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febrero 29, 2024

Juan Ramírez Ruiz


Kilómetro 765 de la carretera Panamericana Norte



                             A Nancy Moreno


A mitad de febrero, el sol es raudo en el kilómetro 765
de 1a Panamericana Norte brilla fuerte el sol y fatiga a los animales
Cuando amanece uno sale y camina con sumo cuidado entre 1as piedras
y los viejos pensamientos que regresan con la noche
o con el vino. Dentro y fuera de uno se desencaja lo compacto, y dentro
y fuera de uno hábilmente la lógica revienta lo que precede
y lo que toca. Pero ni tú ni yo aquí somos los concebidos 
para saborear el desamparo de estas cuatro paredes blancas:
a mí y a ti nos toca ese color, ese lugar
que abre la bondad o la luz de mi cabeza,
pero en el kilómetro 765 al final de febrero el sol sigue raudo, brilla fuerte
y fatiga a los animales. Al medio día el color nos avienta 
al aire del sur, y entonces uno descuida serenidad
y calma pura romper la vanidad de la lógica.
Y uno no lo permite. pero otro vez se desencaja lo compacto, se junta
habilidad para perder la lucidez por estrellas y burdeles 
Y tú puedes cantar a los que parten al Oeste,
tú puedes cantar a los que vuelven del Oeste y
asegurar que la Historia es toda tu impaciencia reunida,
asegurar que es horrible no tener un alarido bajo la piel.
Tú puedes decir con vehemencia el día es de lluvia o de agua 
derribada a pausas. el instante es relámpago o esta fotografía enterrada.

1
Paradero

 

Está lloviendo ahora sobre toda esta ciudad y
son las 12.30 p.m. a lo largo y ancho del Meridiano de Greenwich
y yo he crecido entre gente que es joven y gente que no es joven
entre autos, papeles bond o bulky,
                   artefactos y escaleras
artefactos y clientes. Y avisos de la desesperación o la locura
He crecido sobre esta ciudad
                     y hace 24 años esta ciudad sabe mi peso
(Aquí la noche del 14 de mayo me enteré que he tenido un aire puro
porque alguien lo dijo entre botellas de Pisco de Ica
                    con rabia y para insultarme)
Y yo salgo a la calle a repartirme como obsequio.
Por las calles de mi país camino con un sonido.
Y soy un lugar con mucha luz,
          soy un aullante canto ambulatorio,
mi cuerpo está lleno de poemas y
salgo a la calle a repartirme como obsequio.
Y he demostrado que soy este cuerpo
estremecido por la rala luz que se confía a mis congéneres,
este cuerpo amargo sobre el que lloro:
Mis brazos han crecido increíblemente
y reconozco que mi semblante me ha traído complicaciones,
reconozco que mi cariño infinito me lastima
ahora que yo se regala incontenible, y cuando la lluvia
en la plaza Manco Cápac no es lluvia en la Plaza Manco Cápac.
Y cuando el individualismo se enreda y me llega a las pelotas
        aquí estoy yo, vivo y fogoso
y Latinoamérica devuelve mi cara cuando la miro,
el Día se abre para que este cuerpo pase,
el viento roza mis orejas; y voy fogoso y limpio
a través de estas avenidas silenciosas.
                                                            Aquí estoy yo.
Y óyeme tú, amadísimo padre,
oye al que está fatigado de hablar para el viento,
ya es Agosto, llueve hace 24 años esta ciudad sabe mi peso:
Yo entrego mi vehemencia y mi amor
a esta vía que se ensancha hacia toda la extensión del universo:
(Aquí lograr lo justo,
                   ser inmaculados
y brillar como focos de 12,000 voltios:
esa es nuestra única alternativa.
Ahora aquí haré lo extraordinario
                    y alguien ha de decir que no está bien).
Pero escúchame tú, padre, escúchame, yo jamás podré mentir
yo he crecido en esta ciudad del sur-este
con mil dificultades para cargar con mi exceso de ternura,
con mi energía de animal salvaje amando,
amando siempre a las manzanas, amando siempre a lo que conmigo vive
con estas ansias,
con esta limpidez que se levanta
                  desde mis extremidades inferiores
amo, amo furiosamente mi fortaleza
                          y elogio a gritos mi salud. 


