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febrero 27, 2020

Eduardo Padilla

4.







Soy el extraño.

Me han dado el último cuarto

junto a la escalera de incendios.

Quiero ser como ellos,

quiero una familia.

“No puedes ser como nosotros,

tú eres como él.”

Señalan con el dedo al Hombre Invisible.

El Hombre Invisible no habla con nadie.

Se desliza con rapidez en línea recta.

Cuando gira sólo gira noventa grados.

Sólo es visto de perfil.

Va enfundado en gabardina, gorra y lentes negros.

El Hombre Invisible es un jeroglífico humano.

Un día lo seguí por la calle.

El Hombre Invisible dio vuelta en una esquina,

luego en otra y luego en otra

y caminó veloz de vuelta al hotel.

Pero por un instante lo vi quitarse las gafas:

era el doble de Dustin Hoffman.

“¿Se han dado cuenta que el Hombre Invisible

es idéntico a Dustin Hoffman?”



Pero a nadie ahí le importaba un carajo Dustin Hoffman.







6.







A la mitad del invierno

me supe afortunado

de haber cambiado la escuela

por East Hastings.

Me hice una maestría de estar parado

haciendo fila

en las cafeterías del gobierno.

Perdí la cuenta de todas las veces

que vi a Buddha

parado en la misma fila

frente a mí.

Señorito Siddhartha,

me enseñaste la paciencia del desierto

para esperar en línea

el pan y la sopa caliente

que caían del cielo cristiano

y me eran dados por canadienses angélicos,

palidísimos

y terriblemente

amables.







12.







Llevaba sólo mil dólares

así que debía gastar lo menos posible.



Según el periódico, los cuartos más baratos

estaban en East Hastings.

Además daban tarifas semanales

y no pedían referencia o depósito.

Pero el primer día estaba yo exhausto;

renté por una sola noche

una habitación limpia

con baño y televisor.



Observé la calle

antes de cerrar las cortinas.

Era el verano.

En Vancouver llueve todo el tiempo

y cuando sale el sol hay una ley tácita

que obliga a la gente a ponerse ropa ligera

y salir a caminar con paso suave.

Todo el mundo tenía actitud de millonario,

de gente sin dolor aparente.

No era posible. Jamás había visto algo así.



Sentí un pavor que no había sentido

desde la infancia.



Me acosté sobre la colcha

sin quitarme la ropa.



La posibilidad de morir de hambre

rodeado de gente exitosa

me asaltó con violencia.



Comencé a caer en el sueño que sigue al insomnio,

ese que no espera a que caiga

el telón de los párpados

antes de arrojarte al pozo.

Los turistas entraban a mi cuarto

y se paseaban alrededor de mi cama.

Me tomaban fotos.

Me quitaban los zapatos,

me quitaban la camisa y los pantalones.

Era gente joven y espantosamente guapa.

¿Y qué era yo?



Pero la luz se fue extinguiendo

y yo me olvidé de aquella pregunta









Eduardo Padilla

EDUARDO PADILLA

(1973, Vancouver, Canadá)

De: "Hotel Hastings", Cinosargo Ediciones, 2018

Enlaces: Poesía mexicana contemporánea | Entretextos | Poesía Mexa






















febrero 23, 2020

Ezra Pound: Oh, tú, recién llegado, que buscas a Roma en Roma

L’Albatre



Esta dama en su blanca bata de baño que ella llama un peignoir
es, por el momento, la amante de mi amigo,
y las blancas patas delicadas de su blanco perrito
no son más delicadas de lo que es ella,
y ni el mismo Gautier hubiera desdeñado sus contrastes en blancura
cuando está sentada en un sillón
entre dos velas indolentes.


Roma


-del francés, de Joachim du Bellay
“Troica Roma resurges” —Propercio


Oh, tú, recién llegado, que buscas a Roma en Roma
y no hallas ninguna cosa en Roma que puedas llamar romana.
Los arcos envejecieron y se han vuelto vulgares los palacios;
sólo el nombre de Roma guardan estos muros.

Mirad cuánta soberbia y cuánta ruina puede acontecer:
una que tuvo al mundo sometido,
que todo conquistó, ahora conquistada;
porque Ella es presa del Tiempo y el Tiempo todo lo consume.

Roma que eres sólo un monumento póstumo de Roma,
Roma que sólo has conquistado la villa de Roma,
el Tíber solamente, de paso en camino al mar,

restos de Roma. ¡Oh tú, mundo, mimo inconstante!
Lo que en ti permanece firme el Tiempo lo derriba
y a aquello que es fugaz el Tiempo veloz aventaja.


L’Albatre



This lady in the white bath-robe which she calls a peignoir,
Is, for the time being, the mistress of my friend,
And the delicate white feet of her little white dog
Are not more delicate than she is,
Nor would Gautier himself have despised their contrasts in whiteness
As she sits in the great chair
Between the two indolent candles.


