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Mostrando las entradas de diciembre, 2015

Louise Dupré

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MIRA  ahí tu casa la ciudad enroscada por tus huesos la ciudad pálida incapaz de acogerte Caminas como fuera de ti en blanda soledad en desconfianza, en abandono con tu habla paralizada al borde de las palabras cuando éstas se enmarañan en tu voz. Y nada más nada más que tus pasos apagados por la algarabía de gritos y de bocinas Buscas debajo de qué postigos podrías detener tus pasos. HAS  sido una mujer sin importancia una cinta, un anillo encontrado en la arena una risa resonando entre combate y combate has cruzado ya mares negros como tu vientre sólo para captar el vértigo de una danza iniciada a la edad en que se cree amar a los hombres que se ama buscar ahora un lugar donde no dé tu sombra motivo alguno a la nostalgia. LOUISE DUPRÉ   (1949, Sherbrook, Canadá) De “Diez poetas canadienses”, Libros del Innombrable,  2008. Traducción del francés: Francisco Torres Monreal.  Fuente: Facebook Jonio González Imagen: milenio.com

No sólo la experiencia vivencial

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Lugar y poema: Tarento, Italia

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En el verano del tiempo humano, en el último verano, existían todas las carreteras. La Prenestina con sus cinturones de ronda alcanzaba el mar de Tarento viejo y los jardines de Puerta Venecia, geografía de uniones inesperadas, tiempo que no se pierde, todas las carreteras, todos los amores sumergidos en uno sólo y renacidos, todos los pasos delante del portal, las miradas en el portero automático, todas las voces, los acentos, las sílabas, tú que salías sonriente con tu gorra de pelo y caminabas decidida hacia un autobús. Contare i secondi, i vagoni dell’Eurostar, vederti scendere dal numero nove, il carrello, il sorriso, il batticuore, la notizia, la grande notizia. Questo è avvenuto, nel 1990. È avvenuto, certamente è avvenuto. E prima ancora, il tuffo nel Ticino, mentre il pallone scompariva. È avvenuto. Abbiamo visto l’aperto e il nascosto di un attimo. Le fate tornavano negli alloggi popolari, l’uragano riempiva un cielo allucinato. Ogni cosa era lì, deserta e piena, per noi che ...

Dane Zajc

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Todos los pájaros  Vamos a matar a todos los pájaros.   A todos, a todos , dijeron los cuervos en la penumbra. Y en el silencio de la noche escuchaba cómo alguien en el huerto asesinaba a mis pájaros. Y yo sabía que en mis mañanas no habría más canciones, y sentía cómo la tristeza atrapaba mi alma. A todos, a todos los pájaros, dijeron. Y yo sentía cómo aleteaban sus alas oscuras a mi alrededor y cómo entre éstas me miraba el ojo amarillo del cuervo. ¿Qué buscas? ¿urracas? , pregunté. Bajo la corteza de mi cráneo no escondo ningún ave. A todos. A todos los pájaros.   A todos vamos a matar, dijo. Tuve miedo de que alguna noche a través de la penumbra en sueños fuera a romperme el cráneo y buscar con la locura de su pico si en el nido de mis pensamientos existe algún ave que canta escondida. A todos. A todos los pájaros , susurraba. Ahora siento en toda la nuca el ojo amarillo del cuervo. Mi alma está perforada. Mi alma es un ave muerta. A todos. A todos vamos a matar. ...

Sonia Scarabelli

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Epígonos Mirá, lo que mamá quería para ella se ha hecho realidad en mí y yo me aplico al dibujo, la sombra, y fallo siempre en el escorzo blando que las cosas ofrecen para entrar en perspectiva a ese espacio cerrado donde el mundo se ordena y se decanta. En el fracaso, sin embargo, me encuentro sonriente si mi silla es siempre desfasada silla china y no la silla aquella que soñaba mudar a la piecita de Van Gogh. Sucede que el maestro me consuela la falta de talento y de muñeca contándome una historia donde aún puedo sentarme entre las cosas y hasta yo, ignorada de la gracia, contemplar el infinito siempre en fuga, pendiente arriba hacia un horizonte inalcanzable en el que nada se mide ni se logra comprar, vender así nomás. Yo miro embelesada ese dibujo donde ahora me muestra un gran señor japonés plácidamente sentado en el vacío y anoto para mí que en el oficio se aprende sobre todo a decidir y a entregarse. ¿Será por eso que la piecita de Van Gogh, tan mordida de oro en perspectiva, p...

