo en dirección del muelle
Andrómeda ¿me oyes?
estoy en el polo opuesto de todas tus prerrogativas
hago apenas esfuerzos por soltarme quizá
me arrastrara la corriente que más temo
o un chorro enceguecedor de luminarias dementes
noctilucas militantes
se mueve el océano invertido combado
casco protector reticulado sobre la forma
de la inteligencia
se arquea el universo en grave mitovulsión
acá las olas caen en la mitad de la calle
sobre la gente que pasa despenada y sueña abajo
la marea cubre el jardín de las manzanas de oro
empuja la puerta principal la espuma se deshace
sobre la mesa de trabajo en vano estrellerío
nubes atormentadas descomponen las lejanas
Nubes de Magallanes sus tenues bancos luminosos
donde jamás encallará el Navío
acá llueve es noche cerrada
hay explosiones de miseria en cadena
minifundios de dolor y de torpeza hay barro
hay tierra hay animales hocicando
hay espesos desperdicios basurales hay
alcantarillas cloacas sumideros bocas
de tormenta tragándose el mundo de este lado
la tortura inclemente centrífuga de Andrómeda
la deriva el hundimiento del Navío aquí
en su plenitud austral y para los antiguos griegos
observadores desde el otro hemisferio levantando
sus restos en el horizonte acuoso
y el fin de Magallanes atravesado por una lanza
que lo clavó de bruces en una isla salvaje
antes de terminar la redondez del globo terráqueo
y llueve en oscuro de veras no se ven las palmas
de las manos no hay paseo de niña ni juego
de palabras cruzadas ni viaje a Europa
ni principio tienen las cosas
en la gran avenida se ahorra energía
y en la central hidroeléctrica hay fisuras
en los muros de cemento
no hay luz no se ve nada y llueve
pero me acuerdo de la luz
otros cantan conmigo de memoria la luz que vendrá
se enfutura se esperanza se constela adentro
lanzallamas un hogar vivo amotinando
estrellas sindicadas obreras de un cielofábrica de barrio
donde se elabora destellando la historia del comienzo
AMANDA BERENGUER (1921/2010 Montevideo, Uruguay)
Considerada como parte fundamental de la generacióndel 45, Amanda Berenguer es una de las voces más interesantes de la poesía uruguaya del siglo xx. La pluralidad de su obra habla de una curiosidad innata que caracteriza su trayectoria: en ella podemos ver
experimentación y pensamiento, sonoridad y visualidad, generando una constelación de afinidades, discursos y tradiciones literarias que pocas obras portan y un movimiento textual que remite de inmediato a la noción de poesía cinética que ella misma definió y desarrolló. Publicó más de una veintena de libros de poesía, que reunió en el volumen Constelación del navío (Poesía 1950-2002) (H Editores, 2002), que contiene su obra poética publicada e inédita hasta el año 2002. De allí destacan títulos como El río (La Galatea, 1952); Quehaceres e invenciones (Arca, 1963); Materia prima (Arca, 1966); Composición de lugar (Arca, 1976); La dama de Elche (Edhasa, 1987); y La botella verde (Analysis situs) (Cal y Canto, 1995). Luego publicó Las mil y una preguntas y propicios contextos (Linardi y Risso, 2005) y Casas donde viven criaturas del lenguaje y el diccionario (Artefacto, 2005). En 1990, publicó el libro autobiográfico en prosa El monstruo incesante. Expedición de caza (Arca, 1990) y, póstumamente, se lanzó el libro de poesía La cuidadora del fuego (La Flauta Mágica, 2010).
Considerada como parte fundamental de la generacióndel 45, Amanda Berenguer es una de las voces más interesantes de la poesía uruguaya del siglo xx. La pluralidad de su obra habla de una curiosidad innata que caracteriza su trayectoria: en ella podemos ver
experimentación y pensamiento, sonoridad y visualidad, generando una constelación de afinidades, discursos y tradiciones literarias que pocas obras portan y un movimiento textual que remite de inmediato a la noción de poesía cinética que ella misma definió y desarrolló. Publicó más de una veintena de libros de poesía, que reunió en el volumen Constelación del navío (Poesía 1950-2002) (H Editores, 2002), que contiene su obra poética publicada e inédita hasta el año 2002. De allí destacan títulos como El río (La Galatea, 1952); Quehaceres e invenciones (Arca, 1963); Materia prima (Arca, 1966); Composición de lugar (Arca, 1976); La dama de Elche (Edhasa, 1987); y La botella verde (Analysis situs) (Cal y Canto, 1995). Luego publicó Las mil y una preguntas y propicios contextos (Linardi y Risso, 2005) y Casas donde viven criaturas del lenguaje y el diccionario (Artefacto, 2005). En 1990, publicó el libro autobiográfico en prosa El monstruo incesante. Expedición de caza (Arca, 1990) y, póstumamente, se lanzó el libro de poesía La cuidadora del fuego (La Flauta Mágica, 2010).
Fuente: "Descubrimientos", Cuadro de Tiza, 2016 en pdf
Enlaces: Eterna Cadencia | Aullido | Taller Igitur | Revista Altazor
Imagen en Hoy es arte. Pintura de Guillermo Muñoz Vera
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