Rome

-del francés, de Joachim du Bellay
“Troica Roma resurges” —Propercio


O thou newcomer who seek’st Rome in Rome
And find’st in Rome no thing thou canst call Roman;
Arches worn old and palaces made common
Rome’s name alone within these walls keeps home.

Behold how pride and ruin can befall
One who hath set the whole world ‘neath her laws,
All-conquering, now conquered, because
She is Time’s prey, and Time conquereth all.

Rome that art Rome’s one sole last monument,
Rome that alone hast conquered Rome the town,
Tiber alone, transient and seaward bent,
Remains of Rome. O world, thou unconstant mime!
That which stands firm in thee Time batters down,
And that which fleeteth doth outrun swift Time.




Ezra Pound
Otros poemas de EZRA POUND, aquí
Traducción: Gerardo Gambolini
Imagen: Moma

febrero 20, 2020

Dos poemas de Marie Howe

Lo que nos pertenece   



Ni los números de teléfono memorizados.

Los desvíos a casa tantas veces repetidos.

Ni el verano que brillaba como asfalto, cuando Lucia
empujó a Billy de la madriguera y le rompió un brazo

o nuestras huellas diminutas en las fichas negras.

Ni la nómina de reyes desde Carlomagno a Enrique

ni las cajas bajo nuestras camas

o el día del casamiento de Tommy, que hizo tanto calor y Mark
      tocó la flauta
y lo saludamos cuando nos saludó desde la ventanita redonda
      de la galería

toda esa cantidad de gente entrando de a una en el agua helada.

Tengo una foto, por supuesto,
vos y yo levantándonos de un sofá.

De cuerpo entero, soy apenas más alta que vos
pero en la foto no se nota eso
solo nosotros dos en movimiento
sin mirarnos, sonriendo.

Ni siquiera la forma en que hablábamos, apoyados contra la
   mesada de la cocina.

Tampoco la cabaña donde me quemé el brazo y vos dijiste, ah,
vos sos de las que
incluso si doliera, no dirían nada.

Ni siquiera las ampollas. Mirá.

("What Belongs to Us", en The Good Thief, 1988, el primer libro de poemas de Marie Howe)


La promesa



En el sueño que tuve cuando volvió sano,
no enfermo, y con su campera de abrigo puesta,

me miraba como si no pudiera hablar, como si
hubiera una ley contra hablar, una membrana que no podía romper.

Su silencio era lo que no podía
no hacer, como respirar en este mundo, como vivir,

lo que hacemos, al fin y al cabo.
Y yo le decía: Estoy leyendo sobre budismo,

y escuchá esto: Cuando nos morimos no morimos. La muerte es una circunstancia,
un umbral que atravesamos. Seguimos y seguimos

por siempre hacia la luz.
Y él bajó la vista y después me miró. Era la mirada que cruzábamos

sentados en la cocina cuando papá volvía borracho de nuevo, y peligroso,
esa mirada fija que quiere decirte algo,

en un lugar lleno de gente, algo importante, y no puede.


("The Promise", en What the Living Do, 1998)


What belongs to us 



Not the memorized phone numbers.

The carefully rehearsed short cuts home.

Not the summer shimmering like pavement, when Lucia
pushed Billy off the rabbit house and broke his arm

or our tiny footprints in the black files.
Not the list of kings from Charlemagne to He,

not the boxes under our beds

or Tommy's wedding day when it was so hot and Mark
played the flute
and we waved at him waving from the small round window
    in the loft

the great gangs of people stepping one by one into the cold water.

I have, of course, a photograph
you and I getting up from a couch.

Full height, I stand almost two mches taller than you
but the photograph doesn't show that just the two of us in motion
not looking at each other, smiling.

Not even the way we said things, leaning against the kitchen counter.

Not the cabin where I burned yarm and you said, oh,
you're the type that
even if it hurt, you wouldn't say.
Not even the blisters. Look.



The promise



In the dream I had when he came back not sick
but whole, and wearing his winter coat,

he looked at me as though he couldn't speak, as if
there were a law against it, a membrane he
couldn't break

His silence was what he could not
not do, like our breathing in this world,
like our living.

As we do, in time.
And I told him: I'm reading all this
Buddhist stuff,

and listen, we don't die when we die. Death is
an event,
a threshold we pass through. We go on and on

and into light forever.
And he looked down, and then back up at me.
It was the look we'd pass

across the table when Dad was drunk again
and dangerous,
the level look that wants to tell you something,

in a crowded room, something important,
and can't

Lo que nos pertenece
Otros poemas de MARIE HOWE, aquí
Traducción: Mariángel Mauri
Enlaces: Marie Howe | Batalla de Papel



febrero 19, 2020

Jorge Chiesa


Agua











Por
si no te diste cuenta


soy
yo el que hunde las manos


en
el agua de mis hijos.


