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Mostrando las entradas de julio, 2018

Daniel Freidemberg

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Abril     Acá la noche. La             hilera de luces   de la avenida, atrás,    y acá, ahora, alta, en la   noche, una estrella.                    ¿La misma?   No sé: una es-   trella , al-   go  ahí, en                lo alto   del mundo, en    el mundo,    que brilla,   como si    fuera a irse,    o no alcanzara    del todo a llegar.   Ni la palabra    ni el recuerdo:    una estrella,   tic de luz   puesto, vaya a    saber por    quién o qué, a brillar   sobre lo negro del presente,   y acá el presente, con    estrella y todo.   Estrella y                todo:                un gran  ...

Ida Gramcko

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No, la tierra no podrá ser la tierra, ni la muerte podrá ser la muerte, ni la vida la vida, hasta que mi alma no haya conocido toda la espantosa pesadilla, y no se haya internado hasta la entraña del hondo, humano abismo. ¡Ah! ¿Qué valen aquí, sobre este mundo, mi espíritu y mi instinto, si aún tienen un temblor de ensueños claros que son claras mentiras? No, no, no puede ser, ni puedo tampoco ser yo misma, hasta que no haya saboreado toda, toda la hiel amarga y el acíbar. Ida Gramcko (1924, Puerto Cabello / 1994, Caracas, Venezuela) Enlaces: http://www.otroparamo.com/2016/09/06/poemas-de-ida-gramcko-seleccion-de-ediciones-letra-muerta/

Paul Muldoon: Anseo que significa aquí, aquí y ahora

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Anseo      Cuando el Maestro pasaba lista  En la escuela primaria de Collegelands,  Se suponía que debías de contestar Anseo  Y levantar tu mano  Cuando acontecía tu nombre.  Anseo, que significa aquí, aquí y ahora,  Todo presente y correcto,  Fue la primera palabra de irlandés que conocí.  El último nombre de la lista  Pertenecía a Joseph Mary Plunkett Ward  Y era precedida, aunque no siempre,  Por el silencio, miradas familiares,  Un asentir y un guiño. La broma del Maestro  «Y dónde está nuestro pequeño Ward-of-court»?  Recuerdo la primera vez que regresó El Maestro lo había enviado Hacia los setos Para encontrar para sí y cortar Una vara con la cual sería golpeado. Después de un rato, nadie decía nada; Él habría de regresar como de rutina Con una vara de olivo o sauce, O, finalmente, con una de almendro Que había tallado hasta volverla un látigo, Con sus patrones de laca roja y amarilla Finas y alis...

Alicia Genovese

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La obturación más tarde volverá a escribir lo que ahora tacha dejará de pelear quizá olvide lo tachado pero no aquel movimiento donde la memoria empuja ciega sobre el silencio de lo borrado se reanuda hojas retoñan en el tallo del rosal la poda dejó cortes al sesgo la luz del jardín amplifica no selecciona no descarta. Otros poemas de ALICIA GENOVESE ,  aquí

Pat Boran | Traducción de Adam Gai

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Carbón La familia de mi padre perdió la vida respirando día a día ese primo siniestro del diamante, la oveja negra más negra de todas, extraído del espacio escondido de la tierra, rostro de los riscos de la noche, materia oscura todo el tiempo bajo sus pies. De panza como los bebés, hijos siguiendo a sus padres por las cámaras medio inundadas por la filtración y el sudor, a través de pánicos de pestes, bolsillos de aire respirable, más profundos que las sepulturas, dentro del  recinto mismo de la muerte y más allá, se van arrastrando; y no van solos sino que van junto con los rezos de aquellos que dejaron arriba con la respiración entrecortada, mirando salir al alba a los hombres cuyas sombras el atardecer recogería a sus casas. Hace mucho que las minas están clausuradas, los túneles inundados. El carbón viene ahora de las galerías de mundos distantes. El motor del imperio, frío y alienado como siempre sigue siendo hoy  un misterio como cuando lo tuve por primera vez en mis ma...

Roni Margulies

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Planta Baja Nuestro ascensor me habla, mientras subo o bajo, con tono protector y amable. “Aquí estamos”, me dice “puedes bajarte”. Me dice el piso al que hemos llegado, siempre me hace saber dónde estoy. Pero todas las veces que bajo para salir a las calles, a las que no pertenezco, entona “Begane grond” con una voz que me suena levemente preocupada, “He aquí”, creo que me dice, “he aquí el mundo, abre la puerta, sal. Y no te inquietes, todos aquí son extranjeros como tú. Nadie pertenece. En ninguna parte.” Begane Grond  Our lift talks to me, as I go up or down, in a gentle, protective tone. “We are here,” she says “you may go”. She tells me the floor we have reached, always lets me know where I am. But whenever I descend to go out into these streets I do not belong to, "Begane Grond” she intones, in a voice  which sounds to me slightly concerned, “Here,” I think she says, “here’s the world, open the door, go. And do not fret, everyone here is as foreign as you are. No one be...

