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diciembre 19, 2021

Lo hicieron otra vez



TENGO que decir que la ex revista Ñ volvió a publicar un "balance" anual de los [mejores] libros -y otras formas del arte- y le destinó solo un recuadro en muchas páginas -en todas sus páginas- a la poesía. La evaluación, a cargo de Nora Catelli, notable ensayista rosarina que menciona solo tres libros... de autores rosarinos.
El poco espacio dedicado a la poesía en estas encuestas y en general en las publicaciones literarias no solo consterna porque desconoce una parte sustancial de la literatura -cuya historia escriben estas encuestas, entre otros artilugios- sino también porque funciona de acuerdo con la estrategia de mercado de las editoriales en general: no se vende poseía, no se publica, no se comenta. Que no haya memoria de ella es lo de menos.


JORGE AULICINO en Facebook
Enlaces: Revista Ñ | Jorge Aulicino, poemas

diciembre 16, 2021

María Inés Cantera

Pequeña nave viajera



TANTAS VECES    




vi perros muertos al costado del camino 
o en el medio de la ruta 
un instante en que el vuelo 
se detiene 
y el mundo es otro 
 
una vez 
vi una paloma gris 
estrellada en el asfalto 
le temblaban las plumas con el viento 
                 
vi también 
un gato siamés con  collar rojo 
            
                 no podía oír el llamado de la mujer 
                 que esperaba a un gato siamés
                 como si fuera el amante
                 como si fuera el mundo entero.

Vi perros durante días y días
despellejarse, consumirse cadáveres
sin tener un pedazo de amor que los entierre.

Vi liebres encandiladas
en el sueño de la luna y el pasto tierno

No hay vuelta atrás cuando la luz te ciega.
No hay vuelta.

Por eso anoche íbamos mansamente
el R9 y yo respirándole secretos al silencio.

Y anoche mismo vi un cachorro muerto
                      con los ojos abiertos
                      con los ojos fijos
                      mirando el camino que ya no era.
                                                         
como puñales
le brillaban los ojos
                      al cachorro           
                       
él mismo sorprendido
de su propia muerte.

Pensé en tantas veces de
cuerpos al costado de la ruta
o en el medio

pero nunca me habían puesto
ese torrente de luna vivo en cada ojo
ese brillo lunar en el camino.

Pensé en Atahualpa Martínez*
en el grito sagrado de su madre

y me aferré al volante
por abrazarme a algo
                                    no más
y no caerme en la noche.

y me dije sin voz
como quien reza aguas adentro
                                   de sus ojos

que estaba bien
que le escribiéramos poemas
                                  fueguitos sagrados
                                  al costado del camino
aunque no alcance.

Aunque no alcance.
 
                                                                                        
*Atahualpa Martinez, joven asesinado en Viedma, cuya muerte no ha sido esclarecida.



PEQUEÑA NAVE VIAJERA



EN estos días te dije no quedan más palabras en el mundo. Como esa tormenta cuando da vueltas pero conoce su destino, voy  para el lado del mar. Ya casi no puedo respirar. Nada que no sea esta luz de lavanda.  Un oleaje de colas de zorro en la banquina. 

ES tan rara la primavera. Llueve llueve llueve. Ni respiro. Casi ni respiro nada que no sea esta luz de lavanda. ¿Te acordás cómo decía Elba? Andan todos los diablos sueltos.
Y andamos por los patios apretando los frutos que no fueron.

BRAMIDOS marinos de ese viento  más loco que una cabra. A vos  te hubiera gustado ver cómo llueve tanto. Verme arrancando caracoles del corazón de las flores. La salvadora de caracoles. Tendrías que ver cómo les hablo mientras los llevo al río porque no sé matarlos. Te lo hubiera contado entre mate y mate alargáaandolo todo.  Exageráaaandolo todo. Inventando para tus ojos de agua.  Para que no pueda quedarse sin palabras. Tu mundo. Tantas cosas chiquitas hago.  Pedir permiso a las abejas, Señoras del Romero y la Lavanda. Tantas cosas ridículas, ahora también Salvadora de caracoles. 

OTRAS trato de escribir algo que no te nombre.  Por eso me voy quedando así. Quedita. Quietita. De este lado de la lluvia.
 Por eso salí a campearte.

NO sé cómo es tu país. Nunca estuve.


ACÁ nos abrazamos más a causa del derrumbe.  Un  tatuaje en brazo  de mujer: Abrazame  y no me sueltes hasta que ella vuelva. 

