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diciembre 24, 2023

Juan Meneguín


Escuchando el otoño en las campanas de viento    




El cielo gira entre las cuerdas del llamador de ángeles. 
El jardín ha sido invadido los tacos de reina, 
sus hojas levitan en la mañana temprana 
y parecen como de una especie venida del espacio, 
su clorofila extraterrestre, sus campanitas de flores 
habitan el aire, no la tierra que los nutre. 
Tan ingrávidos en el sonido de la mañana,
tan resueltos a permanecer flotantes
como delicadas naves espaciales y detenidas en puertos de escala;
el rocío en ellas se condensa con grandes gotas
cuyo reflejo es un jardín convexo
donde las monarcas curvan sus alas
a una mirada de múltiples mundos
y en todos ellos vibra una hojita circular
con una gota diamantina y atrapada en su capilaridad.
Es otoño reciénvenido. Hay un viento bonancible
en las campanas circulares, y en las formas de las piedras
de otro resonador, que cuelgan simétricas
y descomponen la luz del ágata en todas direcciones.
El viento se enreda en las cuerdas de las piedras y de los tubos,
se detiene un apenas en los sonidos bajos
como si la mañana exhalara los últimos aires de la noche.
El viento del sur atraviesa la mirada, ahora plena de nubes en fuga
y no hay otra imagen en el espacio luminoso
que sólo un vuelo de garzas mudando geografías.
Hoy he visto el amanecer en una gota de rocío
y el trabajo de los seres mínimos por renovar la vida.
La brisa del río llegaba hasta el jardín
y allí quedaba en el vuelo de los pájaros tempranos.
Llegaba hasta las campanas tubulares y las piedras resonantes
y se descomponía en tonos y microtonos como una antigua melodía,
inmóvil de cadencias, ingrávida de ritmo.
Al mediodía he sentido el olor de la cocina,
como nunca antes, pero almorcé solamente cuando tuve hambre,
y sólo lo necesario antes que el mundo se detuviera con la siesta.
Y la copa de vino fue una sola copa de vino. Y el cigarro
que encendí quizá fuese el último tabaco que encendiera.
Pero a media tarde dejaron de sonar las campanas y las piedras
con el movimiento de la ciudad que nos invadía.
A media tarde terminaba yo la lectura de viejos poetas
de viejos libros que no volvería a abrir a tocar a leer.
Y llegó el ocaso y el gran silencio nos envolvió,
llegó el crepúsculo vespertino y ese gran silencio
fue pánico en el vuelo de las criaturas del aire.
El rito del té se recrea sin pretenderlo sin exotismo sin frivolidad
— el mejor té rojo en la mejor porcelana
para que se aquieten y descansen sus hebras finas
y su vapor nos recuerden otros atardeceres, por un momento,
otros otoños cuando los días venideros no importaban
y el tiempo era la cuerda tensada de un arco
cuya flecha nunca llegará a cruzar el cielo ni encontrar su blanco.




:Otoño 1983


 

Pero un puente blanco cruza sobre buques contenedores
y el río se detiene en camalotes.
Amanece y hay niebla allá abajo, y entre la niebla
viejas embarcaciones buscan una isla, y un amarradero.
El río es un viajero silencioso cuando se va en la niebla;
los sauces en la orilla son filigranas de niebla,
los sarandíses en la orilla son las ramas y las hojas de la niebla
y hay culebras en los grandes camalotes,
hay una garza de ojos colorados que mira
y el río apenas marcha con sus barcos extranjeros
mientras un lento carguero, allá arriba,
cruza como levitando por un monte de olores al rocío.
Y es una fina escarcha de verdes traslúcidos, la mañana


poesía contemporanea, poesia argentina
JUAN MENEGUÍN
(1958, Concordia, Entre Ríos, Argentina)
Enlaces: Otra iglesia es imposible | Autores de Concordia
Imagen en Boca a Boca

