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Mostrando las entradas de enero, 2014

Santiago Kovadloff

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Externo Puedo ser a veces, pura exterioridad. De pie en oficinas  donde tramito mis cosas o atento a que me llamen, con un número en la mano, en bancos, casas de cambio, en la cola de los que adeudan la luz, no leo, no pienso, no recuerdo, ni siquiera miro a los que me rodean. Aprendí a aguardar mi turno sin buscar amparo en nada. Nunca estuve en tantos sitios   tan desnudo como ahora; nunca tan entero en una fila entregado sin más   a la espera con que espero, gestos, músculos, sudores solamente,   libre al fin de mí, sin más allá, externo, desasido, absorto en esa mansa inconsistencia del instante.   Santiago Kovadloff (1942, Buenos Aires, Argentina)

Dimitris Angelis, ver­sión y nota de Vir­ginia López Recio

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El extenso poema que, junto al poeta Pedro Mateo, tra­duci­mos a con­tin­uación con­sti­tuye la primera parte de Con­fir­mando la noche (2011), último poe­mario del escritor griego Dim­itris Angelís. “1989”, título que lo encabeza, se refiere al poeta griego Yan­nis Rit­sos (1909–1990) y la con­mo­ción que sufrió al enter­arse de la caída del Muro de Berlín. “Tenía con­tin­u­a­mente encen­dida la tele­visión, seguía con obsesión las noti­cias, no podía creerlo”, comentó su sec­re­taria a Dim­itris Angelís al adver­tir éste, mien­tras anal­iz­aba su obra, la caída cor­po­ral y psíquica de Rit­sos aquel año. Por otra parte, encon­tramos en el poema muchas ref­er­en­cias indi­rec­tas a la vida de Rit­sos: Kap­sa­lona y Ai Yanni eran los sana­to­rios donde estaba hos­pi­tal­izado para su tratamiento de tuber­cu­lo­sis y donde cono­ció las ideas marx­is­tas; y los ver­sos: “los per­ros con des­gana a la puerta de los viejos mataderos de Guicio”, están saca­dos de su libro La mon­stru­os...

Carlos Germán Belli

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No despilfarrarlo      Y en adelante como nunca ayer  ser absoluto dueño del gran tiempo,  que es exclusivamente para usarlo  en cosas entrañables por entero,  y con tal razón no despilfarrarlo ni un instante de la futura vida, que aunque fuera infinito y espacioso en el seno del mundo terrenal, no hay que dejarlo torpemente caer en la boca de lobo de la nada, que sólo con el paso de los años los ojos del espíritu descubren desde acá el más allá desconocido, porque en alas del rápido minuto se puede ir muy imperceptiblemente a los reinos del cielo o del infierno. CARLOS GERMÁN BELLI  (1927, Lima, 2024, Surquillo, Perú) Imagen:  www.transtierros.blogspot.com

Selva Casal

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III Estos fueron los días sobre la tierra. Nuestros días. Cuando éramos tan pequeños como sombras de sueños. ¿Es cierto que vivíamos al borde de las cosas sin jamás descubrirlas y que las tardes se arracimaban dulces en el umbral de la casa? Y que había fechas para sonreír, para llorar. Y yo no estaba nunca porque siempre era tarde, porque siempre era ayer. Selva Casal (1930 / 2020, Montevideo, Uruguay) De: “Días sobre la tierra”

Señalador: Edwin Miur / Enrique Solinas

Edwin Miur / Jordi Doce Entonces esa noche al final del verano los extraños caballos regresaron. Oímos un lejano retumbar en el camino, un traqueteo cada vez más violento; se detuvo, luego empezó de nuevo y al doblar el recodo se transformó en un clamor vacío. Cuando vimos las cabezas como una gran ola salvaje  tuvimos miedo. Habíamos vendido los caballos en época de nuestros padres... Enrique Solinas / El Desaguadero Descorro la sábana y al mismo tiempo vuela una mosca como ninfa sorprendida. He aquí la cuestión: sus labios entreabiertos y la piel extraña contrastan con el gesto de una sonrisa, y el único signo de vitalidad es la mosca que ha bebido toda su respiración.

Pablo Anadón: una anotación

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Anoche me quedé sentado en el patio de ladrillos, fumando y tomando en silencio y observando, sobre la línea de los techos y los tanques de agua, la luna llena. Fui siguiendo su lentísimo ascenso. En un tiempo, estando lejos, cada uno en su ciudad, sabíamos que el otro la miraba y eso calmaba un poco la melancolía de la ausencia. Parece una tontería, seguramente lo es, pero era una tontería, al fi n de cuentas, hermosa, y eficaz como remedio para la nostalgia. Lo mismo hacían mis abuelos, según me cuentan, pero con una estrella, que los dos miraban a una misma hora convenida. Recordaba esto y pensaba que no hay caso, contra toda artimaña, siempre llega la noche en que la luna ya no es más que la luna, o cuanto más esa vieja metáfora de la poesía persa, que recordaba Borges: “cristal de soledad”, “espejo del pasado”. Así me adormecí y me desperté a las cinco de la mañana, con la cabeza todavía levantada, el cuello dolorido y la luna desaparecida detrás de la tapia. A partir de los comen...

