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Mostrando las entradas de abril, 2014

Glyn Maxwell

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Dunwich Ni siquiera viejas, hay historias que ya no cuento. No puedo asegurar a qué chica fueron contadas. Chicas. Ceno y me pregunto dónde están los demás Y tú, ¿significa qué? Los meses pasan y tú con ellos – trigueña, petite, licenciosa, procaz, joven – elige tres de cinco pero tú te vas, alguien, que mientras leo aquí como un paciente entre lámparas que se inclinan adelante, para estar dentro y fuera de una oscuridad que se oscurece (¡no me digas!) y ya sé a dónde va todo esto porque he visto a la habilidosa anciana en su laboratorio, la he visto cortar el grisáceo milhojas de un cerebro nuevo «recién llegado» que me dejó ver de cerca y pudiste ver el problema. La erosión como en East Anglia… el agua rellena las grietas, el agua busca mejorarlo, siempre con la esperanza, una plegaria donde se puede nadar. Mujeres. Y me pregunto dónde están los demás. Pienso en llamarte pero ya lo hice, y tú no me contestaste, ¿por qué lo harías cuando no sabes cuál de todas las chicas eres? El agua...

Leonardo Sinisgalli: Strepita la campana al capolinea

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La campana clama al final de la línea La campana clama al final de la línea. El viento norte barre contra el río el polvo de las casas arruinadas. Te encuentras sola, y la plaza te deja en una encrucijada, ya no sabes ni vivir ni olvidar. Era verde el saúco aquella tarde, frescos los montículos de tierra fuera de la ciudad, por la pendiente que baja de Santa Sabina hasta la Bocca della Verità. Ay, ay, perdida (hoy el año nos pilla tan separados, en calles aparte) caminas, te llamo.  La lluvia golpea oblicuamente las ventanas. Tú te levantas el pelo abundante por sobre las orejas, sacudiendo recuerdos perdidos: una nube de cuervos de mi cielo se te posó esta tarde en el espejo. Traducción: Fernando Pérez Alborota la campana de la terminal Alborota la campana de la terminal. El cierzo barre contra el río El polvo de las casas en ruina. He aquí que estás sola y la plaza te pierde En el cruce de calles, y tú no sabes Ya más vivir, no sabes olvidar. Verde estaba el saúco aquel anochecer...

Mariana Suozzo

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Bahía Nos alejamos mordiendo la banquina dejando atrás las dunas de azúcar impalpabl e montículos de arena que a lo lejos se desarman como la nieve atrás quedan también los coqueiros enormes hojas de palmera que lo cubren todo la mata verde impenetrable al costado de la ruta se disuelve y una fila enorme de ladrillos huecos se eleva en pequeñas construcciones asomando sus ventanas al camino dejamos atrás la costa la insistencia del mar sobre las rocas la sombra de nuestros cuerpos derribados por la violencia de las olas la playa que no tiene fin, la bahía donde ninguno de nosotros se salvará. Mariana Suozzo (1982, San Justo, Provincia de Buenos Aires, Argentina) Imagen: Facebook

Alicia Millán

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no existe redención en el vacío de tallar besos unos con otros en esculturas de alabastro            (qué tendrá de especial la vida) para que mis unicornios sean ojos azules y las mudanzas de sentir pasen a ser sorda danza de piernas rotas o arcenes llenos de gatos muertos Ser charco sin frontera Siempre llueve llueve para todos pero  los charcos se evaporan  más lentamente a la sombra. Quítame mi sombra, bésame tu sol. A primera hora Esta mañana la gente en el metro huele bien. Absorbo su ausencia como un desayuno sin azúcar. Demasiada soledad en un espacio comprimido pero al menos huele bien. ALICIA MILLÁN (1981, Madrid, España) De: www.aliciamillanpoemas.blogspot.com Imagen: Facebook