poesía peruana, un par de vueltas por la realidad
JUAN RAMÍREZ RUIZ (1946, Chiclayo, Lambayeque / 2007, Virú, Perú)
Fuente: "Un par de vueltas por la realidad", Ediciones Hora Zero, 1971
Enlaces: Issuu | Scielo | Cangrejo Negro

febrero 22, 2024

Mario Sampaolesi: En ese imperfecto claroscuro

El Hierro*    




Por la persiana entreabierta 
se filtra la luz. 
En ese imperfecto claroscuro 
aparece, da vueltas y desaparece 
el polen lento del polvo. 
Entonces, recordé aquel cielo coronado 
por nubes amarillentas. 
Se extendía cambiante sobre el santuario 
de aves marinas,
las escabrosas paredes de los acantilados
caían a pico y en el fondo
una espuma nerviosa y viva las cubría.
El mar perseveraba en su intento
por disolver la roca,
pero fracasaba una y otra vez.
Nada hubiera podido.
Abrazados en lo alto del mirador
nosotros observábamos la belleza.
La fuerza del viento obligaba a los pájaros
a planear:
algunos ascendían, otros bajaban
aunque todos ellos irrumpían contra las corrientes,
los ecos de sus graznidos tallaban sobre las rocas
las formas instantáneas de los vuelos.
Habíamos llegado a El Hierro
desde hacía una semana
y ya sabíamos todo sobre la isla,
y sus habitantes.
Rápidamente reconocimos
en nuestras caminatas por la ciudad
los pequeños negocios,
las casas blancas, amarillas, rojas,
los bazares con objetos turísticos
y también los frascos oscuros de los elixires
repletos de una energía sexual que
–según los comentarios de la dueña del hotel-
nos excedería.
-Porque en su esencia contienen
borbotones de lava, nos explicó sigilosa-.
La mujer te había adoptado.
Reconoció en el color de tu mirada
su raza celta,
los rituales secretos que te hicieron llegar
hasta allí.
Yo simplemente te amé una y otra vez
bajo la luz calcinante de esas noches.
Sin quererlo, nos convertimos en parte de la isla.
Bebimos juntos el vino de una felicidad
que imaginamos invulnerable.
Durante esos días fuimos espejos
donde nunca se reflejó la soledad.
Pero sí el futuro.
Una mañana despertaste sin recordar
la noche,
ni las estrellas que nombramos al azar
jugando con nuestra ignorancia
sobre galaxias y constelaciones.
Durante todo ese día
fingimos que nada había pasado.
Pero ambos supimos que en el hierro
de esa tierra
se había forjado tu primer olvido.
Ahora veo el placard
con los cajones abiertos vacíos de tu ropa,
las sábanas de la cama revueltas
desplazadas
y siento toda la ausencia
de tu cuerpo a mi lado.
Te pienso en tu jaula
rebelándote contra el constante martilleo
de la resignación
aferrada al grito entre los barrotes
buscándome
en los confusos revoloteos
de aquellas aves siempre sobre el precipicio.



El Hierro, poema inédito, poesía contemporánea argentina
Otro poema de MARIO SAMPAOLESI
Poema del libro inédito Después de Reikjavik

*El Hierro, isla en el Océano Atlántico perteneciente a las Canarias.

