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Mostrando las entradas de marzo, 2020

Mario Benedetti, poeta italiano en versiones de Ángel Faretta

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Tercera muerte Mi propio nombre se ha equivocado al creer en la continuidad emotiva, sus lugares íntimos y antiguos, mi historia. Las palabras han tomado su rumbo. Los hospitales no tienen carriles. Del cementerio de los perros cercanos a la punta de Limbiate* salen los muertos en sus collares. No se adensa nada, se dispersa al teléfono mi pecho Las palabras han tomado su rumbo. Estás solo, cansado, repite una voz cualquiera Tersa morte Il mio nome ha sbagliato a credere nella continuità commossa, i suoi luoghi intimi antichi, la mia storia. Le parole hanno fatto il loro corso. Gli ospedali non hanno corsie. Dal cimitero dei cani vicino alla discarica di Limbiate escono i morti al guinzaglio. Non si addensa nulla, si disperde al telefono il mio petto. Le parole hanno fatto il loro corso. Sei solo stanco, ripete una voce qualunque. Qué cosa es la soledad He traído conmigo cosas viejas para mirar los árboles: Un invierno, las pocas hojas en las ramas, la banca vacía. Tengo frío pero como...

Raquel Jaduszliwer: Entre los numerosos pliegues de una noche tardía

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SÍ , era como escuchar voces en la antesala del hospicio o en el jardín desnudo donde podría haber estado el paraíso allá donde los árboles prefieren no haber nacido árboles ni morir como árboles y todo se ve mal hecho, como de agua enrarecida mientras tanto una piedra rodaba con esfuerzo cargaba los pecados del mundo: ah, helo aquí, este es el núcleo del dolor atómico todo el peso rodando sobre la tierra ignota todo el peso del mundo concentrado en una gota de arena y así acaba esta historia, se aviene a ser contada entre los numerosos pliegues de una noche tardía. SE oye decir que la mañana es límpida y se llevará la bruma  y las horas que vendrán serán propicias; ilusionado a las puertas del día el hablante parte de la idea de que el tiempo es pródigo y que la duración tiene la misma extensión que el horizonte curvado en sus extremidades sobre la tierra plana de eso se trata el aire de la narración: el magnetismo de un presente continuo su ondulación hipnótica la distracción qu...

Linda Gregg: Luego te fuiste como habíamos acordado

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En qué dirección caminar      Podríamos haber pasado como una pareja casada  yendo en tren de Manhattan a Chicago  la última vez que estuvimos juntos. Recuerdo  mirar por la ventanilla apreciando la belleza  de las cosas comunes: los lugares de paso, el mundo  de espaldas a nosotros, las estaciones pequeñas  y abandonadas de nuestra historia. Dormí contra tu  pecho y tu panza sin preguntarte  porque eran las últimas horas. Había un  olor en el forro de piel de tu chaleco nuevo de China que no reconocía. Quise olerlo a propósito. Me desperté temprano y te pedí que vinieras a tomar un café. Dijiste: dormí un rato más y yo dije que solo nos quedaba una hora y viniste. No hablamos mucho más después. En la estación, agarraste tus cosas y me dejaste el chaleco, luego te fuiste como habíamos acordado. Así tenías diez minutos para encontrarte con tu familia y poder irte. Me quedé parada junto al asiento aturdida por el cansancio y la c...

Sohrab Sepehri

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La luz, yo, la flor, el agua. No hay nubes. No hay viento. Me siento al lado del estanque: El viraje de los peces, la luz, yo, la flor, el agua. La pureza del racimo de la vida. Mi madre recoge la albahaca. Pan, albahaca, queso, un cielo sin nubes, las petunias húmedas. Una salvación cercana está entre las flores del jardín. ¡Ah, las caricias que vierte la luz sobre el bol de cobre! Desde el muro alto, la escalera trae la mañana a la tierra. Detrás de la sonrisa todo está oculto. El muro del tiempo tiene un agujero, dentro del cual se ve mi rostro. Hay cosas que no sé. Sé que moriría si corto una hoja. Subo hasta llegar a la cima, soy el vuelo de alas y plumas. Veo un camino en la oscuridad, soy el vuelo de la linterna. Soy el vuelo de la luz y la arena. Estoy lleno de árboles. Estoy lleno de camino, de puente, de río, de ola. Estoy lleno de la sombra de la hoja en el agua: Ah, cómo estoy vacío por dentro. Desde el párpado de la noche Era una noche desbordante. El río fluyó desde los p...