Miguel Gaya: un poema inédito

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De todas las cosas del mundo, prefiero el mundo. De todo mundo posible, prefiero las cosas.   Hay en mí un apego ramplón a lo que existe que elimina toda prevención en el mirar, se desguarece frente al universo que se extiende impávido ante mí y más frío   que el frío de las estrellas cuando mueren y caen sobre mi cabeza, incesantes, polvo cósmico al que saludan mis huesos como a viejos conocidos, como a miembros de la familia que vuelven fatigados junto al fuego y se persignan antes de comer.   Es posible, finalmente, que hable solo, que no reciba visitas, ni los rayos de las luces de las estrellas me atraviesen el pecho bajo la bóveda celeste. Yo sin embargo los saludo y, la verdad, los aguardo,   pero como si fueran, como si el universo fuera, apenas la pátina aceitosa y leve de un lago oscuro escondido en un bosque y donde brilla la luna y, apenas, las estrellas fugaces.   Enlaces:  El poeta ocasional Imagen: Facebook

Anne Sexton

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La furia de las tormentas La lluvia tamborilea como hormigas rojas, rebotando cada una en mi ventana. Esas hormigas tienen mucho dolor y gritan mientras golpean, como si sus pequeñas patas sólo estuvieran cosidas y sus cabezas encoladas. Y oh, traen a la mente la tumba, tan humilde, tan deseosa de ser fustigada con su desagradable letrero y el cuerpo tumbado bajo la tierra sin un paraguas. La depresión es aburrida, creo, y sería mejor hacer una sopa y alumbrar la cueva. ANNE SEXTON  (Anne Gray Harvey, 1928, Norton, Massachusetts / 1974, Boston, Estados Unidos de Norteamérica)   Traducción: Reina Palazón Fuente: www.elcultural.es Imagen: tumblr

Eugenio Montejo

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La vela Escribo al lado de esta vela, de esta vela que tiembla. Le queda llama, pero tiembla, cree, como yo, que ya no cree, que alumbra sola frente al universo. Despacio cae la indescifrable noche con sus astros girando. La vela erguida, contra el mundo, arde, y en mi cuaderno lenta se derrama su luz atea. Estamos solos uno frente al otro, ella con su temblor y yo, mirándola, mientras en derredor, junto a su lumbre, van y vienen los vuelos planetarios de pequeños insectos que dan vueltas, la errante lucha de una galaxia mínima que quizás gira porque cree, porque no cree, que gira porque gira… EUGENIO MONTEJO  (1938, Caracas / 2008, Valencia, Venezuela) Imagen: www.eluniversal.com

Yves Bonnefoy

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Nombre verdadero Al castillo que fuiste lo llamaré desierto, a tu rostro, ausencia, noche a tu voz, y cuando te derrumbes sobre la tierra  estéril al fulgor que te trajo lo llamaré la  nada. Morir es un país que amabas. Vengo desde la eternidad por tu senda sombría. Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria. Soy tu enemigo, no tendré piedad. Guerra te llamaré y probaré en ti las libertades de la guerra, tendré en  mis manos tu rostro oscuro, traspasado, y en mi  corazón ese país que alumbra la tormenta YVES BONNEFOY  (1923, Tours / 2016, Paris, Francia) Fuente: www.leyendopoesia.blogspot.com Imagen: zenda

Gabriel García Márquez (1927 / 2014)

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1927, Aracataca, Colombia / 2014, Ciudad de México, México Discurso de Gabriel García Márquez al recibir el premio Nobel en 1982 “Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el...

André Breton

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Unión libre Mi mujer con cabellera de llamaradas de leño con pensamientos de centellas de calor con talle de reloj de arena mi mujer con talle de nutria entre los dientes de un tigre mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas                                                de última magnitud con dientes de huella de ratón blanco sobre la tierra blanca con lengua de ámbar y vidrio frotados mi mujer con lengua de hostia apuñalada con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos con lengua de piedra increíble mi mujer con pestañas de palotes escritos por un niño con cejas de borde de nido de golondrina mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernadero y de cristales empañados mi mujer con hombros de champaña y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo mi mujer con muñecas de cerillas mi mujer con dedos de azar y de as de corazón con dedos de heno...