Las
parejas de ahora no son como las de antes,


dijiste
hablando del tiempo en que cualquiera


podía
ser blanco de tu rabia.


Los
días corrieron como perros asustados


a
refugiarse en la espesura.


Y
sin embargo acá me ves


bañando
a los chicos.


Por
eso cerrá la puerta si no vas a entrar


que
entra frío.


Después
te quejaste de la sed


que
incendiaba tus pesadillas.


Nadie
te obliga pero


¿serías
capaz de declarar contra vos mismo?


Me
levanto en medio de la noche


pensando
que dejé la bañera llena


y
debería vaciarla.


Sólo
que no llego a sacar el tapón.


Me
quedo mirando los
juguetes


manteniéndose a flote


y me doy cuenta que no necesito otra cosa.


Mientras vos lo único que necesitás


es tener siempre a mano


un vaso de agua en la oscuridad.











Palomas











Después
de haber visto a mi padre


ahogarse
en la sala de terapia intensiva


miré
a través de una ventana de hospital.


Había
árboles raquíticos, cables de alta tensión y palomas.


Elegí
tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo.


Únicamente
la desesperación


te
puede hacer creer semejante cosa.


Así
que yo era un hombre desesperado


que
ahora le pedía a Dios


por
la vida de mi padre.


Pero
a los ojos de cualquiera


eran
tres palomas y nada más.


Superado
ese trance volvimos a la normalidad.


Los
médicos rescataron a mi padre


de
las aguas de la muerte


y
las palomas han vuelto a ser








































los
mismos bichos de siempre.











El doble











El
problema no es esconder las manos dentro de los bolsillos


sino
mirar una extensión enorme de agua


y
que tus manos se comporten como dos peces muertos.


Esa
posibilidad asusta


si
tu propuesta fue, precisamente,


mirar
el mar mientras charlábamos.


¡No
arrastres los pies! ¡Caminá bien!


Pero
estamos sentados sobre las piedras del murallón.


Haber
sabido que aquí nos traería tu obsesión ambulatoria


¿estaría
pensando estas cosas tan faltas de adecuación?


Contrariamente
al pensamiento general,


un
organismo autosuficiente


es
el que necesita esconderse por menos tiempo


en
las entrañas de otro animal.


Mientras
que otros tardan años en aprender a cuidar


las
maneras de llevar y traer


palabras
sobre la mesa.


Traducido
a tu idioma sería:


¿no
podríamos hablar de esto en otro momento?


Pero
nunca es momento o siempre es momento pero nunca el lugar,


y
una sola música de fondo: un tintineo de cubiertos;


su
acero inoxidable: nuestra coraza.


¿Qué
tenía de malo ordenar una caja de pesca,


preferir
eso a practicar, como solías decir, un deporte en equipo?


Al
final cada uno se esconde en su propia madriguera,


la
moldea con el cuerpo, no sale de ahí y se embalsama.


Cuando
sale, si es que sale,


descubre
que la película está por terminar


y
sobran piezas.


Está
bien, lo reconozco:


yo
quería crecer y parecerme,


ser
tu doble,


que
nos compararan con dos gotas de agua.


Ahora
decíme:


¿De
qué hablan un padre y un hijo?


¿Cuál
es la herencia?
















































































¿Por
qué deberían quererse los seres queridos?








Jorge ChiesaJORGE CHIESA

(1969, La Plata. Reside en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Enlaces: La ficción del olvido | El infinito viajar

Imagen: La Perla Literaria

febrero 17, 2020

Vicente Luy



NO hace una hora, intervine un recital de Aristimuño.
Vieja Usina. Entradas agotadas.
Igual, insistí, diciendo que venía a ver a Lisandro
que le traía un libro, que le preguntaran a él.
Vicente Luy; soy el poeta Vicente Luy le dije al sujeto a cargo.
Mi plan era otro.
Yo quería entrar antes; fui una hora antes
para curtir camarines y pedirle que me invite a subir a leer.
Iba a recitarle 7 poemas si arrancaba con un No.
Estaba, estoy, muy para adelante.
El tipo no me conoce. Le mandé un libro con Marce
pero no sé si ya lo recibió.
Confío ciegamente en mi poesía
y fui a saludarlo, pero, también, a audicionar.
En síntesis: no me dieron paso hasta empezado el concierto.
Me senté en el piso, en una esquinita, y prendí un pucho.
Y mientras sonaban las canciones, la ocurrencia fue tomando cuerpo