PERDIDA sin saber de dónde viene el viento.
 A la hora del mate podrías volver.
Viento del este lluvia como peste. Norte claro sur oscuro, aguacero seguro
etc, etc. 
Tu voz podría volver.
La de Treinta días trae noviembre con abril julio y septiembre…  que nunca  pude aprenderme. O tal vez  no quise. 
Para oírte recitar. 

MUJER mirando al sudeste,  cuando me levante mañana.  De mi boca a la tuya voy a soplar tan  suave la flor del panadero.  Esa nave de semillas.
Pequeña nave viajera.
Y en una de sus joyas emplumadas veré partir  en el centro del patio un deseo que busque su nido. 

SOY la heredera de tu silencio pienso tanto en lo que me gustaba y en lo que no.  Esa piedra preciosa: la ausencia de sonido.  Aunque es muy tarde en el desvelo pienso en esa piedra poderosa la ausencia de sonido. Quiero ser la heredera de tu silencio.  Del bueno. Como el colesterol  hay uno bueno y uno malo. 

EN  los poemas que no terminan nunca pienso. Como la vida siguen

EN este instante que acaba de pasar en la piel azabache rasgada de la luna creciente por el borde mismo del mar
ahí ahí 
va cantando tu callada
ahí ahí
tu empenumbrada
montada en la llovizna azul de un día que amanece
otro
para salvar caracoles  

 


MARÍA INÉS CANTERA (Carmen de Patagones, Buenos Aires, Argentina)
Fuente: Poetas del mundo 
Referencia Pequeña nave viajera: Transversal.  Poesía contemporánea de Río Negro. Antología Fondo Editorial Rionegrino. Compliación Graciela Cros.

diciembre 13, 2021

Dos poemas de Lisa Grunberger

poetas norteamericanas, recuerdos de madre

Recuerdos de madre, otra vez      




a la mañana cuando mi cabeza está pesada de noche y cobija 
y murciélagos y de las letras haciendo su striptease detrás de mis ojos cerrados 
       
me lleno de ti, tus ojos entre tigre y avellana danzan frente a mí 
y estarás allí todo el día un fragmento del otro mundo 
 
dentro de mí como vive nuestra casa dentro de mí esa otra familia 
     tan real como una lluvia en un país diferente tan real como un caballo 
 
de un siglo diferente porque aún estamos allí no es así madre 
     volteando las fichas de Rummikub, dejando hervir el café turco  
 
otra vez antes de verter la espesa infusión oscura en la porcelana. 
     Qué hace la memoria sino doblarse sobre sí misma — ella también  
 
como una sombra oblicua interrumpida al mediodía en una calle veraniega.  
algunos ven auras, mis dones son más modestos: yo huelo tu aroma 
 
como un perro huele la carne asada del festín de un vecino 
bajo una carpa en el cul-de-sac a la vuelta de la esquina donde las casas  

cuestan más porque hay un jardín y una vista de flores. 
Siempre decías sigue la tierra y el agua,

cuando estábamos en la cama mirando y mirando la caja boba,
esa fluorescente maravilla de suspiros y sonidos,

tu cabello color miel recién arreglado firme al contacto cuando mi cara 
rozaba sus bordes accidentalmente. La tierra a principios de abril

está llena de flores de cerezo. Mi hija anhela 
conocerte. Qué haces le pregunto cuando ella

apoya su mejilla fría contra mi corazón. Escucho
la voz de tu madre, me dice, como si fuera obvio 



El tiempo de mi padre




Trato de hallar el tiempo de mi padre
dentro de mí. Es difícil.

Su tiempo era Encantado. Un tiempo
de sueño que él conjuraba con sus manos. 

Mi padre casi murió allí.
Lo salvó buena gente.

Lo salvó un bote. Heces al costado
del bote, según un testigo ocular.

Lo salvaron cebollas crudas.
Mi padre reía mucho.

Los relojes de nuestra casa
que recogía como niños perdidos 

repican y cantan y suenan
y hacen cucú a toda hora.

¿Sabes? Él vive realmente
en el No-Tiempo. Cuando tenía hambre, 

comía. ¡Media hogaza de pan italiano
en el camino a casa desde el trabajo!

“Cariño, no tendrás hambre
para cenar”, decía mamá.

Pero él comía la sopa
de hongos, el colirrábano ligeramente salado.

Pedía más. Pedía postre.
“Noch vas?” preguntaba, un tono inocente en su voz.

