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Pedro Serrano: Al fondo del acantilado

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Cala de Aiguafreda Al fondo del acantilado se amontonan, macizas y grumosas, las rocas que han ido cayendo, barridas sin llegar hasta el mar que muge y humea y rompe más abajo. Dentro de miles de años, me dices desde lo alto del camino de ronda, eso será todo arena. Miramos el nicho del mar y como si el punto de foco se ampliara o de repente se trastocara todo, empequeñecimos infinitesimales y vimos casi por dentro las enormes rocas. A pie de playa contemplábamos el movimiento granular de la arena, los fragmentos de patas y caparazones de crustáceos y nos guarecimos en cualquiera de esos guijarros. Al disminuir tocamos en la rugosidad del guijarro, un muro del que la arenisca se desprende, nuestro propio contorno. Fallas y grietas del mineral acumulado, eso somos. En el cielo empezaron a vislumbrarse las pajas de las sombras y las vetas del gris. Al respirar volvieron a aparecer los pinos, el corte de la costa, el camino. Otros poemas de PEDRO SERRANO ,  aquí Imagen: El Informador

Pedro Serrano

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Peregrinaje Ya no estamos esos cuatro que viajamos en busca de la claridad y salvación. La vida ha ido apegándose a sus muros de cal, a su paso. Mi padre no tenía aún mi edad, mi madre era muy joven. Como una burbuja de esperanza íbamos en peregrinación hacia el norte, Houston, Nueva York, Montreal, trenes, aviones, hoteles metafísicos con vacas alzadas en la entrada, albercas a los pies de la cama, cuerpos negros brillantes y sedosos. Todo era novedad. Ana Luisa en su jirafa con ruedas, pequeñita, persiguiendo un mundo que ya no alcanzaría y en el que me conduce. Cruzamos por el cañón del Empire arreando un sol entre los desfiladeros de Nueva York hasta caer dormidos en cabeceras oscuras y en el envés mis padres relucientes y aéreos en la ciudad adulta. Hacia el amanecer juntos de nuevo. Agua de infancia. Todo el itinerario en mi regazo como el tren a Montreal, en un último vagón por bosques aprehendidos, viendo cómo se iba el paisaje desde la barandilla hacia lo que ya fue y sigue si...

Pedro Serrano

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Golondrinas Enganchadas al cable como pinzas de ropa, gaviotas de madera diminutas, ágiles y minúsculas contra la brutalidad del azul, fijas al mediodía cayendo una tras otra, moviendo ropas, brazos, sonrisas, el pecho blanco, la capucha negra, las alas afiladas y en lista, mínima agitación. Hasta que vuelan todas excepto una, que se plantó un momento y arañó el regreso, como una ligerísima despedida, axila de golpe la mañana. Quedan los cables, el cielo en abandono intenso, como una boda de domingo de pueblo, después nada. PEDRO SERAANO  (1957, Montreal) De: Poetry Translation Centre (texto e imagen)