Ana María Rodas

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Poemas de la izquierda erótica I Amante nuevo: quiero explicarte bien que entre tus ojos y mis ojos sólo hay deseo. Que tu piel blanca a veces se oscurece porque aquél que me marcó sigue aquí dentro. Que quisiera decir tu nombre y no puedo porque al abrir la boca yo recuerdo una cama distinta otros labios bebiéndose mis pechos Y cuando lloro y me prendo a ti con tanta fuerza no es de alegría, amante. Es de recuerdo. De acuerdo... De acuerdo soy arrebatada  celosa voluble y llena de lujuria ¿Qué esperaban? ¿Que tuviera ojos glándulas cerebro  treinta y tres años y que actuara como el ciprés de un cementerio? ANA NARÍA RODAS  (1937, Ciudad de Guatemala, Guatemala)

Batania

La abeja reina Tantos panales de plata, canela y estaño y tantas abejas de antenas moradas brillando y batiéndose cerca de ti, sus alas nerviosas como un tren eléctrico, y fuiste a enamorarte de la abeja reina, tenías que prendarte del plutonio de la abeja reina, amarla como aman las moscas los ojos de las vacas, con un amor mezquino y magnífico, tan bello y miserable que mejor no decirlo ahora que te ha dejado, a quién se le ocurre enamorarse de la abeja reina, te echó de sus mieles a trompa y garrotazo, apenas te dio tiempo a decir qué espanto de amor, y qué grande. Enlaces:  El poeta ocasional ;  Revista Indiscretos Fuente: www.neorrabioso.blogspot.com

Rita Kratsman, poemas inéditos

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y todas las voces son de agua y fue de  agua esa voz sacudida  por las ramas donde el  sol había hecho lo que  pudo cuando estallamos  sin comprender bajo el  éter de los cítricos oscuridad derramada en la  letra sobre el labio si hasta  el perro había  dejado de ladrar pronto,  quedamos en que la  penumbra de cada uno se iría  con el gris mismo de la nubes con el  pretérito perfecto de la  lluvia P alabras escondidas en un viejo cuaderno y la  fiebre de junio que las animaba, las convertía en acordes  liberados sin aviso como en un  impromptu y todo  para atenuar la llama  atroz ¿eh? madre para  atraer el vuelo de los pájaros sobre la  espesura abandonada palabras  escondidas en lo que tiene la muerte  de sincera: un aire de ruedos  descosidos junio de  lágrimas aquí y acaso  allá, sin perder a pleno el trazo  de los vuelos en la  ausencia RITA KR...

Diego E. Suárez

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Para quien está al lado Para quien está al lado los días pasan pesadamente arrastrando los pies. A no ser por los ciclos de la luna y los resignados amaneceres cualquiera pensaría: esto es un mal sueño que nunca termina de empezar. Después de todo quien está al lado sabe que está ahí para algo: asiste a otro cuerpo (al sufrimiento de otro en su cuerpo) y al asirlo por dentro se siente carcomer a medida que en su roce contra el suelo cada hora levanta una polvareda insoportable. DIEGO E. SUÁREZ  (1979, Posadas, Provincia de Misiones, Argentina) Fuente: www.espaciomurena.com Imagen: Ídem

Carlos J. Aldazábal

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S i es por tragedia, alguien debería contar la historia de los trilobites, animales marinos condenados a fósiles, a que nadie humedezca sus mañanas ni recuerde la razón de los abismos. Pero no se trata de escribir lo que se sabe. Aquí la tragedia es no poder despedirse, no poder desear buena ventura, un “que te vaya bien, que todo amaine”. No se conocen las rutas de la muerte ni los designios del azar que transforman los restos. No se conoce el rumbo, ni el color, ni la forma. Sólo sabemos lo que supura el ojo, y líquido por líquido, ojo por ojo, es la tragedia la que decora el cuadro: caminata torcida para subir un cerro con fósiles marinos creciendo en sus cornisas. Un caprichoso adiós, que ya no importa. CARLOS JUÁREZ ALDAZÁBAL  (1974, Salta, Provincia de Salta, Argentina) Imagen: www.salta21.com

Sharon Olds: Pienso en mi adolescencia

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Adolescencia Cuando pienso en mi adolescencia, pienso en el baño de aquel sórdido hotel al que me llevaba mi novio en San Francisco. Nunca había visto un baño así: no tenía cortinas, ni toallas, ni espejo, solo un lavamanos verde por la suciedad y un inodoro amarillento, color óxido –como algo en un experimento científico donde se cultivan las plagas en los cuencos–. En ese entonces el sexo era todavía un crimen. Salía de mi residencia universitaria hacia un destino falso, me registraba en la posada con un nombre falso, atravesaba el vestíbulo hasta ese baño y me encerraba. No lograba aprender a ponerme el diafragma, lo decoraba como un ponqué con espermicida brillante y me agachaba; se me caía de los dedos y viajaba hasta una esquina, para aterrizar en una depresión cóncava como el nido de una rata. Me inclinaba, lo recogía y lo lavaba, lo lavaba hasta convertirlo en un domo fr...