Para mí, el tiempo encarcela.
Estrecho y estrechándose. Yo estoy buscando 

el tiempo de mi padre, los domingos
reunidos en la mesa interminable llena de pasteles

y café turco hecho en la vieja cafetera
que mamá trajo de Israel.

El tiempo me pesa.
¿Qué tiempo es este?  

La muerte se saltó una generación.
Él, tan luminoso, yo, tan oscura,

él claridad mezclada con oscuridad humana,
yo oscuridad mezclada con la luz de papá.

Lupa, resortes, mecanismo, balanza.
Regular como un reloj. Se levantaba a las 6. Ducha

y una taza de café liviano y dulce.
Se iba al trabajo. Volvía  y se lavaba las manos,

mucho jabón en el lavabo, arriba.
Sus manos elegantes salpicando

notas de gracias bajo el grifo.
Siempre lo mismo, sin aburrirse.

Un hombre de rutinas. ¿Adónde irá
cuando yo muera?  Se volverá una foto 

sin nombre en un álbum? ¿Quién es ése? 
Un hombre que por poco fue asesinado

en un tiempo en que un millón y medio de niños
fueron asesinados. “Por qué escribes

sobre esas cosas tan oscuras, Leeza,
come un chocolate,

haz un pastel, suéltate,
escucha un poco de Louis Armstrong. 

Escucha el sonido tan hermoso 
que puede crear tocando su trompeta”. 

Papá cierra sus ojos marrón claro
y escucha el sonido 

que hace Louis con su trompeta,
y el tiempo se mece embelesado

sobre su cabeza. Dentro de mí
el tiempo fuera de la cuna

hace tic-tac
interminablemente 

Yo voy a morir
lejos de donde vengo.

Su tiempo, sí, está 
dentro de mí.

Pero es difícil.


LISA GRUNBERGER (Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos de NA) 
Traducción: Gerardo Gambolini
Enlace: Lisa Grunberger
Imagen en Templey University

diciembre 11, 2021

Nora Gomringer

Una mujer con cabello rizado y un collar azul. Nora Gomringer, poeta alemana contemporánea.


A VECES




A veces, 
el alma 
es eso 
que el gato 
atrapa 
y trae 
a casa, 
tan solo 
un ratón 
muerto 
del cual, 
igual, 
se huye 
saltando 
a una silla. 
 


PUEBLO DE BOLSILLO 



Donde se vive toda una vida 
ya antes de nacer 
toda una vida 
a todo se le da 
un nombre 
La piedra es la Gris, y 
el árbol Mescondí 
el arroyo Susurrador 
Y cada perro, Salvador 
Y cuando alguien se 
marcha 
de todo 
lo que tiene nombre  
se lleva 
su pueblo en los bolsillos 

 

MANCHMAL



Manchmal
ist die Seele
das, was
die Katze
vom Jagen
nach Hause
schleppt,
nicht mehr
als eine
tote Maus
vor der
man trotzdem
auf den
Stuhl flüchtend
springt.



TASCHENDORF



Wo man ein Leben
lang wohnt,
schon vor der Geburt
ein Leben lang
da gibt man allem
einen Namen.
Der Stein heißt Grauer,
der Baum Versteck
der Bach Säusler und
jeder Hund Rex.
Und wenn man
fortzieht
von allem,
was Namen trägt,
hat man
sein Dorf in den Taschen.


Manchmal fue traducido por: Graciela Calderón, Vanessa Bastardo Zambrano.
Taschendorf fue traducido por: Vanesa Haunold




NORA GOMRINGER (1980, Neurkincher, Alemania. Nacionalidad alemana-suiza
Fuente: FILBA on line en la clínica de traducción de la AATI
Imagen en Coopzeitung

diciembre 10, 2021

Poemas inéditos de Alberto Pipino

Al trasluz


Al trasluz de una grappa      


In memoriam a Hugo Goldsman   
y a Marta Mastrogiacomo

 
 