W. G. Sebald

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IV.      En el Chicago Art Institute  está colgado el autorretrato de un pintor  joven y desconocido que llegó en 1929   al mercado de objetos de arte de Francfort  procedente de Suecia. La pequeña tabla de arce  muestra a un hombre de apenas veinte años  ante la ventana de un cuarto exiguo.  Detrás de él, en un anaquel en falsa perspectiva, escudillas de colores, una espátula, y un costoso frasco veneciano con una esencia transparente. El pintor tiene en la mano un cuchillo tallado en hueso y afila la pluma para seguir dibujando un desnudo femenino que aparece frente a él al lado de un tintero. Por la ventana que está a la izquierda se ve un paisaje con montaña y valle y la sinuosa línea de un camino. Es, infiere Zülch, el camino al mundo y nadie puede seguido sino el hombre desaparecido sin dejar huella, a quien dedicó su investigación y cuyo arte cree reconocer en la pintura anónima. La razón que explica la firma M. N. sobre el m...

Francesca Angiolillo: un poema de Etiopía

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Etiopía, Etiopía      Etiopía era la estación  de metro de mi casa  cuando me cambié de aquí –  no tardaste   en acordarte  de tu Etiopía.  La estación de metro tenía  una cabeza de león  como emblema  tu Etiopía tenía  un cachorro de chacal y un imperador  teniendo en brazos a la cría del animal una piedra en el anillo en el dedo del imperador sobre la cabeza del cachorro – en ella brillaba el sol. El fascismo que deploraste desde el alto de tus ocho años en la cola para la leche porque leche no había irguió ciudades en Etiopía. (El año en que naciste el emperador fue elegido hombre del año por la Time Magazine; después de ello mucho después algo después de nacida yo otros niños padecieron hambre sin derecho a cola en el valle del río Omo.) Jamás he sabido de las ciudades que no erguiste en las tierras de Afar donde Lucy nuestra madre hasta hoy está pero sé de la piedra del anillo en el dedo de Haile Selassie co...

Laura Macor: La soledad puede ser oceánica a veces

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¿Dónde viven las babosas? Entran por el patio, trepan los cajones y dejan su rastro espeso de creación galáctica sobre el colador rojo que compré esa vez cuando otro hacía café. Ese otro, y vos, y los otros, arman la trama que filtrará la sangre para por fin desentenderse y dejar la angustia         en la pileta. Después en dos, tres o cuatro veces o días despacio y dedicada arrastraré la mugre hasta el fondo del patio, donde el poder de lo sutil            surfea. Desnivel La soledad puede ser oceánica a veces o sólo una bolita de pan que hacemos con los dedos, tiramos al piso rueda lejos se olvida abajo de los muebles y llena de moho se pulveriza disuelve             y transita junto al agua que saco del piso al patio, cunado olvido la canilla abierta. El dolor mínimo de las cosas El cuerpo me sobra por todos lados como si quisiera decirme que ya es tiempo. Sólo queda un silencio de gemidos cotidianos como...

Recopilación de poemas de Louise Glück aparecidos en El poeta ocasional

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Vísperas En tu prolongada ausencia, me permites el uso de la tierra, anticipando cierta ganancia por la inversión. Yo debo declarar que fracasé en mi tarea, principalmente respecto de las plantas de tomate. Pienso que no debería ser alentada a su cultivo Pero si es así, deberías detener las grandes lluvias, las noches frías tan seguidas aquí, mientras que otras regiones reciben doce semanas de verano. Todo esto te pertenece a ti: por otra parte, yo he plantado las semillas, observado los primeros brotes como alas rasgando el suelo y fue mi corazón roto por el pulgón, la mancha negra multiplicándose veloz en las hileras. Dudo que tú tengas corazón, así como entendemos este término. Tú que no discriminas entre muertos y vivos, tú que en consecuencia eres inmune a los presagios, pareces no saber el pánico que sufrimos, la hoja manchada, las rojas hojas del arce cayendo incluso en agosto, con temprana oscuridad. Yo soy la responsable de estas viñas. Caballo ¿Qué te da el caballo que no pue...