SE HIZO CARNE EN MÍ



Esperé a que terminaran los bises y me trepé al escenario.
La gente iniciaba la retirada.
Corrí al micrófono y grité:
Soy el pez
Soy el pez
Soy el pez
el que por la boca muere
pero también/el que nada contra la corriente
Me cortaron el sonido.
Seguí con Venderle el alma al diablo, y vinieron a sacarme
los de la producción.
No me querían dejar terminar el poema del scrabble
me lo quisieron cortar a la mitad.
Ni los miré.
Seguí gritando.
La gente se iba, y todos pasaban en frente mío.
Algunos prestaron atención en ese lapso
pero sólo respondieron cuando dije “usá tu odio para el bien común”.
Como en un ensayo de orquesta, emitieron un sonido.
Igual, se siguieron yendo.
Los productores volvieron a por mí.
Los ignoré.
Dije 4 poemas más y me llevó la policía
un adicional.
Por suerte, me dejaron ir; me expulsaron.
Llevaba flores empapeladas en la etiqueta.
En un mundo lleno de amor, Lisandro hubiera venido a rescatarme.
En una de esas, con la adrenalina post show, no me oyeron .-



BUSCO una mujer que no conozco.
Alguien ni imaginada.
Hay gente así.
Yo conocí a una que modeló en Milán
y luego se hizo periodista.
Desinhibida, te la cruzabas por la peatonal
trajecito verde de Dior
chatitas al tono
¡y sombrero!
Era alta, preciosa
y a su paso, poniéndose a la altura
todo brillaba.
La ciudad es clase B
nostalgia, gente persignandosé
pero ella la ponía de pie.
Una tarde, no un fin de semana
me llevó a una montaña en La Calera.
Me explicó el método
y me hizo ver el mundo al revés.
Fue la primera vez que salimos.
De vuelta, mientras yo manejaba
preguntó si me podía dar un beso en la oreja
a mí, que tengo las orejas separadas
que siempre tuve complejo con eso.
Estaba harto de verla en fotos en el diario.
Le mandé un libro dedicado con un amigo
y accedió a que la llamara.
Quedamos en tomar un té.
Bajó del ascensor, abrió la puerta; nos presentamos.
Se rió.
Se reía.
Íbamos hacia el auto y tuve que preguntar
_Nada; me gustó lo que vi. Por la foto, pensé que eras gordo.
Fuimos juntos a ver a Maia Plisetskaya.
Siempre tenía algo que decir
sobre el valor de las hojas exteriores de la lechuga
o lo que fuere.
Siempre, con algo, me sorprendía.
Llegó a decirme que me amaba.
Pero no se dio permiso.
Lastimada, malherida, temió al encuentro.
Con espacio de meses probamos 2 veces.
Fue la + especial.
Le pasé raspando al amor.
Ahora está casada; integrada.
Creo que tiene un hijo.
Y yo, la sigo esperando.
No a ella/a la que viene.
Tu pecho propaganda de paraíso.



DOBLARON por Obispo Trejo
todavía no era peatonal.
Un carro de asalto; bajaron muchos, rápido. Gritaban.
Nos pusieron contra el vidrio del bar
estábamos al frente del Monserrat
año 74; teníamos 13
y la Itaka, o el FAL, en la espalda, me asustó
-no sé si eran milicos o canas; creo que canas
el miedo no te deja ver-.
Acabábamos de salir, una hora antes
y cafeteábamos
y hablábamos del partido por la Copa.
Aparecieron de improviso.
Yo me decía: “somos muy chicos, inofensivos.
¿qué les pasa?”.
Nada les pasó.
Todo lo hicieron a conciencia.
Voló alto el Plan Cóndor.
Esta vez van a perder.
Hemos aprendido.
No vamos a dar ventaja
y la llamaremos guerra.
Aunque algunos de los nuestros
prefieren decir que no fue una guerra
es la guerra.
Cambian los nombres.
Se templan los espíritus
y vamos cerrando el círculo.
Reuniéndonos, coincidiendo, planeando
cogemos a + no poder.
Hay que disfrutar ahora.
Vienen tiempos violentos .



VUELVE el dolor.
Sé muy bien que pronto estaré dormido.
Cerré la ventana, y estoy sentado; pero no para siempre.
Cada tanto me levanto y vomito.
Una mariposa da vueltas por la habitación, como buscando.
No, no es aquí, le digo.
Son ciertos el frío y el hedor
y la pared, ansiosa y brutal; pero no es aquí.
Me despido.
Estoy entumecido, hecho una caja.
No obstante, no se me ve tan mal, me explican.
Y me dan unas pastillitas, por si las moscas.
La mariposa se ha ido.
Vuelve el dolor.
La pared se mueve.
Me miro las manos y cuento hasta 10 muchas veces.
Si no es la vida será la vida.