Pablo Queralt

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el azar es una arquitectura sin color un knock a la quijada que arroja su luna con sus casitas lúteas sus cuerpos sus cielos escarbados oís hervir sus aguas partir el pan ahí quedaste colgado atrapado en su crujido en su luz pétrea en el arrullo de los rayos de su mundo que abren universos o no llevan a ninguna parte cierro los ojos leo su escritura vamos arrimando el bochín estoy acá en su huella pintado en su pared colocando el agua para beber el primer lenguaje del día. Repito la puntuación que me dicta como en un ópera de Verdi pero nunca me dí cuenta que marcaban el ritmo de las balas de una tristeza que mata otra tristeza en ese suelo donde el esqueleto rompe su contrato en el centro mortal de esa muerte arrojando sus sombras sus manos sus garras sus dados. Ya la iridiscencia inminente de la mañana apaga el canto del noctámbulo trasduerme es la trampa o la compañera para que transmute antes de que las ventanas se abran como hibiscus con su perfil amenaza cacareé y ambulo nos coma...

Lugar y poema / Sacsaywaman, Perú

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Al contrario que yo tú no has estado en Sacsaywaman preguntándote de dónde, cómo vino a parar tanta piedra cincelada en paisaje con otra economía. No has andado por las trochas de Cascol en busca de un haz de luz para producir una emulsión en mi tumba cuando me quede mudo. Tampoco te han visto entregada a la garúa en la rada de Cojímar. Nunca te asomaste al acantilado del callejón sin salida de Sound Beach. Mas cada vez que retorno a los espacios que para mí he descubierto percibo que ya estuviste allí silenciosa, prefigurando el tiempo del absoluto comienzo y de la inútil proposición del reencuentro. Tampoco di contigo en un casa esquinera en Lacret y Pasaje Oeste cuando aprendí un paso de son que salva al que ha perdido el ritmo. Nunca consumí mi espera frente al número 2 de la calle Teodoredo atisbando el segundo piso alto en busca de la silueta de la revelación. No rondé por el barrio Centenario buscando que se desprendiera un aerolito. No estuve contigo en la sala de los claustros...

Stèphane Mallarmé

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El cigarro Toda el alma resumida cuando lenta la consumo entre cada rueda de humo en otra rueda abolida. El cigarro dice luego por poco que arda a conciencia: la ceniza es decadencia del claro beso de fuego. Tal el coro de leyendas hasta tu labio aletea. Si has de empezar suelta en prendas lo vil por real que sea. Lo muy preciso tritura tu vaga literatura. Traducción: Alfonso Reyes Tristeza de verano El sol, sobre la arena, luchadora dormida, En tus cabellos de oro caldea un baño lánguido Y, consumiendo incienso en tu enemigo pómulo, Entremezcla a los llantos un brebaje amoroso. Del blanco llamear la calma inamovible Te hizo, triste, decir, oh mis besos miedosos, "No seremos los dos nunca una sola momia Bajo el desierto antiguo y las palmas dichosas." Pero tu cabellera es como un río tibio Donde ahogar sin temblores la obsesión de nuestra alma Y encontrar esa Nada que no conoces tú. Probaré los afeites llorados por tus párpados, A ver si saben dar al corazón que heriste La in...