Esta noche la trattoria está casi vacía, la lluvia 
es un velo que no todos se animan a 
cruzar,  en la mesa del rincón 
junto al horno a leña 
 
estoy como un zombi que puede volver a la vida 
en un santiamén, en la mano tiembla 
un vaso de grappa que trasluce 
a la humanidad 
 
cuando hace 50 y pico de años llegó a la luna, 
época que con Hugo estábamos en la  
cárcel entre risas, humo 
de tabaco, 
 
la flor cantada, el mate de boca en boca,  
viendo a Neil  Armstrong en tv 
recoger del suelo lunar algo
como una planta

del tamaño de un racimo de uva variopinta;
revivo visitas en el penal de Marta,
compañera de Hugo, critica
del uso exagerado

de exotismos en las cenizas poéticas que yo
atizaba ese invierno. Después de tanto
tiempo el candor vuelve, igual al
sabor del licor seco, firme. Y

ya en la octava grappa ¡ay qué maravilla! veo
a Marta, a Hugo y a mi mismo, en
la luna de Georges Meliés
escapando

de un grupo de selenitas entre ratas, queso
roquefort, un misil en el ojo porque
no quiero caer por el agujero
de la memoria, quizá

por eso hoy la tierra ya no es la misma
sin encuentros donde reíamos de
la política para no llorar por
miedo a la vida.


 

Canción para un alma


 

Esperando el atardecer inhala el humo
del tabaco como si quisiera
tragar todo el anhelo.

Está tan bella o tan rudo en la acera,
rezonga sin fe de erratas y suma
sombras por venir,
quizá no es tan bella sino bello o
joven, acaso algo setentón,
tan guapa.

Pero vino el crepúsculo y solo quedó
un pucho a medio disfrutar  
en la vereda.

Parecía tan fría, tan roto con el deseo
quebrado, el ojal sin botón y
no tan verdadero,
con la belleza reflejada en una ilusión
hoy la brisa desafina al abrazar
el álamo suprimido.

Puede navegar en una mesa con mástil
de vidrio y velamen impulsado
por vino y limón,
con la mirada desordenar la cabellera
del río, ir a tientas en una fila
de omisiones, pero

no puede reescribir la historia, armar
otra vez la cita prender
el cigarrillo, no
puede colocar la palabra desaparecida
en la voz, cadencia
y espacio.

Entre la niebla gris el alma se orienta
a través de géneros y
oído diverso,
entra al museo buscando la sala, pasea
por desnudos imposibles
y se exhibe.  



En Convent Ave. y la 144


 

En la acera y calle de la iglesia Bautista
del Tabernáculo Mayor el viento
barre la hojarasca, anticipa
la llegada del amor
de mi vida, 

advertida una oleada de visiones busca
huir de mi boca para acoger
al sexo sentido que da y
quiere, si el aire no
pierde fuerza.

Dobla la esquina y aparece con la tez oliva
y el cabello rubio ceniza, podría ser un
esbozo hecho por Norma Bessouet
después de su muerte,
en 2018, y

yo con las piernas juntas y las manos en
los bolsillos cuajo el deseo para
que no crea que disfruto del
baile de San Vito, en
versión propia.

Hábil para no dar el brazo a torcer golpea
con la vista, la lengua mide el límite
y pone pasión al ajustar los
lazos de mi camisa
de fuerza,

un destello, casi un alfiler de luz clavo
en el instinto y tengo miedo, pero
igual pregunto ¿de cuál vida
sos mi amor, de esta
u otra? 

Gorjea un piquiblanco desde el roble
frente al templo. “—Hey, viejo,
calma, que la lucidez es lo
peor que puede pasarle
a un loco”.

Exhausto acaricio con un dedo la ventanilla
trasera de la ambulancia, dejando atrás
un instante de claridad en la
sombra de un otoño
inclemente

en el vidrio trazo un par de líneas horizontales
y otra vertical, como si fuera un pino
solitario en el cruce de
imposibles, cerca
de la mano. 





ALBERTO PIPINO (1942, Buenos Aires, Argentina)
De: Riverside Driver, etcétera (inédito)
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Centro Cultural Barco de Papel | Al pial de la palabra
Imagen en Facebook

diciembre 08, 2021

Erik Lindner

poesía holandesa, Países Bajos


Identificaciones     




1. De lo que se trata no es más que de que sea cierto, 
la posibilidad de ser un elemento, de pertenecer 
a una compañía, a un conjunto. Gente 
cambiándose entre los ligustros bajos 
y el alambrado al borde de las dunas. 
 
Naipes que caen sobre una toalla en la arena, 
las provisiones bajo paños en un cesto de mimbre, 
una botella enterrada de una destilería 
donde ese día uno de nosotros ha trabajado. 
Corremos como todo el mundo hacia el mar 
 
y volvemos, nos sacudimos los zapatos en la senda,
abrazamos lo que en toda conversación se omite
al despedirnos y nos sabemos desconsolados cuando
en un tranvía el conductor anuncia las paradas
a su único pasajero.