Susana Arévalo

Modo noche    




La Lectura de la borra del café 
En el Pozo Sin Fondo de la Noche 
Siempre son las tres de la mañana 
 
En el Fondo del pocillo de la Noche 
 
Los Abismos Sucesivos
El Sinsentido y el Vórtice
El Mal de la Muerte

Las Grandes Pruebas del Espíritu

La Extrema Parquedad
La Extrema Unción

La Lectura de la borra del café en la Noche Oscura                                             
en la Selva Obscura

El Desierto Abisinio: Su Coribante
sus cordeles sus caireles

su Auriga su cuadriga su cantiga
Sus Tártaros

y sus gajes y sus goces y sus goznes

¿A qué Confinarnos?

Arrojaste una botella al mar

Un lirio de los que crecen en las ciénagas

Un avioncito de papel

y el Abismo te respondió con su Fuego Cruzado

Altas pulsaciones
Ritmo circadiano errático

Ora el Vidente ora el Buceador de perlas

¿A qué Parapetarnos?

Maldita Parca
Malditas Hespérides

Maldita Musa
Maldito Algoritmo

Alto Hacker en la Internet Profunda
en la Internet Profusa

¿A qué Extraviarnos?                              

Modo Noche
Modo Noche Oscura del Alma

Maldito Simulador
Maldito Servidor

Alta Performance de la Parca
Pérdida Alta


SUSANA ARÉVALO
(1952, Ciudad de Córdoba, Córdoba, Argentina)
Envio de Alfredo Lemon

febrero 16, 2024

Mohammed Bennis

Retorno    



Hay piedras que huyen conmigo 
hacia colinas sin verdor, 
colinas que destierran lo verde. 
Las oigo dentro de mi sueño 
Llevando algo de mí, 
gimiendo. 
Aquí, cuando era niño, escogía 
una piedra 
y, no sé cómo,
dejaba que mi mano acariciara 
su lisa superficie 
Estas piedras
vuelven hoy a mí
y me golpean
con el volumen del verdor
o el destello
del agua.



poesía actual marroquí
MOHAMMED BENNIS
(1948, Fez, Marruecos)
Fuente: Prometeo N° 86/87 / Facebook Jonio González
Traducción: Federico Arbós
Imagen en marché de la poésie

febrero 14, 2024

Dana Gelinas


Un corazón de chocolates    



Odio los chocolates. 
Mucho más los que son caprichos 
de San Valentín: 
demasiado alcohol, 
demasiados azúcares, 
demasiados sabores que envenenan. 

Los odio por su alharaca,
los odio porque cada uno es diferente del anterior,
los odio porque no puedo evitarlos,
los odio porque sin su sabor no soy nada,
los odio porque sí,
porque del odio al amor
sólo hay un bocado.



9




La fecha que tuve que regresar y abrir mi casa
fue en la canícula más rigurosa.
El primer día, el aire ardiente
que entró por mi esófago me provocó febrícula.
A las diez de la noche,
el agua de la llave fría despedía vapor as5xiante.
Aun con el viejo aparato de aire
acondicionado encendido,
yo sudaba al salir del baño,
Tardó más de dos horas en producir aire respirable,
quise llorar de as5xia,
quise gritar,
y entonces entré nuevamente a la regadera con la bata de baño puesta
y con la toalla húmeda como turbante
para recuperar mi temperatura,
y las dejé secar mientras dormía,
arropada en ellas.
Hace muchos años,
le conté a mi pareja
que un día lloré porque no podía respirar
el ardor del aire,
y él aún lo recuerda



Tienda de ropa de marca

Boxers



En una tienda de ropa interior
de cuyo nombre no quiero acordarme,
casi como un espectáculo de circo,
como un best-seller,
se exhibían unos boxers
con el diseño más feo del mundo:
una pareja de sapos
enredados por sus lenguas
en un torcido beso francés.

Un príncipe siempre estará en riesgo
de convertirse en un lépero
con semejante vestido.

¡No te lo pongas!
En serio.

Cuídate del galán
que te invita al circo
de los Hermanos Ringling
con obscenidades en los boxers.
Una lengua de sapo merece la guillotina.



Departamento de calzado


Zapatos italianos


Fui la dueña
de no sé cuántas zapatillas de cristal
para caminar al paso del tiempo.