Federico Italiano: Nunca tuve miedo de la casa de los otros.

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N unca tuve miedo de la casa de los otros. La puerta entreabierta de un baño, la penumbra de una sala, los olores imprevisibles de las cocinas en stand-by por las tardes, los acantilados de luz, las trampas de la ropa fuera de uso, o las siluetas ambiguas de las plantas – todo se disponía cartográficamente en el presagio de aventuras futuras, todo cabía en el mapa de los tesoros sepultados. De chico, no tenía miedo de la casa de los otros, pero ahora son sus fantasmas los que me visitan: las pantuflas rosadas que cruzaban atentas las inconexas distracciones del juego, la curva parabólica de una pista Polistil, negra, reguladora de afectos y tensiones, o la oscuridad de un armario, detrás de ropa desconocida. Del libro "Habitat" (2020) FEDERICO ITALIANO  (1976, Galliate, Italia) Traducción: Diego Bentivegna Enlaces:  Federico Italiano  |  Buenos Aires Poetry "Nací en la ribera del Ticino en junio de 1976. He estudiado filosofía en Milán e imparto clases de Literatura ...

Marcelo Rizzi: Toda elección debe tener algo de testimonial

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TODA  elección debe tener algo  de testimonial, como por ejemplo  la del insecto que trepa por la punta  de un cuchillo y desdeña el índice tibio  que se ha ofrecido como rampa o puente,  y continuar así con su camino hacia el umbral  del desierto más perfecto  TAMBIÉN están esos ejercicios mentales  de los que se extraen los presagios más  puntuales: el empeño con que ciertas bestias  despiadadas seguirán alimentando a sus  crías; los dos que beben de la misma sopa, y cuya distancia estará mensurada sólo por el ruido que produce al sorber el líquido con cada ración perfecta en la cuchara. PARA  muchos visitar sus muertos es de precavidos, pero yo lo hago sólo por presunción: ellos transitan nuevos caminos una vez que hemos alcanzado de común acuerdo un punto de reunión. En esquilmadas planicies d elo inciero se hace el balance de lo ocurrido, un arqueo de caja entre lo ganado y perdido: nada en las manos, poco para agreg...

Adi Keissar

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Ars poética       Fui a un evento poético  estaba allí uno  leyó las palabras  con tono serio  para que yo supiera que sus palabras eran importantes.  Después subió una  leyó las palabras  con tono triste  para que yo supiera que sus palabras eran conmovedoras.  Después subió otro leyó las palabras con tono de actor para que yo supiera que él sabe él sabe leer poesía. Y todo lo que yo quería era que ellos leyeran como si me hubiesen llevado a una comida familiar a casa de sus padres y mientras todos comían hubiesen quitado el mantel de la mesa haciéndolo volar así por los aires con todos los cubiertos. Negro sobre negro Con un fuerte acento me amaba mi abuela y me decía palabras yemeníes que yo no entendí nunca, y cuando era niña recuerdo que tenía miedo de quedarme a solas con ella, temía no entender la lengua de su boca que seguía sonando para mí con una sonrisa, y no entendía ni una palabra de lo que decía los sonidos s...

Novedades 2020 de Barnacle libros

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ANDREINI, VANNA, Fatebenefratelli CERVERO, VALERIA, Ctalamochita CISNEROS, ALBERTO,  Akata Mikuy FILC, JUDITH, Lagos GARCÍA, DIEGO L., Las calles nevadas JADUSZLIWER, RAQUEL, Ángel de la Enunciación MACOR, LAURA, La niña bajo la cama OLGUÍN, CECILIA A., Jardín animal PANIAGUA, ANDRÉS, (Una banda de punk llamada) Rattus RIZZI, MARCELO, Driftwood Enlaces: https://www.facebook.com/barnacle.cia https://barnaclecia.wixsite.com/home