El mar es violeta en el Pireo.




Una bandera emerge del campanario
cuando el viento gira.

Un hombre pasa por encima de un perro.
Una mujer se frota cabizbaja un párpado.

En una tienda de paraguas se cae un paraguas del mostrador.

En una ramita fina hay posada una paloma
que se cae, revolotea y se posa de nuevo.
La baya lejana que cuelga en la extremidad de la rama.
La rama que cede, el collar que se abomba cuando la paloma avanza.

Una chica aborda el tren con un cajón de escritorio.

En la arena gruesa junto a la rompiente
un pescador extiende horizontalmente su caña.
A su lado una bici apoyada en el pie.

Él separa las piernas como orinando.
Huellas de patas de pájaro en la arena.
La caña se curva sobre el mar.



Legitimaties




1. Waar het om gaat is niets dan dat het ergens klopt,
de mogelijkheid een onderdeel te zijn, te behoren
tot een gezelschap, een verzameling. Mensen
die zich omkleden tussen de lage heggen
bij het prikkeldraad aan de duinrand.

Speelkaarten vallen op een handdoek in het zand,
het proviand onder lappen in een rieten mand,
een ingegraven fles van het destilleerbedrijf
waar een van ons die dag heeft gewerkt.
We rennen als iedereen naar de zee

en weer terug, slaan schoenen uit op het voetpad,
omhelzen wat in elk gesprek achterwege blijft
bij het afscheid en weten ons troosteloos als
in een tram de bestuurder zijn haltes
afroept tegen zijn enige passagier.




De zee is paars bij Piraeus.




Een vlag kruipt uit de klokkentoren
als de wind draait.

Een man stapt over een hond.
Een vrouw wrijft gebogen over haar ooglid.

In een parapluwinkel valt een paraplu van de toonbank.

Op een smalle tak zit een duif
die erafvalt, fladdert en opnieuw gaat zitten
de bes die te ver op het uiteinde van de twijg hangt
de tak die doorbuigt, de kraag die opbolt als de duif verschuift.

Een meisje stapt in de metro met een bureaula.

Op het dikke zand aan de branding
schuift een visser horizontaal zijn hengel uit
een fiets staat naast hem op de standaard.

Hij staat wijdbeens alsof hij plast.
Vogelpootafdrukken in het zand.
De hengel kromt boven de zee.


ERIK LINDNER (1968, La Haya, Holanda)
Traducción: Diego Puls
Fuente: Lyrikline
Enlace: Revista Altazor
Imagen en Ron Macleann's blog


diciembre 07, 2021

Oscar Vicente Conde

En ese lugar


En ese lugar     




Fue allí, justo allí. 
En la oscuridad de ojos cerrados. 
Imaginando la luz debajo de la piel. 
En ese lugar distinto, 
donde dejamos volar nuestros pies. 
Como pájaros azules en bandadas. 
Y no hemos dejado huellas, 
sobre la brisa, 
sobre las nubes inquietas y a ras del piso .
Como un secreto inviolable .
Fue allí, de improviso, 
rápido y con destellos por doquier.
Como un atentado que no esperábamos.
Y sin embargo nos dejo ilesos,
esperando mas,
sin poder defendernos.
Sin intentar  huir por el horizonte,
que nos llamaba con la luna recostada.
Blanca como sueño infantil.
Fue allí,
cerca del aroma salitre,
sin ropajes innecesarios,
donde nos descubrió el amor escondido.
Es allí,
donde no dejamos nada a cambio de todo.




OSCAR VICENTE CONDE (1947, Lanús, Buenos Aires, Argentina)

diciembre 05, 2021

Ricardo Yánez

Confabulario

1     




La nube que atraviesa tu rostro 
de claridad iluminada 
hace que en tus bolsillos aparezca 
una moneda de oro, 
con tu dedo cordial la estás tocando. 
En tu corbata el pálpito de un pájaro 
se hace visible 
y tu espaciosa frente que imaginas 
sugiere 
en cinemascope. 
Te haces el sorprendido 
pero te ha sorprendido, sin embargo, 
del fotógrafo el clic, 
tú tan formal y como salido 
no obstante del encuadre. Dubitas 
sobre si sonreír 
o mantenerte serio, y eso gracia te hace, 
te da. Hay una ingenuidad
en tu expresión, que se pretende neutra
o elegante, no sé. Sé, sí, que tienes frío
y que lo arrostras –terno de casimir–
de modo que frescura, frío no,
transmita tu presencia.
A sepia la saliva te sabe, a aire que pasa.
Bien plantado,
hacia la izquierda un poco el peso de tu peso
se inclina.
Dices Dios en silencio, para mejor lucir.
Dices tu propio nombre
abismado en el cielo.
Eso te dices. Por fuera dices mírame, es de ley
que me recordarás. Tangible es eso como el oro
recién, aunque aún a oscuras, recién aparecido.
 