Creo que ningún hombre sabe
lo que significa
usar zapatillas de cristal.
Son dos torturas,
dos maldiciones,
los dos pedestales de vidrio
son una especie de seguridad
de vete al carajo.

Sin embargo,
aquellos zapatos italianos
que adoré mientras pude,
los amé de tal manera
que cada prenda que tengo
posee una historia
relacionada con ellos.

Incluso ahora no puedo creer
que los haya abandonado.

Aún siento que entibian mis pies,
y que esa caricia sube por mis piernas
de vez en cuando.
Olvídalo, déjalo atrás,
un ataque de melancolía
te haría escribir en vieja métrica
un poema amoroso
a tus viejos zapatos.

Olvídalo.


Mediodía blanco, poesía mexicana
DANA GELINAS
(1962, Monclova, Coahuila, México)
De: " Mediodía blanco", Gobierno del Estado de Coahuila, 2014

febrero 09, 2024

2024 por Alfredo Lemon


2024, poesía argentina, poetas

Otros poemas de ALFREDO LEMON






febrero 06, 2024

Julián Berenguel


Artillería    



1 

Como un avispero agitado, la casa 
es el centro de los bombardeos. 
El fuego cruzado es la única estrategia 
en las guerras que viven las familias, 
por eso construimos un búnker 
lejos de los estruendos vecinos. 


2

Decir guerra como hipótesis:
somos animales que lamen
las heridas hasta cansarse.

Por eso nos convoca
este matadero.



Violencia




Sube la sangre como un soplo
y cada palabra carga con eso:
la bronca es histórica
como los animales que fuimos.

Una de estas noches,
un policía borracho
va a darse cuenta.



El último gaucho




Se perdió en algún hueco del tiempo,
no entendió que el juego de las facas
ahora se esgrime con otra violencia.

En una calle cortada
lo cruzaron de a cuatro.

El gaucho se plantó, guapo como él solo.

Pero ni bien iba a pelar el facón,
un balazo
le perforó el pensamiento.


poesía contemporánea argentina
JULIÁN BERENGUEL (1993, Temperley, Buenos Aires, Argentina) es Profesor y Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente cursa Comunicación Social en la Universidad Nacional de Quilmes. Junto a Martina Delgado, preparó el índice y la presentación de “Diario de Poesía” para el Archivo Histórico de Revistas Argentinas. Publicó las plaquetas de poesía “Guateque” (2018) y “Discurso del ermitaño” (2018) y compiló “Aguafuertes de viaje. Uruguay y Brasil” de Roberto Arlt. Investiga la vida y obra del escritor José Sbarra para escribir su biografía. Trabaja como profesor de literatura en escuelas secundarias del conurbano bonaerense y periodista freelance.

febrero 04, 2024

Vladimir Nabokov


Así lo creíamos    




Nosotros creíamos tanto en el vínculo de la existencia, 
pero ahora miro hacia atrás y, sorprendentemente, 
me parece, juventud mía, que por tu colorido 
no me perteneces y por tus rasgos no eres válida. 
 
Si se piensa, es como si la bruma de las olas
se encontrara entre tú y yo, entre encallar y hundirse;
o como ver una línea de postes y a ti de espaldas,
en bicicleta, yendo directamente hacia el ocaso.

Tú no eres yo hace mucho tiempo, eres un esbozo,
el héroe de cada primer capítulo, pero cuántos años
creímos en la continuidad del camino, desde el húmedo valle
hasta el alto matorral.


poesía rusa, Lolita
VLADIMIR NABOKOV
 (1899, San Petersburgo, Rusia / 1977, Montreux, Suiza)
De: "Poemas desde el exilio", Pretextos, Valencia, 2001
Traducción: Macarena Carvajal Lloréns y Tatiana Gritzai Bielova. 
Fuente: Facebook de Jonio González
Fotografía de William Claxton