Grupo de Artillería 141, San Isidro. Calabozo.
Agosto-septiembre de 1980


VICENTE LUY (1961, Ciudad de Córdoba, Córdoba / 2012, Salta, Argentina) 

Incorrecto. Crudo. Sexual. Actual. Ateo. Rebelde. Valiente. Romántico. Suicida. Vanguardista. Generoso. Sabio. Inconformista. Político. Popular.
Los versos avanzan, las líneas se acumulan y en la cabeza se disparan con impulso explosivo todas estas palabras que parecen inconexas pero que encuentran una lógica indescriptible y potente cuando se resumen en el nombre del autor que las hizo libro: Vicente Federico Luy.
Es que su poesía no se deja domar. 
Nació el 3 de mayo de 1961 en Córdoba. Sus padres fallecieron en un accidente aéreo sólo cinco meses después. Hasta los 7 años, pasó de una familia adoptiva a otra hasta que su abuelo, el poeta español Juan Larrea, dijo que quería hacerse cargo. Gracias a él conoció la literatura de los malditos, de Vicente Huidobro, de César Vallejo. Lo dejó sólo y con mucho dinero a los 18 años. Luy nunca se recuperó de esa muerte. Además de su abuelo, según él, lo educaron Charly García, Alberto Spinetta, Mafalda y Dostoievski. También el cine. A los 14 años empezó a escribir, justo cuando decidió abandonar el colegio.
Su literatura reclama lectura, relectura, reflexión, análisis, comprensión y hasta a veces humildad para aceptar la derrota.
Porque Vicente es inclasificable.
No tenía modo más que el suyo propio. Y no respetaba un patrón único.
De hecho, eran varias las cosas que no respetaba. Por eso, porque no quería pasar inadvertido, empapeló la ciudad de Córdoba con un afiche en el que aparecía desnudo junto a algunos de sus amigos y a un slogan que decía: “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Escribió sobre todo lo que quiso. Se animó a decir lo que se le cruzaba por la mente sin pensar en las consecuencias, en si sería callado, repudiado o prohibido. Su pluma fue grosera pero sincera; letal pero cierta; rebelde pero adecuada; rockera pero romántica. Dijo sin pensar de más pero con mucho corazón. Utilizó todos los medios a su alcance para lograr una imagen real en su obra: puso un poema dentro de otro, los repitió, los reescribió, pegó recortes, fotos, dibujos y hasta cartas.
Su poesía es un collage minado.
“Caricatura de un enfermo de amor”, “La vida en Córdoba”, “Aviones”, “No le pidas peras a Cuper”, “La sexualidad de Gabriela Sabatini”, “¡Qué campo ni campo!” y “Poesía popular argentina” fueron los libros que publicó. Casi siempre pagados por él.
Amaba jugar al scrabble y también al tenis. Se la pasaba fumando todo lo que encontraba. Era desparejo pero lógico: vivía como predicaba. Definió su poesía como express: un lenguaje oral rápido y político, aunque nunca lo pareciera del todo.

"La irreverencia y la escritura", por Dolores Caviglia en Continuidad de los libros
Enlaces: Clarín | Eterna Cadencia

febrero 15, 2020

Valeria Pariso: Imagino que miran la ondulación del agua



Todavía tengo que aprender
a pararme igual que las gaviotas.

Llevo días observando la forma
en que descansan a la hora del almuerzo.

Hay un ventanal inmenso junto al lago.

Las veo llegar, quedarse.

Ahora hay veintiséis y son las doce.

Imagino que miran
la ondulación del agua,
algo perdido,
algo que fue y vino tantas veces
que no sorprende a nadie.

Las miro para ver si aprendo.

Tengo que aprender.

Quiero hacer igual que las gaviotas
que contemplan sin miedo la belleza
paradas sobre el muelle devastado.



Valeria Pariso sentada en la tapia de una costanera al lado de una bicicleta
Otros poemas de VALERIA PARISO, aquí
Enlaces:
Tanto te quería | Vallejo&Company | Los Andes



febrero 13, 2020

Gregory Corso: Y de todos los fuegos que se extinguen en mí, hay uno que arde como el sol.



Escrito en la víspera de mi cumpleaños 32



Tengo 32 años
y finalmente los aparento, si no más.