Bashir Sakhawarz

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KABUL, TRAS LA VENTANA     Días, pensamientos que se evaporan en la llanura polvorienta  Noches caravanas de kuthbah desde las mezquitas  Kabul  una piel mudada  que visten los niños en los vertederos  que visten el silencio y el ruido  el silencio de vivir  el ruido de la muerte.    Montañas traducción de tolerancia hombros de desiertos secos madre de ríos cumbre de tragedia tras mi ventana polvo, grito y el mulá como un gusano por los altavoces la vida es otra ablución otro culo limpio. Llego tarde las montañas se han movido Kabul se empapa de dolor está aquí no está aquí como una magia como un sueño la carretera a Kabul desaparece. BASHIR SAKHAWARZ  (1960, Kabul Afganistán) Traducción: Jesús Moreno. Fuente: www.laorilladelospájaros.blogspot.com Imagen:  www.asialiteraryreview.com *kuthbah:  Sermón dado en una mezquita, generalmente los viernes *mulá: persona conocedora del Corán

Luis O. Tedesco

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Ceniza Mi barrio fue polvo y neblina hasta que al potrero lo hicimos basural. Entonces fue llamas y humo, y la ceniza se convirtió en altura. Así crecimos, con el cuello entornado hacia su sombra, los pies magullados por la piedra y los abrojos. Obsérveme, obsérvese: nuestra inclinación no cesa, somos torsos movedizos en el lluviar del desperdicio. Somos pululantes, pero la senda, el ensueño de las tardes, el aire inmediato, el que amalgama aliento y cercanía, el aire tibio de la pronunciación, todo lo penetra la correntada de ceniza. Así crecimos, nuestra intensidad perdura, no tenemos redención. Obsérveme, obsérvese: semierguidos, semiespesos, semihablantes, somos de aquí, somos la longitud terrestre, pedazos cejijuntos de desolación culpable. Luis O. Tedesco (1941, Buenos Aires, Argentina) Fuente:  www.lirykline.org Imagen: youtube.com

José Watanabe: En el cauce del río seco...

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Fábula En el cauce del río seco una espigada yegua orina sobre un sapo agradecido. Yo, que voy de paso, sonrío y recuerdo              una antigua ley de compensaciones de la magia: más feo el sapo más bello y deslumbrante el príncipe. Ay, pero la abundante orina de la yegua no es amor Y, aunque amorosamente regada,               no rompe los hechizos más perversos:  es sólo un poco de agua ácida en esta sequedad solar La yegua se aleja trotando aliviada, moviendo las ancas como una muchacha. Yo voy por los espinos resecos recordando al sapo:                el pobre no tenía encantamiento y se quedó solo y soportando su fealdad inmutable                                       y ahora meada Vivero La luz del sol atraviesa las cañas d...

Rimbaud en Java

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Por Mora Cordeu Rimbaud en Java, de Jamie James, es el primer libro que indaga en el viaje del poeta al lejano Oriente -del que no hay huellas- solo la información de su llegada a la isla en mayo de 1863 como soldado de infantería del Ejército Real de las Indias Holandesas, del cual rápidamente desertó y huyó a la selva para reaparecer en Francia a fin de ese año. Publicado por La Bestia Equilátera, el libro traducido por Pedro B. Rey es un estudio sobre ese misterioso viaje de Rimbaud (1854-1891): “sabemos menos de él que de cualquier otro pasaje de su vida”, escribe el autor y crítico norteamericano, residente en Indonesia desde 1999. James trata de sobrevolar -en su objetivo de circunscribir el viaje a Java- el influjo de la desconcertante vida de Rimbaud; el impacto de su obra -iniciadora de la literatura modernista- y la imagen de rebeldía que inspiró a TS Elliot, Ezra Pound pero también a Jim Morrison o Bob Dylan. Algo que logra, a medias, al instalar el contexto de esa isla con ...