diciembre 23, 2023

Legna Rodríguez Iglesias

Cien años después    



Todavía nada aquí 
se parece a tu forma de pensar. 
La ciudad está dividida 
por una línea llamada Flagler Street 
y por otra línea llamada Miami Avenue. 
De modo que tenemos cuatro partes 
norte y sur 
este y oeste. 
Tan simple como se dice 
aunque un río
modifica el espacio.
Tan claro como se escribe
aunque un centro comercial
modifica el espacio.
La frustración de la semejanza
te convierte en enemigo.
Todavía nada aquí
se parece a tus recuerdos.
Estás en la Coral Way
apretando el botón del semáforo
para cruzar hacia allá
y eso no te trae
ningún recuerdo.
Estás en el Panther Coffee
mirándole los labios
a la mujer de la barra
y eso no te trae
ningún recuerdo.
Estás en Barnes & Nobles
mataperreando entre libros
que nunca vas a comprar
y eso no te trae
ningún recuerdo.
Estás en una estación de metro
Allapattah,
me parece
mirando en la basura
una flor de marihuana
y eso te hace
sonreír.
Estás en una oficina
de Niños y Familias
pidiendo comida gratis
junto a diez haitianos
y eso te recuerda
a un edificio en República
Dominicana
donde había diez haitianos
mezclando agua y cemento
desnudos.
Estás en la casa
de tu abuelo en Westchester
y por alguna razón
has olvidado
a esa persona.
Estás dando pedal
con el izquierdo: pedal
con el derecho: más pedal
los letreros que dicen
Little
Havana
te confunden.
Estás en la cocina
de una pizzería
poniendo tocino
sobre la masa
y eso ni te va
ni te viene.
Estás en el Jackson Hospital
sacándote los ovarios
in segura.
Alguien que amas
está contigo siempre
cada vez que te mira
bajas la cabeza.
A partir
del recuerdo original
en tu mundo original
serás tu semejante.
Alteración
y distorsión del recuerdo
en un espacio
moralmente
alterado.
Antecesor el recuerdo
y sucesor el recuerdo
no te quejes.
Todas las ciudades
están divididas
por una línea
o varias.


Hecho en Cuba 




Enfisema pulmonar para surcar el aire 
con un tenedor de acero 
y un reloj) Casio que marca 
las 12:17 minutos 
¿de la noche? ¿del dia? 
pero vo te icé primero 
para que tú me izaras después 
¿qué te importa que te ice? 
para surcar el cielo 
con un reloj Casio que marca 
las 12:18 minutos 
¿de la noche? ¿del dia? 
y enfisema pulmonar 
en cada músculo de mis piernas 
por eso dejé de correr detrás de mí 
con un tenedor de acero 
para clavarme el tenedor 
en el enfisema 
y detenernos 
el enfisema y yo 
a las 1219 minutos 
¿de la noche? ¿del día



EL GRAN ARQUITECTO



Con esta frase no me refiero a Dios
ni a mí, en particular, que publiqué aquel volumen en el año dos mil trece
con el asombroso título de La gran arquitecta.
Mi homenaje en el poema es para Oscar Niemeyer sagitario como yo del mismo día quince
del mismo mes diciembre la misma cara de yonofuí.
Para él estas palabras,
escritas como si nada sobre un hormigón armado que fue su obra y su pensamiento:
Es importante que sepas que estoy bajo los efectos de frutas desconocidas.
Hace tres días llegué a este país y quien me trajo me dijo come. También el internet se ha convertido en fruta.
Lo que te den, cómetelo.
Me veo a mí misma en una pantalla mirando una puesta que vi hace diez horas.
Se acabó el tiempo. O mejor dicho, empezó.
Por eso estoy escondida tecleando en mi habitación. Me escondo del internet y de todas esas frutas.
En la boca solo me cabe una fruta
pero ten la seguridad de que lo intentaré con dos. Lo que escribo no es fruto de la creatividad.
Es fruto de la debilidad. En la unión está la debilidad
y en la separación está la fuerza.