¿Es bello un rostro que ya no es el de un muchacho?
Parece más relleno. Y mi pelo
no tiene más rulos. ¿Es grande mi nariz?
Los labios están iguales.
Y los ojos, ah, los ojos se ponen cada vez mejor.
32 y sin mujer, sin chicos, sin dolencias de chicos,
      pero hay tiempo de sobra.
Ya no hago estupideces.
Y por eso tengo que escuchar a mis supuestos amigos:
“Estás cambiado. Eras tan delirante tan genial”.
No están cómodos conmigo cuando estoy serio.
Que se vayan al concierto del Radio City Music Hall.
32. Recorrí toda Europa, conocí un millón de gente;
     para algunos fui genial, tremendo para otros.
Recuerdo que en mi cumpleaños 31 exclamé:
¡Pensar que acaso llegue a vivir 31 años más!
No me siento así en este cumpleaños.
Ahora quisiera ser un sabio de pelo blanco en una gran biblioteca
      hundido en un sillón frente a la estufa.
Un año más sin robar nada.
¡8 años van sin robar ni una sola cosa!
¡Dejé de robar!
Aunque todavía miento a veces,
y sigo siendo un caradura pero se me cae la cara
cuando tengo que pedir plata.
32 años y cuatro arduos sinceros divertidos tristes malos y
maravillosos
      libros de poesía:
- el mundo me debe un millón de dólares.
Creo que han sido 32 años bastante raros.
Y no fueron a mi antojo, ni uno solo.
No hubo dos caminos para elegir; de lo contrario,
     no dudo que habría elegido ambos.
Me gusta creer que el azar quiso que fuera el que repica las campanas.
La clave está quizás en mi insolente declaración:
“Soy un buen ejemplo de que existe esa cosa llamada alma”.
Amo la poesía porque me hace amar
     y me muestra la vida.
Y de todos los fuegos que se extinguen en mí,
hay uno que arde como el sol.
Puede que no ilumine mi vida personal,
    mis vínculos con la gente,
    ni mi conducta hacia la sociedad,
pero sí me dice que mi alma proyecta una sombra.



Writ on the Eve of My 32nd Birthday



I am 32 years old
and finally I look my age, if not more.

Is it a good face what’s no more a boy’s face? 
It seems fatter. And my hair,
it’s stopped being curly. Is my nose big? 
The lips are the same.
And the eyes, ah the eyes get better all the time. 
32 and no wife, no baby; no baby hurts, 
         but there’s lots of time.
I don’t act silly any more.
And because of it I have to hear from so-called friends: 
“You’ve changed. You used to be so crazy so great.” 
They are not comfortable with me when I’m serious. 
Let them go to the Radio City Music Hall. 
32; saw all of Europe, met millions of people;
         was great for some, terrible for others. 
I remember my 31st year when I cried:
“To think I may have to go another 31 years!” 
I don’t feel that way this birthday.
I feel I want to be wise with white hair in a tall library 
         in a deep chair by a fireplace.
Another year in which I stole nothing. 
8 years now and haven’t stole a thing! 
I stopped stealing!
But I still lie at times,
and still am shameless yet ashamed when it comes 
         to asking for money.
32 years old and four hard real funny sad bad wonderful 
         books of poetry
—the world owes me a million dollars.
I think I had a pretty weird 32 years. 
And it weren’t up to me, none of it. 
No choice of two roads; if there were,
         I don’t doubt I’d have chosen both. 
I like to think chance had it I play the bell.
The clue, perhaps, is in my unabashed declaration: 
“I’m good example there’s such a thing as called soul.” 
I love poetry because it makes me love
         and presents me life.
And of all the fires that die in me,
there’s one burns like the sun;
it might not make day my personal life, 
         my association with people,
         or my behavior toward society, 
but it does tell me my soul has a shadow.



Gregory CorsoGREGORY CORSO (1930, Nueva York / 2001, Robbinsdale, Estados Unidos de Norte América)
Traducción: Mariángel Mauri
Enlaces: Letralia | Revista Altazor | Barbas poéticas
Imagen: Hank O'Neal



febrero 12, 2020

Vona Groarke


Amuleto




Si una bandada de cuervos cruzara por tu ventana
lo verías como un augurio de mala suerte.
En un cuarto donde conoces todo de memoria,
lo familiar es tu escudo contra la oscuridad.
Por eso, cuando escribes que te molesta mi vida —
los amantes, la falta de trabajo, el dar vueltas —
supongo que quieres que vaya.
Lo que yo llamo suerte, tú lo llamas un plan hábil.
Lo que tú llamas suerte, yo lo llamo un hombre desesperado.


Traducción: Gerardo Gambolini


Como si cualquier cosa pudiera



Un artículo de hace dos años es lo que inaugura
mi hoguera esta noche. ¿En qué andaba metida? ¿Qué he hecho?
No es como si el mundo me increpara con un «¡Haz esto!» o
un «¡Haz esto!». Y no es como si aprender una cosa
suponga desaprender otra. El hogar es tumbarse
cuando a una le apetece tumbarse, un cuenco de porvenir
junto al lecho y una ventana a la altura de la mano
de modo que al abrirse, como un diario, las jornadas y todo su cortejo
se escabullen suavemente, ah cuán suavemente, del dormitorio.


Traducción: Jordi Doce

Lucky Charm



If a brood of crows should cross your windows
you would take it as a portent of bad luck.
In a room where everything is known by heart
the familiar is your guard against the dark.
So when you write that you’re bored by my life —
the lovers, lack of work, the moving round —
I figure that you want me to come home.
What I call luck, you call a well-made plan.
What you call luck, I call a desperate man.