Tres poetas

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Poemas de Silvia Camerotto ,  Judith Filc  y  Javier Galarza

José Villa

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Curva del mate Un pedazo de caja  de pizza pegado al asfalto con pelos de perro muerto y manubrio; una zapatilla colgada de un cable de alta tensión: esto que te llevás a la lengua te pone con el sol de frente sobre la vía silenciosa y el tiempo que termina: luego entre el pedregullo, pasás la barrera a la casa de un amigo, su figura se extiende sobre un brazo de telgopor, hablás de lo que no queda nada de nada JOSÉ VILLA  (1966, Martín Coronodo, Pcia. de Buenos Aires, Argentina) De: "Escombros", Club Hem Ediciones, 2015

Lugar y poema / Puente de Brooklyn, New York

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Himno  Y cuando me mostraste el puente de Brooklyn          por la mañana                   ¡oh Dios! Y la gente resbalando sobre el hielo de la calle, dos veces,          dos veces,                   dos personas diferentes                   cruzan, yendo a trabajar,                   tan dispuestas y confiadas,                   abranzando su piadoso                   Daily News mañanero                   resbalan en el hielo & caen                   ambas dentro de 5 minutos                   y yo lloro, lloro Eso es cuando me e...

Lugar y poema / Avenue des Gobelins, Paris

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Google Instant Street View Domingo Entre las filas de los árboles de la avenida de Los Gobelinos una estatua de mármol me conduce de la mano Hoy es domingo los cines están repletos Los pájaros desde las ramas contemplan a las criatura hunanas Y la estatua me besa pero nadie nos ve salvo un niño ciego que nos señala con el dedo Jacques Prevert

Alejandro Drewes

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A los árboles Nunca olvides a esa pálida muchacha entre los andenes de una estación de provincia un amanecer en bancarrota.  Pues todo fruto se alza y perece,  y no es rosa nunca la rosa por mano. Así el fruto más oscuro  del tiempo como un astro gravita en su hora y en torno la hierba  de penumbra celeste lo envuelve de a poco. Nunca olvides el viaje, las palabras, el rodar del último tren que se aleja: él sabe bien que nada te llevará mucho más lejos. A los árboles Vielleicht es gibt kein Wiedersehen wo Du schon bist En la lenta ceremonia pienso a veces de la despedida crepita un instante sin otro después, un alto muro ciego. Uno busca su lugar en el mundo, y de pronto  el ocaso. En eso pienso, como el árbol debe pensar en su hojas. Y el viento sopla después, y el silencio. ALEJANDRO DREWES (1963, Buenos Aires, Argentina) Imagen: www.carlospenelas.com

Mary Oliver

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Zorros en invierno Cada noche a la luz de la luna los zorros bajan la colina para roer los huesos de los pájaros. Yo nunca dije que la naturaleza no fuera cruel. Una vez, en una ciudad tan caliente  como fríos son estos bosques, conocí a un chico con la cara partida. Para seguir  viviendo, era mendigo. También, por la noche, ladrón. Y hay en su país pájaros que parecen arcoíris, si él pudiera atraparlos, arrancaría  sus plumas y metería sus cuerpos dentro  del suyo. Los zorros tienen hambre, ¿quién los culpará por lo que hacen? Yo nunca dije que no estaríamos hundidos en la espléndida naturaleza, hasta ser capaces de volvernos algo diferente. En cuanto al chico, es simple. Nada tiene, ni siquiera un pájaro. Toda la noche los pinos están tan fríos que sus ramas se quiebran. Toda la noche la nieve cae suavemente. Después brilla como un campo  de flores blancas. Después, aprieta. MARY OLIVER (1935, Maple Heights, Ohio / 2019, Florida, Estados Unidos de Norteaméric...

Griselda García

Formas de nombrar la ausencia Brillo ante todo brillo y en el mediodía el calmo transcurrir de la luz los chicos gritan el gol la manzana se oxida los pájaros bailan en los charcos los muchachos almuerzan temerosos de su libertad. El mar es desierto y el sol de hoy fue ayer lluvia abrasadora. Lejos, lejos los que se mantienen fieles a todo menos a sí mismos. Es el después de una tormenta y se piensa en lo perdido. De: "Mi pequeño acto privado", Barnacle Libros, 2015 Otros poemas de GRISELDA GARCÍA ,  aquí