Henri Cole

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Delfines Los delfines parecen felices —tumbados sobre su espalda, mostrando su reluciente dorso— mientras la entrenadora acaricia sus carrillos y hace que chillen enérgicamente. Cuando se hace la muerta, ellos la empujan con sus hocicos. como a través de un cielo Tiepolo, y los niños gritan alegremente, destrozando mis sentidos.                                       Recientemente, entre las cosas de Madre, encontré esto: “Tengo miedo de él. Necesita atención psiquiátrica. Me incita a creer cosas extrañas. Me ignora, me  ataca. Muy tacaño. Quiere saber las condiciones de mi seguro”. Aquí, en medio del revoltijo, la fidelidad y el amor no han sido sustituidos por problemas y conflictos. ¿Qué protege a los delfines de la angustiosa soledad? ¿Por qué sus almas no son conscientes de su insignificancia? Qué lejos parecen del mundo moderno. La belleza permanece inalterable. HENRI COLE...

Alma que sólo ves un animal herido al fondo del espejo: cesa ya de jadear.

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Relectura de un poema de Gelman Imagen: tuotrodiario

Julien Green: "Diarios 1946-1949"

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1946 14 de enero.  Un diario es una larga carta que el autor se escribe a sí mismo, lo más sor­pren­dente es que se da a sí mismo sus propias noticias. 8 de febrero. Traduje un poema breve de Donne, otro de Her­bert y un ter­cero de Hop­kins. Releí una parte de mi Mal­fai­teur lamen­tán­dome de no haberlo pub­li­cado jamás; hay un capí­tulo en ese libro que aún me parece bueno. 26 de febrero. Ayer en la noche, un poco antes de acostarme, saqué de mi secreter un sobre lleno de pape­les a los que me había afer­rado a un grado ape­nas con­ce­bible si lo con­tase. Sabía bien lo que quería hacer, pero durante un buen cuarto de hora me quedé cerca de la est­ufa con el sobre en las rodil­las. Por fin, abrí la est­ufa y lo deslicé al fuego. 22 de mayo. Visita a Gide. Me recibió como de cos­tum­bre en su bib­lioteca, en un rincón cerca de la ven­tana, sen­tado en la pequeña mesa de madera pul­ida. Su crá­neo está a medias cubierto por la boina negra a la que es afecto. Me habló de...

Edel Morales: Leyendo a Baudrillard...

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En la línea verde     Leyendo a Baudrillard en la línea verde del Metro  entendí por un instante, en toda su ironía,  aquello de que el objeto y el sujeto son lo                     mismo.  Es la verdad de este mundo:  el asesino y la víctima,  el origen que se dilata y estalla,  el destino que se contrae y estalla.  Una dualidad de mirada y reflejo  que el devenir resuelve en la incertidumbre de la huella en la Nada. Acogidos por la transparencia los pueblos del espejo entraban y salían a sus anchas en el espacio-tiempo de los vagones silenciosos, con toda su alteridad a cuestas: eran ellos mismos y distintos, una misma persona, en último término, en última instancia: la certeza imposible de lo Uno. O quizás no llegué a entenderlo del todo y fue solo una ilusión, apenas un instante, lo he dicho: la pasión de la ilusión que se muestra y huye, sacudiendo el vértigo de un cuerpo a...

B. H. Fairchild

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Dos fotografías Luz invernal, una casa de madera blanca cubriendo el fondo como en un sueño –las ramas desnudas de un álamo, un fragmento de cielo. En primer plano, mi padre de joven, y un coche, un Packard. Su cuerpo está desparramado sobre la carrocería del coche, la espalda pegada contra la puerta, los codos rígidos en el borde de la ventana, la pierna doblada, y unos Florsheim pulidos descansando en el estribo. Sostiene un cigarrillo con una gracia especial, o tal vez con fingida despreocupación, el humo enredándose a lo largo de la patilla derecha. El pelo fue engominado sólo un momento antes, y la cabeza está levemente ladeada mientras mira con algo de timidez el ojo del obturador. Luz invernal. Se desprende desde su camisa blanca a la manera de los cuadros de Hopper, la luz dura y flotante. Está también allí, en la segunda fotografía en la cual estoy recostado contra mi coche: cigarrillo, las mangas enrolladas dos veces hacia el nacimiento del antebrazo, el cabello oscuro brilla...