As if anything could



A paper from the year before last is the start of
my tonight fire. Where was I? What have I done?
It’s not as if the world was shouting, ‘Do this!’ or
‘Do this!’ at me. And it’s not as if learning one thing
means unlearning one thing else. Home is to lie
when you need to lie, a bowl of tomorrow left
by the bed and a window at the height of your hand
to open, like a diary, so the days and all their equipage
slip lightly, oh so lightly, from the room.


VONA GROARKE (1964, Edgerworthstown, Irlanda)
Traducción: Gerardo Gambolini / Jordi Doce
Enlaces: Poetry Foundation | The Manchester Review | Emma Gunst
Imagen: Los Ángeles Review of Books

febrero 11, 2020

Graciela Cros


Salto al amor


En la huella que deja la columna desde que comienza hasta que termina
En el hueco detrás de las rodillas
En el arco interno del pie y en la curva del lado externo también
En el borde del lóbulo de la oreja y un poco más arriba y más atrás
En la cara interna del codo
En la axila derecha y en la izquierda
En las muñecas por dentro y por fuera
En el campo derecho del torso donde tatuaron un punto
en la radioterapia
Ahí
En el izquierdo también aunque no tenga un punto
En el medio del pecho y alrededor de cada una de mis mamas
Sobre la superficie superior de cada una
y también sobre la inferior
y el contorno de los pezones a un lado y otro
arriba y abajo
y dibujando un círculo
una aureola
En los párpados
Las sienes
Las manos
Los dedos
Los labios sus comisuras
los dientes su escarpada o afilada línea
En la lengua
En las mejillas la boca el cuello
el mentón
la espalda los omóplatos uno por uno
los muslos por detrás por dentro y por delante
en la unión de las piernas al frente afuera y dentro
en lo más hondo del corazón
una vez y otra vez
y otra vez más
salto al amor o como quiera que se llame



Graciela CrosGRACIELA CROS (1945, Carlos Casares, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Reside en San Carlos de Bariloche)
Enlaces: La ficción del olvido | Tuerto Rey 

febrero 07, 2020

Mariángel Mauri traduce a Margaret Atwood

poesía canadiense


Variación sobre la palabra dormir    




Me gustaría verte dormir, 
algo que tal vez no suceda. 
Me gustaría verte, 
durmiendo. Me gustaría dormir 
con vos, entrar 
en tu sueño cuando su ola suave y oscura 
se desliza por mi cabeza 

y caminar con vos por ese bosque reluciente, 
tembloroso de hojas verdes y azules
con su sol pálido & sus tres lunas
hacia la cueva adonde tendrás
que descender,
hasta el peor de tus miedos.

Me gustaría darte la rama
de plata, la pequeña flor blanca, la única
palabra que te proteja
del dolor en el centro
de tu sueño, del dolor
en el centro. Me gustaría seguirte
otra vez
por la larga escalera y ser
el bote que con cuidado te traiga
de vuelta, la llama
en el hueco de dos manos,
hasta donde está tu cuerpo
al lado mío, y vos entrás
en él sin esfuerzo, como al respirar.

Me gustaría ser el aire
que te habita solo un
instante. Me gustaría ser así de imperceptible
& así de necesaria.



Variation On The Word Sleep 




I would like to watch you sleeping,
which may not happen.
I would like to watch you,
sleeping. I would like to sleep
with you, to enter
your sleep as its smooth dark wave
slides over my head

and walk with you through that lucent
wavering forest of bluegreen leaves
with its watery sun & three moons
towards the cave where you must descend,
towards your worst fear

I would like to give you the silver
branch, the small white flower, the one
word that will protect you
from the grief at the center
of your dream, from the grief
at the center I would like to follow
you up the long stairway
again & become
the boat that would row you back
carefully, a flame
in two cupped hands
to where your body lies
beside me, and as you enter
it as easily as breathing in

I would like to be the air
that inhabits you for a moment
only. I would like to be that unnoticed
& that necessary.



Otros poemas de MARGARET ATWOOD, aquí
Traducción: Mariángel Mauri
Imagen: El País

febrero 06, 2020

Everardo Norões


Máquina perforadora


Nadie salió de casa:
quedaron conversaciones,
recelos,
el amor detrás de la cómoda,
el cuadro
arrepentido de las imágenes.
El ficus continúa
mordiendo la calle,
piedras trastornando
nuestros regresos.
La puerta muda,
las ventanas
ciegas
y la suciedad en el umbral
torturando la
bienvenida.
Nadie salió de casa.
¿De quién es
el plato
con manchas amarillas,
los tres libros
amasados
en un rincón de la sala?
¿Y el zapato,
solo,
boca abajo,
sin desconfiar de nada?