Mircea Ivănescu

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el bosque de abedules vivir en un bosque – como en un cuento romántico alemán – mas reescrito por un ruso, pues hay un bosque blanco, de abedules – con un silencio luminoso, un poco triste – como una primavera, que en ese collar de cuentas ambarinas de los días, de las noches, deslizas entre tus dedos – y ya no sabes si no te repites hasta al infinito, o si has llegado al final, con frías tardes, cuando vuelves a la casa de madera, con lentos pasos – retrasar la llegada y la luz plateada. morar en un bosque – en un tiempo de abedules y que cada mirada cuando alces hacia los árboles los ojos sea verdadera, decirte – mira, éste es un instante ralentizado y le seguirán otros, así mismo lentos y verdaderos. y aquí, por un lado, por el otro, entre estos árboles plateados que sea tan sencillo todo – y maravillosa la luz, como si no lo vieras en un libro plasmado y no estuviera en una parábola sobre la muerte todo basado. pdurea de mesteceni să trăieşti într-o pădure – ca într-un basm romanti...

Fidel Maguna, poemas inéditos

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Prisiones y poemas. En la prisión Ho Chi Minh escribía pequeños poemas que hablaban de la luz del sol. En la prisión Evariste Galois multiplicaba metros hasta poblar su mente de infinitos. En la prisión Mauricio Ronsencof entraba a los sueños de su padre. Mi padre, en la prisión, intentaba oír el río. En la prisión Daniel Moyano vio arder sus libros y dijo un chiste que los generales o tenientes no entendieron pero él se rió de todas formas y esperó la libertad escribiendo un cuento. Lo que quiero decir es que es muy difícil que puedan encerrarnos. Tenemos hijos cada día en estas hojas que escribimos y escribimos con amor y rabia. Tenemos hijos que se conducen con dulzura en las noches más violentas. Nuestra fantasmal y pobre literatura esta mañana es luminosa porque en el humo los hijos de Ho Chi Minh resurgen: guerrilleros en la luz del sol gestados con amor y rabia acarician nuestra libertad en cuanto tiembla. Después del puente entré a la ciudad cruzando el puente: vi hombres traba...

Irene Frydenberg

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El trono familiar Ya sabés, no es indolencia. Anudada la anatomía y perdido el destino en el mareo y el insomnio descubrís que el trono familiar también se sostiene sobre tus hombros. El futuro se abotarga y nadie dará hosannas por tu nombre. El peso cargado no tiene beneficios, es una mole de desaliento en cada inspiración y es hipo de hielo en los latidos. ¿Acaso es posible andar así? Cada herida abre un río de aguadija que irá a dar nuevamente en la misma herida o en otra de igual tenor. Sería prodigioso que las cosas fueran de otro modo. Los tronos, cayendo a plomo sobre nosotros, a menudo detienen nuestro paso o nos condenan a mirar la vida sin poder hablar con ella. El vikingo moldeaba el vaso como para elixires de primer orden acariciaba como un vikingo y se reía de cara a la ventana como en un barco nada lo hacía retroceder –solo su madre- y mientras tomaba el tren para su yugo daba tres palmadas al aire como diciendo: el día es nuestro se había dejado crecer las patillas fumó ...

Alejandro Cesario

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¿Progreso? Se parte con escarcha del suburbio, con ahogo correoso, con bocas de tormenta tapadas, el oído percibe el olor del chiflido sordo, la canilla de cálidos veranos aún está goteando, me empecino en entrar. A metros de la puerta de mi casa, pequeñas criaturas beben la leche cuarteada de sus madres. A la madrugada cruzamos al Gran Buenos Aires, los pastos de los terrenos baldíos están crecidos y los perros flacos, una vaca se inclina a beber el moho y una mujer panzona con sus siete niños a un costado. El chasquido del látigo golpeando sobre el lomo del caballo. Expulsada criatura juega en los canales de desagüe. En el portón de la ex fábrica la ex algodonera se amanece golpeado y meado. Aquí se calló la voz y calló sin convicción, aquí se orina sin resureccíon. Pábilo aliento se desase en el puño del deseo, en el intento de ser un barrio. En la casilla de madera del guardabarrera se apagó la luz. Los pastizales bordean las vías. Tres vagabundos sentados se pasan la ginebra, tamb...