RICARDO YÁNEZ (1948, Guadalajara, México)
Fuente: Confabulario
Enlaces: Carruaje de pájaros | La Otra
Imagen en Crónica Jalisco

diciembre 02, 2021

Richard Eberhart

La marmota


La marmota     




En junio, entre los campos dorados, 
vi una marmota que yacía muerta. 
Muerta ella yace; mis sentidos se estremecieron, 
y la mente advirtió nuestra desnuda fragilidad. 
Allí humilde en el vigoroso verano 
su forma inició su absurdo cambio, 
e hizo vacilar a mis sentidos aturdidos 
viendo la furia de la naturaleza en ella. 
Al inspeccionar de cerca sus poderosos gusanos 
y ver la caldera de su ser, 
medio con asco, medio con un extraño amor, 
la empujé con una violenta vara. 
Subió la fiebre, se volvió una llama 
y el Vigor circunscribió los cielos, 
inmensa energía en el sol,
y un temblor sin sol a través de mi forma.
Mi vara no hizo ni bien ni mal.
Entonces de pie callé en el día
observando el objeto, como antes;
y conservé mi reverencia por el conocimiento
intentando el control, estar en calma,
de aplacar la pasión de la sangre;
hasta haberme puesto de rodillas
rogando por regocijo a la vista de la decadencia.
Y así me fui; y regresé
en otoño con ojo estricto, para ver
la savia perdida de la marmota,
pero permanecía la huesuda masa húmeda.
pero el año había perdido su sentido,
y en cadenas intelectuales
perdí el amor y el asco,
arrinconado en el muro de la sabiduría.
Otro verano tomó los campos de nuevo
masivo y ardiente, lleno de vida,
pero cuando por azar llegué al lugar
allí sólo quedaba un poco de pelo,
y huesos blanqueados al sol
bellos como arquitectura;
los observé como un geómetra,
y corté un bastón de un abedul.
Han pasado tres años ya.
No hay señal de la marmota.
Me detengo allí en el circular verano,
mi mano cubre un corazón marchito,
y pienso en China y en Grecia,
en Alejandro en su tienda,
en Montaigne en su torre,
en Santa Teresa en su salvaje lamento.



The groundhog




In June, amid the golden fields,
I saw a groundhog lying dead.
Dead lay he; my senses shook,
And mind outshot our naked frailty.
There lowly in the vigorous summer
His form began its senseless change,
And made my senses waver dim
Seeing nature ferocious in him.
Inspecting close his maggots’ might
And seething cauldron of his being,
Half with loathing, half with a strange love,
I poked him with an angry stick.
The fever arose, became a flame
And Vigour circumscribed the skies,
Immense energy in the sun,
And through my frame a sunless trembling.
My stick had done nor good nor harm.
Then stood I silent in the day
Watching the object, as before;
And kept my reverence for knowledge
Trying for control, to be still,
To quell the passion of the blood;
Until I had bent down on my knees
Praying for joy in the sight of decay.
And so I left; and I returned
In Autumn strict of eye, to see
The sap gone out of the groundhog,
But the bony sodden hulk remained.
But the year had lost its meaning,
And in intellectual chains
I lost both love and loathing,
Mured up in the wall of wisdom.
Another summer took the fields again
Massive and burning, full of life,
But when I chanced upon the spot
There was only a little hair left,
And bones bleaching in the sunlight
Beautiful as architecture;
I watched them like a geometer,
And cut a walking stick from a birch.
It has been three years, now.
There is no sign of the groundhog.
I stood there in the whirling summer,
My hand capped a withered heart,
And thought of China and of Greece,
Of Alexander in his tent;
Of Montaigne in his tower,
Of Saint Theresa in her wild lament.
 





RICHARD EBERHART (1904, Austin, Minnesota / 2005, Hannover, New Hampshire, Estados Unidos de NA)
Fuente:: Rialta
Traducción: sin mención
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Desasosiegos
Imagen en Paperblog