José Kozer: Dunas en la distancia
Veáse como siempre acaba en lo mismo Un jueves, y no es éste, metí las manos en los bolsillos (perdí la noción del tiempo. De pie, y luego sentado en penumbra, y luego a oscuras. Ayuné. Bebí Bebí agua mental. Sabía que al amanecer era viernes, y con eso me bastaba. A veces sacaba las manos de los bolsillos, puños crispados. Abría las manos, todo seguía igual. Eso no está mal. Surgía, iba surgiendo o iba a surgir un pensamiento, eso no está tampoco mal. Uno, y no tres asuntos entrecruzándose, alterando el ritmo de la respiración. Aparecía yo aquella tarde en un pinar, dunas en la distancia, la bahía refulgente (cabrilleos) (rielar pronto la luna llena) (ah el poema de Espronceda que memoricé durante la adolescencia) levanté el brazo, extendí la mano, se vino a posar un paro carbonero, ¿seré San Francisco? Y la rapaz se quería posar en mi cabeza recién tonsurada, la tonsura la produjo un rayo. ¿Sería yo uno de los elegidos, aquel que convertiría al ave de carroña en paloma buchona? Volví...