LEGNA RODRIGUEZ IGLESIAS
(1984, Camaguey, Cuba)
Imagen en El Tiempo




diciembre 14, 2023

Fabián Herrero

Música y silencio     


Esta música única  
y perdida, este dulce cielo  
que acompaña el palpitar  
del corazón. 
 
Esta calle con un 
silencio llenando 
una herida, 
y tu mano, que permanece 
largo tiempo cubriendo 
mi frente, es el sol 
sobre una nube, 
es una nube respirando.



Días como perros perdidos



Estoy cansado
y alrededor solo hay pedazos 
de noche con goteras 
frías y estrellas 
inalcanzables y olor 
fuerte a encierro de mundo.

Estoy lúcido. Estoy adentro de una isla 
de ojos bien abiertos.

Vivo 
en los ojos cerrándose dentro del día 
salvaje.


Amuleto 


Haga
lo que haga,
todo hace que mi mundo
se encoja.
 
No me siento seguro.
Y ese feo
amuleto
 
del mundo, colgando del cuello
de las ciudades.
Mísero diente de la nada.


FABIÁN HERRERO
(1965, Santa Fe, Santa Fe, Argentina)
De: "Días como perros perdidos", Barnacle, 2022

diciembre 10, 2023

El biombo de Byron, o notas para una poética al modo de Pérec, por José Carlos Llop


Byron tenía un biombo en el que iba pegando con goma arábiga fragmentos de crónicas de la época, siluetas de boxeadores y recortes de bustos y figuras literarias, filosóficas o aristocráticas de entre los siglos XVII y XIX. Luego se tumbaba a descansar junto a él. Desde que descubrí la existencia del biombo de Byron, pensé que ese biombo era una suerte de poética contemporánea, porque la vida de un hombre contemporáneo es una vida hecha a base de fragmentos y el tiempo el diván donde a veces nos tumbamos para contemplarla. Recuerdo una frase que George Steiner le dijo a un periodista: ‘Se me ha reprochado con frecuencia y con vehemencia mi fascinación por el pasado... Calibro en todo su alcance el rigor y la precisión de tal reproche. Desgraciadamente, no me ha sido dado regir el tiempo verbal que rige mi sensibilidad. Una tarea ardua de memoria, de rememoración, de recuerdo, se impone a mí...’
Intento recordar el retrato del artista adolescente, o este verso de Péguy que leí en un ensayo sobre la casa: en los estantes de la memoria y en los secretos de los muebles.

Recuerdo que el primer poeta que tuve entre mis manos fue Rilke. Nunca me cansaré de agradecer ese encuentro. El libro era la Antología poética que publicó Austral en 1968 traducida por Jaime Ferreiro Alemparte, del que nada sabía entonces y nada supe después.

Recuerdo esa antología como un libro misterioso e inacabable, un territorio en el que me reconocí dueño de un secreto que tenía que desentrañar a lo largo de mi vida y supe también que ese era el único territorio del que no quería que me expulsaran jamás. Aquel secreto y se mostraba en todo su esplendor en las Elegías rilkeanas. Y en este verso del poeta: las cosas cercanas no se tomaban el trabajo de hacerse comprensibles para mí. El nombre de las cosas está antes que Rilke. Se contaba en casa que
la primera palabra que celebré fue Sputnik. Pero esto no es un recuerdo. Por lo visto corría por los pasillos recitando un mantra cósmico con entusiasmo. Sputnik, sputnik, sputnik... Mis padres no le
dieron la mayor importancia, algo que les agradezco mucho pues de haberlo hecho al revés, sospecho que toda mi vida hubiera querido ser un poeta vanguardista.
Lo que sí recuerdo es que aprendí en ciertas palabras de los Evangelios –lámparas de aceite, huerto, olivos, agua, vino, enfermedad, consuelo...– el sentido trascendente de la palabra. Y lo aprendí ahí, en
las palabras sencillas y no en la cámara de ecos solemnes que es a menudo el Antiguo Testamento –como lo es también la Historia– cuando dice que en el origen está el verbo. Y recuerdo que asocié esa
trascendencia a la esencialidad. Y que ambas eran el alimento de la poesía. Pero de ese aprendizaje me di cuenta muchos años más tarde. 