En el hamam



En el baño turco,
tumbado en la losa,
observo el masajista destorciéndome los huesos,
como hacían sus abuelos
a los guerreros
que sobrevivían a las batallas.
En cuanto a mí,
no tengo sangre seca en las uñas,
ni los pies desollados
por las piedras.
tumbado en la losa
solamente miro el cielo que atraviesa la claraboya,
rodeado de toallas tendidas
como banderas
de una
película de Kurosawa.
en el baño turco
soy súbdito de saladino,
viendo desfilar en la sala de los espejos
cinco siglos
del arquitecto
sinan,
en la patria de memed el halcón,
de las féminas circasianas,
del harén del bajá.
en el baño turco,
tumbado en la losa caliente,
divago sobre quien descansó aquí,
cuando nazim hikmet
aguardaba el pan entre las rejas de su celda,
mendigando el sol de cada día,
escribiendo en un poema
que la mitad de su
corazón
estaba allí,
la otra en la china,
acompañando al ejército rojo.
en el baño turco,
tumbado en el mármol,
sin haber ido a la batalla,
ni haber pasado por los caminos
de jenofonte,
pienso que este lugar está
lejos y tan cerca,
y escucho
al mozo al otro lado de la calle
 gritando:
 ¡Vea la
mandioca!



Bate-estacas



La casa ninguém saiu:
restaram conversas,
melindres,
o amor detrás da cômoda,
o quadro
arrependido das imagens.
O fícus continua
a morder a calçada,
pedras a transtornarem
nossos regressos.
A porta muda,
as janelas cegas
e o sujo na soleira
torturando as boas vindas.
Da casa ninguém saiu.
De quem o pratinho
com manchas amarelas,
os três livros amassados
no canto da sala?
E o sapato, sozinho,
de bruços,
sem desconfiar
de nada?



No haman



no banho turco,
deitado sobre a laje,
aguardo o massagista destorcer-me os
ossos,
como faziam seus avós
aos guerreiros
escapados das batalhas.
quanto a mim,
não tenho sangue seco nas unhas,
nem pés esfolados nas pedras.
deitado sobre a laje
apenas olho o céu que atravessa a claraboia,
cercado de toalhas estendidas
como bandeiras
de um
filme de Kurosawa.
no banho turco
sou súdito de saladino,
vendo desfilar na sala dos espelhos
cinco séculos
de sinan o arquiteto,
na pátria de memed o falcão,
das fêmeas circassianas,
do harém do paxá.
no banho turco,
deitado sobre a laje quente,
divago sobre quem aqui descansou,
quando nazim hikmet
aguardava o pão pelas grades da cela,
mendigando o sol de cada dia,
a escrever num poema
que metade de seu coração
estava ali,
a outra na china,
acompanhando o exército vermelho.
no banho turco,
deitado sobre o mármore,
sem ter ido à batalha,
nem passado pelos caminhos
de xenofonte,
penso como aqui é
um longe tão perto,
e escuto
o homenzinho do outro lado da rua
gritando:
Olha a macaxeira!


Everardo Norões
EVERARDO NOROES (1944, Crato, Brasil)
Traducción: Paul Bolibar
Fuente: Caravansari
Enlace: Espacio Luke

febrero 03, 2020

Sharon Vidal Rakauskas



4.







Y veremos a través de los agujeros de la pared

porque no hemos podido pasar de lado.

Aún nos falta aprender;

o dejar de querer aprender bien.

Cuando se ve el mundo a través de donde se elige ver,

el ideal es mucho más deseoso que vivirlo

desde la plenitud de la realidad,

la vivencia…

¿Qué preferimos?







8.







Por suerte,

muchas personas me preceden.

Por suerte espero, muchas me procederán.

Intento entenderlas a todas, se me pasa la vida.

Por suerte, se me pasará;

pudiendo comprender la calidad y cantidad de seres

que habitan y habitaron mi verdad.

Por suerte, no existe mi verdad.

Ella fue e irá vagando, viajando, mutando;

durante toda la eternidad.

Por suerte.







12.







De vez en vez,

se nubla y llueve,

todo se enmudece.

Las luces bajan pero no se apagan.

El cielo grita despavorido,

como el grito de los recién nacidos.

Está pidiendo, está reclamando;

o tal vez nos está avisando.

Que no entendamos otro idioma,

no significa que no diga cosas.







21.







Desde el minuto exacto

10, 11, 12, 13.

No podría decir entonces, el minuto exacto.

Yo puedo aseverar de los recuerdos que invaden.

El pensamiento obstinado,

de no dejar de pensarlo.

A veces siento que es demasiado,

que me desborda, me invade,

me atosiga, me ahoga.

Pero desde el minuto exacto,

yo creí que eras el portazo.

Ese portazo, que dan los enojados,

los sumisos encrespados.

Pero ese portazo, el tuyo, es el del cambio.

Camino eterno, bordado, plateado, brilloso, tormentoso.

Desde el minuto exacto.







Sharon Vidal RakauskasSHARON VIDAL RAKAUSKAS

(1990, Buenos Aires, Argentina)

De: "Ad Orbis", Barnacle, 2019