Recuerdo que el segundo poeta que tuve entre mis manos fue Bécquer. Recuerdo que pensé que era un hombre muy guapo al que las mujeres debieron de amar mucho. Del mismo modo que Rilke era un
hombre feo al que las mujeres sí amaron mucho o eso parecía con aquellas dedicatorias suyas, siempre a damas aristocráticas a ser posible con chateau y un gran jardín a ser posible lleno de rosales. 
Recuerdo que cuando leí a Bécquer pensé en los estudios y los nocturnos de Chopin –a quien entonces yo escuchaba tanto como a Bob Dylan o a Leonard Cohen–. Recuerdo que pensé en dos conceptos: luz y claridad. 

Recuerdo que la primera vez que leí el poema Luis de Baviera escucha Lohengrin, pensé que Cernuda se había adelantado a la estética novísima de los 70 como poco en quince años, y recuerdo también
que en ese poema hallé una forma de explicar el misterio que se celebra en el acto de creación poética, cosa que hasta entonces –yo debía de tener 16 años– no había leído en parte alguna. Los versos a los que me refiero dicen: Asiste a doble fiesta: una exterior, aquélla de que es testigo; otra interior allá en su mente, donde ambas se funden (como color y forma se funden en un cuerpo), componen una misma delicia. Así, razón y enigma, el poder le permite a solas escuchar las voces a su orden concertadas.
He citado la palabra misterio. Como citaré más adelante la palabra verdad. Porque la poesía es eso: un misterio y también una verdad. Sin misterio ni verdad no hay poesía.
El misterio siempre ha estado emparentado con la mística, como la poesía, y Einstein –que es, sospecho, como citar a Lichtenberg hablando de pararrayos– ya dijo que el misterio es la experiencia
más bella y profunda que pueda sentir el hombre. ...

Continúa en Fundación Juan March
Imagen en Babelio

diciembre 08, 2023

Cristian Cruz


San Roque Ruralcity     




Me despertó una llamada telefónica, 
la voz me pedía un microscopio, 
no tengo, respondí. 
Sin volver a conciliar el sueño 
recordé los pequeñísimos seres que se revelaban en el lente                     
    cuando dictaba clases en San Roque Ruralcity, 
recordé un par de mujeres, un bolso lleno de ropa interior,
y la otra parte del mundo que veía por el lente:
musiquilla, nada más que musiquilla.



Sin decoro



Todo comenzó sin decoro:
el árbol de pascua en el suelo,
y la casa se venía abajo.
Una buena tía nos ayudaba con el arriendo
y aun así la casa se venía abajo;
no era la bebida, no eran
los fines de semana frente al televisor.
Era algo parecido a la noche.



He perdido el trabajo



Así nos dijo papá en la mesa mientras
             bebía y fregaba por el aseo de la casa;
no he vuelto a escuchar esa frase nuevamente.
Esto no es más que dinero, ¿cierto? 
Ahora soy un cero a la izquierda, nos repetía.
Después le veía salir de casa con muchas intenciones, 
lo que hacen los tipos que se quedan sin trabajo.
Le acompañé un par de veces a su antigua oficina.
Cada vez que volvía guardaba silencio, un gran silencio.
Si hoy estuviese frente a mí le diría que no se preocupara,
que hasta los planetas han sido dados de baja: 
Mira a Plutón, allá debe estar guardando silencio,
un gran silencio.



¿Cómo te podría decir?




Nunca logré aprender un número telefónico
          excepto el tuyo,
cosa que, se sabe
puede juntar a dos almas derrotadas
desde una cabina bajo la lluvia.



CRISTIAN CRUZ
(1973, Putaendo, Chile)

De: "Dónde iremos esta noche", Ediciones Unibicalistas, 2015
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